sábado, 22 de noviembre de 2014

LA MEJOR LOTERÍA ES EL TRABAJO (SI LO HAY) Y LA ECONOMÍA (SI SE PUEDE ECONOMIZAR)



Este año el anuncio de la lotería de Navidad pretende ser emotivo, realista y casi solidario, cosa difícil dadas las circunstancias. Al menos, comparado con el del año pasado, habrá dado trabajo y algún dinerillo a actores anónimos o poco conocidos, no como el de 2013, ya es algo. La lotería es un gran engaño, una gran profesora de matemáticas que tuve en magisterio, María Rubiés, explicava que si la gente supiese matemáticas y las pocas probabilidades de ganar algo en esas cosas no participaría en ese gran engaño. Rubiés muy religiosa, militó siempre en CIU pero protestó de diversas cosas de forma pública, una de ellas aquello del rasca-rasca catalán, cosa que hizo que la condenaran casi al ostracismo. En viquipèdia, claro, nada se cuenta de todo aquello, pero el semanario El Temps publicó de forma póstuma una entrevista muy explícita sobre los problemas que tuvo con el partido. Claro que las cosas póstumas no tienen mucho peso, se obvian y se olvidan y todo pasa.

Sin embargo dudo del hecho que saber matemáticas nos evite caer en trampas de este tipo. En general deseamos vivir con ilusiones y espejismos y como dice mucha gente, a alguien le toca. Escuché al escritor Pere Calders, en una ocasión, hablando sobre la muerte y la posibilidad de escapar de ella, posibilidad imposible, valga la redundancia: si veiessis que al menys se n'ha escapat un... Pero de morirse no se ha escapado nadie, que se sepa y la lotería si que toca a alguien, aunque sea a poquitos. Y los medios de comunicación magnifican a los vencedores en lo que sea, futbol, motos o lotería, para fomentar la emulación.

El anuncio de este año es emotivo y sensiblero, muy bien hecho y muy bien interpretado, y por ello mucho más peligroso que otros anteriores. De historias de la lotería conozco más bien de malas que de buenas, hace muchos años tocó bastante dinero en un pueblecito catalán y todos sus vecinos acabaron peleados. Un repugnante infanticidio que sucedió en Granollers tuvo su detonante en el tema de la lotería. Mi abuelo no se hablaba con alguien del trabajo por no sé qué motivo relacionado con una lotería que no le vendió. Ha habido muchos casos en que alguien se ha largado con la lotería premiada, que pertenecía a un colectivo, y no lo han visto más. La mayoría de veces no toca nada o muy poco y por ello todo sigue igual el día después, el de la salud, como dice un comentario popular.

En mi casa, como en otras casas trabajadoras humildes se decía aquello de qué la mejor lotería son el trabajo y la economía. Pero hoy ni siquiera hay trabajo y por lo tanto no puede haber economía. Sin embargo, gastar un dinerillo en lotería, por si acaso, tampoco parece prudente. Yo compro algo de lotería estos días, de asociaciones diversas, sé que hacen un poco de calaix gracias a la lotería navideña, aunque sea ese un método que se prestaría a muchas valoraciones. Hay personas que te comentan que un buen puñado de dinerito te cambiaría la vida pero es que yo ya no quiero que me la cambien, la verdad.

Hace unos días por la tele catalana oficial se comentaba el repunte ocupacional de estos días y salían unas cuantas personas de edades diversas, hombres y mujeres, haciendo patéticos paquetitos y poniendo lacitos a regalos y lotes navideños. Estaban contentos con el empleo que, a tot estirar, les iba a durar un par de meses. Era como si les hubiese tocado la lotería. La lotería de la pedrea, claro. No sé qué les debían pagar, me temo que poco. ¡A lo qué hemos llegado! No sé dónde están los sindicatos ni si existen todavía y cómo se permiten esos contratos que duran días, semanitas, algun mes. Me siento como una ganadora de la lotería cuando cada mes me ingresan mi paguita de jubilada, de forma puntual y que sin ser gran cosa me permite eso tan de moda en la educación papanatas, compartir. 

Ayer, en Barcelona, encendieron las luces navideñas, más de un mes antes de Navidad, para hacerlas coincidir con una movida que se llama The Shopping Night, destinada a que te pasees por el Paseo de Gracia por la noche y compres y compres. El Portal de l'Angel se ha convertido ya en una zona carísima de la ciudad, de las antiguas tiendas de hace algunos años no queda casi nada, el recuerdo. Todo son marcas, ropa y tonterías. Las librerías resistentes se han tenido que ir a otras zonas. Me temo que el puerto de pescadores de la Barceloneta va a durar poco con la movida de barcos de lujo que se van a instalar por allí. En fin, es todo tan surrealista en ese primer cuarto de siglo que sólo deseo quedarme cómo estoy y disfrutar de la salud mientras dure pues es éste un bien efímero y temporal, como todo. Lo peor es que el masoquismo popular inocente inundará la shopping night esa de la misma manera que, en otro orden de cosas y salvando las distancias, en Sevilla más de ochenta mil personas han ido a despedir con emoción evidente a una señora latifundista y multimillonaria que no creo que haya dejado su fortuna a los pobres, precisamente.
¿Podrán hacer algo los grupos políticos alternativos que emergen, vigilados y criticados por todas partes? Bueno, esperanza que no falte. Ya tiene su mérito que personas jóvenes y diferentes quieran dedicarse a algo tan peligroso y corruptor como la política. Las luces de Navidad, a ese paso, las van a encender a finales de agosto, así podremos consumir con más tiempo, domingos y fiestas de guardar incluídas. Al menos, supongo, todo eso dará trabajo temporal e inestable a dependientes y dependientas mal pagados, me imagino, pero algo es algo dijo un calvo. En Catalunya, además, tenemos una lotería nostrada, para hacer patria y que la ganancia quede en casa, La Grossa, anunciada por un monigote feísimo e inquietante diseñado por el peor enemigo del invento, me temo. Media humanidad, me dijo alguien, vende para que la otra mitad compre. Y lo peor es que si no compramos nada todo ira todavía peor, o así lo cuentan los expertos.



miércoles, 29 de octubre de 2014

MEDITACIONES FUNERARIAS POSTMODERNAS




El sueño del caballero, Antonio de Pereda.




Ruta turística por el cementerio de Poble Nou, con apariciones incluídas. Fotografia de Anthony Coyle, publicada en El Periódico.




(...)


Y eran los difuntos harina de otro costal. 
Nos daban la tumba fría, con fosas de corral. 
Aquellos fuegos fatuos mostraban con su luz 
que tu pobres restos aún gozaban de salud. 
Ahora te incinerán y te acabas de una vez. 
¿Quién guarda tu urna toda su viudez?
Varios amigos míos se quieren disecar. 
Nada de cenizas dispersas por el mar. 
Eso no lo he probado, pero estoy de su lado. 
Me imagino que 
más de uno se fue 


Viento negroluna blanca,
Noche de Todos los Santos.
Frío. Las campanas todas
de la tierra están doblando.
El cielo, duro. Y su fondo
da un azul iluminado
de abajo, al romanticismo
de los secos campanarios.
Faroles, flores, coronas
—¡campanas que están doblando!—
...Viento largo, luna grande,
noche de Todos los Santos.
...Yo voy muerto por la luz
agria de las calles; llamo
con todo el cuerpo a la vida;
quiero que me quieran; hablo
a todos los que me han hecho
mudo, y hablo sollozando,
roja de amor esta sangre
desdeñosa de mis labios.
¡Y quiero ser otro, y quiero
tener corazón, y brazos
infinitos, y sonrisas
inmensas, para los llantos
aquellos que dieron lágrimas
por mi culpa!
...Pero ¿acaso
puede hablar de sus rosales
un corazón sepulcrado?
—¡Corazón, estás bien muerto!
¡Mañana es tu aniversario!—
Sentimentalismo, frío.
La ciudad está doblando.
Luna blanca, viento negro.
Noche de Todos los Santos.

Juan Ramón Jiménez (Viento negro, luna blanca)

Se acerca el día de Difuntos, ya identificado con la fiesta de Todos los Santos. La muerte sigue siendo un drama irreversible a pesar de los muchos adelantos que han hecho que la esperanza de vida, incluso en países pobres, se haya dilatado. En la sociedad occidental hemos llegado a muy viejos, seremos tantos viejos y viejas vivos o medio vivos que ya se protesta del exceso, sin tantos viejos la crisis econòmica remitiría y el dinero podría dedicarse a capas de la población que todavía se encuentran en su esplendor vital. Incluso con eso del referéndum escocés se ha achacado a los votos de los viejos el resultado, he aquí que el voto, antaño sabio y responsable, de la gente mayor, hoy es un voto casposo que, según he leído esos días, ha condicionado la ilusión de la juventud. Una juventud que cada día accede más tarde al mundo laboral, a la independencia económica, por cierto. Los viejos, muchos de ellos al menos, tienen hoy, gracias a Dios o a lo que sea, su paguita, mejor o peor, y pueden paliar la situación de sus descendientes en caso de problemas diversos. Puede ser que por eso no han tocado demasiado, de momento, nuestras pensiones. La gente que hoy es de clase media, más bien baja, pero que fue de clase humilde y quizás pobre o marginal, vio como se iba de peor a mejor. Trabajó desde muy joven, algunos desde niños, como ocurre hoy todavía con la infancia de tantos países dónde vivir es un riesgo absoluto. Por cierto, hoy la palabra viejo es casi un insulto, somos mayores, de la tercera edad, séniors y unas cuantas chorradas más para no llamar a las cosas por su nombre.

Después de la vejez viene la muerte, eso si es que has llegado a viejo. La muerte asusta y todavía más lo que la envuelve, enfermedad, decadencia, sufrimiento. La mitología sobre la muerte ha contado con el recurso del humor negro, una defensa inocente. Parece ser que incluso con el tiempo la muerte se podra neutralizar, los que tengan dinero incluso pueden llegar a ser inmortales, yo ya no lo veré, claro. Una inmortalidad llena de medicamentos, operaciones de estética, tratamientos de todo tipo. Vanidad de vanidades. Resulta que ya no inspiran miedo, al menos por aquí, las divinidades justicieras y que queda poca fe en aquel cielo idílico a dónde ir si eras bueno y obediente. Los infiernos están en nuestro vecindario. Las calderas de Pedro Botero se utilizan para hacer cocina de categoría, para ganar estrellas Michelin. 

De la frivolización inevitable de la muerte ha surgido el negocio moderno. El negocio de la muerte ha existido siempre, la gente quería tumbas, entierros dignos, para ello incluso personas modestas se pagaban un seguro, los nombres de entidades como El ocaso remiten a sus orígenes. Cuanto más dinero, mejor entierro. Más curas, más misas, más caballos, mas acompañamiento. Quién no ha fantaseado en alguna ocasión con sus funerales, religiosos o laicos? La gente que puede y conoce su fin cercano a veces deja escrito lo que quiere, poemas bonitos, música evocadora. Todo se moderniza. Los cementerios también se han reconvertido, en esta fiesta de Difuntos de 2014 ofrecen música clásica, talleres para niños, altares mejicanos, rutas turísticas. Las rutas turísticas por cementerios tienen mucho éxito, incluso se hacen de noche. Ir de noche a un cementerio es un clásico de los cuentos de miedo. La incineración ha acabado con la visión horrible de los cuerpos descompuestos y ha relativizado aquellos miedos ancestrales a ser enterrado vivo, por ejemplo.

Las funerarias consiguen que los cadáveres ni lo parezcan. Los tanatorios son como hoteles de pago, están muy bien, evitan a la gente el desfile de  tantos parientes, conocidos y saludados por casa, la noche en vela rezando rosarios, el contraste entre la pena de unos y la juerga, incluso, de otros. Al menos en el tanatorio quién quiere hablar y reir con el conocido que hace tiempo no veía puede salir fuera de la sala de velatorio, ir al bar. Se ofrecen cosas surrealistas para recordar a los difuntos, diamantes hechos con resto de su pelo, envío de las cenizas a la estratosfera, cosas cada vez más sofisticadas para que ni tan sólo después de la muerte lleguemos a ser iguales del todo. No me parece toda esa parafernalia actual mejor ni peor que la de otras décadas, la verdad. A menudo nuestro tiempo parece peor que el anterior y a veces lo es pero, en general, y en lo que se refiere a mi experiencia personal e intransferible, hemos mejorado bastante en muchos aspectos.

De momento seguimos muriendo y si hemos llegado a viejos en un estado sostenible, aunque esa sostenibilidad siempre es temporal, podemos considerarnos privilegiados. El ser humano no suele estar nunca satisfecho con nada. Mi querido papá, en paz descanse, a veces lamentaba haberme traído al mundo, a esa España con tantos defectos estructurales y, según él, siempre atrasada. Hija mía, debías haber nacido en Suecia, en Dinamarca. Yo le objetaba que podía haber nacido en la Índia, en algún país de Àfrica, en el Yemen, dónde mi situación hubiese sido mucho peor y a eso no sabía ya que objetar. Siempre hay alguien que está peor y parece que eso consuela. Incluso en el mismo lugar dónde se nace, por casualidad y genética, todo depende de la familia a la cual vas a parar, del entorno, de la situación política y social del momento, situación que puede variar a mejor o a peor.

Estamos tan vivos cuando estamos vivos que nos creemos, a veces de forma casi inconsciente o subconsciente, inmortales. Cuando mueres, durante un tiempo, se te recuerda, te reconocen en las fotos, hablan de ti, pero también quiénes te recuerdan morirán y al final serás una sombra y será cómo si no hubieses vivido. Y sin embargo resulta muy difícil poder relativizar las cosas que nos preocupan y que no son realmente graves, contempladas en perspectiva. Hay que vivir, comenta un personaje de Buero Vallejo en aquellas inolvidable Historia de una escalera. Esa es la miseria, que hay que vivir, le responde otro. Poca gente quiere morir si no es que se sume en una depresión, depresión que puede tener muchas causas. Del suicidio se empieza a hablar un poco más, sin tanta tontería, pero todavía se habla de él de forma general, sin matices, como pasa con temas inquietantes como, por ejemplo, la prostitución. El suicido se condena y también se mitifica. Todavía el suicido voluntario, lúcido y asistido no es posible a nivel general en nuestro país. Una lástima. No es tan difícil entender que a veces se quiera morir, sobre todo cuando ya se ha hecho en esta vida lo que se tenía que hacer y se han perdido seres queridos, como fue el caso de personajes como Sandor Marai o Charles Boyer. Otra cosa son los suicidios de gente joven, claro. La religión y sus condicionantes ha contribuído a hacernos creer que no éramos dueños ni de nuestra propia vida, aún menos de nuestra propia muerte. 

Los suicidios inexplicables responden a motivos que a veces se nos escapan. Hace poco tiempo supe del suicidio de un joven de la edad de mis hijos, casado, también él con hijos, con unos padres y hermanos cariñosos que quisieron protegerlo, sin éxito, de una campaña de acoso laboral bastante bestia. Podía haber dejado aquel trabajo, reflexionar, buscar apoyo en sus amigos y parientes. Sin embargo no fue así y acabó con su vida de forma prematura. En esos casos es como si la persona hubiese muerto de una enfermedad, aunque sea una enfermedad mental, en el campo del cerebro todavía somos casi analfabetos. Se habla mucho de prevención, algo hay que hacer y hablando y tomando medidas que a menudo son poco efectivas, como en el caso de los maltratos, nos parece que hacemos algo. El ser humano intenta buscar como evitar el mal, el físico y el espiritual. Por eso se cree, de buena fe, que si haces una vida sana tendrás una larga vida y una buena muerte. Vanidad de vanidades. Somos frágiles y limitados, qué le vamos a hacer. Enviar nuestras cenizas a la estratosfera es un gasto inútil, vale más que el dinero se emplee en ayudar a los vivos aunque considerando que la muerte y todo lo que la acompaña genera muchos puestos de trabajo y un cierto negocio que, por cierto, siempre tiene materia prima, muriendo también ayudamos al sector. Todo es relativo.




viernes, 10 de octubre de 2014

CINE DE HOY INSPIRADO EN EL AYER


No hay que ir al cine con demasiadas expectativas, lo sé. Sin embargo había oído y leído tantas cosas favorables sobre La isla mínima que me sucedió algo que me ha sucedido ya en otras ocasiones, la película no me acabó de convencer y no me resultó tan redonda como me esperaba.

Sin embargo tiene méritos abundantes, buenos actores, paisajes devastados y poéticos a la vez, una evocación de esa miseria transicional que hoy parece no haber existido, cierta extraña poesía, la poesía del fracaso y de la sordidez. Cuesta pensar en qué todo aquello sucede en los ochenta y no en los cincuenta o en los sesenta. En aquellos años nos creíamos más ricos de lo que éramos, de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Es una historia más de atmósferas que de guión narrativo. La anécdota terrible daba para mucho más, incluso ese pasado turbio del policía queda algo diluido y si a eso le añadimos que el sonido no es del todo claro en muchos momentos llegamos a un final algo confuso. Hay muchos silencios, interesantes, pero que contribuyen a qué los personajes no acaben de resultarnos coherentes en algunos momentos. Si alguien conoció gente que trabajase en la policía en aquellos años también encontrará fallos diversos relacionados con la labor profesional de un cuerpo bastante castigado por todos lados pero, claro, con sus pecados ocultos en las recientes circunstancias del pasado político.
Me ha gustado más la película al recordarla que cuando la vi, hace tan poco. Es una buena señal. En una crítica que leí  muy positiva sobre La isla mínima se hacía una referencia a otra de hace unos años, La noche de los girasoles, en aquel caso fui al cine sin ninguna perspectiva y me impresionó mucho más que ésta, la verdad. Claro que son dos historias muy distintas y no admiten comparación. Las películas españolas suelen pasar a menudo por los cines casi de puntillas, pasó con La noche de los girasoles y con muchas más, dignas e interesantes, recuerdo a Sancho Gracia quejándose de eso cuando aún vivía, con toda la razón. Sancho Gracia tuvo una aparición breve y memorable, que no he olvidado, en La caja 507, otro título emblemático del cine negro hispánico.

A menudo se evoca la época de aquellos inolvidables Estudio 1 y de los grandes actores de teatro de aquella época. Los hemos valorado más en retrospectiva, la verdad. Hoy también hay actores magníficos, jóvenes y maduros, sin grandes oportunidades más allá de las series machaconas e inacabables de las televisiones del presente. Emilio Gutiérrez Caba evocaba hace poco, en una entrevista, las grandes series sobre obras literarias de categoría, Fortunata y Jacinta, Cañas y Barro y tantas otras e incluso aquel espacio antiguo en el cual se emitían por capítulos novelas clásicas, la más recordada ha sido El Conde de Montecristo pero la lista es impresionante. 

Todo cambia y evoluciona pero afortunadamente siempre hay quién se arriesga a pesar de todo. La isla mínima es una propuesta arriesgada y valiente. Aunque leí la crónica de un amigo en la cual se quejaba del poco público que compartió sala con él al ir a verla he de decir que cuando fui yo el cine estaba casi lleno y eso que se trataba del Aribau clásico, el grande, un cine de los de antes. Claro que era miércoles, el día del espectador, todo cuenta.




sábado, 26 de julio de 2014

POETAS EN GUERRA, SASSOON, OWEN I LAS PATRIAS FILICIDAS


Siegfried Sassoon by George Charles Beresford (1915).jpg

Siegfried Sassoon (1886-1967) es hoy casi más recordado por la influencia que ejerció en Wilfred Owen que por su propia obra. A veces me sorprende que personajes cuyo valor he conocido de mayor fuesen vivos todavía cuando yo era pequeña o joven. En 1967 murió Sassoon y yo tenía diecinueve años. Reconozco mi ignorancia sobre uno y otro hasta hace pocos años. El otro día un programa de televisión, uno de esos matutinos, de la UNED -si, hay cosas muy interesantes por la tele, a horas raras, hechas con pocos medios y con una difusión muy limitada- me evocó la vida de esos dos hombres marcados por ese acontecimiento absurdo y cruel del cual, sin embargo, no se salió vacunado contra la barbarie, la primera guerra mundial, de la cual este año conmemoramos el centenario de su inicio.

El pare de Sassoon era de una familia judía rica y al casarse con una católica lo desheredaron. Esas cosas parecen hoy de otros tiempos pero son muy vigentes todavía en un gran número de sociedades. Hoy mismo, en La Vanguardia, he leído una entrevista a Hakima El Haite, doctora en ingeniería y ministra marroquí de medio ambiente, una mujer brillante y lúcida que nos recuerda cuanto costó en la Europa del euro sentar las bases de una democracia duradera, siempre frágil. El matrimonio de los padres de Sassoon duró poco. Su padre también falleció siendo él todavía un niño. Empezó varios estudios, sin éxito. Publicó un primer libro que tuvo cierto renombre, una parodia del de otro autor.

El patriotismo era entonces en Europa un valor en alza. Lo es todavía, aunque con muchos matices. Morir por la patria era un honor, ser soldado estaba bien visto. Es fácil juzgar a la gente del pasado por ideas que adquirieron en la infancia o durante la juventud, como si cada uno pudiese escoger libremente, desde la cuna, su proyecto vital. Sassoon se fue al ejército y fue muy valiente, un ejemplo. En él conoció a gente como Rovert Graves. Pero la realidad, el dolor, la crueldad y la miseria bélica cambiaron su concepto del ejército y de la patria. Su cambio de ideas provocó que lo mandaran a los loqueros, siempre parece loco quién no comulga con los valores vigentes y se sale del rebaño. En un hospital de guerra conoció a Owen e influyó en la obra del poeta. 

Owen volvió al frente y murió en él, muy joven. Podía haberse escapado de ese regreso pero se dice que quiso ocupar el puesto de su mentor, todavía ingresado en hospitales. Precisamente,según cuentan, su antibelicismo le empujó a esa vuelta al horror para poder contar los horrores de la guerra. Sassoon,  después de la guerra, se decantó por las ideas socialistas y se movió en medio de lo más brillante de la intelectualidad inglesa. Homosexual reconocido, tuvo diferentes amores y en su madurez decidió casarse con una dama mucho más joven que él, se supone que por su deseo de tener hijos. Tuvo uno y más adelante se separó de su esposa. No acabó de encontrar el equilibrio vital deseado, se convirtió al catolicismo, se interesó por teorías espiritistas, el país le rindió honores y murió a los ochenta y un años.Tiene una obra extensa, poco o nada traducida al castellano, que yo sepa. 

Wilfred Owen ha tenido más éxito con la posteridad, las muertes prematuras resultan románticas. Puede que fuese también homosexual no reconocido y que estuviese enamorado de Sassoon, además de admirarlo. Esta es la opinión de Graves, por ejemplo. Se le considera el gran poeta de la primera guerra mundial. Tiene muchos poemas pero el más famoso es Dulce et Decorum est, un crudo canto pacifista contra la guerra y sus mentiras, muy traducido y repetido, casi un documental sobre el tema: 

Copio una de las pocas traducciones en castellano que he encontrado, la del autor del interesante blog Gilichorradas, al cual el irónico nombre no hace justicia i que lleva casi un año congelado:

DULCE ET DECORUM EST.
Torcidos, como viejos mendigos bajo sus hatos,
renqueando, tosiendo como brujas, maldecíamos a través del lodo,
hasta que donde alumbraban las luces de las bengalas nos dimos la vuelta
y hacia nuestra lejana posición empezamos a caminar afanosamente.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
Pero abrumados avanzaban sobre zapatos de sangre. Todos cojos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga, sordos incluso al silbido de las balas
Que los cansados cañones de calibre 5.9 disparaban detrás de nosotros.


“¡Gas, gas! ¡Rápido, muchachos!”; un éxtasis de desconcierto,
Poniéndonos los toscos cascos justo a tiempo;
Pero alguien aún estaba gritando y tropezando
Y ardía retorciéndose, como ahogándose en cal viva…
Borroso, a través de los empañados cristales de la máscara y de la tenue luz verde,
Como en un mar verde le vi ahogarse.
En todas mis pesadillas, ante mi impotente mirada,
Se desploma boqueando, agonizando, asfixiándose.


Si en algún sofocante sueño tú también puedes caminar
Tras la carreta en la que lo pusimos,
Y mirar sus blancos ojos moviéndose
En su desmayada cara, como un endemoniado.
Si pudieses escuchar a cada traqueteo
El gorgoteo de la sangre saliendo de sus destrozados pulmones,
Repugnante como el cáncer, nauseabundo como el vómito
De horrorosas, incurables llagas en lenguas inocentes,
Amigo mío, no volverías a decir con ese alto idealismo
A los ardientes jóvenes sedientos de gloria
La vieja mentira: “Dulce et decorum est pro patria mori”.


Y la versión original, para los más sabios que yo:

DULCE ET DECORUM EST(1)

Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares(2) we turned our backs
And towards our distant rest(3) began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots(4)
Of tired, outstripped(5) Five-Nines(6) that dropped behind.
Gas!(7) Gas! Quick, boys! – An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets(8) just in time;
But someone still was yelling out and stumbling,
And flound'ring like a man in fire or lime(9) . . .
Dim, through the misty panes(10) and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.
In all my dreams, before my helpless sight,
He plunges at me, guttering,(11) choking, drowning.
If in some smothering dreams you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud(12)
Of vile, incurable sores on innocent tongues,
My friend, you would not tell with such high zest(13)
To children ardent(14) for some desperate glory,
The old Lie; Dulce et Decorum est
Pro patria mori.(15)

Wilfred Owen
Thought to have been written between 8 October 1917 and March, 1918
Notes on Dulce et Decorum Est

1. DULCE ET DECORUM EST - the first words of a Latin saying (taken from an ode by Horace). The words were widely understood and often quoted at the start of the First World War. They mean "It is sweet and right." The full saying ends the poem: Dulce et decorum est pro patria mori - it is sweet and right to die for your country. In other words, it is a wonderful and great honour to fight and die for your country.

2. Flares - rockets which were sent up to burn with a brilliant glare to light up men and other targets in the area between the front lines (See illustration, page 118 of Out in the Dark.)

3. Distant rest - a camp away from the front line where exhausted soldiers might rest for a few days, or longer

4. Hoots - the noise made by the shells rushing through the air

5. Outstripped - outpaced, the soldiers have struggled beyond the reach of these shells which are now falling behind them as they struggle away from the scene of battle

6. Five-Nines - 5.9 calibre explosive shells

7. Gas! - poison gas. From the symptoms it would appear to be chlorine or phosgene gas. The filling of the lungs with fluid had the same effects as when a person drowned

8. Helmets - the early name for gas masks

9. Lime - a white chalky substance which can burn live tissue

10. Panes - the glass in the eyepieces of the gas masks

11. Guttering - Owen probably meant flickering out like a candle or gurgling like water draining down a gutter, referring to the sounds in the throat of the choking man, or it might be a sound partly like stuttering and partly like gurgling

12. Cud - normally the regurgitated grass that cows chew usually green and bubbling. Here a similar looking material was issuing from the soldier's mouth

13. High zest - idealistic enthusiasm, keenly believing in the rightness of the idea

14. ardent - keen

15. Dulce et decorum est pro patria mori - see note 1 above.

These notes are taken from the book, Out in the Dark, Poetry of the First World War, where other war poems that need special explanations are similarly annotated. The ideal book for students getting to grips with the poetry of the First World War.


A pesar de su pasado trágico, las patrias siguen funcionando. Toman formas diversas, siempre exigen sacrificios, más o menos sangrientos. Hay que ser de alguna parte y nada de sentirse ciudadano universal, una vulgaridad. La historia se adapta a las necesidades del presente y a las exigencias del poder. Lo peor es que nos cuesta mucho inventar algo más positivo y universalista, si algún día se consigue yo ya no lo veré. Nos movemos entre un culto a las heroicidades supuestas de aquellos que nos caen bien y la ingenuidad de creer que un mundo en paz y fraternal, lleno de palomita blancas, se consigue en cuatro días, con buena voluntad. Parece facilísimo identificar a los malos de hoy y a los de ayer, sobretodo desde el sofá de casa. Los muertos son cómodos, incluso se les homenajea cuando no mueren en combate, sino por azar, como a esas pobres víctimas de un accidente de tren ocasionado por la negligencia social y la dejadez generalizada.

domingo, 6 de julio de 2014

CAPERUCITAS ROJAS Y AZULES, LOBOS Y CUENTOS DE MIEDO




Los cuentos infantiles, en sus versiones más antiguas, suelen ser crueles e inquietantes. La modernidad pedagògica ha suavizado finales y violencias y sobre el tema ha habido siempre debates diversos sobre cómo había que recuperar aquellas historias ancestrales.

Uno de los cuentos más conocidos e inquietantes es el de Caperucita. Sobre su simbología sexual se ha escrito mucho. Se ha relacionado el color rojo con la menstruación ya que, en general, las ilustraciones antiguas nos muestran una protagonista algo crecidita. Sobre el lobo, la simbología resulta tan evidente que dar explicaciones sería absurdo. 

En algunas versiones tanto la abuela como la nieta acaban devoradas por el hambriento animal. En otras más amables siempre llega a tiempo un cazador oportuno. Hoy la caza está algo mal vista y los lobos son una especie casi en extinción, recuperada e incluso reivindicada. También se ha bromeado sobre el cuento del derecho y del revés, es uno de los más hilarantes del librito de Finn Garner, que ya tiene algunos años pero no ha perdido actualidad.
Cuando yo iba a la escuela -de monjas- vi la representación de una versión que se llamaba Caperuza azul. Yo era muy pequeña y no acabé de entender la historia, que era incluso un poco musical. La protagonista cantaba de vez en cuando y algunas características recordaban El mago de Oz. La vi representar en otra ocasión en el colegio de una vecina, también de monjas, pero de otra orden, cosa que me induce a pensar que debía ser bastante popular entre el repertorio habitual de los teatros escolares.


Creo que acababa mal. Caperuza Azul se encontraba por el camino con un extraño loco que cantaba algo así como: en un alto cocotero hizo un nido un colibrí y un cuquito sandunguero cierto día fue por allí. He buscado referencias por internet pero he encontrado poca cosa, a no ser que se trate de una obrita escrita para el famoso teatro de Seix Barral por Antonio Zozaya, un personaje muy interesante y poco recordado.
Si es así la versión sería de antes de la guerra y nada tendría que ver la reconversión de la Caperucita Roja en Azul a causa de la represión efectuada contra la palabrita en mis años infantiles. Algunas versiones incluso se reconvirtieron en Caperucita Encarnada. Eso de llamar roja a una protagonista de cuento, aunque al final fuese castigada por sus imprudencias, estaba pero que muy mal.

Quizás alguien pase por aquí y recuerde también aquella obrita. Creo que la canción del loco, la única que recuerdo de toda la obra, seguía así: colibrí tomando un coco al cuquito se lo dió, más el dijo, no estoy loco, a mi cuco el coco no. Y creo que la protagonista le cantaba al loco algo parecido a esto: valiente cuquería la que acabas de contar...

Sobre Caperucita y sus imprudencias recuerdo además una especie de canción de corro que no he llegado a saber nunca de dónde salió. La cantábamos a coro, en el patio a la hora del recreo, una hacía de Caperucita y cuando le tocaba el solo se arrodillaba y entonces salía el hada de los  bosques. Estos papeles protagonistas eran muy reñidos, todas queríamos ser actrices principales y no del montón. De lobo no quería hacer casi nadie, ni siquiera tenía frase y debía hacer cara de malo y agarrar a la chica sin muchos miramientos. 

Coro:

Caperucita se ha ido
sin que su madre lo sepa,
y en el bosque se ha dormido.
Oh, qué horror

Un lobo temible y fiero
vestido de caballero
se apoderó de la niña
Oh, que horror

Caperucita, de rodillas, rezando y casi asesinada por el lobo:

Hada de los bosques sálvame
y con mi mamita llévame...

El hada, apartando al lobo con contundencia

Caperucita no te vuelvas a escapar
sin el permiso de mamá,
que hay terribles fieras
que parecen caballeros de verdad.

Desde que soy abuela me vienen a la memoria cosas de mi infancia, debe ser la edad. La verdad es que mandar a la niña al bosque con el tarrito de miel y el pastel, solita, sí que me pareció siempre una imprudencia maternal considerable.

Cuando te contaban este cuento te ibas poniendo nerviosa, sobre todo en el momento en qué Caperucita empieza a preguntar al lobo travestido por qué tiene las orejas grandes, los ojos grandes, etcétera. Saber el final no reducía la tensión. Un cuento que aún me daba más miedo era el de la Marieta, que tiene muchas versiones y, en resumen, trata de una niña que en lugar de comprar hígado para la cena se compra chucherías o una muñeca y para que no la riñan saca el hígado de un muerto del cementerio. Por la noche se le presenta el fantasma del finado y va repitiendo: Marieta, ja pujo l'escaleta... Al final acaba que el zombie agarra a la niña y se da un buen susto al público infantil. Es un cuento horrible y tétrico, que cuenta con muchas versiones. En castellano hay una versión que se llama el cuento de la María-dura, y así rima con asadura, que es lo que la niña ha quitado al difunto.

De pequeña te gusta experimentar miedo, incluso de mayor, sinó no se explicaría el éxito de la novela negra, de la prensa morbosa o de cierto cine de terror. Sin embargo el miedo debe dosificarse con cuidado ya que no todos lo asimilamos de la misma manera. Todavía es un misterio para mi ese gusto por lo horrible, la verdad, aunque he leído bastante sobre esas cosas, desde un punto de vista psicológico, pedagógico y todo eso. Ninguna explicación me acaba de convencer.


martes, 27 de mayo de 2014

EVOCACIONES LITERARIAS: FAREWELL, PABLO NERUDA, LA GIOCONDA Y MI PROFESORA DE LITERATURA






No sé por qué me ha venido estos días a la cabeza con cierta insistencia este poema de Neruda, de hecho algunos fragmentos que recordaba. Lo he completado gracias a internet. Dicen que el tiempo y la memoria son buenos críticos, si es así debe ser un buen poema, es muy bello sin duda aunque el argumento no lo sea tanto.

Debía tener yo unos diecisiete años e iba a las clases nocturnas del instituto para hacer aquello que se llamó el bachillerato superior. En Barcelona sólo había uno para chicas (entonces los sexos estaban separados hasta llegar a la universidad, por si acaso) y para más desgracia estaba en obras. El Instituto Maragall se había trasladado, por este motivo, a la calle San Quitín, un poco lejos de casa y del trabajo. Para llegar más o menos puntual debía salir de la oficina un cuarto de hora antes, cuarto de hora que me descontaban de un sueldo que hoy sería bastante menos que el salario mínimo. La hora se marcaba en unas fichas perforadas, al salir y al entrar.

Tenía un largo trayecto de autobús para ir y todavía más para regresar a mi casa, dónde llegaba a menudo pasadas las once de la noche y sin cenar. Sin embargo había ilusión en el ambiente, a pesar del franquismo y a pesar de todo. Tuve en el instituto una profesora de literatura algo soporífera, se veía antigua y mayor, pero debía ser bastante más joven que yo en la actualidad. Le habíamos puesto un mote, como a todas y todos, la llamábamos la Gioconda en bruto, llevaba el pelo un poco largo y su postura era como la de la dama de Leonardo, se movía muy poco.

A veces tenia rasgos geniales y parecía salir del sopor ambiental para elevar su sabiduría hacia espacios desconocidos. En uno de esos momentos brillantes nos habló de Neruda, de Cernuda, de muchos otros. Yo, entonces, más allá de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Machado sabía poca cosa de aquellos autores. El libro de texto hacía filigranas para no entrar a fondo en el destino de los muertos, de los exiliados, sin embargo era evidente que la flor y nada de la intelectualidad de antes de la guerra estaba muerta o perdida por el mundo.

Recuerdo que la profesora nos leyó este poema, muy bien, por cierto. Nos dijo que era un canto al amor libre. Bueno, sí, pero siempre que lo he vuelto a leer me ha parecido un poema al amor libre de los hombres, de ese hombre que dice adiós a su amante de forma muy bonita y la deja con un niño pequeño en ciernes, sin concretar si se hará cargo, por lo menos, de su manutención o educación.

En aquellos tiempos corría un chiste sobre el tema del divorcio, inexistente, ilegal i pecaminoso. Decían que en España no existía el divorcio pero sí el ahí te quedas. En realidad este poema de Neruda podría titularse con cierta ironía ahí te quedas. Neruda, como tantos escritores buenos, se mitificó. En su vida hay muchas sombras, una parte de las cuales en lo que se refiere a sus relaciones con las mujeres. Las damas de antaño aguantaban muchas cosas a los hombres inteligentes, brillantes, seductores. Incluso algunas se suicidaron con ellos, como la secretaria de Zweig. La educación sentimental era así, condicionaba la vida de las mujeres a las de los varones, el amor femenino debía contar con una admiración casi servil por parte de la amada. Cuando miro hacia atrás me asusta ver tantas grandes damas a la sombra de sus hombres, Zenobia, Clementina, Anna Murià, las mujeres de Picasso, las de Víctor Hugo, las de un montón de admirados caballeros, se supone que progresistas y de ideas avanzadas. Primero siempre era el arte, la literatura, la política, el país, el partido, el trabajo, que no la familia o la pareja. Hay mujeres que eso lo han escrito y comentado como un mérito, incluso.

Todavía hoy es frecuente que muchos hombres brillantes vayan substituyendo a sus parejas por otras de más jóvenes y vistosas, todavía rinde mucho aquello de ser guapa, tonta y caliente, aunque todo ha cambiado y, al menos, se puede evitar sin mucho riesgo eso de traer al mundo un niño no deseado por su padre poeta.

Todo lo que he escrito no quita un ápice de belleza al poema, que conste. Una cosa es la poesía y la otra, la moral. O la ética. En todo caso es de aquellos poemas que llevo conmigo, lo quiera o no. Recuerdo que me pareció de lo más atrevido y que me quedé sorprendida al escucharlo en boca de una profesora que me parecía una antigualla y que quizás tenía sus pasiones ocultas y su pasado novelesco, de cuando no era una Gioconda decadente sinó una joven espléndida y enamorada, puede que incluso republicana. No recuerdo su nombre, estaba siempre tan quieta e inexpresiva que un día la dibujé con relativa facilidad mientras hablaba. No sé tampoco qué fue del dibujo. De eso hace ya cincuenta años, poco más o menos. Una eternidad.


F A R E W E L L
                        1
DESDE el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
                        2
YO NO lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
                        3
(AMO el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
                        4
AMO el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.)
                        5
YA NO se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

viernes, 23 de mayo de 2014

EUROPA, ¡CUÁNTAS TONTERÍAS SE DICEN EN TU NOMBRE!




Encabezo esta entrada con una frase muy poco original. Una dama francesa, Madame Roland, cuando iba a ser decapitada dijo algo así como: Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre. La frase hizo fortuna y se ha aplicado a cosas diversas y variadas. Es tan real que aterroriza y por eso se intenta maquillar el pasado e idealizar las revoluciones sangrientas y las injusticias de todo tipo, absurdas e inútiles, incluso aquellas que los libros de historia han ensalzado y reconvertido, que no han acabado, de milagro, con la especie humana.

Este domingo tenemos elecciones europeas. Acostumbra a ser ésta una convocatoria muy poco participativa. Se explica poco el funcionamiento real del tema europeo. Europa es a menudo el retiro cómodo para políticos jubilados, el aprendizaje para los monaguillos ambiciosos y poca cosa más. No quiero ser injusto, sé que hay gente, como en todas partes, que se toma en serio su tiempo europeo y hace lo que puede, que es poquito. No me gusta afirmar que todos los políticos son iguales, unos aprovechados y todo eso. En en el fondo no hay más políticos malos o mediocres que médicos o maestros malos o mediocres. Los políticos son nuestro reflejo, el espejo de nuestras miserias y de nuestras esperanzas, nos guste o no. Por eso se acuñó aquello, terriblemente injusto, de qué cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Eso sirve para justificar injusticias perennes. Precisamente la frase se atribuye a un ilustre ilustrado hispánico hoy poco recordado, Jovellanos.

Europa, en la mitología, es esa doncella violada por Zeus en forma de toro, violada o seducida, según quién lo cuenta, como todo, vaya. Incluso en la iconografía parece complacerse doña Europa en acariciar los cuernos de su torito-dios, nadie le hace ascos a todo un dios, claro. En el fondo esa doncella hace lo que hacemos la mayoría, ser posibilista y adaptarse a su situación sacando el pequeño provecho que le ofrece quién manda de verdad, Zeus. Incluso accederá a cierto poder a través de un matrimonio de conveniencia porque Zeus seduce a muchas pero sólo se casa con una. 

Estos días los políticos nos venden mucho humo, Europa es eso o eso otro según quién nos lo cuenta. En Catalunya las cosas se complican mucho, hay que votar en clave porque así se leerán los resultados. Los candidatos que nos presentan los partidos para las gestas europeas no suelen ser nada del otro mundo, incluso a veces son absolutos desconocidos para la gente, como ha pasado con ese monaguillo del PSC, a quién, como decía mi madre, en su casa le hacen sopas. Por lo menos por estas tierras hay algo más de variación que en Sepharad, dónde el bipartidismo tiene pocas posibilidades de creatividad parlamentaria. Los debates sobre el tema son aburridos, pactados de antemano, poco incisivos, se dice lo que la gente quiere oir, a un lado, al otro y en el medio. Eso sí, se ha extendido la moda mediática de mantener a los candidatos de pie, no sé si esperando que el cansancio contribuya a hacerlos ir deprisita, porque ya se sabe que en teles y radios el tiempo es oro y la conversación seria y distendida, sin prisas, ya es una vulgaridad ancestral.

Encima, si no vas a votar te sientes culpable, todavía más en esos encuentros que motivan poco al personal. Europa tenía que ser una unidad política de categoría, un contrapeso al Tio Sam, una tierra de pueblos diversos y fraternidad elaborada cuidadosamente por encima de las tragedias antiguas, sin potencias fanfarronas ni patriotismos estatales recurrentes. Pero se ha convertido en un gran supermercado con ofertas puntuales pero con precios en alza para la gente corriente. Y aún así, mirando como está el mundo, estamos en un lugar privilegiado. Acabaré con la frase de un chiste antiguo que también hizo fortuna: Virgencita, que me quede como estoy. Y si viene Zeus en forma de toro feo que se conforme con un polvo rápido y me deje tranquila.