martes, 5 de mayo de 2015

AQUELLOS GUAPOS CORRESPONSALES DE ANTAÑO


 

Hoy se considera joven de forma ingenua y algo infantil a las personas que no han llegado a los ochenta años. Por eso la muerte de Jesús Hermida ha parecido, en general, prematura. Leo en la prensa, de forma algo apresurada, que ha sido a causa de un infarto cerebral. Los infartos suelen ser rápidos y piadosos, una ya empieza a envejecer y teme esas largas enfermedades que comportan tratamientos agresivos, caer en el circuito de las pruebas hospitalarias y de los procesos de decadencia largos e irreversibles, por ello esas muertes de agonías cortas me parecen casi deseables, considerando que se ha de morir de alguna manera.

Más prematura fue la muerte de José Antonio Plaza, a los cincuenta y ocho años. Durante sus años de corresponsales en Londres y Nueva York ambos, jóvenes y guapos, fueron para nosotras, las adolescentes y jovencitas de la época, tan famosos y admirados como los actores de cine o los cantantes de moda. Recuerdo que había partidarias del uno y partidarias del otro. En todas las Españas veíamos los mismos programas de televisión. Hermida nos parecía demasiado presumido, en una ocasión recuerdo que acariciaba un inquietante gato negro. Plaza tenía más apariencia de buen chico, de encantadora modestia profesional. Esos corresponsales fueron también muy imitados por los humoristas, la imitación y la parodia son recursos muy efectivos ligados a cada época y a cada situación.

Todas esas tonteríasjuveniles conformaronn un imaginario colectivo que nos unía más que los gobiernos, la política o las patrias gloriosas. Pienso en ello a menudo cuando miro por la tablet, con mi nieta, los encantadores dibujitos de Peppa Pig y compruebo que se pueden escuchar en tropecientos idiomas. Me imagino a mi niña en un futuro que no veré, viajando a China, a Rusia, al Perú, y comentando con gente de su edad cosas de este tipo, los dibujos que todos veían, de pequeñines, los actores de moda de su adolescencia, las músicas que aún están por inventar y que formarán parte de su memoria sentimental, la mayoría de cosas estarán ya absolutamente globalizadas y quiera el destino que exista eso que hoy todavía parece tan imposible y lejano, la paz universal o al menos la ausencia de guerras enquistadas y crueles.

Los coches y la televisión nos cambiaron del todo.  La guerra civil era un fantasma del pasado que parecía irrepetible y que debía ser olvidada a cualquier precio, por lo menos se comía y había trabajo, decía, incluso la gente poco adicta a un gobierno que, ese sí, parecía inmortal. De pronto el mundo venía a casa y tú podías ir a correr mundo con cierta facilidad y, todavía, con un pasaporte que exigía pesados  trámites e incluso un certificado de penales para serte concedido. 

El tiempo pasó y ambos, Plaza y Hermida, hicieron otros muchos trabajos periodísticos, todos interesantes, pero ya nada conservaba la mística de cuando nos hablaban desde ciudades entonces tan míticas y lejanas para la mayoría como Londres o Nueva York. Los setenta ya no fueron económicamente tan boyantes como los sesenta aunque llegó la transición y la ilusión se disparó de nuevo.

Mueren estos personajes y se llevan también trocitos de nosotros mismos, retazos de toda una época con luces y sombras en la cual ellos eran jóvenes y nosotros, todavía más jóvenes que ellos. Primero íbamos a ver la tele a algún local del pueblo o a casa del vecino que se la había podido comprar y nos abría sus puertas de forma generosa y algo presuntuosa, al fin y al cabo, de qué sirve tener cosas bonitas y caras si no se pueden enseñar?

Luego todos tuvimos tele casera y se perdieron aquellas comunidades que se formaban delante de la pantallita, como antaño se había perdido la emoción de ir al cine del barrio o del pueblo y coincidir con todo el mundo. Todavía hoy se produce ese milagro en algunos bares y centros sociales, gracias al fútbol. Los corresponsables en el extranjero ya no tienen el mismo carisma, mucha gente chapurrea inglés en la actualidad e incluso idiomas más difíciles. No me gusta la nostalgia ni tampoco comparar el pasado con el presente, todo resulta engañoso cuando eres mayor, existe una gran tendencia a la mitificación retrospectiva.

Descanse en paz Jesús Hermida en el cielo de los periodistas en el cual, al menos por ahora, no hay ningún corresponsal que pueda contarnos como va por allí o en qué idioma se comunican las almas de los difuntos que nos precedieron en la fe y ahora duermen el sueño de la paz, como dicen en misa. Aunque yo no me refiero a la fe religiosa sinó a la fe en un futuro mejor, imposible y también mítico, el de aquellos años sesenta que tantas ilusiones de todo tipo construyeron en nuestro imaginario individual y colectivo. Luego siempre llegan las rebajas.

jueves, 30 de abril de 2015

SOBRE EL DUDOSO DERECHO A SER MADRES Y PADRES


Escuchaba ayer por la radio la repetición de un programa sobre sexo en general, que tiene cierta audiencia, Les mil i una nits. Lo conduce la inefable Maria de la Pau Janer, poliédrico personaje casi mediático que hace años, de jovencita, ganó muchos premios literarios, se casó con un psiquiatra más mediático que ella e incluso llegó a ir en alguna lista del Partido Popular. Durante bastante tiempo fue un rostro habitual en la televisión, hoy otros personajes han desplazado ese reino efímero de la pantallita. Se metieron con ella porque era guapetona, con las mujeres se meten tanto si son feas como si son guapas, claro. Incluso la recuerdo manifestar, con cierta simpática ironía, en una entrevista de hace años que ni era tan guapa como decían ni escribía tan mal como, también, decían unos cuantos. Puede que tuviese razón aunque a mi algún libro suyo me pareció de una pesadez insoportable aunque en honor a la verdad no estaba mal escrito.

El caso es que en el programa en cuestión se hablaba de la maternidad, sobre la gente que quiere tener hijos y la que no. Sobre lo natural de querer ser madre y el derecho a no quererlo ser. Una dama que creo que ejerce de dómina expresaba su deseo de no querer tener hijos. Un ginecólogo contaba como en otra vida le gustaría ser mujer para vivir la experiencia. Lo cierto es que sobre el tema se repiten muchas tonterías, tópicos diversos, vaya. Es verdad que las mujeres tienen todavía presiones sociales más o menos evidentes sobre el tema, que el instinto todavía cuenta, incluso cuando se tiene sólo un hijo hay quién te insiste en aquello de qué uno es poco y unas cuantas banalidades más sobre eso del hijo único y sus peligros educativos. Si tienes más de tres hijos también te miran mal, eso sí, se sospecha que perteneces a alguna secta católica o que estás mal de la cabeza.

En el programa de radio había un gran ausente, ese hijo traído al mundo a la fuerza, sin pedirlo. Tampoco se entró en aspectos filosóficos serios: el valor de la vida, si vale la pena vivirla y todo eso. Se supone que hay derecho a ser padre o madre o a no serlo pero al hijo o a la hija no le dejamos decidir nada. Incluso en los debates sobre el aborto se prima la política y los intereses partidistas por encima del fondo real del tema. En general siempre prevalece el deseo de los vivos en activo por encima de esos futuros seres que vamos a buscar porque nos hace ilusión y que no podemos saber qué vida van a tener. Los protegeremos, si somos padres normalitos, mientras son pequeños, reiremos sus gracias, soportaremos sus adolescencias y si ellos también son normalitos incluso puede que nos echen una mano en la inevitable y dolorosa vejez. Una vez estás en el mundo, si no tienes mala suerte, no quieres irte. 

Pero la realidad es que hay gente con mala suerte y a nadie nos preguntaron antes de venir. Hace unos años el periodista Bassas entrevistava a Raimon. El cantante no ha tenido hijos por voluntad propia y el periodista, que creo que es creyente, entró en el peligroso tema del egoísmo antipaternal. Se supone que no querer hijos es egoísta. Un absurdo como tantos, yo creo que es mucho más egoísta tenerlos, en el fondo los tenemos porque los deseamos, deseamos realizarnos como padres o madres, otro tópico recurrente. Aceptamos las limitaciones que nos impone su presencia a causa de la ilusión que nos hace verlos crecer. Cuando sean viejos o sufran, de mayores, ya no podremos ayudarlos, seremos una carga para ellos y eso suponiendo que hayamos sido unos padres sostenibles y soportables, generosos y cariñosos, pues hay quién cuando pasa esa primera época infantil en la cual los niños hacen gracia ya no saben muy bien qué hacer con ellos.

Los creyentes en cualquier religión, las enseñanzas de la cual comporten creer en otro mundo eterno y feliz pueden tener cierta justificación sobre el tema, aunque sus hijos vengan al mundo condicionados a crecer en un entorno en el cual las doctrinas, los dogmas y las prácticas religiosas son irrenunciables, al menos durante unos cuantos años. Me cuesta entender cómo en la actualidad todavía existen religiones en el mundo occidental pero también me cuesta entender que se hagan más de dos horas de cola para que Ken Follet te firme un ejemplar de un libro que ha escrito y publicado gracias a un equipo casi empresarial de colaboradores y eso sucedió en la reciente fiesta de Sant Jordi.

En el fondo todo es biología. Sin embargo echo en falta debates profundos sobre el sentido de la vida, la necesidad o no de perpetuar la especie y cosas así. Nos creemos originales y acabamos por querer ser cómo todo el mundo, tener pareja estable, dos hijos, mejor si son niño y niña, poder comentar con nuestros contemporàneos aspectos higiènicos, deportivos, televisivos, educativos y de lo que sea. Todo es bastante irracional, emotivo y poco razonado pero es así y puede que así deba ser. Los avances en genética permiten cosas que en otros tiempos se hubiesen considerado pecados o barbaridades. Mientras el aborto se frivoliza, la eutanasia todavía es complicada e ilegal por aquí. El suicidio todavía es un tabú, a veces inexplicable. Vale la pena vivir? Pues depende de dónde caes y de con quién y de la buena o mala suerte, la verdad. En todo caso es esa una pregunta absurda, no te preguntan antes de llegar si quieres vivir y en dónde quieres hacerlo. Por eso las patrias son tan absurdas cómo las religiones, según mi opinión. Pero sus efectos perversos son temibles.

A menudo se insiste en el tema de la poca protección a la maternidad, todo parece tener causas económicas pero a menudo ha sido al revés, los repuntes natalistas han llegado en épocas duras en qué se mejoraba a trancas y barrancas. Cómo a finales de los cuarenta, cuando nací yo y en mi escalera vecinal llegaron, en el mismo año, media docena de críos. Sus padres, como los míos, habían sobrevivido a la horrible guerra civil, a las crueldades, a los bombardeos, al hambre, al tifus y a cosas peores. Les parecía, quizás, que todo iba tan sólo a mejorar? Nos trajeron a un mundo gris y dictatorial con toda la ilusión del mundo y la cosa no tiene explicación razonable, más bien parece que debía de haber sido al revés, después de tantos desastres y considerando que en Europa había habido muchos más. Pero eran jóvenes y la juventud es engañosa, como la infancia, y está bien que sea así o todo se habría terminado hace tiempo de una vez y yo no estaría escribiendo en este blog. 

miércoles, 15 de abril de 2015

NOTICIAS DESCOMPENSADAS

Operación de rescate de inmigrantes ilegales por parte de la Guardia...

Hace pocos días el accidente de los Alpes nos conmovió y generó todo ese vuelo de buitre periodístico habitual, incluso los periodistas de culto, que se las dan de serios, mojaron pan en el tema mientras criticaban a otros que hacían lo mismo, aunque de forma más burda. Se mandaron corresponsales al lugar para que no nos dijeran nada nuevo, se publicaron biografías no autorizadas de las víctimas, hoy las redes sociales son una mina, hasta que las familias exigieron discreción y educación. Como sucede siempre, el tiempo pasa y todo se olvida, a nivel general, ya que los parientes y amigos de los muertos no lo olvidan nunca.  

En el mundo se suceden las tragedias, individuales o colectivas, siempre ha sido así y tan sólo debemos al azar el hecho de qué en nuestra corta vida no nos toquen de cerca y de forma cruel. Muchos periodistas responsables han advertido sobre la situación de Corea del Norte y han insistido en qué no se podrà decir que no se sabía qué pasaba allí. Una cosa es que se sepa y otra que se pueda hacer alguna cosa. Las protestas masivas nunca han podido parar una guerra si no estaba ya en marcha algún acuerdo político a alto nivel.

No entiendo que para librar a países de determinadas dictaduras se haya acabado por generar situaciones peores que las anteriores. En algunos casos tenemos información, breve, puntual, rápida e incompleta, Nigeria, Kenya, muertos, torturados, secuestrados. Incluso el cine de denuncia nos ofrece perlas como Timbuktú.  Y están todos esos ahogados, gente de todas las edades, niños y bebés, más de cuatrocientos nos han dicho hoy perdidos en el mar al querer escapar de horrores diversos y hambrunas persistentes. Que  se suman a tantos miles. Un problema para los países receptores, sin duda. Un   problema para todo ese mundo en el cual, a pesar de las crisis, comemos cada día y vivimos con una relativa seguridad.

De todos esos muertos no se cuenta la biografía, son una masa de la cual sabemos siempre poco. A veces ni tan sólo se sabe de dónde vienen.Tampoco sabemos qué les sucede después a los supervivientes. Hay un pozo sin fondo de información desestimada, pero a veces algún periodista valiente e independiente nos cuenta alguna cosa. La mayoría de veces ni tan sólo se nos dan explicaciones geográficas, políticas, nada. Determinada izquierda sólo saca la gente a la calle cuando por el medio están los Estados Unidos, viví eso cuando  trabajaba en la escuela, en el tiempo de lo del Golfo, dibujitos de palomas y cosas peores. Costó mucho que se protestase de lo de Bosnia. No se puede protestar de todo y tampoco no sirve para nada, te dicen. Pero cuando conviene a intereses partidistas, se saca la gente a la calle, de motivos hay siempre.

Incluso la foto que cuelgo, procedente de una noticia periodística sobre esos últimos ahogados, es mentira, no corresponde a esos hechos sino a un rescate anterior. Así van las cosas, total, qué mas da? Calcular el tiempo que se dedica al futbol -a una parte del futbol, claro- y a otras necedades, en comparación con el resto de información a menudo tan mal contada que aburre a la mayoría de gente, es escandaloso. Eso sí, de vez en cuando nos advierten de qué nos ofrecerán imágenes crudas, muertos no respetados, manchas de sangre, cosas así. Pocas veces nos explican qué, cómo y por qué. Así nos va. No podemos arreglar tantas desgracias pero quizás sí exigir que nos informen bien y a fondo y boicotear tonterías televisivas diversas. Pan y circo, como siempre. Quizás precisamos de un porcentaje de circo para sobrevivir pero tampoco tanto, la verdad. Los telediarios deberían replantearse de arriba a abajo, menos mirarnos el ombligo político y que fútbol, cine y el resto se emitan en programas especializados o en canales específicos. Nuestras crisis y penalidades comparadas con otras toman una dimensión muy distinta, todo es relativo y quizás vale la pena que se nos repita eso de vez en cuando.

miércoles, 11 de marzo de 2015

ACTORES, PELÍCULAS, ZOOLOGÍA Y VALORES MUTABLES



Los veinte años de la muerte del actor y cantante Ovidi Montllor han propiciado diversos homenajes que me han hecho meditar en eso que quiso Jardiel Poncela que escribiesen en su tumba, que si quieres alabanzas te tienes que morir. 
Ovidi Montllor fue un artista inclasificable, en la canción pareció durante años un secundario de lujo hasta que adquirió vida propia. Cuando la mediocridad cultural oficial dejó de lado la Nova Cançó también eso que llamamos pueblo prefirió cantar habaneras y bailar la conga en la fiesta mayor antes que escuchar cantantes comprometidos no mayoritarios. 

Ovidi Montllor, que era un gran actor, encontró entonces algunas oportunidades en el cine español. Se dio a conocer sobretodo con esa terrible historia que es Furtivos, con la cual también y ya era hora se reconoció el valor de la gran Lola Gaos. 

Por desgracia la película ha sufrido condenas diversas derivadas del hecho de incluir la muerte de un perro que representa un lobo. Nuestra relación con los animales se encuentra hoy en un momento polémico y raro. Nos los comemos, en general, y los asesinamos en masa en los mataderos, pero el espectáculo relacionado con animales, aunque no comporte muerte ni maltrato directo, como ha sido el caso de los circos o incluso de los zoológicos, está muy mal considerado. Estos problemas no sólo afectaron a Furtivos sino a espectáculos teatrales como algunos del grupo Tavora. Admito que nuestra sensibilidad va cambiando, a veces mejora pero los problemas éticos nos sumen en contradicciones diversas. 

Cada cosa debería situarse en su momento y en su contexto. Me preguntaba a menudo porque no se recuperaba más a menudo Furtivos y creo que esa incomodidad ante la muerte del lobo es parte del olvido en el que cayó esta película que tantos premios tuvo en su momento. Montllor consiguió nuevos papeles interesantes, pero pocos de protagonista, por desgracia. En todo caso, ninguno tuvo el peso del de ese cazador dominado por una madre terrible y situado en aquel ambiente oscuro de la España rural y profunda.

Montllor incluso fue objeto de chanzas, se ironizaba sobre la visión habitual de su trasero en cintas algo subidas de tono y con ciertas pretensiones. Catalunya lo marginó bastante durante mucho tiempo, sobretodo en aquellos mediocres años ochenta, decepcionantes y en los cuales tantas cosas se perdieron, cosas que no hemos vuelto a recuperar nunca más. 

Montllor era un cantante-actor o un actor-cantante de un gran nivel, absolutamente comparable a Brel y a otros de extranjeros con mejor suerte. Cuando enfermó le llovieron homenajes y también ha tenido algunos de póstumos pero creo que siempre se le trata de forma parcial y oportunista. Estoy leyendo las impagables memorias de Fernando Fernán Gómez en las cuáles reflexiona sobre los actores de aquí y de allá y sobre el hecho de qué aquí nunca eres famoso del todo, aunque hayas tenido premios y admiradores por algún trabajo y que, en todo caso, pocas veces se tiene la economía asegurada.

Cómo es sabido el director de Furtivos fue José Luis Borau, al cual se conoce casi tan sólo por esta película cuando realizó otras muchas de interesantes, fue un personaje polifacético, también, a mi entender, valorado de forma parcial y reduccionista. Precisament ocupó, por poco tiempo pues murió en 2012, la silla vacante de Fernán Gómez en la Real Academia. 

Muchos de los grandes actores que vimos en Furtivos, incluido su director, que también intervenía como actor, han desaparecido, con la excepción de Alicia Sánchez, una actriz inmensa y me temo que no tan reconocida como debería a pesar de su gran categoría como actriz, directora y profesora. Montllor murió de forma prematura, con poco más de cincuenta años. Muchos de los que lo olvidaron durante años se ponen hoy medallas hablando de su trayectoria y valor artístico. Así es el mundo. 

Esto no es Francia, ni en lo bueno ni en lo malo. Pues he de reconocer que en el país vecino, en el campo cultural, se suma mucho más que se resta. Hablo de España pero también de Catalunya, TV3 que nació en los ochenta dejó de lado un montón de gente y de iniciativas culturales y políticas de los años efervescentes de la transición y el tardofranquismo. Montllor se quejaba en una ocasión de qué el equipo del canal había ido a hacer un reportaje sobre la filmación de Fuego eterno y que ni a él ni a la gran Montserrat Salvador, únicos catalanes del equipo y que actuaban en papeles secundarios, no les habían dado ni los buenos días.

Sobre los animales, ¿Es peor comerse un cerdo que un perro? ¿Si a los animales les tratamos de forma humana qué haremos con los carnívoros que se comen a los herbívoros?  Eso en estado natural, claro. En estado doméstico y esclavizado, aunque sea en una cárcel de oro, los animales de compañía consumen hoy productos de supermercado. Yuval Noah Harari incluye en su interesante historia de la humanidad diferentes apartados sobre el tema de nuestra relación con los animales desde que el hombre pasó de cazador y recolector a agricultor sedentario y todo empezó a estropearse y a religionizarse.¿Podemos matar a los animales que nos perjudican cómo ratas o mosquitos pero no a otros a los cuales hemos humanizado a nuestra manera, castraciones incluidas? ¿No es eso racismo zoológico? 

Por más que intentemos mostrar respeto por esos parientes nuestros, tan diversos y complicados, caemos en el paternalismo y opinamos sobre sus derechos y deberes desde un punto de vista absolutamente condicionado a nuestro orgullo humano y a nuestras manías personales. Cuanto menos se mata, más malo parece, decía Clark Gable a Marilyn Monroe en aquella película admirable y crepuscular, The Misfits, respecto a los caballos salvajes que había cazado durante años para, ay, elaborar productos cárnicos para perros.


viernes, 27 de febrero de 2015

LA CLASE DE RELIGIÓN


Cuando yo era pequeña  la educación religiosa era obligatoria. A pesar de su supuesto peso específico formaba parte de las inefables tres Marías, con la gimnasia y la música. Aunque nos dieron la lata con todo aquello a la mayoría nos marcó de forma muy relativa, hoy me considero agnóstica, casi atea, por considerarme alguna cosa. 

No acabo de entender tanta polémica con esos rancios contenidos en una materia que hoy es optativa. Con no apuntar al niño a la materia, ya está el problema resuelto. La batalla de la escuela laica está perdida desde hace años, nunca no se consiguió que esos contenidos quedasen fuera de la enseñanza obligatoria, en el ámbito de lo privado, cedidos a parroquias o centros diversos expertos en el tema.

Según mi experiencia, limitada y subjetiva, en muchas escuelas en las cuales trabajé se ofertaba la religión por imperativo legal. Los profesores y profesoras de religión, al menos en primaria, acostumbraban a dar unas enseñanzas bastante sutiles, una especie de religión que no lo pareciese demasiado. Vinieron alumnos de otras religiones y la cosa se complicó, claro. 

Tal parece que esos nuevos contenidos sean obligatorios para todo el mundo. Que una materia sea evaluable no me parece mal, si es que se da en la escuela. Que me gusten o no esos nuevos contenidos es cosa mía y yo no soy quién para opinar, las religiones son así, doctrinarias, dogmáticas. Las monoteístas, más. No entiendo tanto alboroto.

La última profesora de religión que conocí, con la cual todavía tengo una buena amistad, siempre se tenía que escuchar en el cole comentarios poco amables de compañeros progres, contra ti no tenemos nada pero estamos contra la religión en la escuela. Bueno, pues no era a ella a quién incumbía el tema, eran los sindicatos educativos los que debieron insistir en la necesidad de dar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

Incluso muchas escuelas concertadas religiosas y modernas han dejado la religión en el ámbito de lo optativo, en estos últimos años. Vivir para ver. Claro que también pesa la necesidad de llenar aulas y tener una buena matrícula. Creo que tanta polémica sobre esos contenidos que, al fin y al cabo, nadie necesita aprender si no quiere o si no quieren sus papis, ha servido de cortina de humo para tantas cosas más graves como nos rodean en estos últimos tiempos.

Me sorprende que tanto periodista agnóstico opine sobre si se debe o no rezar, la verdad. Pero como hoy todos los tertulianos opinan de todo y más, nada sorprende. Antes se decía de un niño muy ignorante que no sabía ni el padrenuestro. Hoy, saber el padrenuestro parece malísimo. 

Un tema recurrente es decir que si no se tiene cultura religiosa no se entiende la historia, el arte. Creo que para entender un montón de cosas hay que tener una cierta madurez y que si se tiene una cierta madurez se puede encontrar la información que nos falta, con tantos recursos como tenemos en el presente. Recuerdo que cuando estudiaba Bachillerato nocturno una muy buena profesora de latín nos pasó unos apuntes fotocopiados sobre los dioses clásicos, precisamente porque no teníamos ni idea de ellos. Nada sabíamos de otras religiones más que cuatro tópicos y los que hemos querido nos hemos informado. Una maestra de buen corazón pero muy jovencita y adoctrinada nos contó una vez barbaridades de los masones pero pronto supe que aquello era leyenda negra.

La escuela y sus contenidos es un campo absolutamente manipulable. Los poderes lo saben y se aprovechan aunque me temo que sobrevaloran su influencia. Si tuviese tanto peso la enseñanza obligatoria todos los mayores seríamos hoy franquistas y católicos convencidos y ya se ve que no es así, aunque haberlos haylos pero no sé si por culpa de la enseñanza obligatoria, la verdad.  Me temo que cuanto más se quiere adoctrinar peores resultados se generan y más rebeldes surgen por todas partes. En todo caso si los contenidos no parecen bien a las familias católicas que quieren que sus hijos e hijas cursen religión en la escuela el problema es de esas mismas familias que quizás no han entendido que la escuela, al menos la primaria, debería limitarse a enseñar a leer, escribir y contar, que ya es mucho si se hace bien. Siempre se es una víctima de quiénes mandan e imponen pero cuando eres un crío, más víctima todavía, incluso de los tuyos, quiénes con buena fe, como canta Serrat, te cargan con sus dioses, con su idioma, con su patria, con sus banderas, con sus manifestaciones, con sus ideologías y con sus manías persecutorias. Y es que al nacer ni te dejan escoger padres ni patria ni lengua ni nada de nada. Pero después, ay, pareces un traidor si no comulgas con ruedas de molino y no repites aquello de qué quién pierde los orígenes pierde nosequé identidad que te ha tocado por pura casualidad.

viernes, 30 de enero de 2015

REFLEXIONES SENTIMENTALES SOBRE EL TEATRO Y OTRAS COSAS


Cuando yo era pequeña a veces en casa comentaban la muerte de alguien popular, en aquella época toda la información nos llegaba por la radio o por la prensa. A mi, la mayoría de aquellos nombres me decían poca cosa, la gente mayor de nuestra infancia parecía que siempre había sido mayor. Ahora resulta que está desfilando ya hacia el misterio de la nada toda una generación que me ha acompañado toda la vida, esa que tenía diez, quince o veinte años más que yo. Y no me refiero tanto a parientes, amigos, conocidos del entorno de nuestra vida cotidiana sino personajes populares que eran jóvenes, hermosos y admirados cuando éramos niños, que no nos conocieron aunque nosotros los hayamos conocido y reconocido y que forman parte de nuestro imaginario sentimental.

En mi infancia escuché muchos lamentos a causa de la supuesta muerte del teatro. Un gran número de teatros se habían reconvertido en cines, el cine sonoro y popular acabó con un paisaje antiguo, el del teatro como único lugar de ocio. En eso del teatro se pueden incluir muchas cosas, desde salas de categoría hasta ínfimos locales baratos y, también, sociedades donde los aficionados actuaban en cada día festivo. Zarzuela, comedia, drama, opereta, revista, mimo. 

Hubo de todo, bueno y malo. Y grandes actores y actrices y autores que merecieron monumentos, nombres de calles. Hace unos días, en mi otro blog en catalán, recordé a Teodoro Bonaplata, tiene una calle dedicada en mi barrio. En el teatro Victoria del Paralelo se ha repuesto la versión catalana y musical de Mar i Cel pero Bonaplata fue su primer protagonista, un inmenso Said,  y su buen hacer se comparó al de otros grandes actores franceses, italianos. Muchos de aquellos actores y actrices después de trabajar mucho se vieron casi en la miseria, en aquella época todo era más difícil. A menudo habían hecho largos viajes en barco, para ir a actuar a la América hispana, algunos incluso murieron en naufragios, como el gran Robreño, que falleció de sed en un islote olvidado.

Llegó la televisión y el teatro pareció revitalizarse. Los actores de la televisión se convirtieron en muy populares, eran buenos, muy buenos, un gran reclamo para las carteleras. Y se volvieron a reconvertir en cines algunos teatros y se abrieron incluso de nuevos, como el Moratín, en Barcelona, dónde vi a Amparo Baro, Terele Pávez y Carlos Ballesteros en una obra que ha envejecido mal, La casa de las Chivas, de Jaime Salom. En aquel momento impactó, se consideró una obra subida de tono y tocó un tema tabú, la guerra civil, aunque sin que se pusiera en duda quiénes eran los buenos y envuelta en un tono de redención santificada muy del gusto de la época.  También se hizo en cine aunque ya no tuvo el mismo empuje que en el teatro. La televisión nos ofrecía muy buen teatro, también en catalán, en unas incipientes emisiones en aquello que se llamó lengua vernácula ya que estábamos todavía en tiempos de eufemismos oportunistas y posibilistas.

Aquella tele también pasó a la historia. Olvidamos a algunos actores que siguieron trabajando en lo que podían. Las series americanas llenaron nuestras pantallitas de nuevos sueños y de nuevos héroes. De pronto volvieron nuevas series de televisión españolas, catalanas, el género se había casi olvidado pero se renovó y los viejos actores tuvieron nuevas oportunidades. Lo mismo pasó en otros países. Muchos actores del cine se adaptaron a la televisión y a lo que fuese. 

Amparo Baró tuvo suerte y volvió a ser un rostro popular, su apariencia apenas había cambiado, tampoco su voz. Volvimos a ver a Gema Cuervo, a Emma Penella. Incluso Tony Leblanc resucitó e incluso mejoró de salud gracias a la ilusión de volver a trabajar en lo suyo. Estas circunstancias han hecho que al desaparecer algunos de ellos no fuesen ya unos grandes olvidados y que la gente joven los conociese. No todos los de antes han tenido la misma suerte. Todos los trabajos tienen sus condicionantes pero me temo que el de actor o actriz tiene un componente añadido, el glamour, la fama efímera, nada es justo y no siempre triunfan los mejores. En todo cuenta la oportunidad, la casualidad, el azar. Fernando Fernán Gómez decía en una ocasión que los actores tenían, todos, vocación de triunfadores y que eso causaba mucha frustración. Pero eso mismo se podría decir de los escritores, de los pintores, de los cantantes, de los cocineros o los peluqueros. 

Todo pasa muy deprisa. Hoy el teatro también juega con la fama de las personas que salen en las series de televisión, hay muchos buenos actores jóvenes, ya no podemos ver buen teatro por la tele y las  series convencionales a veces se alargan demasiado aunque también eso creo que está cambiando. Todo cambia, se renueva, vuelve, resucita, nada vuelve a ser igual pero todo puede ser parecido, como pasa con las modas en el vestir. 

Ahora hay quién llora por los cines cerrados, esos cines que tan criticados fueron en mi infancia pues siempre parece que en el pasado había más calidad, cuando la verdad es que había de todo aunque a menudo sólo recordemos lo bueno. Con la desaparición de esos personajes se va también un poquito de nuestra propia vida, de nuestra historia íntima y sentimental, morimos a cachitos, sin darnos cuenta, a través de la muerte de los demás, por eso dicen que la gente longeva, que llega a ser centenaria, se siente muy sola y fuera de lugar, a pesar de la suerte, relativa, de haber vivido tanto.



viernes, 23 de enero de 2015

EL BAILE DE LOS RECUERDOS, ALBERTO CASTILLO Y EL CINE DE BARRIO


Ayer, en mi blog en catalán, mencionaba una película argentina, poco recordada, basada en la novela La bestia humana, de Zola. Cuando yo era pequeña se iba de forma regular a los cines de barrio y la oferta era muy variada, llegaba cine mejicano y también argentino con cierta regularidad. No sé el motivo pero a veces te quedan grabadas escenas concretas que un día cualquiera parecen salir de forma misteriosa de tu archivo mental secreto. 

Gracias a internet he comprobado que uno de esos extraños recuerdos fuera de contexto pertenecía a una escena, creo que la final, de Ritmo, amor y picardía. A mi madre creo que le gustó bastante esa película y a veces, en aquel entonces, entonaba la canción de esa escena final.
Hace ya también algunos años un día mi hija me escuchó entonar eso de siga el baile, siga el baile, y se quedó sorprendida pues sabía que yo no había visto la película, entonces en cartel, Luna de Avellaneda, donde la tocaban y le dije que recordaba la canción de alguna película antigua. 
Es una suerte que gracias a internet podamos recuperar historias olvidadas y personajes que fueron tan sólo una lucecita en nuestro pasado. El protagonista de la película que he mencionado era Alberto Castillo, argentino. Castillo se llamaba en realidad Alberto Savador de Luca, era hijo de emigrantes italianos. Estudió medicina, era ginecólogo, pero se dedicó a su vocación artística toda su vida. Se dice incluso que estudió la carrera para que le permitieran casarse con su chica, ya que al futuro suegro no le hacía gracia eso de la música ligera. Eso sí que es amor.
Castillo fue toda una figura en Argentina durante décadas, interpretó muchos tipos de música e hizo unas cuantas películas. Como médico actuó en una ocasión de forma fortuita para ayudar a unos futbolistas que tenían una insolación. En Luna de Avellaneda se adapta la anécdota y Castillo, interpretado en la película por el cantante uruguayo Jaime Roos, ayuda en un parto urgente e imprevisto que se presenta mientras canta, por cierto, eso de siga el baile.
Alberto Castillo murió en el año 2002, a los ochenta y siete años. Aunque se retiro bastantes años antes, de vez en cuando participaba en actuaciones con conjuntos diversos, como invitado. Por aquí me temo que es poco conocido y también me temo que pocas de sus otras películas llegaron hasta nuestros cines. Ritmo, amor y picardía tuvo bastante éxito, parece que era divertida y brillante. 
Se han hecho muchas versiones de ese alegre tema, que me encanta. Me evoca una infancia perdida y luminosa, a pesar de todo, en la cual el cine fue muy importante y durante la cual también leíamos a menudo revistas argentinas, que se cambiaban lo mismo que las novelas baratas, sobre todo el Para ti.  Eran ya atrasadas cuando nos llegaban però las revistas de entonces no eran como las de ahora, pura tontería y actualidad, sinó que incluían mucha literatura, novelitas cortas, a menudo de autores importantes, recetas de cocina, poesías, artículos de divulgación.  Las cubiertas mostraban chicas muy guapas, eran de un gran dibujante, Raúl Manteola. Todavía a veces veo algunas en los encantes del domingo, en Sant Antoni. Para ti todavía se publica, después de más de noventa años, aunque hoy es una revista muy distinta, claro.
Argentina estuvo de moda en España durante años, de allí nos llegaba carne y alguna cosa más, en tiempos de injusto bloqueo a causa de la dictadura franquista que, por cierto, nos obligaron a conservar las potencias europeas que nos bloqueaban. La visita de Eva Perón fue todo un acontecimiento y su muerte, muy llorada. También hablaba mi madre a menudo de una tía que emigró allí con dos hijos, después de la guerra civil, y que tenía allí otros hermanos. Le perdimos la pista y hace unos años, también gracias a internet, contacté con algunas de sus nietas, lástima que mi madre ya no estuvo a tiempo de saberlo.