viernes, 16 de mayo de 2008

Imágenes recuperadas



Mañana, sábado, por la tarde se celebra el gran encuentro de La Catosfera Literària, una iniciativa que ha llevado a la publicación de un libro con 100 páginas de blogs en catalán, con contenido básicamente literario. Temo que en ese encuentro no me tropiece con alguien que conozco a través de alguna fotografía de su blog y no lo reconozca, no sería la primera vez que me ocurre. Cuando estudié Humanitats en la UOC, en todos los emails se incluía una foto-carné, i muchas veces me costaba reconocer a la gente en los encuentros presenciales, había quien creía, incluso, que no lo quería saludar.

La imagen real de una persona tiene muchos matices que ninguna fotografía, ni tan sólo una película, pueden reflejar. El cine ofrece a menudo una imagen física muy diferente de la real y al ver actores o personas conocidas en la realidad muchas veces nos decepcionan, o, en todo caso, no responden a aquello imaginado. Gente que pasaría desapercibida por la calle levanta pasiones desde las pantallitas iluminadas. Por eso también, afortunadamente, fealdades aparentes, defectos físicos que provocan complejos dolorosos, se diluyen con la personalidad vital y llegan a olvidarse cuando se conoce a alguien en directo, con toda su complejidad y diversidad humana.

Cuando no había fotografías el recurso de la gente con dinero eran las estatuas y las pinturas. De los tiempos más lejanos las pinturas, muchas veces, han desaparecido, y nos quedan estatuas, despintadas, ya que, probablemente, tuviesen policromía, como esta de
Julio César que han hallado en el lecho del Ródano, río ahora de actualidad por motivos que no vienen a cuento. Durante los últimos tiempos he visto desfilar hacia el dudoso más allá bastantes parientes y conocidos, viejos y no tanto, de los cuales me quedará, tan sólo, alguna fotografía que ayudará a mantener vivo su recuerdo. Los pobres de antes, sin fotos, pienso que debían tener dificultades para recordar. En todo caso, todo es vanidad, llegará un momento en el cual nadie nos recuerde.

Perpetuar nuestra imagen es una manía muy humana. La fotografía digital ha hecho que el tema sea más barato y ahora nos podemos permitir retratarnos y filmarnos democráticamente, haciendo toda clase de tonterías. Los principios de la fotografía mostraban retratos parecidos a las pinturas, con al gente seria, que pocas veces sonreía. Era un momento trascendente y se vivía como tal. Sonreían, en todo caso, las actrices de cabaret, sonrisas picantes, hechiceras, las de aquellas postales algo atrevidas.

Incluso hoy, cuando se quiere hacer una fotografía formal hay quien opta, todavía, por la profesional, la de estudio, que, en mi opinión, está absolutamente pasada de moda e incluso provoca hilaridad. Pero las fotos de boda, de comunión, todavía recurren a esas falsas posturas con ínfulas artísticas, difuminados e iluminaciones diversas, muchas veces. Por no hablar de esos vídeos de encargo, que parecen pequeñas películas, con puestas de sol y miradas perdidas en el infinito, con el mar o paisajes etéreos detrás, enmarcando el amor de la parejita a punto de casarse.


En una de las noticias publicadas sobre el hallazgo se habla de la preocupación de César por tapar su calvicie, con peinados forzados, hoy aún vigentes, o con una corona de laurel, cosa que él inventó. Hay cosas que no cambian o que cambian poco. Dicen también que posiblemente el busto se echó al río en momentos de cambios políticos, en los cuales no tocaba ser seguidor de Julio César y conservar una imagen suya resultaba peligroso o inconveniente. Me ha recordado el retorno de un busto de Macià, hoy ene el museo de Historia de Catalunya, por parte de un trapero de mi barrio, que lo había escondido desde los tiempos de la posguerra, aunque Macià no tuvo que pasar tantos siglos en remojo, claro.

2 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Hola Júlia:

Coincido contigo en que las imágenes no son capaces de reflejar la realidad de una persona, al igual que nuestras personalidades virtuales serán muy distintas de las que gastamos en nuestra vida real.

¿Cuántas imágenes habrá perdidas, cuántas se recuperarán y cuántas quedarán coultas a la Humanidad?

Recientemente se ha encontrado un paisaje de Cadaqués de Dalí, escondido en un autorretrato indédito.

Un placer, Ignacio

Júlia dijo...

El pasado, Ignacio, lo montamos con imágenes y palabras 'recuperadas', por eso nunca puede ser real ni exacto.

Gracias por el comentario.