lunes, 19 de marzo de 2012

La Verdad, el Tiempo y la Historia



Coinciden los doscientos años de la Constitución gaditana de 1812 con la presencia en Barcelona de una exposición sobre Goya, en CaixaFòrum, gran parte de la cual proviene del Prado y, por lo tanto, es probable que no aporte, a los admiradores del pintor, como yo misma, nada nuevo, aunque Goya siempre es nuevo, evidentemente. 


No corren buenos tiempos para recordar aquella Constitución, de difícil elaboración y breve reinado legal. Era aquella una época en la cual la españolidad era un valor, incluso en Catalunya. Ya se sabe como acabó el tema y qué tiempos vivimos, de malentendidos, prejuicios y problemas diversos, muchos de los cuales traslucen en las relaciones entre centralismo y aspiraciones federalistas o soberanistas nunca resueltas, e incluso se plasman con visceralidad en aspectos de la vida cotidiana como el mismo fútbol. 


Problemas que quizá harían reir a nuestros antepasados desconocidos, los que vivieron y malvivieron aquellos años de luchas y de inestabilitat, después de un siglo dieciocho que había vivido en una cierta paz, siempre inestable, con un crecimiento y mejora importantes durante los reinados de Fernando VI y Carlos III, incluso teniendo en cuenta las desigualdades de una península con graves desequilibrios y mucha miseria.Todavía existía la América hispana, claro. Todo era muy distinto y al evocar aquella época caemos en ese presentismo simple, que nos distorsiona el conjunto.

La guerra -o guerras- mal llamada de la independencia también ha sufrido malas lecturas oficiales. ¡Aquellos heroicos Sitios de Zaragoza y Gerona, Agustina de Aragón en versión de Aurora Bautista, lanzando cañonazos contra los malvados gabachos! Era, parecía, una guerra justa. Napoleón fue un megalómano que llevo Europa al desastre pero mantuvo ciertas libertades legales, cosa que ha contribuído a su mitificación francófona, ya que los franceses consiguieron, a la fuerza ahorcan, un estado centralista y más o menos monolingüe, y venden sus mitos sin prejuicios ni demasiados escrúpulos en el intento de crear y mantener un espíritu patriótico unificado.

La Constitución de 1812 fue un intento bien intencionado de renovación hispànica. En ella intervinieron catalanes ilustrados. Sin embargo, como en otros casos, las buenas ideas no conocían del todo la cruda realidad ni las posibilidades reales de actuación. Hace un par de días miraba por la tele una película poco conocida sobre los últimos días del zar Nicolás. En una conversación entre el Zar y Kerenski, que intentó salvar a la familia real, éste comenta al monarca que el cuenta con la ley, pero no con el poder, dadas las luchas entre diferentes grupos políticos, mientras que el zar tenía el poder pero no la ley, al ser aquel un poder absoluto. La revolución rusa, como la francesa, han sido explicadas de forma mitómana e interesada por todas partes. Tener ley y poder a la vez es difícil, porque el poder muy legal se suele debilitar si no cuenta con el soporte de un cierto carisma personal. 

En Catalunya, a pesar de la presencia de Goya en Barcelona, me temo que habrá muy poco interés en investigar, leer y reflexionar sobre aquella Constitución y sobre los hechos y tragedias que la precedieron y siguieron. Un poco como si la cosa no fuese con nosotros y formase parte de una España lejana, áspera, una especie de madrastra a evitar cuando se pueda. La historia tiene muchas servitudes, entre las cuales intentar responder a nuestras expectativas del presente. El cuadro que acompaña este texto es también de Goya y no lo podremos ver a no ser que viajemos a Estocolmo, dónde los avatares del tiempo lo han llevado. Erróneamente se lo ha bautizado como si se tratase de una alegoría de la Constitución de 1812 pero en realidad el pintor lo realizó mucho antes. 

La Verdad, el Tiempo y la Historia parece que intentan, en ese lienzo, coordinar esfuerzos, tarea imposible, en mi opinión. Tiempo que pasa, verdad que huye, dice un sabio refrán popular. La historia oficial la escriben los vencedores y la alternativa, los perdedores. Ni unos ni otros pueden ser objetivos. En el fondo no existen vencedores, siempre se pierde algo en esos temporales históricos. De aquellos hombres de entonces nos queda poca cosa, incluso los estudiosos de la época son pocos, parece que existe poco interés, al menos por Barcelona, sobre aquellos años neoclásicos, afrancesados, inquietantes. 

El Archivo Municipal de Barcelona organiza cursos interesantes sobre aquellos años mal conocidos.  No es tan sólo mal conocido el siglo XVIII, o la primera mitad del siglo XIX, sino también los siglos XVI, XVII. Esta ha sido una justificación esgrimida cuando se ha sabido que las Drassanes eran más modernas de lo que ser creía hasta ahora, que esos siglos tienen poco público. Me temo que los cursos que menciono, que a menudo dan paso a publicaciones, no dejan de ser manifestaciones culturales muy limitadas a ámbitos específicos, académicos. 

Personajes de aquellos años tan importantes como Antoni de Capmany son poco y mal conocidos por la mayoría de eso que llamamos  pueblo. No creo que suceda tan sólo en Catalunya. ¿Quién recuerda al pobre Muñoz-Torrero, otro de los redactores de aquella Constitución, que murió torturado y olvidado en Portugal, a causa de sus ideas? Bueno, Capmany escribía en castellano, Muñoz-Torrero era cura... La Constitución de 1812, en cuya redacción participaron muchos clérigos ilustrados insistía en el catolicismo hispánico, cosa que puede sorprendernos en la actualidad.

Entiendo la crítica razonada, incluso visceral, dadas las circunstancias, pero no tanto la falta de curiosidad en una época en la cual podemos saber mucho con un par de viajecitos por el google, afortunadamente. Cuando escucho a alguien decir que no siente ningú interés por todo aquello siento también una cierta inquietud, en el fondo no estamos tan lejos de aquella España que despreciaba cuanto ignoraba, como escribió Machado, otro autor mal leído y mitificado de vez en cuando. Eso sí, estoy segura de qué la visita a la exposición sobre Goya generará grandes y largas colas, en el fondo todo es cuestión de promoción, en nuestro presente en crisis. 

El arte también está sujeto a propagandas, comercio, promoción y modas, el neoclásico no se valora y, respecto al siglo XIX, el realismo que tantas grandes figuras tuvo no cuenta con el interés necesario para que, por ejemplo, los jóvenes de hoy lo investiguen y realicen tesis doctorales sobre su producción. Mucha de la cual son aquellos entrañables cuadros históricos, estampas de nuestra infancia, que conformaron cierto imaginario casi cinematográfico sobre el pasado, hoy en crisis, como tantas cosas. Entre muchas de esas estampas que reproducen épocas diversas se encuentra también el cuadro de Salvador Vinierga que representa aquellas Cortes de Cádiz y que incluyo en esta entrada.

La exposición del MNAC sobre el realismo catalán tuvo que contar con la referencia a Courbet... como excusa. Para atraer al público, claro.




viernes, 16 de marzo de 2012

Del pasado bárbaro y del presente frágil



He sabido por casualidad que tal día como hoy, en el lejanísimo año 1244, se ejecutó a doscientas personas en Montsegur, en el Prat dels Cremats, lugar en el cual actualmente existe un monolito que recuerda aquellos desdichados sucesos.

Los cátaros, como los templarios, han sido personajes amados o odiados según los avatares de la historia, de la historia oficial o de la historia extraoficial que se convierte en oficial. Hoy es casi un sello turístico añadir a algún lugar, castillo o monasterio la etiqueta de su origen templario y los lugares ligados al catarismo han sido durante años un punto de atracción turística.

Hace muchos años compré algún libro, en Francia, sobre el tema. He de decir que no estaba entonces de moda y las publicaciones que se referían a todo aquello no pasaban de las librerías especializadas. De pronto, en algún instante puntual, la cosa despegó y muchos libritos divulgativos, la mayoría refritos bien intencionados de los libros serios anteriores, se vendieron como rosquillas. Algunas personas que se especializaron en aquello fueron requeridas en tertulias y debates muy a menudo.

Como era de esperar, la cosa pasó de moda, como pasan todas las modas, no sólo las del vestido. El tema ha mantenido un cierto interés y se han establecido lugares de culto y rutas senderistas diversas. Actualmente hay rutas de todo, nuestros antepasados ya fueron hábiles en crear senderos turísticos y comerciales con excusas, en su caso, religiosas, las peregrinaciones. 

El tema cátaro tiene una lectura catalana interesada, parece que allí perdimos el peso específico que una supuesta Catalunya podía haber mantenido de no existir aquel problema. Se olvida de forma interesada que la primera Inquisición se estableció con el motivo de aquella herejía o lo que fuese, por parte de los aragoneses que también eran los catalanes. La historia de aquellos hechos es negra, con traiciones y sacrificios, algo parecido a ese terrible historia de Vargas Llosa sobre La guerra del fin del mundo, pero con más intereses políticos de por medio.

También las creencias de los cátaros se han idealizado, así como sus personas y su forma de vida. Es fácil mitificar lo que sea, creer que todo fue mejor de lo que es y de lo que ha sido. Sin embargo la especie humana mejora a trompazos y recaídas, esa es la realidad. Hace unos días veía por televisión un programa breve sobre la pena de muerte, con su peso específico en morbo, como todas esas cosas. Se obvia a menudo que aquella gente bárbara del pasado creía de veras que había que matar al contrario y que la tortura y la pena de muerte estaban legalizadas y controladas, además de ser, la segunda, un espectáculo con una gran acogida por parte de las masas. Eso hace que tengamos documentados esos terribles procesos. 

La eficacia es un gran peligro para la posteridad, recuerdo que en una ocasión un profesor comentaba que el carácter germano hizo que todo lo que se hacía en los campos de exterminio fuese contabilizado y controlado de forma coherente y profesional. Los campos de trabajo franquistas, incluso algunos que tuvo la otra parte, la republicana, para reeducar, todavía poco conocidos, se beneficiaron de la poca seriedad hispánica a la hora de llevar las cuentas con seriedad y así podemos saber poca cosa sobre su existencia y características. 

Hoy, en general, se mata y tortura en secreto o casi, en nuestras sociedades bien intencionadas, cuando hace falta. Los siglos más torturadores y exterminadores no han sido los del pasado sino los más cercanos, las dos grandes guerras, los gulags, los campos de exterminio. En nuestros tiempos han convivido los sistemas de tortura más medievales con la sofisticada técnica moderna aplicada al mal. 

También existe una triste tendencia, por parte de los peninsulares y mediterráneos, a creernos más malos que los demás. Hace unos días estuve en un acto literario en el cual se introducía la edición de un libro de narraciones de un colectivo con una pequeña representación teatral en la cual una supuesta bruja comentaba las características de la publicación. Las brujas han sido, en nuestros tiempos, objecto de reivindicación mitificadora. Seguramente las hubo de buenas, pero también de malas, aunque hoy sabemos que sus maleficios eran bastante inocuos. En la representación se hacía mención de la Inquisición y de la quema de esas damas, en un tono desenfadado e informal pero, claro, con los tópicos de siempre. 

Pero es que resulta que el mundo mediterráneo fue muy tolerante con la brujería y que incluso un montón de inquisidores, jueces en los casos denunciados, se dieron cuenta de qué no había habido en algún lugar brujas ni brujos hasta que se empezó a hablar de ellos. El número de brujas ejecutadas fue muchísimo menor que en la Europa central y del este dónde sí existió una exterminación brujeril impresionante. Otra cosa fue la herejía, que hay que situar en el contexto de una monarquía para la cual el único modo de intervenir en todos sus territorios, más allá de los poderes feudales resistentes, era el inquisitorial.

Pero los tópicos funcionan. Defender esas tesis que se pueden comprobar con números en libros especializados, incluso en wikipedia, hace que te miren mal, cómo si estuvieses defendiendo algo perverso. Evidentemente, una ejecución ya es un acto repugnante y una injusticia a una persona es una amenaza contra todo el mundo, como dijo Montesquieu, aunque hemos de admitir que la mayoría de justicieros, ya fuesen del poder o del pueblo, que era quién acostumbraba a denunciar a esas personas sospechosas, creían hacer algo bueno en su época, achicharrando a los enemigos. El respeto generalizado a la vida humana, como creencia aceptable y universal, es algo de hace cuatro días y siempre se encuentra en riesgo de desaparición.

Nos desengañamos bastante cuando llegamos a saber que personas que nos merecían respeto, grandes pensadores, políticos importantes, fueron crueles, malvados, oportunistas. Hoy, las películas sobre, por ejemplo, la Guerra Civil, se han convertido en una especie de cuento de buenos y malos pero de vez en cuando alguien te comenta, en voz baja, porque teme ser señalado por los bien pensantes, que en su lejano y recóndito pueblo los rojos hicieron, de entrada, un montón de barbaridades. Claro que existe la ideología, y que una ideología igualitaria es, de entrada, más admirable que otra clasista, pero a la hora de la verdad creo que a la mayoría nos daría igual la ideología de alguien que hiciese con nosotros, o con nuestros seres queridos, albondiguillas, aunque creyese, de buena fe, que estaba haciendo algo bueno. Todavía se habla poco de Stalin, su época y sus seguidores. Hoy hace también años del secuestro de Aldo Moro, después, como se sabe, lo asesinaron y creo que hubo gente que en su interior sintió simpatía por aquel hecho repugnante, al fin y al cabo era un político de derechas, claro.

Para justificar según qué cosas siempre se recurre a otra leyenda que quizá en ocasiones puede ser verdad; había provocadores infiltrados, del otro bando. Eso sucede cuando en manifestaciones actuales las cosas se le van de las manos a la organización y esos elementos incontrolados que casi nunca son identificados del todo y que, si lo son, despiertan grandes solidaridades, empiezan a romper de todo de forma indiscriminada. De los elementos incontrolados me libre Dios -o el destino- que de los controlados ya intentaré librarme yo como pueda.

Nos da miedo entrar a fondo en los temas del pasado que no nos gustan pero es necesario querer ser un poco objetivo para intentar vacunarnos, ni que sea temporalmente, de cierta inocencia absurda que nos hace ver de color de rosa lo que es, de hecho, de un color mucho más oscuro y turbio. De momento creo que las brujas televisivas de nuestro tiempo no han de temer nada, las iras van por otros caminos, aunque nunca se sabe a dónde va a parar la piedra que se tira de forma visceral contra algo o alguien.

lunes, 5 de marzo de 2012

Alberti y la realidad humana




Si mi voz muriera en tierra, 
llevadla al nivel del mar 
y dejadla en la ribera. 
Llevadla al nivel del mar 
y nombradla capitana 
de un blanco bajel de guerra. 
Oh mi voz condecorada 
con la insignia marinera: 
 sobre el corazon un ancla 
 y sobre el ancla una estrella 
 y sobre la estrella el viento 
y sobre el viento una vela!





Estos días me vino a la mente Rafael Alberti por una frívola tontería y por esas cosas que inesperadamente surgen en nuestros recuerdos como fotos olvidadas en un cajón del armario. Andamos hace unos días algo revueltos por Barcelona con el tema de esa posible Eurovegas que promete algunos puestos de trabajo, cosa que en tiempos de crisis y de paro galopante parece ser muy atractiva para los políticos y para el públic en general. No sé si estoy a favor o en contra del proyecto. Más bien ni una cosa ni la otra.

Sin embargo las razones en contra del invento a la americana han propiciado voces moralistas que recurren, para el rechazo, a la idiosincrasia catalana, quizá por aquello unamuniano de la estética que nos pierde a la hora de la vida práctica. Parece que en Madrid no le hacen ascos y, claro, como es la ciudad rival por excelencia, se leen y escuchan cosas como: ¡que se vayan a Madrid! Como no. Madrid es una ciudad casticista y provinciana -según algunas elitistas opiniones de mi capital patria- a la cual no le queda mal un apéndice tan hortera, que sería una especie de escenario macrocibernético de La verbena de la Paloma.

No quiero ni pensar cómo nos sentarían comentarios al revés, deseando que el engendro se fuese a Barcelona por razones de inferioridad estética, moral y geográfica. Pues todo eso, que nada tiene que ver com la poesía y la generación del 27 me ha recordado un verso de un poema de Alberti, cuando éste señor andaba muy comprometido en contra del americanismo capitalista que es, para algunos, como un españolismo a la madrileña con un montón de dinero y de poder: ¡que se vayan a Miami con sus putas!

La realidad cubana de las últimas décadas nos ha enfrentado con lo que fue un sueño juvenil, la percepción de qué un comunismo con rostro humano era, no sólo posible, sino una realidad vigente. Había fallado el tema en sitios enormes, como la URSS, pero en Albania, en Cuba, el hombre nuevo surgía de las antiguas cenizas para gozar de una nueva sociedad igualitaria, rica, culta, pacífica, feliz y libre. Nada de eso era cierto, como es bien sabido. 

Unas putas se irían a Miami pero eso no acabó con la prostitución autóctona y lo que había de ser libertad acabó en dictadura, como suele pasar. Una cosa son las teorías y la otra la práctica y la realidad del ser humano, con la cual hay que contar, superando ya aquello de Rousseau que tanto predicó la bondad natural y acabó por mandar todos sus hijos al hospicio para economizar y no tener preocupaciones.

Alberti y aquella generación del 27, como también muchos intelectuales catalanes, se tuvieron que enfrentar al despropósito de la guerra civil. Unos murieron, son los más fáciles de mitificar porque no tuvieron futuro y se convirtieron en mártires. Los mártires, más todavía los mártires jóvenes, son muy cómodos para todos los poderes. Su recuerdo se puede poetizar fácilmente, se convierten en iconos, en pósters, en imágenes de estampita. Envejecer en la realidad de la miseria humana permite contradicciones y miserias diversas, vanidades y olvidos. 

Alberti y María Teresa León estuvieron en Barcelona en el tiempo de la guerra civil, su llegada fue recibida como la de dos grandes cantantes o dos artistas de cine, eran guapos, jóvenes, brillantes, comunistas. Una escritora, Teresa Pamies, también comunista, narra en uno de sus libros aquella llegada en olor de multitud. Se ha sabido y escrito poco, pero Alberti, en la intimidad, era bastante anticatalán y había manifestado sobre el tema opiniones un poco desagradables. Si las cosas son complicadas en todas partes, cuando se mezclan, además, temas patrios, todavía se complican más. Confundimos y todavía padecemos parte de aquellos problemas de percepción, antifranquismo con democracia, catalanismo con progresismo, izquierda con bondad, derecha con perversión y corrupción, catolicismo con pederastia.

En mayo se cumpliran setenta y cinco años de aquellos Fets de Maig de 1937, poco y mal recordados y que tanto decepcionaron al pueblo y favorecieron el larguísimo franquismo sociológico de los años venideros. Siempre se habla sobre la división de las izquierdas pero el tema no mejora. A causa de aquello hubieron torturas y muertes, la más emblemática la de Andreu Nin, no parece que Alberti se enterara y si se enteró, como tantos otros, seguramente debía admitir falsamente, como tantos otros, que el líder del POUM se había pasado al otro bando. Lo peor no es cómo se actuó en aquel contexto de violencia y tragedia colectiva sinó que después, con los años, no se hiciese autocrítica seria sobre todo aquello. En los primeros años de la transición todavía había vivido yo, en charlas diversas, discusiones muy violentas entre anarquistas y comunistas recordando aquello. 

Alberti fue una muestra de esas miserias condicionada por el hecho de que se espera demasiado de los poetas. Su casa romana fue centro de reunión de estudiantes privilegiados de mi juventud que lo iban a visitar y a los cuales recitaba cosas como eso de Miami o maldiciones en contra de la coca-cola. Yo no fui, porque pertenecía a aquella gran mayoría de la época del desarrollo, no universitaria, que debía trabajar desde la adolescencia para poder mejorar algo la economía familiar. Por suerte, aunque pagaban poco, era aquella una época en la cual había mucho trabajo para los jóvenes.

Alberti, como Sartre y tantos otros, olvidaron interesadamente el estalinismo. Alberti incluso dedicó un largo poema en forma de oda a la muerte de Stalin. Los poetas también son hombres como los demás. En la cota 705 del Ebro, al lado de un monumento a los pobres muertos en aquella carnicería, muchos de los cuales habrían sobrevivido si el gobierno no se hubiese empeñado en alargar una guerra perdida, enviando niños mal equipados a la primera fila de las barbaridades, se puede leer un poema de Machado dedicado a Líster. Machado era sin duda un buen hombre, pacífica, algo timorato y posiblement el valor bélico, en aquella época en alza, tenía para él una gran atracción. 

Envejecer tiene esas servitudes, sabes más cosas y conoces las sombras de tus ídolos juveniles, a veces dramáticas y otras veces incluso ridículas. Durante mi juventud toda aquella generación intelectual joven de antes de la guerra, evidentemente de izquierda, andaba favorecida con tintes absolutamente literarios y míticos, la situación triste de nuestro contexto propiciaba aquellas lecturas en la distancia.

Alberti regresó a España en olor de multitud, incluso tuvo un cargo político. La transición también generó mucha mística, mucha literatura, mucha música. El poeta cambió de amante y se casó con una persona mucho más joven que él, un tema clásico en la literatura y en la vida real. La pobre María Teresa León, pareja de su juventud y primera madurez, era ya una sombra. Protagonizó curiosidades motivadas por su nuevo estado civil, como la exigencia del retorno de una parte de patrimonio que había entregado noblemente a su ciudad poética, Cadiz, y la redacción de un montón de testamentos en poco tiempo. Su muerte y su herencia han dado lugar a una serie de controversias y luchas familiares. En las discusiones por las herencias hay poca poesía pero mucha posible narrativa sobre la realidad humana, al estilo de Balzac. 

La poesía al servicio de causas políticas da resultados lamentables. Sin embargo, Alberti tiene poemas muy bellos que recuerdo a veces sin querer, de repente, abrió la flor del cardón y el campo se iluminó... Me viene a la mente este poema que, al memorizarlo voy cambiando sin querer en cada recuerdo, cuando amanece un día soleado y la noche desaparece y todo se enciende, en el campo y en la ciudad, una especie de milagro cotidiano de la supervivencia optimista. 

Un cantante catalán, Pi de la Serra, contaba una vez cómo recapacitó sobre aquello que llamábamos canción de protesta cuando al finalizar un recital en el cual había cantado algo sobre irse a luchar a la montaña, al más puro estilo guerrillero, un jovencito se le acercó y le aseguró que pensaba acompañarlo y qué cuando empezaba la lucha. Ya se sabe que una cosa es predicar y la otra dar trigo, utilizando un símil religioso. 

No hay que pedir más a los poetas de lo que nos autoexigimos a nosotros mismos. La contradicción y la incoherencia son defectos humanísimos, como son lamentablemente humanas las luchas por el dinero y las herencias. A menudo he observado que encarar a alguien con sus propias contradicciones lo transforma en un violento verbal a la defensiva, suele pasar eso en algunos debates políticos de nuestro tiempo. No hay nada más ilustrativo que las hemerotecas recientes para poder rebatir lo que sea a nuestros predicadores convencidos y dogmáticos.

Hoy podemos saber muchas cosas fácilmente, si queremos. Sólo hay que viajar por internet para llegar a conocer un poco más la fragilidad de los mitos personales. Claro que también encontraremos mentiras pero hay que entrar a fondo en muchas mentiras para llegar a un poco de verdad, si es que hay una verdad absoluta, que no lo creo. Había muchas mentiras también en los libros convencionales, en las revistas de debate de mi juventud, en los artículos escritos por personas que creíamos alejadas de toda sospecha.

No hay que pedir demasiado a los poetas, ni tan sólo a los políticos. En la película antigua La heredera, primera versión de la novela de Henry James, el padre de la chica va a hablar con la hermana del cazador de pubillas y la hermana, una mujer sacrificada y pobre que ha ayudado al hermano cuando ha podido sin recibir nada a cambio, le dice que no hay que esperar agradecimiento de la gente, ni tan sólo de la gente cercana, ya que siempre decepcionan. 


Nos lamentamos cuando las cosas vayan mal pero a mi me sorprende mucho más que haya cosas que vayan bien y que incluso, aunque sea de forma minoritaria y local, podamos vivir períodos de una cierta paz poética. Que consiste en contemplar como la gente pasea en un domingo cualquiera sin miedo, como les pasa a otros en aquel mismo instante pero en otro lugar, de qué alguien les lance bombas mortíferas desde la belleza de un cielo supuestamente universal y solidario.

Siempre nos queda la palabra aunque sirva para poca cosa práctica. Nos sirve para soñar en una humanidad solidaria, distinta y posible, un espejismo, ¡pero un espejismo tan hermoso!

sábado, 25 de febrero de 2012

Ahi va la loca soñando: Rosalía, 175 años


Yo las amo, yo las oigo

cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van repitiéndose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!,
¡qué silencio en las iglesias!,
¡qué extrañeza entre los muertos!

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Eu ben sei destos secretos
que se esconden nas entrañas,
que rebolen sempre inquietos
baixo mil formas estrañas.


Eu ben sei destes tormentos

que consomen e devoran,
dos que fan xemer os ventos,
dos que morden cando choran.
..........................................
I anque ora sorrindo canto,
anque ora canto con brío,
tanto chorei, chorei tanto
como as auguiñas dun río.

Tiven en pasados días,
fondas penas e pesares,
e chorei bágoas tan frías
como as auguiñas dos mares.

Tiven tan fondos amores
e tan fondas amarguras,
que era fonte de dolores
nacida entre penas duras.


El dia 24 de febrero se conmemoraron 175 años del nacimiento de Rosalía de Castro, un personaje que ha formado parte de mis mitos juveniles y de mi memoria sentimental por muchas razones. La época de Rosalía es misteriosa y apasionante, miserable y esperanzadora. Las lenguas regionales resucitan de su letargo, en Catalunya gracias al movimiento de la Renaixença (Víctor Balaguer invitó a Rosalía a los Jocs Florals y tradujo algunos poemas de la autora al catalán) y muchas cosas, aparentemente, parecen cambiar en una buena dirección. Sin embargo la historia tiene altos y bajos y las miserias del siglo XX no tendrían que envidiar nada a las anteriores, más bien al contrario.

En mi libro de lectura escolar, una de aquellas enciclopedias autárquicas, hoy entrañables, había algún poema de Rosalía. Recuerdo, especialmente, ese de las campanas, que copio en el encabezamiento de este artículo. Las campanas no han enmudecido del todo pero casi. No tienen el peso específico de otros tiempos, en algunos pueblos incluso las silencian por la noche para no molestar a los dormilones. En mi barrio barcelonés uno de los campanarios, el más importante, tiene el sistema estropeado y el reloj parado desde hace tiempo. 

Cuando, en el bachillerato de antes, empecé a estudiar literatura recuerdo que un comentario biográfico sobre Rosalía me intrigaba, al mencionar su vida familiar se añadía una especie de coletilla, más o menos creo que decía quizás no alcanzaron la felicidad, haciendo referencia a la pareja formada por ella y Murguía. Me extrañaba ya que yo consideraba que, por las imágenes que se conservaban, era una mujer hermosa, seguramente admirada, que se había casado enamorada, con un intelectual y había conseguido, en aquella época, realizarse más o menos con algo creativo. Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas. Rosalía tuvo momentos muy tristes y muchos problemas. 

El relativo éxito de Rosalía en su época fue un arma de doble filo. Todavía no están claras las razones por las cuales abandona en algún momento la lengua gallega y dice que no volverá a escribir en gallego. Si escribir en España era llorar, como decía Larra, para una mujer el llanto resultaba mucho más dramático. Además de eso, no es fácil pertenecer a culturas minoritarias sin estado propio, lo sé por experiencia. 


Se te exigen cosas exageradas, quienes más defienden la pureza incondicional a esa cultura son los primeros en traicionarla por cosas tan vulgares como el dinero, en muchas ocasiones. Se exige también devoción incondicional al servicio de la causa, una causa en la cual, como en todas, convergen muchos intereses y divergencias intelectuales y políticas. También se quiere creer que si escribes bien en gallego -o catalán- no puedes -o no debes- hacerlo en castellano. O en inglés. Sin embargo todo eso son tópicos y en el mundo intelectual hay ejemplos muy diferentes de escritores. 

En el tema lingüístico y cultural se mezclan muchos tópicos, prejuicios, ignorancias y resentimientos. Las lenguas y las formas dialectales, la frontera entre una cosa y otra tampoco es nada clara, deberían servir para comunicarse plácidamente, en el fondo son creaciones culturales, las lenguas románicas no son más que latín mal hablado y seguramente el latín también fue el resto de algo anterior, convenientemente elaborado por los poderes culturales de la época del imperio. Sobre qué es o no es la cultura, habría mucho que comentar, existen miles de definiciones de esa palabra, tan manipulada y tergiversada.

Volviendo a Rosalía, con el tiempo me ha continuado fascinando. Encuentro igualmente buenos sus poemas en gallego y los que escribió, por el motivo que fuese, en castellano. Hace años, más de los que quisiera, estuve en su casa de Padrón y pocas visitas a lugares parecidos, relacionados con escritores, me han producido tanta emoción como aquella visión del pozo familiar y de la casita, hoy museo. Todo es subjetivo, claro. Se dice que su abandono tardío del gallego vino de unas demoledoras críticas a su persona por haber ella misma criticado ciertas costumbres de su tierra, algo bárbaras, seguramente con mucha razón. 

Las imágenes de Rosalía, que llegaron incluso a los billetes de quinientas pesetas de hace años, nos la muestran siempre con esa profunda tristeza o melancolía interior, muy gallega, si se me permite recurrir a un tópico territorial. Pero es que gran parte del paisaje de Galicia parece vivir en esa mirada distante y lluviosa, poética y resignada. Su obra no es muy extensa y, por lo tanto, resulta asequible en su totalidad. Merece relecturas periódicas. Su musicalidad ha motivado que algunos cantantes se atrevieran con sus letras. 175 años son muchos. O pocos, según se mire. Pocos vivió también Rosalía que murió antes de los cincuenta, una edad que hace años me parecía avanzada y hoy me parece de plenitud, casi juvenil. 

En todo caso, merece la pena aprovechar ese aniversario o cualquier otro para recuperar su obra y disfrutar de sus poemas, sobre todo en algún día de lluvia o de niebla, aunque sea de niebla mediterránea.

sábado, 18 de febrero de 2012

Reivindicación del jardielismo eterno









Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.


Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.


Realmente, sólo los padres dominan el arte de educar mal a los hijos.


El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.


En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.


Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.


                               Jardiel Poncela


Se cumplen hoy sesenta años de la muerte de Enrique Jardiel Poncela, un autor todavía poco y mal conocido, aunque tiene y tendrá seguidores absolutamente adictos. Jardiel fue un hombre sin suerte, murió prematuramente, a los cincuenta años, bastante olvidado. Cincuenta años parecen muchos cuando eres joven, después, con el tiempo, te das cuenta de que en esa edad todavía puedes hacer muchas cosas.

Mi madre nos recitaba divertida muchos fragmentos de obras de Jardiel, en especial de Angelina o el honor de un brigadier, que había visto en teatro y cine. Tan mitificada tenía yo esa obra que en una ocasión, hace muchos años, la emitieron por televisión en aquellos añorados Estudios 1 y tuve incluso una cierta decepción. Claro que las obras de teatro dependen en buena parte del montaje y de los actores, además del texto.

Uno de los primeros volúmenes que compramos en el Círculo de lectores, al comienzo de aquella iniciativa popular de venta a domicilio de literatura, fue El libro del convaleciente, con el cual me había reído mucho de jovencita. El yerno de Jardiel fue un lince del teatro comercial, Alfonso Paso, y se decía que había aprovechado muchos materiales del suegro. Puede que fuese así pero yo creo que también pesaba la envidia hacia el éxito popular del teatro de Paso que, con todos los defectos que se le quieran encontrar, funcionaba y funciona. 

Jardiel recibió palos por todas partes. Estuvo en una checa, acusado injustamente, pudo irse al fin de España durante la guerra pero su humor, tan especial, tampoco no era del gusto de los vencedores. La guerra fue un desastre para la convivencia y para las relaciones humanas. En la posguerra, una gira por hispanoamérica fue muy mal recibida por los exiliados republicanos, que la boicotearon ruidosamente. Recibió algún premio pero también palos morales diversos. Sin embargo su humor creó escuela y tuvo seguidores, aunque no todos reconocieron su influencia.

Jardiel venía de una familia de artistas e intelectuales. Su yerno, Alfonso Paso, pertenecía también a una familia con muchos personajes relacionados con el teatro, con la música. Dos nietas de Jardiel fueron actrices, Paloma y Rocío,  y un biznieto, Darío Paso, es un hoy un muy buen actor conocido por sus intervenciones en películas y series, que también ha dirigido interesantes cortometrajes. 

El humor de Jardiel sería, en cualquier otro país europeo, mítico y mitificado, no andamos tan sobrados de autores humorísticos inteligentes. En nuestro mediocre presente el humor grueso y la tontería recurrente tienen muchos más adeptos. También en catalán la ironía de otras épocas, de la cual tanto se presumía, ha cedido el paso a la broma fácil y vulgar. Una muestra de humor estúpido son los gags y los programas de risa relacionados con los políticos, cualquier chiste clandestino sobre Franco, de nuestra juventud, tenía mucha más gracia, a pesar de la censura, que esas supuestas críticas facilonas. Los aspirantes a humorista hispánico deberían realizar un doctorado en jardielismo, de forma obligatoria, todavía más si aspiran a ser televisivos.

domingo, 12 de febrero de 2012

Reflexiones sobre la ética de la estética



La muerte de Tàpies y la reciente exposición sobre Miró me han llevado de nuevo a reflexionar sobre eso que llamamos arte, aunque las reflexiones las podría hacer extensivas a cualquier otra cosa. Mi abuelo repetía a menudo un refrán antiguo, en catalán, agafa fama i fote't a jeure. No creo que haga falta traducir-lo, hay versiones en castellano de ese dicho recurrente. La fama cuesta -o no- de adquirir pero una vez se tiene, debidamente gestionada, da dinero para vivir cómodamente. Claro que para gestionarla de forma adecuada hace falta también una gran dosis de razonamiento y de inteligencia práctica. 

Un tópico muy del gusto romántico incide en el carácter extraño y autodestructivo de muchos genios. Sin embargo, al lado del artista autodestructivo, de vida corta y apasionada, existe y ha existido el artista previsor y pesetero, el buen vendedor, normalmente de origen burgués o de clase media altita, que acaba convertido en un burócrata, en un artista oficial de los poderes públicos que son hoy los mecenas de casi todo. Si no fuese así no se entendería el dinero que mueven galerías y obras de arte actuales y los artistas geniales que han estructurado su obra en medio de discursos sobre libertad, democracia, ruptura y el resto se hubiesen negado a cobrar más, por ejemplo, que un buen albañil.

Claro que todavía no sé qué es un genio. Hay personas que nacen con un don para el deporte, para la música, gracias al cual llegar a ser eso que llamamos genios. Sin embargo también la supuesta genialidad conoce altos y bajos, como la bolsa, y los genios de hoy quizá no serán genios del mañana, de la misma manera que los genios de ayer no todos resistieron igual el paso del tiempo.

Estos días, a causa de la muerte del pintor Antonio Tàpies, he escuchado a muchos expertos comentar aspectos de su genialidad. Creo que esa pintura avanguardista, hoy tan alabada y de las bondades de la cual no puedes discrepar si no quieres ser mirada con cierto desprecio compasivo por aquellos que son sus incondicionales seguidores, guste o no, ya no es moderna, ni provocadora, ni contraria a la burguesía. Es más, creo que con el tiempo, aunque quizá yo no lo vea, se manifestará como un cierto engaño, al estilo de aquel invisible retablo cervantino o del traje del emperador de Andersen.

Las instituciones se han hartado de comprar, a muy buen precio y con nuestro dinero en muchas ocasiones, producciones artísticas de ese tipo moderno, por ponerle alguna etiqueta generalista. El dirigismo  cultural que los mismos artistas como Tapies criticaban y rechazaban ha asumido ya esas producciones que fueron revolucionarias y que hoy son tan burguesas y oficiales como aquellas que combatían hace, ay, más de cincuenta años.

No sé todavía, qué es o no es arte. Las definiciones de la palabra, lo mismo que las definiciones de cultura son múltiples y contradictorias. Por no saber no sé ni qué es una lengua, concepto que los nacionalismos grandes, medianos y pequeños parecen entender de forma monolítica y devota. Sin embargo ninguna de las definiciones oficiales de todas esas grandes palabrejas me ha convencido, con los años me he vuelto agnóstica en casi todo. O ya, directamente, atea.

En el fondo todo es política, cosa que no debería ser negativa, al contrario. La política es necesaria para la convivencia y la organización. Una frase brillante de hace años insistía en el hecho de que toda ética tenía su estética y su política. No dudo de qué así debería ser, sin embargo el sistema es capaz de fagocitarlo todo. Cuando las circunstancias son duras y dictatoriales hay un riesgo en enfrentarse al sistema y el arte y la cultura disidente tienen un valor añadido, cuando no es así las cosas no resultan nada claras.

Las universidades y los llamados expertos, a menudo muy brillantes, igual que ciertos políticos también expertos, del poder y de la oposición, en eso no hay grandes diferencias semánticas, son capaces de emitir discursos que captan con facilidad los ánimos juveniles. A veces reflexiono, desde mi casi vejez, en todo lo que creía de buena fe cuando me lo decía alguien con prestigio, desde el lugar privilegiado del profesor universitario, del conferenciante de culto, del gurú cultural indiscutible.

Escucho a gente joven hablar de arte, de política, de literatura, y me sorprende ver que repiten, sin saberlo, consignas oficiales. Las consignas oficiales no son sólo las del poder en el poder, sinó también las del poder opositor. Se eternizan políticos en el poder pero también se eternizan sindicalistas, gurús del pensamiento alternativo, artistas supuestamente revolucionarios.

Respecto al arte, reflejo de éticas y políticas, me puedo interesar por producciones hechas por gente anónima, joven o no, con inquietudes e ideas, por extrañas que me resulten, cuando no mueven dinero. Sin embargo cuando son los poderes vigentes quienes me venden genialidades y cuelgan obras de arte en lugares públicos sin consultarme, aunque pague yo, en parte, la supuesta maravilla destinada a mentalizarme sobre nuevos caminos que ya son muy trillados, todo me resulta bastante dudoso, inquietante. Todavía más cuando muchas veces no se expresan opiniones contrarias y serias a todo eso, o cuando los supuestos oponentes esgrimen razones que también resultan ya bastante apolilladas.

Nos gustan muchas cosas porque personas que nos merecen confianza nos han dicho que nos tenían que gustar. Pero en el fondo todo es venta y comercio. Lo realmente alternativo no tiene, hoy, demasiados canales para darse a conocer, a pesar de internet. Un profesor de historia del arte que tuve en una ocasión, para defender eso que llamamos arte moderno, recurrió a una imagen muy gráfica, en el fondo, decía, todo es cuestión de devociones. Por ejemplo, explicaba, para un no creyente una misa no dice nada, puede ser un acto incluso ridículo. Para un creyente es mucho más. Hay que comulgar con las ideas, aunque sea con las ideas estéticas, para valorarlas y disfrutar del contenido. Otro ejemplo que ponía era el de la diferencia entre una virgen venerada en su santuario o reconvertida en una talla románica y colocada, con otras muchas en un museo.

Me parece todo muy bien, sólo que reivindico la libertad religiosa y la libertad estética. Sin embargo, respecto a ciertos artistas indiscutibles sólo percibo monolíticos discursos que desprecian, aunque sea de forma educada y condescendiente, la discrepancia, como si ésta fuera fruto de la ignorancia o de la falta de educación estética. Las universidades, las escuelas profesionales, oficiales o no, también han contribuido a la existencia de dogmas incuestionables respecto al arte, incluso a la cocina creativa. Desde la escuela primaria, desde el parvulario, se vende el producto vigente, por lo tanto a las nuevas generaciones les va a costar desprenderse de esos lastres, tanto, casi, como a mi me costó desprenderme de los antiguos. Mentalización y adoctrinamiento son, muy a menudo, casi sinónimos.


Un reciente monumento als castellers ha producido reacciones diversas en Barcelona, sobre todo cuando se ha sabido el coste que tiene, a mucha gente no le gusta, gente que conozco y que no es, ni mucho menos, de derechas. Sin embargo algunos brillantes opinadores del presente han comentado con tópico humor actual que es una garantía que no le guste al concejal del PP. Eso son razones dialécticas evidentes y el resto, paja. Claro, ahora mucha buena gente que no es del PP, situada mucho más a la izquierda que esos opinadores de culto, no se atreverá a decir que el monumento les parece una birria, no fuese el caso que ya les colgasen la etiqueta correspondiente, la de fachas ignorantes, vaya. Así nos va. Cuando temas concretos, éticos, estéticos o políticos, se etiquetan como de derechas o de izquierdas de forma irreversible y no permiten ninguna discrepancia seria y razonada ya la hemos fastidiado.

domingo, 29 de enero de 2012

Aquellos tiempos de la mili obligatoria


Imagen: Jura de bandera en Sant Climent Sescebes, postal (ediciones Alzamora)



Mi hermano, que hizo la mili en Cartagena allá por los años setenta, en infantería de Marina, me comentó que en sus visitas a esta ciudad, ahora ya de turista, añoraba aquel ambientazo de muchachos jóvenes arriba y abajo, haciendo el servicio militar. Los paisajes militares cambiaron con el final de la mili, lo hicieron de forma algo abrupta, primero vinieron los servicios substitutorios, los objetores y de pronto nos encontramos con qué aquella época, tan relevante para los jóvenes de mi época, había terminado de forma definitiva, aunque creo que jamás hay nada en la historia que sea definitivo del todo.

Mi hijo nació en el ochenta y el anterior fue una niña. Recuerdo que comentábamos en broma, cuando nació, que quizá ya no tuviese que ir a la mili, cosa que fue así, aunque tuvo todavía que hacer papeles solicitando prórrogas y objeciones, trampas legales para evitar el tema cosa que, en aquella época, hacían muchos chicos. El servicio social  substitutorio se organizó tarde y mal y consistió en entretener a los jóvenes en onegés diversas, incluso en escuelas o centros sociales, haciendo cualquier cosita útil o que lo pareciese. En algunos casos, pocos, fueron una ayuda interesante, incluso. Era algo parecido, aunque más largo, al servicio social para chicas que nos montaba la inefable Sección Femenina.

Si yo hubiese sido un hombre no sé cómo habría vivido la mili, en aquellos años era todavía una chica muy tímida y acomplejada, bastante cobardica. Sin embargo conozco chicos de carácter parecido al mío que no recuerdan la experiencia con rabia ni con dolor sino con cierta nostalgia e incluso con algo de romanticismo. La mili se vivía de forma muy diferente según dónde y con quién la compartías. A veces, como suele pasar en las escuelas e institutos, eran mucho peor los compañeros que los mandos. 

En internet hay muchas evocaciones de milis diverses. Durante años era la mili la batallita habitual que los señores contaban en sus tertulias familiares, eso los chicos que ya no habían ido a la guerra, que fue una experiencia mucho peor vivida por los hombres jóvenes de la edad de mis padres. La batallita femenina eran los partos, más dolorosos, peligrosos y numerosos en épocas pretéritas. Hoy no hay mili y los partos también han cambiado mucho.

La vida suele ser monótona, en aquella época lo era mucho más, y esas vivencias rompían la rutina. Respecto a los muchachos, era habitual comentar que se hacían hombres durante el servicio militar. Normalmente las bodas, más precoces que en la actualidad, se realizaban después de acabar la mili del novio. Claro que para la mayoría había pocas opciones de estudio y la gente humilde seguía el camino marcado de antemano por unas costumbres que parecían no variar nunca. Los privilegiados universitarios eran minoría y hacían milicias. En una ocasión mi madre comentó a una vecina, que tenía aspiraciones y que pronto dejó mi modesto barrio, que quizá mi hermano y su hijo irían juntos a la mili, pues tenían la misma edad y su apellido empezaba por la misma letra.

-Oh, no -dijo la vecina fanfarrona-. Mis hijos serán de las milicias universitarias...

Huelgan comentarios. Ignoro si el chico llegó a hacer carrera o no. 

En aquella época existían -también- los enchufes, a todos los niveles, cosa que yo creía que con la democracia se acabaría del todo y que era culpa del franquismo, santa inocencia. Con la mili funcionaban bastante bien las recomendaciones aunque en algunas ocasiones era preferible tener conocidos en las bases administrativas que en los altos niveles militares, en los cuales cierto sentido del honor podía hacer tomar a mal aquellos intentos de corrupción cotidiana.

Cuando los chicos se iban a la mili, los conocidos y vecinos les solían montar fiestecitas, las novias lloraban e incluso dejaban en aquel momento que el novio llegase algo más allá de lo conveniente en el tema íntimo. En aquellos tiempos embarazarse fuera del matrimonio estaba muy mal visto y cuando se podía la cosa se solucionaba con una boda prematura, muy mal considerada por todo el mundo, incluso por los sectores más modernos del entorno. Los métodos de control de natalidad eran rudimentarios  o inexistentes.

Más de una vez la familia aprovechaba la jura de bandera para hacer un viajecito, sobre todo si el recluta no estaba muy lejos. Los abuelos de hoy y los padres algo creciditos sobrevivieron a la mili aunque creo que todavía hay historias ocultas sobre accidentes y algún suicidio que se taparon de forma conveniente. Recuerdo una ocasión en la cual un compañero de trabajo de permiso, que hacía la mili en el Pirineo, nos contó, horrorizado, que había presenciado un terrible accidente mortal que había costado la vida a otro soldado a causa de un material defectuoso. Esas cosas no salían en el periódico, empezaron a comentarse con la transición, época en la cual en los cuarteles se añadió el peligro de las drogas, que empezaban a correr como el agua por todas partes.

Las chicas aguantaban noviazgos castos, guardaban más o menos la ausencia a los novios y escribían largas cartas, a veces a diario. Tuve suerte de no tener novio en la mili, me ahorré tanta correspondencia aunque a algún amigo soldado escribí de vez en cuando, cosa habitual. Los chicos tenían vía libre, se suponía que hacerse un hombre incluía experiencia sexual, además cuando empezaron a llegar las turistas suecas los soldados de playa también aprovecharon bastante la ocasión. 


Había milis mucho más peligrosas para los noviazgos que otras, según el destino. Entre mis conocidas existía un temor, no sé si justificado, hacia las chicas gallegas, melosas y dulces, que atraían a los soldaditos solitarios y provocaban finales de noviazgos sólidos. Hubo también muchas bodas serias generadas en aquella época, a partir de amistades hechas en bailes y paseos de zonas militares. 

Una vez, cuando empecé a trabajar de maestra, en una clase de párvulos vino a buscar a su hermano pequeño un chico que hacía la mili. Todos los niños y niñas gritaban, admirados 'un soldado, un soldado'. El uniforme militar tenía un gran prestigio aunque el hispánico de tierra no era precisamente una maravilla de diseño, de confección ni de calidad textil.

Todo pasó como una luz que yo apagué, como dice la canción. Los lugares con soldados ofrecían grandes perspectivas a las chicas que buscábamos novio, recuerdo unas vacaciones en Mallorca bailando con soldados de permiso en la entonces exótica discóteca Barbarella y también a unos soldados con los cuales hicimos amistad en la época de un curso obligatorio para maestras, en Zaragoza, cuando estudiaba. Los organizaba la Sección Femenina, los llamaban de tiempo libre, y en aquel caluroso mes de julio me harté de elaborar bonitos murales con frases de José Antonio, cosa que quizá debería ocultar de mi currículum existencial ya que hoy la gente más joven tiende a hacer lecturas muy maniqueas de todo.

Para ser maestra nacional no jurabas bandera pero firmabas un documento aceptando los principios del movimiento. Tragamos muchos sapos, cierto, no los tragamos a gusto, pero sí con ingenuidad e inocencia, por necesidad de sobrevivir. Además, de joven te parece normal lo que vives, incluso muy divertido. Afortunadamente. 

En la mili se hacían también buenas amistades, muchos compañeros de mili de mi marido vinieron a nuestra boda, nosotros fuimos a la suya y después nos perdimos todos por los caminos del mundo, de forma inevitable. La amistad se consolida con la convivencia diaria, aunque a veces también se estropea, pero es difícil conservarla en la distancia ya que todos cambiamos y si nos volvemos a encontrar nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Nuestro tiempo presente ha extendido sobre todo lo militar la sospecha y hasta cierto distante desprecio. Nada de juguetes bélicos, aunque echemos partidas de parchís o ajedrez, batallas incruentas, o se maten marcianitos en las pantallitas actuales. Quizá algún día no hagan falta ejércitos pero falta mucho para eso y, desgraciadamente, el mundo tiene muchos espacios en guerra, en sus mapas. Los discursos buenistas no ofrecen, de momento, ninguna alternativa a corto plazo y ni que sea para conservar una cierta paz hay que contar con el estamento militar, aunque ahora no nos toque a nosotros sufrir. Quizá, como hicieron los romanos, y como ocurre ya con las fuerzas internacionales, los desheredados, los pobres, aceptarán ir a luchar no importa porqué, por ellos mismos, como se evidenciaba en aquella terrible película de Redford, Leones por corderos. Hoy los ejércitos, además, ya no son sólo cosa de hombres, como el coñac de los anuncios de mi infancia.

La mili, como todas las experiencias vitales, fue personal e individual, cada chico tuvo la suya y la vivió a su manera. En tiempos más analfabetos se aprendía en ella, mejor o peor, a leer y a escribir. Chicos de distintos puntos de la geografía hispánica se conocían allí. Generaba corruptelas y miserias pero también grandezas y generosidades. A los chicos jóvenes de hoy todo aquello les debe parecer un cuento chino, se preguntan sin duda cómo podíamos aguantar determinadas situaciones. Se habla mucho de empatía pero la empatía és un sentimiento muy difícil, casi imposible de conseguir, ponerse en el lugar de otro, en su época, en sus circunstancias... vano empeño. 

De la misma manera hoy no podemos ponernos en el lugar de los jóvenes actuales, con otros problemas y otras aspiraciones pero seguramente con la misma angustia vital o como queramos llamarle a ese sentimiento doloroso de maduración que nos lleva a preguntarnos en algún momento por el sentido de la vida y del mundo, de las milis y de los ejércitos.


Muchos pueblos siguen celebrando una fiesta de los quintos, inspirada en la época de la mili. Hoy la suelen celebrar los jóvenes de ambos sexos que cumplen dieciocho años, son una fiesta más, reconvertida, que tiene sus rituales, a veces algo ruidosos y extraños, un compendio de costumbres ligadas a esos quintos del presente daría mucho que pensar pero no sé si alguien tiene alguna intención de hacer, sobre la cuestión, algún estudio sociológico.


Con mili o sin mili la juventud llega y pasa, sólo una vez en la vida. Se intenta alargarla de forma artificial, se supone que no hace falta ir al campamento militar para hacerse un hombre ni soportar un parto doloroso para ser una mujer. Hace unos días leí en un blog un comentario sobre una carta al periódico en la cual una madre se quejaba de los contenidos literarios de las pruebas de selectividad. También se quejan profesores de la universidad de que en algunas ocasiones los mismos papás y mamás, cual si de la escuela primaria se tratase, van a pedir explicaciones en nombre de sus bebés de veinte años. Cada época tiene sus servidumbres.