lunes, 28 de septiembre de 2009

Puñetazos de otro tiempo

Ha llegado a Barcelona, al Teatro Romea, mi teatro preferido, el montaje que el grupo Animalario ha hecho sobre el boxeador Urtain. Tengo unos gustos bastante conservadores sobre teatro, la verdad. Actualmente, imagino que en relación con una cierta cultura de la impaciencia y el záping, se representan muchos montajes sin actos delimitados, con música estridente, en que los actores bailan, saltan, entran y salen con gran rapidez. Sin embargo, este montaje me ha impresionado, está muy bien interpretado, sobre todo por el protagonista que ofrece una imagen realista y patética del boxeador. Según mi opinión personal y subjectiva sobran algunos chistes fáciles, de estos que también hoy proliferan en teatro y cine, que buscan complicidades algo simplistas, y también un exceso de banda sonora raphaelista. Pero eso no es nada, si se contempla de modo global la realización.

Creo que jóvenes y viejo contemplaremos de forma muy diferente este montaje. Para los jóvenes, actores incluídos, puede que sea una especie de metáfora sobre un pasado rancio, ligado a un presente bastante desencantador. Para la gente más mayor es también un viaje sentimental a toda una época. Urtain entró en nuestras casas a través de la televisión, de la radio. La gente mayor de cuando yo era joven lo aceptó con entusiasmo al principio, les recordaba épocas de glorias boxeadoras pasadas. Después, convertido en un payaso, también la televisión se reía de él. Súmmers realizó un documental, en su época de fama, con el título emblemático de Urtain, rey de la selva.

No me ha gustado nunca el mundo del boxeo. Las películas sobre boxeadores me han deprimido desde pequeña, tanto las que tenían un final feliz como las que nos mostraban un mundo sórdido, cruel. Sin embargo, durante mi infancia y mi juventud había una gran afición a este deporte. Los carteles que anunciaban los combates del Price eran habituales por las calles y existía un público constante y fiel que quizá utilizaba también esos espectáculos como catarsis personal, en un tiempo en el cual la vida era mucho más dura que ahora y los golpes estaban bastante normalizados, incluso en las escuelas y en las familias.

Me ha sorprendido saber que abuelitos pacíficos de mis tiempos habían practicado ese deporte en su juventud, como aficionados. No todos los boxeadores acabaron mal, a veces es fácil caer en el tópico del triunfador castigado, del inocente traicionado, del ser vulnerable corrompido por la sociedad. La vida de Urtain tiene otro componente inquietante, individual: la capacidad de autodestrucción humana, la dificultad para coger las riendas de la propia vida en momentos críticos. Cierto que muchos amigos le abandonaron pero tenía familia y esta lo apoyó mientras se dejó.

Hace años había una cultura de la fuerza bruta, ligada a formas de vida rurales, militares, machistas al máximo. El paradigma tópico eran los levantadores de piedras o cortadores de troncos, todavía con éxito en lugares como el país basco, pero competiciones a lo bruto las ha habido en todas partes. Parece que, en apariencia, hemos cambiado. Al menos en ciertos ambientes ha cambiado la sensibilidad. Sin embargo...

Urtain se suicidó el año de las olimpiadas de Barcelona. La obra utiliza la fecha como símbolo, como una especie de muestra de los cambios sociales. Pero el deporte competitivo sigue siendo duro, brutal, como lo muestran los casos de dopaje. Se pagan sueldos absurdamente elevados a gente joven y vulnerable, en los grandes clubs de fútbol. Todo eso de los récords y las medallas olímpicas me parece un absurdo, acaso no son igual de buenos los diez o veinte primeros? En el campo del ciclismo ha habido casos dramáticos de suicidios y finales trágicos, pero las competiciones siguen siendo duras, muy duras. El final de la obra, que muestra el ambiente y carácter del padre del boxeador, es terrible. Pero en competiciones deportivas escolares se ha tenido que llamar la atención a veces a algunos padres por su comportamiento histérico y exigente, violento incluso.

No sé si Urtain refleja exactamente una época. Esa época fue también poliédrica, diversa. Nuestro tiempo no son sólo los grotescos personajes televisivos que nos ofrecen imágenes patéticas por televisión, claro. Ni los ridículos políticos ni los escándalos financieros, o las estafas realizadas por personajes tan emblemáticos como el señor Millet. El montaje de Animalario tiene mucho de esperpento hispánico, entristece e inquieta, porque habla de nuestro país, pero también de los seres humanos y su extrema vulnerabilidad. De nosotros. Y de nosotras.

martes, 8 de septiembre de 2009

Viajes cercanos




Cuando era joven tenía ganas de ver todo el mundo, creía que me quedaría pequeño, pero en aquella época era muy difícil alejarse demasiado. Con el tiempo moderé mis ansias viajeras. Hace años, muchos, cuando se viajaba poco o nada, al pueblo de los abuelos o a algún santuario cercano, y la gente empezaba a poder ir por esos mundos en coche propio comprado a plazos, recuerdo que más de un adulto pensaba que primero se debía conocer bien Catalunya, después, España, y más adelante, si se podía, el extranjero, empezando por Francia.

Hoy la mentalidad ha cambiado y muchas personas prefieren ir lejos, de entrada; piensan que ya llegará el momento de quedarse más cerca cuando envejezcan. Los jóvenes pueden moverse con facilidad por el mundo, estudiar en lugares distintos, hacer amigos en todas partes. No sé por qué, pero hacía tiempo que tenía ganas de conocer Segovia, quizá porque la imagen de esa ciudad había quedado ligada a aquellos libros antiguos ilustrados con bellezas de España, que nos mostraban el Acueducto y el Alcázar.

He ido al fin, unos días a Segovia pasando por Calatayud, la de la Dolores, mítico personaje que dio a conocer un catalán, Feliu i Codina, quien, al escuchar el cantar de un ciego sobre una historia, parece que real, escribió una obra de teatro que más adelante el gran Tomás Bretón, que quería conseguir un género operístico hispànico, convirtió en ópera. De la Dolores se han hecho muchas películas. Y parodias en broma, también. La Dolores aragonesa no ha conseguido tanta fama como la Carmen andaluza, nacida según el francés Merimé por el país vasco, cosas de la multiculturalidad.

Hoy el mundo se ha hecho pequeño. Mis padres, de mayores, hicieron también algún viajecito organizado, como tanta gente. Mi mamá se encontró en una ocasión a la madre de una amiga mía y tuvieron el siguiente diálogo:
-¿Qué tal el verano?
-Muy bien -dijo mi madre- hemos estado en Segovia...
-Uy -replicó la otra señora-, nosotros hemos estado en Tailandia!!!!

Hoy se viaja mucho y se fotografía demasiado. Todo parece igual pero todo, también, es muy distinto. Las ciudades reales de hoy son las de los barrios nuevos, las de las universidades y los supermercados. Sin embargo en sus cascos antiguos, con todo el peso de las tiendas de souvenirs y de los turistas habituales, se percibe también el alma del pasado, algo inexplicable que nos hace a todos muy parecidos vistos en perspectiva. Buscamos la diferencia, la singularidad, y acabamos por tropezar con ese razonable parecido que nos transforma en personajes de postal antigua, a lo largo del tiempo.

domingo, 23 de agosto de 2009

Las puentes ya no existen




Durante el franquismo, con la idea de España que quienes mandaban tenían, se extendió un regionalismo folklórico muy particular, fomentado por cosas como los coros y danzas de España. Sin embargo, a pesar de los pesares, creo que todo aquello, en la escuela, tenía algún punto positivo, aunque hoy no se puede decir tal cosa sin peligro de lapidación ideológica. Cuando aprendíamos solfeo, en el antiguo bachillerato, se pasaban unos libros de música con canciones regionales de toda España y eran frecuentes las colecciones de cromos o fascículos que hablaban de cada región hispánica. En los tiempos de la transición salieron incluso algunos libros de lectura con textos en las diferentes lenguas que se hablan en España, con traducción al castellano al lado.

Aunque ese espíritu nacional se ha relacionado con el franquismo era anterior. El cuarto centenario del descubrimiento de América propició en Barcelona el monumento a Colón y durante la Exposición tuvo mucho éxito el Pueblo Español de Montjuïc, todavía en activo, y fomentado por arquitectos de catalanidad evidente.

En la historia existen períodos unificadores i períodos diversificadores. Hoy estamos en un mundo donde se alaba la diversidad, aunque todo esté globalizado y casi, casi, nos hablemos en inglés incluso en nuestro pueblo. Son contradicciones humanas. Siempre nos movemos entre la necesidad de pertenecer al grupo y las ansias de singularidad y diferencia, incluso individual.

Sin embargo las antiguas regiones, hoy comunidades, se conocen poco entre ellas, más allá de cuatro tópicos. No hay un intercambio activo de escolares entre comunidades, se hacen cosas, pero de forma puntual y gracias a iniciativas particulares de educadores esforzados. Tantas cosas como se piden a la escuela y en cambio no se ha fomentado la lectura de libros escolares que hablen de las diferentes comunidades en profundidad, de sus leyendas y culturas ni tampoco de las regiones históricas y de sus lenguas y de la riqueza que representa todo ello. La historia local y general, en la enseñanza obligatoria, da un poco de pena. Tanto a nivel peninsular como europeo o universal continuamos con las generalizaciones y los tópicos y los malentendidos, como puede verse leyendo la prensa o escuchando la tele. Resultado: cada vez más mal rollo, más reticencias y más ignorancia, fomentada cuando hace falta por los poderes políticos vigentes y los medios de comunicación pagados o subvencionados por ellos, aunque, me consta, hay gente excelente en todas partes, interesada por esa riqueza cultural y capaz de entender, como decía una canción que popularizó La Trinca en sus buenos tiempos con letra de Picas, que la terra no es partida, com un mapa mal pintat i que això és una mentida de molt mala voluntat.

El caso es que en mi infancia conocíamos refranes y canciones de muchos lugares de España a los cuales no habíamos ido nunca, porque entonces no se viajaba si no era a tu pueblo por vacaciones. Recuerdo que aprendí aquello de Ourense, tan típico: tres cosas hay en Orense, que no las hay en España, el Santo Cristo, la Puente y la Burga hirviendo el agua. Recuerdo que decíamos 'la puente' y que las maestras nos decían que puente era de esas palabras como mar o color que admitían los dos géneros. Sin embargo quizá ahora no sea así, por internet he encontrado la frase con el puente, cosa que, a mi entender, quita musicalidad y ritmo a la copla popular. Hace unos días, leí una entrevista a un científico estudioso del lenguaje, alemán, que teorizaba sobre el hecho de como el lenguaje condiciona nuestra visión del mundo y, concretamente, hablaba de los puentes, que en castellano son masculinos y en alemán femeninos y que por eso en una lengua se les atribuyen características literarias de fuerza y solidez y en la otra de ligereza y belleza estética. Seguro que el señor ignoraba que en castellano había habido, ay, bellas puentes...

Esas frases y coplas hablando de las bellezas locales son muy frecuentes en el folklore, en general. Me gustaba mucho también aquello de viva León porque tiene lo que no tiene Madrid, una catedral bonita y un hospicio con jardín. Esas evocaciones de ciudades que no conocía potenciaban mi imaginación. Incluso una publicidad radiofónica de Aspirina Bayer recurrió a ese tipo de canciones para promocionar su producto y en el periódico anunciaba también el analgésico con dibujos de parejas con trajes regionales. Era frecuente coleccionar muñecas con trajes de cada región, hoy parece incluso una horterada eso de los trajes regionales. En Catalunya se lucía poco el traje regional hasta que empezaron a venir andaluces y en las fiestas, sin complejos, ponían a las niñas el vestido de volantes. En las fiestas mayores se suelen elegir pubillas bien vestidas, con el traje típico, que siempre es, también, una simplificación, puesto que cada pueblo tiene a menudo, en su tradición, diversas variantes, pero, en general, nadie se pone el vestido de pubilla para ir a pasear por la Rambla. Pero, en general, todo eso parece de otra época, aunque siempre hay jóvenes esforzados que recuperan estas cosas, El tema de la diversidad ha hecho que cada comunidad potencie, a su modo, características particulares, en algunas ocasiones reinventadas o recuperadas de quién sabe dónde.

Lo que pasa es que esa diversidad también es unificadora. En Catalunya, el monopolio de la sardana, que se instauró como una especie de danza nacional cuando era un baile, sobre todo, de l'Empordà, acabó con otras muchas danzas típicas que pasaron a ser patrimonio de grupos de danza, como los esbarts. En la Catalunya del sur, donde estoy ahora, tan cercana a ese Aragón donde se habla catalán, se está recuperando, sin complejos, la jota del país. En esos territorios fronterizos es donde se percibe con más intensidad lo absurdo de las fronteras, sin embargo las divisiones acaban por imprimir carácter, a lo largo del tiempo. Absurda y poco clara es también la diferencia entre lengua y dialecto, sobre todo cuando al dialecto se le considera inferior a esa lengua oficial inexistente en la realidad, cada día más empobrecida y comprimida en manuales. La lengua catalana de estas Terres de l'Ebre es muy distinta de la ortodoxa y normativa, las normativas y las gramáticas son útiles pero no deben hacernos olvidar que son, en el fondo, una arbitrariedad necesaria pero artificial. Los buenos escritores son capaces de recrear el lenguaje popular y darle categoría y brillo, pero los escritores cada día son más iguales entre sí, me parece.

La gente suele reirse de las formas de hablar que no le suenan. Se ha ridiculizado al payés, al campesino, durante años. Por televisión eran frecuentes los chistes sobre el paleto, que venía del pueblo con su cayado y su boina. Hoy resulta también simpático reirse de la gente de ciudad, de los de Can Fanga, por ejemplo. Los andaluces y los gallegos que salían en las obras de teatro eran los graciosos, es difícil abandonar el tópico o recurrir a él, tampoco vamos a ser dogmáticos, tan sólo en ocasiones de diversión, entre amigos, siendo conscientes de sus limitaciones y condicionantes.





viernes, 14 de agosto de 2009

Albañiles y turistas de antaño


Ayer invité a mi hijo a ver la película La piel quemada. He hablado en mis otros blogs de esta interesante reposición, en el cine Alexandra de Barcelona, un cine que está intentado ofrecer buen cine en diversos horarios y con propuestas interesantes, como son las de ampliar la actividad cinéfila con un almuerzo o cena.

La piel quemada
es una película del año 1967, dirigida por Josep Maria Forn, que se ha pasado alguna vez por televisión. Cada vez que la veo percibo nuevos valores en ella, más todavía en la actualidad, cuando la nueva immigración globalizada nos enfrenta con problemas que parece que habíamos superado.

La película tiene además, ahora, un valor documental. Nos enseña el Lloret de Mar de la época, con aquel primer turismo y el choque cultural que representó, los sistemas de trabajo y pago de salarios de entonces, la situación de pobreza que se vivía en muchas zonas rurales de España, el peso de la moral religiosa, las reticencias de la sociedad catalana ante la llegada masiva de población con otras costumbres y otra manera de comportarse y relacionarse...

Tenemos poca memoria, parece que no nos gusta recordar el tiempo en qué fuímos pobres o en qué mirábamos a los más pobres que nosotros con reservas evidentes. La piel quemada narra, en paralelo, la situación de un albañil que espera la llegada de su familia desde Andalucía (en aquellos trenes borregueros de la época) y el viaje de esa familia, esposa, hermano y dos niños pequeños, perdidos en un mundo que no conocen, entre la ilusión por mejorar su situación, el miedo al cambio y la nostalgia de lo que queda atrás.

Lástima que la copia esté algo gastada y que el sonido sea un poco deficiente. Suele pasar con las buenas películas olvidadas que se recuperan de nuevo y que no forman parte de los circuitos habituales. Sin embargo, La piel quemada sigue siendo una inmensa película, que debería ser imprescindible para los jóvenes de hoy, que no la conocen. La pareja protagonista estaba interpretada por Antonio Iranzo, excelente actor valenciano que nos dejó en el 2003, y Marta May, gran actriz, esposa del director, con una mirada que dice mucho más de lo que se cuenta. Ambos tuvieron premios merecidos por su trabajo. Sin embargo hoy son, también, actores poco recordados. Somos un país bastante desagradecido.

La piel quemada tuvo problemas de censura por introducir algunas inocentes frases en catalán y un minidestape turístico, cosas de la época. En la película hay cameos de personajes com Salvador Escamilla o Jaume Picas, tan importantes en su tiempo para la recuperación de la cultura catalana.

He oído contar que existe una sola copia de la película y que por eso se proyecta, de momento, en un solo cine. Si eso es cierto, es una lástima. Espero que se pueda ver pronto 'más allá de Barcelona' o, por lo menos, en televisión, de nuevo. Con Surcos, de principios de los cincuenta, es de las mejores que se han realizado sobre la inmigración desde el campo a las zonas urbanas. Gracias a esta película y al libro de Candel Els altres catalans los autóctonos -hijos de inmigrantes más antiguos, en realidad- empezamos a contemplar a los recién llegados con una mirada muy distinta.

lunes, 20 de julio de 2009

Veranos y músicas


El verano siempre me ha provocado un sabor agridulce. De pequeña viví muy mal eso de no tener pueblo, ya que muchas compañeras de escuela iban de vacaciones a pueblos lejanos, en abarrotados trenes o en coches de línea baratos, eran generalmente los pueblos donde vivían todavía sus abuelos. La ciudad, con menos turismo que ahora, quedaba solitaria y aburridísima. En alguna ocasión íbamos unos días a visitar a algun pariente y poca cosa más. Y algún domingo por la tarde, a la Barceloneta, en tranvía jardinera a los baños, como decían entonces. Recuerdo que en una ocasión, en la escuela, hace muchos años, un alumno de diez o once años me preguntó de dónde era yo.
-De Barcelona -le contesté.
-¿Y tu marido? -insistió.
-De cerca de Barcelona...
-Pues... ¿a dónde vas de vacaciones, en verano? -exclamó, sorprendido.

Hoy casi todo el mundo veranea, poco o mucho. Hay además un gran número de actividades de colonias o centros diversos para niños y niñas, piscinas, mejores playas y las posibilidades econòmicas han aumentado mucho pero, durante años, un recurso habitual era irse al pueblo de vacaciones. Es lo que hacen hoy, aunque les cueste un esfuerzo, muchos magrebís. Hay quien ha establecido con el pueblo familiar lazos sólidos y allí reencuentra amigos en verano y continua con el viaje tradicional de su infancia, pero también hay quien quedó harto de pueblo y no quiere verlo más ni en pintura.

El verano tiene una cara alegre, pero también una cara nostàlgica. Se paran las actividades habituales, los amigos se van aquí y allá, todo cambia, el calor molesta y según a dónde vas a parar te encuentras con un número excesivo de gente veraneando. El verano va ligado también a su música propia, hortera y pachanguera, entrañable. Hay un tipo de canción del verano romántica, nostálgica y evocadora, con canciones como La mer, Sapore di sale o La plage, que suelen hablar de amores de playa efímeros y algo tristes. Y después existen las canciones de juerga y fiesta, como el repertorio emblemático del gran Georgie Dann, cantante que ha ido reinventado sus looks y que ha envejecido sin perder su aparente inocencia, su aspecto juvenil, algo amojamado, y su eterna sonrisa. Georgie Dann ha sido parodiado, imitado, ridiculizado pero supongo que le da lo mismo o que incluso le halaga el hecho de ser ya eso que llaman un icono. Hace poco, buscando por el inefable youtube de nuestros tiempos me he encontrado con un espacio televisivo donde se burlaban del reciente pacto de finaciación catalán, entrevistando a un supuesto Georgie Dann con pelucón, unos gags malísimos. No me molesta ningún tipo de humor si es inteligente, aunque se metan con mis esencias más profundas y sagradas, pero cuando se hacen chistes malos siento una gran tentación de fusilar a los responsables. El humor es difícil y quema pronto a los que lo practican profesionalmente, ya mi abuelo decía que era mucho más fácil en teatro hacer llorar que hacer reir.

Con todos sus defectos, la musiquilla georgiedanera me trae recuerdos muy precisos de mi vida. Quizá no recuerde qué hacía mientras el hombre llegaba a la Luna o cuando asesinaron a Kennedy, pero sí que recuerdo instantes maravillosos con mi bebé en brazós, bailando en una noche de cámping, mami que será lo que quiere el negro... O sueños adolescentes al ritmo del pijama. O verbenas inefables y románticas con el bimbó de por medio. Y un festival magnífico de la escuela, con un grupo de niños y niñas que nos ofrecieron una coreografía impresionante de la macumba. Y a mis hijos, adolescentes, bromeando, disfrazados, bailando el chiringuito o la barbacoa.

Quisiera que mis referentes culturales fuesen más cultos y selectos, pero son los que son. Esas canciones del verano común nos hermanan y acercan mucho más que cualquier arenga política compartida. Letras que todo el mundo sabe y corea, en instantes alegres que no volverán, en noches de veranos de ayer y de hoy. Así es la vida.


sábado, 11 de julio de 2009

Carles Riba, cincuenta años después



A través de un blog amigo he sabido que mañana, domingo, doce de julio, se cumplirán cincuenta años de la muerte de Carles Riba. También en aquel lejano 1959 el día doce de julio era un domingo. Riba fue un gran intelectual, profesor, traductor de los clásicos, poeta, y figura aglutinadora en tiempos difíciles para la lengua y la cultura catalanas. Fue de los últimos en marchar al exilio, lo hizo con Machado, por cierto. Regresó de los primeros, en 1943 y aunque no puedo volver a dar clases se volcó en la traducción, gracias a mecenazgos y ayudas diversa

Acogió durante la primera postguerra a un núcleo importante de intelectuales que se reunían en su casa. Fue respetado por personas de diversa ideología, por su sabiduría y erudición. Dionisio Ridruejo lo invitó al congreso de poesía de Segovia, un hecho importantísimo en aquella época gris y difícil. Las relaciones con intelectuales castellanos fueron, gracias a Riba, significativas y enriquecedoras.

Casado con una poetisa, Clementina Arderiu, la casa familiar fue una universidad alternativa para muchos jóvenes. Se ha criticado su poesía por la excesiva elaboración, pero lo cierto es que tiene poemas espléndidos. Escribió también para niños y sus traducciones de los clásicos resultan aún hoy insuperables, conocía muchas lenguas antiguas y su sabiduría era inmensa.

Cierto que aquellas iniciativas debían protegerse bajo una pátina clerical ilustrada, cierto también que el mundo universitario era muy minoritario y que aquella cultura clandestina tenía mucho de burgués. Pero también es cierto que no podía ser de otro modo y que gracias al esfuerzo de personas como Riba el franquismo no fue el páramo cultural que muchos jóvenes de hoy imaginan. Sorprende comprobar las muchas inciativas culturales, revistas y actividades que, de forma discreta, consiguieron enlazar el pasado y el futuro. Con mucha más libertad y muchos más medios hoy se hace mucho menos, me parece. Recuerdo haber oído hablar de ese tema al gran Buero Vallejo, que después de haber estado condenado a muerte y preso, consiguió desarrollar una carrera profesional de gran brillantez en aquellos años difíciles y que decía que no defendía la censura, pero sí al intelectual, al escritor, que con inteligencia y esfuerzo intentaba deshacerse del lastre de la cultura oficial.

Creo que vale la pena recordar figuras como Riba, hoy poco conocidas, en general. La cultura clásica, base de la educación de Riba y de otros grandes intelectuales se encuentra hoy en declive, por desgracia, aunque, quien sabe, quizá en cualquier momento la juventud redescubra el valor de aquella herencia inmensa y necesaria.



Carles Riba contó con buenas traducciones al castellano de muchos de sus poemas, un ejemplo:


ELEGIA SEGONA

Súnion! T'evocaré de lluny amb un crit d'alegria,
tu i el teu sol lleial, rei de la mar i del vent:
pel teu record, que em dreça, feliç de sal exaltada,
amb el teu marbre absolut, noble i antic jo com ell.
Temple mutilat, desdenyós de les altres columnes
que en el fons del teu salt, sota l'onada rient,
dormen l'eternitat! Tu vetlles, blanc a l'altura,
pel mariner, que per tu veu ben girat el seu rumb;
per l'embriac del teu nom, que a través de la nua garriga
ve a cercar-te, extrem com la certesa dels déus;
per l'exiliat que entre arbredes fosques t'albira
súbitament, oh precís, oh fantasmal! i coneix
per ta força la força que el salva als cops de fortuna,
ric del que ha donat, i en sa ruïna tan pur.

Traducción:

Segunda elegía de Bierville

¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría,
a ti y a tu sol leal, rey de la mar y el viento:
por tu recuerdo, que me eleva, feliz de sal exaltada,
con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él.
¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
que en el fondo de tu salto, bajo la ola risueña,
duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura,
por el marinero, que por ti orienta su rumbo;
por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo carrascal
viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
por el exiliado que a través de oscuras arboledas te vislumbra
súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal!, y conoce
por tu fuerza la fuerza que lo salva de los golpes de fortuna,
rico de lo que ha dado, y en su ruina tan puro.

Versión de Ramón Gallart


martes, 7 de julio de 2009

Porcel en el recuerdo

Ha muerto, todavía joven, según los parámetros de nuestro presente, Baltasar Porcel. Fue un personaje controvertido, polémico, contradictorio y brillante, que comenzó a escribir y publicar motivado por su relacion con Camilo José Cela, que residía en Mallorca durante algunas temporadas. Porcel fue muchas cosas, hombre muy culto, sin formación universitaria convencional, periodista en castellano y catalán, cercano al poder en ocasiones, contrario a él en otras, exasperante, ambicioso y, al mismo tiempo, atractivo y, como se dice vulgarment, con glamour, ya desde su juventud en la cual trabajaba en la editorial Planeta y convivía con la escritora, hoy injustamente olvidada, Concha Alós.

Luego, de más mayorcito, se casó de forma convencional, tuvo hijos a los que bautizó e hizo hacer la comunión, y continuó polemizando desde diversos frentes. Hace tres o cuatro años se le detectó un grave cáncer, lo vimos por aquel entonces, casualmente, en el Hospital Clínico, donde también estaba mi madre, ya que la enfermedad y la muerte nos igualan a todos. Superó temporalmente el tema, con gran valor, y recibió muchos homenajes y premios, porque no hay nada que provoque más prisa a los premiadores oficiales que saber que aquel a quien debieron premiar más a menudo está grave y en peligro de extinción. Hay casos dramáticos como el del gran áctor y cantante Ovidi Montllor, por poner un ejemplo de tantos como podría encontrar.

Su prosa me encandilaba de joven. Más adelante me cansaba su barroquismo algo vacío. Sin embargo, no se le puede negar brillantez, ni tampoco se puede dejar de admitir que escribía bien, muy bien, aunque los argumentos a veces parezcan poco claros o mal estructurados. El personaje, como pasa con tantos contemporàneos, superó al escritor, pero el tiempo, gran crítico, pondrá las cosas en su sitio, aunque también las modas literarias, como la bolsa, sufren altos y bajos.

Con él, creo, muere una época y una manera de tener ambición y osadía, muy característica de los jóvenes airados de otro tiempo. Generó envidias a su alrededor, la libertad desacomplejada siempre provoca reticencias. Y admiraciones secretas o públicas. Descanse en paz.