miércoles, 2 de noviembre de 2016

EVOCACIONES DIVERSAS PARA EL DÍA DE DIFUNTOS



Resultat d'imatges de Modest Urgell cementiri
Modest Urgell, 'Cementiri'

Hoy es el día de Difuntos, aunque esta celebración ha quedado diluída con el día de Todos los Santos. Todo ha cambiado, más bien todo va cambiando siempre en una especie de goteo imperceptible, por eso Galdós compara la vida en una de sus novelas con un árbol de hoja perenne, parece que jamás queda desnudo del todo pero sus hojas se van renovando de forma constante, casi imperceptible, a no ser que alguna catástrofe imprevista consiga dejar tan sólo sus ramas en algun momento.

A pesar de cierta frivolización en las costumbres, a pesar de la tendencia de la sociedad moderna y occidental hacia el laicismo y aunque ya no recemos en esa noche tres partes de rosario ni padrenuestros a las almas del purgatorio, la muerte continua siendo un misterio. Lo es también la vida, claro, pero es otro tipo de misterio y mientras tenemos salud y perspectivas de futuro la vida suele ser amable para mucha gente, aunque no para todos, el azar también cuenta. 

Los cuentos y leyendas de miedo se han reinventado pero persisten en nuestro imaginario, aunque ahora se conviertan en imágenes cinematográficas, televisivas. Uno de los cuentos de miedo que más me impresionó, de pequeña, fue el del Monte de  las ánimas, en esa narración de Bécquer tan evocadora y terrible. Uno de los aspectos más angustiosos de la historia es intuir que esa pareja podía haber sido feliz y llevar una vida tranquila, incluso cómoda, considerando la época. Como en tantos casos literarios, la culpa la tuvo ella, claro. Escuché por primera vez esa narración por la radio, en aquellos años míticos de mi infancia. 

La radio, sobre todo por la noche, conserva todavía una magia contundente, inspiradora. Hace pocos días escuché otro cuento de miedo, por casualidad, El rey del bosque, una adaptacion de El rey de los Elfos, de John Connolly, en el espacio Negra y criminal, en una versión magistral, una reemisión, de hecho, que me hizo recordar la radio de antaño, en la cual eran frecuentes los espacios teatralizados, una lástima que hoy sean casi una excepcion. No diré que pasé miedo, a mi edad el miedo es otra cosa muy distinta a ese miedo de la infancia, cuando todavía crees sin fisuras en leyendas y hechos sobrenaturales, pero sí que experimenté cierta angustia, algo inexplicable, esa inquietud que sabes que es absurda pero evidente.

El cuento de Bécquer solia leerlo a chicos y chicas de la antigua Segunda Etapa de EGB, en mis años en activo. En una ocasión, en medio de un silencio sepulcral, alguien llamó a la puerta del aula mientras el protagonista se perdía por las montañas, buscando la cinta de Beatriz, y el susto fue tremendo, se había establecido una extraña magia, no era fácil tener aquellos alumnos en silencio, en tanto silencio.


Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche. 

(Gustavo Adolfo Bécquer, 'El monte de las ánimas'

 
Los antiguos libros escolares de gramática contenían mucha literatura y, además, se completaban con antologías serias. En un viejo baúl que teníamos en casa, se guardaban libros escolares de mi madre, incluso de mi abuelo, llenos de poesías antiguas. La gente, antes, se sabía muchas poesías. Las recitaba, las citaba, las leía y releía. Corrían por mi casa además unos antiguos cuadernillas que mis abuelos habrian comprado en algún quiosco pretérito, con poemas diversos. Aprendí a leer en catalán con un libro de poemas muy popular, El trobador català,  que mi abuelo había leído en la escuela. 

La editorial Millá, inolvidable, tenía unas publicaciones sencillas, todavía muchas de ellas se pueden encontrar en las librerías reales y virtuales de segunda mano, con poesías para niños, patrióticas, sentimentales, dramatizables, humorísticas. Hoy hay quién dice que no le gusta la poesía, se refiere a la poesia más avanguardista, algo rarita, que no rima ni tiene ritmo, incluso muchas canciones modernas actuales muestran ese desprecio por la ortodoxia. Las modas son pasajeras, en pintura se despreció el realismo y hoy el realismo ha vuelto y se ha modernizado y convive con abstracciones poliédricas. Así que cualquier día volvemos a rimar y a medir de forma general y a recitar en voz alta en cualquier celebración familiar o social. Muchos poemas de éxito popular eran tremendos, huérfanos sin madre, mujeres burladas, madres con hijos muertos, niños pobres, ancianos despreciados. Si los poemas se recitaban bien hacían llorar pero si el rapsoda era deficiente provocaban grandes risas y burlas.

En los libros escolares a menudo las poesías no estaban completas, se nos ofrecían fragmentos, como en el caso de esta de Juan Ramón, de la cual se reproducían los primeros versos, debajo del dibujo de un campanario con un cementerio al lado de la iglesia y una luna entre nubes oscuras. Todo era en blanco y negro. Pero al leer esos versos me parecía escuchar las campanas, muchas campanas, tocando a difuntos, esas campanas de antes que nos daban a conocer todas las novedades cercanas, bodas, bautizos, funerales. Ànimes difuntes, al cel ens veiem juntas, contaba mi padre que iba repitiendo por las calles de su pueblo cuando era muy pequeño y su padre le mandaba a por tabaco a la taberna, todo era muy oscuro y la visión de los cipreses del cementerio le producía escalofríos. 

Aunque los mayores de mi tiempo solían repetirnos que había que temer a los vivos y no a los muertos, ellos, que tan bien conocían la certeza que contenía esa frase recurrente, después de tanta tragedia, los muertos nos asustaban, de niños, con su posible presencia misteriosa. Durante la juventud de mi madre todavía había una tendencia popular a evocar espíritus, era un consuelo para personas que habían perdido hijos en la infancia o la primera juventud, algo mucho más frecuente que en el presente. Otro refugio era la iglesia, claro. Se trate como se trate a la muerte, bajo el sonido de las campanas o en un moderno y aséptico tanatorio, nada nos evita temer ese final del cual, de momento, no escaparemos, más tarde o más temprano. Hoy hay de todo pero esas creencias y prácticas no son, ni mucho menos, tan generales.

Una defensa contra el temor a la muerte ha sido el humor, humor negro, áspero, o humor irónico, casi inglés. Recuerdo poemitas humorísticos sobre el tema, 'en un día nublado, qué bonito es un entierro, con sus caballitos blancos, con sus caballitos negros, con su cajita de pino, con su muertecito dentro...' Hoy recitar esas tonterías parecería de mal gusto, el mal gusto se ha desplazado a los zombies mediáticos. Un clásico teatral de la época fue el Tenorio, todavía me pregunto los motivos a no ser que sea por los fantasmas que van surgiendo por todas partes y por su final apoteósico en el cementerio. Hoy está en recesión pero conformó un imaginario compartido, generó parodias de todo tipo, la gente se sabía esos versos de una forma más general y transversal que las canciones de Operación Triunfo, coreadas con entusiasmo por esos nostálgicos treintañeros que empiezan a darse cuenta, ya, de que la vida pasa y la verdad asoma.



Viento negro, luna blanca...

Viento negro, luna blanca.
Noche de Todos los Santos.
Frío. Las campanas todas
de la tierra están doblando.
El cielo, duro. Y su fondo
da un azul iluminado
de abajo, al romanticismo
de los secos campanarios.
Faroles, flores, coronas
– ¡campanas que están doblando! –
...Viento largo, luna grande,
noche de Todos los Santos.
...Yo voy muerto, por la luz
agria de las calles; llamo
con todo el cuerpo a la vida;
quiero que me quieran; hablo
a todos los que me han hecho
mudo, y hablo sollozando,
roja de amor esta sangre
desdeñosa de mis labios.
¡Y quiero ser otro, y quiero
tener corazón, y brazos
infinitos, y sonrisas
inmensas, para los llantos
aquellos que dieron lágrimas
por mi culpa!
...Pero, ¿acaso
puede hablar de sus rosales
un corazón sepulcrado?
– ¡Corazón, estás bien muerto!
¡Mañana es tu aniversario! –
Sentimentalismo, frío.
La ciuded está doblando.
Luna blanca, viento negro.
Noche de Todos los Santos.

Juan Ramón Jiménez

sábado, 8 de octubre de 2016

BUERO VALLEJO, UN CENTENARIO Y POCO TEATRO

Resultat d'imatges

Hoy, sábado 8 de octubre, Gregorio Moran dedica su muy leída sabatina semanal de La Vanguardia a Buero. Morán despierta pasiones a favor y en contra pero no creo que el artículo de hoy se pueda rebatir, al menos en lo que hace referencia a un autor teatral, sobre el cual he escrito varias veces en este blog y en otros. Incluso compara en algún momento a Buero con Ricard Salvat, aunque fueron personas muy distintas, y lo hace a causa de que Salvat fue de las pocas personas que reconoció la calidad y oportunidad de La detonación, la obra de Buero inspirada en el final de Larra.

Hay gente que cree que hoy hay mal rollo en Cataluña respecto al castellano. Yo creo que no, la inmigración internacional incluso nos volvió más solidarios con todo el mundo, los problemas políticos van por otro lado aunque todo se mezcle de forma mal intencionada. Sin embargo durante unos años, allá por los ochenta, parecía que cosas como el teatro castellano habían desaparecido del mapa. Quizás no tuviese que ver nada com el idioma ni con la cultureta, en aquellos años también perdimos grandes iniciativas catalanas que habían surgido en pleno franquismo, la Nova Cançó, el ciclo Cavall Fort de los domingos, en el Romea. El Romea había de  ser el templo del teatro catalán, al mismo Salvat le oí decir eso en la universidad, pero luego construyeron la gran y horrible pirámide del Nacional y el Romea no se sabía muy bien para qué servía. Sin embargo, sin ser templo de nada, lleva un tiempo resucitado, ofreciendo una programación irregular pero muy interesante y variada, en catalán y en castellano.

Y a pesar de todo eso, ¿cuánto tiempo llevamos sin ver obras de Buero, en Barcelona? Creo que hace algunos años en el desaparecido y añorado Guasch se montó En la ardiente oscuridad. Este año se cumplen cien del nacimiento de Buero pero no he visto nada programado de momento por aquí, quizás me ha pasado por alto, no diré que no. Parece que en el resto de España tampoco ese centenario tendrá la brillantez que debería tener, hay quejas sobre falta de presupuesto, sobre falta de intención politica, no hay dinero, como si todo fuese cosa de dinero cuando en épocas pasadas con poco dinero se hacían muchas cosas. Buero sobrevivió a la cárcel, triunfó en pleno franquismo y a pesar del franquismo, casi por error. Hizo lo que pudo y lo hizo muy bien, tuvo sus enemigos, en esas élites de mandarines ambiciosos que desprecian cuanto ignoran, aquí y allí. Fue comunista, votó contra la OTAN, era un hombre lúcido, elegante, con una gran personalidad y que inspiraba respeto a todo el mundo.

Ya era Buero muy mayor cuando por televisión emitieron una entrevista interesante y profunda, en el segundo canal, horario casi alternativo y de forma vergonzante en la cual el autor opinaba sobre muchas cosas, también sobre la censura y sus limitaciones. Recuerdo que manifestó que no quería defender la censura sino a los escritores que pugnaban por crear cosas interesantes en aquellos años rancios y casposos y con aquella espada de Damocles sobre todo lo que se estrenaba y publicaba.

¿Y su público, dónde está? Crecimos con Buero, durante años fue un autor muy presente en aquellas emisiones de radioteatro habituales, lo mismo sucedió con la televisión. En Barcelona vimos obras suyas casi cada temporada durante años, en el Talia, en el Moratín. En otro país sería alguien sacralizado, ya hubiesen filmado una película biográfica sobre él, no tiene nada que envidiar a muchos autores extranjeros venerados y cuyas obras se repiten a menudo en los escenarios, promocionadas a bombo y platillo. En una entrevista con su viuda, una gran dama que también fue actriz y que ironiza sobre muchos aspectos del teatro actual con una inmensa inteligencia, ésta dice, como de pasada, ahora lo estudian en las escuelas, sí, pero...

Ah, las lecturas obligatorias y parciales, que obligan a hacer el trabajo y el comentario correspondiente, ya los autores clásicos cuentan con publicaciones en las cuales medio libro corresponde a la guia didáctica que se debe seguir de forma ortodoxa, para aprobar. Las antologías, en general, han desaparecido del contexto, yo las había criticado pero ahora me doy cuenta de que te ofrecían un panorama general mucho más interesante que esas obras puntuales que se leen en momentos en los cuales no se tiene demasiada madurez para gozarlas a fondo. El rincón del vago, un invento extraordinario, ofrece hoy un amplio panorama de posibilidades para los que saben copiar de forma brillante, sin copiar del todo y sin que se note. Aunque es muy difícil comprobarlo todo, claro.

Cuando iba al instituto, en la modalidad de clases nocturnas, chicas separadas de chicos, incluso por edificios, eran otros tiempos, tuve una muy buena profesora de literatura algo pintoresca, la llamábamos La Gioconda en bruto, con esa crueldad inconsciente que de adolescente se tiene con los adultos que no son peligrosos. Sin embargo el mote no era gratuito, realmente su postura inamovible recordaba a la dama del famoso cuadro, no se inmutaba ni se levantaba de la silla para nada, emitía una voz algo monótona pero hoy, cuando la recuerdo, debo reconocer que que sabía un montón. A ella le escuché mencionar más de una vez a Buero, autor que yo conocía muy poco entonces, contándonos que era de largo el mejor autor del momento aunque no se le reconocía por causas políticas.

Sin embargo sí se le reconoció, a pesar de la política. Ganó premios, al principio casi por error, ya que se ignoraba su pasado de preso franquista, después porque incluso en los tiempos sombríos hay gente que se avergüenza de lo que ocurre y desea que al menos exista algo de lo cual sentirse orgullosos, en el campo cultural. No fueron aquellos años cuarenta, cincuenta o sesenta un desierto cultural absoluto, hay que reconocerlo, aunque cueste. Surgieron autores interesantes, también en catalán, cuando se pudo. Pedrolo fue uno de nuestros intelectuales posibilistas, hoy algo rehabilitado al fin, creía que hacía falta crear un público habitual y no estar siempre volando por las nubes elitistas. Tenía dos años menos que Buero. 

Algunas obras de Buero, releídas, puede que no me hayan entusiasmado en el presente como en otras épocas, pero eso me sucede incluso con Tolstoy, con Miller, yo también he cambiado, claro. Y la época es otra. Sin embargo Buero es todo un clásico, puede que en algunas ciudades, en la suya natal, sobre todo, Guadalajara, le idolatren de forma justa. Pero, en general, considerando su peso específico, lo que representó, los temas que tocó en sus obras de teatro, arriesgadas y que ofrecen muchos niveles de lectura, ese centenario, de momento, sabe a poco. A muy poco o a nada en Barcelona. Y eso que vivimos buenos tiempos teatrales o así me lo parece, aunque casi siempre a base de esfuerzos poco recompensados, con obras con pocos personajes y decorados baratos, no se puede arriesgar demasiado si no se cuenta con un trabajo alternativo, por ejemplo, en una serie de televisión dilatada, en la cual no te maten después de tres capítulos. 

Por lo menos este año, en el Nacional, creo que harán un Sagarra, La fortuna de Sílvia. Sagarra ha sido un autor muy maltratado por los supuestos entendidos, adorado por el público humilde, muy representado por los grupos de teatro amateur de toda una época. No tiene nada que ver con Buero, claro, mucho más crítico, pero los conecta el olvido injusto, eso a lo que tenemos tanta tendencia en el estado español y que hace que los del Ebro para acá y los del Ebro para allá nos parezcamos en lo malo, qué triste.

sábado, 1 de octubre de 2016

A DOUBLE LIFE/ DOBLE VIDA

Resultat d'imatges de adouble life

La Filmoteca del Raval programó ayer en su ciclo de clásicos A double life, una interesante película del año 1947, en una copia excelente, cosa que no siempre es así. Es extraño contemplar una historia que se rodó antes de mi nacimiento y que todavía resulta tan moderna por muchos conceptos. Doble vida se estrenó pronto en España en 1948, en 1949 ya se podía ver en programas dobles de cines de reestreno preferente. Contó con un excelente reparto, un director de categoría, Cukor, guión de Garson Kanin y Ruth Gordon banda sonora del gran Miklós Rósza. La banda sonora y el protagonista principal, Ronald Colman, se llevaron un óscar.

Creo que de jovencita debí ver está película en alguna ocasión, tengo como una sombra acerca de esa transformación del protagonista en su personaje de ficción, creo incluso recordar que pasé bastante miedo. El guión nos cuenta como un actor que se identifica en exceso con sus personajes se ve dominado por Otelo, al interpretarlo durante una larga temporada. Otelo ya es una obra que da miedo y que impresiona, ese pobre gran hombre dominado por la pasión de los celos y que cae en eso que en nuestros tiempos hemos dado en llamar violencia de género o machista y que en otras épocas se llamó crimen pasional. 
Resultat d'imatges de a double life
Aquí, además, el protagonista, una especie de alter ego de míster Hyde en versión actoral, proyecta sus ansias asesinas en otra persona, en una especie de víctima propiciatoria, la camarera que interpreta una joven Shelley Winters, ya en ese papel en el cual la encasillaron a menudo, el de chica fácil, vulgar y con un atractivo algo ordinario. Curiosamente muchos carteles y fotos de propaganda de la película nos muestran a Colman con Winters y no con la protagonista real, Signe Hasso, posiblemente porque Hasso es hoy una actriz casi olvidada.

Signe Hasso era una dama elegante y atractiva, sueca. Se la promocionó como una nueva Garbo, sin embargo su carrera se estancó por esas extrañas razones inexplicables que se dan en el mundo del cine. Perdió a su único hijo en un accidente de automóbil, regresó a Suecia pero luego volvió a América. Fue escritora, compositora, realizadora, trabajó en el teatro y nunca dejó de estar en activo aunque en el cine más bien se la vio poco y en papeles secundarios. Murió en el año 2002, en Los Ángeles. 

Ronald Colman era un actor del tiempo de mis padres, un actor de prestigio, ya tenía cincuenta y tantos años cuando interpretó a ese actor abducido por su personaje. Se adaptó a los nuevos tiempos y trabajó en la radio y en la televisión. Murio a los sesenta y siete años, en 1958. Todavía lo pudimos ver en uno de esos muchos cameos de actores famosos en La vuelta al mundo en ochenta días. Winters, gran actriz, murió a los ochenta y cinco años, después de una larga, diversa y exitosa carrera y de una vida bastante tumultuosa y movidita. Winters ganó dos óscars como actriz de reparto, uno de los cuales por su papel en Un retazo de azul, una interesante película en la cual ya se enfocaba el problema del racismo y las parejas mixtas. 

El tercer personaje, el hombre que provoca los celos de ese Otelo, lo interpretó Edmon O'Brien, en el papel de un periodista. Es un personaje poco trabajado en ese guión y por eso, de entrada, resulta poco creible que provoque los celos del protagonista. En la última parte de la película su papel adquiere un poco más de protagonismo. O'Brien fuen un actor prolífico, con una larga carrera, pero tuvo graves problemas de salud y pérdidas de memoria. Murió de un alzheimer largo, lamentable, violento y doloroso. 

En A double life se puede ver, casi de pasada, a algunos actores que después fueron famosos, como John Derek. La película se ha etiquetado como de cine negro pero en realidad es una película más bien de tema psicológico. Me encontré con una conocida a la salida de la sala de proyección que me comentó, satisfecha, vaya peliculón. No hay mejor definición para esa historia de actores excesivamente entregados a su trabajo, hasta el punto de enloquecer. Aunque no es esa una historia excesivamente original siempre resulta inquietante el tema.


lunes, 22 de agosto de 2016

EL POETA HINOJOSA Y LA IMPOSIBLE IMPARCIALIDAD DE LA MEMORIA HISTÓRICA


En la foto: José María Hinojosa, Juan Centeno, García Lorca, Emilio Prados y Luis Eaton


Huyendo del destino


En medio de este hueco redondo y transparente
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.

Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvia de mi frente y la espuma del agua
perdiéndose en las aguas tu cabellera rubia
mientras que tu cabeza flotaba entre las olas
verde entre verdes algas con los labios abiertos
por la caricia última de mis labios de fuego.


CAÑADA

A Federico G. Lorca

Ladera
cubierta de hierba.

Arroyo
sin fondo.

Un lentisco
extiende sus ramas
en círculo.

El mirlo
se deja caer
con un vuelo rítmico
y clava su flecha negra
en un plano
verde, liso.

Retamas
de filamentos grises
erguidos.

Piedras
con moho amarillo.

Una cabra
y sus dos cabritillos
transponen el viso.

El silencio gira
buscando un ruido.


Hoy hace ochenta años que fusilaron al poeta Hinojosa, junto con su padre, su hermano y otras personas, en Málaga, al poco tiempo del inicio de esa horrible guerra civil de la cual todavía arrastramos mitología, consecuencias, olvidos y heridas. Tenia treinta y dos años.

Estos días se ha hablado mucho de Lorca. Hace años había quién todavía se atrevía a comentar que en el recuerdo literario de Lorca pesaba mucho su muerte, todavía poco aclarada, violenta e injusta. Pero reivindicar poetas de derechas con una muerte tan violenta como la de Lorca parece hoy incluso políticamente incorrecto. Hay quién te justifica el olvido con el comentario de que a esos fachas ya los reivindicó Franco, cosa que no siempre es cierta, en todo caso, más bien fueron utilizados que no reivindicados. Y muchos de ellos podían ser muchas cosas menos fachas. 

Hasta hace poco tiempo yo misma casi no sabía nada de Hinojosa. Tampoco sabía que como revancha a la muerte de Lorca mataron al pobre e inofensivo Muñoz Seca. Hinojosa era un gran poeta, en muchos aspectos estilísticos se adelantó a Lorca, fueron amigos y seguramente, de sobrevivir a la sinrazón y el desastre colectivo, habrían continuado siéndolo y puede que hubiesen protagonizado debates y actos poéticos. En 2004 su ciudad natal, Málaga, le dedicó diversos actos y publicaciones con motivo del centenario de su nacimiento.

Dicen que era un señorito, bueno, Lorca también lo era. La división de clases en los años treinta era brutal, no lo negaremos. Eso no justifica nada. Tampoco todos los pobres y explotados fueron por ahí fusilando y matando si no era que no les quedaba otra que matar o morir, la bondat y la maldad tienen poco que ver incluso con la posición social. Y es que a menudo se justifican barbaridades en nombre de la ideología de izquierdas, del resentimiento de los desfavorecidos, de lo injustos que eran los ricos y todo eso.

La memoria histórica que se reivindica acaba por ser tan parcial como la anterior, inquieta comprobar que los nuestros también fueron malos en muchas ocasiones, vale más no hablar de ello. Cuánto talento perdido, cuántos jóvenes sacrificados, cuántos inocentes recibiendo palos por todos lados. 

Estoy pasando este agosto cerca de los escenarios de la batalla del Ebro, dónde murieron tantos adolescentes, enviados al matadero sin sentido, sin preparación, sin equipamiento adecuado, a una guerra que ya estaba perdida, sólo por si se podía alargar la tragedia y hacerla coincidir con la que se avecinaba en Europa. Hoy estos escenarios son ya un parque temático como tantos otros, Waterloo, el Marne, historia recreativa para curiosos y nostálgicos de heroicidades improbables.

Hace algún tiempo una persona casi se me enfadó porque puntualicé sus afirmaciones sobre Machado y su relación con Catalunya. Consideraba que Machado entendía el tema y comprendía las reivindicaciones nacionalistas pero Machado tiene textos demoledores sobre eso que se llamó y parece que aún se llama el problema catalán, lo mismo que Alberti, que fue recibido en Barcelona como si fuese un diós, con su guapa e inteligente esposa y a quién los progres de antaño iban a visitar a su cómodo exilio para que les recitase cosas muy malas sobre la coca-cola y los perversos americanos.

Todo es tan relativo y se cuenta de forma tan parcial e interesada que acabas por no creerte nada, pero todas aquellas muertes fueron reales, estúpidas, inútiles, injustas. Después, además, por intereses internacionales nos tragamos tantos años de dictadura y sobre lo que se escribe o narra en novelas de época y la realidad me vienen a la memoria a menudo los versos de otro poeta, aquello de me sé todos los cuentos. 

Poco se hablará o escribirá hoy sobre Hinojosa. Todo el mundo, más o menos, tiene cierta idea sobre quién fueron Lorca, Machado. Algo menos se sabe sobre Miguel Hernández. Poco o nada sobre Hinojosa y otros. No toca, como decía nuestro inefable señor Pujol,  de quién, en estos días, incluso añoramos algunas virtudes, entre las cuales cierto sentido de estado irrefutable, lo mismo que lo tuvo y lo tiene don Felipe González, aunque hoy es ya un señor enriquecido y gordo que mira los toros desde la barrera, y que me perdonen los antitaurinos por la referencia, que en eso también hemos llegado a la total estupidez. En algún pueblo de por aquí, en las fiestas, si no se hacen bous se suelta un cordero, un cerdito, y se le persigue, pero esas prácticas están ya en extinción. 

Quizás haya mejorado nuestra sensibilidad en relación a los animales pero cabe recordar que eso no quiere decir nada, muchos nazis tenían debilidad por sus perros y alguno de ellos incluso paseaba intentado no pisar a las hormigas. Hinojosa tuvo que elegir entre el rojo  y el azul, el blanco y el negro, no hay nada peor que tener que abandonar los matices a la fuerza, puede que pensemos que eligió mal pero lo pagó muy caro y, en todo caso, es fácil opinar de lo que sea cuando no corremos ningún riesgo demasiado serio. 

Me horroriza escuchar hoy, en boca de gente joven pero también de séniors, reivindicaciones retóricas sobre guillotinas y paredones o que a un esplai juvenil o a una escuela le pongan el nombre de un señor que fue de todo menos pacifista y en cuya vida hay un montón de sombras inquietantes. La paz es frágil y hay que tratarla con mucho tiento. Siempre nos quedará la poesía, aunque es un consuelo relativo, claro.


miércoles, 3 de agosto de 2016

ALGUNOS APUNTES SOBRE MEMORIA SENTIMENTAL Y CANCIÓN POPULAR





Hoy nuestro mundo ha cambiado mucho, uno de los aspectos más evidentes, en el mundo occidental, es el cambio de rol y de situación social de las mujeres. Hoy, además, un misterio presente a lo largo de los embarazos, el del sexo del bebé, se desvela pronto gracias a tanto adelanto tecnológico. Los discos solicitados de mi infancia incidían en la vida cotidiana, y es que es habitual identificarnos con situaciones que refleja la música popular. 

Hace poco supe que un temazo que gustaba a mucha gente, Es mi niña bonita, cantado en diferentes estilos y por diferentes intérpretes, no pertenecía a una copla andaluza, como yo creía, sinó que era obra de un peruano, Lucho Barrios. Mi padre se identificaba con su contenido pués parece que quería un niño cuando nací yo, pero le pasó como al de la canción y cuando nació mi hermano ya le daba igual que fuese otra chica.  En las fotos de mi bautizo se puede percibir su decepción pero se enfadaba si se lo hacía notar, aunque fuese de forma irónica.


Yo creo que a todos los hombres 
les debe pasar lo mismo 
que cuando van a ser padres 
quisieran tener un niño 
luego les nace una niña 
sufren una decepción 
y después la quieres tanto 
que hasta cambias de opinión. 

Hay una música popular que bebe de cerca en los sentimientos cotidianos. Los Ecos del Rocío son un grupo que toca en sus letras un montón de temas cercanos, desde el amor a una abuela al lesbianismo de vecindad. Hay canciones que no habría escuchado nunca en mi tierra si no sintonizase de vez en cuando Radiolé, por ejemplo, o Radio Tele Taxi. Hay muchas Catalunyes, parecen ignorarse entre sí, pero todo es apariencia y eso es lo que parece que no acaban de ver los políticos, en general, que pasean poco por el país, sus barrios y sus fiestas populares o lo hacen rumbeando una peligrosa miopía. Mis padres eran catalanes de generaciones pero les gustaba la copla andaluza y en ocasiones iban a ver a gente como Manolo Escobar, a los teatros del Paralelo o Paral·lel, como escribimos ahora. 

Manolo Escobar tiene una canción excelente sobre un abuelo triste porque ha quedado viudo, su nieto se pregunta el porqué de su tristeza, no sé si la letra es del cantante, pero me encanta, no puedo escucharla sin que no me den ganas de llorar:

Madre, quiero que me digas
por qué está triste el abuelo. 
Que ya no juega conmigo
ni me lleva de paseo. 

En catalán no se ha explotado demasiado durante las últimas décadas esa referencia a la vida cotidiana sencilla, aunque existen ejemplos. Uno de paradigmático es La mare, un tema que creo que es de antes de la guerra civil, recuperado con gran éxito por Dyango. És habitual atribuir la autoría de las canciones a los cantantes que las han popularizado con éxito y no resulta fàcil encontrar el nombre de los compositores original o de los autores de las letras. 

La mare narra la historia de un hijo descarriado al cual su madre avisa de que va por mal camino hasta que cae en desgracia y ella lo acoge. Una persona de la familia tuvo problemas con un hijo suyo, ya adulto, y recuerdo que le comentaba a mi madre llorando como se había emocionado al volver a escuchar esa canción. 

Durante la adolescencia y la primera juventud nos gustan las historias sobre amores primerizos, un clásico, amores que a menudo acaban con olvidos y traiciones. Te haces mayor y ya te gusta que canten al amor a las abuelas, como es lógico. Un tema moderno era el que entonaba María Carrasco, una muy buena cantante jovencísima que empezó siendo una niña, sobre eso de las noches de juerga modernas nocturnas, que tanto hacen sufrir a los progenitores, sobre todo a las mamás insomnes. Carrasco tiene también un tema muy famoso dedicado a un abuelo.

No tiene novio ni na
No tiene novio ni na
Esta niña viene tarde
No tiene novio ni na
¿Por qué saldran los chavales
Rompiendo la madrugá?
Madre tienes que acostarte
yo quizás llegue tarde
no me esperes levantá,
dile bajito a mi pare
que ya soy mayor de edad.

Con lo bonito que era
salir con la luz del día
y recogerse temprano
vuelves a la amanecía
y sin novio de la mano (...)


Cada uno de nosotros, en general, va forjando su memoria sentimental con poemas y canciones, hay una para cada momento vital, en más de una ocasión me vienen a la memoria palabras de los viejos tangos que cantaban en casa, sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando... Con el tiempo me he dado cuenta de qué muchos refranes y frases hechas que escuchaba a menudo cuando era pequeña procedían de zarzuelas o de obritas de teatro popular. Parecen los de Calatorao, por ejemplo.  O aquello de qué las ciencias adelantan que es una barbaridad.

Como las costumbres cambian y en gran parte, para mejorar, hoy nos suenan horribles ciertas letras machistas que justificaban y mitificaban la violencia de género, incluso Joan Baez cantaba aquello del preso número nueve que muere sin arrepentimiento y asegura que si los encuentra en el otro mundo los vuelve a matar.  Los viejos dramas sobre niños huérfanos nos parecen hoy, afortunadamente, folletinescos. Antes también había muchos poemas y canciones dedicados a viejecitos abandonados, es un tema el cual, convenientemente modernizado, daría para mucho.

Las canciones dramáticas nos hacen llorar si sufrimos y nos hacen reir si somos felices, en cuyo caso tenemos tendencia a parodiarlas, los humanos presumimos de empatía, en general, pero no es esa una virtud generalizada, una amiga me recitaba a menudo aquella coplilla: nunca le cuentes a nadie/ el secreto de tus penas/ que el que está alegre se ríe/ y el que está triste, se alegra. 

lunes, 11 de julio de 2016

EL POLÍTICO Y SUS MÉTODOS


BTV es, para mi gusto, con la segunda cadena, uno de los lugares televisivos en los cuales se puede disfrutar del mejor cine y sin interrupciones. Lástima que sólo pueda verse en una área geográfica reducida, además, en los últimos tiempos me temo que no debe andar muy boyante de presupuesto. Hace pocos días me reencontré con  un título emblemático, El político, una película de 1949, yo tenía justo un añito en aquellas fechas. Siempre he visto esta película por televisión, todavia no he tenido ocasión de disfrutar de ella en el cine. O de sufrir con ella, ya que resulta bastante inquietante.

El título original es All The King's Men. Fue una película muy importante en su época, que disparo el prestigio y la fama de su protagonista, Broderick Crawford, un actor del cual escuché hablar mucho en casa, sobre todo a mi madre, que era una cinéfila impenitente. Crawford era un actor con un físico muy especial, podríamos decir que incluso atractivo en su fealdad, poco convencional, que se adaptaba a papeles de todo tipo. Lástima que un grave alcoholismo perjudicase su carrera, lo mismo que, según dicen, la afición a comer en exceso. Sin embargo, y a pesar de todo, aguantó bien la llegada de la televisión, protagonizando series de éxito.

El Político es una especie de cuento cruel, una historia que se puede situar en cualquier época, también en la nuestra, e incluso en cualquier geografía. Es una historia de corrupción progresiva, la de un hombre que accede al poder lleno de buenas intenciones, que posee un gran magnetismo y que acaba por olvidar cualquier ética profesional. Un hombre con atractivo y carisma, aquellos que están a su alrededor y que se degradan con él lo veneran, cada uno a su manera, incluso a pesar de ser conscientes de su degradación moral. Más que miedo inspira una perversa atracción pero no acepta deserciones y recurre a métodos brutales, incluso al crimen, con tal de consolidar un poder que acaba por mostrar una gran tendència dictatorial aunque sigue consolidando un populismo que incide en la aceptación de la gente humilde.

Rossen, su director, se vio muy perjudicado durante la época de la caza de brujas, había sido comunista y acabó por ceder a las presiones y delatar a muchos compañeros, como Elia Kazan. Kazan se recuperó después, a pesar de su lamentable conducta, però no así Rossen. A partir de entonces tuvo algunos éxitos puntuales y muchos disgustos y problemas y murió a los cincuenta y siete años. Su última pelicula fue Lilith, una historia inquietante y extraña, todavía es una cinta de culto.

El personaje de Willie Stark, en El Político, se inspiró muy de cerca en un hombre real, Huey Long, que también murió asesinado por el hijo de una sus víctimas. Se basó en una novel·la del escritor Robert Penn Warren, él único escritor hasta ahora que ha ganado un Pulitzer de narrativa y otro de poesía, el de narrativa precisamente por la novela en la cual se basó la película, un autor hoy algo olvidado por aquí que vale la pena recuperar. Se realizó una segunda versión el año 2006, con un reparto de lujo y Sean Penn en el papel principal. Incluso existe una ópera basada en la historia de Willie Stark. 

martes, 21 de junio de 2016

POSTALES ANTIGUAS: RICKY NELSON


En mi adolescencia, entre las niñas de mi edad, se puso de moda coleccionar postales con rostros de chicos guapos de la época, actores y cantantes sobre todo. Las papelerías tenían unos grandes muestrarios temáticos que consultábamos con cierta emoción cuando nuestras modestas economías nos permitían acceder a la posesión de aquellas fotos convencionales de jóvenes famosos, un estilo que la gente corriente imitaba, cuando se retrataba para poder hacer un obsequio a su pareja.

Existía en la Gran Vía de Barcelona, no recuerdo bien a qué altura, entre la plaza Universidad y la plaza de España, una minúscula papelería que colgaba en su escaparate un montón de aquellos rostros tan admirados y deseados por las niñas de entonces. Esa mitomanía, hemos de admitirlo, afectaba y afecta más a la mujeres que a los hombres y quizás por eso había en aquel escaparate muchos más chicos que chicas.


Uno de los actores cuyo rostro pasó de forma breve por nuestras pequeñas colecciones fue el de Ricky Nelson. Hoy lo he recordado, al escuchar una canción suya por la radio, una de principios de los sesenta. Trabajó en el cine, en la televisión, pero casi sólo se le recuerda por su papel en Río Bravo. Hoy internet nos permite saber en muy poco tiempo qué fue de tantos olvidados que antiguamente no habríamos encontrado citados ni tan sólo en aquellas voluminosas enciclopedias compradas a plazos. La imagen de Nelson respondía a un tipo que nos suele gustar cuando somos jovencitas, el estilo cara de niño. Un estilo estètico que, de forma inevitable, desaparece con el paso del tiemo. Constato, sin embargo, que siempre resucita ese aspecto aniñado, en algún nuevo cantante de moda.

Ricky Nelson no se llamaba Ricardo, como era de esperar, sino Eric Hilliard Nelson.  En su familia ya existía tradición musical y el empezó pronto en el oficio. Tuvo una adolescencia complicada, con episodios de rebeldía, paso por la cárcel, se junto con eso que en lenguaje vulgar llamábamos gamberros.  Era la época de oro del rock, tuvo éxito, durante un tiempo tan sólo Elvis Presley vendía más. A pesar de amar la música y ser un buen profesional su estrella declinó pronto por motivos que, mirados en perspectiva, parecen bastante aleatorios, pero el mundo de los ídolos juveniles precisa de ser alimentado de forma constante.
Se casó, tuvo cuatro hijos, pero de pronto todo empezó a ir mal, su mujer lo abandonó, el divorcio resulto caro y complicado. Nelson, sin embargo, volvía siempre a intentar cosas nuevas y a pesar de sus muchos problemas personales y algunos fracasos profesionales siguió actuando de forma esforzada. Se dice que tenía miedo a volar pero murió en un accidente  de avión complicado, que provocó bastantes especulaciones, y en el cual fallecieron otros compenentes de su banda. Era el último día del año 1985 i se dirigían a Dallas, Texas, para participar en un programa de Nochevieja, sólo tenía cuarenta y cinco años.

Una de sus virtudes fue ser fiel a los amigos de su juventud, eso cuentan. Las imágenes de su etapa adulta nos muestran a un hombre muy diferente de aquel muchacho de las postales de principios de los sesenta, pero los tiempos habían cambiado y nosotras, también. Sorprende su pelucón de señor maduro, ignoro si era natural del todo, imagino que debía ser la moda de los ochenta. Un pelucón que quizás se vuelva a poner hoy de moda en Catalunya gracias al president Puigdemont, quién sabe. Aunque nuestro presidente no sea cantante profesional, hace poco hizo algunos pinitos en el escenario, junto a Gerard Quintana.

Las persecuciones de las admiradoras llegaron a inquietar bastante a Nelson, un grupo de chicas se lanzó una vez contra su coche, esas cosas sucedían y suceden y resultan absolutamente inexplicables todavía. Las damas deberíamos reflexionar a fondo sobre ello cuando nuestras hijas o nietas repiten ese tipo de comportamientos raritos pero parece que incluso nos hace cierta gracia comprobar que son casi cómo éramos.