jueves, 7 de enero de 2010

Camus en la Europa de nuestro tiempo



Se han cumplido cincuenta años de la muerte de Albert Camus, en un trágico y absurdo accidente de coche. Camus, un poco como el Guadiana, surge y resurge de vez en cuando, siempre es actual, porque responde a un humanismo integrador, que flota por encima de las ideologías y que, por ello, siempre resulta incómodo a los predicadores de causas diversas.


Sarkozy quería llevar sus restos a ese panteón patrótico francés, tan xauvin. Parece que el hijo de Camus se opone al tema y que su hija, Catherine, que se ocupa del legado del escritor, no lo tiene claro. Espero que Camus siga reposando en su cementerio de pueblo, con tranquilidad, y espero también que no encuentren nunca los huesos de García Lorca. Esas parafernalias mortuorias gustan mucho a los poderes vigentes, que así tienen excusas para organizar actos y fotografiarse. En una España en qué vuelven a resurgir los problemas de diversidad por resolver, un panteón patrótico parecido, a la francesa, sería un peligro más, una excusa para echar gasolina al fuego de las pasiones políticas y para reconvertir a los muertos en aquello que quizá nunca quisieron ser.


Camus, como se sabe, nació en una Argelia colonizada por Francia, que entonces era un lugar de acogida para muchos pobres desesperados de aquel país y de muchos otros lugares. Su abuela materna era menorquina, su madre se llamaba Caterina Sintes. Una madre analfabeta, muy humilde, que perdió a su marido muy pronto, en aquella carnicería del Marne, en una guerra que respondía a intereses poderosos reconvertidos en patriotismo de consumo y que salpicó el país vecino de monumentos a les infants de la patrie. 


Camus pudo estudiar gracias a un maestro que vio en él algo más que en el resto de alumnos pobres de su escuela. A ese maestro dedicó el escritor su discurso en la concesión del Nobel. No sé si hoy podría pasar algo así, en una escuela que ha acabado por castigar la excelencia parece que destacar es pecado, que hay que tender al igualitarismo monocromo y comunistoide de estar por casa. Camus vivió en la Europa en ebullición de la segunda guerra mundial, de la guerra de España, de la postguerra. Fue el único intelectual que criticó, en su momento, el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de los aliados. Abandonó la Unesco cuando esta institución aceptó la España franquista, una España que había levantado pasiones europeas progres durante la guerra civil pero que después fue abandonada a su suerte dictatorial, por parte de unas potencias que ya habían firmado antes de la segunda guerra mundia el vergonzoso pacto de no intervención, y a  quienes no interesaba en absoluto una vecina desarrollada y moderna, competitiva, quizá con tendencias demasiado izquierdosas...


Rompió con Sartre, con ese grupo de comunistas dogmáticos, cuando se dio cuenta de la trampa comunista, de las barbaridades de Stalin, que tanta izquierda ortodoxa silenció y sigue, más o menos, olvidando. Cuando le concedieron el Nobel, en 1957, recibió críticas irónicas del sector sartriano que le quiso considerar un escritor acabado. La guerra de Argelia, una Argelia que él hubiese querido integradora y fraternal, francesa y argelina al mismo tiempo, sacudió sus esperanzas, sus deseos, su propia historia familiar. Los franceses, que tanto admirábamos por sus revoluciones, su cine, su literatura, sus canciones, guillotinaban, ahogaban y torturaban rebeldes. Conocer la historia europea hace que vaya superando mi complejo de inferioridad por ser peninsular, mataron más gente allí en esos años que en nuestro país dictatorial y franquista, las cosas son como son y también hay que admitirlo, aunque no nos guste.


Camus estaba contra toda violencia, también contra la de los rebeldes, cuando ponían bombas de forma indiscriminada. A un estudiante argelino que lo entrevistó le manifestó que entre la justicia y su madre se quedaba con su madre. Era una respuesta bastante literal, tenía a su madre en Argelia, en peligro, pero fue criticado sin piedad por ese tipo de manifestaciones. El fin, para Camus, evidentemente, no justificaba los medios. Es un tema que se olvida hoy, cuando incluso películas de moda como Avatar muestran que hay que achicharrar a los malos sin manías. A Camus le costó el tema àcidas críticas de todos los sectores. En el fondo, como en tantas cosas, había también celos y envidia de un Sartre mucho más feo y menos atractivo que él, de una Beauvoir a quien, decían, había rechazado sexualmente Camus. El Nobel, que también barajaba los nombres de Malraux y de Sartre, fue la puntilla. Años después, Sartre se negaría a aceptarlo, por cierto. Me pregunto si no lo hubiese aceptado, de habérselo concedido antes que a Camus.


Camus fue un hombre atractivo y mujeriego. Sus contradicciones personales se centran en su vida familiar, su esposa Francine sufrió fuertes depresiones a causa de sus muchas infidelidades, él mismo sentía bastantes remordimientos por su comportamiento, pero parece que la cosa no tiene enmienda, menos aún si eres famoso, brillante, interesante, y las señoras brillantes, famosas, interesantes y de buen ver se te ponen a tiro con facilidad. Una de sus grandes pasiones fue Maria Casares, la gran actriz, hija de Casares Quiroga, que se sintió extranjera en todas partes, y que volvió a España de forma breve, en la recuperación de la democracia, pero que no quiso ser convertida en un símbolo extraño y manipulable y regresó, algo decepcionada, a una Francia donde tampoco estaba del todo a gusto.


Camus fue casi olvidado durante años en un país con una mitología sartriana en alza, por encima del humanismo camusiano, que parecía tibio y cobarde. La historia ha dado la razón a ese humanismo de Camus, con la caída y reconocimiento de las miserias de un comunismo que empezó intentando crear al hombre nuevo y acabó como acabó, con un cruel estado policial y con la evidencia de matanzas numerosas, torturas y represión indiscriminada. Hoy es más actual que nunca, ese existencialismo con rostro humano de Camus, que debemos recuperar sin complejos. Esa valoración de las personas por encima de las ideas, de la vida por encima del sacrificio y el martirologio. 


El cincuentenario, y el centenario de su nacimiento, de aquí a pocos años, van a hacernos derramar mucha tinta, tinta virtual, sobre todo, en ese mundo permeable en el cual tenemos la libertad de escribir en blocs i webs de producción propia, sin limitaciones de filtros editoriales. Al menos, de momento. Y que dure. Camus, en una ocasión, poco antes de su accidente, manifestó que seguía siendo de izquierdas pese a la izquierda y pese a él mismo. ¿Cuántos de nosotros -y nosotras- no firmaríamos esa frase, en pleno siglo XXI?

jueves, 24 de diciembre de 2009

El fantasma de las Navidades pasadas



Resulta imposible desprenderse de la carga emotiva que se acumula en estos días. En mi blog en catalán comenté la emoción que producía, en la época dorada de los tebeos, la publicación de los almanaques, llenos de anécdotas, pasatiempos, historietas especiales. Los establecimientos humildes de mi barrio regalaban calendarios, en diferentes modalidades, una de más artística y otra más atrevida, con señoras en bañador. Los basureros, faroleros, serenos, vigilantes y tantos otros pasaban por las casas, subiendo y bajando escaleras, para traernos sus postales con las décimas habituales y recoger un aguinaldo muy, muy modesto.



Durante muchos años nos enviábamos postales, muchas. Hoy la postal en cartulina la envían sólo las empresas, los grandes almacenes. En general se felicitan las Pascuas virtualmente, por internet, o por teléfono.   Las postales navideñas de mi infancia, en general, eran clásicas, reproducían cuadros famosos, estampas habituales. Ferrándiz revolucionó el tema, con su colorido y sus divertidos angelitos. Pero también Ferrándiz pasó de moda, se consideró demasiado infantil e ingenuo y llegó la modernidad a la iconografía navideña, con postales abstractas y vanguardistas. Las modas nos hacen ir por donde quieren, desde los zapatos al peinado, no podemos escaparnos de su influencia. Lo que parece original acaba por hartar, así somos, nos guste o no. En mis tiempos infantiles no había árboles de Navidad, se consideraban protestantes, pero Papa Noel y el árbol acabaron por imponerse, incluso por convivir con los Reyes Magos y, en Catalunya, con el Tió, ese tronco que se va alimentado hasta que se le zurra la noche de Navidad y nos ofrece regalitos diversos y golosinas.


He leído que al pobre Papá Noel lo encuentran, ciertos estudios, un mal ejemplo. Es obeso, conduce de forma arriesgada... Vaya, espero que no se metan con los Reyes Magos, ya que en el fondo son unos aristócratas seguramente capitalistas, que van en camello mientras sus esclavos van a pie y les llevan el equipaje. Todo es posible en este mundo que cada día nos sorprende, a veces de forma agradable y otras, mucho más numerosas, con malas noticias o con sublimes extravangancias. Yo tuve manía a Papá Noel cuando la gente fina que quería ser moderna empezó a celebrar la noche de Navidad al estilo peliculero, con la excusa de que los niños tenían más tiempo para jugar si se les hacían los regalos en Navidad. Los mayores siempre tomamos como excusa a los niños cuando queremos justificar nuestras manías. Lo cierto es que una de las mejores cosas del ciclo navideño es la excitación que produce la espera de la noche de Reyes, la gran traca final de las fiestas. Bueno, he aprendido a convivir con el árbol que las monjas nos decía que era protestante, com el obeso papa Noel de estética cocacolera y con muchas cosas más, en un mundo tan permeable no se le pueden poner puertas al campo ni a casi nada.


Estos días siempre me viene a la cabeza el pobre Míster Scrooge, el personaje de Dickens, de cuya historia se han hecho tantas versiones. Incluso cuando era adolescente nos pasaron en la escuela una en cine muy antigua, en blanco y negro, tremebunda y evocadora, que me impresionó bastante. Es una historia maravillosa, de redención y arrepentimiento, que siempre tendrá éxito porque toca nuestra fibra sensible y hace referencia a esas Navidades pasadas, presentes y futuras.  El fantasma de las Navidades pasadas siempre viene a visitarme y me trae, como a todo el mundo, un montón de recuerdos de todo tipo. El exceso de mitología es un peso enorme, y en estos días se concentran toneladas de sentimentalismo, alegría, tristeza, nostalgia, melancolía y también sentido crítico, las navidades también han concentrado mucha hipocresía, consumo, frivolidad. Otro clásico de ficción de mi mitología navideña es Plácido, aquella película inmensa, con un Cassen en estado de gracia. Debería ser obligatoria pasarla en Navidad, además de Qué bello es vivir o la conversión a la bondad del viejo Scrooge.




miércoles, 16 de diciembre de 2009

La utopía de la lengua universal: Zamenhof



Ayer hizo ciento cincuenta años del nacimiento del doctor Zamenhof, judío, en Bialystok, una ciudad que entonces era rusa y hoy es polaca. Zamenhof consideraba el ruso su lengua materna, y en ruso y esperanto escribió sus poesías. Estudió en alemán y ruso, en Moscú y Viena, tenía facilidad para las lenguas, tanto para las antiguas como para las modernas. Era oftalmólogo y tuvo que ganarse la vida realizando muchas visitas médicas, treinta o cuarenta diarias, a los judíos pobres de Varsovia. Los problemas que las diferencias culturales y lingüísticas provocaban en su comunidad y las ideas internacionalistes y utópicas de la época le llevaron a crear el esperanto, lengua que pretendía ser universal. El esperantismo tuvo un gran éxito en Cataluña y en el resto de España, fue la bandera cultural de muchos grupos anarquistas y de ideas socializantes. 


Zamenhof se arruinó detrás de su sueño, aunque tuvo un gran éxito social. Cuando yo era pequeña todavía estaba muy presente la influencia del esperanto, aunque en mi barrio se consideraba a los esperantistas como una especie de iluminados, con esa condescendencia algo despreciativa que el pueblo llano tiene por los soñadores. Mi mamá cantaba a veces una cuplet en catalán, del cual no he encontrado referencias y que empezada diciendo: parlem en esperanto que es la llengua universal... Se le habían dedicado a Zamenhof calles y plazas, en Sabadell tiene una Ronda a la cual el franquismo cambió el nombre por el de Alcázar de Toledo, supongo que eso de Zamenhof les sonaría a ruso malo y comunista o quizá lo asociaban con el anarquismo revolucionario. El esperanto no fue el único intento de lengua universal, pero sí el que tuvo más éxito, aunque más tarde, cuando el mundo se hizo más permeable y complicado, se le tachó de eurocentrista y poco original


El esperanto era pacifista, fraternal. Por desgracia, el mundo no avanzó como Zamenhof y sus seguidores hubiesen deseado. Lázaro Zamenhof murió en 1917, con la primera guerra mundial en activo. Sus tres hijos fueron exterminados, con casi toda su familia, en el Holocausto. Como es sabido, de judíos, en Varsovia, no quedó casi ni uno. Hoy día existen todavía sociedades esperantistas, -las catalanas y castellanas, aunque tienen cierta relación, van por separado-, hay muchas publicaciones actuales, música en esta lengua. Pero no tienen hoy los esperantistas la influencia que tuvieron en otros tiempos. No es una buena época ésta para ideas internacionalistas utópicas. Por un lado todos reclamamos identidades propias, identidades que suelen ser muy complejas aunque los políticos y los dogmáticos las prediquen monolíticas e indiscutibles. Sin embargo, por otro lado, se admite que la lengua franca es el inglés y me temo que para evitar suspicacias, quizá en un futuro tendremos que acabar por relacionarnos en inglés, incluso en nuestras latitudes hispánicas. 


La transición, que ahora contemplamos en la distancia con más defectos que virtudes, no generó un sentimiento colectivo de comprensión ni incidió a través de la escuela en la complejidad cultural e identitaria española o como se la quiera llamar, ni tampoc en un internacionalismo generoso. Quizá no se podía hacer más. Tanta memoria histórica y ni tan sólo hemos reclamado las buenas ideas republicanas, es más fácil desenterrar muertos que reconocer oficialmente la legalidad política por la cual murieron. Aunque el esperantismo y su espíritu parezcan, hoy, arqueología cultural a mucha gente, forman parte de un bloque de valores totalmente recuperables y necesarios.


Más información sobre el doctor visionario en La panxa del bou.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Ficción y realidad



Han coincidido en las pantallas de Barcelona tres documentales muy interesantes. No sé si al resto de ciudades españolas han llegado los tres, creo que el más promocionado actualmente es Garbo. Son muy distintos, los tres tienen algunos defectillos y muchísimas virtudes y se sale del cine, en los tres casos, con ganas de encomendarse a San Google para ampliar y matizar la información recibida.  Hollywood contra Franco fue el primero que vi, en un horari intempestivo y mañanero, muestra una interesante panorámica sobre cómo se percibía la historia reciente de España en los Estados Unidos, sobre todo. Nuestra guerra provocó pasiones, reacciones heroicas y  muchas cobardías, también. La percepción evolucionó y se manipuló el mensaje según convenía a cada momento. En resumen, un documental imprescindible para los aficionados a la historia y al cine.


Garbo cuenta la extraña historia del señor Juan Pujol García, que en muchos textos es considerado un demócrata salvador de la civilización. El documental, muy bien hecho y comentado, nos deja con las dudas y con el enigma. Pujol, un doble agente, aficionado y, como decimos vulgarmente, con un morro que se lo pisaba, fue valorado por los ingleses por su poder de convicción, hasta el punto que los alemanes creyeron su versión sobre el desembarco en Normandía y, siguiendo las informaciones que el espía les daba, desprotegieron la zona para reforzar la de Calais. Pujol estuvo desaparecido durante cuarenta años, se le dio por muerto, pero vivía en Venezuela, dedicado a sus negocios. Había formado una nueva familia, que no sabía nada de sus aventuras políticas.  Localizado por un periodista americano se le condecoró en Inglaterra a mediados de los ochenta, se escribieron libros sobre él y tuvo tiempo de contar su historia en nuestra televisión, su historia o la historia que él mismo reinventó. A veces parece mentira la forma en qué los grandes hechos se producen por una suma de casualidades. A toro pasado, nuestro espía catalán aseguraba que no podía permitir que los nazis ganaran la guerra, però nos quedamos con la duda... Si hubiesen ganado la guerra los alemanes, quizá él hubiese afirmado otra cosa... O no. Un oportunista, ciertamente, pero, como comenta un psiquiatra en el documental, al fin y al cabo gracias al oportunismo se sobrevive.


Vivir de pie es un documental apasionado sobre Cipriano Mera. Si Garbo fue el hombre que siempre mentía, Mera fue el hombre que siempre dijo o intentó decir la verdad. Cenetista, luchó en la guerra civil, tuvo sus desengaños en la época de los choques con los comunistas, escapó al norte de África, los franceses lo entregaron a Franco, fue condenado a muerte e indultado y acabó sus días en Francia, al lado de su compañera de siempre y su hijo, pobre y honrado, con la ilusión de haber vivido el mayo del 68 y con la esperanza todavía de un futuro ácrata y justo. Aunque también con la desilusión de ver como los de sus mismas ideas le traicionaban en tantas ocasiones. Admitía que había sido engañado muchas veces, pero que era preferible ser engañado que no engañar, ya que las buenas personas siempre son engañadas. Es imposible no sentir un profundo respeto por ese hombre que trabajó hasta la muerte en su oficio, sin perder la dignidad ni la ilusión, aunque no se comparta su fe absoluta en un posible y utópico futuro. A este documental le sobran unas imágenes simbólicas, con libros quemados, hormigas y caracolitos, que alargan la historia sin motivo y no acaban de encajar en el conjunto. Sin embargo, la historia de su protagonista es impresionante, sobre todo en esta época de tantas mediocridades políticas.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Terrores de ficción y horror real



No voy nunca a ver pel·lículas de miedo, ni tan sólo pel·lículas en las cuales los horrores reflejan verdades históricas. Sin embargo, de niña y de jovencita sentía por esos géneros una extraña atracción, supongo que porque todavía no había llegado a la época en la cual se percibe que mucho horror es o ha sido real y que la realidad, en esos temas, también supera la ficción. 


Sin embargo sentía respeto por Naschy, la verdad. Era todo un personaje, odiado por muchos ya que, decían, tenía mal carácter y era prepotente. Sin embargo, era también un gran trabajador. En el 2001 reconocieron su larga labor con la medalla de las Bellas Artes. Aunque había participado en alguna pel·lícula seria fue actor, director y de todo en un gran número de esas de monstruos de serie B, con efectos especiales un poco de zapatilla, mucha sangre y muchos sustos. 


Ayer, en uno de esos canales que también son de serie B, pasaban una entrevista con Naschy, de nombre real Jacinto Molina. Me pareció un hombre sabio, consciente de su próximo final, contento de haber hecho lo que le había parecido y triste por los muchos proyectos que ya no realizaría. Como no soy especialista en cine, remito a los interesados a un blog estupendo, Lady Filstrup, en donde se puede seguir el rastro y entrar en la intimidad profesional de muchos personajes del cine español. A mi me encanta ese blog porque soy algo mitómana, y porque me gusta saber el destino de personajes que fueron famosos y ya no lo son o de aquellos que siempre fueron secundarios de lujo. Hacer poco, en mi blog en catalán escribí sobre Jennifer Jones, por ejemplo, ya que una serie de casualidades tiraron de las cerezas de mi cesto mental y, gracias a internet y a google supe que todavía estaba en este valle de lágrimas, con noventa años, plácidamente retirada desde hace mucho tiempo. Cuando mi madre vivía también, de vez en cuando, le venía a la memoria algun actor o actriz antiguo, qué habrá sido de X?, me preguntaba. Y la mayoría de veces podía satisfacer su curiosidad consultando ese inmenso fichero IMDB, aunque los actores de casa no siempre están bien representados en él. En todo caso, en algún lugar u otro de internet hallaba siempre referencias y datos y, en muchas ocasiones, constatamos que los olvidados todavía estaban vivos aunque fuesen ya muy viejecitos.


En la entrevista que menciono, Naschy admitía que los monstruos de sus películas no existen, pero que en la vida real hay también monstruos próximos a nosotros. Y que la creación de los monstruos y seres extraños la ha realizado el hombre, posiblemente por necesidad, por una necesidad de aventar los miedos reales. Hoy está mal visto contar a los niños cuentos de miedo, parece de mal gusto. Una maestra amiga, todavía en activo, me explicaba que años atrás, cuando celebraban la castañada, apagaban las luces en clase, encendían una velita y contaban historias de sustos y terrores. Hoy, admitía, pronto vendrían unos papas modernos a protestar por los traumas que tales cuentos producen en los niños y encender la vela, con peligro de incendio, se consideraría irresponsable, hemos llegado a unos grados impensables de papanatería en general, pero en lo relacionado con los niños y niñas, ya roza el surrealismo, la cuestión pedagógica y metodológica.


Sin embargo los niños siguen inventando sus aventis sanguinarias si hace falta, en la intimidad. De bien  jovencitos ya leen a Stephen King y a otros autores del género. King, otro gran trabajador, con algunos libros extraordinarios, manifestaba en una entrevista  que intentaba escribir sobre sus propios terrores, para superarlos. De vampiros, en sentido metafórico, como hemos visto en estos últimos tiempos con tanta estafa y corruptela por nuestras geografías, hay un montón. En temas más complicados, el afán de una seguridad inalcanzable ha generado una especie de inquisición inquietante, que da resultados perversos como el de ese pobre muchacho de Tenerife, acusado de barbaridades y condenado de antemano por los medios de comunicación, médicos, policías... No es extraño, cuando alguien lleva a urgencias algún niño, a la esposa, incluso a la abuelita, porque ha sufrido un accidente doméstico, se somete hoy al pariente a un desagradable tercer grado, a menudo de forma algo brutal, porque hay que rellenar esos protocolos que intentan reducir, sin demasiado éxito, eso que se ha llamado violencia doméstica o de género, pues parece que la violencia debe adjetivarse para ser objecto de condena. Vaya, que la presunción de inocencia deja mucho que desear.


El estado también puede convertirse en un monstruo de mil cabezas y con grandes tentáculos, e introducirse en la intimidad con cierta facilidad, sobre todo si nuestros terrores colectivos se disparan, ayudados por esos medios de comunicación que también se están volviendo algo monstruosos. Para librarnos de unos monstruos acabamos por crear otros. Por eso las películas de miedo siempre tendrán éxito, sobre todo si finalizan con la destrucción del ser maligno.


Descanse en paz Paul Naschy, en el cielo de los monstruos inofensivos!!! Por cierto, este mes de diciembre, cosa extraordinaria, tendrá dos lunas llenas, la segunda en la noche de fin de año... 

jueves, 19 de noviembre de 2009

Relicarios, reliquias y recuerdos tergiversados



Hace pocos días se subastó un pelo de Elvis Presley, que se pagó a buen precio, parece que lo había guardado su barbero. Recuerdo la subasta, hace años, de otro objeto extraño y original, un trozo de tostada mordida por George Harrison. Parece que el culto por las reliquias es ancestral, anterior incluso a aquellos años de la Edad Media en los cuales se llegó a extremos de pillaje y picaresca muy inquietantes, ya que las reliquias daban valor a un lugar, a una iglesia, y propiciaban su prosperidad, visita, limosnas y turismo religioso. Así, hay santos que han tenido centenares de dedos incorruptos venerados. Hace muchos años existía en Ávila un vómito de Santa Teresa e incluso un santo prepucio de Jesús, conseguido en su circuncisión, había sido venerado con respeto no sé dónde.


Las reliquias más importantes eran partes del cuerpo del santo, a tal extremo llegó la cosa que uno de los motivos de prohibir el comercio de reliquias fue el exceso de profanación de tumbas. En tiempos de rogativas para pedir lluvia algunas reliquias se remojaban en mares y rios, costumbre que también se prohibió por el deterioro que provocaban en los santos restos. En época ya más moderna la santificación de personajes como María Goretti volvió a provocar la limpieza de sus tumbas. Una vez calmadas las aguas de la Revolución Francesa, se empezó pronto a mitificar su dramática realidad y se generó un coleccionismo ferviente de todo tipo de cosas raras relacionadas con aquel período. Si ya el paganismo antiguo tenía también ese tipo de costumbres, los regímenes políticos de base atea los conservaron, sólo hace falta recordar la exhibición de la momia de Lenin durante muchos años. Hubo también la costumbre de guardar un órgano de los hombres importantes, normalmente el corazón, que se depositaba en algún lugar dónde no estaba el resto del cuerpo, un caso curioso fue el corazón de Macià, que anduvo exiliado durante años. El corazón de Chopin fue llevado a Polonia. Otro caso misteriosos y extravagante, del cual se habló bastante, fue el del cuerpo de Eva Perón, del cual se separó la cabeza. En general, parece que hay una tendencia, hoy en recesión en el mundo occidental, al culto a partes del cuerpo difunto.


Fue frecuente guardar mechones de cabello, de vivos y de muertos. Aún se diseñan relicarios modernos para guardar alguna cosita pequeña. Las funerarias actuales ofrecen un extraño servicio, reconvierten un mechón de pelo en un diamante, cosas de la cienca de hoy, imagino que la cosa debe funcionar. El relicario más famoso de nuestro folklore fue el del torero del cuplé popularizado por Raquel Méller, hecho con el trocito de capote que había pisado el lindo pie de la morena de la copla. Existe actualmente un culto importante a personajes del cine o de la canción, como Elvis Presley o el recientemente desaparecido Michael Jackson. Hay seguidores suyos que coleccionan todo tipo de objectos relacionados con ellos, hace algunos años vi una exposición en Barcelona en la cual unos coleccionistas de cosas diversas relacionadas con Marilyn Monroe exhibieron para el público su interesante fondo. El conocido y joven Mag Lari colecciona cosas de Jackson desde hace tiempo, con la muerte prematura del cantante esos objetos han subido de precio. Porque lo cierto es que parece que la cosa también tiene su parte econòmica, claro. 


Los cantantes y artistas objeto de veneración, en general, han muerto jóvenes, de forma más o menos trágica. La plácida vejez lleva al olvido de tus días de gloria, generalmente. En el caso de los artistas muertos a edad avanzada, esos que aparecen en algún obituario de los periódicos y que la gente joven ya casi no recuerda, aunque fueron famosísimos, no se genera ese culto a su personalidad, sobre todo si han llevado una vida familiar normal y sin escándalos conocidos. En general soy poco fetichista aunque guardo objetos familiares, quizá demasiados, la fotografía ha permitido conservar el recuerdo de los rostros de las personas que quisimos y desaparecieron, incluso, ya, de algunos antepasados que no llegamos a conocer, cosa impensable para la gente humilde de tiempos pretéritos.  En el caso de los autógrafos, en mi adolescencia fui a que algún cantante de la época, por cierto, hoy olvidado, me firmara algún papel pero hoy sólo me gusta tener libros firmados por sus autores cuando los conozco y me conocen, la verdad.


A veces el culto a los muertos quiere hacerles una justicia que no se les hizo en vida. No opinaré sobre el afán actual en abrir tumbas de muertos a causa de la guerra civil, en mi caso, si tengo algún pariente olvidado en alguna fosa común o en algún barranco de la Sierra de Pàndols prefiero que acabe de descansar en paz dónde está. Otra cosa es que se quiera esclarecer alguna circunstancia histórica de su muerte, cosa difícil después de tanto tiempo, cuando tantos de sus contemporáneos han muerto. Ferrer y Guardia no es un personaje que me caiga excesivamente simpático, fue un hombre ambiguo y complejo, que predicaba la violencia como solución a los problemas de la época y que en vida tuvo pocas simpatías pero que murió fusilado, con cuatro víctimas más, mucho menos conocidas y bastante más inocentes, a causa de los hechos de la Semana Trágica de Barcelona, de forma repugnante e injusta. Nadie movió un dedo por él en aquel momento, ni aquellos de ideología afín, pero al cabo de un año, a causa de movimientos anarquista europeos, se le empezó a homenajear y también la picaresca propició que se vendieran puñaditos de hierba del foso donde lo fusilaron, como reliquias. Ferrer insiste en su testamento en pedir que no se homenajee su recuerdo, pues hay que dedicar los esfuerzos a los vivos y al presente y no a recordar el pasado. Parece que no consiguió lo que pretendía, de momento es el personaje que más monumentos tiene en mi ciudad. La insistencia en el recuerdo del pasado, basando las reivindicaciones y creencias del presente en él, olvida las injusticias actuales y no creo en eso que recordando el pasado no lo repetimos. Se repite y se vuelve a repetir, con matices y variables según la época, se recuerde o no, porque así somos, por desgracia. Los personajes mitificados, santos, artistas, escritores, músicos, políticos, no son reales, son también reliquias sacralizadas, ya sea de forma religiosa o laica.


Por cierto, durant los inefables años en los cuales se paseó bastante el brazo incorrupto de Santa Teresa por nuestro país, corría uno de aquellos ingenuos e inocentes chistes sobre Franco. Era entonces papa Pablo VI, que había sido el Cardenal Montini. Franco enviaba un telegrama al papa con este texto:
Cambio brazo incorrupto Santa Teresa por pierna Sofía Loren.
A lo cual respondia Su Santidad:
Me llamo Montini, no Tontini.



viernes, 6 de noviembre de 2009

Virus, síndromes y pandemias





Cuando yo era jovencita mi abuelo materno, que vivía con nosotros, enfermó. Fumaba bastante, tenia un enfisema pulmonar. El único médico que entonces se consultaba era el de medicina general, que venía por las casas, sin miedo a los largos tramos de escalera sin ascensor. El doctor de entonces se llamaba Teófilo, era simpático, campechano, siempre llegaba resoplando, pero con su puro en la boca.
-Bueno, es malo, pero mira... -admitía, condescendiente.
Don Teófilo inspiraba confianza. Conocía a la familia, a los vecinos. Ahora, mi abuelo tendría que soportar toda una serie de hospitalizaciones y entubaciones, seguramente. Posiblemente no moriría en casa, tampoc en casa se haría el velatorio. Quizá, con los medios actuales, hubiese vivido siete, ocho o diez años más. Parece que alargar la vida al precio que sea es un valor en alza.


La verdad es que actualmente voy al médico con poca fe y poca confianza. Me he vuelto miedosa y tengo cierta prevención por tanto control y tanta prueba. A lo largo de la vida percibes las contradicciones científicas, los pies de barro de un macrosistema basado en fármacos y aparatos sofisticados. Si necesitas alguna intervención pasas por una burocracia que te obliga a firmar papeles donde aceptas las muchas posibles complicaciones. Pasé con mi madre por ese calvario hospitalario, pruebas, operación, radioterapia, embolia, sonda de alimentación nasal, hospitalización. No tengo queja de la asistencia médica, ni de la profesionalidad y humanidad de las personas que la trataban, pero en realidad nadie nos conocía demasiado. En la última hospitalización, en una de esas naves hospitalarias para enfermos sin regreso coincidí, en la habitación, con otras tres abuelas enfermas y tuve la suerte de hacer amistad con sus familiares, cada día compartíamos un rato de charla y aquello me proporcionó un calor humano muy neesario, fue cosa de suerte, del azar.


No dudo de qué hoy hay muchos medios para mejorar eso abstracto que llamamos calidad de vida. Sin embargo... A veces parece que la medicina oficial nos asusta con los mismos males con que nos asustaban los curas, cuando nos hablaban del infierno y del purgatorio. Actualmente, con el tema de la gripe A y otros han surgido voces críticas sobre la cuestión de la medicalización, como el de Teresa Forcades o el del periodista Miguel Jara, o el doctor Laporte. Los dogmáticos convencidos no entran en un debate serio, suelen poner en entredicho la cualidad profesional del mensajero. Pero esos mensajeros críticos no hacen más que decirnos, de forma más clara y explícita, aquello que temíamos o sospechábamos. Estudié magisterio y humanidades, hice un montón de cursillos pedagógicos y metodológicos, trabaje casi cuarenta años en la enseñanza, pero admito que sé muy poca cosa todavía sobre la infancia y la educación. Es más, he escuchado verdaderas barbaridades en boca de supuestos expertos en el tema. No sé porque ha de ser distinto en otras profesiones.


La libertad, el acceso a mucha información, nos produce inseguridad, nunca podemos estar seguros de hacer lo correcto, pero hay que vivir con eso ya que así es la vida, fragilidad, misterio, una cierta incoherencia, bastante casualidad. Nos gusta pensar que lo tenemos todo controlado, hace unos días, en una conversación con gente más joven, hablando de esos grandes centenarios recientemente fallecidos, Ayala, Levi-Strauss, se consideraba que si tienes curiosidad tendrás una larga y productiva vida. ¡Qué ingenuidad! Será que no han desfilado hacia el otro mundo cincuentones y cuarentonas con una gran curiosidad e inteligencia, de vida sana y aparentemente controlada! Hay mucho de azar, de genética, de casualidad, en nuestra biología. Echo en falta a los Teófilos, quizá no sabían demasiado, pero acompañaban más.