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lunes, 3 de agosto de 2020

MIENTEN MÁS QUE ESCRIBEN

Hace años escuché por televisión una entrevista a una actriz ya mayor, que había conocido a muchos famosos, entre los cuales un montón de escritores. Manifestó que los escritores, así, en general, y con todas las excepciones que se puedan encontrar, eran los profesionales que más la habían decepcionado. 

Supongo que eso se puede aplicar también a las escritoras, claro, pero todavía la percepción no es la misma para hombres y mujeres, incluso en esos campos intelectuales. Se refería la actriz, claro está, a escritores hombres, de un cierto prestigio y reconocimiento y que se ganaban relativamente bien la vida escribiendo. Autores 'de culto'.

La profesión intelectual tiene, todavía, un halo especial. Leer, así, en general, se supone que es algo bueno y recomendable. Pero lo cierto es que se pueden leer muchas tonterías, a lo largo de la vida, incluso tonterías de prestigio, recomendadas por esos expertos del tema, entre los cuales, los críticos, a menudo más criticados que lo que critican. 

Puede que también decepcionen, claro, los actores. Pero un actor es más polivalente, puede ser un héroe o un villano. Y sabemos, en cierto modo, que son títeres de prestigio, al servicio de intereses complejos y venales. Los escritores, a veces, también. Pero es cierto que grandes escritores, tratados en persona, a menudo tienen poco que ver con las cosas interesantes y profundas que han escrito.

Hace años eso de escribir, de escribir cosas de peso, estaba al alcance de poca gente. En el éxito literario tiene un gran valor práctico la oportunidad, el momento, la suerte, los conocidos, la promoción, la casualidad. De hecho, escritores o lo que sea, la gente miente bastante. No siempre ni en todo momento, depende. Se miente por supervivencia, para quedar bien, para impresionar. La gente se reinventa la propia biografía. Con los años te das cuenta de la gran cantidad de mentiras que has admitido y de las que tú misma has contado, sin mala intención, por motivos diversos. 

Las buenas biografías a menudo acaban con todos los mitos. Sabemos que es así pero queremos admirar a alguien, quizás sea una necesidad. O una necedad. Las mujeres, antes, puede que todavía queden unas cuantas, necesitaban admirar a su pareja, en teoría. De ese modo, damas brillantes quedaron a la sombra de sus maridos o amantes y aguantaron de todo y más. Puede que haya algún ejemplo a la inversa pero son pocos, todavía.

Cuando una chica se quedaba embarazada, de soltera, en los tiempos en los cuales eso era habitual y, a menudo, un gran drama familiar, una explicación era que la habían engañado. Ese padre de mi niña Lola, tan preocupado, le pregunta a la hija si un hombre la ha engañao. No sabemos el desenlace, la canción nos deja en el misterio. Lo pero es que, en muchos casos, era cierto. Los hombres tenían más experiencia sexual, adquirida de mala manera, claro, y los tópicos sobre mujeres pecadoras hoy pueden parecer hilarantes pero hicieron mucho daño. 

La literatura muestra cuán diferente era la vara de medir, para hombres y mujeres. Hay autores admirables por sus obras, por sus novelas, por su poesía, pero puede que en su vida privada fuesen muy diferentes, o, más bien, humanos, contradictorios, incoherentes. Vease eso de Miller y algunos otros intelectuales, con sus hijos subnormales, horrible adjectivo que hoy se ha vuelto un insulto. Cierto que eran otros tiempos, pero, claro, es que estamos hablando de señores con ideas, con buenas ideas de izquierda. 

Muchos escritores, en cierta manera, y me resulta comprensible, se idealizan a sí mismos al escribir. Es la magia de la literatura. Y no sólo en la supuesta ficción, también lo hacen en sus libros de memorias, incluso reforman dietarios del pasado. Además, los lectores tenemos cierta tendencia a construirnos nuestros propios mitos. Hace algun tiempo un conocido me alababa la postura de Machado respecto al tema catalán y casi puso en duda mis aclaraciones, sobre la existencia de textos del poeta muy poc comprensivos y nada amables con el tema. Otra cosa es que el poeta tuviese amigos aquí, no hace falta pensar igual para apreciarse a nivel humano. Galdós tuvo amigos muy diferentes, ideológicamente hablando. 

No hay que dar a las ideas literarias de los autores que apreciamos carta de veracidad. Claro que eso lo vamos entendiendo con los años. A los políticos ya se les admite una cierta e inevitable dosis de doblez pero a los escritores, ay, eso ya resulta más espinoso. Sin embargo es así, se pueden poner muchos ejemplos, y de todas las épocas, incluso de la actualidad más reciente. La sinceridad, lo admito, está sobrevalorada. A los niños les insistimos en qué deben decir la verdad pero pronto se dan cuenta de qué los adultos mienten a menudo. La convivencia humana, en muchos casos, se sostiene gracias a una cierta dosis de mentira e hipocresía, aunque no nos guste admitirlo. Y es que hay muchos refranes sobre el tema: diciendo las verdades, se pierden las amistades o aquello de qué el que dice lo que piensa nunca piensa lo que dice. 

viernes, 17 de julio de 2020

MEDITACIONES ESTIVALES DESACOMPLEJADAS



Llevo tiempo sin entrar en este y otros blogs personales, así que pido excusas si no he contestado algunos interesantes y amables comentarios. También he encontrado sin borrar comentarios de esos raritos, en árabe o chino o con extraños mensajes misteriosos, no sé de donde salen però se reproducen y se introducen por todas partes. Los más surrealistas hacen referencia a una conspiración en la cual están un famoso señor americano muy rico y su secta, para eliminar a una gran parte de la población, gracias a ese virus, inventado  por ellos, según esas informaciones.

No hay que reirse demasiado de las conspiraciones, a veces, muy pocas, pueden ser verdad. Por ejemplo, yo no me creí, en su tiempo, que Isabel Preysler se fuese a casar con el señor Boyer pero era cierto y bien cierto. El otro día le contaba a una joven y amable peluquera que se ofreció, en estos tiempos difíciles, a cortarme el pelo, las cosas que por la radio se decían, en aquella época, sobre las habilidades amorosas de la dama, ligadas a sus orígenes filipinos, como aquello del carrete. No lo voy a repetir ahora, los jóvenes curiosos deberán consultar hemerotecas. No sé si su pareja actual, Vargas Llosa, sabrá algo sobre el tema. 

Esta tarde han cortado una película que me estaba mirando para que la alcaldesa de Barcelona me informase sobre la triste situación actual y el reconfinamiento inevitable, si no nos portamos bien, será peor. Yo es que creo que ya me porto bien y no he entendido nunca porque en la escuela había que castigar a toda la clase por las gamberradas de media docena. Y, en todo caso, incluso en la escuela, las gamberradas de las minorías eran culpa de la autoridad y de su poca eficacia.

Un cuento de Margaret Atwood cuenta como un grupo de jóvenes airados se dedica a atacar residencias de gente rica o de clase media. El personal huye antes del ataque y los ancianos y ancianas son eliminados sin piedad en nombre de una justicia que parece, incluso, razonable, ocupan sitio y gastan recursos que hacen falta a las nuevas generaciones. Una viejecita, gracias a un amigo de su edad, que se da cuenta del peligro, consigue escapar. És una fábula però sin pretensiones morales excesivas. Hace pensar. Sobretodo a los que ya estamos en esa etapa eufeísticamente llamada 'de mayores', de mayores vulnerables, edad de  riesgo, todo eso que nos dicen hoy cuando hace poco nos predicaban vejeces activas y creativas y nos incitaban al consumo de fármacos y gimnasias y carretes.

La vida pasa y la verdad asoma, ya lo dijo el poeta, y sus versos se han repetido hasta la saciedad. La noche de verano cae sobre Barcelona, un grupo de bonitas golondrinas cruza el cielo pero, según me cuenta mi hermano, del viejo solar abandonado desde hace casi cuarenta años, donde estuvo el bonito teatro Talía y donde se podrían hacer pisos asequibles, salen al anochecer ratas como conejos de grandes. El mundo es diverso y contradictorio y los virus actuales nos recuerdan que somos humanos y perecederos. 

domingo, 22 de marzo de 2020

MANIPULACIÓN MEDIÁTICA Y RELATIVIDAD DE LA MUERTE




Me disponía a escribir algo en la misma línea, aunque con menor oficio, así que prefiero reproducir el sensato artículo de Público: El coronavirus y la mentira global.

El autor es el periodista Pedro Luis Angosto.





'Durante el año pasado se registraron en España 277.000 casos de cáncer. La mitad de los enfermos morirán en un plazo inferior a cinco años, sufriendo durante el resto de su vida un calvario indecible de idas y venidas al hospital, de quimio y radioterapia, de dolor y sufrimiento y de miedo indescriptible. En una sociedad avanzada y civilizada, las investigaciones para curar o paliar el cáncer, las enfermedades cardíacas y las degenerativas deberían ocupar un lugar preeminente, dedicándoles todos los medios económicos posibles. Del mismo modo, en un mundo civilizado y justo, la Organización Mundial de la Salud, en vez de callar, debería denunciar los precios altísimos de los tratamientos para esas enfermedades que están arruinando a los sistemas estatales de salud, declarar la libertad de todos los países para copiar cualquier medicamento que sirva para mejorar la vida de los enfermos y condenar el reparto mafioso y monopolístico de los nuevos tratamientos por parte de los grandes laboratorios. No lo hace, mira para otro lado, y la curación de esas enfermedades que tanto dolor causan a tantísima gente se pospone hasta que la mafia quiera. 

El año pasado murieron en España por accidente laboral casi setecientas personas, resultando heridos de gravedad o enfermos debido al trabajo varios miles de personas. Las causas están claras, precariedad laboral, jornadas interminables, destajo, escasas medidas de seguridad y explotación. Ningún organismo estatal ni mundial alerta sobre el deterioro de las condiciones de trabajo ni esas víctimas, que podrían haberse evitado con muy poca inversión, no abren los telediarios ni ocupan más de su tiempo.

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres

En 2019, seis mil españoles murieron de gripe, una enfermedad tan común como el sarampión que mata todos los años a miles de personas en África sin que la OMS exija a los Estados miembros que aporten las vacunas necesarias -que valen cuatro perras- para evitar ese genocidio silencioso. Al fin y al cabo, la mayoría son negros.

En 2018, más de cuarenta mil personas murieron en España por la contaminación ambiental, siendo directamente atribuibles a esa misma causa el fallecimiento de ochocientas mil personas en la Unión Europea y casi nueve millones en el mundo, aparte de los millones y millones que padecen enfermedades crónicas que disminuyen drásticamente su calidad de vida.

En 2017 más de seis millones de niños murieron de puta hambre en el mundo mientras en los países occidentales se tiran a la basura toneladas y toneladas de alimentos. Ese mismo año, más de dos mil millones de personas trabajaron jornadas superiores a 15 horas por menos de 10 euros al día. Ningún informativo, ningún periódico, ninguna radio lleva días y días insistiendo machaconamente en esa tragedia que martiriza a diario a media humanidad y amenaza con llevarnos a todos a condiciones de vida insufribles.

La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G

Hace unas semanas surgió en una región de China un virus que causa neumonía y tiene una incidencia mortal menor al uno por ciento. Los medios de comunicación de todo el mundo, acompañados con las redes sociales de la mentira global, decidieron que ese era el problema más terrible que había azotado al mundo desde los tiempos de la peste bubónica del siglo XIV que diezmó la población de Europa en casi un tercio. No hay telediario, portada de periódico por serio que sea o red social en la que el coronavirus no ocupe un lugar preferente y reiterativo hasta la saciedad, como si no tuviésemos bastante con las enfermedades ya conocidas que matan de verdad a muchísima gente después de largos períodos de sufrimiento y tortura vital. No sé cómo surgió ese nuevo virus, tampoco si es nuevo, carezco de conocimientos científicos para ello, lo único que sé es lo que cuentan los especialistas, y es que apenas mata ni deja secuelas importantes. Pese a ello, a que lo saben, los informativos siguen creando alarma a nivel mundial. ¿Por qué?

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres. Vivimos un tiempo de relevos, la potencia hegemónica -Estados Unidos- tiene por primera vez desde el final de la Guerra Fría un serio competidor que se llama China. Ese competidor fue alimentado desde los años ochenta por las potencias occidentales debido a su enorme población, a su pobreza y a los salarios bajísimos de sus trabajadores. Han pasado cuarenta años y lo que entonces pareció una decisión magnífica para acabar con los Estados del Bienestar, abaratar costes e incrementar riquezas de modo exponencial, ha tomado otro cariz y ahora esa potencia pobre produce casi el 18% de todo lo que se fabrica en el mundo y está en disposición de dar el gran salto que la coloque en como primera potencia mundial, algo que será inevitable haga lo que haga Trump y sus amigos porque tienen el capital, la tecnología y la mano de obra necesaria. La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G. Se trataba de impedir de cualquier manera que los chinos pudiesen demostrar que hay campos en los que ya están por delante de Estados Unidos y, por supuesto, de Europa. No hay otra explicación ni otra razón. Con la cancelación del congreso de Barcelona y la información apocalíptica sobre las consecuencias de la expansión del coronavirus se daba un paso más en la nueva guerra fría que se ha inventado Donald Trump, dejando claro a China que todo vale en la guerra y que su ascenso al primer puesto les va -nos va- a costar sangre, sudor y lágrimas.

El coronavirus es una enfermedad que no arroja datos alarmantes, primero porque no se expande al ritmo de las grandes epidemias que ha sufrido el mundo, segundo porque tampoco los porcentajes de mortandad son equiparables a los de otras plagas como la “gripe española”. Sin embargo, y dentro de un lenguaje medieval, se está intentando crear pánico a escala global y por eso cada día nos cuentan el nuevo caso que se ha descubierto en Italia, Croacia, Malasia o Torrelodones, uno por uno, haya dado muestras de quebranto o no. Se trata de alimentar el bicho del miedo a escala global con fines estrictamente políticos y económicos, y nunca antes como hoy, en la sociedad de la desinformación, han existido tantos medios para imponer las mentiras como verdades absolutas al servicio de intereses bastardos. El coronavirus no es el fin del mundo ni nada que se le parezca, es una enfermedad normal, como tantas y con poca mortandad, pero la manipulación mediática interesada puede llevarnos a una crisis de consecuencias devastadoras.

viernes, 8 de noviembre de 2019

LA HISTORIA Y EL PRESENTE


Acabo de finalizar la interesante lectura de este libro en el cual el autor reflexiona sobre la relación del individuo con sus circunstancias, a traves de cinco grandes clásicos de la literatura, La Cartuja de Parma, Guerra y Paz, Los Thibault, La Condición Humana y El Doctor Zhivago. Cuando el mundo que nos rodea parece entrar en una especie de espiral surrealista inexplicable la literatura, la literatura seria, con ideas y profundidad, es una especie de consuelo, al situarnos en la experiencia de otros seres, aunque sean imaginarios. Claro que puede ser aquello de mal de muchos, consuelo de tontos. Pero es que el mal siempre es de muchos y quizás todos somos tontos, en alguna medida. Estamos sujetos a nuestro tiempo, a nuestras circunstancias, a nuestra familia, al lugar donde vivimos, a eso que se ha llamado patria y que ha llevado tanta gente a los mataderos, o a dogmas religiosos que hoy nos parecen más absurdos que nunca, porque la libertad de pensamiento, algo en lo cual hemos avanzado un poco, al menos por aquí, nos permite dudar de todo y huir de la fe del carbonero. O del carbonario. 

Los cinco autores escogidos por Chiaromonte tienen un gran prestigio, Stendhal, Tolstoi, Martin du Gard, Malraux, Pasternak. Creo que entre ellos no desmerecería nuestro Galdós, a quién hoy también hemos apartado de nuestros grandes clásicos indiscutibles, sus Episodios Nacionales ofrecen una reflexión muy interesante sobre una larga época de la historia española. Algunas reflexiones del autor de La Paradoja de la Historia sobre Martin du Gard, que incluso obtuvo el Nobel en su tiempo serían aplicables a Galdós, como, por ejemplo, la injusta consideració de autor antiguo o anticuado. Galdós no obtuvo el Nobel por culpa de sus coetáneos, de sus contemporáneos del mundo de la cultura y la culturilla, cosas del medio cainita en el cual se mueve todo, y no solo por aquí, en todas partes cuecen habas, vaya.

La Paradoja de la Historia transcribe algunos fragmentos muy relevantes de las obras escogidas. En uno de ellos, de Martin du Gard, asistimos a un substancioso diálogo sobre la necesidad de mentir al pueblo en tiempos de guerra, ya que hace falta, por parte de los gobiernos, dirigir los acontecimientos, conseguir que el enemigo siempre esté equivocado, que los que luchan no sepan qué pasa en la retaguardia ni la retaguardia sepa qué pasa en el frente. Se evoca, sin escrúpulos, la mentira útil. 

La mentira útil no se sitúa únicamente en tiempos difíciles, de guerra. Ha sido utilizada desde siempre y no solo desde el poder. También las oposiciones nos han mentido cuando les ha convenido. Chiaromonte evoca las reflexiones de Voltaire sobre la invención de la religión, otro ejemplo de la elaboración de historias convincentes para no desmontar las creencias populares, el mismo Voltaire quería que sus criados fuese practicantes, no se fuese a desestabilizar de forma excesiva. Una buena amiga me comentaba que, con el tiempo, te das cuenta de que todo es mentira, incluso un tango popular nos lo recuerda. La gente de ciencia considera que el método científico es infalible pero en nombre de la ciencia nos han colado muchos disparates. 

Hace años, muchos, yo trabajaba en una escuela pública de un barrio humilde y popular, muchas familias eran militantes comunistas, del PSUC. La consigna política de aquel partido, muy respetable en tantos aspectos, era promover la protesta colectiva, de oposición al poder establecido. Ya era aquella la época incipiente de nuestra frágil democracia. Durante un inicio de curso faltaban un par de maestros, nos los iban a mandar, aunque con retraso. Sin embargo uno de los padres consiguió que se saliera en manifestación por las calles del barrio, gritando consignas contra el poder, en aquel caso de la incipiente Generalitat, ya que se pretendía privar a los pobres de cultura y educación. Quizás debí callarme pero, en algún momento, manifesté en una reunión que las cosas no eran como se contaban en las multitudinarias asambleas y aquel padre me hizo callar, yo estaba equivocada puesto que el gran capital corrupto  conseguía que viese las cosas como no eran, no entendía del tema, vaya. Un poco como aquello de doctores tiene la iglesia, pero en otro contexto. No hace falta explicar que algunos de los padres más significados se acabaron colocando en ayuntamientos y otras instituciones, mientras que otros perdían la fe en la política, de forma progresiva.

La lectura del libro de Chiaromonte y los recuerdos personales se han concentrado en estos días en mi imaginario del presente, viendo la televisión, los debates, los comentarios políticos, las grandes y burdas mentiras aceptadas por los devotos de todas las tendencias. Hoy se culpa a las redes sociales de la propagación de barbaridades, se culpa al mensajero, como ha pasado desde hace siglos. Probablemente los políticos actuales sean peores que los de hace algunas décadas, no lo sé, o quizás hoy hemos perdido la fe y los contemplamos de otra manera. Hace años pude ver, en la televisión catalana, un diálogo magnífico sobre política, entre Jordi Pujol y Felipe Gonzàlez, incluso, con cierta inocencia, me sentí orgullosa del progreso del país, del nivelazo de los dos políticos. Hoy el uno y el otro me producen una especie de sentimiento inevitable de rechazo, casi me inspiran compasión, cada uno en su estilo de vejetes castigado por la vida, con sus propios errores de bulto en el equipaje. 

Sin embargo todos tenemos nuestras propias contradicciones, por eso me resisto a tirar piedras a los pecadores o a admitir que hay seres humanos absolutamente deleznables, el personaje más absurdo y odioso quizás sea un padrazo o un calzonazos en su casa, quién sabe. Y el político más sabio y admirable, dispuesto a cambiar el mundo con su sacrificio personal, puede ser un machista maltratador o un papá irresponsable, en la intimidad. Cada casa es un mundo y cada persona un misterio, decía mi mamá. Superaremos las limitaciones del presente y volveremos a tropezar con piedras, que no serán las  mismas però que seguramente nos resultarán igualmente peligrosas. No sé si actualmente existen obras literarias de contemporáneos tan interesantes como las que elige Chiaromonte, cuesta valorar nuestro tiempo, para todo hace falta perspectiva. Quizás el cine ha tomado el relevo de la gran narrativa decimonónica, no lo sé. Lo cierto es que nuestros problemas responden a las limitaciones de nuestra especie y que las grandes preguntas sobre la humanidad y su relación con el destino, con la historia, son las de siempre y no tienen ninguna respuesta válida ni universal. A pesar de todo, se ha de votar, vaya.

domingo, 23 de diciembre de 2018

LA MEJOR LOTERÍA ES EL TRABAJO Y LA ECONOMÍA


¿A quién le vendo la suerte?
¡Mañana sale y está premiado!
(Mis ojos tienen que verte
por tres puñales atravesado).
¡La fortuna, pa mañana!
¿Quién me compra un QUINCE MIL?
(Te repiquen las campanas
a la hora de morir).
¡Cuatro series!, ¡qué bonitas!
¡Voy tirando los caudales!
¡Son de doña Manolita!
¿Quién me compra esta penita?
¡Mañana, mañana sale!


('Mañana sale', de Quintero, León y Quiroga, fragmento)


Existen muchas canciones sobre la lotería y los juegos de azar pero mi preferida sigue siendo esa de Mañana sale, la última que cantó Concha Piquer y que hizo que se retirara a causa de algún problema con la voz. Recuerdo una antigua foto de Raquel Méller vestida de vendedora de lotería, debía haber algun cuplé con esa temática que no he sabido encontrar.

La lotería de Navidad era todo un clásico durante mi infancia y juventud. Todos los tenderos vendían lotería propia y cualquier asociación hacía la suya. En Catalunya a menudo llamábamos apuntaciones a los billetitos en los cuales nos avisaban, en general, de que una pequeña parte de cada boleto era para la entidad. Eso hacia que centros culturales de todo tipo o escuelas pudiesen ingresar un dinerito extra. La suerte, para esas entidades, era que, por ejemplo, les tocase la devolución, ya que mucha gente no la cobraba y el ingreso era mayor.
La lotería era una excusa para quedar con gente a la cual hacía tiempo que no veías e intercambiar billetes de lotería. Las cosas han cambiado bastante, hoy existen problemas para imprimir billetes, derivados del mayor control existente por parte de la hacienda pública. En Catalunya se instauró otra lotería, La Grossa. Pero creo que también tiene un peso el hecho de que la gente ha perdido la inocencia y la fe en las posibilidades de un cambio de vida gracias al azar. Una muy buena profesora de matemáticas que tuve la suerte de conocer cuando estudiaba magisterio, Maria Rúbies, insistia en qué si la gente calculase bien no compraría lotería, a causa de las pocas probabilidades que tenemos de ganar alguna cosa, en comparación con lo que invertimos en la compra de numeritos del sorteo.

Rúbies era de CIU en los buenos tiempos de ese partido, los del Pujol en olor de multitud. Era una persona muy honesta, muy buena persona, trabajadora, seria, una gran profesional de la educación. Se quejó de qué la Generalitat montase loterías, en aquella época, en concreto, el rasca-rasca. La marginaron y tuvo disgustos importantes. Murió relativamente joven. La recuerdo a menudo, nos daba clases voluntarias los sábados, a la gente de los estudios nocturnos. Sólo recuerdo otro profesor que hacía eso, el profesor Cervelló, cuando estudié Humanidades, ya mayorcita, en la UOC.

Mi percepción es que la lotería tiene menos peso que antes pero debo estar equivocada, parece que se vende bastante, todavía. Cuando era pequeña el día de la lotería ya era fiesta escolar y escuchaba por la radio el sonsonete de los niños de San Ildefonso, entonces sólo eran niños, era como una canción navideña alternativa, me encantaba. Eso de los euros ya no me suena tanto como las antiguas pesetas y todo ha cambiado, sobre todo, yo. 

Los anuncios de lotería son todo un poema, suelen estar muy bien hechos, apelan a la solidaridad, al compartir y todo eso pero también, en ocasiones, fomentan la envidia, pecado capital. ¿Qué pasa si no has comprado lotería y a tu vecino o a tu prima les toca un pastón, gracias a un boletito que rechazaste? En una ocasión, hace años, estaba de excursión con un grupo de amigos. Paramos a tomar algo en un pueblo y los niños de una entidad vendían números, me resultaron simpáticos y les compré algo. Mucha de la gente que venía conmigo no había comprado nada pero cuando vieron que yo compraba se apresuraron a hacerlo. Mira que si me tocaba a mi y a los otros, no...

La publicidad de la Grossa de este año iba por ahí. Era un anuncio divertido y humorístico, un montón de gente friki iba diciendo 'yo paso', a la hora de comprar lotería, después tocaba y se tiraba de los pelos. Hace pocos años pasaban uno de la lotería nacional en el cual un pobre hombre no podia comprar lotería pero su amigo, el dueño de un bar, le había guardado apuntaciones. Tocaba, claro, y todos eran felices y comían perdices.


A mi me gustaba mucho aquella campaña del señor calvo atractivo, que se iba paseando por la ciudad. Lo contrataron durante algunos años y a las damas nos encantaba, parece que no le renovaron el contrato por motivos económicos. Era unos anuncios muy bonitos aquellos, la verdad. 
Este año no he comprado nada de lotería. Las antiguas tiendecitas de mi barrio han cerrado, han sido substituídas por comercios de gente de todo el mundo, pero no es lo mismo y la gran mayoría no venden lotería. 

La mayoría de entidades sociales, para no tener demasiados problemas legales, no hacen tampoco lotería propia, la mayoría. Las relacions amistosas se establecen hoy alrededor de la Marató, todo el mundo organiza cosas para recaudar fondos. En el fondo es lo mismo, las Navidades se articulan todavía en torno a cosas como el buenismo recaudatorio generalizado y adaptado a la modernidad, destinado a fer calaix. No dudo de las bondades de esas iniciativas però tengo algo de repelús ante las solidaridades navideñas, la verdad. Durante años fue un clásico aquel programa de los señores Dalmau y Viñas, la Campaña Benéfica de Radio Nacional. 

Los niños iban allí a recitar versos de la época. Incluso yo llegué a ir con la escuela y recité Mi vaquerillo. Era un poema un poco largo y el señor Dalmau se ponía nervioso, querían cosas breves y que todo el mundo pudiese pasar por el micrófono y por caja. En mi clase habíamos recogido, lo recuerdo, setenta y cinco pesetas. Claro que debía ser el año 1958, más o menos.

Mis padres conocían casos de gente ludópata a causa de la lotería, en general. No sólo de la de Navidad, claro. Evidentemente, a alguien le toca. El escritor Pere Calders, con su humor agudo e irónico, hablando de la muerte, decía que, si al menos vieses a alguien a quien no le ha tocado morir... pero que nadie se escapaba del final previsto. Siempre toca, vaya. 

Mi madre, aunque compraba algo de lotería y, de vez en cuando, los cupones antiguos de la ONCE, aquellos de los tres números, nos repetia a menudo el sabio refrán que dice: La mejor lotería es el trabajo y la economía. Hoy, sin embargo, no es fácil ni tan sólo tener trabajo, y hacer economías, para mucha gente, resulta casi un espejismo, además de què las entitades de ahorro no favorecen eso del estalvi. 

Las ludopatías no se fomentan tan sólo con las loterías convencionales, hoy internet ha inventado un montón de trampas diversas para qué la gente se enganche a eso del azar. Los bares están llenos de maquinitas diversas, papadineros, como decíamos antes. El cine ha favorecido la ludopatía en esas imágenes de grandes casinos llenos de caballeros elegantes y damas sofisticadas. Esos tahures que iban en barcos por el Mississipí jugando a los naipes eran muy atractivos, en general. El cine negro ha aprovechado el tema, muchos jugadores con poca suerte eran maltratados o asesinados por sus deudores. Hace poco vi, en el teatro, la versión musical que la gran Silvia Marsó ha hecho sobre el libro de Zweig 24 horas de la vida de una mujer. El objeto del deseo y de la pasión puntual y breve de la dama es un ludópata joven que la deja desplumada. Vale más huir de las tentaciones, vaya. 

martes, 1 de mayo de 2018

PRIMERO DE MAYO, EVOCACIONES


Hace poco preparé y realicé en mi barrio una charla sobre el Primero de Mayo de 1890, el primero en celebrarse en el estado español, y en cómo fueron las cosas en aquella Barcelona tan diferente de la actual. Había cierta relación entre aquella celebración pionera y mi barrio, el Poble-sec. Una gran parte del Paralelo, en proceso de urbanización, estaba todavía ocupado por una zona que a la gente de la ciudad burguesa les debía parecer remota y salvaje, el Campo de las Carolinas. El dueño del terreno se mostraba reticente a cederlo, por ahí bajaban dos torrentes, desde Montjuïc. En aquel campo tuvieron lugar las reuniones de los obreros y obreras. Las mujeres eran mayoría en algunos de aquellos encuentros multitudinarios, pero los grabados de la época las olvidan a menudo. Los periódicos casi frivolizan su presencia, chicas jóvenes, obreritas alegres, con sus cestitos de comida en el brazo.

Las condiciones de los trabajadores, todavía más las de las trabajadoras,  todavía más la sde los niños y niñas, que empezaban a trabajar a menudo a partir de los seis años, eran horribles, no solo en Barcelona y las ciudades cercanas sinó también en los centros comarcales dónde se había iniciado una industrialización progresiva y constante: Mataró, Manresa, Sabadell... Uno de los aspectos en los cuáles los distintos sectores obreros se habían puesto de acuerdo era en la demanda de la jornada de ocho horas. Pero eso no sería posible hasta muchos años después, al menos de forma generalizada y oficial. Eso todavía no ha sido posible a nivel mundial, lo mismo que no se ha erradicado el trabajo infantil y otras barbaridades. Hoy mismo Pilar Rahola, en La Vanguardia, incide en una realidad evidente e incómoda:


(...)  Lejos quedan esos tiempos oscuros en que el trabajador no tenía ni voz, ni fuerza, ni condiciones básicas.



¿Lejos?, y el adverbio adquiere la categoría de imprecación. Porque 132 años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta, el trabajo infantil es una realidad consolidada –e indiscutida–, y los derechos conseguidos en el primer mundo no están ni planteados en el segundo, tercero y resto de los mundos. Chicago fue la espoleta de un proceso planetario que otorgaría derechos a los trabajadores, pero esa mancha de aceite liberadora quedó frenada allí donde la pobreza estabilizó oligarquías poderosas, sostenidas por grandes masas laborales empobrecidas. Y no está claro que ese paradigma cambie en zonas de Asia o de África, ni tampoco en los rincones de nuestra sociedad, allí donde se esconde la economía sumergida. Al contrario, el primer mundo vive bien, gracias a lo mal que vive el tercer mundo, dentro y fuera de casa. Y aunque esa afirmación es incómoda y antipática, es de justicia obligada recordarla en un día como hoy.c


Ciento treinta y dos años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta.

Hay mucha gente que te descalifica las citaciones cuando son de periódicos como La Vanguardia, a menudo condenado a la picota por conservador, o de personajes como Rahola, que despierta pasiones diversas, a favor y en contra, però creo que en este caso nadie sería capaz de rebatir las razondas afirmaciones de la periodista. 

Pasaron hace poco por los cines, sin pena ni gloria, la última película de Guédiguian, La villa, en la cual un activista desengañado cuenta como comprobó que los obreros, en realidad, no querían ser obreros, sino vivir bien. Una pretensión razonable y poco mítica. Ya en 1890 había periódicos que incidían en el tema, en ese dibujo de Apeles Mestres se compara, con ironía, el obrero de aquel presente y el del futuro, un futuro cómodo y mecanizado en el cual el trabajador parece todo un señorito. 

Después de aquel 1890 las cosas se radicalizaron y el anarquismo violento se propagó gracias a la miopía de una patronal poco dispuesta a ceder a las demandas de los trabajadores. Una patronal que se construía casas muy bonitas, que hoy visitamos encantados pagando precios algo abusivos. La mitificación turística del Modernismo da para mucho.

Ya sabemos todo lo que vino después, pistolerismo, luchas diversas, desunión obrera, enfrentamientos, anticlericalismo visceral, dictadura, guerra civil y un largo etcétera hasta desembocar en un presente rarito e imprevisible. La conciencia de clase se ha perdido en muchos casos pero ahí están esas Kellys que se autorganizan, cosa difícil hoy ya que muchas veces la gente está dividida y fragmentada en empleos basura diversos.

Los sindicatos convencionales tenían su reino y sus triunfos en las grandes empresas de los sesenta y setenta, muchas veces no se preocupaban en exceso de las pequeñas, claro. Los sindicatos deben reflexionar, reconvertirse, parece que tienen buenas ideas algunos líderes actuales, hombres sobretodo, como siempre. Algunos dirigentes sindicales parecen inmortales, eternos, los mismos rostros, las mismas consignas, las mismas proclamas etéreas y poco consistentes.

En tiempos míticos los líders sindicales tenían el orgullo de contarse entre los trabajadores más esforzados y competentes, dedicaban su poco tiempo libre a la lucha obrera, como ese Metello de Pratolini.  Hoy muchos son casi funcionarios 'liberados', sé de alguna maestra que se fue 'al sindicato' porque 'no soportaba las clases', por ejemplo. Hay quién se te enfada cuando criticas a los sindicatos pero podría hacer una lista con hechos de todo tipo, vividos o escuchados en directo, que han contribuído a ese desprestigio actual.

Resultat d'imatges de demostración sindical Primerod e Mayo sardana
Muchas veces han mitificado la lucha obrera personas de origen burgués, muchos revolucionarios  y teóricos de las revoluciones habían tenido una buena infancia, una buena escuela y un plato caliente en la mesa todos los días. Un libro ejemplar a la hora de comprobar como crecía esa izquierda de manual son esas Últimas tardes con Teresa, para  mi gusto lo mejor de Juan Marsé. Es un libro triste, crepuscular y lúcido. Hoy la mayoría de gente, en nuestro país (Catalunya, pero también en toda España), puede estudiar una carrerita pero las carreras ya no son lo que eran y para eso se han inventado nuevos filtros para ricos, esos másters caros, cursos en el extranjero, cosas así. 

Las escuelas privadas caras y de élite parecen proliferar. Recuerdo una familia de una escuela pública en la que trabajé, prosperaron de repente y se llevaron sus dos hijos a una escuela de esas privilegiadas, ni tan sólo a una buena privada de la localidad sinó a una inglesa, de la parte alta de Barcelona, parecían comunistas pero no lo eran, claro. O ya no lo eran. Mucha gente espabilada sabe o cree saber que las escuelas, más que para aprender a leer, escribir y contar y todo eso de los valores sirven para hacer amistades, relaciones.

El Primero de Mayo fue santificado por Pio XII, lo dedicó a San José Obrero, más bien Artesano, e incluso el franquismo, tan camaleónico para según qué, sólo hay que analizar el presente, lo reconvirtió en eso tan bonito de la Demostración Sindical. En los años de la televisión prehistórica fuimos a casa de unos vecinos que tenían televisión, una sobrina de los vecinos bailaba con un esbart y con aquello de los coros y danzas. Interpretaron una sardana multitudinaria, se permitió que fuese nada menos que La Santa Espina y la gente mayor que contemplaba la pequeña pantalla estaba emocionada, incluso algunos lloraban. 

Las cosas cambiaban o parecían cambiar, algo ha de cambiar para que sigan mandando los mismos y los catalanes, cuando nos tratan bien, nos conformamos con poca cosa, algo que se ha olvidado en los madriles del poder, desde hace tiempo. En aquel 1890 los periódicos, todos ellos paternalistas y bien intencionados, con la excepción de La Tramontana, anarquista y reprimida publicación, avisaban contra los peligros de las ideas extranjeras y de las revoluciones y algaradas. El obrero catalán era otra cosa, familiar, conformista, trabajador, esforzado, con ganas de prosperar y convertirse en dueño de algo, ni que fuese una mercería como la Puntual, vaya. Se permitía la música de La Santa Espina pero no la letra, poéticamente patriótica: som i serem gent catalana, tant si es vol com si no es vol, que no hi ha terra més ufana sota la capa del sol...

Hace unos días vi por la tele como un grupo de escolares analizaba las letras de las canciones modernas y el machismo implícito que invocaban. Respecto a valores diversos, patriotismo, lucha obrera, revoluciones imposibles, habría que analizar también muchas letras que cantamos o se cantan de forma inconsciente y repetitiva. Hoy se canta poco, en general, y la mitad, en inglés, pero por mi gusto suprimiría de esa letra sardanística lo de la tierra más ufana del mundo y potenciaría la estrofa que dice: canta l'ocell, el riu, la planta, canta la lluna i el sol, tot treballant la mare canta, i canta al peu del bressol... Es un fragmento universal, casi franciscano. Las madres ante la cuna son una imagen verdaderamente universal y por mucho que los padres evolucionen sentimentalmente tenemos maternidades míticas para rato.

Los seres humanos nos parecemos mucho, claro, pero un análisis incluso superficial de lo que se escucha y lee demuestra que  no nos creemos nada de nada esa igualdad. En el Informe Semanal del otro día salió una chica alemana, experta en no sé qué, diciendo que los catalanes, como los bávaros, nos creemos superiores. Eso de la paja en el ojo ajeno es universal, ese libro de tanto éxito, Sapiens, razona sobre eso de creerse superior, un mal extendido y quizás ligado a la necesidad humana de creernos privilegiados en alguna cosa.

El sentimiento de superioridad funciona a nivel de barrio, de pueblo, de calle, de familia, de etnia, de centro recreativo o de profesión ejercida. Una maestra conocida, algo elitista me dijo en una ocasión que en Barcelona, por debajo de la Diagonal, no había nada que valiese la pena. Oh, le repliqué, yo vivo cerca del Paralelo... Insistió en qué por allí abajo todo era gentuza. Pero dándose cuenta de qué había metido la pata, en el fondo era buena persona y me apreciaba, puntualizó: es que tú eres un diamante en bruto.  

Murió hace algunos años, recuerdo con humor retrospectivo aquellas opiniones, sinceras en el fondo y qué mucha gente comparte aunque no se atreva a manifestar a menudo. Una persona joven me contó que una compañera de trabajo se había ido a vivir a la parte alta de mi ciudad y que cuando bajaba a la Gran Vía se sentía incómoda y notaba la diferencia. No se puede generalizar, hay de todo, pero la pijería es una plaga y tiene su deriva incluso intelectual, como fue aquello de la gauche divine qué todavía existe, con otras denominaciones.

Cap geperut es veu el gep, decíamos, por aquí, algo equivalente a eso de la paja en el ojo ajeno. La dama alemana se expresaba con una especie de superioridad aparentemente razonada pero decía muchas tonterías, según los comentaristas del espacio televisivo, sabía del tema por haber vivido en Catalunya. No debía haber vivido en el País Basco, según ella los bascos no tenían ese sentimiento de superioridad. Hay demasiados expertos sobre todo opinando sobre todo, pocos obreros de la opinión que sean imparciales y las teles de hoy seleccionan en virtud de sus propios discursos teledirigidos y de su público incondicional. 

Pasaron aquellos tiempos en los cuales era un honor ser trabajador. Los maestros se convirtieron en treballadors de l'ensenyament durante un tiempo. El Primero de Mayo ya no es lo que fue ni lo que pudo haber sido pero, quién sabe, puede volver a serlo en cualquier momento. Qué San José, artesano u obrero, nos proteja y acompañe.

miércoles, 16 de agosto de 2017

CALLES PELIGROSAS

Resultat d'imatges de monument general Prim


Hace años que creo, de buena fe, que no se debe dar a ninguna calle el nombre de personajes del tipo que sean. En el mismo sentido, creo que habría que evitar los monumentos con contenido político, personal o colectivo ni se debería bautizar escuelas o centros culturales, educativos o sanitarios con referencias personales. Cuando yo era pequeña escuché en muchas ocasiones a gente de la generación de mi abuelo, quejándose de los cambios constantes, a menudo absurdos, de los nombres de calles y plazas. Como era de esperar, el franquismo eliminó un montón de nombres anteriores, ya la República había hecho cambios diversos, los más pintorescos los relativos a santos y a todo aquello que fuese sospechoso de catolicismo.

Durante años, ya en democracia, se ha vivido, diría que con tranquilidad, con algunas simbologías de la dictadura, aunque la vivencia y la devoción eran muy diferentes de unos lugares a otros. Así, por ejemplo, mientras por mi ciudad se eliminaban las flechitas del Ministerio de la Vivienda en todos los bloques de pisos construidos en tiempos de  aquel Ministerio, en Toledo, en el Alcázar, o en el Valle de los Caídos, las visitas turísticas creían entrar en una especie del túnel del tiempo inquietante, nada había cambiado o había cambiado muy poco. La cosa era macabra pero no dejaba de tener su gracia, se había convertido en una curiosidad rancia e incluso producía un efecto de rebote, el rechazo a la parafernalia franquista mitificada.

Este es un tema mal resuelto, como la misma Transición, hoy tan cuestionada, sobre todo porque quedó enquistada de forma sólida, sin evolucionar como era debido. Las lecturas sobre la Guerra Civil, en algunos lugares, son confusas, para un ignorante pueden dar a entender, incluso, que casi, casi, ganaron los republicanos. Así ocurre con las explicaciones que en el presente han substituido un monumento situado en el lugar desde donde Franco y su gente dirigían aquello tan terrible de la Batalla del Ebro. Monumento que desde hace algunos años, como era de esperar, ha sido objeto de agresiones de todo tipo, pintadas, acumulacion de basura y cosas así.

Lo de las calles es otro motivo pintoresco de debate. No entiendo que en Barcelona se hayan dedicado plazas a gente como John Lennon. Otro aspecto recurrente es que los cambios suelen ir de un extremo al otro, del Marqués de Comillas a Ferrer y Guardia, por poner un ejemplo. Al Marqués de Comillas le van a quitar la estatua y nos quedaremos tranquilos de una vez. Por encima de su trabajo como empresario innovador y mecenas cultural que se hizo a sí mismo trabajando duro se potencia eso de qué era negrero. Se puede intuir que quizás Comillas fuese el único negrero de su época, si se hace caso de las proclamas incendiarias de los partidarios del derribo de un monumento feo y pintoresco, en el cual se incluye un fragmento de L'Atlàntida, de Verdaguer, claramente dedicado al malvado marqués. 

Con los Güell, herederos de la fortuna de los Comillas, la cosa se complica. Son una familia extensa y culta, en la cual se pueden encontrar tendencias y personalidades diversas. Muchas familias ricas y de clase media alta cuentan entre sus antepasados con algún negrero, puede que los descendientes incluso lo ignoren, en algunos pueblos costeros se celebran fiestas de los indianos, así, en general. Fiestas de los esclavistas, si somos tan puntillosos, esas fiestas gozan de buena salud y nadie las cuestiona. Más bien al contrario, la gente se viste de americano o de dama colonial, incluso de mulata Panchita y bebe ron y canta habaneras. 

En eso de los cambios algunos partidos son terribles,un verdadero martillo de herejes. En una ciudad importante de Catalunya han cuestionado nombres de calles dedicadas a Quevedo, a Goya, a Machado. Lo de Machado no deja de ser curioso, hace algún tiempo un conocido mío, maestro, alababa Machado en el feisbuc, como ejemplo de intelectual comprensivo con Catalunya, intenté sacarlo de su error, no sabía que el poeta, como tantos otros de su generación, también republicanos, como Alberti, a quién se había recibido en Barcelona con aclamación devota en tiempos difíciles, había manifestado cosas algo molestas con referencia a los catalanes y el catalán. Claro que Ferrer y Guardia hizo lo mismo o peor, pero es uno de los personajes que cuenta con más calles y monumentos en Catalunya. Un bel morir...

En general, todos esos prejuicios muestran el gran desconocimiento sobre historia, literatura y lo que sea que tienen esos que nos mandan, pero, claro, concentran poder y poder de difusión. En Catalunya la cosa es más complicada que en otros lugares, había catalanistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, y había españolistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, Pla, ese heterodoxo, ya lo advirtió en alguna ocasión. Para tener nombre de calle habría que ser catalanista de izquierdas desde el nacimiento a la defunción, con una vida intachable, honesta, coherente e incluso casta, cosa imposible. Por eso hay que maquillar biografías y potenciar mitificaciones. Hoy, además, surge otro problema, la potenciación de la paridad, debemos buscar nombres de señoras importantes para conseguir la igualdad callejera.

A mi me gustan los nombres de calles inocentes, que hacen referencia a plantas, animales, paisajes, incluso, como ocurre en la Zona Franca, a minerales y elementos químicos. Monumentos, hoy, no nos hacen ninguna falta, son caros, absurdos, dan dinerito a artistas de moda y supuesto prestigio a los gobernantes fashion pero para mi gusto tenemos bastante con los artistas grafiteros, excelentes, quienes, además, son capaces de reconvertir sus obras en otras, sin ese afán de supervivencia tan castrante que tienen los famosos convencionales. 

Trabajé en una escuela que durante un tiempo tuvo problemas estructurales, en una reunión un padre que trabajaba en el ayuntamiento se quejó al político de turno de lo que se habían gastado en un horrible monumento en comparación con lo que se invertía en el mantenimiento escolar y el político lo amenazó sin contemplaciones, fue muy desagradable pero me dio una idea de cómo iban las cosas. Eso, en tiempos democráticos.

En mi barrio viví, hace años, una pequeña historia absurda. Un grupo radical de jóvenes mantuvo, durante un tiempo, que debíamos que cambiar el nombre de la calle Poeta Cabanyes por la de otro Cabanyes, el creador del cuerpo de los Migueletes. En mi barrio hay muchos nombres de calle relacionados con personajes de la Guerra dels Segadors. Esos nombres, de gente, en general, poco conocida, son originales, tienen relación con Montjuïc, dónde se libró una batalla importante en la cual, sin que se sentase ningún precedente, ganamos a los españoles, aunque en un lado y el otro había gente de toda Europa metiendo bulla.

El franquismo, tanto más ignorante en muchos aspectos que esos iconoclastas actuales, no cambió esos nombres ni se enteró de las referencias. Sin embargo, a finales de los años cuarenta, año en el cual se celebró alguna efeméride relacionada con el Poeta Manuel de Cabanyes, alguien cambió el nombre de la calle y le añadió la referencia poética.

Los jóvenes airados de hace algunos años sostenían que el pobre poeta era españolista y que escribía en castellano. Manuel de Cabanyes murió muy joven, escribió en castellano porque así lo hacía todo el mundo culto en aquella época, se le ha comparado con los grandes románticos anglosajones. Uno de sus descendientes es un escritor catalán importante. En Vilanova i la Geltrú, su ciudad, se le han dedicado centros educativos y calles, está a punto de publicarse una traducción de su poesía al catalán. 

Razoné todo eso con uno de los partidarios del cambio, pero ni caso. Sin embargo, por casualidad, supe que durante la guerra civil el nombre de la calle se cambió de nuevo y se le puso el nombre de una persona muerta en combate, Agulló, de quien no he encontrado más referencias, un joven que pertenecía al POUM. Puestos a cambiar, comenté, ya pasamos directamente al luchador republicano. Pero mi interlocutor era comunista, ya sabemos cómo las gastaron los comunistas con los del POUM, la cosa se complicaba e ignoro si por ese motivo o porque el grupo defensor del Cabanyes militar ya no tenía tanta fuerza, la movilización se diluyó en la nada aunque quizás algún día vuelve a moverse el tema, quién sabe. Todo eso de las recuperaciones da mucho juego a los políticos, pueden montar festejos y ponerse medallitas.

Yo prefiero, evidentemente, tener un poeta en el barrio antes que un militar. El cuerpo de los Migueletes, además, adquirió posteriormente tan mala fama que hubo que liquidarlo. Me he dado cuenta de que a poca gente le interesa la historia real, con sus matices y sus contradicciones, venden más las historias de buenos y malos, los tópicos sin matices, vaya. Una solución dada a algunas calles de mi ciudad con nombres que hacían referencia a personajes que hoy, según esas visiones miopes, pueden ser políticamente incorrectas, ha sido dejar los nombres sin apellidos, me explico: carrer del Duc, Mirador de l'Alcalde, Passatge del Capità, Passeig del General... Cosas así, sin que se sepa quiénes eran ese Alcalde, ese Duque, ese General. 

Mirado todo con lupa deberíamos eliminar un montón de nombres, los de los violentos, los de los militares, los de los religiosos, los de los españolistas, los de los machistas, los de la gente de derechas, los de reyes y obispos, catalanes incluídos, al fin y al cabo Jaume I hizo una masacre de categoría en Mallorca con los pobres musulmanes residentes... 

Un caso lleno de contradicciones es el del general Prim, que fue esclavista y mató a un montón de negros de todas las edades en Haití, però poca gente se mete con él si no es para advertirnos de que en Madrid le hicieron la cama. Prim tiene estatuas, calles y hace poco le dedicaron telefilme que sólo narraba sus últimos momentos, por si acaso, y nos ofrecieron muestras macabras de su cuerpo momificado para poder demostrar que lo habían rematado después del atentado, cosa que no se pudo demostrar, ya que unas marcas en el cuello parece que fueron producidas por las características de su uniforme.

Los cambios y eliminación de monumentos se han hecho dando tumbos y sin criterios sòlidos, la verdad. Mi opinión de abuela es que hay que dejarlo todo como está y no perder el tiempo en tonterías. Muchas veces la precipitación homenajeadora ha propiciado situaciones chungas, a Pujol le dedicaron una estatua horrible en su pueblo y luego la tuvieron que derribar a toda prisa. Ayer miraba en una televisión local el discurso de un alcalde con motivo de las Fiestas Mayores, detrás del alcalde se veía una placa adosada a un edificio municipal en la cual se hacía referencia a la inauguración del edificio en un ya lejano 18 de julio de los setenta, por parte de alguna autoridad de la época. Me temo que la plaquita tiene los días contados si alguien percibe la incómoda referencia.

Estos días se han celebrado muchos actos en recuerdo de la Olimpiada, un hecho bastante mitificado también, por cierto. La Olimpiada barcelonesa, tan santificada en sus bodas de plata, no hubiese tenido lugar si ese lince que fue Samaranch no hubiese  estado metido en el tema. Samaranch es hoy un personaje incómodo, incomoda que se le haya dado su nombre a lugares diversos. Me temo que con el tiempo van a eliminar su apellido del espacio urbano, si mandan los puristas incorruptibles. Parecerá que la Olimpiada la conseguimos sin tejemanejes, gracias a nuestra idiosincrasia de pueblo unido jamás será vencido, de forma honesta y colectiva. 

Hace poco tiempo un purista de esos me criticó que en el Paralelo barcelonés haya una fuente, bastante modesta y poco cuidada, por cierto, dedicada a Raquel Méller, ya que esa señora fue... amiga de Alfonso XIII.  He oído muchas tonterías en los últimos años y en los anteriores, en los anteriores no me daba cuenta e incluso me hacían comulgar con ruedas de molino, la verdad. La juventud es muy frágil y crédula. 

La verdad es que esos temas tienen poca importancia, los nombres de calle acaban por sonar a calle y poca cosa más. Y los monumentos acaban siendo lugares de reposo y defecación para las palomas y las gaviotas. Sic transit...

martes, 12 de enero de 2016

EL PASADO EFÍMERO Y AQUEL PARQUE DE ATRACCIONES



Ignoro el motivo por el cual a veces una reivindicación triunfa y en otras perdemos espacios y recuerdos sin que se haga nada en contra. Cada vez me gustan menos las manifestaciones multitudinarias, no sirven para nada, en todo caso para acallar nuestras malas conciencias, lo mismo que las proclamas indignadas que corren por las redes sociales.

En esta antigua fotografia de los sesenta estoy con una compañera de trabajo y al fondo se puede ver el Parque de Atracciones de Montjuïc. Fue aquel un espacio emblemático, popular, muy querido por la gente humilde que lo hizo suyo. Tuvo mal final, propiciado por todos los poderes, lo dejaron morir y agonizar. Montjuïc ha sido siempre un espacio manipulado por todos lados, se han hecho muchos planes sobre el parque que no se han realizado, muchas proclamas que no han servido para nada.

Sobre el Parque de atracciones existe mucha información ya que personas que lo amaron han publicado fotografías y documentación. Sobre su final se ha explicado poco todavía, su agonía coincidió con intereses diversos, con la promoción del Tibidabo, un lugar bonito pero mucho menos accesible, alejado del centro y la parte baja de la ciudad. Por cierto, algunas de esas resurrecciones del Tibidabo tuvieron implicados que se vieron salpicados por escándalos y corrupciones, no sé si algún día ho aclarirem.

La amiga que está conmigo se llamaba, se llama, Encarna. Era de Murcia y bailaba con un grupo de la Casa Regional que entonces estaba situada, como tantas otras asociaciones diversas, en el centro de la ciudad. Todas esas asociaciones han tenido que marchar del centro de la ciudad, algunas han desaparecido. Todo un conjunto humano entrañable, centros excursionistas, casas regionales, lugares dónde la gente se reunía y divertía. También han desaparecido comercios interesantes, algunos reviven en algún lugar pero no es lo mismo, pasear hoy por el centro de Barcelona es llorar, parafraseando a Larra.

A mi amiga la había visto bailar muchas veces con su grupo. Lo hacían de maravilla y en el repertorio incluían siempre bailes catalanes, gracias a ellos conocí danzas tan bonitas como la de Castelltersol, la de Campdevànol y otras. Es una lástima que aquel regionalismo cultural fomentado por los poderes de entonces se haya menospreciado en lugar de reconvertirse en algo serio y sólido que hubiese podido contribuir a evitar prejuicios y a conformar una forma diferente y enriquecedora de ser peninsular. Recuerdo que en algunas ocasiones habían bailado en el Pueblo Español, un nombre que no me extrañaría que los puros quisiese cambiar en el futuro lo mismo que el de la Plaza de España, ya he oído voces al respecto, incluso se proponía dar a la plaza el nombre del señor Mas, ignorando que para tener calles o plazas, en la ciudad, tienes que estar muerto, por cierto.

Triste honor que pongan tu nombre a una calle, las calles y plazas deberían llevar nombres de elementos de la Naturaleza, pájaros, plantas, minerales. O de oficios, de sentimientos. Los nombres de persona siempre despiertan reticencias y los cambios políticos y culturales provocan que se cambien también esos nombres, según sopla el viento. El recuerdo del Parque de Atracciones se perderá con el paso de las generaciones, cada uno de nosotros cree de buena fe que aquellos lugares de su infancia estaban allí desde siempre y que no debieron tocarse. No creo que la patria sea la infancia, la infancia es una primera etapa de la vida engañosa, alegre o triste según dónde caes, y en la cual dependes para todo de los adultos. Sin embargo crea mitologías, nostalgias, todavía más cuando aquellos que la compartieron con nosotros desfilan hacia el más allá.

Ayer leí una tontería de bulto por las redes, alguien decía que prefería que se hubiese muerto otro antes que Bowie, no entiendo esa devoción por el cantante, con todos mis respetos. En todo caso todos morimos y morirán, no se ha inventado ninguna vacuna contra eso. Montjuïc es un espacio que tiene para mi muchos recuerdos entrañables, incluso sin el Parque de Atracciones de mi juventud. Las fotografías antiguas nos devuelven momentos perdidos que recordamos de forma imprecisa. 

La infancia tiene sus condicionantes, la juventud también, cuando ves cómo es el mundo en realidad ya eres viejo y todo el mundo prefiere que muera un viejo que no un joven, como es natural. La vejez reduce la capacidad de sorpresa, los viejos que actúan como jóvenes me resultan inquietantes pero es que hoy parece que eso de viejo es casi un insulto y siempre hay que parecer joven o actuar como un joven. Otra cosa es que acabes actuando como un niño, por desgracia, a causa de las limitaciones y enfermedades que de forma inevitable procura el paso del tiempo, eso ya no está tan bien considerado.

Para la Plaza de España, si se quiere cambiar el nombre, también se podría proponer el de Plaza del Antiguo Parque de Atracciones de Montjuïc y su triste final. Si el nombre es largo se puede recurrir a las inefables y machaconas siglas de nuestro tiempo, Plaza PAPAM.

lunes, 16 de noviembre de 2015

FACTORES INCONTROLABLES DE RIESGO INDIVIDUAL Y COLECTIVO


Decía Helmut Schmidt, desaparecido hace pocos días, fumador empedernido y longevo, cruz de las estadísticas sobre los males irrenunciables del tabaco y representante de una Europa que pudo haber sido y no fue, o que creíamos que era y no era lo que parecía, que políticos y periodistas comparten el triste destino de tener que hablar de cosas que no entenderán hasta mucho después. Sin embargo muchos políticos y periodistas comparten también una gran falta de humildad, hablan de lo que no saben como si supieran y eso lo podemos hacer extensivo a mucha más gente, profesores universitarios, filósofos modernos, tertulianos de la televisión e incluso eso que llamamos pueblo llano ya que con las redes sociales se tiene hoy una tribuna abierta para expresar todo tipo de opiniones. Los expertos son hoy innumerables, salen por todas partes.

Antoni Puigverd ha titulado un artículo reciente de forma muy gráfica, La guerra de la que nada sabemos. Se refiere, claro, a esa guerra asimétrica y extraña entre, se supone, oriente y occidente, entre civilizaciones, aunque los que más sufren el tema sean una gran parte inocente de ese oriente lejano pero inquietante. Los políticos no pueden dejar de entrar en el campo retórico de la condena abstracta, los vamos a pillar y vivimos entre riesgos diversos pero la verdad vencerá. En medio, claro, referencias constantes a qué no debe confundirse terrorismo islámico con islam. Llamarle a ese terrorismo islámico, sin embargo, es ya una declaración de intenciones mediáticas, lo mismo que cuando en Barcelona se etiqueta a grupos ruidosos y antisistema como anarquistas. Nada es inocente.

También es habitual la autoflagelación culpable: barrios marginados, países que sufrieron un pasado colonial abusivo, cosas así. Ni tan sólo el pasado escapa  de esas consideraciones, que malo era Colón, qué malos todos los hombres embrutecidos que huyendo de la miseria cercana se fueron a robar, matar y explotar indios. Qué malos los burgueses diversos que comerciaron con esclavos. Qué malos los españoles que se aprovecharon de Catalunya. Qué malos los ricachos que iban al Liceo mientras el pueblo sufría. Qué malos los curas, que no hacían lo que predicaban. Qué malo ese San Jaime Matamoros que tomo partido a favor de una civilización concreta y una estatua del cual con un moro moribundo bajo los pies han tenido que camuflar en Santiago para no herir sensibilidades turísticas.

Con un pasado con tantos pecados es lógico que ahora nos toque sufrir. Nos lo tenemos merecido. Sólo que cada cual es dueño de sus circunstancias y de sus actos, de su presente, de sus decisiones, y lo que hicieron nuestros antepasados, suponiendo que hicieran cosas malas, desde la prehistoria hasta la guerra civil, no todo es culpa nuestra y quizás tampoco fue culpa suya del todo. Somos descendientes pero no herederos aunque intentemos comprender cosas que miradas desde hoy pueden parecer incomprensibles. Aquello del pecado original ha generado muchos malentendidos.

Otro tema recurrente es la educación. Hoy mismo leo a una profesora admirable, experta en el Islam, recordando convencida que la educación y todo eso son lo mejor contra el fanatismo, santa inocencia. Ha habido fanáticos muy cultos, Alemania ha tenido muchos, filósofos y profesores incluidos, y pongo este ejemplo porque siempre es más fácil ponerse de acuerdo contra los nazis que contra los estalinistas. Concepción Arenal aseguraba que dónde se abría una escuela se cerraba una cárcel, dichosos los tiempos en qué se podían creer esas cosas. Precisamente el acceso a la cultura nos permite darnos cuenta de qué la educación, incluso la buena educación, no nos garantiza nada de nada. Algunos de esos terroristas del presente han nacido ya en países de occidente, han ido a escuelas de todo tipo pero democráticas, de las que cultivan eso que llamamos valores. La gente de mi generación asistió a escuelas bastante lamentables, españolistas unionistas, católicas y rancias, incluso fue de excursión con la OJE o la Sección Femenina y, por suerte, de allí salió de todo y no sólo fascistas creyentes ni amas de casa sumisas.

Muchos corruptos de hoy en día asistieron a buenísimas escuelas, como esos hijos corruptos de determinados políticos hoy en cuarentena,  dónde se hablaba, me consta, de generosidad, amor a la humanidad, honestidad y de cosas así. Incluso fueron boy scouts en su tiempo de ocio. Los hermosos valores cristianos han producido grandes perversiones lo mismo que el comunismo o el anarquismo pero las ideas no tienen la culpa de nada, de entrada, sino sus interpretaciones malas o más bien la realidad en la cual se encarnan e interpretan por parte de personas de todo tipo y condición. Es fácil culpar al otro, identificar a un grupo y pensar que allí está el mal y que muerto el perro, muerta la rabia. Al menos en una gran parte de occidente hemos mejorado algo, después de la bestialidad de la segunda guerra mundial, claro, pero nada es eterno, todo es frágil. Ya no existen las grandes seguridades, aunque eran también un espejismo.

Alguien hay, de vez en cuando, que sabe algo de algo, como Loretta Napoleoni, que explica cosas como las fuentes de financiación de esos grupos. Las grandes proclamas de nuestros políticos obvian el tema, no entran a fondo en eso del negocio de las armas, de su tráfico,  del petróleo al precio que sea, es ese un tema espinoso del cual se habla casi siempre a nivel retórico, sin concretar. La condena retórica a la publicidad del Barça no provocó ningún boicot que, por ejemplo, consiguiese que el estadio se vaciase con motivo de algún partido importante. La publicidad y el fútbol son intocables, cuando hubo el atentado del tren de Atocha pararon todos los programas de la tele con excepción de esas dos fuentes de ingresos, què hi farem.

Es posible que todo eso dé alas a la nueva extrema derecha, otro peligro latente, es fácil pasar de malo a malo, en tiempos difíciles los extremos se tocan y la gente moderada no suele tener mucha audiencia porque hay un clamor popular movido por proclamas populistas que exige soluciones rápidas y expeditivas. Esas soluciones drásticas son inquietantes porque acaban con aquello de que Dios -o la República- ya escogerán a los suyos en el etéreo Más Allá, celestial o terrenal. En esa Francia tan admirada y mitificada tuvieron que acabar con Robespierre para que ese señor no dejase todos los títeres sin cabeza de forma masiva y expeditiva. 

Viviremos en el riesgo, y aún gracias que en en nuestro contexto podemos hacerlo con una cierta comodidad, a pesar de la crisis y qué en esas escuelas públicas y democráticas de nuestro tiempo, tan diversas en su contenido infantil como el propio mundo, parece que todo funciona bastante bien. Qué después de la escuela la gente se haga adulta y siga su propio camino, a veces extraño, violento, equivocado, autodestructivo, es imposible de controlar y prevenir. Claro que todo tiene cierta relación, pero no siempre a nivel escolar. Qué los jóvenes encuentren trabajo digno y esperanza es otro tema, difícil de resolver. Y es que más allá de la política de cartel electoral no sabemos nunca del todo quién manda, aunque a veces, con el tiempo, se llega a saber alguna cosa del pasado pero ya todo ha cambiado y esas verdades póstumas tienen poca relevancia.

En el fondo, volviendo a Schmidt, todo es tan impreciso como la ciencia médica, que hoy ha substituido en parte a la religión, con sus dogmas. Nadie nos puede asegurar que si llevamos una vida sana, no fumamos ni bebemos y todo eso no tengamos cáncer ni muramos rabiando y de forma prematura. Mejoraremos en algo, mejorarán las estadísticas, esa biblia de nuestro tiempo, y quizás vivamos, si tenemos suerte, algunos años más de los que vivieron nuestros padres, pero de ninguna manera seremos inmortales ni habremos alcanzado la eterna juventud. La naturaleza humana es como es, imprevisible, frágil, manipulable. Un misterio, todavía. Hemos de vivir con el riesgo, ya sea individual o colectivo y, si podemos, sin hacer mal a nadie, como decían mis mayores, con una divisa simple y clara, aquello de el que no vulguis per tu, no ho vulguis per ningú. La regla de oro.

martes, 3 de enero de 2012

El discreto encanto de las monarquías


Recuerdo que hace mucho años, en un debate cuando estudiaba magisterio, en las clases de política, una dama de la inefable sección femenina, pero inteligente y dialogante a pesar de su filiación, y con motivo de las votaciones del Referéndum de 1966, nos comentó que España seguía siendo, de hecho, una monarquía. Sobre Juan Carlos nos dijo algo que he recordado en más de una ocasión: es una persona mediocre, pero lo sabe, en el sentido que sabría rodearse de personas adecuadas, si hacía al caso.

Ya en los setenta asistí a menudo a Escoles d'Estiu donde se percibía una efervescencia política en alza. Los sesenta no nos trajeron muchas reformas políticas aunque sí un cierto bienestar econòmico, sobre todo en comparación con los años anteriores. También se iniciaba cierta reforma educativa que nunca acabó de terminar ni de realizarse según lo proyectado, como suele pasar con casi todo en nuestro país, nación, estado, o como quiera llamarle cada cual. Cuando las cosas educativas no van bien, en lugar de mejorar lo que hay, se hace una nueva reforma con lo cual se da trabajo a la gente que elabora planes y todo eso.

En aquellos encuentros de estudiantes, maestros y maestras y en otras reuniones diversas  dedicadas a mentalizar a la gente sobre la democracia a punto de conseguir, según parecía gracias a la lucha del pueblo, aunque para ello tuvo que morir aquel señor de muerte natural, era habitual que corriesen pasquines, auques, chistes gráficos y caricaturas que mostraban un príncipe Juan Carlos ridículo, a la sombra del poder franquista. 

Los chistes clandestinos de la época lo presentaban casi como a un deficiente, con mocos en la nariz, muchos de aquellos chistes se reconvirtieron después en los chistes sobre Morán, supongo que la gente de mi edad recordará la colección. Habría que estudiar el motivo por el cual en un momento determinado se genera, por ejemplo, toda una colección de chistes racistas, machistas o sobre alguien en concreto.

Después vino la transición y nunca hubiese imaginado que tanto progre y tanto político de izquierda radical acabase aceptando una monarquía y una transición como aquella. De pronto Juan Carlos, ya que no su padre, heredero legítimo de la corona, era simpático, campechano, agradable y dialogante y su esposa discreta, inteligente y muchas cosas más. La monarquía parecía ser lo posible y como la política es la ciencia, dicen, de lo posible, tuvimos monarquía. Los recalcitrantes comparaban esa hermosa y moderna familia con Carmen Polo y los estirados Villaverde. Todo mejoraba. Incluso cuando llegó al poder Felipe González se comentó que tenía bastante más feeling com el rey que sus antecesores más de derechas.

Se habló más adelante de memoria histórica pero se olvidó de forma intencionada que no volvía la República y que parecía aquel un breve sueño enterrado. Incluso el único partido con nombre republicano, Esquerra republicana, se adaptó al carro convencional. Durante años todo cambió, Juan Carlos vino a Catalunya y dijo cuatro cosas en catalán generando devociones intensas. 

Actualmente han proliferado los novelones televisivos en capítulos sobre aquella época republicana, sobre la guerra civil, así como las novelas y películas supuestamente más serias, a menudo cuentos chinos edulcorados, de buenos y malos, como antes, pero al revés. La realidad es complicada, dura y no gusta a nadie. Alguien dijo que no había una derrota que una página de libro de historia no pudiese arreglar y así se forjan las mitologías heroicas, a base de libros de historia, de novelas, de seriales.

Los programas humorísticos empezaron a meterse con todo excepto con la monarquía. Con el 23f, un tema todavía no aclarado del todo, la monarquía se consolidó. Hoy existen muchas dudas sobre todo aquello y sobre sus protagonistas, tanto reales como laicos. Las princesas crecieron, incluso a una la llamaron la infanta catalana porque se vino a vivir a Barcelona y con su prima asistía a cursos de catalán en la misma institución que organizaba aquellas Escoles d'Estiu en las cuales su padre era escarnecido de forma grosera en pasquines diversos y que ahora presumía de tenerla como alumna. 

Mucha gente presumía de conocerla, de tener noticias sobre sus amores con un guapo deportista. Además, para colmo, se casó en Barcelona, en esa Catedral del Mar literaturizada de forma bestsellera. Los castellers, reinvento exitoso de la tradición, la homenajearon y hoy se meten con ellos por ese motivo y se hacen listas de los que estaban o no estaban allí montando triunfales torres humanas festivas en el acontecimiento. Muchas personas fueron a badar emocionadas y los invitados conformaban un conjunto variopinto de gente importante de ideas diversas. 

Hace algunos años el príncipe Felipe -nombre monárquico por excelencia, además de ser el del príncipe de la Bella Durmiente de Walt Disney- sobre cuya soltería corrían muchos rumores mal intencionados se casó, pero no con una joven ingenua sin experiencia sino con una bella periodista con pasado. Bueno, los noruegos dejaron casar al suyo con una madre soltera de pasado mucho más turbio, el mundo ha cambiado y parece que después de todo el ruido que se montó con Lady Di ya no estamos para conservar la sangre azul tan azul como antes. Hoy las chicas buenas van al cielo pero las malas van a todas partes, según dicen.

La boda del heredero y su elección generó mucho papel couché. La chica pasó de ser una periodista activa a ser una barbie con nariz operada, eso sí, muy elegante y flaca, a la moda de hoy. Personas que conozco y tengo por profundas me comentaban sus atuendos y es que no dejo de sorprenderme del gancho que la frivolidad elegante tiene para todos nosotros. Antes de esa boda hubo rumores sobre los amores extra matrimoniales del monarca, más o menos conocidos pero nunca publicitados, al menos en España, aunque revistas francesas, por ejemplo, daban muchos más datos sobre alguna de esas relaciones. Esas cosas siempre tienen su morbo, además tan pronto sirven para dar color a las figuras públicas como para criticarlas por promiscuas, según cuando, quién y dónde.

De pronto, todo empezó a cambiar. Los reyes volvieron a salir en chistes y programas humorísticos y supongo que se decidió que era mejor aguantar que no fomentar protestas a favor de la libertad de expresión que hiciesen creer que había excepciones y controles excesivos. Para colmo, el marido de la infanta catalana resulta que era sospechoso de corrupción como tanta gente del país, Catalunya incluída. Personalmente siento mucha más inquietud por el caso Millet que por el caso Urdangarín, por proximidad y sentimentalismo. Parece que es un país donde resulta relativamente fácil corromperse y hacer dinero de forma extraña. La gente ya no se acuerda del señor Roldán, del hermano del señor Guerra. En esos temas siempre se es más indulgente con los progres que con los otros.  Llevamos días y días con el tema  de ese yerno con cara de buen chico que salió rana, por cierto ligado a negocios valencianos, mallorquines, dels Països Catalans, vaya. 

Ahora mismo, en otro blog, he podido ver algunos de los sueldazos de los diputados. Hoy se habla constantemente de los gastos monárquicos pero considerándolos en el contexto general tampoco son tan exagerados. Además hay monarquías y presidencias de gobierno mucho más caras, pero el tema siempre vende y escandaliza. ¿Sirve para algo una monarquía, hoy? Parece una cosa anacrónica, cierto, pero ya lo parecía hace años y nadie o casi nadie piaba, antes al contrario. Un yerno de rey corrupto es como un cura pederasta, su pecado escandaliza más por el contexto, por la situación, que por el hecho en sí. Es peor que un crimen, es un error, le dijeron a Napoleón cuando condenó a Enghien. Los errores siempre son peores que los crímenes, por desgracia.

A la corrupción nos hemos acostumbrado pero tendremos que admitir que, por desgracia, funciona a todos los niveles de la sociedad y no son pocos los que piensa que harían lo mismo si pudiesen o que lo hacen a su modesto nivel. Como funciona también, a todos los nieveles, el tema hereditario, el clientelismo, hay muchos buenos trabajos a los cuales sólo acceden los hijos o parientes de los que ya estaban allí y eso lo saben muy bien los jóvenes de hoy en edad laboral y sin padrinos. Pasa una cosa parecida en partidos políticos, en sindicatos. El poder se enquista y se puede heredar.

La monarquía inglesa, de más solera y duración que la nuestra, fue intocable hasta que dejó de serlo. Incluso, cosa rara en aquella lejana Albión, llego a cuestionarse durante aquel año horrible en que les ocurrieron tantas cosas. Sin embargo el caso de Lady Di, su sacralización histérica popular y el hecho de que su hijo, guapo, rubio y simpático, llegue a ser, seguramente, el rey del mañana, pasando por encima de mi contemporáneo, ese Carlos tan criticado, ha conseguido revitalizar la opinión pública a su favor, con boda incluida, claro. 

Los reyes y los príncipes han pasado a ser esos borbones, una dinastía pecadora, y se recuerda más lo malo que lo bueno de la familia, en un puro estilo de revolución francesa mitificada. El mundo no deja de sorprenderme y los cambios de chaqueta y de opinión motivados a menudo por razones variopintas y poco serias, aún más. Vivir para ver, oir y leer. 

En cualquier parte puede pasar cualquier cosa en cualquier momento con una propaganda bien orquestada. Quizá deberíamos preguntarnos por qué eso que llamamos pueblo no quiso de ninguna manera en su época a monarcas más avanzados y modernos como José Bonaparte o Amadeo de Saboya, por qué fracasó la Primer República y en cambio se acabó por traer a Alfonso XII, cosa que si se lee un poco la historia del pasado también sorprende bastante. Un monarca al que su propia madre, Isabel II, por la que siento cierta debilidad porque fue una pobre chica con una educación deficiente, manipulada por todos de forma contundente, decía: recuerda que lo único que tienes de Borbón es mío.

En casa ya me decían, de pequeña, que el mismo pueblo que fue a recibir con palmas a Jesús, en Jerusalén, después iba a ver como le crucificaban y a vociferar por el Calvario.

Conste que no me han invitado nunca a pasear con el Bribón y que soy absolutamente republicana, republicana federalista, pero me asusta bastante ver como las opiniones masivas son tan fáciles de cambiar y reconvertir.