domingo, 25 de abril de 2010

Pasados frágiles

El funeral del señor Samaranch ha provocado un ejercicio generalizado de memoria histórica no deseada. Para nadie que tenga alguna edad ha sido ninguna sorpresa conocer su pasado falangista. Sin embargo me temo que podríamos encontrar muchas fotos parecidas de muchas personas. Samaranch ha sido uno de esos personajes quizá necesarios, hábiles, inteligentes, camaleónicos y con suerte, porque todo cuenta. Hace muchos años, en mi juventud, fue candidato a procurador en cortes, en aquellas inefables elecciones. Joan Oliver, 'Pere Quart', personaje incómodo, gran poeta, escribió un texto que se cantó bastante, aprovechando una música de Bob Dylan. Explicaba la historia de un joven progre y bien situado, catalanista y pequeño burgués. Una muestra:

Amb teatre a veure Capri i de cine, quan hi vaig,
servidor, per poc que paguin, prefereix les d'art i assaig.
En política som neutres, però no votem en blanc 
ella vota en Tarragona i jo voto en Samaranch...
(...) Però sóc catalanista, i a casa amb la mamà/ quan no hi ha visites parlo sempre en català...

Eduardo Tarragona fue otro personaje de la época muy interesante, famoso por un eslogan inefable: al pa, pa, i al vi, vi. Creo que no hace falta traducir los textos al castellano, son muy gráficos.

En el mundo real sobrevien con éxito los samaranchs y los fouchés. Son necesarios a todo el mundo y en muchas ocasiones de peligro o necesidad es más fácil pactar con los corruptos que con los dogmáticos, que acaban, como Robespierre, cortando cabezas a diestro y siniestro.  Es triste, pero es así. Las personas de buena voluntad y honradas aguantan poco en el poder, político, empresarial o intelectual. En Barcelona ha tenido que dimitir recientemente una concejal del ayuntamiento, Itziar González, que intento hacer algo ante la especulación del distrito de Ciutat Vella, sus mafias y sus corruptelas, y ha acabado perdiendo la salud y con la necesidad de llevar escolta ante las amenazas que recibía. Se ha hablado poco, muy poco del tema, si consideramos su gravedad. Vale más hablar de pasados etéreos reinventados, o de diseño y literatura experimental o cine, da menos dolores de cabeza. 

Envejecer -hoy nadie se hace viejo, los antiguos Casals d'avis se llaman hoy Espais de gent gran, y otras memeces por el estilo- da una perspectiva algo más lúcida sobre la historia, aunque hay quien no quiere ver nada, más allá del camino que marcan sus orejeras ideológicas. De joven se suele ser más dogmático y maniqueo, se cree en el poder omnímodo de la educación, de la medicina, y también en qué la verdad siempre flota, brillante y triunfadora. Pero no hay verdades absolutas, hay personas y las personas somos diversas, contradictorias, variables, crédulas, incoherentes, en ocasiones débiles y en otras ocasiones fuertes. A veces somos buenos o muy buenos y otras veces, no tanto. Cambiar de ideas y convicciones, siendo críticos con nosotros mismos, es humano. Conservar nuestros dogmas intentando que se solidifiquen de forma intocable, no me lo parece. 


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