lunes, 25 de enero de 2016

UNIFORMES Y TENDENCIAS, MODAS INCÓMODAS Y DOGMAS TEXTILES


Hace años, muchos, tantos que casi no me acuerdo, un conseller de la Generalitat, creo que era de educación, se presentaba en las sesiones sin corbata y era muy criticado, no tan sólo por los burgueses sinó también por gente como mis padres, de una generación que ya ha casi desaparecido en su totalidad.

La gente humilde de aquella época tenia poca ropa, los hombres un traje o dos, en general, y las señoras también algún vestido o traje chaqueta que cuidaban con esmero y en el cual se hacían las reparaciones caseras pertinentes si el cuerpo cambiaba con el tiempo, incluso los abrigos se volvían del revés para darles otra oportunidad.

Por la radio daban anuncios de un sastre a domicilio que fue muy popular, Poveda sastre, de la plaza del Peso de la Paja. Estuvo allí muchos años y desde la calle se veía el balcón del taller y a la gente cosiendo y tomando medidas. El anunció consistía en un diálogo entre dos amigos, uno le preguntaba si llevaba un abrigo nuevo y el otro le decía que no, que era el mismo vuelto del revés y arreglado en Poveda.
Las fotografías antiguas de personas humildes en días de fiesta, bautizos, bodas, comuniones, nos muestran a todo el mundo limpio, bien arreglado y elegante. Hay hermosas fotos de bodas de gente que vivía en las barracas, todos van de punta en blanco. En una ocasión alguien colgó en las redes una foto festiva con un grupo de chicos y chicas de finales de los cuarenta y gente joven de hoy preguntó si eran ricos porque iban elegantes.

Incluso en la foto que colgué en la entrada anterior se puede percibir como vestíamos los jóvenes hace años. Bastante bien, en general. En mis guateques de barrio se pedía a los chicos que viniesen con traje y lo más atrevido de entonces fueron las camisas de color de rosa. La moda de ir trapero y peludo empezó en ambientes de clase media y yo diría que media alta. Luego todo se pega.  Ya en la transición, cuando alguna persona humilde tenía cualquier cargo político acostumbraba a vestir bien para las ocasiones formales. 

Hoy todo convive y no nos asustamos de nada. Uno de los factores que llamaba la atención del señor Baños, de paso breve por la CUP, era que iba bien vestido, quizás por eso no pegaba. Decir que no te parece bien que se vaya según dónde en mangas de camisa o en camiseta, aunque sea de diseño, queda mal, parece que seas facha o carca y nadie quiere oir eso, sin embargo el vestido informal es más bien hijo de la pequeña burguesía que del obrero auténtico, me temo.

Hoy se rechaza el uniforme pero el uniforme, según dónde, es democrático e igualitario, muchas escuelas de países pobres lo utilizan pero aquí parece una vulgaridad aunque escuelas de alto nivel, a las cuales asisten hijos de descamisados oportunistas, lo exijan. El uniforme ahorraba mucha ropa y también ahorraría discusiones sobre qué me pongo esta mañana o no me gustan estos pantalones que no son bastante guays, habituales en las familias modernas. Una escuela de L'Hospitalet, pública, lo ha recuperado pero fue criticada y mirada de reojo en su momento.

Al final lo más alternativo se vuelve otra vez un uniforme, nos guste o no. Mientras ocurre eso las bodas convencionales, religiosas o civiles, acogen a menudo modelitos tipo Preysler y pamelas horribles, y es esa una tendencia casi interclasista. He visto disfrazarse a gente muy comunista, de antes, vestirse con esas telas caras y ridículas, hace años tuve un disgusto cuando supe que una dama de izquierdas que yo admiraba asistía al Liceo de entonces, hoy también el Liceo ha cambiado, envuelta en pieles.
La indumentaria femenina merece punto y aparte. Costó mucho abandonar fajas, corsés, sujetadores con aro pero hemos vuelto a la incomodidad manifiesta. Las presentadoras de casi todas la televisiones lucen tacones imposibles, incómodos y absurdos, un mal ejemplo para las chicas modernas, me temo. Además, aunque estemos en el crudo invierno salen destapadas por arriba y por abajo, si te quejas creen erróneamente que lo haces por moralina pero no sé si es ecológico, en tiempos de escasez, mostrar como se gasta tanta calefacción en los platós. 

Hace unos días, en un programa de tertulia peluquera muy divertido que dan al mediodía por la primera, Paloma Gómez Borrero admitió que una de las cosas buenas de ser mayor es poder ir sin tacones altos, a eso hemos llegado, por desgracia. Ni tan sólo los tacones altos de mi juventud llegaban a esos extremos del presente, no sé con qué pies acabarán estas chicas en su tercera e inevitable tercera edad.
Lo qué es moda  no incomoda, dicen, y puede que sea verdad. Pocas damas importantes de izquierda, ni tan sólo de derechas alternativas,  admiten la esclavitud de esas modas, pero su aspecto evidencia esa servitud subliminal, tanto si lucen camisetas con consignas como vestiditos de marca. El mundo sigue siendo surrealista y quizás esas es una de sus maravillas, espero que si en verano hace calor, aunque hoy día en verano hay una tendencia a congelarte en todas partes, con ese aire acondicionado tan incómodo, caro, poco sostenible y poco saludable, alguien se decida a ir al Parlamento, el de aquí o el de allí, en pelota picada. 

Al menos, de momento, antes de qué la desnudez política no se convierta en una moda más, símbolo de la deseable transparencia exigida al cargo, tendrán tema para comentar los de siempre en las próximas tertulias, cuando ya haya gobierno o gobiernos y todo vuelva a ser un poco más aburrido.

Hace poco una persona me comentaba que en el único lugar dónde se mantiene un cierto orden, respeto a la jerarquía, el turno de sonido y el vestido elegante, aunque las damas también caen a veces en lo que he comentado, es en el musical formal, orquestas, corales tradicionales. Las orquestas serias y de calidad son una especie de metáfora de cómo podría funcionar todo si cada cual hiciese lo que debe y cuándo debe y lo hiciese lo mejor posible.


martes, 12 de enero de 2016

EL PASADO EFÍMERO Y AQUEL PARQUE DE ATRACCIONES



Ignoro el motivo por el cual a veces una reivindicación triunfa y en otras perdemos espacios y recuerdos sin que se haga nada en contra. Cada vez me gustan menos las manifestaciones multitudinarias, no sirven para nada, en todo caso para acallar nuestras malas conciencias, lo mismo que las proclamas indignadas que corren por las redes sociales.

En esta antigua fotografia de los sesenta estoy con una compañera de trabajo y al fondo se puede ver el Parque de Atracciones de Montjuïc. Fue aquel un espacio emblemático, popular, muy querido por la gente humilde que lo hizo suyo. Tuvo mal final, propiciado por todos los poderes, lo dejaron morir y agonizar. Montjuïc ha sido siempre un espacio manipulado por todos lados, se han hecho muchos planes sobre el parque que no se han realizado, muchas proclamas que no han servido para nada.

Sobre el Parque de atracciones existe mucha información ya que personas que lo amaron han publicado fotografías y documentación. Sobre su final se ha explicado poco todavía, su agonía coincidió con intereses diversos, con la promoción del Tibidabo, un lugar bonito pero mucho menos accesible, alejado del centro y la parte baja de la ciudad. Por cierto, algunas de esas resurrecciones del Tibidabo tuvieron implicados que se vieron salpicados por escándalos y corrupciones, no sé si algún día ho aclarirem.

La amiga que está conmigo se llamaba, se llama, Encarna. Era de Murcia y bailaba con un grupo de la Casa Regional que entonces estaba situada, como tantas otras asociaciones diversas, en el centro de la ciudad. Todas esas asociaciones han tenido que marchar del centro de la ciudad, algunas han desaparecido. Todo un conjunto humano entrañable, centros excursionistas, casas regionales, lugares dónde la gente se reunía y divertía. También han desaparecido comercios interesantes, algunos reviven en algún lugar pero no es lo mismo, pasear hoy por el centro de Barcelona es llorar, parafraseando a Larra.

A mi amiga la había visto bailar muchas veces con su grupo. Lo hacían de maravilla y en el repertorio incluían siempre bailes catalanes, gracias a ellos conocí danzas tan bonitas como la de Castelltersol, la de Campdevànol y otras. Es una lástima que aquel regionalismo cultural fomentado por los poderes de entonces se haya menospreciado en lugar de reconvertirse en algo serio y sólido que hubiese podido contribuir a evitar prejuicios y a conformar una forma diferente y enriquecedora de ser peninsular. Recuerdo que en algunas ocasiones habían bailado en el Pueblo Español, un nombre que no me extrañaría que los puros quisiese cambiar en el futuro lo mismo que el de la Plaza de España, ya he oído voces al respecto, incluso se proponía dar a la plaza el nombre del señor Mas, ignorando que para tener calles o plazas, en la ciudad, tienes que estar muerto, por cierto.

Triste honor que pongan tu nombre a una calle, las calles y plazas deberían llevar nombres de elementos de la Naturaleza, pájaros, plantas, minerales. O de oficios, de sentimientos. Los nombres de persona siempre despiertan reticencias y los cambios políticos y culturales provocan que se cambien también esos nombres, según sopla el viento. El recuerdo del Parque de Atracciones se perderá con el paso de las generaciones, cada uno de nosotros cree de buena fe que aquellos lugares de su infancia estaban allí desde siempre y que no debieron tocarse. No creo que la patria sea la infancia, la infancia es una primera etapa de la vida engañosa, alegre o triste según dónde caes, y en la cual dependes para todo de los adultos. Sin embargo crea mitologías, nostalgias, todavía más cuando aquellos que la compartieron con nosotros desfilan hacia el más allá.

Ayer leí una tontería de bulto por las redes, alguien decía que prefería que se hubiese muerto otro antes que Bowie, no entiendo esa devoción por el cantante, con todos mis respetos. En todo caso todos morimos y morirán, no se ha inventado ninguna vacuna contra eso. Montjuïc es un espacio que tiene para mi muchos recuerdos entrañables, incluso sin el Parque de Atracciones de mi juventud. Las fotografías antiguas nos devuelven momentos perdidos que recordamos de forma imprecisa. 

La infancia tiene sus condicionantes, la juventud también, cuando ves cómo es el mundo en realidad ya eres viejo y todo el mundo prefiere que muera un viejo que no un joven, como es natural. La vejez reduce la capacidad de sorpresa, los viejos que actúan como jóvenes me resultan inquietantes pero es que hoy parece que eso de viejo es casi un insulto y siempre hay que parecer joven o actuar como un joven. Otra cosa es que acabes actuando como un niño, por desgracia, a causa de las limitaciones y enfermedades que de forma inevitable procura el paso del tiempo, eso ya no está tan bien considerado.

Para la Plaza de España, si se quiere cambiar el nombre, también se podría proponer el de Plaza del Antiguo Parque de Atracciones de Montjuïc y su triste final. Si el nombre es largo se puede recurrir a las inefables y machaconas siglas de nuestro tiempo, Plaza PAPAM.

lunes, 28 de diciembre de 2015

LA LECTURA Y OTRAS TONTERÍAS

Foto: aquí
El otro día volví a tener una charla amiga con alguien que me aseguraba que le gustaba más el cine que el teatro. Estas absurdas afirmaciones se hacen extensivas al tema de la lectura. Decir que te gusta leer es como decir que te gusta comer, se pueden leer muchas tonterías y comer basura. Estos días las propagandas que fomentan nuestro consumo navideño insisten en qué regales cultura, aunque nadie sabe exactamente qué es la cultura. 

La cultura, se supone, son cosas como cine, viajes, entradas a museos, libros, música, itinerarios históricos, cosas así. El libro se tiene por un valor indiscutible pero se pueden leer un montón de tonterías, historias ocasionales, oportunistas, mal escritas, infumables. Lo mismo se puede aplicar al cine, al teatro. Ayer escuchaba por la tele opiniones de actores y actrices sobre eso de qué el teatro es cultura. Bueno, depende del teatro, de la obra, de la puesta en escena. En el fondo, cuando se habla de defender la cultura se habla de defender determinado gremio profesional, aunque estoy de acuerdo en qué eso del IVA es un abuso.

No me gusta el cine, ni el teatro, ni leer lo que sea, aunque leo bastante y voy mucho al cine y a menudo al teatro. Me gustan algunos libros, algunas películas, algunas obras de teatro, algunas óperas, algunos conciertos, lo mismo que me gusta comer determinados alimentos, siempre que estén bien cocinados y bien presentados. Parece que eso de que te guste leer, libros sobretodo, es una virtud y hay quien lo afirma a menudo aunque también hay quién se lamenta de qué no tiene tiempo para leer todo lo que desearía cuando la realidad es que para aquello que nos gusta encontramos siempre tiempo. 

Lo mismo para eso de viajar, se viaja mucho de forma consumista y no sé que aporta a nuestra cultura personal tanto movimiento masificado. El otro día, esperando entrar en el cine, asistí a una charla sobre Dubai por parte de una dama que contaba a las amigas su viajecito, con la ayuda de fotos y creo que las amigas estaban bastante aburridas ya de la narración. Muchas cosas parece que se hagan para poderlas contar o enseñar las fotos, la verdad.

A mi, en general, no me gusta el deporte, y a menudo caigo en lo mismo que critico, asegurando que no me gusta el deporte en general. Pero eso no es cierto del todo, me gusta caminar con moderación, nadar un poquito, bailar sin cansarme, digo eso como reacción a tanto deportista competitivo como corre hoy -literalmente hablando- en todos esos certámenes atléticos que se organizan aquí y allá y que cada vez cuentan con una participación más masiva.

Estamos en una época en qué parece que todo el mundo tenga que hacerlo todo y un poco de tranquilidad no viene mal, la verdad. Cuando me jubilé un amigo me aconsejo que no me quedase en casa, delante de la tele y me explicó como tiene montado su tiempo jubilatorio, todo un puzle horario que muestra un gran horror vacui a la pérdida de tiempo. Pues, la verdad, a veces apetece mirar la tele, incluso mirar tonterías, aunque queda guay decir que no miras la tele y que todo lo que dan es malo o mediocre. A veces hay que sentarse en el sofá y dejar pasar el tiempo sin prisa, divagando. 

En el fondo tanta actividad, ya lo dijo Tolstoy, es para intentar olvidar que la vida pasa, cada vez más deprisa, leamos o no, hagamos deporte o no lo hagamos.  La necesidad de rellenar el tiempo con eso que llamamos cultura es una cosa de ricos, de nuevos ricos, todo eso del ocio aprovechado, de los cursillos sobre arte, de los paseos urbanos con contenido educativo. Leer está bien pero según qué y a menudo pocos de los libros de moda, novedades diversas de autores bien promocionados valen la pena aunque todo es relativo y  me parece bien que alguien lea tonterías, novela rosa o romántica, de crímenes diversos o lo que sea, siempre que no haga de sus gustos dogma, claro. 

martes, 15 de diciembre de 2015

DE BICHOS Y HUMANOS


Hace pocos días el presidente del Colegio de Veterinarios de Girona salió en una entrevista en La Contra de La Vanguardia, un espacio con una gran audiencia, dijo cuatro cosas razonables que fueron mal entendidas y las reacciones no se hicieron esperar. Incluso la inefable señora Rahola arremetió contra el pobre veterinario en el mismo periódico, porque afirmó no amar a los animales sinó que eso de amar lo destinaba a familiares y amigos, por ejemplo. También insistió en que tener perros en un piso era maltrato pero como eso de las mascotas se ha multiplicado en los últimos años fueron muchos los enfurecidos y muchas las enfurecidas. Afirmó ser nacionalista, cosa que por parte de ciertos sectores contribuyó a añadir a los muchos piropos que se le propinaron en los comentarios de las redes el de fascista. Y, para colmo, insinuó, casi afirmó, que la feminización de la profesión había provocado efectos de sensiblería en el sector. Además, machista, claro.
Yo he sido maestra y he escuchado muchas veces a gente del campo educativo que afirmaba amar a los niños o que los niños le gustaban. Esas declaraciones no siempre se correspondían con una buena profesionalidad para la cual hace falta cierta distancia. Por mucho que los niños nos hagan gracia no se les ama en general, todos somos humanos y sabemos que de niños, como de adultos, los hay de muy diferentes. Nadie ama más a los niños en general que a los suyos propios. Lo mismo se podría aplicar al campo de la medicina y a muchos más, lo de amar es bastante serio y el veterinario lo explicó también de forma seria aunque ha provocado extrañas reacciones por atreverse a decir algo evidente.

Cuando se habla de animales no se habla de animales sinó de mascotas o de especies en peligro de extinción ya que nadie admite, en general, amar moscas, ratas, mosquitos, arañas, langostinos, lagartos o serpientes, aunque hoy hay de todo, claro. El consumo veterinario urbano es un sector que ha crecido mucho pero tiene poco que ver con la industria ganadera. Por los cines ha pasado de puntillas una muy buena película islandesa, RAMS, en la cual se plantea el problema de una epidemia que exige acabar con todas las ovejas para intentar controlar el virus. En eso de amar a los animales existe hoy una tendencia que me parece, si la llevamos al extremo,  racismo zoológico. Nuestra relación con los animales debería ser en la actualidad objeto de debates serios pero acoge mucha tontería y discriminación encubierta según el animal sea más o menos parecido a nosotros, por ejemplo.
Para hacer bien una profesión no hace falta amar a los pacientes o a los clientes o a los alumnos. Ese amor universal es una entelequia, una abstracción. Los animales viviendo en pisos pequeños, gordos, alimentados con pienso y castrados, son maltratados sutilmente aunque creamos que no es así y los necesitemos para paliar soledades o necesidades afectivas. No soy vegetariana pero me avergüenza el modo en qué se produce carne actualmente aunque parece que hay ya cierta crítica sobre la necesidad de mejorar la producción, dando a los bichos una vida más digna. Meter el amor de por medio es peligroso, el amor a la patria incluso a la humanidad ha generado muchas barbaridades, por ejemplo. Es curioso que, por ejemplo, se haya reducido el número de pájaros enjaulados en las casas, cosa habitual en otras épocas, mientras que ha aumentado tanto el número de perros y gatos en los pisos de las ciudades. No parece raro comer cerdo ni criar ese animal de cualquier manera pero nos horroriza pensar en comer gato, perro, incluso caballo.

Hay una tendencia a no razonar sobre aquello que no nos gusta escuchar porque no responde a nuestra ideología o creencias. A veces, volviendo a la escuela, algunos padres rechazaban a determinados profesionales, maestros, psicólogos, porque no les decían lo que querían escuchar sino algo razonable que los implicaba. El señor Serdà pecó, si pecó de algó, de políticamente incorrecto, en una época en la cual se tiene la piel muy fina para según qué y en la cual eso que llamamos buenismo impide que se entre a fondo en los temas conflictivos, què hi farem. Es habitual que alguien te admita en privado, sobre lo que sea, cosas que nunca defenderá o admitirá en otros contextos colectivos, de compromiso.

Por lo que respecta a la feminización de determinadas profesiones, ha tenido y tiene efectos diversos y contradictorios y evitarlos o no entrar en ellos a fondo es habitual. Una médica me comentaba en una ocasión que desde que hay más mujeres en el sector se le ha perdido el respeto a la profesión, en parte. Yo he pensado eso en muchas ocasiones con relación a la educación, sobre todo a la primaria. En el tiempo de la reforma que tantos efectos perversos ha tenido, cuando se eliminó la EGB, una maestra mayor que yo me aconsejó pasarme a secundaria porque temía que las escuelas primarias se convertirían en l'escola de donya Ramoneta, de hecho muchos hombres maestros se pasaron de bando y el número  de maestras, que ya era alto, aumentó exponencialmente en primaria. En todo hace falta un cierto equilibrio pero todavía estamos en una época de transición respecto al papel femenino en la sociedad y nada está superado del todo ni quizás lo llegue a estar nunca. Matar a los mensajeros ha sido desde tiempos ancestrales un recurso absurdo e injusto. Es más fácil descalificar que razonar.  

viernes, 4 de diciembre de 2015

CAMPAÑA ELECTORAL A LA VISTA


Como todo el mundo sabe o debería saber, el domingo, 20 de diciembre, en plena campaña navideña, poco antes del sorteo de la lotería y con las muñecas  dirigiéndose al portal y la gente que come turrón volviendo a casa por Navidad, tendremos las elecciones duodécimas a Cortes Generales, las primeras con Felipe VI, algo imprevisible de prever en las primeras o las segundas, cuando muchos y muchas pensábamos que la monarquía, en algún momento del futuro, evolucionaría volviendo a la república perdida de forma pacífica y consensuada.







Hace años, muchos, el inicio de las campañas venía acompañado de fotografías de candidatos diversos pegando carteles o haciendo ver que pegaban carteles. Eran otros tiempos. De todas maneras algunos partidos jóvenes y alternativos mantienen la tradición. No entiendo que aún se mantenga la manía de colgar fotos de los candidatos cuando todos sabemos como son y los vemos en la tele y en internet cada día. No entiendo cómo todavía nos mandan a casa las propagandas, el uso y abuso de papel en tiempos modernos es absurdo, un gasto inútil.

Estas elecciones son bastante imprevisibles. Hay muchos indecisos, partidos relativamente nuevos con nombres que no evocan ya aquello de la izquierda o la derecha o el centro sinó con títulos de crédito algo raritos como eso de poder o no poder, esa es la cuestión. Me parece eso del poder  algo desafortunado pero ellos sabrán. Los candidatos muestran sus habilidades diversas por la tele, eso tampoco es nuevo y se ironiza mucho sobre el tema. Espero que el de la colita no me destroce más a Krahe. El otro día Rajoy comiendo empanada con Bertín Osborne incluso me hizo reir. Mucha gente catalana me ha dicho que no se lo miró, claro, parece que hice algo malo contemplando esas tonterías españolistas.


Hace años ya había programas en los cuales se pedía a los políticos que hiciesen tonterías diversas relacionadas con sus aficiones personales, recuerdo a Roca, la gran promesa del reformismo frustrado de centro, yendo en bicicleta. No sé si eso de salir a actuar con cierta informalidad es cosas de los asesores, Rajoy explicó que fue su mujer quién le aconsejó mostrar algo de intimidad humana, hizo bien, porque realmente el invento humanizó al personaje, igual que lo humanizó la criticada pero cariñosa colleja propinada a su hijito.


Si en el conjunto hispánico la cosa está complicada y la indecisión es hoy el partido ganador, en Catalunya las cosas están todavía más embolicades. La imagen que se está dando con eso de las inacables negociaciones para no-investir a Mas resulta preocupante y creo que desmoraliza incluso a los incondicionales del procés. Yo confieso pertenecer al ejército de los indecisos, dels caga-dubtes o quizás es que sólo soy escéptica, algo cínica. La política puede tener defectos, los políticos no son ni mejores ni peores que el resto, hay de todo, como de médicos, de maestros, de periodistas, de mecánicos. Pero se puede hacer de todo menos el ridículo, creo que decía Pla, que era otro cínico.
Por lo menos estamos distraídos. Para acabar de distraernos se han inventado por aquí unos días en inglés, durante los cuales se hacen descuentos que no se pueden hacer llamándolos descuentos en castellano o catalán. Una amiga me comentaba con cierta preocupación que en una coral catalana a la cual pertenece el repertorio actual es casi todo en inglés, dicen que Riba ya dijo a Unamuno, hablando del catalán y sus condicionamientos, que aquí pasaríamos directamenta al inglés. Pues eso. 

Incluso Rajoy admitió en el programa de Osborne que está estudiando inglés aunque no parece muy aplicado, al contrario de nuestro Mas, que se defiende bastante bien. La noble lengua inglesa no tiene la culpa de nuestra papanatería consumista, claro. Yo me limito a repasar las lecciones de Duolingo, ya no estoy para cursos serios ni exámenes difíciles, pero qué duda cabe de la necesidad de saber idiomas en general y inglés en particular. Bueno, de aquí un mes, espero, hablaremos del gobierno, del de aquí y del de allá. Una obra de teatro que vi hace años sobre ancianas inteligentes recluídas en una residencia de la tercera edad se llamaba Al menos no es Navidad. Pero es que ahora, incluso es Navidad... O tempora, o mores.


lunes, 16 de noviembre de 2015

FACTORES INCONTROLABLES DE RIESGO INDIVIDUAL Y COLECTIVO


Decía Helmut Schmidt, desaparecido hace pocos días, fumador empedernido y longevo, cruz de las estadísticas sobre los males irrenunciables del tabaco y representante de una Europa que pudo haber sido y no fue, o que creíamos que era y no era lo que parecía, que políticos y periodistas comparten el triste destino de tener que hablar de cosas que no entenderán hasta mucho después. Sin embargo muchos políticos y periodistas comparten también una gran falta de humildad, hablan de lo que no saben como si supieran y eso lo podemos hacer extensivo a mucha más gente, profesores universitarios, filósofos modernos, tertulianos de la televisión e incluso eso que llamamos pueblo llano ya que con las redes sociales se tiene hoy una tribuna abierta para expresar todo tipo de opiniones. Los expertos son hoy innumerables, salen por todas partes.

Antoni Puigverd ha titulado un artículo reciente de forma muy gráfica, La guerra de la que nada sabemos. Se refiere, claro, a esa guerra asimétrica y extraña entre, se supone, oriente y occidente, entre civilizaciones, aunque los que más sufren el tema sean una gran parte inocente de ese oriente lejano pero inquietante. Los políticos no pueden dejar de entrar en el campo retórico de la condena abstracta, los vamos a pillar y vivimos entre riesgos diversos pero la verdad vencerá. En medio, claro, referencias constantes a qué no debe confundirse terrorismo islámico con islam. Llamarle a ese terrorismo islámico, sin embargo, es ya una declaración de intenciones mediáticas, lo mismo que cuando en Barcelona se etiqueta a grupos ruidosos y antisistema como anarquistas. Nada es inocente.

También es habitual la autoflagelación culpable: barrios marginados, países que sufrieron un pasado colonial abusivo, cosas así. Ni tan sólo el pasado escapa  de esas consideraciones, que malo era Colón, qué malos todos los hombres embrutecidos que huyendo de la miseria cercana se fueron a robar, matar y explotar indios. Qué malos los burgueses diversos que comerciaron con esclavos. Qué malos los españoles que se aprovecharon de Catalunya. Qué malos los ricachos que iban al Liceo mientras el pueblo sufría. Qué malos los curas, que no hacían lo que predicaban. Qué malo ese San Jaime Matamoros que tomo partido a favor de una civilización concreta y una estatua del cual con un moro moribundo bajo los pies han tenido que camuflar en Santiago para no herir sensibilidades turísticas.

Con un pasado con tantos pecados es lógico que ahora nos toque sufrir. Nos lo tenemos merecido. Sólo que cada cual es dueño de sus circunstancias y de sus actos, de su presente, de sus decisiones, y lo que hicieron nuestros antepasados, suponiendo que hicieran cosas malas, desde la prehistoria hasta la guerra civil, no todo es culpa nuestra y quizás tampoco fue culpa suya del todo. Somos descendientes pero no herederos aunque intentemos comprender cosas que miradas desde hoy pueden parecer incomprensibles. Aquello del pecado original ha generado muchos malentendidos.

Otro tema recurrente es la educación. Hoy mismo leo a una profesora admirable, experta en el Islam, recordando convencida que la educación y todo eso son lo mejor contra el fanatismo, santa inocencia. Ha habido fanáticos muy cultos, Alemania ha tenido muchos, filósofos y profesores incluidos, y pongo este ejemplo porque siempre es más fácil ponerse de acuerdo contra los nazis que contra los estalinistas. Concepción Arenal aseguraba que dónde se abría una escuela se cerraba una cárcel, dichosos los tiempos en qué se podían creer esas cosas. Precisamente el acceso a la cultura nos permite darnos cuenta de qué la educación, incluso la buena educación, no nos garantiza nada de nada. Algunos de esos terroristas del presente han nacido ya en países de occidente, han ido a escuelas de todo tipo pero democráticas, de las que cultivan eso que llamamos valores. La gente de mi generación asistió a escuelas bastante lamentables, españolistas unionistas, católicas y rancias, incluso fue de excursión con la OJE o la Sección Femenina y, por suerte, de allí salió de todo y no sólo fascistas creyentes ni amas de casa sumisas.

Muchos corruptos de hoy en día asistieron a buenísimas escuelas, como esos hijos corruptos de determinados políticos hoy en cuarentena,  dónde se hablaba, me consta, de generosidad, amor a la humanidad, honestidad y de cosas así. Incluso fueron boy scouts en su tiempo de ocio. Los hermosos valores cristianos han producido grandes perversiones lo mismo que el comunismo o el anarquismo pero las ideas no tienen la culpa de nada, de entrada, sino sus interpretaciones malas o más bien la realidad en la cual se encarnan e interpretan por parte de personas de todo tipo y condición. Es fácil culpar al otro, identificar a un grupo y pensar que allí está el mal y que muerto el perro, muerta la rabia. Al menos en una gran parte de occidente hemos mejorado algo, después de la bestialidad de la segunda guerra mundial, claro, pero nada es eterno, todo es frágil. Ya no existen las grandes seguridades, aunque eran también un espejismo.

Alguien hay, de vez en cuando, que sabe algo de algo, como Loretta Napoleoni, que explica cosas como las fuentes de financiación de esos grupos. Las grandes proclamas de nuestros políticos obvian el tema, no entran a fondo en eso del negocio de las armas, de su tráfico,  del petróleo al precio que sea, es ese un tema espinoso del cual se habla casi siempre a nivel retórico, sin concretar. La condena retórica a la publicidad del Barça no provocó ningún boicot que, por ejemplo, consiguiese que el estadio se vaciase con motivo de algún partido importante. La publicidad y el fútbol son intocables, cuando hubo el atentado del tren de Atocha pararon todos los programas de la tele con excepción de esas dos fuentes de ingresos, què hi farem.

Es posible que todo eso dé alas a la nueva extrema derecha, otro peligro latente, es fácil pasar de malo a malo, en tiempos difíciles los extremos se tocan y la gente moderada no suele tener mucha audiencia porque hay un clamor popular movido por proclamas populistas que exige soluciones rápidas y expeditivas. Esas soluciones drásticas son inquietantes porque acaban con aquello de que Dios -o la República- ya escogerán a los suyos en el etéreo Más Allá, celestial o terrenal. En esa Francia tan admirada y mitificada tuvieron que acabar con Robespierre para que ese señor no dejase todos los títeres sin cabeza de forma masiva y expeditiva. 

Viviremos en el riesgo, y aún gracias que en en nuestro contexto podemos hacerlo con una cierta comodidad, a pesar de la crisis y qué en esas escuelas públicas y democráticas de nuestro tiempo, tan diversas en su contenido infantil como el propio mundo, parece que todo funciona bastante bien. Qué después de la escuela la gente se haga adulta y siga su propio camino, a veces extraño, violento, equivocado, autodestructivo, es imposible de controlar y prevenir. Claro que todo tiene cierta relación, pero no siempre a nivel escolar. Qué los jóvenes encuentren trabajo digno y esperanza es otro tema, difícil de resolver. Y es que más allá de la política de cartel electoral no sabemos nunca del todo quién manda, aunque a veces, con el tiempo, se llega a saber alguna cosa del pasado pero ya todo ha cambiado y esas verdades póstumas tienen poca relevancia.

En el fondo, volviendo a Schmidt, todo es tan impreciso como la ciencia médica, que hoy ha substituido en parte a la religión, con sus dogmas. Nadie nos puede asegurar que si llevamos una vida sana, no fumamos ni bebemos y todo eso no tengamos cáncer ni muramos rabiando y de forma prematura. Mejoraremos en algo, mejorarán las estadísticas, esa biblia de nuestro tiempo, y quizás vivamos, si tenemos suerte, algunos años más de los que vivieron nuestros padres, pero de ninguna manera seremos inmortales ni habremos alcanzado la eterna juventud. La naturaleza humana es como es, imprevisible, frágil, manipulable. Un misterio, todavía. Hemos de vivir con el riesgo, ya sea individual o colectivo y, si podemos, sin hacer mal a nadie, como decían mis mayores, con una divisa simple y clara, aquello de el que no vulguis per tu, no ho vulguis per ningú. La regla de oro.

lunes, 9 de noviembre de 2015

LA DIFÍCIL COHERENCIA VITAL Y LAS PROTESTAS DEL PASADO


Resultat d'imatges de MARC ANDREU BARRIS

CANDIDATO DE LOS TRABAJADORES DE FERNANDO RODRÍGUEZ OCAÑA (AVANCE) (Libros de Segunda Mano - Pensamiento - Política)

He estado leyendo estos días el libro que Marc Andreu ha publicado sobre los movimientos vecinales en Barcelona durante el último franquismo y la primera transición. El libro es algo espeso ya que se trata de una tesis doctoral y no de un texto de divulgación. Es una suerte que personas jóvenes o relativamente jóvenes nos recuerden la historia de esos años, parece que resulta más fácil y de más rendimiento viajar más lejos en el tiempo, a los años treinta, la guerra civil y la primera posguerra que no intentar bucear en lo que fue el tardofranquismo y la transición hasta llegar casi al presente. Todavía hay personajes en activo poco interesados en qué se aireen sus deserciones, sus cobardías o sus estrategias trepadoras. Incluso en la historia de lugares míticos como el Paralelo se prioriza el pasado remoto por encima de su última época popular y espléndida, la de los cuarenta y cincuenta, los cines de barrio y la copla popular en la Bodega Apolo.

No me gusta idealizar nada. Los movimientos sociales de aquellos años son admirables pero también tuvieron sus miserias, sus luchas internas, sus personalismos. Se consiguieron muchas cosas, sobre todo en una breve primavera vecinal unitaria y solidaria, antes de qué el partidismo obligatorio intentase acabar con todo aquello, suerte que siempre quedan rescoldos que se pueden avivar si las circunstancias son propicias. Lo saben bien los vecinos de barrios populares que tienen cierta edad y recuerdan, por ejemplo, lo fácil que era tratar con un alcalde de extracción casi franquista, como Socias, y lo difícil que resultó tratar después con el elitista Serra, un socialista de aquellos de la época, de casa bona. 

Para muchas personas que se consideran progres protestar si mandan las supuestas derechas es una obligación y cuando mandan las izquierdas, una excepción, cuando a las izquierdas se les debiera de exigir, al menos, lo mismo que a la oposición conservadora. Pero somos como somos, humanos para lo bueno, para lo malo, para lo mezquino. Ayer mismo Julia Otero, en el programa Salvados puntualizaba sobre las supuestas bondades de los periodistas, sector profesional en el cual hay de todo, como lo hay en el campo de los médicos o de los fontaneros. Esta reflexión se podría aplicar a los políticos, hoy en horas bajas por lo que respecta a su consideración popular.

El libro de Andreu me ha evocado muchas cosas, hechos que sucedieron en mi barrio, entonces en efervescencia y dónde a veces parecía que cada persona de izquierda era de un partido distinto. Llegaron los ochenta, el desencanto, la droga en la calle, el enriquecimiento de algunos ideólogos, mi barrio pareció despoblarse, no se puede negar que hubo cierta mejora económica y eso hizo que muchos militantes populares se comprasen pisos mejores en barrios de más prestigio. Pronto se añoró un pasado reciente y se pasó de la canción de protesta a los conciertos de inocentes habaneras, la culpa no fue sólo de la clase política, nos dejamos meter muchos goles.

En el setenta y tres, antes del  desencanto, yo trabajaba en una escuela de barrio, en una población cercana a Barcelona. Una de las profesoras era toda una dama de las de antes, no tenía ni sesenta años pero yo la veía muy mayor, era una de esas personas activas, con una biografía interesantísima, había vivido la guerra siendo de familia católica y conservadora pero catalanista, de la Lliga. Su familia sufrió mucho en aquella época, siempre en peligro de ser detenidos, asesinados, un primer novio suyo murió a causa de la violencia indiscriminada contra la gente de ideología religiosa. Se casó más adelante, participaba en muchas actividades parroquiales, era muy activa y decidida, en aquel tiempo y en un pueblo se criticaba bastante el activismo femenino, hemos cambiado mucho.

Los hijos le salieron comunistas, activos como ella y ella también cambió con el tiempo. Y me acuerdo de cuando nos explicaba como algunos de esos hijos, jóvenes entonces, participaban en muchas iniciativas políticas, entonces clandestinas y peligrosas. También participaron en la campaña a favor de qué un obrero de extracción humilde llegase a ser concejal. El obrero era Fernando Rodríguez Ocaña, en la foto que cuelgo se puede identificar en seguida, más bajito y poca cosa que esos señorones del poder municipal de entonces. He encontrado la fotografía y más referencias al caso que acabó con una oportunista impugnación de su elección en el blog De Castro ero y bailar sepo, dedicado al pueblo de Porcuna, dónde él había nacido, ya que, por suerte, internet es una mina. Eran tiempos complicados, se dijo que incluso Pujol había contribuido a la campaña con alguna ayudita, lo criticaron los más radicales por hacer el juego al poder, según la opinión de los puristas y él y su familia recibieron amenazas serias de la extrema derecha.

Con el tiempo se trasladó a vivir a la población en la cual yo había trabajado y dónde me enteré de su existencia. En el blog que menciono se reproduce una entrevista con él en la cual reivindica el comunismo e insiste en qué hace falta protestar también cuando mandan los tuyos. No se benefició de sus relaciones personales y políticas para obtener cosas como un trabajo para su hijo, en paro en la época de la entrevista, en 1985. Murió en el año 2000, en febrero, no pudo ni recoger una medalla que le otorgó el ayuntamiento de Barcelona aquel mismo año.

Hoy casi nadie quiere ser comunista, el anarquismo, en cambio, tiene otro glamour, incluso se hace referencia a la ideología anarquista cuando se reprime a grupos violentos y ruidosos. Las ideologías igualitarias se suelen identificar con sus resultados perversos cuando llegan al poder, cosa muy injusta. Uno puede ser de ideas cristianas, como lo era aquella maestra de mi juventud, y no participar del oro del Vaticano para nada. Un familiar ironizaba sobre el Papa actual hace unos días, a ver si va a resultar que les ha salido un Pontífice cristiano, repetía. 

Me da risa cuando se hace referencia a personajes que vivieron a lo grande y eran, se supone, de ideología comunista, poetas de culto, cantantes sacralizados. Eso que dio en llamarse gauche divine en Barcelona, más o menos. Era aquel un comunismo estético y poco peligroso, vaya. Para todo hace falta un cierto componente ejemplarizador, ayer mismo también Otero en Salvados tiró un poco de las orejas a Monedero, el de Podemos, cuando éste se justificaba de sus pecados veniales. Tuve varios disgustos en mi juventud con eso del ejemplo, cuando supe que una comunista de mis devociones asistía al Liceo de la época, hoy el Liceo es otra cosa, envuelta en pieles caras y cosas peores, fanfarronerías y privilegios vergonzantes de personas que tuve en el pedestal político. Hoy ya no me asusto de nada porque en mi contexto cotidiano también he visto, a nivel más modesto pero igualmente preocupante, corruptelas diversas.

Toda esa gente luchadora de verdad, coherente, merecen investigación histórica, biografías serias, objetivas, porque otra constante que me inquieta es eso de intentar esconder las sombras de los mártires y de los santos, una mala práctica que los deshumaniza y que no contribuye para nada a la mejoría del tejido social y cívico.