lunes, 26 de mayo de 2008

Paisajes bajo la lluvia


Cuando eres pequeña, las historias de los mayores tienen una dimensión mítica extraordinaria. Los envidias, porque han vivido lo que tú nunca vivirás, ellos quizá envidian tu futuro, que no conocerán. Te cuesta diferenciar las historias reales de las leyendas, y por eso la muerte y la tragedia no tienen el mismo peso para un niño que para un adulto. El hecho de vivir en Barcelona y de salir poco hacía que, además, las historias de pueblo que explicaban mis padres me pareciesen extraordinarias

Mi padre había nacido en
Mieres (Girona) que era, hace años, un pueblo poco conocido. Además, el hecho de compartir nombre como su homólogo asturiano, más importante, hacía que casi todo el mundo diese por hecho que hablabas de este último, claro. Las pocas guías turísticas que se editaban hace décadas sobre la comarca de la Garrotxa mencionaban Santa Pau, Olot y poca cosa más, de aquella zona. Mi padre, que marchó pronto del pueblo, siempre consideró que Mieres era ‘su pueblo’ y durante unos años, ya de mayor, lo llevábamos a comer allí por las fiestas, a la misa solemne, a escuchar las sardanas y visitar algún pariente que aún quedaba. Yo creo que, como nos pasa a todos, tenía mitificado el lugar, patria de su infancia, escenario de su primera juventud, estropeada de forma brutal a causa de la guerra civil. Mieres estuvo durante mucho tiempo más relacionada con Banyoles que con Olot, pero a la hora de determinar a qué comarca se adscribía optó por la Garrotxa, cuya capital es Olot, i no por el Pla de l’Estany, con Banyoles a la cabeza, ignoro con qué criterios.


Con los años supe que mi abuelo Sidro, constructor de carros, no era de Mieres, sinó de Beget, y que había tenido que huir de aquella zona a causa de las guerras carlistas. Mieres fue siempre un lugar conservador y carlista. Me habría gustado saber mas detalles de estas historias, pero mi padre era el pequeño de once hermanos y poca cosa he llegado a averiguar sobre el tema, más allá de entender que la huída debió representar, en la época, un drama, además de la pérdida de muchos bienes materiales invertidos en ‘la causa’. Las guerras carlistas todavía están mal explicadas y las interpretaciones que se hacen a menudo son interesadas y parciales. No se pueden entender muchos aspectos de la guerra civil sin intentar entender las guerras carlistas.

Durante años yo también mitifiqué aquel lugar. En mi novela Ombres (Sombras) inventé una Mieres mítica y la llamé Userda, que es como llamaba mi padre a l’alfalfa. Al editor no le gustó el nombre, decía que le sonaba a hierba de las vacas, y, efectivamente, es una hierba para los animales aunque ahora dicen que también adecuada para las personas, por cierto. Mieres ha sido también una población muy relacionada con el cercano santuario del Collell, donde muchos chicos del pueblo, como mi padre, iban a estudiar, a pie, y donde hubo un conocido seminario. Ahora es más famosa la zona por la novela de Cercas pero ya en los libros de Gironella se mencionaba el lugar y su relación con la guerra civil, durante la cual fue cárcel republicana. Hay muchos hechos todavía mal explicados o explicados de forma fragmentada, con relación a aquel lugar y aquella época. A mi Userda me sonaba como la casa Usher de Poe y me evocaba paisajes con niebla, decadentes, misteriosos y húmedos, con escondrijos profundos y grandes dramas familiares. Sagarra recoge el nombre de la hierba en aquel poema tan bonito: vinyes verdes vora el mar, sou més fines que l’userda... Mieres fue también un escenario muy importante en las luchas campesinas, remences. Todo ello me parecía que ligaba muy bien, además del hecho que, el nombre de Mieres, que puede proceder de Miliarius, se decía también que provenía de los campos de mijo, un alimento vegetal hoy casi limitado a los pajaritos domésticos. He recuperado esta Userda inventada en otros relatos y aún tengo tema para rato.

Mis parientes de Besalú y otros pueblos conocían persones de Oix, otro pueblo de la Garrotxa, lugar donde yo no había estado nunca, hasta hace pocos años. Oix era, en mi imaginario particular, lleno de relatos familiares, maquis, contrabandistas, guardias civiles, estraperlo, amantes clandestinos, misterios diversos. Me sabe mal, he olvidado muchas cosas o las recuerdo mal, cuando eres pequeño no escuchas a los mayores con bastante atención y ellos tampoco te cuentan toda la verdad, aún menos en aquella época.

Esta semana he vuelto a
Oix, para ir a una excursión, la Marxa de Veterans que organizaba el Foment Martinenc. Nos ha llovido mucho, pero la marcha se ha hecho igualmente, y, a pesar de quedar bien remojada, el paseo bajo la lluvia me ha evocado excursiones juveniles entre niebla, y el paisaje de la Garrotxa me ha vuelto a parecer lleno de secretos y enigmas. Actualmente hay más turismo, los pueblos han cambiado, son, de hecho, lugares dedicados a los servicios, con una agricultura casi testimonial, si la comparamos con la de otras épocas. Ya no huelen a vacas ni a algarrobas y las casas no se ven ennegrecidas por el humo ya que presentan un saludable aspecto, algo artificial, como las señoras demasiado bien vestidas y maquilladas en exceso.

A pesar de que Ombres tuvo alguna crítica aceptable, no se vendió mucho, pero en ocasiones en qué le he dado un repaso me ha parecido todavía una novela muy digna. La época de La Magrana con
Carles-Jordi Guardiola como director editorial fue importante, lástima que muchos de aquellos títulos hoy se encuentren prácticamente olvidados, porque el conjunto de la colección de narrativa Les ales esteses era muy bueno. Creo que me la etiquetaron como novela rural, se habían publicado hacía poco Pedra de Tartera y Camí de Sirga, quizá el tema ya cansaba, a pesar de que creo que la mía es muy distinta y que estas etiquetas son absolutamente arbitrarias. Probablemente no la encuentre nadie en las librerías, ya se sabe como va eso de los libros, pronto desaparecen de las estanterías comerciales. En alguna biblioteca pública catalana se puede recuperar. Sobre la traducción al castellano, que yo había imaginado, nada de nada. Siempre he creído que podía ser una buena película, una interesante serie de televisión, soñar cuesta poco. En la época en que la publiqué en el canal catalán de la dos hacían unos programas breves sobre libros, muy interesantes, y tuve la suerte, gracias a la editorial, de grabar uno. Recuerdo que fui a Mieres con el periodista, creo que era Lluís Quinquer, y dos técnicos, y expliqué como era la novela delante de la casa, entonces prácticamente en ruinas, donde había nacido mi padre, con un bosque de maleza ante su puerta. Era una casa de alquiler, el propietario nunca la quiso vender. Hoy la han rehabilitado, es una casa rural de cierta categoría y ha conservado el nombre de Cal Carreter. Almorzamos en el pueblo, en Can Met, y les sorprendió al equipo televisivo aquel pueblo, aquel valle, el silencio profundo y la iglesia imponente, con sus cipreses y su cementerio al lado. Yo me sentía escritora consagrada, pobre de mí. Ya hace más de quince años de todo aquello.

Cada paisaje tiene sus características y su belleza. La Garrotxa es muy especial, espero que el exceso turístico no acabe con sus misterios ni con su mágica belleza, un poco salvaje, un poco trágica. Una belleza que se muestra más contundente bajo la lluvia y entre la niebla, como este domingo.

viernes, 16 de mayo de 2008

Imágenes recuperadas



Mañana, sábado, por la tarde se celebra el gran encuentro de La Catosfera Literària, una iniciativa que ha llevado a la publicación de un libro con 100 páginas de blogs en catalán, con contenido básicamente literario. Temo que en ese encuentro no me tropiece con alguien que conozco a través de alguna fotografía de su blog y no lo reconozca, no sería la primera vez que me ocurre. Cuando estudié Humanitats en la UOC, en todos los emails se incluía una foto-carné, i muchas veces me costaba reconocer a la gente en los encuentros presenciales, había quien creía, incluso, que no lo quería saludar.

La imagen real de una persona tiene muchos matices que ninguna fotografía, ni tan sólo una película, pueden reflejar. El cine ofrece a menudo una imagen física muy diferente de la real y al ver actores o personas conocidas en la realidad muchas veces nos decepcionan, o, en todo caso, no responden a aquello imaginado. Gente que pasaría desapercibida por la calle levanta pasiones desde las pantallitas iluminadas. Por eso también, afortunadamente, fealdades aparentes, defectos físicos que provocan complejos dolorosos, se diluyen con la personalidad vital y llegan a olvidarse cuando se conoce a alguien en directo, con toda su complejidad y diversidad humana.

Cuando no había fotografías el recurso de la gente con dinero eran las estatuas y las pinturas. De los tiempos más lejanos las pinturas, muchas veces, han desaparecido, y nos quedan estatuas, despintadas, ya que, probablemente, tuviesen policromía, como esta de
Julio César que han hallado en el lecho del Ródano, río ahora de actualidad por motivos que no vienen a cuento. Durante los últimos tiempos he visto desfilar hacia el dudoso más allá bastantes parientes y conocidos, viejos y no tanto, de los cuales me quedará, tan sólo, alguna fotografía que ayudará a mantener vivo su recuerdo. Los pobres de antes, sin fotos, pienso que debían tener dificultades para recordar. En todo caso, todo es vanidad, llegará un momento en el cual nadie nos recuerde.

Perpetuar nuestra imagen es una manía muy humana. La fotografía digital ha hecho que el tema sea más barato y ahora nos podemos permitir retratarnos y filmarnos democráticamente, haciendo toda clase de tonterías. Los principios de la fotografía mostraban retratos parecidos a las pinturas, con al gente seria, que pocas veces sonreía. Era un momento trascendente y se vivía como tal. Sonreían, en todo caso, las actrices de cabaret, sonrisas picantes, hechiceras, las de aquellas postales algo atrevidas.

Incluso hoy, cuando se quiere hacer una fotografía formal hay quien opta, todavía, por la profesional, la de estudio, que, en mi opinión, está absolutamente pasada de moda e incluso provoca hilaridad. Pero las fotos de boda, de comunión, todavía recurren a esas falsas posturas con ínfulas artísticas, difuminados e iluminaciones diversas, muchas veces. Por no hablar de esos vídeos de encargo, que parecen pequeñas películas, con puestas de sol y miradas perdidas en el infinito, con el mar o paisajes etéreos detrás, enmarcando el amor de la parejita a punto de casarse.


En una de las noticias publicadas sobre el hallazgo se habla de la preocupación de César por tapar su calvicie, con peinados forzados, hoy aún vigentes, o con una corona de laurel, cosa que él inventó. Hay cosas que no cambian o que cambian poco. Dicen también que posiblemente el busto se echó al río en momentos de cambios políticos, en los cuales no tocaba ser seguidor de Julio César y conservar una imagen suya resultaba peligroso o inconveniente. Me ha recordado el retorno de un busto de Macià, hoy ene el museo de Historia de Catalunya, por parte de un trapero de mi barrio, que lo había escondido desde los tiempos de la posguerra, aunque Macià no tuvo que pasar tantos siglos en remojo, claro.

viernes, 9 de mayo de 2008

Aquellas guerras, aquellos héroes


Admirose un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.

"Arte diabólico es"
dijo torciendo el mostacho,
"que para hablar el
gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo, lo habla mal
y acá lo parla un muchacho".
Después de todo eso de los polacos (ver La Panxa del Bou) y del caudal de teorías y opiniones sobre el tema, me ha venido a la cabeza este conocido poema de Moratín, vecino, según parece, de la barcelonesa calle de Petritxol (en un pis, no sabem quin/ hi va viure Moratín). Gabacho ha sido durante mucho tiempo un término peyorativo para bautizar a los franchutes, con los cuales nos hemos movido, por lo que respecta a Catalunya, en una relación constante de amor y odio, según soplaran los vientos. Dicen que el mote tiene el origen en un río francés, Gave, y que hacía referencia a los hombres groseros y que hablaban de forma extraña. Hay también sobre la palabra teorías diferentes y usos diversos, incluso tenemos unos melocotones muy buenos de variedad gabacha. En épocas lejanos hubo en Catalunya una importante inmigración occitana, por cierto. El gran Moratín también fue, como tantas otras personas avanzadas de su época, un agabachado que acabó en el exilio.
La cosa viene a cuento porque hace unos días asistí a una charla en mi barrio, la primera de un breve ciclo sobre el castillo de Montjuïc y la Guerra del Francés. En la charla se habló bastante del castillo, de su pasado, presente e imprevisible futuro, polémico, como se sabe. Y poco de la Guerra del Francés. Me temo que, a pesar de los muchos actos programados sobre ese segundo centenario, nos vamos a quedar un poco como antes, o sea, a oscuras o en penumbra, y atados a toda una iconografía heroica y antigua con la cual mecimos nuestros sueños patrióticos escolares.

El bicentenario de la Guerra de la Independencia o del Francès, como decimos por aquí, quizá para no confundir las cosas, en este presente algo peliagudo en el cual los temas patrióticos se han complicado y diversificado, ha generado actos diversos, en Catalunya y en España en general, pero me temo que la cultura histórica colectiva no mejorará. Se han programado muchos actos locales, en poblaciones diversas, y, por lo tanto, destinados al público local y sobre la situación precisa de aquel lugar durante la guerra. También, no faltaría mas, teatralizaciones de esas que ‘me gustan tanto’. Días atrás veía por la tele las de Madrid, con eso del Dos de Mayo. En todas partes cuecen habas y en algunas, calderadas.
La historia, como tants cosas, se ha frivolizado, sirve para hacer turismo y dinero. Desde una pintura prehistórica o un excremento de dinosaurio petrificado a un campo de concentración, todo vale para el tema. De todos modos, según la época, hay cosas que venden más que otras, claro. Cuando yo iba a la escuela, la Guerra de la Independencia era, todavía, una guerra heroica y justa, en el imaginario colectivo, una guerra para echar al extranjero y en la cual el pueblo unido no fue vencido. Yo pensaba que era injusto que el sitio de Zaragoza fuese más famoso que los de Girona, ay, pobre de mí. La música del Sitio de Zaragoza era y es todavía un clásico de las varietés, tocada con acordeón. Recuerdo a una actriz muy guapa, que trabajaba el El Molino y que siempre la interpretaba, murió joven; siento no recordar su nombre, vivía en mi barrio. Todavía, durante mi infancia, en muchos chocolates, como por ejemplo los Tupinamba, salían cromos con estampas históricas, un género que sobresalió durant el XIX y que conformó nuestra idea de los hechos del pasado. Muchos pintores catalanes de la época pintaron estampas religiosas y històricas, hoy injustamente olvidadas o casi. Una tía mía, en una sala y alcoba que me hacía estremecer, de la calle de Santa Margarita, tenia un cuadro con Ramiro el Monje y su campana de cabezas cortadas a un lado, y, al otro, aquello de 'no serviré a señor que se me pueda morir', de cuando Francisco de Borja vio lo que los gusanos habían hecho con su admirada reina. Y, en el centro, un espejo inmenso que creo que escondía a un montón de espíritus familiares detrás suyo.

El cine de la época imitaba aquellas pinturas, su escenografía, conveniente a la época imperial que nos tocaba padecer. Y también los libros de texto, las entrañables enciclopedias, reproducían de forma poco afortunada, en blanco y negro, descubrimientos de América idealizados y sitios de Zaragoza con doña Agustina en pie de guerra, cromo éste, el de la señora y el cañón, que incluso pintores como Goya recrearon, malas lenguas dicen que por necesidad de sobrevivir en aquel turbio contexto del retorno del Deseado. Aurora Bautista fue Juana la Loca y Agustina de Aragón, para llegar a ser la imaginaria, pero mucho más realista, tía Tula. Era el emblema de la época, al lado de Fernando Rey, que fue Felipe el Hermoso y, si no recuerdo mal, Palafox, en su juventud.
Una lectura crítica sobre el tema, que incida en las miserias de la guerra de forma seria, de esta guerra o de las otras, civil incluída, todavía está por hacer, al menos a nivel nacional y/o nacionalista. Demasiada complejidad para nuestras necesidades de mitología. El otro día escuchaba por radio al autor de un libro actual sobre aquella guerra, reivindicaba que en todo caso ‘los buenos’ eran los franceses y también hablaba de la figura de José Bonaparte, injustamente tratado por la historiografia popular, que lo tildaba de borracho. Yo tampoco diría tanto, la verdad, porque también es simplificar la cuestión. Sobre el rey, unas coplas que parecen la letra de un rap del verano, sobre el tema, hacen referencia a su incapacidad sexual a causa de la bebida:

Cuando la reina se pone
Bon bon
La mantilla de franela
Bon bon
La dice José Pepino
Bon bon
Ese cuerpo pide guerra
Bon bon.
Pero, claro, como el rey llevaba más vino en la cabeza que en los pies no podía hacer nada con la reina, cosas del alcohol, de los caldos españoles, vaya. José Bonaparte y Amadeo de Saboya fueron dos reyes frustrados y odiados, cuando, en realidad, eran dos personas inteligentes y serias, dispuestas a modernizar el país. No fueron populares ni aceptados por este conjunto humano que llamamos pomposamente ‘el pueblo’. El siglo XIX empezó mal y acabó peor, por no hablar del XX. La diferenciación entre guerras contra el invasor extranjero y guerras civiles suele ser oportunista, espinosa, ya que al fin y al cabo todas la guerras producen conflictos civiles entre partidadios de los unos o de los otros, y llamar traidor a alguien es fácil, pero profundizar en los motivos de su traición, mucho más complicado.

En Catalunya nos ha quedado el recuerdo de la inmortal Gerona, donde Álvarez de Castro hizo resistir a la gente de grado o por fuerza, hasta límites terribles, frustado, dicen, por la facilidad con que los franceses habían logrado entrar en Barcelona, gracias a las presiones militares que en aquel momento aconsejaban facilitarles la cosa. También contamos con la imagen emblemática del Timbaler del Bruc, haciendo correr a los franceses a causa, según cuenta la leyenda, del eco de su redoble, gracias a la orografía.

La primera vegada
que al Bruc vàreu anar
molt contents i alegres
hi vàreu arribar.

Amb els canons de fusta
els llevàrem la pell.
Es varen posar a córrer
fins a Molins de Rei.
Las gaditanas se hacían tirabuzones con las bombas y Napoleón tuvo que hacer mutis por el foro. Ahora dicen que fue gracias a los ingleses, siempre nos estropean las ilusiones. Tanta sangre y heroicidad para hacer regresar a Fernando VII y para entrar en una época de inestabilitad constante, guerras locales como las carlistas, repúblicas frustrada y finalmente, de ya se sabe qué. Yo creo que con los grabados de Goya sobre los desastres habría bastante para entender lo que hace falta, que la guerra sirve a menudo para empeorar la situación, sobre todo de tanta gente que no tiene culpa de nada y recibe palos por todas partes. Pero para entender, también, que no se puede hacer volar palomitas y que despreciar armas y ejércitos es, todavía, suicida. Por desgracia, aquello de si quieres paz prepárate para la guerra, todavía funciona. Hace poco leía declaraciones de personas muy serias, en el sentido del peligro que representa convertir los ejércitos en ongs, sin tener en cuenta que, muchas veces, es necesario tomar medidas que comportan un cierto grado de violencia, para restablecer el orden, sin el cual no se puede hacer nada. Eso del diálogo está muy bien, pero si una de les dues partes va con la pistola o el trabuco en la mano es difícil, imposible, vaya.

No es extraño que toda esta época histórica, desde la Revolución Francesa en adelante tenga, para nosotros, una gran atracción. Resulta lejana, pero cercana en muchos sentidos, también. Yo, de pequeña, meditaba a menuda sobre mis antepasados y quería imaginar cuáles de ellos habrían visto la Guerra de la Independencia, con una cierta envidia generacional, ya que creía que las guerras, como tantas otras cosas, eran una especie de película que se veía pasar, santa inocencia. Hay personajes como Napoleón, magnificados e idealizados por la mitomanía especializada. En una ocasión leí una especie de comparación entre Franco y Napoleón. Al menos, escribía el comentarista, Napoleón tenía categoría intelectual, grandeza. Grandeza megalómana que llevo Europa al deastre, claro, porque con grandes ideas se hacen muchos disparates. Los dos eran bajitos, como tantos dictadores. Cuando iba a la Normal, el profesor de psicología nos hablaba en una ocasión del complejo de los hombres bajitos, como si fuese una especie de síndrome que podía derivar en tendencias dictatoriales. Pero Mussolini era más alto. De todo hay y ha habido en la viña del señor, la psicología ya no es lo que parecía y las explicaciones sencillas siempre se escapan de nuestro alcance, como agua en un cesto.

miércoles, 23 de abril de 2008

Canciones recuperadas


En en el magnífico programa que mencioné hace algunos días, Voces con Swing, de Radio Nacional (de España), escuché hace unos días, en el programa del 13 de abril, un famoso corrido mejicano dedicado a la malograda República. Poca cosa sabía yo, de la historia de esta canción, però la había escuchado cantar a mi madre más de una vez, sobre todo las primeras estrofas.

Mi madre, que durante los últimos años de su vida salía poco de casa, copiaba en libretas que nos pedía –y que, supongo, gustaba de estrenar, ya que muchas no están llenas del todo-, con aquella caligrafía perfecta y cuidada de la gente mayor, poemas, artículos del periódico, escritos que le llamaban la atención, e incluso a veces, cuando todavía vivía mi padre, también se ponían los dos ‘deberes’, largas multiplicaciones y divisiones al estilo tradicional, ‘para tener la cabeza clara’, me decían.

Entre poema y poema, en ocasiones, anota
ba mi mamá algún recuerdo personal, el aniversario de algún hecho familiar, la constatación de alguna muerte, recuerdos, cosas diversas que vamos encontrando aquí y allá. En uno de esos escritos que, casualmente o por misterios del azar encontré domingo pasado, hace referencia a esta canción que, explica, escuchaba de pequeña a unos músicos ambulantes, alguno de ellos ciego, por las calles del Raval barcelonés.

Yo no sabía de donde había salido la canción y ella puede que tampoco. Por el tono en qué la cantaba más bien me imaginé siempre que era una especie de cuplé y no una canción mejicana. Hoy sé que este corrido era de
Guty Cárdenas, un muy buen cantante mejicano que murió antes de los treinta años, en una pelea a tiros, en su país, pelea nunca aclarada del todo. Hay quien dice que fue una discusión política, otros afirman que se trataba de líos de faldas. Testimonios de la época admitieron que él había disparado primero, pero su muerte ha quedado envuelta en los muchos misterios que envuelven siempre las muertes violentas de personas jóvenes y prometedoras...

Cárdenas murió en 1932. Su
corrido está lleno de la ilusión de los primeros tiempos republicanos, incluso el rey está tratado con respeto. Su muerte parece, hoy, una especie de mala premonición de las desgracias que tenían que acontecer. Por algún rinconcito de internet se puede encontrar la letra del corrido, pero, para facilitar la búsqueda a los nostálgicos curiosos, la copio en mi blog:

A contarles vengo la última noticia/ que del mundo entero la atención merece/
Hoy la vieja España es republicana/ ya no es monarca don Alfonso XIII.
Después del gran triunfo de las elecciones/ y por el camino de la acción civil/
Los republicanos, que ya eran legiones/ tumbaron el trono el 14 de abril.
España, españa, tu valentía
La monarquía, ya destruyó.
España, España, tu vieja historia
Tiene otra gloria, por tu valor.
Sin haber desorden, sin algarabía/ cuando en el destino se llegó la hora/
En la paz completa, a la monarquía/ derrotó con votos Alcalá Zamora./
Cuando la derrota era irremediable/ dicen que el monarca dijo a Romanones:
-La paz de la patria es lo indispensable/ me voy al destierro con mis tradiciones.
España, España...
Y gallardamente, se fue don Alfonso/ aceptando el fallo de la democracia/
Y por toda España se cantó un responso/ como funerales de la aristocracia.
Al subir a bordo oyó en una barca/ a un grupo de obreros gritando con saña:/
-Muera Alfonso XIII, abajo el monarca!/ y el rey destronado dijo: -Viva España!
(recitado)
España resurge, otra vez despierta/ a las realidades que impone la historia/
España renace, España está alerta/ y de nuevo marcha en pos de la gloria.
España, España...

Alcalá Zamora, Romanones... ay, no sé si mucha gente joven sabe hoy quiénes fueron, estos señores. Por no hablar de los responsos y las algarabías.

martes, 22 de abril de 2008

Sant Jordi a las puertas de casa


Hace años, en los tiempos del twist y la yenka, Sant Jordi era una fiesta que me gustaba mucho. Uno de los mejores santjordis fue uno de cuando iba a hacer estudios crepusculares a la Normal. Los profes nos dejaron ir a paseo, condescendientes y tolerantes, todo parecía una fiesta, en aquellas épocas pre-transicionales. Las calles estaban llenas, pero sin excesos, de gente. Por el centro de Barcelona siempre encontrabas conocidos o hacías nuevas amistades. De joven tienes muchos conocidos diversos por todas partes, de tu edad, y también resulta fácil entablar conversación y hacer amistad. Era la época de la gran novela hispanoamericana (desde La ciudad y los perros al resto). El premio Sant Jordi era sólido, pero también discutido y no siempre conseguía la misma salida. En 1969 había ganado Maria Aurèlia Capmany con la excelente Un lloc entre els morts, título no exento de polémica, porque parece que había quien pensaba que se trataba de un libro de historia. Las Nifades del 70 no tuvieron tanto éxito y, del autor, Sonntag, no he oído hablar más, quizá abandonó la vocación literaria a causa del ruido provocado después. Porque hubo marro, no sé si fue Vidal Alcover quien percibió que el libro era un plagio -o casi- de una novela pornográfica china. El número de escritores catalanes era pequeño, pero el mercado era limitado, cosas de casa. A pesar de la modesta dimensión, como podéis ver, los escándalos literarios ya ayudaban a vender y las miserias del sector eran habituales, también.

Ahora, si durante la fiesta me escapo un ratito hacia el centro, pronto regreso, ya que, sobre todo por la tarde, la inmensa cantidad de gente me llega a ahogar. Lo mismo pasa con el número de escritores vocacionales, consagrados, noveles, mediáticos y de todas clases que firman libros por todas partes, llegan a parecerme señoras de vida alegre esperando clientes, en algunos casos. Las rosas también se han vulgarizado mucho. En aquella época gloriosa recuerdo que un compañero de trabajo, de la oficina, nos las ofrecía a buen precio, del jardín de una tía, ahora no podría competir con el mercado vigente, tan globalizado, me parece. La tía quizá ya no tenga jardín, quizás ya no existe ni la tía, quién sabe.

Por el centro hay que ir con cuidado con el bolso, esos días de aglomeraciones es fácil que te roben. Cuando era jovencita, en casa, me avisaban que vigilase con los señores que querían sobarte en las aglomeraciones, especie erótica aún en vigencia, pero creo que más limitada. Incluso mi abuelito admitía que, de joven, con los amigos, uno de los entretenimientos de los días de fiesta colectiva era ir a tocar culs. Entonces el machismo no era condenable, más bien gozaba de buena salud. Ahora, a mí, más bien si se me acercan, será con finalidades de hurto profesional, me parece. Espero que no se les ocurra colocar altavoces de esos que te avisan que vigiles con los cacos y que no te preocupes, que unas cámaras te están grabando. Precisamente el sábado, en La Vanguardia, Gregorio Morán hablaba del uso y abuso de las medidas de seguridad en los aeropuertos y de como, en la práctica, tan sólo sirven para fomentar la pedagogía del miedo y la limitación de la libertad individual, una gran reflexión. A nivel más casero, en el metro, he pensado a menudo en este tema y en como, además, hemos de soportar voces de gente inexistente por todas partes, dándonos estúpidos consejos, a veces incluso en tres idiomas.

Yo viviré mi hora de gloria en la Plaza del Molino, (Molino por cierto en un estado lamentable, a pesar de todos los anuncios de reforma, remodelación y recuperación que se hicieron hace tiempo), de 6 a 7 de la tarde, firmando ejemplares de La descomposició de la llum o del libro que haga falta, por si algún conocido me viene a ver y tiene ganas de gastarse un dinerillo en un volumen poco mediático o de charlar un ratito, más allá de los afanes literarios espirituales. Copio la nota de la agenda vecinal, para que podáis ver con que autores compartiré el espacio, aunque a horas diferentes:
El proper dia 23, de 9 a 21hores, la plaça de "El Molino" acull les tradicionals paradetes de roses i llibres. Enguany quatre escriptors del barri tindran un espai per signar les seves obres: Marisa García Sánchez i la seva nova novel·la "El gran secreto de Paula" - de 12 a 14hores. Josep Fabra Llahí signarà la seva obra "Lurdes, la parròquia de la França Xica 1867-1991" - de 17 a 18hores. Júlia Costa Coderch portarà el seu llibre de poemes "La descomposició de la llum" - de 18 a 19hores. Teresa Roig Omedes oferirà la signatura de la novel·la "L'herència de Horst" - de 19 a 20hores. Al vespre acabarem de celebrar aquest dia tant especial amb el Concert de Sant Jordi, a la Parròquia de Santa Madrona. Hi actuarà la Coral Daina, una formació vocal que es va constituir al 1989 a l'escola Anna Ravell i que ara ens portarà una de les seves actuacions a partir de les 21hores. Us hi esperem!

Como veis, hay un error, pues mi libro no es de poemas. Teresa Roig Omedes es la más famosa del conjunto, ahora mismo, por lo menos ha salido en muchos periódicos con este libro que parece que escribió a partir de un encargo editorial y que trata de los nazis que vivieron en España durante la posguerra. Roig es una chica joven, de ese grupo que esta saliendo ahora, de escritores de la edad de mis hijos, con mucha marcha y pocas manías etéreas, dispuestos a comerse el mundo y el mercado editorial, como ha de ser. El premio sauquero de los Crims de Tinta lo ha ganado también un joven mozo de escuadra, Marc Pastor, con un libro que hermana novela policíaca con novela histórica, cosa que me hace pensar en que hay para largo, todavía, con esta moda de la novela histórica que ya ahoga un poco, la verdad. No sé si es una fijación que tengo pero leo alguna cosa sobre un tema aparentemente olvidado y al cabo de poco tiempo se habla del tema por todas partes y acaban haciendo una película o una novela. Me ha pasado con el Pedómano y ahora con la terrible Enriqueta Martí, que desarrolló su actividad delictiva, nunca aclarada del todo, no demasiado lejos de mi casa, en la calle Ponent, por cierto. Pasa con el teatro y el cine, también, cuando se redescubrieron las amistades peligrosas, además de las dos pelis tropezamos con teatro, con reediciones, cosas de las modas culturales, vaya. Me temo que los nazis instalados en el país van a volverse un clásico.

Hay quien todavía quiere ver en la literatura connotaciones subliminales de tipo trascendente, pero, como todo, es mercado, negocio, consumo. Y así ha de ser. Que, de vez en cuando, de entre el conjunto magmático surja un diamante intemporal, es un hecho que pertenece al campo de los hechos sin explicación, de los milagros imprevistos, vaya. ¿Y tú, por qué escribes?, me pregunto a mi misma. Pues, me respondo, quizá para distraerme, para olvidar durante un rato que la vida pasa y que nunca volverá otro día de Sant Jordi tan soleado, brillante, entusiasta y maravilloso como aquel de mi ingenua juventud, ay.

miércoles, 16 de abril de 2008

Contentos y engañados


Una amiga, a causa del tiempo previsto para una intervención en la rodilla, si se hacía la operación por la seguridad social, fue a consultar un médico privado, de supuesta buena fama. Cuando se dio cuenta de que era un pesetero, ya que, de entrada, le cobró un precio abusivo por la primera visita y le explicó que la operación, un éxito según él, costaría una cantidad despiadada de euros, le dijo, ella:
-No sé si hacérmela por el seguro, pues...
-Señora –le dijo él- haga lo que quiera, pero en el seguro utilizan material coreano y yo se lo pondré de los Estados Unidos...

Otros amigos me cuentan como, hace años, llevaron una hija a una psicóloga, también de gran prestigio. La psicóloga mandó a la niña hacer un dibujo, y la niña hizo una especie de óvalo extraño, con un objeto raro en su exterior. La psicóloga les ofreció una especie de tesis doctoral, el dibujo, según la cual el dibujo era una especie de olla en la cual la niña estaba encerrada y de donde quería salir o, quizá, una olla donde quería entrar y no podía. La maestra de la escuela, al explicarle la cuestión, se puso a reír:
-Esto es la máscara y la lanza que estamos haciendo para Carnaval, el tema de este año es la selva!!!

Podría explicar un montonazo de anécdotas de este estilo. Estamos en un mundo donde todo parece que deba tener solución, esto no es nuevo. El doctor Rocarol rusiñolesco ya jugaba con la credibilidad de los que podían pagarse la visita. Sé de un dentista carísimo que hace lo mismo que los otros de la vecindad pero que tiene mucha fama porque es caro, precisamente.
-Pagas, pero es una maravilla –dice la gente.


Un pariente que llevó a su hijo a una escuela muy cara, esperando milagros pedagógicos que no se habían producido en otras escuelas concertadas más normalitas, me reprodujo hace años el discurso que les hijo el director, al matricularlo:
-Hay quien prefiere gastar dinero en otras cosas y llevar a los hijos a escuelas gratuitas –más o menos-, en cambio, gastar en una buena educación es lo más importante, bla, bla, bla.
No hace falta precisar que el niño fue en aquella escuela como había ido en las otras, o sea, mal, porque el tema era que no le gustaban los estudios, opción hoy muy mal asumida por la sociedad de nuestros tiempos.


A otra conocida mía, en una ocasión, en una peluquería de mucho renombre le quemaron el pelo por un error inexplicable. Como siempre me cantaba las excelencias de su peluquero, incluso a pesar de eso lo justificaba. Muchas veces he escuchado a gente que me ha dicho que mi pelo, finísimo y malísimo de peinar, mejoraría si yo iba no sé dónde, cosa que no es cierta pues en alguna ocasión también he sido humana y me he dejado peinar a precio de oro, sin conseguir jamás una cabellera remarcable. Precisamente estuve leyendo hace poco sobre la tomadura de pelo –sobre todo de pelo- que comporta el uso de productos capilares sin efecto. Si a mí me hubiese quemado el pelo la peluquera del barrio, mi amiga no habría sido, seguro, tan condescendiente:
-Claro –me habría dicho- vas a peluquerías baratitas.
Les vitaminas para el pelo, que no come, que yo sepa, son muy habituales, por cierto.

Mi madre fue durante años a un médico privado a causa del dolor, dolor que, como admitían el otro día por televisión, no tiene solución cuando es crónico y relacionado con la edad. Aún más, decía por la tele, oráculo de nuestro tiempo, que los médicos no saben nada del dolor, en general, y que ahora les están haciendo unos másters! El doctor casi la mata, con los medicamentos para mejorar el tema, medicamentos que, como mucha gente sabe, son fuertes y con efectos secundarios.

Nuestra tendencia a la necesidad de dejarnos engañar camina del brazo con la picaresca a todos los niveles de aquellos que, en cualquier sector profesional, hacen dinero con nuestra credibilidad a prueba de bomba. Si un médico honrado te dice que la cosa no tiene solución y que tengas paciencia, está muy mal visto.
-Al menos, éste me ha dado esperanzas –me decía otra persona conocida, con un problema de salud irreversible, al que otro médico ‘alternativo’ había asegurado que no era así.


Pagar es, muchas veces, la única cosa a nuestro alcance, un sacrificio posible, ni que sea pidiendo créditos. Por eso, la escuela pública siempre despertará reticencias y por eso la mayoría de la gente, cuando tiene cuatro duros, se los gasta cambiando al niño o a la niña a un centro educativo de pago, esperando milagros ligados al prestigio de las relaciones, mejores y más bien situadas, que allí se pueden hacer. El psicopedagogo que viene a la escuela me explica en ocasiones como es ese tipo de atención en muchas escuelas privadas de la zona donde trabajo, ya que a veces, tras un rótulo donde se anuncia ‘gabinete psicológico’ o algo parecido no se esconde nada más que humo. O sea, que en muchas públicas –de mi entorno- la atención es bastante mejor, en este tema, pero nadie o casi nadie se lo cree.

La publicidad juega con esta tendencia nuestra a la credibilidad y los anuncios relacionados con la estética y la salud se han convertido en unos clásicos de la tomadura de pelo sacralizada, al alcance de las masas.

La esperanza es importante, pero requiere de una dosis tan alta de fe que, me temo, por lo que toca a una servidora, que lo tengo muy fastidiado. Me he vuelto militante del escepticismo global.

sábado, 12 de abril de 2008

De Charlton Heston a la angustia vital



Con motivo de la muerte de Charlton Heston se ha remarcado bastante su papel conservador, de defensor de las armas, cosa que para mucha gente, sobre todo joven, resulta condenable, pero que se debe valorar en el contexto social donde vivió, de la misma manera que la afición o no a las corridas de toros viene condicionada por la tradición personal. Pedro Heston fue también durante los sesenta un buen defensor de los derechos civiles y de Luther King, por cierto, y actuó de forma barata y generosa para directores con dificultades económicas, por amistad e interés cinéfilo. Asumió su enfermedad con coraje y cierto humor irónico, cosa que hoy se valora bastante, ya que la longevidad no evita llegar, en un momento u otro, más o menos lúcidos, al pie del precipicio funerario. En un mundo tan favorable a los escándalos, permaneció fiel a su esposa, a quien había conocido de joven, antes de ser famoso, hasta la muerte. Claro que eso, la fidelidad matrimonial, también puede ser interpretado como conservadurismo... Para mí, Heston representa toda una época del cine, ya que lo recuerdo desde sus primeras películas de cine de barrio, donde hacía de aventurero pre-Indiana Jones, a las representaciones de héroes míticos diversos y de personajes de gran carácter. Hay quien opina que era mal actor, afirmación que no comparto, ya que su puntual hieratismo se compensaba con creces en otras ocasiones, como en el afortunado cameo que realizó en el sorprendente Hamlet de Krannagh, donde robaba la escena de su actuación, con una gran brillantez, haciendo, precisamente, de actor.

En un mundo tan contradictorio, y, además, con posibilidades de saber que es contradictorio, ya no hay lugar para mitos monolíticos, intocables. Tenemos una perversa tendencia humana hacia el etiquetaje, cuando, en realidad, las personas nos encontramos llenas de matices y vamos cambiando a lo largo del tiempo, de forma evidente. El otro día escuchaba a Teresa Pàmies, hablando del libro que ha escrito dedicado a su marido, e conocido López Raimundo. Admitía que mucha gente lo mitificaba. !Y tanto! La trayectoria política del señor de la bondad en la cara tiene muchos claroscuros que se han obviado a menudo. Una persona puede ser una maravilla con la familia y un sádico en el trabajo, o al revés. Además, a lo largo de la vida somos, también, personas diferentes y manifestamos opiniones y posturas vitales muy distintas. Hay que ir con cuidado cuando te vas haciendo mayor, pues la gente se quedará con nuestras últimas imágenes, por cuestión de memoria, sobre todo. Una mala conducta ensombrece muchas cosas buenas y una actuación heroica oculta el pasado y, además, el pasado siempre se puede maquillar. Es aquello tan injusto del buen morir, que decía, creo, Petrarca, honra toda una vida, cuando una vida debería ser honorable o poco honorable en atención al conjunto global de la misma, para ser objetivos.


Incluso en el interior de las familias se intentan esconder las contradicciones y debilidades. No podemos ser objetivos con las personas que nos son queridas y resulta habitual pasar de la incondicionalidad al rechazo. Estas miserias humanas se evidencian en las separaciones y divorcios o al romper amistades antiguas que nos parecían incombustibles. Los supuestos héroes de nuestro tiempo, para responder al dogmatismo moral vigente, parece que piden historias sin fisuras. Joan Báez explicaba en una ocasión el disgusto que le supuso constatar que Luther King tenía muchos líos de faldas y era amante de las juergas. Eso no le quita valor simbólico y político, claro, pero, evidentemente, estas cosas, si se explican demasiado, extienden las dudas por encima de mitos y de iconos. En Catalunya, país pequeño, aún hay más temor de tocar nuestros mitos, y así, durante mucho tiempo, no supimos de forma explícita que Rafael de Casanovas se adaptó a las circunstancias y murió en su casa, después de haber posado para la estatua canónica. Además, en historia tendimos a juzgar según los valores del presente. Estoy tentada de hacer una reivindicación de gente, como, por ejemplo, Olivares, tan mal explicada, pero me reprimiré, que no quiero provocar mi lapidación bloguera.

Vivimos en la contradicción, todavía más desde que hay libertad de expresión y se pueden decir cosas que antes ni se mencionaban, como por ejemplo dudar saludablemente de los fundamentos de la tradición cristiana. A causa de la insistencia de mis hijos, he mirado este documental que se puede contemplar por internet, Zeitgeist The Movie, Final Edition, o una cosa así, en tres partes, que ha provocado mucha polémica. Polémica, diría, de cafetería, pues nada ha cambiado a causa del documental. Me parece que cae en lo mismo que denuncia, en el adoctrinamiento y las afirmaciones de una pieza. Cae en la trampa de las teorías conspiradoras y ese me parece un mal procedimiento. Cuando eres joven eres propenso a creer en poderes fácticos o en conspiraciones de color fascistoide. No dudo de la existencia de esos poderes, tampoco, en el mundo en que nos movemos, pero los que me quieren adoctrinar en sentido contrario de forma absoluta también me producen un gran temor. No hay verdades y muchas veces el resultado de la historia se debe más al azar y el caos, a la suerte y la casualidad, que no a un premeditada actuación política o a una manipulación titiritera superestructural de la humanidad.

Hace días leí en una entrevista en la contra vanguardera, espacio mítico del periodismo actual y que es de los pocos lugares de papel que genera diálogo, polémica y debate casero y vecinal. Una señora alemana, Eva Herman, portavoz de un movimiento europeo para refeminizar (sic) la mujer valoraba la maternidad por encima de los éxitos profesionales. La empresa, opinaba, no vendrá a cuidarte cuando envejezcas. Pero es que los hijos, puede que tampoco, pensé yo, y también se le podría objetar que en caso de abandono familiar, tener unos ahorrillos, ganados en alguna empresa ‘sin alma’ pueden favorecer la posibilidad de una residencia más digna. Algunos de sus razonamientos me parecieron inteligentes y serios, en el sentido de que hoy casi se obliga a las mujeres de clase media y culta, de forma sutil, pero insistente, en la escuela y en la familia, a competir en el mundo profesional, y tampoco pueden decidir si quieren escoger ser madres de jóvenes, antes de ‘hacer currículum’. Este tema surgió también en la charla de Masjuan que comentaba en otro post. Tener hijos a partir de los cuarenta porque antes ‘hay que hacer carrera’ es bastante surrealista, porque también se podría argumentar que es mejor tener hijos a los veinte años y empezar a ‘hacer carrera’ a los treinta, por ejemplo. La señora alemana no había tenido hijos y ahora, de mayor, se lamentaba del tema.

Unos días después leí, en el mismo espacio, una entrevista de signo totalmente contrario. Otra señora, Corinne Maier, es también la portavoz de un movimiento ‘anti-niños, women child-free, y entraba en el tema, para mi serio y profundo, de si resulta conveniente perpetuar o no la especie, incidía en el gran engaño biológico que obliga a tener hijos a las mujeres, y decía que perdías la libertad detrás de esa servidumbre, así como un montón de oportunidades. Eran, también, opiniones razonadas. Ella había tenido dos hijos, de joven, y ahora, de mayor, se lamentaba también de haber caído en la trampa maternal a causa de la carga biológica y mítica que arrastramos las señoras. Las dos mujeres parecían inteligentes, entusiastas, se habían significado con sus posturas y pensé que las dos podía, todavía, cambiar de opinión, pero que les resultaría muy difícil si se habían forjado un prestigio con su ‘capillita ideológica’, pues estamos en tiempos de especializaciones bastante surrealistas. A menudo, además, montamos dogmas absolutos a partir de nuestra experiencia personal, cosa peligrosa, porque entonces perdemos la perspectiva. En el fondo, quizá, lo que buscan estas señoras tan vehementes es ser portavoces de algún movimiento, sea el que sea... El hecho es que actualmente se puede expresar una opinión exagerada y su contraria, sin demasiados problemas.

Vivir en la duda, en el antidogmatismo, en la incertidumbre, no es agradable, pero parece que es la única vía razonable a considerar. Sobre las opciones vitales, son pocas. Cuando eliges un camino no puedes elegir el otro. La historia familiar, la genética, la herencia, la cultura, el contexto, la economía, el aspecto físico, los amigos... todo nos condiciona y transforma, para bien y para mal. Sólo se puede vivir en la incertidumbre y admitir que lo que se ha hecho, hecho está y que Dios nos libre de un ‘ya está hecho’. Hemos de adaptarnos, como los animalillos, al medio, cosa que creo que ya hacemos con cierto éxito, a pesar de los resbalones. La vida es demasiado corta para andar meditando en ‘lo que pudo haber sido y no fue’ o en lo que puede suceder mañana. Demasiado corta para pelearnos, también. Pero los errores se repiten y se repetirán, a nivel individual y colectivo, porque, precisamente, cuando los cometemos creemos que son aciertos y el infierno, ya nos lo dijeron, está empedrado de buenas intenciones. Era mucho más sólido pensar que el mal era obra de Pedro Botero, de las trampas que nos colocaba, y que el bien nos llegaba de los etéreos espacios celestiales y de las buenas divinidades, claro. No sé, la verdad, como he llegado hasta aquí partiendo del recuerdo de Heston, quien, a pesar de haber hecho de héroe bueno en muchas ocasiones, también asumió rols de moralidad dudosa y egoísmo evidente, pasando por el planeta de los monos y su impresionante final moral, el de la primera parte. Si los héroes y quienes hicieron de héroes desaparece es evidente que, con hijos o sin ellos, aquí no se salva nadie. Sic tránsit...