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martes, 13 de agosto de 2013

CONSTITUCIONALIDADES RETROSPECTIVAS







Dar vueltas a la historia del pasado es algo muy habitual, en los libros siempre encontramos argumentos a favor o en contra de cualquier tesis, hechos, leyes o costumbres desaparecidas que demuestran aquello que queremos demostrar. En estos últimos años existe un gran interés por la época de la guerra civil, de su antes y de su después. A menudo las explicaciones se convierten en cuentos de buenos y malos, mucho menos matizados que las verdades vividas que me contaban de niña sus protagonistas. La mayoría de gente de aquel tiempo, la generación de mis padres y de mis abuelos, ya no puede matizar nada. Eso resulta cómodo para las historias oficials del momento, sean las que sean. También todo aquello de 1714 tiene actualmente un gran interés por razones obvias. Charlas, itinerarios, novelas históricas, surgen como setas en otoño. De aquellos tiempos de la guerra dinástica no queda nadie, claro, pero quedan algunas notas de pocos campesinos alfabetizados que insisten en que ya están hartos y que tienen ganas de que termine todo de una vez, gane quien gane, una opinión muy poco heroica pero muy humana cuando existen tragedias colectivas y los que no son de ningún bando reciben por todas partes.

De la transición, de eso que se llamó transición, queda mucha gente vivita y coleando, incluso en activo. Claro que algunos de sus protagonistas también han muerto, llevándose a la tumba sus secretillos. Me contó alguien relacionado con esos centros de poder académico que son las universidades, todavía con cierto prestigio y por encima del bien y del mal, que se fomentan poco los trabajos y doctorados relacionados con esa época relativamente cercana. Creo que hay intereses diversos en qué no se les vea el plumero a más de uno, ya llegará el tiempo de hacer lecturas políticamente correctas y moderadamente heroicas de todo aquello. Olvidaremos como se quemó buena gente que no entró a fondo en el tejemaneje de la partidocracia o que fue marginada por los suyos por demasiado coherente. 

Se han cumplido treinta años de una sentencia del tribunal constitucional de entonces, muy distinto del de ahora, que revocava gran parte de una ley lamentable para las autonomías históricas, la LOAPA. Aquello acabó con la relativa unidad de los ciudadanos, los socialistas de la época, el PSC ahora casi añorado ante lo que nos llegó después, quedó muy mal y fue abucheado en las celebraciones patrióticas, CIU se reforzó y sacó tajada del tema. Los otros, pequeños y mal avenidos, como siempre. Con el 23F y con la LOAPA acabó un sueño que siempre fue etéreo. Cuando hay un cambio importante en un país, en un sentido de avance democrático, entran en política personas interesantes e independientes que se queman pronto y vuelven al poder los de siempre, reconvertidos según conviene.

Treinta años, sin celebraciones, sin debates retrospectivos, sin artículos en prensa importantes sobre el tema. La gente de menos de cuarenta años ya no sabe nada de todo aquello a no ser que tenga la paciencia suficiente como para investigar en hemerotecas, preguntar a sus mayores y reflexionar en profundidad sobre como de aquellos polvos vinieron esos lodos. Lo más sorprendente es la independencia de criterio de aquel tribunal constitucional, en un momento crítico y considerando anticonstucional la mayoría de aquel texto, cosa que dio un disgusto a los socialistas en el poder, quienes, según cuentan, tuvieron que volver deprisa de sus vacaciones playeras para intentar poner orden en el tema. O tempora, o mores, como decían los romanos, que también tenían sus problemillas.

martes, 6 de noviembre de 2012

MANIFIESTOS MENTALIZADOS

No entiendo la afición a elaborar manifiestos y buscar firmas que sostengan su texto. Estos documentos acostumbran a no servir para nada. Los actores y la gente de la farándula tienen tendencia a elaborar manifiestos progres, que leen en actos públicos bastante teatrales; después hacen su vida, que en muchos casos tiene poco a ver con tan buenas intenciones y acaban, la mayoría, por depender del poder que tan públicamente habían criticado. 

Los intentos diversos de cambios hacia adelante en el tema catalán han tropezado a menudo con manifiestos a la contra.  Los manifestantes, abajo firmantes, suelen ser gente que se etiqueta como intelectual. Sin embargo hoy día ya no se sabe qué es un intelectual. Con la generalización del acceso a los estudios superiores y la masificación de la cultura los intelectuales ya no son lo que eran, o quizás jamás fueron lo que habíamos pensado que eran. Las biografías serias acaban con todos los mitos, con todos los dogmas de un signo y otro.

Afortunadamente no me han pedido nunca la firma para cosas tan importantes. Hace muchos años creo, todavía en el franquismo, firmé algo a favor de la amnistía para los presos políticos. Fue en mi primera escuela, todo estaba cambiando y me sorprendió que a la hora de la verdad sólo un par de maestras firmásemos aquel documento bastante moderado, la gente tenía mucho miedo y con razón, pero algunos de los que más galleaban no dieron el callo.

Lo peor de los manifiestos es que a menudo los mueve el demonio o el partido y que si firmas puedes encontrarte con compañeros de viaje poco recomendables. A veces la gente se ve obligada a estas cosas a causa del entorno, de los amigos, de las relaciones personales, se quiere quedar bien con poco gasto, como decía mi madre. Me entristece encontrar en esas firmas, bajo documentos que se prestan bastante a la manipulación, personas que sé que son buena gente pero que no ven claro determinados aspectos de la situación política catalana. 

Lo peor, cuando pasan cosas así o peores, es que te hagan tomar partido, definirte. Pasó así en la guerra civil y todavía vivimos su relato de forma maniquea, como una historia de buenos y malos. Un periodista catalán ha escrito un libro recopilando cartas y recuerdos de jóvenes que fueron a la guerra y explicaba como los parientes de personas que habían luchado en el bando franquista eran muy reticentes al tema, con razón. Se fue hacia aquel bando por muchos motivos, religiosos, personales o porqué delante de tu casa la FAI mató a un vecino que no tenía culpa, o a tu primo seminarista, quién sabe. 

Yo soy muy indefinida, por eso no firmaría nada que pareciese demasiado contundente. Se habla mucho de libertad pero la libertad cómoda precisa de un cierto anonimato, de ahí el gran valor del voto secreto, meditado y sin presiones. En la escuela sufrí épocas de un cierto estalinismo que pretendía que todo debía votarse a mano alzada y públicamente, en asamblea. Gente que me había dicho una cosa en la intimidad, en la asamblea votaba la contraria, para no significarse. Los partidos políticos con base asamblearia no suelen prosperar. Claro que la democracia interna de los partidos actuales brilla por su ausencia.

Durante las movidas de los indignados se dijo que se trabajaría a favor de mejorar la democracia, de las listas abiertas, pero poca gente habla ahora del tema. Yo quisiera votar pudiendo señalar con crucecitas las personas que me parecen honradas, fiables, sean del partido que sean, vana esperanza. Tenemos elecciones cercanas y desearía que me dejasen reflexionar en paz, sin amenazas sobre un futuro problemático y apocalíptico ni predicciones sobre un mañana idealizado y maravilloso. No va a ser posible. Al menos que no me mareen con manifiestos, estoy harta de ellos y sólo han traído, en general, más mal rollo. Me molesta que en esos textos me digan qué he de hacer, qué debo pensar, qué debo votar y me quieran mentalizar. En general hay muchos poderes, en la luz y en la sombra, que creen que los demás somos tontos y no vemos la realidad. Y no sólo poderes reales y fácticos, en el fondo todos tenemos en el alma nuestro pequeño dictadorcillo que nos susurra que la nuestra es la verdad y que debemos proclamarla y predicarla al vecino para que no se condene.


lunes, 27 de agosto de 2012

EN LA CALLE DEL TURCO, LE MATARON A PRIM...










En la calle del turco
Le mataron a Prim
Sentadito en su coche con la guardia civil
Con la guardia civil, con la guardia rural

A las diez de la noche
En paseo real
Cuatro tiros le dieron en mitad del corazón
Cuatro tiros le dieron a boca de cañón

Al pasar por las cortes le dijeron a Prim
Vaya usted con cuidado, que le quieren herir
Si me quieren herir, que me dejen hablar
Para entregar las armas a otro general

Al llegar a la plaza, salió el hijo mayor
¿quién ha sido ese ingrato que a mi padre mató?
¿quién será ese tirano, quién será ese traidor?
¿quién ha sido el infame que a mi padre mató?



Ian Gibson acaba de publicar su primera novela, una novela històrica que ha sido premiada con el Fernando Lara y que se está promocionando actualmente en los medios de comunicación. El tema de Prim ha hecho que el historiador aparcase incluso su anunciada biografía de Buñuel. No la he leído todavía, así que no puedo opinar sobre el libro desde el punto de vista del valor narrativo. No soy aficionada a la novela histórica y además, parece que todo el mundo quiere escribir su novela. En el caso de los historiadores, también, quizás porque los libros de historia no suelen tener la misma divulgación o porqué la ficción permite muchas más libertades, incluso con la historia seria, que un libro académico.

Sin embargo, de momento las entrevistas de promoción a Gibson me parecen muy interesantes, como la que publicaba ayer La Vanguardia, porque inciden en ese siglo XIX tan fascinante, violento y complejo, mal conocido de forma general por jóvenes y adultos. Sin conocer aquella época no podemos entender nuestro presente y así nos va. Muchos aspectos de la guerra civil tienen relación con aspectos de las guerras carlista o de otros acontecimientos anteriores.

Gibson, que manifiesta su admiración por una España llena de culturas ancestrales, que desearía distinta, federal, respetuosa y amante fiel de sus diversidades, incluso capaz de federarse con Portugal, un viejo sueño, no es optimista al respecto, como no lo soy yo misma, que también quisiera creer que eso sería posible. El XIX fue un desastre aunque hubo intentos interesantes, todos ellos marcados por muertes y violencias, las guerras carlistas mencionadas, el cantonalismo de Cartagena, hoy poco o nada conocido. El Cantón de Cartagena generó tragedias y hazañas que de haber sucedido en Catalunya o el País Basco serían hoy mitología nacionalista y fuente de inspiración para tantos iluminados del presente que desprecian cuanto ignoran, igual que la Castilla de Machado. Los afanes cantonalistas murcianos desestabilizan la creencia en la única existencia de nacionalidades históricas en la península.

Prim fue un personaje singular, hoy poco conocido, aunque hace años se publicó una exhaustiva biografía suya. Fue popular, apreciado y admirado por el pueblo, pero con sus luces y sombras. Quería también una España distinta, moderna y avanzada, con una monarquía constitucional que no fuese borbónica, evidentemente, a causa de las malas experiencias con los últimos representantes de la familia. La búsqueda de rey generó conflictos internacionales. Estuvo a punto de conseguir su objetivo pero las fuerzas oscuras del inmovilismo acabaron con él, en un atentado que se cantó durante años en los corros infantiles y que yo había escuchado todavía tararear a mi madre, el de la calle del Turco,  nunca aclarado del todo y sobre el cual quizá la novela de Gibson extienda alguna lucecita más. Las fuerzas integristas y conservadoras pero también la inestabilidad generalizada, la poca unidad, la miopía de unos y otros, contribuyeron a eliminar el posibilismo que preconizaba el militar.

Hubo que recurrir finalmente a los borbones, a un Borbón con una madre singular, un padre dudoso y un abuelo pintoresco, chiflado y cruel, Alfonso XII, que protagonizo una breve época de estabilidad, con la gente cansada ya de violencias y de intentos políticos diversos. En el siglo XX hubo que hacer más o menos lo mismo, en una época cansada de lo anterior, tragar con lo posible y seguir viviendo. Parece que la humanidad sólo se sienta a negociar y aceptar unos mínimos después de las grandes tragedias, no sólo pasan estas cosas en España, aunque a veces tengamos complejo de inferioridad. La geoestrategia también pesa, como pesó después de la segunda guerra mundial, cuando nos dejaron aislados y olvidados mientras los vecinos recuperaban sus democracias más o menos convencionales.

Prim es un personaje incómodo, un catalán de Reus, implicado en lo español, como Cambó. Por eso inspira cierta prevención a la hora de biografiarlo o entrar a fondo en una historia muy distinta de la oficial. Incómodo para unos, para otros y para el resto. Gibson, por cierto, se interesó por el tema a partir de una visita a la tumba de Robert Boyd, un  joven idealista inglés que luchó y murió con Torrijos, quizá el pelirrojo que puede verse en el famoso cuadro del fusilamiento. Tantas muertes para nada, por desgracia, y así sigue el mundo.

Prim fue también el responsable de algún bombardeo sobre Barcelona, a causa de la revuelta de la Jamància, aunque a menudo sólo se habla de la responsabilidad de Espartero, otro gran militar popular de la época, cosa que ha hecho que la calle Duc de la Victoria haya quedado reducida, para evitar suspicacias, a la calle del Duc, un poco como ha pasado con el Mirador de l'alcalde, para que no se recuerde que el alcalde era Porcioles. De momento la Rambla de Prim conserva su nombre y nadie, que yo sepa, ha ido a pintarrajear o destruir en estos tiempos su estatua ecuestre, que preside la entrada del Parque de la Ciudadela, por cierto, una copia de la original, destruida en 1936, copia realizada de forma bastante fiel por Marés, a finales de los años cuarenta. En Reus, su ciudad natal, también tiene monumento y respeto generalizado. Ya veremos, cosas más raras se han visto en estos últimos años. Ya digo yo que la historia es complicada y contradictoria.

El pobre general Prim, además de la novela, ha estado también de actualidad recientemente a causa del estudio de sus restos, de su pobre momia, que hemos tenido el dudoso placer de contemplar. Ignoro para qué sirven ese tipo de estudios pero preferiría que dejasen a los difuntos en paz, lo mismo que a Pere el Gran. Parece que eso de abrir sepulcros es una afición compartida por devotos de santificaciones, revolucionarios profanadores e historiadores curiosos y algo necrófilos. Prefiero quedarme con las imágenes idealizadas de Gispert que no con la tétrica visión de esas momias lamentables. En todo caso, no hace falta que nos pasen su estudio por televisión con tanto detalle.

Gibson ha tenido grandes dificultades para investigar el tema del asesinato de Prim, el sumario estaba hecho un asco, mal conservado, incompleto, como deben estar tantas cosas importantes que nadie reivindica. Admite que le ha costado mucho más investigar este crimen que el que se cometió durante la guerra civil con García Lorca. En todo caso el tema de la novela de Gibson debiera servir de motivación para acercarnos a esa época no tan lejana y a sus personajes fascinantes, otro de los cuales fue también catalán, el federalista Pi i Margall, de cuyo nombre e ideas poca gente quiere acordarse ni mucho menos reivindicar. 

Gispert, el pintor de este cuadro y del del rey Amadeo ante el féretro de Prim fue un interesante artista valenciano que murió en París. Levante ha generado grandes pintores, muchos de los cuales son todavía, en general, poco conocidos y, en la actualidad, poco valorados. Hoy los modernillos miran con prevención y cierto desprecio esa pintura entrañable, con la cual conformamos nuestro imaginario histórico, tan reproducida en láminas, libros de texto y cromos de los chocolates. Durante el siglo XIX tuvo una gran importancia. 

Ayer mismo compre en Sant Antoni una vieja guía comercial de Barcelona, un facsímil, en el cual vienen todos los profesionales de la ciudad a mediados de ese siglo XIX y los pintores sólo se dividen en dos grupos, los de brocha y los históricos. Se aprende más historia contemplando estas obras de arte y buscando referencias sobre ellas y sobre las escenas y personajes que se representan que no en nuestras escuelas y universidades de hoy, tan mezquinas y limitadas en muchos aspectos y que suelen recurrir a tópicos y a mitologías bastante restrictivas. La historia es complicada, poliédrica, como las personas, pero entrar a fondo en esa complejidad pide incluso valentía, la valentía de poder admitir, si hace falta, que nada es como nos gustaría que fuese o hubiese sido. Otra cosa es pensar en cómo queremos el futuro pero para eso no hace maldita falta recurrir a pasados gloriosos para justificar nuestros deseos. En todo caso, mejor mirar hacia Pi i Margall que no hacia el Cid o hacia los almogávares.


viernes, 28 de octubre de 2011

Peces fuera del agua

La ciudadanía pacífica y poco beligerante, algo conservadora quizá, ya que a cierta edad una acaba entendiendo la necesidad de conservar alguna cosa, lo pasamos muy mal con los estirabots, sandeces graciosas  e inoportunas con que nos obsequia cada día algún político, ex-político o aspirante a político, además de ciertos sectores periodísticos que buscan audiencia incondicional.

Me supo muy mal la referencia de Mas al imperfecto castellano hablado en Andalucía o Galicia, todavía me sentó peor lo de los bares llenos de ciudadanos del sur, vía señor Durán. Sin embargo ambos me parecen políticos respetables, considerando el panorama. Respetable no quiere decir que comulgue con sus ideas, al menos no siempre. También me molesta que después se quiera maquillar lo dicho con todo tipo de explicaciones. Una cosa es poner sobre la mesa, de forma seria, el tema de la inmersión o el del clientelismo subvencionado y otra meterse con el ciudadano  de a pie con el recurso de tópicos que ya deberían formar parte del pasado.

Un político que durante la transición gozó de gran respeto incondicional fue el señor Peces-Barba, pero va y se me descuelga con una barrija-barreja pseudohistórica acerca de naciones, portugales, cataluñas, comprar y vender, quedarse o no quedarse, bombardear o no bombardear. En fin, para qué ahondar en las heridas, en youtube y en todas partes se pueden ver y escuchar esas desafortunadas bromitas que hicieron levantarse en pleno a la abogacía catalana, plantando a don Gregorio, en un acto de cierta dignidad corporativa. Y que han generado un rosario de protestas encendidas por muchas partes y más bromita poca-solta por otras.

La historia frívola y oportunista sirve para todo y cerca de casa he escuchado también muchas cosas raras históricamente comprobadas, de sentido contrario, en boca de personas diversas. Sin embargo no es lo mismo un comentario en un bar, aunque sea en un bar catalán, que una conferencia seria realizada por un señor de tal calibre. Lo del hijo homosexual, negro y catalán no tuvo tanta importancia porque las idioteces expresadas en lugares de poca categoría y cultura ausente vale más olvidarlas. Sin embargo, lo del señor padre de la Constitución, es muchísimo peor.

Incluso el Conde Duque de Olivares, un caballero muy odiado por casi todo el mundo, fue evocado en el discurso gracioso. Personalmente siempre he reivindicado el estudio en profundidad de su figura, antipática desde su misma época y no sólo en Catalunya. Quevedo, que también escribió tonterías sobre los catalanes, era el bueno y el Conde-Duque, el malo de la película, en aquella obra emblemática de teatro, El caballero de las espuelas de oro, de Casona.

El Conde-Duque fue un hombre de su tiempo con poco carisma y en su época hay que situarlo y estudiarlo, una época de formación de estados agresivos, con una Francia a punto de comérsenos a todos. Resucitarlo fuera de contexto me parece una muestra más de un mal nacional y nacionalista, la gran ignorancia sobre la historia real, las pocas ganas de profundizar en nada, la gandulitis ante el esfuerzo mental que precisa el estudio serio de la historia, de la nuestra y de la de los otros. La frivolización de todo, incluída la vida social y política.

Seguro que el señor Peces-Barba tenía temas más interesantes de qué hablar, pero es habitual en época de crisis buscar enemigos o intentar hacerlos para tener razones que distraigan al personal del mundo real. Cuando yo, de jovencita, decía tonterías, mi madre replicaba: parece mentira que seas maestra. Sólo se me ocurre decir a ese señor algo parecido: parece mentira que usted sea abogado y que acabase la carrera con tan buenas notas.

Siempre se ha hablado de la posibilidad, creo que remota, de formar una federación ibérica que incluyera Portugal. La unión peninsular fue el sueño truncado de muchos monarcas, como Felipe II, otro personaje a recuperar, reivindicar y situar en su contexto, quién, por cierto, murió con una cruz montserratina en las manos. Estaría bien, incluso en ese caso se podría plantear rehacer el tema con una federación real, pero eso, como tantas cosas, es hoy un sueño cada vez más lejano. El independentismo sube, según dicen las encuestas, a pesar de sus malos líderes, de sus divisiones internas, de sus planteamientos algo etéreos y que no entran demasiado en el cómo. Cosas como ese tipo de discursitos, como es natural, van echando gasolina al fuego mientras en la vida de verdad preocupan aspectos más terrenales, como el paro, las hipotecas, los recortes imprescindibles o no, pero siempre mal explicados. Seguro que en los tiempos del Conde-Duque también preocupaba más el hambre que la mitología patriótica, me temo. 


Sin embargo, visto y oído todo eso, creo que urge plantear qué y cómo se estudia la historia en las escuelas de nuestro tiempo. Cuando yo iba a la Normal, a finales de los sesenta, se hablaba en la Unesco de editar manuales escolares de historia, europeos, más objectivos. Hemos llegado al euro, sin embargo llegar a aparcar nuestros mitos patrios del signo que sea para estudiar el pasado de forma algo más universalista me temo que todavía es una especie de espejismo, un sueño.


La que va a caer ahora con ese tema me recuerda el título de una película -mala- que interpretó Serrat y no puedo evitar hacer una bromita tonta: La larga agonía de Peces fuera del agua. Fuera del agua del sentido común.


viernes, 13 de agosto de 2010

Odios y amores



He estado unos días en el Pirineo aragonés donde he podido acceder a textos que recogen la variedad lingüística de la zona, hoy, como tantas expresiones minoritarias, en peligro de desaparición a causa de los grandes cambios sociales y culturales. El tema de las lenguas es complicado, la frontera entre lengua, idioma, forma dialectal, muy frágil, sometida a intereses políticos y académicos, lo mismo que las fronteras territoriales, causadas por avatares diversos de la historia. Sin embargo, las líneas políticas interesadas acaban por influir en las personas, de forma inevitable.

Me ha llegado, a través del enlace en el facebook de un antiguo alumno, el texto de un artículo reciente y muy interesante de Suso de Toro, publicado en El País. Ignoro si el artículo sólo se ha publicado en la versión gallega de este periódico, sería una lástima.


SUSO DE TORO
EL PAÍS - 08-08-2010
La banca casi no concede créditos, pero también cuesta dar crédito a lo que hacen la mayoría de los medios de comunicación madrileños. Ni siquiera descansan los domingos, y eso que es verano: leo en una revista dominical que distribuyó la pasada semana el rotativo El Mundo una lista que confeccionaron con "los españoles más queridos y más odiados por los españoles. Qué miedo. Los tales "españoles" que declararon para la encuesta su amor a diestro y su odio a siniestro en realidad son de ese diario, pero la manipulación periodística hace que esas personas se transformen en "los españoles". ¿A que no saben quiénes son "los más odiados" de esa curiosa lista, que hace unos años nos parecería grimosa y hoy ya pasa desapercibida?

Acertaron. De la lista de diez personajes, los que figuran en la parte superior de la lista son políticos "enemigos de España": catalanes o miembros del Gobierno de Rodríguez Zapatero, empezando por el propio presidente. Los otros cinco son protagonistas o presentadores de programas basura, lo que indica que quienes votan esa lista son consumidores de esos manjares televisivos. ¿Los más amados? Los deportistas y futbolistas que no sean catalanes, y eso tiene mérito cuando una selección española repleta de catalanes acaba de ganar el Mundial.

El odio contra los "enemigos de España", los "antiespañoles", viene del franquismo, pero se siguió alimentando estos años con los asesinatos de ETA y las ambigüedades del nacionalismo vasco ante los crímenes. Cuando el terrorismo etarra aflojó porque no le quedó más remedio, la dieta se completó con "los catalanes nos roban, el Estatut rompe España, la lengua castellana se rompe, los toros se rompen..." Los insultos continuos y las campañas contra los intereses catalanes, su lengua y su identidad son el trabajo sucio y burdo, que ha ido acompañado de razonamientos y análisis de intelectuales que argumentaron lo mismo pero con más finura. La mirada y los intereses centralistas que se cerraron en banda lo han conseguido: ya estamos en una época nueva, Cataluña ha pasado de la desafección a su despegue, buena parte de la sociedad catalana ha llegado a una conclusión al fin: España no comprende a los catalanes y los rechaza; seguir formando parte del Estado español solo le acarreará desprecios y problemas.

Podemos detenernos en las incidencias, escándalos, roces entre partidos catalanes, pero perderemos de vista lo esencial, lo que corre por el fondo y es transversal al conjunto de la sociedad catalana: Cataluña se está convenciendo de que su nacionalidad nunca tendrá encaje en este Estado y de que España solo es un lastre. Mentalmente ya casi han cruzado la raya. Si lo hacen, la deriva hacia la independencia sería inevitable. En adelante nuestros conciudadanos catalanes desistirán ya de buscar un encaje nacional dentro de la Constitución, una Constitución que los propios nacionalistas catalanes ayudaron a redactar y que suscribieron como un pacto político para poder existir dentro de España. También saben que reformarla o redactar otra nueva que los reconozca nacionalmente es imposible: el nacionalismo español también lo impediría. Respecto a los vascos como nacionalidad, en cuanto ETA ponga fin a su lamentable y siniestra existencia, comprobaremos lo que piensa la mayoría de su sociedad.

El Gobierno intenta un diálogo con la Generalitat para detener esa deriva, pero los nacionalistas españoles, con la bandera tan inflamada, probablemente conseguirán que fracase en nombre de la sagrada unidad de España. Hemos visto cómo el españolismo empapa la capital del Estado y todas las instituciones, desde el Tribunal Constitucional al último guardia. La "España plural" ha sido imposible, los esfuerzos para actualizar el autogobierno catalán tendrían que haber ido acompañados de una política nueva que reflejase la pluralidad cultural y lingüística y nada ha cambiado. Una nueva idea de España. Pero España sigue siendo de Bisbal, Manolo Escobar, la de Bienvenido, mister Marshall!

Cataluña, sin Estado o con él, es una nacionalidad europea, mientras Galicia está siendo desguazada como nacionalidad desde la propia Xunta siguiendo las consignas del españolismo centralista. Si los catalanes se van, ¿qué España nos espera a nosotros? Pero vivir bajo la ideología del nacionalismo cañí también será insoportable para muchas otras personas por toda España que no tolerarán retroceder a la época de pan, fútbol y toros. Una, grande y libre de catalanes, vascos y demás ralea. Catalanes, por favor, piénsenlo dos veces, unos los odian pero otros los necesitamos. Una España sin ustedes será definitivamente insoportable.

viernes, 9 de mayo de 2008

Aquellas guerras, aquellos héroes


Admirose un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.

"Arte diabólico es"
dijo torciendo el mostacho,
"que para hablar el
gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo, lo habla mal
y acá lo parla un muchacho".
Después de todo eso de los polacos (ver La Panxa del Bou) y del caudal de teorías y opiniones sobre el tema, me ha venido a la cabeza este conocido poema de Moratín, vecino, según parece, de la barcelonesa calle de Petritxol (en un pis, no sabem quin/ hi va viure Moratín). Gabacho ha sido durante mucho tiempo un término peyorativo para bautizar a los franchutes, con los cuales nos hemos movido, por lo que respecta a Catalunya, en una relación constante de amor y odio, según soplaran los vientos. Dicen que el mote tiene el origen en un río francés, Gave, y que hacía referencia a los hombres groseros y que hablaban de forma extraña. Hay también sobre la palabra teorías diferentes y usos diversos, incluso tenemos unos melocotones muy buenos de variedad gabacha. En épocas lejanos hubo en Catalunya una importante inmigración occitana, por cierto. El gran Moratín también fue, como tantas otras personas avanzadas de su época, un agabachado que acabó en el exilio.
La cosa viene a cuento porque hace unos días asistí a una charla en mi barrio, la primera de un breve ciclo sobre el castillo de Montjuïc y la Guerra del Francés. En la charla se habló bastante del castillo, de su pasado, presente e imprevisible futuro, polémico, como se sabe. Y poco de la Guerra del Francés. Me temo que, a pesar de los muchos actos programados sobre ese segundo centenario, nos vamos a quedar un poco como antes, o sea, a oscuras o en penumbra, y atados a toda una iconografía heroica y antigua con la cual mecimos nuestros sueños patrióticos escolares.

El bicentenario de la Guerra de la Independencia o del Francès, como decimos por aquí, quizá para no confundir las cosas, en este presente algo peliagudo en el cual los temas patrióticos se han complicado y diversificado, ha generado actos diversos, en Catalunya y en España en general, pero me temo que la cultura histórica colectiva no mejorará. Se han programado muchos actos locales, en poblaciones diversas, y, por lo tanto, destinados al público local y sobre la situación precisa de aquel lugar durante la guerra. También, no faltaría mas, teatralizaciones de esas que ‘me gustan tanto’. Días atrás veía por la tele las de Madrid, con eso del Dos de Mayo. En todas partes cuecen habas y en algunas, calderadas.
La historia, como tants cosas, se ha frivolizado, sirve para hacer turismo y dinero. Desde una pintura prehistórica o un excremento de dinosaurio petrificado a un campo de concentración, todo vale para el tema. De todos modos, según la época, hay cosas que venden más que otras, claro. Cuando yo iba a la escuela, la Guerra de la Independencia era, todavía, una guerra heroica y justa, en el imaginario colectivo, una guerra para echar al extranjero y en la cual el pueblo unido no fue vencido. Yo pensaba que era injusto que el sitio de Zaragoza fuese más famoso que los de Girona, ay, pobre de mí. La música del Sitio de Zaragoza era y es todavía un clásico de las varietés, tocada con acordeón. Recuerdo a una actriz muy guapa, que trabajaba el El Molino y que siempre la interpretaba, murió joven; siento no recordar su nombre, vivía en mi barrio. Todavía, durante mi infancia, en muchos chocolates, como por ejemplo los Tupinamba, salían cromos con estampas históricas, un género que sobresalió durant el XIX y que conformó nuestra idea de los hechos del pasado. Muchos pintores catalanes de la época pintaron estampas religiosas y històricas, hoy injustamente olvidadas o casi. Una tía mía, en una sala y alcoba que me hacía estremecer, de la calle de Santa Margarita, tenia un cuadro con Ramiro el Monje y su campana de cabezas cortadas a un lado, y, al otro, aquello de 'no serviré a señor que se me pueda morir', de cuando Francisco de Borja vio lo que los gusanos habían hecho con su admirada reina. Y, en el centro, un espejo inmenso que creo que escondía a un montón de espíritus familiares detrás suyo.

El cine de la época imitaba aquellas pinturas, su escenografía, conveniente a la época imperial que nos tocaba padecer. Y también los libros de texto, las entrañables enciclopedias, reproducían de forma poco afortunada, en blanco y negro, descubrimientos de América idealizados y sitios de Zaragoza con doña Agustina en pie de guerra, cromo éste, el de la señora y el cañón, que incluso pintores como Goya recrearon, malas lenguas dicen que por necesidad de sobrevivir en aquel turbio contexto del retorno del Deseado. Aurora Bautista fue Juana la Loca y Agustina de Aragón, para llegar a ser la imaginaria, pero mucho más realista, tía Tula. Era el emblema de la época, al lado de Fernando Rey, que fue Felipe el Hermoso y, si no recuerdo mal, Palafox, en su juventud.
Una lectura crítica sobre el tema, que incida en las miserias de la guerra de forma seria, de esta guerra o de las otras, civil incluída, todavía está por hacer, al menos a nivel nacional y/o nacionalista. Demasiada complejidad para nuestras necesidades de mitología. El otro día escuchaba por radio al autor de un libro actual sobre aquella guerra, reivindicaba que en todo caso ‘los buenos’ eran los franceses y también hablaba de la figura de José Bonaparte, injustamente tratado por la historiografia popular, que lo tildaba de borracho. Yo tampoco diría tanto, la verdad, porque también es simplificar la cuestión. Sobre el rey, unas coplas que parecen la letra de un rap del verano, sobre el tema, hacen referencia a su incapacidad sexual a causa de la bebida:

Cuando la reina se pone
Bon bon
La mantilla de franela
Bon bon
La dice José Pepino
Bon bon
Ese cuerpo pide guerra
Bon bon.
Pero, claro, como el rey llevaba más vino en la cabeza que en los pies no podía hacer nada con la reina, cosas del alcohol, de los caldos españoles, vaya. José Bonaparte y Amadeo de Saboya fueron dos reyes frustrados y odiados, cuando, en realidad, eran dos personas inteligentes y serias, dispuestas a modernizar el país. No fueron populares ni aceptados por este conjunto humano que llamamos pomposamente ‘el pueblo’. El siglo XIX empezó mal y acabó peor, por no hablar del XX. La diferenciación entre guerras contra el invasor extranjero y guerras civiles suele ser oportunista, espinosa, ya que al fin y al cabo todas la guerras producen conflictos civiles entre partidadios de los unos o de los otros, y llamar traidor a alguien es fácil, pero profundizar en los motivos de su traición, mucho más complicado.

En Catalunya nos ha quedado el recuerdo de la inmortal Gerona, donde Álvarez de Castro hizo resistir a la gente de grado o por fuerza, hasta límites terribles, frustado, dicen, por la facilidad con que los franceses habían logrado entrar en Barcelona, gracias a las presiones militares que en aquel momento aconsejaban facilitarles la cosa. También contamos con la imagen emblemática del Timbaler del Bruc, haciendo correr a los franceses a causa, según cuenta la leyenda, del eco de su redoble, gracias a la orografía.

La primera vegada
que al Bruc vàreu anar
molt contents i alegres
hi vàreu arribar.

Amb els canons de fusta
els llevàrem la pell.
Es varen posar a córrer
fins a Molins de Rei.
Las gaditanas se hacían tirabuzones con las bombas y Napoleón tuvo que hacer mutis por el foro. Ahora dicen que fue gracias a los ingleses, siempre nos estropean las ilusiones. Tanta sangre y heroicidad para hacer regresar a Fernando VII y para entrar en una época de inestabilitad constante, guerras locales como las carlistas, repúblicas frustrada y finalmente, de ya se sabe qué. Yo creo que con los grabados de Goya sobre los desastres habría bastante para entender lo que hace falta, que la guerra sirve a menudo para empeorar la situación, sobre todo de tanta gente que no tiene culpa de nada y recibe palos por todas partes. Pero para entender, también, que no se puede hacer volar palomitas y que despreciar armas y ejércitos es, todavía, suicida. Por desgracia, aquello de si quieres paz prepárate para la guerra, todavía funciona. Hace poco leía declaraciones de personas muy serias, en el sentido del peligro que representa convertir los ejércitos en ongs, sin tener en cuenta que, muchas veces, es necesario tomar medidas que comportan un cierto grado de violencia, para restablecer el orden, sin el cual no se puede hacer nada. Eso del diálogo está muy bien, pero si una de les dues partes va con la pistola o el trabuco en la mano es difícil, imposible, vaya.

No es extraño que toda esta época histórica, desde la Revolución Francesa en adelante tenga, para nosotros, una gran atracción. Resulta lejana, pero cercana en muchos sentidos, también. Yo, de pequeña, meditaba a menuda sobre mis antepasados y quería imaginar cuáles de ellos habrían visto la Guerra de la Independencia, con una cierta envidia generacional, ya que creía que las guerras, como tantas otras cosas, eran una especie de película que se veía pasar, santa inocencia. Hay personajes como Napoleón, magnificados e idealizados por la mitomanía especializada. En una ocasión leí una especie de comparación entre Franco y Napoleón. Al menos, escribía el comentarista, Napoleón tenía categoría intelectual, grandeza. Grandeza megalómana que llevo Europa al deastre, claro, porque con grandes ideas se hacen muchos disparates. Los dos eran bajitos, como tantos dictadores. Cuando iba a la Normal, el profesor de psicología nos hablaba en una ocasión del complejo de los hombres bajitos, como si fuese una especie de síndrome que podía derivar en tendencias dictatoriales. Pero Mussolini era más alto. De todo hay y ha habido en la viña del señor, la psicología ya no es lo que parecía y las explicaciones sencillas siempre se escapan de nuestro alcance, como agua en un cesto.