sábado, 11 de junio de 2016

AQUELLOS AÑOS, AQUELLOS LIBROS, AQUELLOS COMUNISTAS



En la época de su publicación fui una seguidora casi incondicional de las novelas negras de Vázquez Montalbán. No vivíamos todavía el exceso actual de misterios literarios a granel. Pepe Carvalho tuvo suerte, pronto se convirtió en un personaje conocido y valorado, incluso ha dado nombre a un premio literario patrocinado por el ayuntamiento barcelonés. Sin embargo recuerdo poca cosa de aquellos libros, se dice que la memoria es un buen crítico y dejaron en mi pocas huellas.

Tenían el valor añadido de suceder en mi ciudad, los escenarios nos eran próximos, los personajes, aunque pasados por la pluma o la máquina de escribir del escritor, también. Vázquez Montalbán fue un escritor conocido y apreciado en aquella época en qué leíamos Triunfo y sus artículos. Todo ha envejecido, Vázquez Montalbán no existe y con él murió su personaje de ficción aunque esos personajes imaginarios no mueren nunca del todo.

En mi opinión la literatura de Vázquez Montalbán, que fue además un poeta bien intencionado, denota sin piedad el paso del tiempo. La gente joven del presente no sé si conectarà con esas novelas de aquella época, la de la juventud de los jubilados actuales. Le valoro a Vazquez Montalbán una cierta sinceridad que no abunda por aquí, cuando ya era un escritor en la órbita planetària (de editorial Planeta) respondió a un periodista que le preguntava por su comunismo y obrerismo que cuando vives en un piso de doscientos metros cuadrados ya no sabes si tienes crédito suficiente como para hablar de opresiones y el resto. Cito de memoria, pero más o menos ese era el mensaje.

Estos días han pasado por televisión el Asesinato en el Comité Central. En el cine y la televisión ha habido más Carvalhos que agentes 007, sin que, en mi opinión, se haya encontrado todavía uno de ideal y creible. Los argumentos policíacos del autor son hoy casi un testimonio periodístico de la época. La película es flojita, pero bastante fiel al texto, que hoy me parece también flojito e incluso poco convincente empezando por ese crimen rápido y silencioso, demasiado teatral con esa tontería de la dulzaina luminosa que ya te ves venir desde el principio. Carvalho folla y cocina en exceso en esas historias y eso también sale en la película aunque sea introducido con calzador. 

Patxi Andion era una de mis devociones juveniles como cantante, como actor cumplía y poco más aunque el guión tampoco da para mucho lucimiento y se limita a hacer miradas interesantes y enigmáticas y dejar ir frases cínicas supuestamente inteligentes, habla como un libro, como el libro original, vaya. Victoria Abril estaba muy bien aunque haga un poco de florero explotado, Conrado San Martín, hoy un superviviente de toda una época, estava tan guapo como siempre, en una madurez espléndida pero asimismo en un papel excesivamente discursivo, como la mayoría de los que pueblan esa historia algo surrealista, con el espionaje internacional interviniendo en las cuestiones caseras del comunismo casero. El mejor del equipo, para mi gusto, José Vivó, ese gran secundario que aquí hace de policía bruto reconvertido en demócrata a la fuerza, ex torturador de comunistas pero que se enoja cuando los extranjeros meten caña a un español de pro como el protagonista, en esa especie de chantaje inexplicable y pretencioso.

La película es hoy histórica, sociológica, divertida incluso en algun momento, aburrida en muchos otros. Mi Pepe Carvalho preferido, aunque hoy no tengo la misma devoción por ese personaje de ficción, es todavía Ballesteros, que fue el investigador en la primera de la serie, Tatuaje, y es que, como dice el romance, los amores primeros son muy malos de olvidar. Ballesteros fue nuestro canoso preferido, mucho más que Jeff Chandler, en una época en la qual el cabello plateado no era del gusto de la mayoría porque hacía mayor. Ha habido intentos de rodar una serie larga sobre esas novelas, pero los resultados han sido mediocres, y no por culpa de las historias, aunque en la actualidad no me convenzan, sinó porque no se debe haber encontrado la persona capaz de dirigir versiones interesantes, realistas y con gracia.

Hoy esos años ochenta son ya lejanos. No quedan ni comunistas, bueno, sí, pero no son cómo los de antes, claro. Los de antes tampoco eran cómo nos lo contaban, Rusia no era un paraíso ni Carrillo ningún angelito dialogante aunque se adaptó com un guante a los nuevos tiempos transicionales. Hoy gracias a los libros, a internet y a qué ya tenemos poca afición a los dogmas, vengan de dónde vengan, sabemos las miserias e interioridades de unos personajes que admirábamos por haber resistido y luchado contra el franquismo, aunque nos preguntemos de qué sirvió tant sacrificio por unas ideas que no llevaban precisamente a la democracia sinó a otro tipo de dictaduras, incluso bastante peores que la nuestra, ya que los humanos somos cómo somos y no como las grandes ideas pretendían.

Patxi Andion nos dio a las chicas un disgusto cuando se casó con la pobre Amparo Muñoz, la cosa duró poco pero nos pareció una frivolidad aunque hoy, mirando fotos de aquella época no podemos dejar de admitir que fue una de las parejas más hermosas de su época, estéticamente hablando. Las nieves del tiempo, esas nieves que platean las sienes en el tango y caen sobre Irlanda en la narración de Joyce, dan a nuestra vida un tinte romántico, es la poesía de la brevedad de la existencia, y eso aunque no seamos de tierra de nevadas. 

En la película no se aprecia, pero en algunos fragmentos de los libros de Montalbán con Carvaho incluído, me pareció siempre percibir un cierto resentimiento cuando salían catalanes de toda la vida, aunque no llegase al sarcasmo amargo de Marsé. Los autores catalanes que escribían en castellano se encontraron durante unos años algo cuestionados, parecía que se les exigía que se explicasen, hubo agrios debates sobre si la literatura escrita en castellano en Cataluña era o no catalana. Todo se volvió rancio por muchos motivos, tan solo en González Ledesma no percibí ese resquemor aunque fue algo marginado durante un tiempo mientras vendía mucho en Francia, no es el único caso. Pero también se vio obligado a justificarse en algún momento. En el fondo había una cuestión de competencia, una cuestión comercial y también mala leche, no diré que no.

En general algunos puristas se pasaron al castellano cuando les convino, no sólo en el campo literario, La Trinca escribió una letra sobre las dos patrias y todo eso y a partir del éxito empezó a montar programas de la tele en la lengua de Cervantes y a ganar dinero a espuertas. Con el tiempo te desengañas de los grandes predicadores, trabajé durante años, precisamente en esos ochenta, en un barrio con muchos comunistas entre las familias de los alumnos y mucho después me contaron como la mayoría de los que más pontificaban se había colocado en la política, en plan funcionario, o se había aburguesado absolutamente y sin ningún tipo de mala conciencia, vaya. Y habían colocado a los hijos y parientes, claro, para que esté otro que esté mi hijo, me dijo un sindicalista socialista en una ocasión, hablando de su relevo en el ayuntamiento de una ciudad catalana. Hay que avisar a la gente joven sobre ese tipo de cosas aunque cuando eres joven no haces caso de los mayores, lo mismo pasó y todavía de forma más dramática durante la guerra y la postguerra y por eso en mi entorno había mucho franquismo sociológico resignado, los espabilados sobreviven con éxito a todas las tempestades.

Hoy, en un contexto muy diferente, incluso con la tendencia independentista en alza, eso de la literatura en una lengua o en otra ya no parece un problema. Los libros salen indistintamente en castellano y catalán, con los programas de traducción y lo poco que se paga a los traductores, no hay problema. Nadie se metió en exceso con Sánchez Piñol y su Victus. No se sabe ni siquiera qué version es la original. La gente escribe y canta cómo quiere, incluso en inglés directamente, se expresa en el idioma en el cual piensa que podrá publicar y vender com más facilidad, cosa hoy bastante difícil se escriba cómo se escriba. Debe ser eso de la sociedad liquida. 

Vázquez Montalbán había sido muy comunista, parece que se decepcionó. Lo recuerdo en unas charlas en una de aquellas escuelas de verano de los setenta, tan moviditas y llenas de inquietudes políticas, también nos vino a dar una charla Jordi Pujol. Incluso ellos eran también algo inocentes entonces, me temo. Puede que fuesen sinceros y algo consecuentes todavía. En la película que menciono, de principios de los ochenta, ya se percibe el desencanto ante una transición reformista. Que no se crea nadie que no nos dimos cuenta de las trampas, no hubo ruptura, ni retorno a la República, y a nadie le convenía asesinar al líder comunista, qué va, con lo bien que se integró al sistema, con esa vieja Pasionaria inquietante al lado, cómo si fuese un florero. Durante un tiempo creí de buena fe que todo era temporal, que el mismo Juan Carlos organizaría más adelante un referéndum sobre si queríamos república o monarquía, incluso el mismo lo insinuaba en una entrevista que le hizo la BBC pero que se pasó a altas horas de la noche en su época, puede que para limitar la audiencia, entonces no existía todavía ni el vídeo ni eso de a la carta.

Los ochenta fueron muy decepcionantes, con tanta gente intentando hacer dinero, con las corruptelas de los socialistas, la reconversión de los comunistas y la pérdida de tantas iniciativas excitantes de los sesenta y los setenta, incluso se perdieron cosas inocentes, cómo el ciclo de teatro de Cavall Fort y un montón de publicaciones que provocaban debate y controversia pero también cómics, por ejemplo. Todo va y viene y la historia se cuenta como conviene, no siempre según los vencedores, tambien segun interesa a los perdedores revanchistas o nostálgicos de un tiempo que nunca existió. O a los que nunca fueron perdedores pero presumen de ello.


jueves, 19 de mayo de 2016

LECTURAS, RECUERDOS Y LA HISTORIA REVISITADA


He reseñado para un blog cultural el libro de Luis del Val, La transició perpetua. Es una novela pero por sus páginas circula la historia cercana y complicada de la Transición y las tramas y los complots que se entrecruzaban mientras nosotros, los de más de sesenta años, vivíamos y criábamos a nuestros bebés. Los sucesos históricos son complejos y los queremos explicar en manuales y de forma esquemática, pero se nos escapan como agua en un cesto muchos detalles de forma inevitable, con el añadido de qué hay hechos que suceden de forma casual, inesperada, casi surrealista, aunque después se quieran interpretar casi en un contexto científico.
Estoy leyendo también el libro, denso y documentado, que Jordi Amat ha escrito sobre el contubernio de Munich y sus precedentes y consecuencias. Amat tiene otros libros interesantes en los cuales se analiza la historia reciente de Catalunya, a dónde hemos llegado e incluso lo que se perdió por el camino y se ha querido olvidar. La reciente visita de Otegui, tan aprovechada por unos y otros para arrimar el ascua a su sardina, me ha hecho pensar sobre el tema. Del Val, periodista con experiencia y me imagino que bien documentado, ofrece una visión muy poco romántica de muchos aspectos relacionados con ETA y con el laberinto político oculto de unos años de conspiraciones peligrosas y violencia latente.

Si incluso los que ya tenemos unos cuantos años nos perdemos un poco entre aquellos laberintos políticos creo que para la gente joven debe ser difícil situarse de forma algo objetiva en aquella época, aunque Amat es una persona relativamente joven y lo está intentado con éxito. Escribir una novela, como ha hecho Del Val, da más libertad aunque también puede condicionar y eso sucede con la historia sentimental que cuenta y que a veces no se entreteje de forma verosímil con las referencias históricas.

Está ahora de moda cargarse la Transición. No es nada extraño, es generacional, en mi juventud criticábamos a nuestros padres, que querían olvidar la Guerra Civil y se habían acomodado a la supervivencia al precio que fuese, incluso los que habían sido represaliados, ya conformados y casi contentos con una etapa de crecimiento económico importante, pleno empleo y el paso de la miseria al confort modesto, un paso de gigante que cuesta hoy de entender. Al fin y al cabo en Rusia y sus satélites, no nos engañemos, las pasaban bastante peor.

Una amiga historiadora me contaba hace un tiempo como había cierta reticencia universitaria a fomentar trabajos de investigación o tesis sobre aspectos de la Transición. Bastantes de sus protagonistas viven todavía. Es más cómodo investigar sobre la guerra y la primera postguerra y, sobre todo, novelar a lo tonto acerca de todo eso. Se publican una cantidad de novelas infumables sobre luchadores de izquierda, fascistas malísimos, represalias injustas, brigadistas valientes. El turismo bélico me produce repelús pero funciona y genera dinerito en muchas zonas rurales. La mayoría de esas novelas son cuentos chinos, los personajes son de una pieza y no pasarán a la historia de la literatura aunque incluso con esos materiales los buenos escritores, que no hace falta que sean fieles a una verdad difícil de explicar, son capaces de hacer algo que valga la pena y siempre surge una perla inesperada, claro.

Una novela histórica no precisa ni tan solo estar bien documentada, ni evitar los inevitables anacronismos, pero debe responder a algo, a una tesis, a un plan, reflejar la complejidad humana, la incoherencia. Becket no es una película fiel a la historia pero es una muy buena película que entra a fondo en la lucha entre poderes y en la supuesta psicología de los personajes y en su evolución. Releía hace poco Zorba, ese personaje inolvidable llevado con respeto a la pantalla, contradictorio, que ha sido violento y lo admite y se arrepiente sin tonterías ni discursos excesivos, un personaje humano y, por eso, intemporal y universal.

Los supervivientes de hoy somos hijos más bien de la Transición que de sus etapas anteriores, hijos rebeldes, críticos, injustos, poco informados incluso. Y una cosa es vivir, otra, leer. Los libros e investigaciones sobre aquella época deben hacerse sin prejuicios, creo que los dos que menciono lo intentan, cada uno en su género y en su estilo, no es fácil la objetividad cuando las consignas y los dogmas son más cómodos y nos dicen aquello que quizás queremos escuchar. Se publica mucho hoy, es posible que buenos libros nos pasen desapercibidos y que mediocridades promocionadas nos parezcan interesantes, así es el mundo. Mirar hacia atrás no sólo sin ira sino también sin prejuicios es difícil y complejo y las universidades de hoy, tan mediocres y justitas en el campo de las letras, no ayudan mucho. Pero, por suerte, tenemos internet y esa libertad de navegar por hemerotecas y artículos diversos, por blogs personales y reseñas espontáneas de libros, hechas sin ánimo de lucro y sin patrón que paga detrás.


Para todo hay que tener perspectiva. Nuestro presente también se idealizará y condenará dentro de unos cuantos años, yo ya no podré protestar ni opinar, la vida es breve, aunque hay quién llega a los más de cien años comiendo diariamente algo que ha llegado a estar casi prohibido por los expertos, huevos, incluso crudos. Hay que leer y pensar pero todo debe ponerse en cuarentena ya que al fin y al cabo los que dicen saber saben muy poco y deberían ser conscientes de ello.

miércoles, 11 de mayo de 2016

FELICIDADES, OLGA XIRINACS!!!






Olga Xirinacs, gran escritora, cumple hoy 80 años. Desde los blogs culturales queremos felicitarla. 

Olga Xirinacs ha escrito narrativa, poesía, ensayo... Ha ganado numerosos premios, los más importantes de la lengua catalana y siempre ha intentado que sus obras se tradujeran a otras lenguas, sobre todo al castellano, cosa que no siempre ha sido así debido a una política cultural errática y algo mezquina. Hace diez años, en homenaje a los orígenes asturianos de su madre y para reivindicar la necesidad de las traducciones, publicó este hermoso libro directamente en castellano, EL HIJO DEL TEJEDOR.


Sinopsis: En un agreste lugar del litoral de Asturias, los Del Río, un tejedor de tapices y una concertista de arpa, disfrutan de una vida apacible, dedicada casi en exclusiva al desarrollo de sus quehaceres artísticos. Sin embargo, un terrible y macabro hallazgo los lanzará hacia un torrente de situaciones extremas y despertará en ellos la fuerza de unos sentimientos que nunca habrían creído poseer. El empuje del instinto maternal y el descubrimiento de una sexualidad oculta formarán parte también del gran secreto de sus vidas, un secreto que los conecta directamente con la mitología de la tierra y los árboles asturianos, con los habitantes reales e irreales de sus bosques y sus montañas, con la vida que lucha siempre por triunfar sobre la muerte.

lunes, 25 de abril de 2016

ESE CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA QUE CABALGA POR LA AUTOPISTA


Once años  después de haber celebrado el cuarto centenario de la publicación del Quijote volvemos a Cervantes para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del escritor, sobre la vida del cual hay todavía más especulación que certeza. Escuchaba hace poco a un periodista comentar por televisión que quizás a Cervantes, hoy, ni tan sólo le otorgarían el premio Cervantes, puede que sea así. Cervantes y su Quijote llevan años siendo más comentados, alabados, imitados y recreados que leídos. 

Los grandes personajes los recreamos en cada época según nuestras ideologías y costumbres, escribió Croce que toda la historia era historia contemporánea y creo que también se puede aplicar la frase a la literatura. Por eso los originales permanecen inalterables pero las traducciones envejecen, cosa curiosa y algo preocupante. Las traducciones, ya se sabe, siempre son traidoras, por ello me parece que deberíamos ser más aplicados e intentar leer a quién se pueda en su lengua original, si la conocemos. Con un poco de esfuerzo, por lo que se refiere a las lenguas de la familia latina, podemos hacerlo con el castellano, el catalán, el gallego, el portugués, el italiano, incluso el francés.

Las lenguas, los idiomas, deberían servir para entenderse pero se transforman en creaciones culturales ahogadas por la política, inventos humanos algo peligrosos cuando se academizan y fijan de forma ortodoxa e intocable, como las constituciones. De tots los cuentos chinos que nos han contado desde pequeños los que se refieren a las lenguas y a su sagrado valor, ligado a menudo a patriotismos diversos, son de los peores y más peligrosos, aunque resulten bonitos, heroicos y románticos. Basta ir a las enciclopedias, reales o virtuales, y buscar eso de lengua o idioma para percibir que no se sabe qué es y que su definición se nos escapa como agua en un cesto. Para hacer prevalecer una modalidad lingüística sobre el resto se dio durante años un matiz peyorativo a eso de los dialectos, variedades que son reales y vivas en contraste con el dogma.

Para entender a los clásicos nos fiamos de los expertos pero muchos expertos son contemporáneos y se mueven entre sus circunstancias temporales. De ese libro inclasificable que es el Quijote cada uno promociona lo que le conviene. En Barcelona se suelen repetir las alabanzas que el caballero dedicó a la ciudad, en la cual no está claro ni que estuviese en persona. Sin embargo en algunos itinerarios culturales se nos enseña la casa dónde permaneció durante su estancia por aquí, una plaga de nuestro tiempo son esos recorridos turísticos sin control de calidad.

Sin embargo pocas veces se recuerda esa llegada a Barcelona por caminos llenos de ladrones colgados de los árboles, una escena que se podría teatralizar para deleite de morbosos. Una gran parte de las  tierras catalanas se sumieron durante épocas intermitentes en bandolerismos lamentables, el número de armas por persona llegó a ser preocupante. Las historias destinadas a la mitificación colectiva evitan los temas espinosos, incluso hoy la guerra civil se cuenta como algo casi romántico y el franquismo parece haber flotado de forma extraña, entre resistentes esforzados que luchaban contra él. 

Se dice que Cervantes buscaba lo que todo el mundo, después de una juventud aventurera y complicada, vivir tranquilo y comer caliente. Quizás de haber triunfado y ganado más dinero hubiese escrito menos. Balzac también buscaba una viuda rica que le facilitase la vida y se vio obligado a escribir sin tregua, tomando café a litros, para sobrevivir entre aquel lujo que tanto valoraba. 

Es más listo que el hambre, dice un refrán. Sancho, el compañero de don Quijote, habla a menudo con refranes, la mayoría de los cuales todavía son habituales y tienen su equivalencia en otras lenguas, sin que se sepa su origen. Se supone que para producir buena literatura se necesita paz, armonía, silencio, pero eso no es cierto, es relativo como todo y cada persona es distinta y también lo son sus circunstancias.

Muchos escritores, músicos, pintores, cantantes, han conseguido sus primeros éxitos en tiempos difíciles, de escasez, y después, ya ricos y famosos, han vivido del cuento en parte o totalmente, coge fama y échate a dormir, se decía, con razón. Algunos cantantes se molestan cuando les dicen que sus mejores canciones son las primeras, en una ocasión escuché a Serrat ironizar con ello, pero es que a menudo es cierto. La literatura y todas las artes requieren madurez, se dice, una afirmación que tampoc es exacta del todo. Quién empieza a producir lo que sea en la madurez tiene muchas más dificultades que esos tocados por la gracia del éxito juvenil que a veces también puede tener sus riesgos, no lo negaré.

Sobre la literatura existe un exceso de literatura y yo misma he tardado en entender que las ferias sobre libros, cuyo ejemplo más cercano es ese Sant Jordi ruidoso, primaveral y lleno de firmadores, son eso, unas ferias más a la cuales se va a vender y a comprar. Por eso triunfan en ellas los mediáticos, los promocionados, los que salen por la tele a menudo y mucha gente conoce y va a saludar y a ver de cerca. No todos los mediáticos tienen por qué escribir mal ni todos los etéreos y minoritarios han de ser buenos, en todas partes hay de todo aunque resulta algo inquietante el afán de tanto tertuliano y tertuliana a editar y publicar su novela, un género algo devaluado, me temo, a causa del exceso.

Es frecuente mirar atrás con cierto romanticismo, pero en ese pasado tropezamos con miserias inimaginables en nuestro presente cómodo y occidental, en el cual Cervantes quizás no hubiese escrito tanto pero puede que hubiese vivido de forma mucho más confortable. 

Estos días nos ofrecen muchas producciones sobre el autor del Quijote, muchos refritos, pero ignoro por qué no se recupera aquella serie de dibujos tan digna, aunque en su momento provocó las iras de los entendidos. La historia de la serie y sus dificultades es quijotesca y kafkiana, en wikipedia se pueden leer sus problemas, su desenlace apresurado, el final de la productora. Resultó irregular a causa de todos esos factores pero hoy, mirada en perspectiva, debería considerarse de culto. 

Un detalle, aparentemente sin importancia, pero que creo que tiene mucha y que dice bastante sobre nuestro país y sus problemas, fue que en la serie, cuando el protagonista quema los libros que le han vuelto loco, en el texto original salva el Tirant lo Blanc y alaba sus características, pero ese indulto literario se silenció de forma traidora en el capítulo correspondiente. 

Algunos intelectuales protestaron entonces de aquel intento de animación de calidad hispánica ya que aquello de los dibujos sobre el Quijote les parecía una especie de banalización sacrílega. Sin embargo el Quijote se ha banalizado mucho más a lo largo del tiempo: ediciones reducidas para gente joven, frases fuera de contexto, tonterías diversas sobre encuentros no siempre inteligentes ni verosímiles entre Cervantes y Shakespeare, su contemporáneo más famoso. 

Ese musical antiguo de éxito, El hombre de la Mancha, es también una banalización del personaje, aunque tenga sus virtudes, los musicales son una plaga que puede con todo pero también lo son las óperas, las películas... Todo se puede recrear si se hace con buena intención y de forma seria, documentada y eficaz y en algunas ocasiones incluso esas recreaciones superan los originales.

Aquella serie de dibujos, del ya lejano 1979, fue un milagro, un intento digno y serio de hacer algo de categoría. Era una época de grandes series televisivas, la calidad de la televisión del tardofranquismo y los primers años de la transición es sorprendente. Eran otros tiempos y no me gusta comparar pero es una lástima que no se creen tradiciones estables alrededor de lo que funcionó más o menos bien en algún momento. La serie funcionó bien pero el presupuesto se disparó y las cosas empezaron a tambalearse. Lo que me sorprendre más, estos días, es comprobar lo poco que se habla de ella.

En la Escuela Normal tuve una profesora algo pintoresca, muy española y tradicional, que nos hacía analizar sintácticamente largos párrafos del Quijote, fue muy criticada, pero creo que más bien por su carácter que por su metodología, que hoy me parece interesante y que contribuyó a mi conocimiento, siempre modesto, de ese libro que escapa a todas las definiciones, estudios y consideraciones académicas.








jueves, 14 de abril de 2016

LA CASA DE LAS CHIVAS, PASIÓN Y MISTICISMO EN TIEMPOS DE GUERRA




Ayer la segunda cadena recuperó La casa de las chivas. Era una obra con elementos fuertes, la guerra, que se veía por primera vez de forma algo razonable, casi en directo y sin juicios preconcebidos de valor sobre los bandos enfrentados. Salom fue un autor brillante y eficaz, de éxito y posibilista, con oficio. Puede que hoy no se valore a fondo su aportación al teatro, el tiempo no pasa en vano y hemos cambiado mucho.

De esta obra se realizaron, en toda España, más de siete mil representaciones. La película también tuvo su qué, la dirigió Klimovsky, un director más bien especializado en cosas de terror. La narración tiene la habilidad de centrarse en las personas más que en la guerra, una serie de tristes personajes que coinciden en esa casa de pueblo requisada y ocupada. El tema central, a juzgar por el desenlace, es la redención, un tema presente en otras obras de Salom y en muchas de la época, hoy poco habitual aunque autores como Tolstoy en Resurrección también hicieron de esa redención el tema central.

Se dice en el final de la versión en cine que se inspiró en un hecho real, puede ser. Hoy esta de moda cierto anticlericalismo que contribuye a hacernos muy lejanos los curas antiguos, las conversiones, los arrepentimientos, pero lo cierto es que después de la guerra civil hubo mucho de eso a todos los niveles. Hoy sólo parecen tener interés los malos curas, los pederastas, aunque de pederastas hay muchos más en las casas particulares. Por eso, según se cuenta y se puede leer en algunas crónicas, los matacuras de otros tiempos tenían preferencia por los curas buenos, ya que hacía más daño a la ideología radical que los otros, claro. En un libro de Sartre los comunistas de un campo de concentración se ponen en marcha cuando se dan cuenta de que ellos, los curas católicos prisioneros, están empezando a organizar redes de ayuda y resistencia.

Los grandes desastres incomprensibles favorecen la esperanza en algo bueno y lejano, la interpretación de qué si ganó Franco fue a causa de la voluntad de Dios parece actualmente una estupidez pero hubo gente que estaba en las antípodas ideológicas del catolicismo y se convirtió, cosa que explica la especie de histeria colectiva que acompañó durante un tiempo las manifestaciones religiosas de todo tipo, así como el incremento de vocaciones que el exceso de mártires, causado por la sinrazón de ciertos estamentos del otro lado, había propiciado. Las cosas no son sencillas, el comportamiento humano a menudo es errático, surrealista.




La casa de las chivas se estrenó en Barcelona, en el Moratín, en 1968. Allí la vi entonces y me gustó, contó con un cuadro actoral de categoría con Carlos Ballesteros, con su pelo blanco a lo Jeff Chandler en el papel principal, aunque es una obra bastante coral. Estaba acompañado por Telere Pávez, Amparo Baró, Estanis Gonzàlez y otros. En el cine Juan, ese objeto del deseo íntegro y casto, fue Simón Andreu, un actor siempre eficaz, guapísimo en su juventud y en su madurez, todavía de vez en cuando le dan papeles de lucimiento en alguna producción. Las mujeres fueron Charo Soriano y Maria Kosti, también se contó con Ricardo Merino y Pedro Mari Sánchez en el papel del muchacho joven y enamorado que cede a las presiones sexuales del momento. Hoy nos puede parecer algo inocente ese papel, claro. La castidad ya no es lo que era.

Ricardo Merino, un actor eficaz que hizo de todo, murió relativamente joven. Tampoco está entre nosotros Ballesteros, que hizo una carrera larga y productiva, brillante. Y, claro, también es otro de los ausentes Estanis González, que en mi infancia hacia cosas por la radio y fue muy popular con un divertimento radiofónico del mediodía, compartido con una locutora que se llamaba Esperanza, recuerdo que lo patrocinaba La Mallorquina. Estanis González estuvo muy presente en los inicios televisivos, recuerdo un concurso muy interesante que presentaba, Ayer noticia, hoy dinero. Las preguntas iban en torno a lo sucedido en un año determinado. También fue el inquietante pero inocente buhonero de Los bulbos, una historia de terror que estaba muy bien y con la cual ya empezó a darme miedo Tina Sainz. Como tantos otros fue uno de los grandes del doblaje, una actividad que ha contribuido durante años a la digna supervivencia del sector.

Charo Soriano y Terele Pávez fueron, en cine y teatro, las protagonistas de carácter. Son dos de esas actrices de rompe y rasga que se comen todas las escenas, todavía hoy, magníficas en cualquier papel, por breve que sea. En el teatro la joven Trini fue Amparo Baró y en el cine, María Kosty, felizmente en activo. La obra se llevo a la televisión en dos ocasiones. En  la segunda, ya en los años ochenta, había perdido la fuerza inicial y la televisión también había cambiado. En el teatro se representó a menudo con diferentes protagonistas, entre los cuales, Valladares. Muchos de nuestros actores y actrices serían en otro país conocidísimos, condecorados, oscarizados. Aquí su paso por pantallas y escenarios se olvida pronto, todo lo más se recuerda a media docena. 

Pedro Mari Sánchez, que se inicio en teatro, cine y televisión de niño, ha hecho una carrera brillante, larga y extraordinaria, pero  me temo que es también hoy poco conocido, en general, aunque, quién sabe, a veces un papel preciso en el momento adecuado tiene extraños efectos. Ahora ya se encuentra en su madurez pero en determinada época me recordaba a Marlon Brando, en Barcelona lo vi en un breve paso por el Teatro Condal hace años, muchos, en 1994, en el Calígula de Camus, al lado de un algo histriónico Luis Merlo, aunque en esa obra y con ese personaje parece inevitable cierto histrionismo. Sánchez le robaba todas las escenas. Hoy las obras duran poco en los escenarios, muchos teatros han desaparecido, todo ha cambiado, las televisiones no apuestan por el teatro sinó por esas series interminables que, al menos, dan trabajo algo estable a tanta gente de categoría. Y muchas obras no llegan a Barcelona, por todos esos motivos y muchos más, o lo hacen de forma breve y efímera.

La casa de las chivas, con todas sus limitaciones relacionadas con la época y la moral vigente, es para mi hoy todo un clásico. La película matizo algunos excesos dramáticos que en el teatro, sin embargo, funcionaban muy bien. No estamos en una buena época para arrepentimientos ni redenciones aunque no iría mal algo de eso aunque hoy los pecados sexuales son lo de menos, la verdad. Los pecados sexuales de las damas ligeras de cascos ofrecieron mucho material para la ficción, hace pocos días pasaron también Malvaloca, Maribel y la extraña familia, todas ellas en el contexto de adaptaciones teatrales llevadas al cine pero es curioso que los tres títulos jueguen con eso de la redención de las pecadoras aunque desde diferentes puntos de vista. 

La mujer arrepentida y redimida, pero eso sí, guapísima y con buen corazón en el fondo, forma parte de ciertas fantasías masculinas, me temo. Lo mismo que forma parte de esas fantasías la mujer sacrificada y fiel que perdona todas las calaveradas, otro clásico. Pero eso ya sería material para psicólogos y psiquiatras. En el fondo aquella canción de querer dos mujeres a la vez y no estar loco es la expresión musical popular de todas esas fantasías eróticas.

domingo, 27 de marzo de 2016

ELEGIR NO ES OBLIGATORIO


El último suplemento cultural de La Vanguardia incluye diferentes artículos sobre la pintura realista moderna, con motivo de una exposición del Museo Thyssen. Isabel Quintanilla, entre otras interesantes reflexiones, recuerda en uno de los artículos como los pintores realistas, siempre valorados aunque fuese de puertas para adentro y de España para fuera, tuvieron que escuchar y leer que eran franquistas. Cuando la realidad es que la culturilla franquista presumió cuando le convino de vanguardismo de puertas para afuera. O que el comunismo estatalizado era bastante figurativista a lo grande.

En el mismo periódico encuentro un artículo de Quim Monzó en el cual ironiza sobre una reciente declaración del ayuntamiento barcelonés a favor de veganismo y vegetarianismo. El invento responde a una propuesta d'ERC que ya no sabe cómo llamar la atención pero todos lo han apoyado, con la excepción de PP y Ciutadans que se han mostrado algo reticentes. Es lo que tiene la disciplina de partido, aunque un cupaire de pro disfrute con las morcillas asadas un día sí y otro también o un ciudadano de derechas odie el jamón, toca hacer el paperot.

Resulta bastante inquietante comprobar como cosas que hacen referencia a la libertad individual, que cada día valoro más, se etiquetan como de derechas o de izquierdas y etiquetan también a quiénes toman de forma abierta una opción determinada. Fumar fue de izquierdas en otros tiempos y decir que te molestaba el humo en reuniones de los sesenta, incluso en reuniones escolares de padres y madres, hacía que te mirasen de forma condenatoria. Determinadas drogas peligrosas fueron mitificadas como izquierdosas. Hoy es al revés, el ecologismo y ese culto absurdo y pesadito a la Diosa Salud han contribuido a hacer girar la tortilla.

Hay gente con una gran capacidad escurridiza y hábiles para cualquier cambio de chaqueta. Lo peor es que los conversos son los más peligrosos. A menudo lo comprobé en el mundo personal pero, sobre todo, en el laboral ya que en el campo educativo converge una fauna que se cree progre y izquierdosa. Había quién en privado me aseguraba una cosa determinada sobre cualquier tema pero en los claustros de profesores votaba la contraria, sin vergüenza y para quedar bien. Por no hablar de las manipulaciones asamblearias.

Una moda de nuestro tiempo ha hecho proliferar las visitas escolares, incluso de parvulitos, a sitios como la Fundación Miró dónde creo que se adoctrina estéticamente sin ningún tipo de límite a sus visitantes inmaduros, a los cuales no se les lleva alternativamente, por ejemplo, a contemplar exposiciones de dibujos de Juan  Ferrándiz, para que elijan. Claro que lo que te predican en la infancia tiene un valor relativo e incluso contraproducente y puede que con tanta abstracción nos salgan muchos futuros artistas clasicones que quizás tengan que ir al salón de los rechazados, quién sabe.

He tenido siempre cierta afición a la pintura y el dibujo y cuando me jubilé asistí a algunos cursos de l'Escola de la Dona, un lugar entrañable siempre en peligro de extinción. Una profesora, buena pintora además, relativamente joven y que tiene un estilo realista sin que se note mucho me comentaba como en sus tiempos de estudiante en las facultades de Bellas Artes se aprendía a dibujar y pintar de forma tradicional también pero que durante un tiempo, hoy puede que ya se vaya rectificando, salían los licenciados artísticos sin saber copiar una bicicleta del natural si no era que tenían el don de origen.

Quintanilla insiste en un aspecto actual, el exceso de contar con las fotografías como recurso y la necesidad de captar la realidad de forma directa. Sin embargo los artistas siempre buscaron ayuda técnica y me temo que no hay vuelta atrás, en general, aunque existen individualidades geniales capaces de todo. Hace años la Rambla barcelonesa solía estar llena de pintores con su caballete, la gente se detenía a su lado y a veces hacía comentarios inoportunos. Hoy ves muy pocos pero lo que sí que veo con más frecuencia son grupos de gente, estudiantes pero también adultos con pinta de jubilados de cursillo, dibujando del natural en la ciudad, en el entorno urbano, en los parques.

No hay un manual para comprobar si alguien es de derechas o de izquierdas, sobre todo porque la mayoría de gente no es de nada de forma monolítica. En mi época profesional te etiquetaban además según el periódico que comprabas, el más progre era El País y el AVUI se consideraba algo facho-convergente aunque podías justificarte con eso de qué era el único en catalán y de qué en él escribía Pedrolo, entonces uno de la media docena de independentistas intelectuales conocidos y confesos. La Vanguardia era pecado. Hace años según por dónde te movías te clasificaban como sociata o pujolista, de eso ya hace mucho.

Lo  mismo pasó con las revistas de la época. Hoy ya casi ni se venden periódicos de papel ni hay revistas como las de entonces, publicaciones como Triunfo me habían parecido excelentes pero hoy las hojeo y compruebo que eran bastante doctrinarias, alabando sin matices a Castro o al régimen comunista de Albania,  incluso a Pol-Pot. Hoy muchos amigos y amigas son devotos del diari ARA que me parece flojito aunque tiene algún colaborador de prestigio reconocido y agrupa a muchos de los que hoy remenen les cireres culturales e incluso políticas. Sin embargo no sabría decir si es exactamente de izquierda o de centro-izquierda, la verdad. Y es que en Catalunya el tema de la identidad complica todavía más las clasificaciones, cosa que incluso puede ser positiva, por los muchos matices posibles a tener en cuenta.

Cuesta defenderse del gregarismo de cualquier signo, sobre todo porque la vida social es interesante, imprescindible, y a veces has de disimular un poco para que no te miren de reojo, por ejemplo cuando no tienes ningún interés en participar en manifestaciones viscerales diversas y multitudinarias. El factor humano, afortunadamente, hace que aprecies de verdad personas que piensan de forma muy diferente de la tuya. 

Pero parece que si no eres de unos has de ser de los otros y tu filiación se ha de demostrar con signos externos que puedan ser interpretados de forma supuestamente objetiva, como antiguamente se intentó con las características de las brujas o de los herejes. Respecto al país, entiendo que exista el català emprenyat pero me cuesta comprender a gente con reacciones a la contra absurda como la de Félix de Azúa, de larga tradición, por desgracia. En el mismo periódico que menciono Joan de Sagarra le dedica uno de sus impagables escritos, irónico y ponderado pero contundente. El peligro de ir de un extremo al otro nos acecha siempre. 

Monzó asegura que le gusta la verdura pero que no quiere que le priven de una buena pierna de cabrito. A mi me gusta algo, poco, del arte pictórico llamado vanguardista y que ahora ya es del año de la pera, pero prefiero la cosa figurativa aunque no dejo de reconocer que también en ese campo hay de todo, aunque cuesta menos distinguir el grano de la paja mientras que en esas abstracciones veneradas parece que todo o casi todo vale. En esos cursos que comento hice algo de arte abstracto, me lo pasé muy bien y tengo producciones propias que me gustan bastante, aunque siempre lo consideré una especie de juego divertido. Lástima que no haya quién me las compre a buen precio.

Leo La Vanguardia cuando me apetece porque tiene buenos articulistas, aunque reconozco sus sombras y su servitud ancestral a los poderes vigentes, ya mi abuelo decía que era un periódico de los que mandaban. Me gustaría no tener que elegir nunca entre nada, ni entre derecha e izquierda, ni entre coles y morcillas, ni entre independentistas y unionistas, ni entre el ARA i El Periódico. En tiempos de paz las elecciones son casi folclóricas pero cuando las cosas van mal, y a veces parece que hay un interés extraño en qué vayan mal, los dilemas entre opciones enfrentadas pueden ser dramáticos y peligrosos y por ello hay que practicar eso de nadar y guardar la ropa, si puede ser sin perder algo de dignidad, que todo tiene un límite.

domingo, 13 de marzo de 2016

AQUELLA SUECIA MÍTICA DE NUESTRA JUVENTUD

Como en el cielo poster.png

Ayer la segunda cadena recuperó esta película del cartel, que en español se llamó Tierra de ángeles. Es del año 2004 y obtuvo una nominación al óscar. Sus actores son todavía grandes desconocidos para nosotros. Muestra la vida en un pueblecito sueco al cual llega un director de orquesta desengañado y con problemas de salud, todavía de buen ver, que de forma inconsciente contribuirá a que todo cambie  y recuperará sus propios ideales. El tema no era original, eso del personaje clave que consigue, de forma inconsciente, que un grupo de gente encuentre su camino y se replantee su vida es un clásico. Lo curioso era poder comprobar que hace poco más de diez años resultaba verosímil un pueblo que, en muchos aspectos, se veía rancio, conservador, criticón y apolillado, tanto o más que los nuestros, en el cual se permitía que a una dama la maltratase el marido de forma constante y en dónde el cura estaba atormentado por el pecado, sobre todo sexual, rechazando incluso los deseos amorosos de la parienta.

Las primeras suecas que llegaron a nuestras tierras, aquellas turistas de los sesenta y setenta, eran altas, rubias, liberales, espléndidas. Los hombres, más o menos. A veces veías turistas de aquellas tan hermosas y envidiables acompañadas por chicos hispánicos de entonces, más bajitos que los de ahora, que les llegaban al hombro, y les metían mano provocando sus risas divertidas, tot son gustos, que decimos en catalán. Suecia era la tierra de la libertad femenina, del sexo abierto y sin problemas, pero su cine reflejaba ya entonces otra realidad. El socialismo sueco parecía un ejemplo a considerar, había muchos mitos que hoy se han trasladado a cosas como la educación finlandesa. Para competir con la propaganda liberal se decía que había muchos suicidios, no sé si motivados por el frío o, según contaban, por el aburrimiento que te provocaba una vida en la cual tenías de todo.

Todo es relativo y nadie es mejor que nadie, no hay países ideales aunque no negaré que en algunos se vive mejor que en otros o eso parece. Los hombres y mujeres de la película eran normales y corrientes, más bien feúchos, ni tan sólo la chica rubia que se enamoraba del protagonista era de bandera. Las series policíacas suecas, basadas en una literatura de género que ha tenido un gran éxito, están envueltas en neblinas y son algo angustiosas. Dicen que allí también matan y maltratan niños y mujeres però siempre creí de buena fe que las suecas oprimidas tenían una protección más generosa por parte de los gobiernos. La muerte de Olof Palme significó también la muerte de muchas leyendas. Los países fríos creo que influyen en el carácter de la gente, lo mismo que los cálidos y, de ser pobre, siempre vale más, al menos, no pasar frío.

Te haces mayor de forma inevitable y ya no crees en cuentos chinos ni en cuentos suecos, sin embargo el socialismo sueco estuvo en boca de muchos políticos durante la transición, uno de los cuales el Jordi Pujol emergente. Creo que había personas con buenas intenciones en aquel contexto, aunque luego derivaran hacia el lado oscuro y pecaran, no sé si contra el sexto mandamiento pero seguro que contra casi todo el resto del decálogo.Tierra de ángeles es una película interesante pero nada del otro mundo, según mi opinión. Forma parte también del género de coros, que durante unos años ha tenido su producción especializada y ha contribuído a hacernos creer que la música, como la lectura, hace milagros, amansa las fieras y puede conseguir que seamos, más o menos, felices. Clavé ya pensaba eso mismo pero se le criticó que desviase a los obreros de sus luchas políticas haciéndolos cantar, nunca llueve al gusto de todos.