sábado, 26 de julio de 2014

POETAS EN GUERRA, SASSOON, OWEN I LAS PATRIAS FILICIDAS


Siegfried Sassoon by George Charles Beresford (1915).jpg

Siegfried Sassoon (1886-1967) es hoy casi más recordado por la influencia que ejerció en Wilfred Owen que por su propia obra. A veces me sorprende que personajes cuyo valor he conocido de mayor fuesen vivos todavía cuando yo era pequeña o joven. En 1967 murió Sassoon y yo tenía diecinueve años. Reconozco mi ignorancia sobre uno y otro hasta hace pocos años. El otro día un programa de televisión, uno de esos matutinos, de la UNED -si, hay cosas muy interesantes por la tele, a horas raras, hechas con pocos medios y con una difusión muy limitada- me evocó la vida de esos dos hombres marcados por ese acontecimiento absurdo y cruel del cual, sin embargo, no se salió vacunado contra la barbarie, la primera guerra mundial, de la cual este año conmemoramos el centenario de su inicio.

El pare de Sassoon era de una familia judía rica y al casarse con una católica lo desheredaron. Esas cosas parecen hoy de otros tiempos pero son muy vigentes todavía en un gran número de sociedades. Hoy mismo, en La Vanguardia, he leído una entrevista a Hakima El Haite, doctora en ingeniería y ministra marroquí de medio ambiente, una mujer brillante y lúcida que nos recuerda cuanto costó en la Europa del euro sentar las bases de una democracia duradera, siempre frágil. El matrimonio de los padres de Sassoon duró poco. Su padre también falleció siendo él todavía un niño. Empezó varios estudios, sin éxito. Publicó un primer libro que tuvo cierto renombre, una parodia del de otro autor.

El patriotismo era entonces en Europa un valor en alza. Lo es todavía, aunque con muchos matices. Morir por la patria era un honor, ser soldado estaba bien visto. Es fácil juzgar a la gente del pasado por ideas que adquirieron en la infancia o durante la juventud, como si cada uno pudiese escoger libremente, desde la cuna, su proyecto vital. Sassoon se fue al ejército y fue muy valiente, un ejemplo. En él conoció a gente como Rovert Graves. Pero la realidad, el dolor, la crueldad y la miseria bélica cambiaron su concepto del ejército y de la patria. Su cambio de ideas provocó que lo mandaran a los loqueros, siempre parece loco quién no comulga con los valores vigentes y se sale del rebaño. En un hospital de guerra conoció a Owen e influyó en la obra del poeta. 

Owen volvió al frente y murió en él, muy joven. Podía haberse escapado de ese regreso pero se dice que quiso ocupar el puesto de su mentor, todavía ingresado en hospitales. Precisamente,según cuentan, su antibelicismo le empujó a esa vuelta al horror para poder contar los horrores de la guerra. Sassoon,  después de la guerra, se decantó por las ideas socialistas y se movió en medio de lo más brillante de la intelectualidad inglesa. Homosexual reconocido, tuvo diferentes amores y en su madurez decidió casarse con una dama mucho más joven que él, se supone que por su deseo de tener hijos. Tuvo uno y más adelante se separó de su esposa. No acabó de encontrar el equilibrio vital deseado, se convirtió al catolicismo, se interesó por teorías espiritistas, el país le rindió honores y murió a los ochenta y un años.Tiene una obra extensa, poco o nada traducida al castellano, que yo sepa. 

Wilfred Owen ha tenido más éxito con la posteridad, las muertes prematuras resultan románticas. Puede que fuese también homosexual no reconocido y que estuviese enamorado de Sassoon, además de admirarlo. Esta es la opinión de Graves, por ejemplo. Se le considera el gran poeta de la primera guerra mundial. Tiene muchos poemas pero el más famoso es Dulce et Decorum est, un crudo canto pacifista contra la guerra y sus mentiras, muy traducido y repetido, casi un documental sobre el tema: 

Copio una de las pocas traducciones en castellano que he encontrado, la del autor del interesante blog Gilichorradas, al cual el irónico nombre no hace justicia i que lleva casi un año congelado:

DULCE ET DECORUM EST.
Torcidos, como viejos mendigos bajo sus hatos,
renqueando, tosiendo como brujas, maldecíamos a través del lodo,
hasta que donde alumbraban las luces de las bengalas nos dimos la vuelta
y hacia nuestra lejana posición empezamos a caminar afanosamente.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
Pero abrumados avanzaban sobre zapatos de sangre. Todos cojos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga, sordos incluso al silbido de las balas
Que los cansados cañones de calibre 5.9 disparaban detrás de nosotros.


“¡Gas, gas! ¡Rápido, muchachos!”; un éxtasis de desconcierto,
Poniéndonos los toscos cascos justo a tiempo;
Pero alguien aún estaba gritando y tropezando
Y ardía retorciéndose, como ahogándose en cal viva…
Borroso, a través de los empañados cristales de la máscara y de la tenue luz verde,
Como en un mar verde le vi ahogarse.
En todas mis pesadillas, ante mi impotente mirada,
Se desploma boqueando, agonizando, asfixiándose.


Si en algún sofocante sueño tú también puedes caminar
Tras la carreta en la que lo pusimos,
Y mirar sus blancos ojos moviéndose
En su desmayada cara, como un endemoniado.
Si pudieses escuchar a cada traqueteo
El gorgoteo de la sangre saliendo de sus destrozados pulmones,
Repugnante como el cáncer, nauseabundo como el vómito
De horrorosas, incurables llagas en lenguas inocentes,
Amigo mío, no volverías a decir con ese alto idealismo
A los ardientes jóvenes sedientos de gloria
La vieja mentira: “Dulce et decorum est pro patria mori”.


Y la versión original, para los más sabios que yo:

DULCE ET DECORUM EST(1)

Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares(2) we turned our backs
And towards our distant rest(3) began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots(4)
Of tired, outstripped(5) Five-Nines(6) that dropped behind.
Gas!(7) Gas! Quick, boys! – An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets(8) just in time;
But someone still was yelling out and stumbling,
And flound'ring like a man in fire or lime(9) . . .
Dim, through the misty panes(10) and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.
In all my dreams, before my helpless sight,
He plunges at me, guttering,(11) choking, drowning.
If in some smothering dreams you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud(12)
Of vile, incurable sores on innocent tongues,
My friend, you would not tell with such high zest(13)
To children ardent(14) for some desperate glory,
The old Lie; Dulce et Decorum est
Pro patria mori.(15)

Wilfred Owen
Thought to have been written between 8 October 1917 and March, 1918
Notes on Dulce et Decorum Est

1. DULCE ET DECORUM EST - the first words of a Latin saying (taken from an ode by Horace). The words were widely understood and often quoted at the start of the First World War. They mean "It is sweet and right." The full saying ends the poem: Dulce et decorum est pro patria mori - it is sweet and right to die for your country. In other words, it is a wonderful and great honour to fight and die for your country.

2. Flares - rockets which were sent up to burn with a brilliant glare to light up men and other targets in the area between the front lines (See illustration, page 118 of Out in the Dark.)

3. Distant rest - a camp away from the front line where exhausted soldiers might rest for a few days, or longer

4. Hoots - the noise made by the shells rushing through the air

5. Outstripped - outpaced, the soldiers have struggled beyond the reach of these shells which are now falling behind them as they struggle away from the scene of battle

6. Five-Nines - 5.9 calibre explosive shells

7. Gas! - poison gas. From the symptoms it would appear to be chlorine or phosgene gas. The filling of the lungs with fluid had the same effects as when a person drowned

8. Helmets - the early name for gas masks

9. Lime - a white chalky substance which can burn live tissue

10. Panes - the glass in the eyepieces of the gas masks

11. Guttering - Owen probably meant flickering out like a candle or gurgling like water draining down a gutter, referring to the sounds in the throat of the choking man, or it might be a sound partly like stuttering and partly like gurgling

12. Cud - normally the regurgitated grass that cows chew usually green and bubbling. Here a similar looking material was issuing from the soldier's mouth

13. High zest - idealistic enthusiasm, keenly believing in the rightness of the idea

14. ardent - keen

15. Dulce et decorum est pro patria mori - see note 1 above.

These notes are taken from the book, Out in the Dark, Poetry of the First World War, where other war poems that need special explanations are similarly annotated. The ideal book for students getting to grips with the poetry of the First World War.


A pesar de su pasado trágico, las patrias siguen funcionando. Toman formas diversas, siempre exigen sacrificios, más o menos sangrientos. Hay que ser de alguna parte y nada de sentirse ciudadano universal, una vulgaridad. La historia se adapta a las necesidades del presente y a las exigencias del poder. Lo peor es que nos cuesta mucho inventar algo más positivo y universalista, si algún día se consigue yo ya no lo veré. Nos movemos entre un culto a las heroicidades supuestas de aquellos que nos caen bien y la ingenuidad de creer que un mundo en paz y fraternal, lleno de palomita blancas, se consigue en cuatro días, con buena voluntad. Parece facilísimo identificar a los malos de hoy y a los de ayer, sobretodo desde el sofá de casa. Los muertos son cómodos, incluso se les homenajea cuando no mueren en combate, sino por azar, como a esas pobres víctimas de un accidente de tren ocasionado por la negligencia social y la dejadez generalizada.

domingo, 6 de julio de 2014

CAPERUCITAS ROJAS Y AZULES, LOBOS Y CUENTOS DE MIEDO




Los cuentos infantiles, en sus versiones más antiguas, suelen ser crueles e inquietantes. La modernidad pedagògica ha suavizado finales y violencias y sobre el tema ha habido siempre debates diversos sobre cómo había que recuperar aquellas historias ancestrales.

Uno de los cuentos más conocidos e inquietantes es el de Caperucita. Sobre su simbología sexual se ha escrito mucho. Se ha relacionado el color rojo con la menstruación ya que, en general, las ilustraciones antiguas nos muestran una protagonista algo crecidita. Sobre el lobo, la simbología resulta tan evidente que dar explicaciones sería absurdo. 

En algunas versiones tanto la abuela como la nieta acaban devoradas por el hambriento animal. En otras más amables siempre llega a tiempo un cazador oportuno. Hoy la caza está algo mal vista y los lobos son una especie casi en extinción, recuperada e incluso reivindicada. También se ha bromeado sobre el cuento del derecho y del revés, es uno de los más hilarantes del librito de Finn Garner, que ya tiene algunos años pero no ha perdido actualidad.
Cuando yo iba a la escuela -de monjas- vi la representación de una versión que se llamaba Caperuza azul. Yo era muy pequeña y no acabé de entender la historia, que era incluso un poco musical. La protagonista cantaba de vez en cuando y algunas características recordaban El mago de Oz. La vi representar en otra ocasión en el colegio de una vecina, también de monjas, pero de otra orden, cosa que me induce a pensar que debía ser bastante popular entre el repertorio habitual de los teatros escolares.


Creo que acababa mal. Caperuza Azul se encontraba por el camino con un extraño loco que cantaba algo así como: en un alto cocotero hizo un nido un colibrí y un cuquito sandunguero cierto día fue por allí. He buscado referencias por internet pero he encontrado poca cosa, a no ser que se trate de una obrita escrita para el famoso teatro de Seix Barral por Antonio Zozaya, un personaje muy interesante y poco recordado.
Si es así la versión sería de antes de la guerra y nada tendría que ver la reconversión de la Caperucita Roja en Azul a causa de la represión efectuada contra la palabrita en mis años infantiles. Algunas versiones incluso se reconvirtieron en Caperucita Encarnada. Eso de llamar roja a una protagonista de cuento, aunque al final fuese castigada por sus imprudencias, estaba pero que muy mal.

Quizás alguien pase por aquí y recuerde también aquella obrita. Creo que la canción del loco, la única que recuerdo de toda la obra, seguía así: colibrí tomando un coco al cuquito se lo dió, más el dijo, no estoy loco, a mi cuco el coco no. Y creo que la protagonista le cantaba al loco algo parecido a esto: valiente cuquería la que acabas de contar...

Sobre Caperucita y sus imprudencias recuerdo además una especie de canción de corro que no he llegado a saber nunca de dónde salió. La cantábamos a coro, en el patio a la hora del recreo, una hacía de Caperucita y cuando le tocaba el solo se arrodillaba y entonces salía el hada de los  bosques. Estos papeles protagonistas eran muy reñidos, todas queríamos ser actrices principales y no del montón. De lobo no quería hacer casi nadie, ni siquiera tenía frase y debía hacer cara de malo y agarrar a la chica sin muchos miramientos. 

Coro:

Caperucita se ha ido
sin que su madre lo sepa,
y en el bosque se ha dormido.
Oh, qué horror

Un lobo temible y fiero
vestido de caballero
se apoderó de la niña
Oh, que horror

Caperucita, de rodillas, rezando y casi asesinada por el lobo:

Hada de los bosques sálvame
y con mi mamita llévame...

El hada, apartando al lobo con contundencia

Caperucita no te vuelvas a escapar
sin el permiso de mamá,
que hay terribles fieras
que parecen caballeros de verdad.

Desde que soy abuela me vienen a la memoria cosas de mi infancia, debe ser la edad. La verdad es que mandar a la niña al bosque con el tarrito de miel y el pastel, solita, sí que me pareció siempre una imprudencia maternal considerable.

Cuando te contaban este cuento te ibas poniendo nerviosa, sobre todo en el momento en qué Caperucita empieza a preguntar al lobo travestido por qué tiene las orejas grandes, los ojos grandes, etcétera. Saber el final no reducía la tensión. Un cuento que aún me daba más miedo era el de la Marieta, que tiene muchas versiones y, en resumen, trata de una niña que en lugar de comprar hígado para la cena se compra chucherías o una muñeca y para que no la riñan saca el hígado de un muerto del cementerio. Por la noche se le presenta el fantasma del finado y va repitiendo: Marieta, ja pujo l'escaleta... Al final acaba que el zombie agarra a la niña y se da un buen susto al público infantil. Es un cuento horrible y tétrico, que cuenta con muchas versiones. En castellano hay una versión que se llama el cuento de la María-dura, y así rima con asadura, que es lo que la niña ha quitado al difunto.

De pequeña te gusta experimentar miedo, incluso de mayor, sinó no se explicaría el éxito de la novela negra, de la prensa morbosa o de cierto cine de terror. Sin embargo el miedo debe dosificarse con cuidado ya que no todos lo asimilamos de la misma manera. Todavía es un misterio para mi ese gusto por lo horrible, la verdad, aunque he leído bastante sobre esas cosas, desde un punto de vista psicológico, pedagógico y todo eso. Ninguna explicación me acaba de convencer.


martes, 27 de mayo de 2014

EVOCACIONES LITERARIAS: FAREWELL, PABLO NERUDA, LA GIOCONDA Y MI PROFESORA DE LITERATURA






No sé por qué me ha venido estos días a la cabeza con cierta insistencia este poema de Neruda, de hecho algunos fragmentos que recordaba. Lo he completado gracias a internet. Dicen que el tiempo y la memoria son buenos críticos, si es así debe ser un buen poema, es muy bello sin duda aunque el argumento no lo sea tanto.

Debía tener yo unos diecisiete años e iba a las clases nocturnas del instituto para hacer aquello que se llamó el bachillerato superior. En Barcelona sólo había uno para chicas (entonces los sexos estaban separados hasta llegar a la universidad, por si acaso) y para más desgracia estaba en obras. El Instituto Maragall se había trasladado, por este motivo, a la calle San Quitín, un poco lejos de casa y del trabajo. Para llegar más o menos puntual debía salir de la oficina un cuarto de hora antes, cuarto de hora que me descontaban de un sueldo que hoy sería bastante menos que el salario mínimo. La hora se marcaba en unas fichas perforadas, al salir y al entrar.

Tenía un largo trayecto de autobús para ir y todavía más para regresar a mi casa, dónde llegaba a menudo pasadas las once de la noche y sin cenar. Sin embargo había ilusión en el ambiente, a pesar del franquismo y a pesar de todo. Tuve en el instituto una profesora de literatura algo soporífera, se veía antigua y mayor, pero debía ser bastante más joven que yo en la actualidad. Le habíamos puesto un mote, como a todas y todos, la llamábamos la Gioconda en bruto, llevaba el pelo un poco largo y su postura era como la de la dama de Leonardo, se movía muy poco.

A veces tenia rasgos geniales y parecía salir del sopor ambiental para elevar su sabiduría hacia espacios desconocidos. En uno de esos momentos brillantes nos habló de Neruda, de Cernuda, de muchos otros. Yo, entonces, más allá de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Machado sabía poca cosa de aquellos autores. El libro de texto hacía filigranas para no entrar a fondo en el destino de los muertos, de los exiliados, sin embargo era evidente que la flor y nada de la intelectualidad de antes de la guerra estaba muerta o perdida por el mundo.

Recuerdo que la profesora nos leyó este poema, muy bien, por cierto. Nos dijo que era un canto al amor libre. Bueno, sí, pero siempre que lo he vuelto a leer me ha parecido un poema al amor libre de los hombres, de ese hombre que dice adiós a su amante de forma muy bonita y la deja con un niño pequeño en ciernes, sin concretar si se hará cargo, por lo menos, de su manutención o educación.

En aquellos tiempos corría un chiste sobre el tema del divorcio, inexistente, ilegal i pecaminoso. Decían que en España no existía el divorcio pero sí el ahí te quedas. En realidad este poema de Neruda podría titularse con cierta ironía ahí te quedas. Neruda, como tantos escritores buenos, se mitificó. En su vida hay muchas sombras, una parte de las cuales en lo que se refiere a sus relaciones con las mujeres. Las damas de antaño aguantaban muchas cosas a los hombres inteligentes, brillantes, seductores. Incluso algunas se suicidaron con ellos, como la secretaria de Zweig. La educación sentimental era así, condicionaba la vida de las mujeres a las de los varones, el amor femenino debía contar con una admiración casi servil por parte de la amada. Cuando miro hacia atrás me asusta ver tantas grandes damas a la sombra de sus hombres, Zenobia, Clementina, Anna Murià, las mujeres de Picasso, las de Víctor Hugo, las de un montón de admirados caballeros, se supone que progresistas y de ideas avanzadas. Primero siempre era el arte, la literatura, la política, el país, el partido, el trabajo, que no la familia o la pareja. Hay mujeres que eso lo han escrito y comentado como un mérito, incluso.

Todavía hoy es frecuente que muchos hombres brillantes vayan substituyendo a sus parejas por otras de más jóvenes y vistosas, todavía rinde mucho aquello de ser guapa, tonta y caliente, aunque todo ha cambiado y, al menos, se puede evitar sin mucho riesgo eso de traer al mundo un niño no deseado por su padre poeta.

Todo lo que he escrito no quita un ápice de belleza al poema, que conste. Una cosa es la poesía y la otra, la moral. O la ética. En todo caso es de aquellos poemas que llevo conmigo, lo quiera o no. Recuerdo que me pareció de lo más atrevido y que me quedé sorprendida al escucharlo en boca de una profesora que me parecía una antigualla y que quizás tenía sus pasiones ocultas y su pasado novelesco, de cuando no era una Gioconda decadente sinó una joven espléndida y enamorada, puede que incluso republicana. No recuerdo su nombre, estaba siempre tan quieta e inexpresiva que un día la dibujé con relativa facilidad mientras hablaba. No sé tampoco qué fue del dibujo. De eso hace ya cincuenta años, poco más o menos. Una eternidad.


F A R E W E L L
                        1
DESDE el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
                        2
YO NO lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
                        3
(AMO el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
                        4
AMO el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.)
                        5
YA NO se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

viernes, 23 de mayo de 2014

EUROPA, ¡CUÁNTAS TONTERÍAS SE DICEN EN TU NOMBRE!




Encabezo esta entrada con una frase muy poco original. Una dama francesa, Madame Roland, cuando iba a ser decapitada dijo algo así como: Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre. La frase hizo fortuna y se ha aplicado a cosas diversas y variadas. Es tan real que aterroriza y por eso se intenta maquillar el pasado e idealizar las revoluciones sangrientas y las injusticias de todo tipo, absurdas e inútiles, incluso aquellas que los libros de historia han ensalzado y reconvertido, que no han acabado, de milagro, con la especie humana.

Este domingo tenemos elecciones europeas. Acostumbra a ser ésta una convocatoria muy poco participativa. Se explica poco el funcionamiento real del tema europeo. Europa es a menudo el retiro cómodo para políticos jubilados, el aprendizaje para los monaguillos ambiciosos y poca cosa más. No quiero ser injusto, sé que hay gente, como en todas partes, que se toma en serio su tiempo europeo y hace lo que puede, que es poquito. No me gusta afirmar que todos los políticos son iguales, unos aprovechados y todo eso. En en el fondo no hay más políticos malos o mediocres que médicos o maestros malos o mediocres. Los políticos son nuestro reflejo, el espejo de nuestras miserias y de nuestras esperanzas, nos guste o no. Por eso se acuñó aquello, terriblemente injusto, de qué cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Eso sirve para justificar injusticias perennes. Precisamente la frase se atribuye a un ilustre ilustrado hispánico hoy poco recordado, Jovellanos.

Europa, en la mitología, es esa doncella violada por Zeus en forma de toro, violada o seducida, según quién lo cuenta, como todo, vaya. Incluso en la iconografía parece complacerse doña Europa en acariciar los cuernos de su torito-dios, nadie le hace ascos a todo un dios, claro. En el fondo esa doncella hace lo que hacemos la mayoría, ser posibilista y adaptarse a su situación sacando el pequeño provecho que le ofrece quién manda de verdad, Zeus. Incluso accederá a cierto poder a través de un matrimonio de conveniencia porque Zeus seduce a muchas pero sólo se casa con una. 

Estos días los políticos nos venden mucho humo, Europa es eso o eso otro según quién nos lo cuenta. En Catalunya las cosas se complican mucho, hay que votar en clave porque así se leerán los resultados. Los candidatos que nos presentan los partidos para las gestas europeas no suelen ser nada del otro mundo, incluso a veces son absolutos desconocidos para la gente, como ha pasado con ese monaguillo del PSC, a quién, como decía mi madre, en su casa le hacen sopas. Por lo menos por estas tierras hay algo más de variación que en Sepharad, dónde el bipartidismo tiene pocas posibilidades de creatividad parlamentaria. Los debates sobre el tema son aburridos, pactados de antemano, poco incisivos, se dice lo que la gente quiere oir, a un lado, al otro y en el medio. Eso sí, se ha extendido la moda mediática de mantener a los candidatos de pie, no sé si esperando que el cansancio contribuya a hacerlos ir deprisita, porque ya se sabe que en teles y radios el tiempo es oro y la conversación seria y distendida, sin prisas, ya es una vulgaridad ancestral.

Encima, si no vas a votar te sientes culpable, todavía más en esos encuentros que motivan poco al personal. Europa tenía que ser una unidad política de categoría, un contrapeso al Tio Sam, una tierra de pueblos diversos y fraternidad elaborada cuidadosamente por encima de las tragedias antiguas, sin potencias fanfarronas ni patriotismos estatales recurrentes. Pero se ha convertido en un gran supermercado con ofertas puntuales pero con precios en alza para la gente corriente. Y aún así, mirando como está el mundo, estamos en un lugar privilegiado. Acabaré con la frase de un chiste antiguo que también hizo fortuna: Virgencita, que me quede como estoy. Y si viene Zeus en forma de toro feo que se conforme con un polvo rápido y me deje tranquila.


sábado, 3 de mayo de 2014

LA FILOLOGÍA ES PECADO


Parece que se encuentra en peligro de cierre el grado de Filología Románica de la UB. Las protestas no se si conseguirán prolongar la agonía, creo que tienen cierto paralelismo con las que se producen cuando cierra un establecimiento céntrico, bonito y antiguo, sobre todo una librería. No corren buenos tiempos para los estudios que se llamaron clásicos pero el tema no es de hoy, ya en mi juventud, cada vez más lejana, se criticaba la obligación de estudiar lenguas que se llamaron muertas. En aquel entonces se empezaba muy pronto con el latín además de ser la lengua oficial del estamento eclesiástico, cosa que también lo ha perjudicado en épocas de poca afición a la cultura católica. Suprimir las misas en latín fue vivido como un logro de la modernidad. Hoy va poca gente a misa y ya da lo mismo todo. Las procesiones estuvieron a punto de morir también pero han resucitado con éxito ya que eso de disfrazarse y desfilar, por el motivo que sea, resulta muy del gusto de los humanos y de las humanas.


Un profesor de matemáticas, cuando yo estudiaba aquello que se llamó bachillerato elemental y que a pesar de ser elemental hoy nos sorprende por su enjundia, ya nos dio la bronca un día que escuchó nuestra crítica al estudio de cosas inútiles como el latín. La razón de peso para suprimir estudios es que no hay demanda. No pasa sólo con la filología románica, en una visita a una escuela de formación profesional de cierto prestigio le comentaron a una persona conocida que seguramente dejarán de enseñar carpintería, Ikea ha hecho mucho daño al sector. La carpintería fue durante años un buen oficio, de cierto éxito popular en el ámbito del trabajo no ligado a estudios universitarios de altura. Mientras la universidad fue minoritaria se suponía que un carrerón daba trabajo. Pero es que aquellas minorías universitarias también tenían otra cosa a favor: los conocidos y las relaciones. Y el anónimo estudiante de hoy a menudo tiene trabajo para vender su producto si no cuenta con algún enchufillo. Por eso los del coaching ese insisten en el tema de cultivar relaciones y saber venderte a ti mismo, expresión horrible si no fuese que ya tragamos con todo si nos llega con sello de posmodernidad fashion.


El problema es que nos hemos creído más ricos de lo que somos y hemos hecho crecer a nuestros hijos, nietos y sobrinos en medio de un espejismo: hay que estudiar aquello que gusta, los estudios dan dinero y porvenir y categoría social. Nada de esto es verdad de forma absoluta, mucha gente ha de trabajar en lo que se encuentra y parece que eso genera frustración aunque no siempre es así y conozco gente joven que gana poco, trabaja en lo que puede, vive de forma modesta y es bastante feliz, la verdad. Las frustraciones a veces llegan más bien del contacto con el mundo real, cuando el etéreo estudiante de medicina se encuentra en un hospital mal gestionado, mal organizado, con prebendas diversas que no entiende. O cuando la maestra tropieza con la burocracia abusiva, la imposibilidad de escapar de un currículum con muchas tonterías o del exceso de fiestas populares que la obligan a disfrazarse de gallina en carnaval. Y pongo los ejemplo médicos y magisteriles porque por la radio escuché hace poco a alguien que filosofaba sobre el tema y los ponía también como ejemplo, tantos años de estudio para ganar novecientos euros, mil quinientos con las guardias y todo eso, en el caso de los médicos. El de los maestros es distinto porque se había ganado poquísimo hasta hace cuatro días y en la actualidad la cosa no está mal aunque todo el mundo se queja siempre de todo. Hemos de aprender mucho de los inmigrantes que nos han llegado de todas partes, les he oído a menudo ironizar sobre eso de nuestras crisis, no me extraña, vienen de lugares en crisis permanente y sin ningún tipo de posibilidades y por eso se agarran a lo que encuentran con alegría y esperanza.



La carrera o el oficio que se escoge -si se puede escoger, nuestros padres y abuelos, en su gran mayoría, no escogían anda- es una flecha lanzada al azar, como todo en la vida. La felicidad es una abstracción ligada a muchos factores. Pero en un mundo en el cual parecía que todo iba a mejor y ese todo se refería, más que nada, a tener más dinero y mejores casas y poder viajar (el viaje se ha convertido en un objeto de consumo muy curioso) no es extraño que ciertos valores que podría llamar espirituales si eso del espíritu no fuese también tan polivalente se encuentren en recesión. 

Celaya escribió que hacia falta poesía para el pueblo. Quizás también haga falta filología románica para el pueblo y que los saberes bajen hasta el centro cultural del barrio para que se los tenga en cuenta. Somos contradictorios, ensalzamos la culturilla pero admiramos a aquel que se ha enriquecido jugando, por ejemplo, a fútbol, o haciendo mala televisión de masas o trapicheos legales. Así es el mundo. Como cuando se cierra una tienda en la cual hace años que no entrábamos a comprar nada seguramente se verterán lágrimas de cocodrilo por la filología, tan necesaria hoy para entender un poco de dónde venimos y qué es o no es eso que llaman una lengua, un idioma, cosa que reconvertimos de medio de relación en bandera divisoria  o en señal de profunda identidad, cuando al fin y al cabo los romanos acabaron por la fuerza o por la persuasión con los substratos de identidad comunicativa de nuestros antepasados remotos. Se unifica y luego se vuelve a dividir, de la misma manera que de lo clásico se pasa a lo barroco, así es el mundo. 

sábado, 12 de abril de 2014

EL CLUB DE LOS POETAS RICOS Y EL MUNDO REAL




Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.


(Conversación, fragmento)


Ayer volví a ver por televisión el programa de la serie Imprescindibles dedicado a Gil de Biedma. La televisión ha sido siempre muy criticada de forma global cuando la realidad muestra una gran diversidad entre la cual se pueden encontrar, incluso hoy, cosas excelentes. Además las nuevas tecnologías nos permiten mirar esos buenos programas por internet, cuando nos parece y nos es posible. El libro y la lectura convencional, en cambio, están todavía sacralizados, así, en general, un absurdo.

Gil de Biedma todavía dará mucho que hablar, me imagino que quedan un montón de cosas suyas por publicar. No soy una incondicional de su poesía y su mundo, ese mundo tan burgués, de una intelectualidad que vivía muy bien mientras en mi casa y en muchas otras se pasaban grandes estrecheces, me produce bastante repelús y lo veo tan lejos de mi como si fuese extraterrestre. También me molesta la mitificación de los personajes en base a su vida íntima, a su final trágico y prematuro. Un poco como la tuberculosis en el siglo XIX el SIDA y las drogas han contribuído a hacer de muchos personajes una especie de héroes a causa de sus muertes poco convencionales, después de una vida consumida de forma rápida y brillante. Gil de Biedma tampoco murió tan joven, aunque hoy sesenta años parecen la flor de la vida. Si muchos mitos hubiesen llegado a viejecitos no habrían producido tanto merchandising, como es el caso de James Dean o de Marilyn Monroe. 

Además de famosos e intelectuales murieron en aquellos primeros años del SIDA muchos chicos humildes, amantes ocasionales de gente conocida, chaperos lumpen, pequeños delincuentes adictos a la droga, olvidados hoy, que no eran poetas ni actores ni cantantes de rock. Durante un tiempo la Rambla de Catalunya de Barcelona ofrecía unas nocturnidades llenas de adolescentes que parecían -quizás lo eran- salidos de los barrios retratados en las películas de De la Loma, buscando trabajo sexual. Bueno, hoy también la noche urbana está llena de chicas y chicos muy jóvenes y pobres, de todo el mundo, todo se ha globalizado.

La homosexualidad, el tema del sexo en general, se ha normalizado bastante, considerando de donde venimos, claro, de la represión más rancia y absurda alrededor de ese tema. Sin embargo... He comentado en un blog literario en catalán el último libro de John Irving, titulado en castellano Personas como yo. El protagonista es una persona bisexual, que se relaciona con gente muy variada, un intelectual, un escritor que evoca la época de la epidemia de muertes por SIDA, descritas con gran crudeza y detalle en muchos casos. El libro está lleno de referencias literarias, entre las cuales las de personajes de Shakespeare, como Ariel y Calibán, mitos que también utilizó Gil de Biedma en algunos poemas. Si el autor no fuese tan anglosajón -aunque el protagonista acabe paseando por Madrid buscando a su padre- hubiese podido incluir el personaje del poeta en esa larga historia sobre identidades múltiples.

Ayer, mirando el programa sobre Gil de Biedma, me sorprendió ver desfilar entre los testimonios tanta gente que ya está muerta: Castellet, Ana María Moix... Todo un mundo brillante, de una intelectualidad bastante elitista, de esa izquierda divina y discotequera que pobló unos años en los cuales todo era minoritario y que va desapareciendo con la masificación de la cultura y los cambios sociales. A la universidad iban cuatro gatos y Gil de Biedma ya era de los ricos entre los ricos, en aquel lugar. En la enciclopedia virtual lo etiquetan, en la versión catalana, como poeta catalán en castellano y en la castellana, como poeta español. Que mal llevamos y hemos llevado eso de la identidad y la lengua y la catalanidad no ortodoxa, aquí y allá. Todo tiene tendencia a etiquetarse y clasificarse, como el sexo. Creo que se acepta más una homosexualidad confesada y militante que una bisexualidad errática y diversa, de la misma manera que no se quiere entender que alguien se exprese por escrito y hablando, en dos o más lenguas, de forma distendida, normalizada y correcta. Hay que ser disglósico a la fuerza para hacer eso. El mundo del sexo todavía anda lleno de tópicos y medias verdades y me temo que así será siempre porque pertenece a lo más íntimo de las personas, a esa intimidad que a veces nos asusta por sus zonas oscuras.

No puedo evitar sonreir cuando lo clasifican como marxista o de izquierdas. A él y a tantos otros. Muchos problemas de la historia reciente han  derivado del hecho de que los líderes de izquierdas provenían de la burguesía o de clases  privilegiadas y en el mismo partido la convivencia entre el obrero real y el señorito con mala conciencia no acabó de funcionar. Algunos políticos de izquierda no habían trabajado nunca (aún quedan algunos), lo que se dice trabajar de forma vulgar, ocho, diez horas al día, un jornal necesario para la subsistencia, convencional y que poco tiempo deja para la poesía. Incluso los que provenían de las clases humildes se desclasaban para mejorar. Maruja Torres manifestaba hace un tiempo que ahora era una señora de l'Eixample, y lo decía con orgullo y no con la nostalgia de haber perdido los orígenes. La conocida rivalidad entre Sartre y Camus estuvo presidida por el orgullo de Camus de haber sido pobre, sin embargo ya no lo era, aunque tenía más razones y conocimientos que Sartre para hablar sobre los obreros y la gente con necesidades evidentes. Juan Marsé, que fue uno de los humildes en contacto con todos esos personajes, retrató todo ese mundo barcelonés polarizado entre unos pocos ricachos y muchos pobres en sus libros, el mejor, para mi gusto personal, Últimas tardes con Teresa. Marsé es un gran ejemplo de los problemas culturales encorsetados entre lo catalán y lo castellano -o español-. Hoy se arreglaría pronto de forma drástica, el libro se publicaría de forma simultánea en las dos lenguas y todos tan contentos, el caso es vender. Y eso, claro, si el autor lo permitía, que en el caso de Marsé me temo que no sería así.

Incluso algún familiar de Gil de Biedma tenía que admitir, en ese reportaje, que por más marxista e izquierdoso que se declarara era un gran burgués y vivía como un burgués más allá de sus escapadas frecuentes por ese mundo sombrío, desdichado y miserable que también fascinó tanto a Pasolini. Eso no quita mérito a sus poemas, claro. Creo que es conocido, más que nada, por ese de No volveré a ser joven, repetido hasta la saciedad por un montón de gente, cantado por muchos, entre los cuales Miguel Poveda, excelente versión. Pasa un poco con todos los poetas, tienen algunos textos que se convierten en recurrentes y emblemáticos hasta cansar. Ocurrió con Espriu y aquello de estar cansado de la tierra propia y querer alejarse hacia el norte o mantenerse fiel al servicio del pueblo y todo eso. 

El mismo Gil de Biedma consideraba que era éste su mejor poema. Yo misma conocí su obra a causa de ese poema porque en una ocasión, en una entrevista en una revista de hace años -creo que era Triunfo- destinada a demostrar que Alfonso Guerra era el gran intelectual del PSOE, éste recitaba o mencionaba el texto en cuestión. Es el peligro de la poesía, sirve para todo y a los políticos les gusta citar esas cosas para quedar bien, a veces no las citan bien porque la memoria es traidora, o las sacan de contexto. Los políticos de antes, como el mismo Fraga, tenían más memoria y más recurso literarios, què hi farem. 

Sobre Gil de Biedma se rodó una película hace pocos años, bastante mediocre, El cónsul de Sodoma, que pareció que iba a levantar una gran polvareda, empezando por el provocador título y pasó sin pena ni gloria. Que Esperanza Aguirre sea sobrina o algo así del poeta es interesante. Muchas veces las relaciones familiares producen grandes sorpresas respecto a héroes y mitos. Todavía hay clases, como se dice vulgarmente. Recuerdo como en una charla sobre un libro que evocava, de forma muy libre, la figura de Christa Leem, a quién se quiso convertir en una especie de musa de cierta intelectualidad privilegiada, surgió eso de las clases. Como cantaba Serrat en Fiesta, después de la juerga vuelve el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza, con pocas excepciones con suerte, como la del mismo Serrat. Aunque envejecer y morir sean las bases del argumento general, los contextos son muy diversos.  El rico vuelve siempre a su riqueza pero el pobre enriquecido no suele volver a su pobreza más que de visita puntual y a veces ni eso. Así es la vida. Y todo eso de la riqueza y la pobreza también se ha relativizado y siempre depende de con quién nos comparemos.


domingo, 16 de marzo de 2014

HISTORIA ESTÚPIDA DE LA LITERATURA O EL HUMOR QUE NUNCA MUERE








Enrique Jardiel Poncela.JPG

He tenido una agradable e inesperada sorpresa al recibir, por email, el regalo de este libro desacomplejado sobre literatura, con una amable referencia a las ocasiones en las cuales, en mis blogs, he hecho referencia a Jardiel Poncela. El autor de esa historia literaria, mucho menos estúpida de lo que el explícito título pueda hacer pensar, es un nieto del escritor, del cual hasta ahora desconocía la existencia y la trayectoria. Enrique Gallud Jardiel es doctor en Filosofía y Letras y eso que podríamos llamar un erudito si esa palabra no despertase en nuestro tiempo extrañas reticencias. Tiene una buena presencia en internet, con una página propia y un blog que se llama Humoradas y que a partir de ahora será objeto de mi interés internáutico.

Jardiel Poncela era casi un mito familiar, mi madre lo citaba en muchas ocasiones y al hacerse socia hace ya muchos años, del Círculo de Lectores, me compró un ejemplar inolvidable, el Libro del Convaleciente, del cual todavía me vienen a la memoria fragmentos que me hacen reir sola de vez en cuando. Claro que uno puede ser muy brillante y tener nietos sosos pero no es en absoluto el caso. Aunque algunos pasajes me han hecho recordar a su ilustre abuelo, el humor de Enrique Gallud Poncela tiene originalidad propia y nos ofrece en esta especie de manual literario un paseo por la cultura desde un punto de vista irónico, con ese humor inteligente y amable que en nuestro tiempos presente echo en falta a menudo, tanto en castellano como en catalán, ya que en mi lengua habíamos tenido grandes personajes con su lado humorístico siempre a flor de piel, como en el caso de Rusiñol o Pitarra o de los autores menos conocidos de la Editorial Millà con cosas como aquella perla del lloro, el moro i el mico i el senyor de Puerto Rico.

Hoy la gente, en general, se lo toma todo demasiado en serio y cuando se hace humor suele ser un humor barato y de poca monta, facilón, como por ejemplo reirse de los políticos de forma poco sutil, directa y llegando fácilmente a la astracanada. Claro que el humor es muy personal y a veces hay gente que me dice que le hacen gracia cosas de la tele que a mi no me hacen ninguna. El humor ha de ser breve y la televisión quema a los humoristas por un exceso de repetición de fórmulas, pasaba ayer y pasa hoy. Ya mi abuelito decía a menudo que era más fácil hacer llorar en el teatro que hacer reir. Un chiste repetido o mal explicado tiene poca gracia. El chiste debe tener algo de suspense, claro. Y las cosas aparentemente más serias tienen siempre un lado cómico tal y como podemos constatar en este libro.

Enrique Gallud Poncela se pasea de forma brillante a la vez que humorística por la literatura clásica y moderna porque la conoce muy a fondo y eso se nota. También ironiza sobre zarzuelas, canciones melódicas, villancicos y todo aquello que tenga un texto analizable, o sea, entra a fondo en la cultura seria pero también en la cultura popular y en nuestro imaginario sentimental. Bromea, por ejemplo, con eso de la poesía japonesa, ya que parece que la moda del haiku ha llegado a los rincones más ignotos de la poética elitista. También se ríe -o sonríe- de la poesía moderna, esa que consigue textos etéreos combinando palabras diversas, de la misma manera que se confeccionaban discursos políticos con una especie de fórmula divertida que corría por internet y que consistía en estructurar un rollazo con apariencia de cosa seria a base de relacionar palabras al azar.

No sé si a todo el mundo le divertirá este libro como me ha divertido a mi, yo creo que sí, es una opinión subjetiva y personal. En muchos de los textos que se incluyen en el libro hay  una perceptible crítica hacia el elitismo académico, la fanfarronería verbal o la intelectualidad que se alimenta de verborrea vacía, algo que también sucede en el campo de las artes plásticas, la gastronomía, la moda o lo que sea. Me ha recordado incluso programas de radio humorísticos de otros tiempos, en concreto uno en el que se juzgaba la letra de alguna canción de moda. Hoy sería más complicado ya que se canta mucho en inglés, claro. También he encontrado en el libro ecos de aquella gran revista inclasificable que fue La Codorniz y de unos tiempos en los cuales se trampeaba la censura con un humor surrealista però al alcance de todos los españoles. Hoy no hay censura en apariencia pero la corrección política y la trascendencia abusiva también cuentan, por eso es tan necesario recuperar el humor, el buen humor. No se lo pierdan. 

WEB del LIBRO
http://historiaestupidadelaliteratura.blogspot.com.es/