sábado, 3 de mayo de 2014

LA FILOLOGÍA ES PECADO


Parece que se encuentra en peligro de cierre el grado de Filología Románica de la UB. Las protestas no se si conseguirán prolongar la agonía, creo que tienen cierto paralelismo con las que se producen cuando cierra un establecimiento céntrico, bonito y antiguo, sobre todo una librería. No corren buenos tiempos para los estudios que se llamaron clásicos pero el tema no es de hoy, ya en mi juventud, cada vez más lejana, se criticaba la obligación de estudiar lenguas que se llamaron muertas. En aquel entonces se empezaba muy pronto con el latín además de ser la lengua oficial del estamento eclesiástico, cosa que también lo ha perjudicado en épocas de poca afición a la cultura católica. Suprimir las misas en latín fue vivido como un logro de la modernidad. Hoy va poca gente a misa y ya da lo mismo todo. Las procesiones estuvieron a punto de morir también pero han resucitado con éxito ya que eso de disfrazarse y desfilar, por el motivo que sea, resulta muy del gusto de los humanos y de las humanas.


Un profesor de matemáticas, cuando yo estudiaba aquello que se llamó bachillerato elemental y que a pesar de ser elemental hoy nos sorprende por su enjundia, ya nos dio la bronca un día que escuchó nuestra crítica al estudio de cosas inútiles como el latín. La razón de peso para suprimir estudios es que no hay demanda. No pasa sólo con la filología románica, en una visita a una escuela de formación profesional de cierto prestigio le comentaron a una persona conocida que seguramente dejarán de enseñar carpintería, Ikea ha hecho mucho daño al sector. La carpintería fue durante años un buen oficio, de cierto éxito popular en el ámbito del trabajo no ligado a estudios universitarios de altura. Mientras la universidad fue minoritaria se suponía que un carrerón daba trabajo. Pero es que aquellas minorías universitarias también tenían otra cosa a favor: los conocidos y las relaciones. Y el anónimo estudiante de hoy a menudo tiene trabajo para vender su producto si no cuenta con algún enchufillo. Por eso los del coaching ese insisten en el tema de cultivar relaciones y saber venderte a ti mismo, expresión horrible si no fuese que ya tragamos con todo si nos llega con sello de posmodernidad fashion.


El problema es que nos hemos creído más ricos de lo que somos y hemos hecho crecer a nuestros hijos, nietos y sobrinos en medio de un espejismo: hay que estudiar aquello que gusta, los estudios dan dinero y porvenir y categoría social. Nada de esto es verdad de forma absoluta, mucha gente ha de trabajar en lo que se encuentra y parece que eso genera frustración aunque no siempre es así y conozco gente joven que gana poco, trabaja en lo que puede, vive de forma modesta y es bastante feliz, la verdad. Las frustraciones a veces llegan más bien del contacto con el mundo real, cuando el etéreo estudiante de medicina se encuentra en un hospital mal gestionado, mal organizado, con prebendas diversas que no entiende. O cuando la maestra tropieza con la burocracia abusiva, la imposibilidad de escapar de un currículum con muchas tonterías o del exceso de fiestas populares que la obligan a disfrazarse de gallina en carnaval. Y pongo los ejemplo médicos y magisteriles porque por la radio escuché hace poco a alguien que filosofaba sobre el tema y los ponía también como ejemplo, tantos años de estudio para ganar novecientos euros, mil quinientos con las guardias y todo eso, en el caso de los médicos. El de los maestros es distinto porque se había ganado poquísimo hasta hace cuatro días y en la actualidad la cosa no está mal aunque todo el mundo se queja siempre de todo. Hemos de aprender mucho de los inmigrantes que nos han llegado de todas partes, les he oído a menudo ironizar sobre eso de nuestras crisis, no me extraña, vienen de lugares en crisis permanente y sin ningún tipo de posibilidades y por eso se agarran a lo que encuentran con alegría y esperanza.



La carrera o el oficio que se escoge -si se puede escoger, nuestros padres y abuelos, en su gran mayoría, no escogían anda- es una flecha lanzada al azar, como todo en la vida. La felicidad es una abstracción ligada a muchos factores. Pero en un mundo en el cual parecía que todo iba a mejor y ese todo se refería, más que nada, a tener más dinero y mejores casas y poder viajar (el viaje se ha convertido en un objeto de consumo muy curioso) no es extraño que ciertos valores que podría llamar espirituales si eso del espíritu no fuese también tan polivalente se encuentren en recesión. 

Celaya escribió que hacia falta poesía para el pueblo. Quizás también haga falta filología románica para el pueblo y que los saberes bajen hasta el centro cultural del barrio para que se los tenga en cuenta. Somos contradictorios, ensalzamos la culturilla pero admiramos a aquel que se ha enriquecido jugando, por ejemplo, a fútbol, o haciendo mala televisión de masas o trapicheos legales. Así es el mundo. Como cuando se cierra una tienda en la cual hace años que no entrábamos a comprar nada seguramente se verterán lágrimas de cocodrilo por la filología, tan necesaria hoy para entender un poco de dónde venimos y qué es o no es eso que llaman una lengua, un idioma, cosa que reconvertimos de medio de relación en bandera divisoria  o en señal de profunda identidad, cuando al fin y al cabo los romanos acabaron por la fuerza o por la persuasión con los substratos de identidad comunicativa de nuestros antepasados remotos. Se unifica y luego se vuelve a dividir, de la misma manera que de lo clásico se pasa a lo barroco, así es el mundo. 

sábado, 12 de abril de 2014

EL CLUB DE LOS POETAS RICOS Y EL MUNDO REAL




Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.


(Conversación, fragmento)


Ayer volví a ver por televisión el programa de la serie Imprescindibles dedicado a Gil de Biedma. La televisión ha sido siempre muy criticada de forma global cuando la realidad muestra una gran diversidad entre la cual se pueden encontrar, incluso hoy, cosas excelentes. Además las nuevas tecnologías nos permiten mirar esos buenos programas por internet, cuando nos parece y nos es posible. El libro y la lectura convencional, en cambio, están todavía sacralizados, así, en general, un absurdo.

Gil de Biedma todavía dará mucho que hablar, me imagino que quedan un montón de cosas suyas por publicar. No soy una incondicional de su poesía y su mundo, ese mundo tan burgués, de una intelectualidad que vivía muy bien mientras en mi casa y en muchas otras se pasaban grandes estrecheces, me produce bastante repelús y lo veo tan lejos de mi como si fuese extraterrestre. También me molesta la mitificación de los personajes en base a su vida íntima, a su final trágico y prematuro. Un poco como la tuberculosis en el siglo XIX el SIDA y las drogas han contribuído a hacer de muchos personajes una especie de héroes a causa de sus muertes poco convencionales, después de una vida consumida de forma rápida y brillante. Gil de Biedma tampoco murió tan joven, aunque hoy sesenta años parecen la flor de la vida. Si muchos mitos hubiesen llegado a viejecitos no habrían producido tanto merchandising, como es el caso de James Dean o de Marilyn Monroe. 

Además de famosos e intelectuales murieron en aquellos primeros años del SIDA muchos chicos humildes, amantes ocasionales de gente conocida, chaperos lumpen, pequeños delincuentes adictos a la droga, olvidados hoy, que no eran poetas ni actores ni cantantes de rock. Durante un tiempo la Rambla de Catalunya de Barcelona ofrecía unas nocturnidades llenas de adolescentes que parecían -quizás lo eran- salidos de los barrios retratados en las películas de De la Loma, buscando trabajo sexual. Bueno, hoy también la noche urbana está llena de chicas y chicos muy jóvenes y pobres, de todo el mundo, todo se ha globalizado.

La homosexualidad, el tema del sexo en general, se ha normalizado bastante, considerando de donde venimos, claro, de la represión más rancia y absurda alrededor de ese tema. Sin embargo... He comentado en un blog literario en catalán el último libro de John Irving, titulado en castellano Personas como yo. El protagonista es una persona bisexual, que se relaciona con gente muy variada, un intelectual, un escritor que evoca la época de la epidemia de muertes por SIDA, descritas con gran crudeza y detalle en muchos casos. El libro está lleno de referencias literarias, entre las cuales las de personajes de Shakespeare, como Ariel y Calibán, mitos que también utilizó Gil de Biedma en algunos poemas. Si el autor no fuese tan anglosajón -aunque el protagonista acabe paseando por Madrid buscando a su padre- hubiese podido incluir el personaje del poeta en esa larga historia sobre identidades múltiples.

Ayer, mirando el programa sobre Gil de Biedma, me sorprendió ver desfilar entre los testimonios tanta gente que ya está muerta: Castellet, Ana María Moix... Todo un mundo brillante, de una intelectualidad bastante elitista, de esa izquierda divina y discotequera que pobló unos años en los cuales todo era minoritario y que va desapareciendo con la masificación de la cultura y los cambios sociales. A la universidad iban cuatro gatos y Gil de Biedma ya era de los ricos entre los ricos, en aquel lugar. En la enciclopedia virtual lo etiquetan, en la versión catalana, como poeta catalán en castellano y en la castellana, como poeta español. Que mal llevamos y hemos llevado eso de la identidad y la lengua y la catalanidad no ortodoxa, aquí y allá. Todo tiene tendencia a etiquetarse y clasificarse, como el sexo. Creo que se acepta más una homosexualidad confesada y militante que una bisexualidad errática y diversa, de la misma manera que no se quiere entender que alguien se exprese por escrito y hablando, en dos o más lenguas, de forma distendida, normalizada y correcta. Hay que ser disglósico a la fuerza para hacer eso. El mundo del sexo todavía anda lleno de tópicos y medias verdades y me temo que así será siempre porque pertenece a lo más íntimo de las personas, a esa intimidad que a veces nos asusta por sus zonas oscuras.

No puedo evitar sonreir cuando lo clasifican como marxista o de izquierdas. A él y a tantos otros. Muchos problemas de la historia reciente han  derivado del hecho de que los líderes de izquierdas provenían de la burguesía o de clases  privilegiadas y en el mismo partido la convivencia entre el obrero real y el señorito con mala conciencia no acabó de funcionar. Algunos políticos de izquierda no habían trabajado nunca (aún quedan algunos), lo que se dice trabajar de forma vulgar, ocho, diez horas al día, un jornal necesario para la subsistencia, convencional y que poco tiempo deja para la poesía. Incluso los que provenían de las clases humildes se desclasaban para mejorar. Maruja Torres manifestaba hace un tiempo que ahora era una señora de l'Eixample, y lo decía con orgullo y no con la nostalgia de haber perdido los orígenes. La conocida rivalidad entre Sartre y Camus estuvo presidida por el orgullo de Camus de haber sido pobre, sin embargo ya no lo era, aunque tenía más razones y conocimientos que Sartre para hablar sobre los obreros y la gente con necesidades evidentes. Juan Marsé, que fue uno de los humildes en contacto con todos esos personajes, retrató todo ese mundo barcelonés polarizado entre unos pocos ricachos y muchos pobres en sus libros, el mejor, para mi gusto personal, Últimas tardes con Teresa. Marsé es un gran ejemplo de los problemas culturales encorsetados entre lo catalán y lo castellano -o español-. Hoy se arreglaría pronto de forma drástica, el libro se publicaría de forma simultánea en las dos lenguas y todos tan contentos, el caso es vender. Y eso, claro, si el autor lo permitía, que en el caso de Marsé me temo que no sería así.

Incluso algún familiar de Gil de Biedma tenía que admitir, en ese reportaje, que por más marxista e izquierdoso que se declarara era un gran burgués y vivía como un burgués más allá de sus escapadas frecuentes por ese mundo sombrío, desdichado y miserable que también fascinó tanto a Pasolini. Eso no quita mérito a sus poemas, claro. Creo que es conocido, más que nada, por ese de No volveré a ser joven, repetido hasta la saciedad por un montón de gente, cantado por muchos, entre los cuales Miguel Poveda, excelente versión. Pasa un poco con todos los poetas, tienen algunos textos que se convierten en recurrentes y emblemáticos hasta cansar. Ocurrió con Espriu y aquello de estar cansado de la tierra propia y querer alejarse hacia el norte o mantenerse fiel al servicio del pueblo y todo eso. 

El mismo Gil de Biedma consideraba que era éste su mejor poema. Yo misma conocí su obra a causa de ese poema porque en una ocasión, en una entrevista en una revista de hace años -creo que era Triunfo- destinada a demostrar que Alfonso Guerra era el gran intelectual del PSOE, éste recitaba o mencionaba el texto en cuestión. Es el peligro de la poesía, sirve para todo y a los políticos les gusta citar esas cosas para quedar bien, a veces no las citan bien porque la memoria es traidora, o las sacan de contexto. Los políticos de antes, como el mismo Fraga, tenían más memoria y más recurso literarios, què hi farem

Sobre Gil de Biedma se rodó una película hace pocos años, bastante mediocre, El cónsul de Sodoma, que pareció que iba a levantar una gran polvareda, empezando por el provocador título y pasó sin pena ni gloria. Que Esperanza Aguirre sea sobrina o algo así del poeta es interesante. Muchas veces las relaciones familiares producen grandes sorpresas respecto a héroes y mitos. Todavía hay clases, como se dice vulgarmente. Recuerdo como en una charla sobre un libro que evocava, de forma muy libre, la figura de Christa Leem, a quién se quiso convertir en una especie de musa de cierta intelectualidad privilegiada, surgió eso de las clases. Como cantaba Serrat en Fiesta, después de la juerga vuelve el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza, con pocas excepciones con suerte, como la del mismo Serrat. Aunque envejecer y morir sean las bases del argumento general, los contextos son muy diversos.  El rico vuelve siempre a su riqueza pero el pobre enriquecido no suele volver a su pobreza más que de visita puntual y a veces ni eso. Así es la vida. Y todo eso de la riqueza y la pobreza también se ha relativizado y siempre depende de con quién nos comparemos.


domingo, 16 de marzo de 2014

HISTORIA ESTÚPIDA DE LA LITERATURA O EL HUMOR QUE NUNCA MUERE








Enrique Jardiel Poncela.JPG

He tenido una agradable e inesperada sorpresa al recibir, por email, el regalo de este libro desacomplejado sobre literatura, con una amable referencia a las ocasiones en las cuales, en mis blogs, he hecho referencia a Jardiel Poncela. El autor de esa historia literaria, mucho menos estúpida de lo que el explícito título pueda hacer pensar, es un nieto del escritor, del cual hasta ahora desconocía la existencia y la trayectoria. Enrique Gallud Jardiel es doctor en Filosofía y Letras y eso que podríamos llamar un erudito si esa palabra no despertase en nuestro tiempo extrañas reticencias. Tiene una buena presencia en internet, con una página propia y un blog que se llama Humoradas y que a partir de ahora será objeto de mi interés internáutico.

Jardiel Poncela era casi un mito familiar, mi madre lo citaba en muchas ocasiones y al hacerse socia hace ya muchos años, del Círculo de Lectores, me compró un ejemplar inolvidable, el Libro del Convaleciente, del cual todavía me vienen a la memoria fragmentos que me hacen reir sola de vez en cuando. Claro que uno puede ser muy brillante y tener nietos sosos pero no es en absoluto el caso. Aunque algunos pasajes me han hecho recordar a su ilustre abuelo, el humor de Enrique Gallud Poncela tiene originalidad propia y nos ofrece en esta especie de manual literario un paseo por la cultura desde un punto de vista irónico, con ese humor inteligente y amable que en nuestro tiempos presente echo en falta a menudo, tanto en castellano como en catalán, ya que en mi lengua habíamos tenido grandes personajes con su lado humorístico siempre a flor de piel, como en el caso de Rusiñol o Pitarra o de los autores menos conocidos de la Editorial Millà con cosas como aquella perla del lloro, el moro i el mico i el senyor de Puerto Rico.

Hoy la gente, en general, se lo toma todo demasiado en serio y cuando se hace humor suele ser un humor barato y de poca monta, facilón, como por ejemplo reirse de los políticos de forma poco sutil, directa y llegando fácilmente a la astracanada. Claro que el humor es muy personal y a veces hay gente que me dice que le hacen gracia cosas de la tele que a mi no me hacen ninguna. El humor ha de ser breve y la televisión quema a los humoristas por un exceso de repetición de fórmulas, pasaba ayer y pasa hoy. Ya mi abuelito decía a menudo que era más fácil hacer llorar en el teatro que hacer reir. Un chiste repetido o mal explicado tiene poca gracia. El chiste debe tener algo de suspense, claro. Y las cosas aparentemente más serias tienen siempre un lado cómico tal y como podemos constatar en este libro.

Enrique Gallud Poncela se pasea de forma brillante a la vez que humorística por la literatura clásica y moderna porque la conoce muy a fondo y eso se nota. También ironiza sobre zarzuelas, canciones melódicas, villancicos y todo aquello que tenga un texto analizable, o sea, entra a fondo en la cultura seria pero también en la cultura popular y en nuestro imaginario sentimental. Bromea, por ejemplo, con eso de la poesía japonesa, ya que parece que la moda del haiku ha llegado a los rincones más ignotos de la poética elitista. También se ríe -o sonríe- de la poesía moderna, esa que consigue textos etéreos combinando palabras diversas, de la misma manera que se confeccionaban discursos políticos con una especie de fórmula divertida que corría por internet y que consistía en estructurar un rollazo con apariencia de cosa seria a base de relacionar palabras al azar.

No sé si a todo el mundo le divertirá este libro como me ha divertido a mi, yo creo que sí, es una opinión subjetiva y personal. En muchos de los textos que se incluyen en el libro hay  una perceptible crítica hacia el elitismo académico, la fanfarronería verbal o la intelectualidad que se alimenta de verborrea vacía, algo que también sucede en el campo de las artes plásticas, la gastronomía, la moda o lo que sea. Me ha recordado incluso programas de radio humorísticos de otros tiempos, en concreto uno en el que se juzgaba la letra de alguna canción de moda. Hoy sería más complicado ya que se canta mucho en inglés, claro. También he encontrado en el libro ecos de aquella gran revista inclasificable que fue La Codorniz y de unos tiempos en los cuales se trampeaba la censura con un humor surrealista però al alcance de todos los españoles. Hoy no hay censura en apariencia pero la corrección política y la trascendencia abusiva también cuentan, por eso es tan necesario recuperar el humor, el buen humor. No se lo pierdan. 

WEB del LIBRO
http://historiaestupidadelaliteratura.blogspot.com.es/

sábado, 1 de marzo de 2014

AQUELL 11 DE MARZO DE HACE DIEZ AÑOS


Atentado de Atocha el 11 de marzo de 2004.

Va a hacer diez años del atentado de Madrid. Yo estaba entonces todavía en activo y una maestra joven y alegre, pionera en la utilización de internet, entró en mi aula pálida y preocupada después de salir del aula de informática: han tirado una bomba en un tren de cercanías en Madrid y hay más de cuarenta muertos, me dijo. Creo que pusimos la radio, que era por aquel entonces el medio más rápido de información. Por desgracia los muertos fueron muchos más, como todo el mundo sabe. El tiempo pasa y todo parece minimizarse, incluso las grandes barbaridades que hemos vivido de cerca. Pudo haber pasado en Barcelona, parece que esa era la intención, la repetición de la masacre en nuestra ciudad. Los terribles hechos dieron lugar a un rifirrafe político, el partido popular perdió unas elecciones que tenía ganadas por su absurda manera de enfocar la desgracia y por sus estúpidas mentiras insistentes. Creo que la situación actual es, en cierta manera, producto de aquella tragedia, llegó Zapatero con su sonrisita y su inoperancia y regresaron después los populares, más radicalizados hacia la derecha que nunca, si eso es posible. 

Los grandes errores políticos se suelen olvidar y es que en el contexto hispánico hay poco donde escoger más allà del PSOE y el PP.  A menudo me vienen a la cabeza aquellas palabras de Josep Pla, señor poco radical y algo complejo, sobre el hecho de qué un español de derechas era muy parecido a un español de izquierdas. Las generalizaciones siempre son injustas y hay españoles muy distintos, lo mismo que catalanes, aunque es cierto que en el contexto político a veces todo se confunde y se asemeja.

Hay españoles como el señor Fernando Reinares, a quién escuché ayer en una entrevista en TV3, hablando sobre su reciente libro acerca de aquel atentado, el contexto, las motivaciones. Reinares es un gran periodista y una persona que se muestra abierta e inteligente, según mi opinión personal que es la única que tengo. Por suerte en ese espacio matinal de TV3 han cambiado el estilo al cambiar la periodista. La anterior formaba parte de ese grupo actual de jóvenes atrevidos y poco respetuosos que interrumpen, increpan, no dejan hablar al entrevistado y ponen nerviosa a la gent con algunos años encima. Es un periodismo de moda, por desgracia. La actual, Lídia Heredia, es una persona amable, que sabe escuchar y que por ello saca lo mejor de los entrevistados, de forma distendida y oportuna. Espero que dure. 

Por desgracia, por mucho que se escriba y comente sobre aquella tragedia, los muertos no volverán, tanta gente joven, trabajadora, españoles y inmigrantes de esos que vienen a ganarse la vida como pueden, a menudo en cosas que los de casa no queremos hacer. De momento, porque la crisis y el paro acaban por hacer deseable cualquier ocupación. En los trenes de cercanías y los metros viajan, en general, los humildes, los modestos. Pocas veces se ven políticos conocidos en el transporte público, o grandes artistas, actores, escritores de éxito o cantantes bien pagados. Bueno, será por seguridad y todo eso, digo yo. Aunque convendría que muchas personas estuviesen constantemente en autobuses y metros, arriba y abajo, escuchando lo que dice la gente normal. Un político catalán, el señor Durán, ya admitió con gran cinismo que con un sueldo de profesor no tenía ni para empezar, él lo dijo pero seguro que muchos también lo piensan.

Con motivo de los atentados de aquel fatídico marzo de hace diez años se pararon los programas de televisión. Pero no paró el fútbol ni se dejó de emitir publicidad porque hay cosas que parece que son sagradas y suelen ser las más banales si no fuese porque dan dinero y mueven la economía. Me pareció una gran falta de respeto no pararlo absolutamente todo, la verdad. Pero, ¿qué es el respeto? No andamos sobrados de él, en general. Aquel día nos sentimos más españoles que ahora, en Catalunya, madrileños sobre todo, claro. Las cosas no son fáciles en este país ni en ninguno, las víctimas de aquel terrorismo, en general, no quisieron ser etiquetadas ni manipuladas, Pilar Manjón, madre de una de aquellas víctimas ha tenido problemas y ha recibido amenazas en muchas ocasiones. La política tiene mucho interés en aprovecharse del martirologio y no es fácileser un espíritu libre en circunstancias dolorosas.

Aquel atentado nos enfrentó con nuestra fragilidad, jamás podemos estar vacunados en contra del fanatismo, del azar trágico, de la desgracia colectiva o de la enfermedad inesperada. Por desgracia también escuché esas llamadas a la mano dura y a la pena de muerte y todo eso que se repite cuando pasa algo grave cerca de nosotros. Escucho y leo también en estos días del presente llamadas a la revuelta violenta, a las guillotinas para los corruptos, a las cárceles para los separatistas, cosas muy raras que parecen abstractas pero que en un contexto adecuado pueden germinar si no lo han hecho ya. Mirando hacia atrás con ira o sin ella es evidente que las ideas pacifistas han hecho mucho camino y que estamos lejos de la valoración indiscriminada de la violencia como solución a casi todo pero como cantaba Dylan y nosotros mismos, hace años, ¿cuántas bombas estallarán antes de qué no quede ninguna? ¿cuántos muertos tendremos que contemplar para constatar que ya ha muerto demasiada gente? No lo sé pero basta con mirar telenoticias para ver que el tema no cesa y que cuando no es aquí es allá y que cuando un conflicto parece terminar otro se inicia.

En tiempos más religiosos se decía aquello de que Dios nos perdone. Considerando que Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza, según la doctrina oficial, debíamos haberle pedido responsabilidades. Eso de tener que pedir perdón es también un absurdo, el que se arrepiente de veras ya lo demuestra con hechos y no con palabras vacías y nadie es responsable de lo que hizo alguien de su religión, de su grupo social o de su familia, en el pasado. La historia sirve para muchas cosas contradictorias y es fácil de reinventar. Sería mejor mirar siempre hacia adelante, desde el presente, olvidando las marchas militares y los himnos pacifistas que sirvieron para poco. Y las venganzas y las revanchas, aunque sean retrospectivas. No sólo porque son injustas e indiscriminadas sino porque no sirven para nada, más bien para complicar los problemas y la convivencia.

domingo, 9 de febrero de 2014

PRINCESAS EN DECADENCIA Y REYES VIEJOS


Se la llamó la infanta catalana, con su prima iban a estudiar mi lengua a una institución con mucho prestigio en la cual, en el pasado, nadie tenía ninguna simpatía por realezas pero que babeaba al ver la categoría de tal alumnado inesperado. Su boda fue bonita y barcelonesa. No entiendo de qué manera la monarquía hispánica ha conseguido dilapidar el patrimonio populista que había conseguido. Se necesita ser poco profesional para hacer las cosas tan mal ya que los reyes y las princesas de nuestro tiempo no sólo tienen que ser honrados, si puede ser, sinó que deben parecerlo en todo momento.

Hace unos días, por facebook, bromee con una amiga llamándola reina de su tierra, una comarca catalana, y me contestó con ironía que no quería ser reina de nada. Las reinas y las princesas están en horas bajas, llegará a ser políticamente incorrecto llamar a alguien reyecito, reina mía, princesita querida? Puede que sí, cosas más raras he visto y escuchado.

Sin embargo las niñas pequeñas, en carnaval, seguirán queriendo ponerse, muchas de ellas, vestidos de princesita, eso no creo que cambie. En las bodas actuales, incluso en las civiles, parece que existe desde hace algún tiempo un extraño afán en princesearse. Hubo años en los cuales comuniones y bodas se volvieron algo hippies, la gente se casaba en tejanos, incluso. Ahora he visto hasta extrañas pamelas en bodas de gente de clase media tirando a bajo. Vanidad de vanidades.

Hemos visto como la princesa consorte, que había sido periodista, se transformaba en una especie de barbie muda y todavía hay gente que comenta qué elegante es y todo eso, aunque perdió nariz y personalidad en ese proceso de abducción progresiva y protocolaria. No sé cómo irá todo en el futuro. Hace años, muchos, en un programa de la BBC que, todo hay de decirlo, se pasó en España a horas intempestivas, nuestro rey cazador, entonces joven y simpático, prometedor y demócrata, aseguraba que en el futuro habría que ver si el pueblo seguía aceptándolo o no, se suponía que a través de alguna consulta.

Cómo ha cambiado todo. La Constitución parece intocable, la monarquía, lo mismo. Nada puede cambiar, según los que mandan, si no es que ellos mismos lo deciden por propia conveniencia. Prefiero no escuchar radios ni teles de esas de la caverna para no consolidar mi independentismo tibio e incipiente, inseguro todavía. Sabemos mas bien lo que  no queremos que lo que queremos que no era eso sinó todo lo contrario. La crisis nos ha enfrentado con nuestra propia imagen, reflejada en un espejo que nos distorsiona el rostro. O quizás es que somos así. 

Incluso los reyes de antaño, con el aumento de la cultura, se nos vuelven tontos, limitados, violentos, débiles. Sissí era una chiflada elitista y María Antonieta sólo fue una reina seria ante el cadalso. Me viene a la memoria un cuento en catalán sobre un rey borrachín que se hace traer vino de todas partes y promete la mano de su hija, la princesa, a quién le traiga el mejor. De tanto beber se muere y la princesa se casa con un trovador. El cuento, en su primera versión debió parecer demasiado atrevido y con el tiempo se hizo una versión en la cual el rey acaba por volverse abstemio y beber agua. No sé si embotellada o del grifo.

En aquel cuento de la muela y los pasteles, tan divertido, el campesino llega a la ciudad para ver si el rey es más que hombre y su primera decepción es comprobar que es un hombre normal. El hábito no hace al monje pero... a veces es tan bonito! Cuando éramos unas niñas ignorantes encontrábanos guapo a Constantino de Grecia, el que flirteó con los coroneles y tuvo que irse con la música a otra parte, e incluso una compañera de cole me decía que se casaría con Carlos de Inglaterra y así aquel país se convertiría a la verdadera religión, la católica, claro... Santa inocencia perdida!!!



jueves, 6 de febrero de 2014

SUEÑOS ANTIGUOS

Cuando era pequeña no entendía eso de que vivíamos en una dictadura rancia y extraña. En algún momento empecé a crecer y a pesar de la horrible situación política y de la tristeza de una sociedad que salía a trancas y barrancas de la pobreza ancestral tenía muchas esperanzas, pensaba que era mejor ser de un país en desarrollo que no de uno con hambrunas irreversibles o en alguno de esos que ya tenían de todo y no sabían que pedir a los Reyes Magos.

El cambio vino, ay, por muerte natural del dictador y no por movimientos populares masivos. Estábamos todavía demasiado ocupados, la gran mayoría, ganándonos la vida, enamorándonos, intentado sobrevivir a las circunstancias con dignidad pero también con cuarto de baño propio. Jamás pensé que vendría una monarquía, incluso parecía más probable otra guerra que el retorno de la corona. Pero las cosas fueron así y mi sueño, el de una república federal y respetuosa, en la cual se valorasen las diferencias y todas las lenguas y formas dialectales y costumbres e historia conviviesen en libertad e igualdad de derechos, me parecía todavía un futuro que se conseguiría de forma progresiva pero contundente.

También se hablaba hace años del comunismo con rostro humano, de los Estados Unidos de Europa, aquella Europa de los pueblos y de las nacionalidades y de lo que fuese, porque al fin y al cabo lo de menos es el nombre que se da a una forma de convivencia seria y eficiente. Y sin embargo... llegaron las decepciones, el barrer para casa, el retorno al centralismo brutal con rostro pintado de democracia imposible, llegó gente de todo el mundo que se encontraba en circunstancias lamentables y los miramos de reojo, casi sin querer.

No sé cómo hemos llegado hasta aquí. No es sólo un problema español, ni catalán, ni tan solo europeo. Es más fácil montar un supermercado universal que hacer el amor y no la guerra. Se retrocede en derechos humanos, renacen las cavernas, las ideas fascistoides que dormían como una bella durmiente encantada se despertaron al beso de no sé qué consignas que parecían muertas y enterradas. Los síntomas no los encontramos tan sólo cerca de casa; a nivel europeo, incluso internacional, se percibe asimismo un retroceso en eso que llamamos derechos humanos. Muchos medios de comunicación no hacen nada más que arrojar gasolina al fuego o a los rescoldos y hace falta mucha comprensión para no entrar en ese juego siniestro. Luego, la realidad, el día a día, es mucho más amable, porque la gente en su vida cotidiana pasa de la ideología y del dogma, pero no podemos olvidar que convivencias que parecían sólidas acabaron muy mal cuando el contexto fue favorable al enfrentamiento y al desastre. A veces, como en el famoso chiste, tan repetido, piensas: Virgencita, que me quede como estoy...

sábado, 18 de enero de 2014

SAN ANTONIO ABAD, EL DEMONIO Y LAS TRADICIONES ANCESTRALES


Las tentaciones de San Antonio, obra de Bernardino Parenzano.



Archivo: Tentation de Saint Antoine.jpg
Ayer era el día de San Antonio Abad. El final de las fiestas navideñas encuentra cierto consuelo, en mi barrio, porque el barrio vecino, el de Sant Antoni, celebra estos días su Fiesta Mayor. Siempre me ha extrañado que a pesar de la popularidad de este San Antonio, el del cerdito, la mayoría de Antonios y Antonias celebrasen su santo en el día del de Padua, o de Lisboa, ya que a los portugueses devotos no les gusta que se olvide su origen. No sé si el motivo es porque el Abad se ha relacionado siempre con caballos y burros, cosa que ha generado la popular fiesta dels Tres Tombs que a pesar de la relativa importancia actual de los animales de carga goza de bastante buena salud y se celebra en muchos pueblos.

En catalán hay una frase popular que se aplica a alguien con ganes de salir mucho y de ir arriba y abajo: sembles el porquet de Sant Antoni.  Parece que el santo peregrinó mucho en compañía del famoso cerdito, que siempre se representa a su lado, agradecido al santo que había conseguido curarlo de no sé qué mal. Fue un cerdo privilegiado considerando que este animal ha sido sacrificado sin piedad para producir carne y embutidos diversos, e incluso otros productos pues siempre se ha dicho que del cerdo se aprovecha todo. Como es sabido algunas religiones tienen prohibida su carne y el tema nos llevaría por caminos ancestrales para errar por los cuales no me siento cualificada.

San Antonio, según la tradición, vivió retirado durante mucho tiempo en las montañas egipcias y tuvo muchas y muy pintorescas tentaciones, en las cuales se le aparecían demonios provocando visiones pecaminosas, entre las cuales, como no podía ser de otro modo, las de mujeres pecadoras, con poca ropa encima. Los caminos del arte han recogido a menudo eso de las  tentaciones, que da para mucho, e incluso Dalí actualizó el tema en un famoso cuadro muy reproducido. La obsesión religiosa con eso del pecado de la pureza y con el tema sexual es un clásico recurrente y sobre el cual se ha hablado mucho. Un periodista de mi edad comentaba hace tiempo que le había marcado más la represión sexual y el peso de la religión que no el tema político, en su niñez y juventud, en pleno franquismo. Creo que muchos y muchas podríamos decir lo mismo.

Los textos sobre moral de antaño e incluso algunos de ahora editados por sectores irreductibles del catolicismo patrio insisten en todo eso y se añoran tiempos en los cuales esa pureza etérea que consistía, sencillamente, en no tener relaciones sexuales de ningún tipo fuera del matrimonio, e incluso dentro de éste con moderación y siempre destinadas al tema reproductivo, era considerada un valor vigente y sólido. Como la carne era débil se consentía cierto nivel de prostitución ciudadana y se entendía que debía haber un número determinado de mujeres malas por esos mundos. Muchas cosas han cambiado pero no tanto como deberían.  Hoy todo eso hacer reír y creo que la mayoría de gente de mi edad acabó por superar aquel peso inmenso de la moralina católica. Sin embargo la gente algo mayor que yo lo vivió todavía con más intensidad y se perdieron muchas alegrías juveniles con tanta tontería. Un invento angustiosos era eso de la confesión de los pecados, personal y secreta, claro que para muchas personas debía tener un valor terapéutico, te confesabas, hacías penitencia y tus pecados eran perdonados; un volumen importante de los pecados tenían relación con el sexo ya que otras cosas, como el estraperlo, la corrupción o la crueldad con el prójimo no sé si revestían la misma gravedad.

El pobre San Antonio murió, según la tradición, con más de cien años, gracias a su austeridad y a su pureza y contención. Cuando los demonios vieron que no podían hacer caer al pobre santo en el pecado de fornicación intentaron muchos otros sistemas, más intelectuales, planteándole extraños y crípticos enigmas que han propiciado que las muchas pinturas sobre el tema contengan un gran número de símbolos y detalles diversos que debían hacer las delicias de los artistas de todas las épocas. Incluso parece ser que, desesperados, los demonios utilizaron la fuerza bruta dando una paliza al eremita incombustible. Hay en toda Europa muchas fiestas, celebraciones y costumbres relacionadas con San Antonio Abad y se decía que era éste el día más frío del año aunque no ha sido el caso actualmente, al menos en Barcelona. No sé si hoy hubiese resistido el santo a tantas tentaciones ni si existen eremitas austeros por las montañas del mundo.

La seriedad religiosa se flexibilizó en ocasiones, a nivel popular, con cierta tolerancia permitiendo irreverencias como estas divertidas coplas que se cantaban en las Alpujarras y puede ser que en otros lugares de nuestra geografía:

"San Antón mató un marrano
y no me dió las morcillas
quien le diera a San Antón
con un palo en las costillas".