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domingo, 24 de enero de 2021

LOS PÁJAROS QUE CANTAN, ANTES DE LA PRIMAVERA



Cuando yo debía tener unos diez años tuve la suerte de que en mi gris escuela de monjas de la cual, sin embargo, no tengo malos recuerdos, aterrizase una maestra joven y moderna. Moderna considerando que estábamos a finales de los años cincuenta. Juan Ramón Jiménez, de quien sabíamos poca cosa, se puso de moda, y leíamos Platero y yo, un libro para mayores que se suponía que era para niños.

La profesora, que no debía tener ni veinte años y que nos parecía que recordaba a Roy Schneider, nos habló de la esposa de Juan Ramón, Zenobia Camprubí, que había traducido a Tagore y que era muy brillante e inteligente. Una reciente y magnífica biografia de Zenobia deshace muchos malentendidos y tópicos sobre la relación matrimonial y la personalidad de los cónyuges, tan diferentes y, sin embargo, tan unidos. Juan Ramon era un hombre especial, con tendencias depresivas. Ella era una persona luminosa, que hizo un montón de cosas, además de cuidar al marido y facilitarle la labor intelectual. 

Fue una lástima que esa pareja no pudiese disfrutar del Nobel, que no tuviesen hijos, que fuesen mirados de reojo por tirios y troyanos por no ser unos revolucionarios al uso ni unos conservadores dispuestos a adaptarse a la nueva situación de España. Zenobia, llama viva, como el título de la biografía, fue un ser excepcional y luminoso, inteligente, brillante, trabajadora, consciente de què había tenido una vida privilegiada en muchos aspectos, en la cual también hubo sombras y problemas. 

La biografía contiene unas fotos excelentes, evocadoras. He publicado una reseña en catalán en un blog cultural, hace poco. 

https://www.llegir.cat/2021/01/zenobia-camprubi-la-llama-viva-emilia-cortes/

Hoy paseaba por Montjuïc, en estos días de invierno, con esas limitaciones a causa de la pandemia, el viento se llevó las nubes y las panorámicas eran espléndidas. Todo era luz. He escuchado muchos pájaros y me vino a la cabeza un conocido poema de Juan Ramón, por cierto. Mi hija me mandó unas fotos de herrerillos, mallarengues, que se habian detenido en su jardín, a comer algunas semillas. Volverá la primavera y, aunque sea difícil, hemos de valorar lo que tenemos y no lamentarnos en exceso por lo que hemos perdido o por las actuaciones erráticas o desafortunadas de los políticos. Nos queda la música, la lectura, la poesía...


Cantan, cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?

Llueve y llueve. Aún las casas
están sin ramas verdes. Cantan, cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?

No tengo pájaros en jaula.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...

Nada. Yo no sé dónde cantan
los pájaros (y cantan, cantan)
los pájaros que cantan.

miércoles, 15 de agosto de 2018

CARMEN CONDE PERMANECE EN EL MUNDO


Resultat d'imatges de carmen conde ferris

Amante

Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.

No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto.

Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma.
Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.

Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida..., la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos.

Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida...?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.


Carmen Conde


Gracias a Google,  que hoy la recuerda, he recordado yo también a Carmen Conde. Nació el 15 de agosto de 1907, murió en enero de 1996 y, durante años, mi propia ignorancia, fomentada por los discursos oficiales y la poca informació de la época hizo que supiese poca cosa de ella. Cuando estudié magisterio, a finales de los sesenta, nos la mencionaban a menudo, a causa de sus publicaciones destinadas a los niños y niñas y al sector educativo. 

Asi que me quedé con una imagen de señora seria, casi de otros tiempos, que, en cierto modo, monopolizaba el sector de la literatura infantil en castellano y que llegaría a ser la primera académica en esa rancia institución hispánica de referencia. Una especie de patum, como decimos en catalán de aquellas figuras de renombre que quizás no merecen del todo el reconocimiento adquirido. La ignorancIa es muy atrevida, la ignorancia ligada a la juventud es peor, aunque más inocente y sujeta a influencias diversas  y al deseo de novedades.

Resultat d'imatges de carmen conde libros infantiles

Resulta que Conde fue una mujer moderna, republicana, activa, arriesgada, innovadora, poeta y muchas cosas más. De Cartagena, por cierto, una ciudad intensa y hermosa a la cual, aquellos que todavía no la conocíamos, creíamos una especie de segundona sin interés, más allá de qué muchos chicos destinados a Marina, en el servicio militar, pasaban allí un período de tiempo más largo que el resto. 

Había escuchado en ocasiones, como tanta gente, aquello de en Cartagena, mar sin pescado, montes sin leña... y niños maleducados. Pero Cartagena és una ciudad con una historia apasionante, paisajes extrarodinarios, una belleza aparentemente discreta pero inolvidable  y oscuridades atractivas poco divulgadas, como todo aquello de las luchas cantonalistas. Una ciudad de primera división en muchos sentidos, vaya. Con pescado en el mar, leña en los montes, mujeres intelectuales  y brillantes y niños como todos los demás.

Resultat d'imatges de carmen conde ferris

Carmen Conde sobrevivió con habilidad y suerte a la Guerra Civil y consiguió reconocimiento intelectual después del desastre, algo que no se perdona con facilidad. Los mártires nos parecen heroicos y reivindicables -su recuerdo es también más manipulable y engañoso- pero sobrevivir con dignidad es algo inmenso, difícil, espinoso. Conde tuvo un gran amor lésbico pero no abandonó del todo a su marido, el relativamente olvidado, más allá de Murcia, Antonio Oliver, otro gran poeta y muchas cosas más, posiblemente inquieto  por la relación de su esposa con Amanda Junquera. La pareja tuvo sólo una hija, que nació muerta, eso les afectó intensamente a los dos.

Resultat d'imatges de antonio oliver poemas
Conde sería un gran mito en el mundo anglosajón y se hubiesen hecho grandes películas y series sobre ella y sus amigos, amigas y conocidos. Merece una atención más profunda todo ese contexto truncado de los años treinta pero también hay que reivindicar la resistencia cultural de la postguerra y el tardofranquismo, un contexto mucho más rico en propuestas y publicaciones de lo que se quiere creer pues también se canta en los tiempos sombríos, como escribió Brecht.

Conde se relacionó con un montón de gente interesante, mítica, libre y esperanzada. Con todas esas Sin sombrero, reivindicadas hace poco. Su novio, después su marido, insistía en qué no fuese con Maruja Mallo, por ejemplo. Existen algunas biografías de Conde, la más extensa y documentada la de José Luis Ferris. La publicó en 2007, con motivo del centenario del nacimiento de Carmen Conde. Ferris, escritor, poeta y ensayista ha escrito otras dos biografías de peso, las de Miguel Hernández y Maruja Mallo.



domingo, 13 de mayo de 2018

CAMUS, DE NUEVO

Resultat d'imatges de CAMUS SARTRE TANASE BIOGRAFIA

Se ha publicado esta primavera la biografía de Albert Camus escrita por Virgil Tanase, un intelectual de origen rumano establecido en Francia por motivos políticos. Sobre el escritor se ha publicado mucho, esta biografía quizás no sea la mejor. Aunque las comparaciones son odiosas parece que la supera la de Olivier Todd, publicada a finales de los noventa. La de Tanase no es actual, se publicó en Francia en 2010. Tiene su encanto, incide en el hombre, más allá del escritor y el paso del tiempo contribuye a que Camus y sus contemporáneos se nos presenten con una perspectiva más amplia y actual.

En aquel año se cumplían cincuenta de la muerte de Camus y yo también escribí sobre él. Los blogs estaban en movimiento y en auge. Hoy han perdido importancia. Hemos quedado por aquí algunos incombustibles, no sé qué habrá sido de personas que me comentaban cosas diversas, como el escritor Francisco Ortiz y tantos otros. La importancia de Camus, más allá de su obra, viene dada por su enfrentamiento a unos y otros, no es fácil defender unas ideas sin que los de la parte contraria te adscriban a las suyas.

El tiempo ha dado la razón, en muchos aspectos, a Camus. Incluso predijo la llegada masiva de la emigración procedente de países pobres. Sartre cada día me parece más lejano, sobre todo por su postura ante cosas como el estalinismo. Él, Beauvoir y su corte celestial se metieron a fondo con Camus, mirado en perspectiva todo era cuestión de vulgares celos personales, sin embargo eso no significa que no haya que leer a Sartre o a Beauvoir, cada cosa en su lugar.

Tanase, el biógrafo, ha manifestado en alguna entrevista que la obra de los escritores suele dar una versión purificada de cómo eran y que para saber más cosas hay que recurrir a la documentación personal. O a una buena biografía, como es el caso. El tiempo ha dado la razón en muchos aspectos, a Camus, però cuando vivía le amargaron bastante la vida, es lo que tienen las élites culturales, que se mueven por intereses diversos, no siempre honrados ni objetivos.

Tanase incide mucho en la humanidad del personaje pero no oculta sus sombras, esa afición desmedida a las mujeres, por ejemplo, con las cuales parece que tenía mucho éxito. Su esposa, Francine Faure, lo pasó bastante mal. Y eso que era hermosa, inteligente, matemática, pianista especializada en Bach. En este presente más favorable a las reivindicaciones feministas te preguntas cómo aguantó a su marido, la verdad. Muchas mujeres de peso vivieron a la sombra de sus maridos, de sus amantes. María Teresa León, sin ir más lejos. 

Camus no era guapo, sin embargo resultaba atractivo para las damas, incluso cuando no era famoso. No sólo escribió y dirigió teatro, también hizo de actor en alguna ocasión y hay algo de teatral en esas fotos en las cuales sale favorecido. En un artículo escritor por un periodista francés, hace años, se decía, en broma, que era un cruce entre Bogart y Fernandel, la verdad es que la irónica comparación es bastante precisa.

Se ha magnificado la relación de Camus con María Casares pero lo cierto es que parece que cuando murió se había citado con tres damas, a horas distintas. No era capaz de ser fiel a nadie y se sentía culpable por ello. No fue una persona demasiado feliz, tenía mala salud, una tuberculosis recurrente, bastante grave. Puede que eso explique su vida intensa y activa, fumador, bebedor, mujeriego, noctámbulo... La sombra de la muerte produce en ocasiones está afición a vivir la vida a tope.

El teatro de Camus ha ocultado en ocasiones su obra narrativa, sus ensayos. La temporada pasada tuvimos en Barcelona un buen Calígula. La versión de El malentendido, con Cayetana Guillén-Cuervo y Julieta Serrano no se ha representado en mi ciudad, tengo la esperanza de qué podamos verla en algún momento. Fernando Guillén le aconsejó a su hija en muchas ocasiones que la representase, él y Gema Cuervo la llevaron a los escenarios en 1969. También nos ofrecieron versiones de obras de Sartre, como A puerta cerrada. De El malentendido se puede ver online una versión de Estudio 1, de mediados de los setenta, con otros actores, como Nuria Torray. Se hizo muy buen teatro en aquellos años de entusiasmos colectivos, en catalán, en castellano, en vivo y por la tele.

Camus vivió una infancia muy pobre, pero relativamente feliz. Su mundo se perdió definitivamente con las guerras coloniales, violentas y lamentables. Su abuela era menorquina, una Sintes. El maestro de la escuela elemental se dio cuenta de su inteligencia y movió Roma con Santiago para que pudiese estudiar. Camus lo recordó en la concesión del Nobel. El maestro no sólo tuvo que buscar ayudas y becas sino convencer a la familia, sobre todo a la abuela que era quién mandaba, de que el chico tenía que estudiar. No es un tema fácil. Hoy puede parecer aquella una mentalidad remota pero me he encontrado con casos así en la escuela, familias que lo que quieren es que los hijos e hijas trabajen pronto y ayuden en casa. Lo demás les parecen lujos. 

Un primo mío, bastante mayor que yo, murió hace poco tiempo, no tuvo tanta suerte. A pesar del interés del maestro su padre no quiso saber nada sobre la posibilidad de estudiar o solicitar ayudas, lo quería en el campo, trabajando con él. Camus se sintió algo marginado entre los otros estudiantes, en la secundaria. Eran tiempos, no tan lejanos, en qué estudiaban cuatro gatos, la mayoría, hombres de casa pudiente. Hoy, en este tema, hemos mejorado mucho. Hay que contemplar las cosas en perspectiva para comprobar las mejoras colectivas evidentes.

Estos días, a veces, pienso en Camus, porque la situación catalana parece polarizarse y según qué comentas, a unos y a otros, te expones a muchos malentendidos. Afortunadamente, la vida sigue y la mayoría de personas son razonables y si un tema es espinosos se deja de lado durante un tiempo. Mi padre tenía muchos hermanos, entre las hijas del mayor, el hereu, hubo un problema grave a causa de la herencia, cosa que dividió a una gran parte de la familia. Mi padre y algunos otros no tomaron partido por nadie pero los hechos crearon una situación incómoda, durante años le incomodaba volver a su pueblo de visita. Pasaron los años, los descendientes de los antiguos enemigos tienen hoy buenas relaciones. No siempre sucede así, en los pueblos pequeños las rencillas duran generaciones, todavía hoy. 

Camus era un buen hombre, al margen de eso de las mujeres, claro. Intentaba ser honrado consigo mismo, con sus propias opiniones. Recibió abucheos, críticas absurdas y excesivas, también recibió el Nobel, aunque era muy joven. Me imagino la rabia que debió hacerle a Sartre, que tardaría unos años en conseguirlo. El Nobel es un premio como tantos otros, con los años pones los mitos en su sitio. Los premios grandes, y a veces, los pequeños, están condicionados por cosas como relaciones, promoción, política. Para qué no se lo diesen a Pérez Galdós los escritores de la época hicieron de todo, incluso una cena colectiva de protesta. 

Para que no se lo diesen a Guimerá, lo mismo, con el agravante de que era catalán, claro. Se hizo un apaño, se concedió a Mistral, compartido con Echegaray. La lengua provenzal, en el país vecino, está mucho más olvidada y maltratada que el catalán pero el estado francés tiene una política cultural más ecléctica y razonable. Echegaray ha sido muy criticado pero tuvo grandes éxitos teatrales en su tiempo, fue un gran médico, un gran personaje, una buena persona, muy amigo de Guimerá, a quién tradujo al castellano. Las versiones en castellano en muchas ocasiones se estrenaron antes que no las catalanas. 

El mundo es complejo y las relaciones humanas tienen muchos matices aunque con el tiempo todo se quiera reducir a tópicos, dogmas y manuales escolares. Por cierto, en Francia hay quién se queja de que el legado de Camus se ha reducido a eso de los manuales. Continúa siendo un personaje que incomoda a determinados sectores. También por aquí. Fue crítico con el comunismo, en el que duró poco. Aquí, además, confundimos antifranquismo con democracia y eso todavía pesa.

Sus frases se han sacado a menudo de contexto, como eso de la justicia y la madre. Camus amó mucho a su madre, analfabeta y casi sordomuda pero una persona excelente y buena como el pan. En realidad dijo eso al criticar la violencia defensiva de los explotados, la violencia indiscriminada que provoca el terrorismo. Su madre podía ser víctima de una bomba tirada por alguien que tenía razones justas para protestar pero entre esa justicia y su madre elegía la vida de su madre. Ese dilema está presente en muchos textos del escritor. 

La violencia terrorista se ha justificado con eso de la violencia de estado, es algo recurrente defender posturas difíciles poniendo en evidencia la maldad de la otra parte. Pero hacer un mal para contrarrestar un mal no suele funcionar. Aunque, claro, después viene la mitificación de la historia, la mística de la revolución y todo eso. Y todo eso, por desgracia, tiene un gran atractivo cuando eres joven y quieres creer que el mundo puede cambiar de forma rápida si nos sacrificamos y luchamos por ello.

miércoles, 5 de junio de 2013

EL DIA QUE MURIÓ MARIONA REBULL







Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza es una magnífica biografía de este escritor complejo, vapuleado por la historia, autodestructivo y quizás acomplejado a causa de su pequeñez física, ninguneado después de su muerte en muchos aspectos o etiquetado de forma parcial e interesada como escritor franquista. Sergi Doria ha escrito un libro excelente, que transita por la vida del personaje pero también por aquella Cataluña de la postguerra, tan poco conocida todavía,  por sus miserias y sus intentos de resurgir de las cenizas de la guerra civil y de los odios y desencuentros que esa guerra y, no lo olvidemos, también los años anteriores a la guerra generaron.
Se han cumplido cien años del nacimiento de Agustí, un centenario celebrado de forma modesta y en penumbra: algunas reediciones, un par de sesiones en la filmoteca, unos cuantos artículos en la prensa. Poca cosa. El personaje todavía resulta algo incómodo a todo el mundo. Sin embargo este libro vale por todos los olvidos. Agustí fue contemporáneo de Espriu, poeta del cual se ha publicado así mismo una reciente biografía, correcta, documentada y seria pero, según mi opinión, sin la pasión por el personaje que se vive a través de estas páginas. La biografía es un género difícil, Agustí Pons, autor de la de Espriu, tiene una biografía de Maria Aurèlia Capmany escrita con esa chispa inexplicable de amor hacia el biografiado que no encontré en la de Espriu y que he encontrado desde las primeras páginas en la de Agustí.
No resulta inoportuno o banal comparar la trayectoria vital de ambos escritores. Fueron amigos, se respetaron, se admiraron y se continuaron relacionando a lo largo de sus vidas, las cuales, como es sabido, tomaron rumbos distintos. La guerra civil rompió muchas cosas, muchas posibilidades, muchos proyectos. Cómo se comenta en el libro, todos aquellos muchachos ambiciosos, brillantes, eran demasiado jóvenes al estallar la guerra y demasiado viejos en 1939. Eso, si lograron sobrevivir. Reducir todo aquello, como se viene haciendo en mucha narrativa actual, a un cuento de buenos y malos es absurdo, la vida es complicada y nada es blanco o negro del todo. Sin embargo entrar a fondo en las contradicciones de la gente que con pocos años tuvo que optar por uno u otro bando y nadar en el mar difícil y peligroso de la larga postguerra produce cierto vértigo a los amantes de la simplicidad. Sergio Doria lo ha intentado a fondo y creo que lo ha conseguido. Agustí fue soldado de los nacionales, su clase social y sus circunstancias lo empujaron a tomar esa opción aunque, como tantos otros, pensó que la guerra sería un paréntesis rápido y necesario que acabaría por poner las cosas en su sitio,  que la monarquía volvería a gobernar y que a través de ella se restablecería una cierta democracia.
Como sabemos, las cosas no fueron así. También Agustí, con Ridruejo y otros jóvenes ingenuos, creyeron que la cultura catalana no quedaría relegada de forma brutal al bando de los otros.  Sabían, como así fue, que personas de ideas conservadoras que habían dado su apoyo al franquismo por miedo, religiosidad o convencimiento político, no estarían nada cómodas ante unos políticos abusivos dispuestos a imponer a la fuerza una españolización brutal. El fantasma del separatismo visto desde el centralismo, que rebrota a derecha e izquierda a menudo y en circunstancias bien distintas, como podemos comprobar en el presente, acabó con las aspiraciones de respeto hacia una cultura resistente e imprescindible de la misma manera que en la actualidad la postura intransigente del poder central contribuye a aumentar el independentismo.
Agustí empezó a escribir en catalán, poesía sobre todo, antes de la guerra. Después intentó salvar lo que pudo y cómo pudo cuando se dio cuenta de qué no era posible que los ganadores en el poder, que tampoco estaban dispuestos a volver a instaurar una monarquía, tuviesen ninguna intención de aceptar el catalán, más bien todo lo contrario, querían eliminarlo del mapa peninsular como fuese.  Emprendió con otros periodistas la aventura de Destino, revista que pasó de órgano falangista a islote cultural barcelonés y que concentró en sus páginas la flor y nata de la intelectualidad del momento. La larga historia de Destino muestra las miserias y grandezas de aquella publicación, ligadas a la situación de aquellos años. La revista sufrió ataques serios de los falangistas, con destrozos incluidos, a causa de sutiles indirectas sobre los males de aquella represión brutal y larguísima e incluso el mismo Agustí tuvo que desaparecer en alguna ocasión, por miedo a aquellos matones amigos del aceite de ricino y de la violencia. También sufrió luchas por el poder en su interior, en una de las cuales Agustí resultó ser el perdedor.
Ignacio Agustí pasó por muchos problemas de alcoholismo y mentales, por los cuales la biografía de Doria transita con gran delicadeza, así como por su vida personal. Murió de forma prematura antes de ver como cambiaba todo –o casi todo- y volvía la monarquía, tal y como había deseado, intentado e incluso profetizado, sin ser creído, claro. Su papel en Destino, en Tele/exprés y en iniciativas cómo el Premio Nadal se minimizó, otros se pusieron las medallas. Tuvo un gran error que pagó muy caro, la crítica contundente a la manifestación de sacerdotes a causa de las torturas infringidas a un estudiante, Joaquim Boix i Lluch, en 1966, calificando a los sacerdotes de bonzos incordiantes.
Agustí, sin embargo, tuvo virtudes, muchas, hoy olvidadas o despreciadas.  A pesar de tantos olvidos hay algo por lo que Agustí ha sido conocido y valorado casi siempre, esa historia de los Rius, cinco novelas intensas y magníficas que narran la evolución de la sociedad barcelonesa durante muchos años, desde la Exposición de 1888 hasta la guerra civil a través de la vida cotidiana, social y política de una familia de la burguesía. De forma también algo injusta la mayoría de gente conoce tan sólo las dos o tres primeras novelas de la serie. 19 de julio Guerra Civil inciden en una época espinosa y difícil, vivida en directo por su autor pero son también excelentes, aunque muy distintas de las otras.Mariona Rebull, El viudo Rius Desiderio se han editado y reeditado en muchas ocasiones. Y yo diría que revalorizado cuando gente de generaciones jóvenes las ha podido leer sin complejos.
En los años cuarenta se filmó una película bastante digna sobre esos libros. La Filmoteca la ha repuesto en una única sesión. A principios de los sesenta se filmó una serie en blanco y negro, con Jesús Puente como Joaquín Rius y María José Alfonso como Mariona Rebull, interesante y modesta, como la televisión de la época. Y más adelante llegó la famosaSaga de los Rius, en 1976que Agustí ya no pudo ver, porque había fallecido en 1974. La serie tuvo distinta aceptación entre la crítica, se criticó su lentitud, incluso  se acuñó una especie de frase hecha, en la época: eres más lento que la Saga de los Rius. Pero tuvo un gran éxito popular y dejo huella. Contó con un presupuesto generoso, con buenos actores, con buena música, con aquellas magníficas acuarelas que ilustraban los títulos de crédito. Y se ha repuesto en muchas ocasiones, en castellano pero también en catalán.  Fernando Guillén fue durante años el viudo Rius y él mismo ironizaba sobre las muchas reposiciones de la serie y sobre el hecho de qué todavía, a pesar de haber sido tantos personajes, lo recordasen a menudo por su papel protagonista en aquella producción.
Sergi Doria cuenta como su propia madre le ha comentado en alguna ocasión que Mariona Rebull murió en un palco del Liceo, a causa de la famosa bomba, como si de un personaje real se tratase. Una persona conocida que trabaja en el teatro me contó también que en las visitas culturales más de una persona pregunta en qué palco falleció Mariona Rebull, al lado del seductor Villar. La bomba del Liceo ha quedado definitivamente relacionada con esos personajes de ficción, tan vivos todavía. No suele pasar eso con demasiados personajes de novela, que se acaben trasformando en auténticos en la memoria popular. El ciclo novelístico La ceniza fue árbol, como lo tituló su autor, tiene muchos elementos que lo hacen sobrevivir al tiempo, a las modas literarias y a las críticas negativas, que también las ha habido.
Sin embargo Ignacio Agustí fue mucho más que el creador de los Rius y de su entorno. Fue un hombre enigmático y atormentado, difícil a veces, entrañable en otras, condicionado seguramente por su pequeñez física, que ya en su juventud le valió bromas crueles en la prensa del momento, porque aunque no nos guste reconocerlo la apariencia es un aspecto muy importante en nuestras vidas y un elemento recurrente cuando se quiere criticar a alguien sin matices ni sutilidades. Tuvo problemas y desencuentros con antiguos amigos y colaboradores, se sintió traicionado a menudo. Quizás no supo gestionar sus éxitos y no tuvo la aptitud camaleónica de muchos otros franquistas reconvertidos a tiempo en demócratas oportunistas.  Murió demasiado pronto.
Por las páginas de esta biografía desfilan muchos personajes de la época, algunos ya olvidados.  Por eso, además de la biografía de Ignacio Agustí, fascinante como cualquier buena novela, porque nos muestra un ser humano real con sus debilidades, aspiraciones, fracasos, éxitos y errores, este libro es también todo un manual imprescindible de historia contemporánea. De esa historia que no nos gusta del todo porque no es cómo pensamos que debería ser pero que nos ayuda a comprender el presente mucho más que otras lecturas más convencionales sobre el pasado. Un gran libro, una gran biografía y mucho más que eso.

Júlia Costa

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Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza / Sergi Doria / Ediciones Destino / 1ª edición, 2013 / 342 páginas / ISBN 9788423346523


Artículo publicado en el blog literario 'Llegir en cas d'incendi'.