viernes, 25 de febrero de 2011

Flores nórdicas y modas oportunistas






La novela histórica, así como la novela negra, son géneros que han tenido en estos últimos años una especie de resurrección mediática, cosa que ha propiciado que se publiquen a montones.

Me produce cierta curiosidad que cuando un tema se pone de moda se repite hasta la saciedad en novelas, obras de teatro, seriales televisivos y refritos diversos. Las dos versiones cinematográficas de Las amistades peligrosas, generaron también teatro y recuerdo cuando en Barcelona, en poco tiempo, tuvimos dos versiones del Lorenzaccio de Musset. Después, cuando se pasa la moda, todo parece olvidarse de nuevo hasta una próxima resurrección.

Los escándalos recientes con sacerdotes pederastas han propiciado que en seriales televisivos y novelas diversas sobre la postguerra surgiera un personaje con este problema y esta profesión y me temo que ahora tocará la cuestión de las adopciones ilegales, unos hechos trágicos del pasado reciente que han generado diferentes documentales en algunas cadenas, que, curiosamente, ya había detectado Lobatón en su programa y que incluso mereció hace muchos años reportajes en Interviú, sin que entonces nos moviésemos demasiado a favor de esclarecer el tema. Aunque ahora también parezca que determinados periodistas han descubierto las tramas.

Se puso de moda el tema de los Templarios y los Cátaros y se generó un gran exceso de novelones y libros supuestamente serios sobre la cuestión. También había muchos de más antiguos, que habían pasado de forma discreta por las librerías y que seguramente fueron utilitzados y consultados por los autores que consiguieron el éxito con ese tema en el momento adecuado. Y así ha pasado la época Camino de Santiago, la de los misterios bíblicos, la de los misterios ocultos en un cuadro emblemático del Renacimiento, la de los monasterios y sus secretos...

En un blog en catalán sobre historia publico cada sábado un enigma del pasado, puesto que me encanta la historia en general y participo en diferentes tertulias sobre esta materia. Muchas veces, como suele pasar, son los temas los que llegan a mi, sin buscarlos. Tropecé por internet con una noticia sobre la presentación de un libro de Espido Freire sobre una princesa antigua que pasó sin pena ni gloria por nuestro país: Cristina de Noruega. Su peso político fue prácticamente nulo, su vida, corta. Sin embargo, el hecho de que una chica de países tan lejanos llegase hasta nuestra península para casarse, en su caso con un hermano de Alfonso X el Sabio, resulta una curiosidad exótica, lo admito.

La publicación del libro ha ido acompañada de fotos y reseñas diversas. Pero resulta que sobre esta princesa ya se habían escrito muchas otras cosas, en concreto, en 2003, La flor de Noruega, de Juan Arroyo Conde, autor de otros libros de interés histórico, que se presentó en Covarrubias. En algunos foros literarios se ha alabado bastante el libro de Freire, que no conozco, así que el valor se le supone, aunque no la originalidad temática. Admito que tampoco conozco el libro de Arroyo, al que le supongo el mismo valor, además de preceder al de Planeta en algunos añitos y ser un autor más especializado en el género histórico. En uno de esos foros he encontrado unos comentarios de Arroyo Conde, mencionando su libro y manifestando con cierta ironía el ruido que se ha generado con la historia de nuestra princesa noruega. Arroyo Conde publicó su libro en una editorial más pequeña, por experiencia propia sé como cambia la difusión y como cuando los grandes grupos ocupan los medios poca cosa se puede hacer para intentar, por lo menos, existir. Incluso se vistió a Espido Freire de época para el evento...

Al menos se podía haber buscado un título menos parecido (La flor de Noruega/ La flor del norte). En algún foro incluso he leído comentarios maliciosos respondiendo a Arroyo Conde con cierto sarcasmo. En fin, cosas del contexto literario, de las modas, de las incondicionalidades y del panorama cultural. No me gusta demasiado la novela histórica, con algunas excepciones, porque creo que presenta grandes dificultades, no tanto de documentación cuanto de entrar a fondo en la mentalidad de otros tiempos. A menudo los personajes hablan y piensan como mujeres y hombres del presente. Pero incluso los historiadores serios caen en esa trampa inevitable y por eso se dice que cualquier libro de historia habla, más que del pasado, del presente y es, en definitiva, historia contemporánea. De todas manera me han cogido ganas de leer y comparar los dos libros. Un dato importante, el de Planeta es bastante más caro pero seguro que resulta mucho más fácil de encontrar en las librerías habituales...

viernes, 18 de febrero de 2011

La estrategia del agua y Mallorca en febrero


De viaje hacia Mallorca con el Imserso, privilegio actual de pensionistas modernos, desde Barcelona, compré en el aeropuerto esta novela de Lorenzo Silva, para mi uno de los autores españoles actuales con un registro más amplio y ambicioso. Pertenece a la serie de Chamorro y Bevilacqua, seguida por muchos lectores adictos a la novela negra o de misterio de la cual, en la actualidad, sufrimos un empacho excesivo.

No entraré en consideraciones literarias. Lorenzo Silva es un gran profesional, prolífico y trabajador, un lujo en un contexto de ambiciosos aficionados pero que en un país con cierta tendencia a la vagancia elitista se considera algo vulgar. Tiene una magnífica web en la cual recoge críticas positivas y negativas acerca de sus libros, que son diversos y, en bastantes casos, muy ambiciosos. Nada hay perfecto en este mundo, entre su producción e incluso dentro de una misma novela, habrá cosas que nos gusten más que otras. Sin embargo me sorprende la papanatería que rodea mucha novela actual llegada de lugares remotos y que es acogida con entusiasmos efervescentes de dudosa profundidad, mientras que Silva, respetado y leído, parece que es mirado con cierta indiferencia por parte de determinados sectores críticos y de público algo elitista. En fin...


Este libro se inspira en un caso real y su originalidad se basa en el hecho de que el malo es quién más lo parece. Es interesante la valoración que los personajes de la novela hacen de nuestra sociedad y de un sistema jurídico que, a base de querer proteger con exceso ciertos abusos, cae en otros igualmente injustos. Una vez leída la novela, con la cual pasé muy  buenos ratos, vi que en el hotel había unos estantes con novelas que, me imagino, dejaban los visitantes. Todas ellas estaban en inglés, en alemán. Imagino que en verano el público mayoritario es extranjero. Así que cuando la hube terminado dejé la de Silva en aquel lugar, era la única en castellano. Me alegró ver que había desaparecido a los pocos minutos. ¿Dónde estará?


sábado, 29 de enero de 2011

De la civilización de la abundacia y sus perversiones



Escribe hoy Quim Monzó en La Vanguardia sobre libros y bibliotecas y un pueblo inglés en el cual los vecinos intentan defender este servicio cultural, que está en peligro de desaparición por recortes presupuestarios.

Al final cuenta una anécdota personal, intentando deshacerse por traslado y, supongo, falta de espacio, de dos mil libros, preguntó a diferentes bibliotecas si los aceptaban. Comprobando que no había interés en el tema, acabó depositándolos en el container correspondiente. Por el tono del artículo percibo una crítica ácida hacia el personal implicado y los poderes correspondientes. Sin embargo creo que el problema actual del exceso de todo sobrepasa la cuestión concreta de los libros y la cultura.

En mi barrio dedicamos el martes pasado una charla al gran periodista y muchas cosas más, Sebastián Gasch. Asistió a la misma su hijo Emili, que nos contó diversas e interesantes anécdotas. Gasch tenía una colección completa de la revista Destino, que su hijo intentó también entregar a alguna biblioteca, sin éxito, y que acabó en los libreros de lance, mal vendida. Lamentamos, en general, esos hechos, o ver tirados por el suelo, al lado de los contáiners, libros y objectos en buen estado. Sin embargo nosotros mismos, cada cual según sus circunstancias, acabamos por tirar lo que nos sobra, que es mucho, por necesidad vital de espacio.

Nunca ha habido más bibliotecas en Barcelona y su área de influencia que en la actualidad. Cierto que no son aquellas bibliotecas silenciosas de antes, que ahora incluyen diversos materiales como películas o discos en sus fondos y que muchos jubilados las utilitzan para hojear y ojear los periódicos del día. Sin embargo veo también a mucha gente trasegar libros arriba y abajo, libros para adultos, para jóvenes y para niños. Las novedades promocionadas por los medios habituales son las de más éxito, claro. Las bibliotecas son lugares activos y vivos, luminosos y alegres,  se han convertido en espacios indispensables, en pequeñas almas de barrios y pueblos y lugares de relación social, en la mayoría de casos.

El personal no es abundante, ha habido recortes, pero, en general, está formado por gente joven con gran voluntad, amables y dispuestos a encontrar lo imposible, a llamarte a casa cuando lo tienen, a gestionar lo que sea y que esté al alcance de sus posibilidades y a cederte su espacio para temas culturales diversos. Joan Antoni Delgado, el director de la de mi barrio, la Francesc Boix, del Poble-sec, que ya ha quedado pequeña, como la mayoría, me contó en una ocasión que tenía que hacer limpieza, cosa muy difícil, ya que seleccionar libros es una tarea ingrata y delicada. Las bibliotecas se han ido también especializando en algún tema, a menudo relacionado con su nombre. En el caso de mi barrio, con la guerra civil, la cultura de la paz...

En mi biblioteca han puesto un gran cajón de madera donde se pueden depositar volúmenes que la gente no quiere en casa y de donde puedes coger lo que quieras. Siempre está lleno, al principio había libros en mal estado pero ahora hay buenos libros a menudo, nuevos, interesantes. La verdad es que, más allá de los libros de consulta, pocas veces releemos a fondo ya que la vida es corta y el tiempo vuela. En alguna ocasión, la relectura nos lleva a comprar una nueva edición más completa, con la tipografía más agradable. Muchos libros antiguos, económicos, se desmontan o amarillean y la letra solía ser excesivamente pequeña, para reducir precio. Así que a veces incluso volvemos a comprar el libro cuando lo queremos releer. El sistema de cosas hace, sin embargo, que muchos libros desaparezcan del mapa en un par de años y que para reencontrar según qué debas recurrir a los libreros de viejo, que también han desarrollado su sistema por internet, con muy buenos resultados, por cierto.

El mismo escritor, que lamenta el tema, iba a regalar dos mil volúmenes, me imagino que por la misma falta de espacio que sufren las bibliotecas populares. Cuando murió mi madre y vaciamos el piso, un señor muy amable, de una empresa dedicada al tema, me comentó con cierta tristeza: los libros pesan mucho y valen poco. Los libros, como la ropa o la comida, fueron en otros tiempos un bien escaso y caro. Hoy no es así y, además, podemos conseguirlos prestados en las bibliotecas, con mucha facilidad. ¿Qué haremos con tantas enciclopedias y diccionarios que pagamos a plazos y que nos han acompañado fielmente durante años? Ahora acabamos consultándolo todo por internet, recurso cómodo y fácil, a la medida de nuestro espacio vital, modesto. Hay quien dice que hay errores, pero yo he encontrado muchos más en los libros convencionales donde, además, es difícil y largo corregirlos.

Nuestra generación ha tenido tendencia a atesorar, ya que veníamos, la mayoría, de la escasez. Yo no tiro nada, me dicen muchos, orgullosos de no tirar. Sin embargo lo que hacen es intentar pasar el problema del exceso a otros, a las instituciones, a las parroquias... Es más fácil regalar ropa usada en buen estado o libros ya leídos que dinero, pero, para los que reciben el donativo, es mucho menos práctico, claro. Nos molesta que no se agradezcan nuestros mezquinos donativos de cosas que ya no queremos, de ropa que no nos ponemos, de libros que no leeremos, de muebles pasados de moda. Antes se daba todo a los pobres, a los más pobres que nosotros, claro. Hoy incluso los pobres prefieren estrenar ropa, aunque sea del bazar chino de la esquina que, hay que decirlo, también ha mejorado mucho la calidad de sus productos y el servicio al cliente. Debemos vivir con ello y, si criticamos a los demás, analizar nuestras propias actuaciones. Comprobaremos que a menudo pecamos sin pudor, aunque intentemos justificarnos.

La gente tira de forma vergonzante, no lo admite, pero los grandes cubos de basura de nuestro tiempo están llenos de cosas en buen estado. Cierto que a veces hay quien recoge y aprovecha o revende. Un día a la semana pasa personal del ayuntamiento a recoger muebles, trastos y en muchas ocasiones antes ya ha pasado un primer control de calidad espontáneo formado por un pintoresco mundo que incluye aficionados, necesitados, profesionales alternativos, amigos de la restauración, curiosos y traperos del presente. Este es nuestro mundo, ni mejor ni peor que los anteriores. Más bien, por lo que hace a nuestra sociedad en concreto, bastante mejor que el de nuestros padres en muchos aspectos materiales. El libro de Huxley ya predecía el tema, vale más desechar que tener que remendar. Y a eso hemos llegado con la intención de sostener el ritmo de producción necesario para sobrevivir. Seguro que podría hacerse mejor y de otra manera, más razonable y quizá en algún momento del futuro sea así o volvamos, por circunstancias diversas, a la escasez antigua, que nos haga recordar con nostalgia todo aquello que tiramos y regalamos. Mi madre siempre me advertía de que no tirase sábanas. Cuando la guerra podías cambiar sábanas por pan, me contaba. Y es que en momentos difíciles, lo primero es comer, evidentemente. Sin embargo las sábanas, las toallas, el pan, ya no son, tampoco, lo que eran. Como los libros. La abundancia es buena pero tiene ese lado perverso, el exceso agobiante, que, además, nos crea una especie de mala conciencia individual y colectiva. Y que nos lleva a la protesta poco meditada cuando se rechazan nuestras donaciones oportunistas.



Fotografia copiada del blog Fotografías de un cráneo abierto.

domingo, 16 de enero de 2011

Benjamín Palencia, treinta años después








Hoy,16 de enero, se cumplen treinta años de la muerte de Benjamín Palencia (1894-1980), uno de nuestros grandes pintores, no tan conocido como merecería, más allá de determinados círculos culturales.



Palencia tuvo una larga vida y pasó por etapas diversas, en las cuales podemos encontrar cuadros para todos los gustos, geniales la mayoría.




Conoció a pintores como Picasso, Miró o Dalí, mucho más promocionados. Vivió en el excitante mundo cultural republicano, sobrevivió a la Guerra Civil, reinició la Escuela de Vallecas, después de la guerra. Fue surrealista, cubista, fauvista, realista, paisajista inmenso, mostrando magníficas visiones del campo castellano.  Reconocido en España y el extranjero, me temo, sin embargo, que a mucha gente joven de hoy, més allá de los vinculados de forma directa con los lugares donde vivió y trabajó, o de los estudiosos de arte, no les suena. 


Sirva este post de pequeño homenaje, tres décadas después de su muerte.



jueves, 6 de enero de 2011

De cuando recitábamos a Rubén Darío


Hace algunos días una evocació de Rubén Darío en un blog amigo me recordó a ese gran poeta, recitado y leído  en tiempos de mis padres e incluso en mi infancia, aunque siempre de forma parcial y, en muchas ocasiones, reduccionista.

En una de las escuelas en qué he trabajado coincidí con una maestra muy joven. Otra compañera de mi edad y yo, bromeando, acostumbrábamos a recitar poemas de nuestra infancia, habituales en los libros de texto. Rubén Darío no sonaba casi de nada a nuestra joven compañera y acabamos regalándole una antología.

Mi madre tenía una especie de publicaciones baratas que se compraba su abuela, unas revistas con poesías de autores conocidos o no tanto, populares en su época: Bécquer, Campoamor... Y Rubén Darío, por supuesto.  Mi madre recitaba de memoria bastantes poemas; en sus tiempos y en una gran parte de los míos era habitual que las personas normales, incluso sin una gran cultura académica se supieran de memoria y recitasen bastante bien poemas diversos. Aprendí a leer catalán, en una época en la que mi lengua había desaparecido del contexto escolar, a través de libros familiares, con poemas para recitar.

Recuerdo el mundo mágico que me evocaban aquellas extrañas historias poéticas recitadas por mamá, en concreto ésta:

Era un aire suave, de pausados giros; 
el hada Harmonía rimaba sus vuelos, 
e iban frases vagas y tenues suspiros 
entre los sollozos de los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes, 
diríase un  trémolo de liras eolias 
cuando acariciaban los sedosos trajes, 
sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia risas y desvíos 
daba a un tiempo mismo para dos rivales: 
el vizconde rubio de los desafíos 
y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado con hojas de viña, 
reía en su máscara Término barbudo, 
y, como un efebo que fuese una niña, 
mostraba una Diana su mármol desnudo...

La poesía más popular de Rubén Darío, en las escuelas de mi infancia, era aquella de Margarita, esta linda la mar... Otra de las habituales era la historia de la princesa triste, tan parodiada, incluso en broma. Mi preferida, sin embargo, fue siempre Sinfonía en gris mayor, que encontré en una magnífica antologia destinada a libro de lectura, elaborada por el gran pedagogo Herminio Almendros, padre del también genial Néstor Almendros: Pueblos y leyendas. Aquel libro de lectura, de 1937, se ha reeditado en numerosas ocasiones y hoy es todavía moderno, porque refleja una sociedad diversa y multicultural. 

El mar como un vasto cristal azogado 
refleja la lámina de un cielo de zinc; 
lejanas bandadas de pájaros manchan 
el fondo bruñido de pálido gris. 


El sol como un vidrio redondo y opaco 

con paso de enfermo camina al cenit; 

el viento marino descansa en la sombra 
teniendo de almohada su negro clarín. 

Las ondas que mueven su vientre de plomo 
debajo del muelle parecen gemir. 
Sentado en un cable, fumando su pipa, 
está un marinero pensando en las playas 
de un vago, lejano, brumoso país. 

Es viejo ese lobo. Tostaron su cara 
los rayos de fuego del sol del Brasil; 
los recios tifones del mar de la China 
le han visto bebiendo su frasco de gin. 

La espuma impregnada de yodo y salitre 
ha tiempo conoce su roja nariz, 
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta, 
su gorra de lona, su blusa de dril. 

En medio del humo que forma el tabaco 
ve el viejo el lejano, brumoso país, 
adonde una tarde caliente y dorada 
tendidas las velas partió el bergantín... 

La siesta del trópico. El lobo se aduerme. 
Ya todo lo envuelve la gama del gris. 
Parece que un suave y enorme esfumino 
del curvo horizonte borrara el confín. 

La siesta del trópico. La vieja cigarra 
ensaya su ronca guitarra senil, 
y el grillo preludia un solo monótono 
en la única cuerda que está en su violín.


Rubén Darío no llegó a los sesenta años, su vida fue una especie de torrente arrollador. No voy a escribir aquí su biografía, que se puede encontrar, bastante completa, en wikipedia. También, afortunadamente, una gran parte de su obra poética se halla en internet, en un lugar o en otro de ese extraño país entre imaginario y real. Envidiado, imitado, criticado, reivindicado, Rubén Darío tuvo una virtud que, en nuestro país, es un defecto:  ser prolífico. Escribió mucho y bien, poemas que reflejan una cultura extensa y profunda. Su archivo personal fue donado a España por su compañera de los últimos años, Francisca Sánchez, y se encuentra en la Universidad Complutense. Tiene también una extensa producción en prosa, poco conocida todavía, entre la cual muchos artículos periodísticos. Por la obra de Darío desfila todo el mundo de su época, personajes, lugares, mitos, creencias, incluso manías. Quizá por la dificultad que entraña esa totalidad diversa y compleja ha sido muy poco traducido a otras lenguas y hoy todavía hay quien cree que es una especie de autor folklórico. Hoy poca gente, con la excepción de los estudiantes de la especialidad, puede valorar el uso de los versos y estrofas clásicas que Darío utilizó en su excelente castellano o captar las muchas referencias cultas que se esconden en sus grandes poemas.

viernes, 24 de diciembre de 2010

domingo, 12 de diciembre de 2010

Concha Piquer (1906-1990)



Curioseando por internet, ese lugar extraño donde se encuentra 'de todo' aunque no se encuentre todo, me he enterado de que hoy, 12 de diciembre, hace veinte años de la muerte de Concha Piquer, cantante muy presente en la memoria sentimental de aquellos que, como yo, ya peinamos canas aunque sean teñidas. Mis primeros recuerdos de esa gran dama de la canción vienen de los inefables discos solicitados de Radio Miramar y la canción que más sonaba y recuerdo era ese inmenso Tatuaje. La canción, de pequeña, me evocaba las callejas sórdidas cercanas al puerto de Barcelona, un olor a café rancio y vino peleón, y un mundo pecaminoso de marineros con pasado y señoras de la vida, eufemismo que usaban en casa y que yo, entonces, no sabía a qué se refería con exactitud. Las señoras de la vida eran mujeres decadentes, gordas y pintadas que pululaban por la calle y que acompañaban a hombres borrachos y malolientes para hacer no se sabía qué exactamente, un misterio de aquellos de épocas pasadas y pacatas.

De jóvenes, con la modernidad de los sesenta, renegamos de aquella memoria sentimental, de Machín, de Piquer, incluso del Duo Dinámico yeyé de nuestra adolescencia. Hoy queda bien decir que escuchabas a los Beatles o a los Stone en versión original, de la misma manera que queremos creer que ganamos la democracia a costa de nuestro sacrificio colectivo. La leyenda siempre es más bonita que la realidad. Con el tiempo, sectores intelectuales desacomplejados reivindicaron aquella música, cantantes jóvenes la recuperaron en nuevas versiones y la copla, como el tango, pasó a ser patrimonio cultural colectivo. Concha Piquer fué mucho más que una señora que cantaba historias, es hoy un mito de la canción, muy presente en nuestro recuerdo. 

Me gustán las canciones que cuentan historias, bien rimadas y estructuradas. Así son aquellas coplas, de grandes autores, poemas narrativos, novelas. Como los tangos o como las canciones que cantaba, en catalán, Emili Vendrell, con letras de grandes poetas. Hace poco tiempo pude ver, en la segunda cadena, un programa magnífico de la serie Imprescindibles, sobre la apasionante y apasionada vida de Concha Piquer. Los programas de Imprescindibles deberían ser, valga la redundancia, imprescindibles, efectivamente: Miguel Hernández, Vicenç Vives, Gil de Biedma, Rafael Azcona...

Algunas de las canciones de Piquer me producían una profunda tristeza, sobre todo cuando hablaban de mujeres abandonadas, de amores imposibles, de muerte y tristeza. Las había optimistas, la niña de la estación acababa por casarse, se casaba  la picadita de viruela acomplejada y la solterona de la lima y el limón. Casarse era casi la única salida laboral seria para un gran nombre de señoritas. Eran canciones que al estar bien construídas y rimadas se aprendían de memoria con cierta facilidad, cosa que contribuía a crear lazos colectivos cuando, aunque fuese en broma, las entonábamos en fiestas señaladas y reuniones familiares.

La vida de Concha Piquer transcurrió de forma inteligente y apasionada por épocas difíciles, no fue una cantante franquista, com creímos com ignorancia petulante. Fue ella misma y mucho más, merece una serie de la tele bien hecha, con medios y documentación, para dar a conocer a los jóvenes cosas como su paso por Estados Unidos, o que protagonizó la primera película sonora en español. Los míticos baúles de la Piquer se han convertido en una especie de refrán popular. Ah, como admiro la habilidad de países como Francia para mitificar sus mitos o crearlos! Aquí somos algo autodestructivos, el franquismo estigmatizó toda una larga época y a los que sobrevivieron con éxito a ella! Sin embargo, por lo que oigo y escucho, la copla goza de buena salud. Afortunadamente.

A la hija de Concha Piquer, como al hijo de Emili Vendrell, les pasó una cosa parecida, siendo excelentes artistas no pudieron acabar de superar el peso inmenso de sus progenitores. Al tipo de canción que cantaba Vendrell, en catalán, le faltó una etiqueta de género. Los comparo porque Vendrell también cantaba historias y era de los pocos cantantes en catalán, anteriores a la Nova Cançó, que podíamos escuchar en los espacios de discos solicitados, al lado de Piquer y Machín. Por desgracia, hoy está muy olvidado en su propia tierra, cuando fue, también, todo un mito. En Catalunya con frecuencia soportamos un exceso de modernidad y diseño, de afición desmesurada a la novedad galopante. Lástima.

La época también cuenta. Estos días se ha hablado mucho de Lennon, de los Beatles y de su tiempo. No digo que no fuesen buenos pero estuvieron en el lugar apropiado en el momento oportuno. El éxito de Piquer fue también un éxito de labor de equipo: buenos músicos, excelentes letristas. Y una sociedad que escuchaba con devoción aquellas historias cantadas y contemplaba ilusionada las películas del cine del barrio. Hoy nos hemos convertido en una sociedad de petulantes nuevos ricos en crisis. Aquellas canciones nos dicen mucho más de nosotros mismos que cualquier manual de historia.