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martes, 13 de agosto de 2013

CONSTITUCIONALIDADES RETROSPECTIVAS







Dar vueltas a la historia del pasado es algo muy habitual, en los libros siempre encontramos argumentos a favor o en contra de cualquier tesis, hechos, leyes o costumbres desaparecidas que demuestran aquello que queremos demostrar. En estos últimos años existe un gran interés por la época de la guerra civil, de su antes y de su después. A menudo las explicaciones se convierten en cuentos de buenos y malos, mucho menos matizados que las verdades vividas que me contaban de niña sus protagonistas. La mayoría de gente de aquel tiempo, la generación de mis padres y de mis abuelos, ya no puede matizar nada. Eso resulta cómodo para las historias oficials del momento, sean las que sean. También todo aquello de 1714 tiene actualmente un gran interés por razones obvias. Charlas, itinerarios, novelas históricas, surgen como setas en otoño. De aquellos tiempos de la guerra dinástica no queda nadie, claro, pero quedan algunas notas de pocos campesinos alfabetizados que insisten en que ya están hartos y que tienen ganas de que termine todo de una vez, gane quien gane, una opinión muy poco heroica pero muy humana cuando existen tragedias colectivas y los que no son de ningún bando reciben por todas partes.

De la transición, de eso que se llamó transición, queda mucha gente vivita y coleando, incluso en activo. Claro que algunos de sus protagonistas también han muerto, llevándose a la tumba sus secretillos. Me contó alguien relacionado con esos centros de poder académico que son las universidades, todavía con cierto prestigio y por encima del bien y del mal, que se fomentan poco los trabajos y doctorados relacionados con esa época relativamente cercana. Creo que hay intereses diversos en qué no se les vea el plumero a más de uno, ya llegará el tiempo de hacer lecturas políticamente correctas y moderadamente heroicas de todo aquello. Olvidaremos como se quemó buena gente que no entró a fondo en el tejemaneje de la partidocracia o que fue marginada por los suyos por demasiado coherente. 

Se han cumplido treinta años de una sentencia del tribunal constitucional de entonces, muy distinto del de ahora, que revocava gran parte de una ley lamentable para las autonomías históricas, la LOAPA. Aquello acabó con la relativa unidad de los ciudadanos, los socialistas de la época, el PSC ahora casi añorado ante lo que nos llegó después, quedó muy mal y fue abucheado en las celebraciones patrióticas, CIU se reforzó y sacó tajada del tema. Los otros, pequeños y mal avenidos, como siempre. Con el 23F y con la LOAPA acabó un sueño que siempre fue etéreo. Cuando hay un cambio importante en un país, en un sentido de avance democrático, entran en política personas interesantes e independientes que se queman pronto y vuelven al poder los de siempre, reconvertidos según conviene.

Treinta años, sin celebraciones, sin debates retrospectivos, sin artículos en prensa importantes sobre el tema. La gente de menos de cuarenta años ya no sabe nada de todo aquello a no ser que tenga la paciencia suficiente como para investigar en hemerotecas, preguntar a sus mayores y reflexionar en profundidad sobre como de aquellos polvos vinieron esos lodos. Lo más sorprendente es la independencia de criterio de aquel tribunal constitucional, en un momento crítico y considerando anticonstucional la mayoría de aquel texto, cosa que dio un disgusto a los socialistas en el poder, quienes, según cuentan, tuvieron que volver deprisa de sus vacaciones playeras para intentar poner orden en el tema. O tempora, o mores, como decían los romanos, que también tenían sus problemillas.