lunes, 1 de septiembre de 2008

Josephine Baker, un recuerdo



Entre mis lecturas veraniegas he recuperado un libro que me regaló mi hijo y que tenía en espera. En mi juventud era casi imposible tener en casa libros sin leer, pero no había la oferta de bibliotecas actual y el libro no se había convertido en un objeto de consumo, relativamente barato si no es de actualidad.
El libro del que hablo es Jazz Cleopatra, una biografía sobre Josephine Baker, atendiendo también a la época en que vivió. Este libro, de Phiyllis Rose, pasó por nuestros mostradores sin pena ni gloria, poca gente recuerda hoy y aquí a Baker. De pequeña, en la gris Barcelona de postguerra, había oído hablar de ella como de una bailarina escandalosa, medio desnuda, con su cinturón de plátanos y sus movimientos sensuales y extraños. Sin embargo, en aquella época Baker ya se había convertido en una gran señora del music-hall, una mujer comprometida con muchas causas, con una tribu multicolor de doce niños adoptados.
Baker nació en el Saint Louis de las luchas raciales y pasó muchas penalidades de pequeña. Europa la entendió mejor que América, quizá porque el París de la época se había forjado una fantasía sobre la sensualidad africana que ella, en teoría, mostraba, aunque de africana no tenía nada, ya. El exotismo siempre tiene éxito y despierta curiosidad. Sus movimientos flexibles, incluídos unos ojos que controlaba a voluntad, ejercían un gran magnetismo en el público de la época.
Sirvió a muchas causas justas, la Resistencia, la Cruz Roja, la defensa de los derechos de los afro-americanos... Murió antes de los setenta años, en 1975 y Francia le rindió honores militares, era respetada y querida, aunque pasó también apuros económicos en muchas ocasiones.
Yo la vi por televisión, en uno de aquellos programas en blanco y negro que emitían desde Barcelona, desde los estudios de Miramar, hoy destrozados con la construcción de un hotel exagerado y absurdo. Franz Joham, el hombre de los Vieneses, presentaba un programa musical las noches de los martes. Educado, de un estilo que se ha perdido, Joham colocaba una escalera cuando venía una gran señora de la música, para hacer descender por allí la estrella invitada. Baker fue una de ellas: elegante, glamourosa, con plumas y vestido largo, muy lejana ya de la escandalosa joven de los años veinte y el charlestón, Baker despertó la expectación de mi vecindario. Entonces sólo tenía televisión una vecina de la escalera y nos invitaba a contemplar los programas en su casa, a menudo.
Ante aquellos sobrios programas de variedades televisivas siempre se hacían inocentes comentarios sobre la diferencia entre Madrid y Barcelona, Barcelona, claro, siempre era más fina y elegante en su programación y presentación, como no podía ser de otro modo, mirando la televisión desde el Poble-sec. Incluso yo fuí a Miramar una vez, a un concurso que hacían los domingos, después de las marionetas de Herta Frankel, dirigido a niños y niñas de tercero del bachillerato de entonces, Matrícula de Honor. Era aquel estudio como una salita casera y el presentador, Luis Pruneda, desaparecido prematuramente, y su esposa, trataban a los participantes con una gran amabilidad. Todo era pequeño, a medida humana. He ido con la escuela a algún programa de los de ahora y todo es a lo grande, impersonal y bastante falso. O me lo parece. Gané un reloj Duward, era entonces el reloj un objeto de deseo importante para niños y mayores.
Podemos contemplar a Baker fàcilmente, en muchos vídeos a nuestro alcance y escucharla en discos comercializados actualmente, ha tenido más suerte que 'nuestra' Meller, artista tanto o más conocida en su época, aunque no tan simpática ni tan humana como Josephine, las cosas como son, aunque esa es otra historia. Por cierto, Marujita Díaz, en sus buenos tiempos, interpretó muy bien uno de los éxitos Bakerianos, La pequeña tonkinesa, en una película ambientada en los años veinte.

2 comentarios:

Normi dijo...

Querida Julia: sos una incurable nostálgica y me identifico plenamente con Vos... como notarás, soy argentina y entré a tu Blog porque lo vi en la página de MI PUEBLO; Huinca Renancó, a la que accedí HOY, casualmente. Vivo en Buenos Aires, pero mi hija María Luz vive en Barcelona desde hace ocho años y el año pasado, cuando la visité, estuve en Poble-sec en casa de sus amigos Sonia y Fernando.... Vos dirás ¿qué tiene que ver esto con el recuerdo de Josephine Baker ? Nada y TODO: ¿te das cuenta de qué loca manera nos encontramos en el mundo de HOY? Quizás estuve a metros de tu casa y te vengo a encontrar en el ciberespacio!!!!
Yo también soy "mestra jubilada" y viajera impenitente.... Amo Barcelona y País Vasco y... tantos otros sitios... Te mando mi más cariñoso saludo.
Norma Risso

Júlia dijo...

HOla, Normi, contentísima de verte por aquí, qué casualidad, te mando un email contándote como 'llegué' a Huinca Renancó. Un abrazo.