jueves, 5 de diciembre de 2019

EL BARRIO, SU GENTE, SU MÚSICA

Este lunes me invitaron a participar en una agradable velada, organizada por la BiblioMusiCineTeca y la gente de Radio-Actius. Se trataba de un repaso sentimental y musical por la historia de los últimos años, prestando mucha atención a los artistas y personajes de mi barrio, el Poble-sec barcelonés. A mi me ficharon para hablar de la radio de mi infancia y juventud, todavía estaría hablando y dejé de mencionar muchas cosas, muchos programas, mucho de todo. Ya estoy en la franja de edad en la cual te llaman para que recuerdes y cuentes el pasado. Ese pasado que siempre nos engaña. La memoria es imprecisa y mentirosa. Hablé de muchos programas y de los primeros que se hicieron, en parte, en catalán, ya casi en los sesenta, claro. 

Evocamos a Serrat, a Sisa, a Manuel Ausensi, a los De la Torre, a los Mustang, a un montón de gente relacionada con nuestra geografía cercana. Se comentó la actualidad de la emblemática Sala Apolo, la potencia del grupo vocal Sound Dreamers, el ingente trabajo de Pablo Persico y su orquesta infantil. En mi barrio, hoy, vive gente de todo el mundo, cuando yo era pequeña vivía gente de todo el estado español. Ya nació como barrio suburbial, para dar cobijo a la gente que venía a trabajar a la ciudad, buscando un futuro mejor.

Hoy, muchas personas que vinieron de aquí y de allá critican a los recién llegados del presente, que vienen de más lejos. Hay una expresión que me divierte, eso de los de toda la vida, esa vida, claro,  es la de cada cual de nosotros. La velada dejó de lado el tema político, se habló castellano, catalán, inglés... y porque el chino es más difícil, la verdad. Hace unos días comentaba a alguien que un gran bazar chino de la calle Blai, esa que se nos ha reconvertido, como canta Cesk Freixas, en la petita Rambla del Poble-sec, será, si un día desaparece, motivo de gran nostalgia para las nuevas generaciones, para esos niños con padres y madres de todo el mundo que compran allí baratijas divertidas y lápices de colores. 

Durante mi infancia había allí una tienda donde vendían hierbas medicinales y productos dietéticos, la tendera era también comadrona, fue la que atendió a mi madre en los partos pero no era demasiado simpática y un día me echó la bronca porque se me ocurrió ir a preguntarle si tenía hojas de morera para mis gusanos de seda, le pareció una ofensa comercial. Poca gente recuerda hoy el establecimiento o la comadrona.

Una canción de un grupo que me encanta, la Ronda de Boltaña, evoca a una persona que llega a mi barrio desde Aragón, con su familia. Después, el nieto regresa a su tierra e, incluso, recupera la olvidada y antigua lengua aragonesa, en la cual canta algunas canciones. Los de Sound Dreamers cantan en muchas lenguas, un día me quejé, incluso, de qué en un breve recital no cantaron ninguna en catalán. No debí quejarme, no fue con mala intención. El mundo es diverso y cambiante y quizás se acabe hablando en ese latín moderno que es el inglés escolar. 

Muchas buenas iniciativas que florecen en mi barrio han surgido gracias a gente de todas partes, muchos hispanoamericanos pero también italianos, por ejemplo. La escuela de mi nieta es un reflejo de ese universo cambiante y diverso, las clases se hacen en catalán y no pasa nada y, en general, puede que por esa mayoría hispanoamericana, se juega en castellano. Hay niños y niñas de Pakistán, de Filipinas, de la China, de Gran Bretaña, de Italia, padres convencionales, familias monoparentales, hijos de parejas homosexuales. La escuela pública ha dado un salto cualitativo en las últimas décadas, aunque me quejo de los políticos también hay que reconocer las mejoras estructurales y el aumento de los recursos. 

La escuela ha sido casi siempre, como decimos en catalán, l'ase dels cops. En lugar de dar autonomía a los maestros y maestras para que se organicen como crean conveniente, la política de aquí y de allá siempre quiere meter su zarpa en el contexto. Cambios de planes, burocracias excesivas, metodologías impuestas, mucha tontería que, por suerte, no perjudica la vida cotidiana.

El próximo martes presento en la biblioteca del barrio una nueva novela, escrita en catalán, creo que, sin embargo, la leerá gente que no tiene el catalán como lengua habitual. Las lenguas románicas se pueden entender entre ellas, si se habla o lee despacio, y si el sur europeo hubiese conformado un solo estado político hoy todos los derivados del latín serían formas dialectales. No fue así y parece que hay una tendencia a potenciar la diferencia, en nuestros tiempos. 

Por encima de la política y de los estados y del resto está la gente, la de mi barrio, entre la cual, como es lógico y como ha sido siempre, hay de todo. La vida sigue y las cosas no son siempre como deberían ser, què hi farem... Barcelona, como todas las ciudades grandes, tan criticadas a menudo, es un mosaico de barrios llenos de actividades, de iniciativas, donde la gente se conoce bastante, coincide, celebra fiestas y actos culturales y festivos. González Ledesma, gran escritor, que vivió en mi barrio y lo reflejó en muchas de sus novelas, decía que Barcelona era como su madre, porque lo había visto nacer y como su hija, porque él la había visto cambiar. Pues eso...

viernes, 15 de noviembre de 2019

JUANITO, FELIPITO Y EL CARGUITO


Como si la situación no fuese ya bastante complicada y confusa con los políticos del presente, de vez en cuando surgen del pasado los fantasmas en activo, Aznar, Gonzàlez, para pontificar sobre lo que es y no debería ser o lo que pudo haber sido y no fue.

En el fondo quiero pensar que hay algo de poesía en esas resurrecciones, la nostalgia del viejo por sus buenos tiempos en el poder, la envidia por los jóvenes que, con todos sus errores, vacilaciones, ambiciones y tropiezos, tienen, todavía, mucho futuro para reinventar.

Creo que en Catalunya, gracias o desgracias a los líos económicos del señor Pujol, nos hemos librado de sus posibles pontificaciones sobre el presente. Aznar y Gonzàlez tienen en su pasado político muchas sombras pero parece que esas no los afectan, no sienten vergüenza por los errores pasados, no la siente ni la parentela de Franco. En fin, así es el mundo y así son algunos políticos.

La gente joven quizás no sabe nada o sabe poca cosa de la época oscura del PSOE, de aquello de Roldán, de la guerra sucia, del hermanito de Guerra y de otras miserias del pasado. Si evocas cosas así siempre te mientan, en relación con Catalunya, a Pujol, a Millet, como si todo fuese lo mismo. Pero las odiosas comparaciones no perdonan, no todo es lo mismo aunque todo es altamente lamentable. El tema del señor Pujol resultó más doloroso a los catalanes porque el hombre, buen político en determinados aspectos, era proclive a pontificar sobre valores, lealtades, honradeces y cosas así y despertaba extrañas devociones incondicionales, a las cuales somos muy aficionados los ciudanos de a pié.

Felipe González ha vuelto a surgir de su cómodo retiro para decirnos cosas brillantes, como eso de si Juanito tiene un carguito. No tengo grandes esperanzas sobre el pacto actual de los socialistas con Podemos pero, sinceramente, prefiero eso que no una derecha dura en el poder, ya expresé en un blog anterior que se debía votar porque no todo era lo mismo. El señor Sánchez me ha decepcionado a fondo, lo admito, como me ha decepcionado, en muchos aspectos, la actual alcaldesa barcelonina. Por cierto, en relación a Colau, la gente parece haber olvidado las sombras de algunas épocas del largo mandato socialista en Barcelona, con actuaciones prácticamente mafiosas en algún caso. Los fastos olímpicos han maquillado muchos pecados mortales. Fastos debidos a la influencia de Samaranch, por cierto,nombre que mucha progresía quisiera borrar de la nomenclatura olímpica, somos así de incoherentes y contradictorios.

Lidia Falcón escribió hace años un libro demoledor con el comunismo resistente en el cual comentaba el machismo de la izquierda, con ejemplos vividos en directo. En una entrevista le comentaron que, según eso, derecha e izquierda eran lo mismo y ella dijo que de ninguna manera. En el contexto de la izquierda, aunque sea una izquierda bastante lamentable, existe siempre cierta esperanza.

Cuando se eligió a Trump mucha gente antiamericana me decía que Trump y Hillary Clinton eran la misma mierda neoliberal. Yo creo que ya se ha visto que no eran lo mismo, empezando por sus biografías juveniles. Existen matices, los matices son importantes, muy importantes. Lo bueno es enemigo de lo mejor y la política es la ciencia de lo posible.

Curiosamente, algunos logros catalanes y españoles se  realizaron en tiempos de gobierno de derechas, pero con una izquierda potente en la oposición. Por ejemplo, en Catalunya, la inmersión lingüistica. O, en España, el final del servicio militar. La negociación conveniente, interesada, en ocasiones algo chapucera, consigue cosas, las mayorías absolutas son muy peligrosas, las tenga quien las tenga.

Felipito sabe muy bien que los Juanitos y los carguitos son muy convenientes en el campo de la política real, el repartió unos cuantos a conocidos y saludados. Está muy bien pedir lo imposible, como hacían los estudiantes pijos del mayo francés, aunque ya sabemos que pedir no empobrece y que hay cosas que son imposibles por más que las queramos exigir y nos parezcan justas. 

Váyase, señor Felipe, a su caserón de lujo, disfrute de la jubilación generosa, usted y los de su época, como Alfonso Guerra, el supuesto intelectual del partido, que siempre venía a soliviantar, al puro estilo Ciudadanos avant la lettre el cinturón metropolitano catalán. Ya nos arreglaremos, ya se arreglarán, ya madurarán los nuevos políticos ambiciosos. No lo hicieron tan bien como quieren hacernos creer, no eran mejores políticos que los de ahora, ni el pasado era, como decimos los catalanes, una bassa d'oli.

viernes, 8 de noviembre de 2019

LA HISTORIA Y EL PRESENTE


Acabo de finalizar la interesante lectura de este libro en el cual el autor reflexiona sobre la relación del individuo con sus circunstancias, a traves de cinco grandes clásicos de la literatura, La Cartuja de Parma, Guerra y Paz, Los Thibault, La Condición Humana y El Doctor Zhivago. Cuando el mundo que nos rodea parece entrar en una especie de espiral surrealista inexplicable la literatura, la literatura seria, con ideas y profundidad, es una especie de consuelo, al situarnos en la experiencia de otros seres, aunque sean imaginarios. Claro que puede ser aquello de mal de muchos, consuelo de tontos. Pero es que el mal siempre es de muchos y quizás todos somos tontos, en alguna medida. Estamos sujetos a nuestro tiempo, a nuestras circunstancias, a nuestra familia, al lugar donde vivimos, a eso que se ha llamado patria y que ha llevado tanta gente a los mataderos, o a dogmas religiosos que hoy nos parecen más absurdos que nunca, porque la libertad de pensamiento, algo en lo cual hemos avanzado un poco, al menos por aquí, nos permite dudar de todo y huir de la fe del carbonero. O del carbonario. 

Los cinco autores escogidos por Chiaromonte tienen un gran prestigio, Stendhal, Tolstoi, Martin du Gard, Malraux, Pasternak. Creo que entre ellos no desmerecería nuestro Galdós, a quién hoy también hemos apartado de nuestros grandes clásicos indiscutibles, sus Episodios Nacionales ofrecen una reflexión muy interesante sobre una larga época de la historia española. Algunas reflexiones del autor de La Paradoja de la Historia sobre Martin du Gard, que incluso obtuvo el Nobel en su tiempo serían aplicables a Galdós, como, por ejemplo, la injusta consideració de autor antiguo o anticuado. Galdós no obtuvo el Nobel por culpa de sus coetáneos, de sus contemporáneos del mundo de la cultura y la culturilla, cosas del medio cainita en el cual se mueve todo, y no solo por aquí, en todas partes cuecen habas, vaya.

La Paradoja de la Historia transcribe algunos fragmentos muy relevantes de las obras escogidas. En uno de ellos, de Martin du Gard, asistimos a un substancioso diálogo sobre la necesidad de mentir al pueblo en tiempos de guerra, ya que hace falta, por parte de los gobiernos, dirigir los acontecimientos, conseguir que el enemigo siempre esté equivocado, que los que luchan no sepan qué pasa en la retaguardia ni la retaguardia sepa qué pasa en el frente. Se evoca, sin escrúpulos, la mentira útil. 

La mentira útil no se sitúa únicamente en tiempos difíciles, de guerra. Ha sido utilizada desde siempre y no solo desde el poder. También las oposiciones nos han mentido cuando les ha convenido. Chiaromonte evoca las reflexiones de Voltaire sobre la invención de la religión, otro ejemplo de la elaboración de historias convincentes para no desmontar las creencias populares, el mismo Voltaire quería que sus criados fuese practicantes, no se fuese a desestabilizar de forma excesiva. Una buena amiga me comentaba que, con el tiempo, te das cuenta de que todo es mentira, incluso un tango popular nos lo recuerda. La gente de ciencia considera que el método científico es infalible pero en nombre de la ciencia nos han colado muchos disparates. 

Hace años, muchos, yo trabajaba en una escuela pública de un barrio humilde y popular, muchas familias eran militantes comunistas, del PSUC. La consigna política de aquel partido, muy respetable en tantos aspectos, era promover la protesta colectiva, de oposición al poder establecido. Ya era aquella la época incipiente de nuestra frágil democracia. Durante un inicio de curso faltaban un par de maestros, nos los iban a mandar, aunque con retraso. Sin embargo uno de los padres consiguió que se saliera en manifestación por las calles del barrio, gritando consignas contra el poder, en aquel caso de la incipiente Generalitat, ya que se pretendía privar a los pobres de cultura y educación. Quizás debí callarme pero, en algún momento, manifesté en una reunión que las cosas no eran como se contaban en las multitudinarias asambleas y aquel padre me hizo callar, yo estaba equivocada puesto que el gran capital corrupto  conseguía que viese las cosas como no eran, no entendía del tema, vaya. Un poco como aquello de doctores tiene la iglesia, pero en otro contexto. No hace falta explicar que algunos de los padres más significados se acabaron colocando en ayuntamientos y otras instituciones, mientras que otros perdían la fe en la política, de forma progresiva.

La lectura del libro de Chiaromonte y los recuerdos personales se han concentrado en estos días en mi imaginario del presente, viendo la televisión, los debates, los comentarios políticos, las grandes y burdas mentiras aceptadas por los devotos de todas las tendencias. Hoy se culpa a las redes sociales de la propagación de barbaridades, se culpa al mensajero, como ha pasado desde hace siglos. Probablemente los políticos actuales sean peores que los de hace algunas décadas, no lo sé, o quizás hoy hemos perdido la fe y los contemplamos de otra manera. Hace años pude ver, en la televisión catalana, un diálogo magnífico sobre política, entre Jordi Pujol y Felipe Gonzàlez, incluso, con cierta inocencia, me sentí orgullosa del progreso del país, del nivelazo de los dos políticos. Hoy el uno y el otro me producen una especie de sentimiento inevitable de rechazo, casi me inspiran compasión, cada uno en su estilo de vejetes castigado por la vida, con sus propios errores de bulto en el equipaje. 

Sin embargo todos tenemos nuestras propias contradicciones, por eso me resisto a tirar piedras a los pecadores o a admitir que hay seres humanos absolutamente deleznables, el personaje más absurdo y odioso quizás sea un padrazo o un calzonazos en su casa, quién sabe. Y el político más sabio y admirable, dispuesto a cambiar el mundo con su sacrificio personal, puede ser un machista maltratador o un papá irresponsable, en la intimidad. Cada casa es un mundo y cada persona un misterio, decía mi mamá. Superaremos las limitaciones del presente y volveremos a tropezar con piedras, que no serán las  mismas però que seguramente nos resultarán igualmente peligrosas. No sé si actualmente existen obras literarias de contemporáneos tan interesantes como las que elige Chiaromonte, cuesta valorar nuestro tiempo, para todo hace falta perspectiva. Quizás el cine ha tomado el relevo de la gran narrativa decimonónica, no lo sé. Lo cierto es que nuestros problemas responden a las limitaciones de nuestra especie y que las grandes preguntas sobre la humanidad y su relación con el destino, con la historia, son las de siempre y no tienen ninguna respuesta válida ni universal. A pesar de todo, se ha de votar, vaya.

domingo, 22 de septiembre de 2019

TODOS NO SON IGUALES NI TODO DA LO MISMO


De futbol, política y educación todo el mundo parece entender mucho. Ayer perdió el Barça y es fácil comprobar como los pobres entrenadores pasan de la devota sacralización a la condena contundente, sin reservas. Pero estos días el tema estrella es la política, claro. Me cuesta entender como con tanta gente supuestamente responsable y que sabe lo que debería hacerse tengamos unos políticos tan inútiles, la verdad. 

Hace tiempo, en alguna ocasión, yo aseguraba que no iría a votar, por diferentes motivos, y siempre había alguien que me reñía con contundencia, tantos años sin poder votar y ahora no querer ejercer un derecho tan importante... Sin embargo, siempre acabé por votar. A veces quizás me equivoqué, no lo sé. No soy fiel a un partido ni he sido admiradora de ningún líder. 

Sé que vivo en una democracia débil, coja, frágil. Quizás todas lo son, en algún momento, pero la nuestra salió de momentos difíciles, de un largo túnel potenciado por los poderes occidentales, después del final de la Segunda Guerra Mundial. No creo que un pueblo tenga el gobierno que merece, al menos, no de forma absoluta. Tiene, también, el gobierno que le dejan tener los poderes fácticos y la geopolítica interesada.

Estos días recibo un montón de desagradables chistes sobre la inoperancia de los políticos, en general. Con los de casa se es un poco más prudente, tenemos gente en la cárcel y con eso se puede hacer poca broma. Sin embargo se fomenta la percepción de inseguridad en Barcelona, la campaña en contra de Colau es evidente, machacona. No era yo partidaria suya pero me pasa con todo, me gusta llevar la contrario, y ahora me cae bien. Me gustaron ella y Carmena, en esa presentación, afortunadament más breve que las anteriores, de las fiestas de la Merced.

Mucha gente me dice que no irá a votar, con este panorama.. Que todos son iguales. ¿Son iguales Casado y Sánchez? ¿Iglesias y Sánchez? ¿Eran iguales Hillary Clinton y Trump? Hay quién me asegura, situado en una altura moral en la cual se ha colocado él mismo, que todo es la misma mierda. Parece que la abstención sería un castigo visible, vaya. Pero resulta que la abstención suele afectar casi siempre a la izquierda o, lo admito, a lo poco que queda de la izquierda.

Hace años Lidia Falcón publicó un libro muy interesante, Es largo esperar callado, en el cual había una crítica muy dura sobre el machismo izquierdista. En una entrevista le preguntaron si eran iguales  la derecha y la izquierda, en lo relativo a la situación de la mujer y a otros factores. Falcón contestó de manera contundente que en absoluto, sobre todo porque a la izquierda se le podía y debía exigir un cambio y era más posible encontrar interlocutores. 

Puede que en algunos aspectos, una izquierda débil y moderada y una derecha moderna e inteligente tengan puntos en común y sean capaces, incluso, de pactar gobiernos. Por lo que respecta a la derecha actual, aquí y en otros países europeos, eso no es así, más bien vamos para  atras, como los cangrejos. Quizás lo he soñado pero cuando Juan Carlos fue tolerado, e incluso celebrado, como rey repuesto, participó en un programa de la BBC, un documental en el cual hablaba del futuro y de que ya se vería lo que quería el pueblo. Entendí que en algún momento, después de aquella solución de compromiso, en el intento de evolucionar sin demasiada violencia hacia, más o menos, la democracia, se consultaría a la gente, por si se quería recuperar, ay, la República legal de 1931.

Nada de eso sucedió, Todo se ha enquistado y petrificado, la unidad hispánica inamovible, el puritanismo de nuevo cuño, la monarquía hereditaria, el substrato dictatorial franquista. Cosas como la ley mordaza hubiesen sido impensables hace años, como tambien hubiese parecido imposible tener políticos en prisión durante dos años largos, sin posibilidad de acogerse a nada. La condena, dicen, será dura. Vendrán tiempos peores, puede ser. ¿Ayudará a mejorar el panorama una abstención masiva?

Se puede ir de Guatemala a Guatepeor, pero, si no hay grandes alternativas, quedémonos con lo malo y evitemos lo peor. Y miremos atrás con cierta perspectiva, muchas cosas han mejorado, en el país, a pesar de todo. Algo habrán tenido que ver los políticos en lo bueno, también. Esa queja continua y recurrente, con tendencia al chiste malo y cruel, parece ser una constante hispánica, Cataluya incluída. Pedimos unidad a los políticos y, en general, la gente, en los pueblos y barrios, suele ser incapaz de ponerse de acuerdo en temas absolutamente banales o de relativa poca importancia. 

Precisamente cuando las cosas no están claras o se ponen difíciles la poca participación política que tenemos se debe potenciar, o así me lo parece. Los socialistas, hace años, acuñaron un eslogan que me pareció, incluso, de mala educación: si tú no vas, ellos vienen. Algo así. Ellos, claro, eran los otros. Se olvida que por mucho repelús que nos provoquen determinadas opciones, si son legales, deben respetarse. De nada servirá no ir a votar, aunque ir a votar sirva para poco. 

Me sorprende la facilidad con que se condena a todo el mundo y se ponen en el mismo saco opciones claramente distintas. Ya sabemos que después puede que los que manden no hagan lo que prometieron, incluso que hagan lo contrario. Pasa en las mejores familias o acaso incluso los padres ¿no nos prometían, de niños, cosas imposibles? Una cosa es la campaña, otra los deseos, y una tercera, la realidad. Ser posibilista parece poco heroico, de cobardes, pero así son las cosas. Las grandes proclamas suelen acabar en agua de borrajas y muchos líderes sacralizados no soportarían una biografía objetiva, què hi farem. 

domingo, 15 de septiembre de 2019

LOS IDIOMAS NO TIENEN LA CULPA


Al poeta Celan le recriminaban, en Francia, que continuase escribiendo en alemán, la lengua de sus verdugos. Lo mismo le sucedió a algunos intelectuales judíos, insistentes en utilizar su alemán de origen y de estudios, aunque viviesen en Israel después del Holocausto, no estaba nada bien visto. Las lenguas, los idiomas, las formas dialectales, términos poco precisos y bastante resbaladizos, tendrían que servir para comunicarse y entenderse pero también se convierten, demasiado a menudo, en instrumentos de opresión o en bandera reivindicativa. Sin embargo, el lenguaje, hablado y escrito, ha sido una gran conquista humana.

Si en muchos campos del saber se nos ocultan realidades y se insiste en convertirnos en analfabetos, el de las lenguas es de los más escandalosos, no nos contaron nada de como era el mundo, en ese aspecto, y todavía la educación primaria pasa de puntillas por encima del tema. Los poderes académicos inventan la lengua escolar, correcta y culta, cosa que contribuye a etiquetar a los incultos e ignorantes cuando utilitzan formas dialectales brillantes, coloristas, vivas, pero consideradas vulgares, ordinarias. 

Leí hace poco La Retornada, una novela bastante interesante de una autora italiana, la protagonista, hija de una familia pobre, fue entregada a una pariente bien situada que, por diversas circunstancias, la devuelve, de adolescente, a la familia de origen, pobre e ignorante, que vive en un pueblo de los Abruzzos. Uno de los muchos problemas de la muchacha es la vergüenza que siente cuando escucha a sus familiares biológicos, hablar en la variante del lugar, que no es italiano.

Italia y Alemania se unificaron en el siglo XIX e inventaron una variante estándar, en esa variante académica consensuada, no podía ser de otra manera, unas formas dialectales se impusieron sobre las demás. Las formas dialectales alemanas o italianas son más diferentes, entre ellas, que el catalán con el gallego o el castellano. Las lenguas nacen, crecen y mueren, en general, o se transforman, con el paso del tiempo. Hoy se valora más la diversidad pero hubo épocas en las cuales parecía más interesante y práctico unificar. Sin duda la vida en el mundo sería más cómoda si todo el planeta tuviese un solo idioma, aceptado por todos y todas, para eso habría que haber llegado a la paz universal, hoy una aspiración etérea, un ideal que parece casi imposible. 

Sin embargo las lenguas francas se hacen necesarias, todavía más en un tiempo en el cual se negocia, se viaja, se conoce gente de aquí y de allá. El latín, en el Mediterráneo, tuvo esa función. En el campo religioso, todavía durante el siglo veinte, los curas viajeros se entendían en latín. La clase obrera quiso inventar una nueva lengua franca, el esperanto, pero no pasó de sectores idealistas, anarquistas pacifistas, hoy es casi una anécdota. Haber impuesto una lengua se tiene como un mérito, el latín en el mundo romano, el español en América, hay tantos ejemplos... 

Si todo el sur europeo hubiese conseguido formar un estado heredero del Imperio Romano hoy las lenguas romances serían un solo idioma. Sin embargo, más allá del tema fraternal, hay a menudo ansias de diferenciarse, gente que se entiende hablando pero que escribiendo utilitza alfabetos distintos, ortografías diversas. Los grandes poderes son impositivos, manejan la educación  e intentan imponer ortodoxias peligrosas, y, en general, con poco respeto para la diferencia. Lo peor es que nos lo creemos y es que la unificación  tiene aspectos prácticos indiscutibles, la lengua impuesta acaba por ser asumida sin problemas, cuando las cosas van bien y el país que la ha impuesto tienen un cierto prestigio.

Hoy todo está cambiando, quizás yo no lo vea pero podremos hablar con quién sea de dónde sea y un aparatito nos ira traduciendo lo que sea. Los traductores de la lengua escrita, hoy, son bastante eficaces. La gente joven se mueve mucho, trabaja lejos, viaja con un interés práctico, cosa importante. No es cierto que el racismo y sus derivados se curen viajando, a veces es al revés, el viaje turístico aumenta la percepción de los tópicos, en muchas ocasiones. Sin embargo ha habido, en la historia, períodos de gran optimismo lingüístico, que han acabado de mala manera.

Lo peor es cuando el patriotismo visceral y preceptivo incide en la percepción de la lengua. Las lenguas, los idiomas, los dialectos, han servido para crear poemas, leyendas, canciones. Como un cuchillo, que sirve para pelar patatas o para asesinar al enemigo, tienen aspectos diferentes y pueden ser un peligro si no se utilizan como debe ser. En el fondo todo es cuestión de no creernos superiores a nadie por ser de allí o de allá y hablar así o asá. Cuando naces no te dejan escoger país, pueblo, familia ni nada de nada. Y de mayor no es tan fácil cambiar de filiación, cosa que en muchas ocasiones no es voluntaria sinó obligada por las circunstancias históricas, a menudo dramáticas. Se supone que si eres de un lugar, de un país, has de tener eso tan manipulado, una identidad, y no ser un traidor a la patria, vaya. El patriotismo y otras ideas peligrosas han contribuído a eliminar durante siglos un número ingente de gente, mucha de ella joven, entusiasta, inexperta, indefensa.

Hoy parece una vulgaridad hablar de alma universal, de ser ciudadano del mundo, de cosas así que, en ocasiones, han servido también para imponer un alma, un mundo, al resto. Sin embargo vivimos en una época y en una zona geográfica en la cual, de momento, podemos tener una cierta libertad de pensamiento y acceder a opiniones diversas, con ciertas peligrosas restricciones, no lo negaré. La libertad siempre es frágil. Para empezar a entender el mundo tienes que envejecer y la vida es breve. Por eso los problemas, los prejuicios, los dogmas y las consignas, reaparecen. Las lenguas son inocentes, la ortografia, arbitraria. Si la capital de España hubiese sido Sevilla la normativa, probablemente, sería otra. Y eso vale para muchos lugares.

La barbarie supuestament culta ha acabado con lenguas e idiomas, lo mismo que con personas, edificios, ciudades y ejércitos. Aunque una lengua nos haya sido impuesta, de alguna manera, la vida la convierte en nuestra, también. Y nuestra propia lengua también nos impone normativas diversas, lo que está bien y lo que no lo está. En el fondo, todo está bien si se utiliza de forma razonable, con generosidad y con lucidez. La literatura y, hoy, los medios de comunicación, imponen tendencias y pocas veces reflejan la realidad viva. Tolstoi, en Anna Karenina, nos cuenta como la gente bien habla en francés a sus hijos, era el idioma de moda cultural de la época. Sin embargo, esos diálogos familiares los transcribió en el ruso oficial, me imagino. La papanatería no es de hoy, claro. En Gente bien, una divertidisima obrita de teatro de Rusiñol nos cuentan como los nuevos ricos intentan vivir en castellano y adoptar costumbres incluso inglesas, tomar el te y cosas así.

Los prejuicios no existen entre unas lenguas y otras, sinó que también hay luchas interiores. Ramón y Cajal, que era un lince, de pequeño, cuando a causa del trabajo de su padre, debía cambiar de pueblo de vez en cuando, lo primero que hacía era intentar hablar como los chicos del lugar, para no convertirse en víctima propiciatoria para sus burlas crueles. Hoy se ha recuperado la obra de Juli Vallmitjana, que reflejó el habla de los gitanos y gente pobre barcelonesa de otros tiempos, llena de frases y palabras del caló de la época. Sin embargo, a esas formas de hablar, del catalán de barrio, se las definió como chavas. Los escritores pueden tener un gran papel a la hora de reivindicar el lenguaje popular y reconvertirlo en cultura seria y aceptada por los elitistas.

En todas las lenguas existen los policías espontáneos. Mi madre me enseñó a leer en catalán cuando poca gente lo hacía pero en ocasiones, de forma voluntaria o involuntaria, dejó escapar algún castellanismo, lo mismo que la gente que habla castellano y vive en Catalunya deja escapar catalanadas. En muchas ocasiones surge ese policía improvisado que te corrige. Por suerte las lenguas vivas no están de tanta tontería y conviven sin manías, en el mundo corriente. Otra cosa es si queremos escribir literatura con futuro, en ese caso hay que ser respetuosos con el tema o introducir las variables con inteligencia, prudencia y buena intención.

En el fondo todo es cuestión de respeto, de aceptar que la gente hable como quiera y que se exprese sin miedo, ni prejuicios, ni temor al ridículo. Todo se transforma y se adapta al presente, seguramente esa sociedad multicultural de hoy dará paso a unas lenguas con aportaciones de todo tipo, con acentos que ignoramos. En el fondo es que los seres humanos nos parecemos tanto, en lo bueno y en lo malo, que nos tenemos que diferenciar como sea, para ser originales, me temo.

jueves, 4 de julio de 2019

EN VERANO HACE CALOR, A VECES, MUCHO Y, EN ALGUNAS PARTES, MÁS




No seré yo quién ponga en duda todo eso del cambio climático. Sin embargo, lo admito, me preocupa muy poco. Envejecer, aunque la memoria es engañosa, hace que recuerdes calores y fríos, lluvias y períodos de sequía, predicciones apocalípticas y desastres diversos. Lo mismo que en tantas cosas el exceso informativo sobre el tema meteorológico hace que salgas a la calle convencida de qué tendrás frío o calor, según lo que te hayan dicho en la tele o en la radio. Muy a menudo todo son olas, ola de frío, ola de calor...

El tiempo meteorológico parece una enfermedad. La tendencia a tratar a la gente como si fuesen niños cuando, incluso los niños y niñas, son hoy muy espabilados, hace que gente sesuda, expertos en el tema, te repitan aquello de beber agua, pasar por la sombra, no hacer ejercicio bajo el sol y otras vulgaridades. Sin embargo, cosas sencillas, como poner toldos en las playas públicas, gratuitos, brillan por su ausencia. Cuando yo era pequeña muchas playas tenían establecimientos de baños, pagabas algo por acceder allí y tenías diversos servicios, entre los cuales unas zonas de sombra con techo de paja, donde podías instalar la toalla. Hoy tienes que pagar si quieres sombrilla y no la  traes de casa. 

Cuando era  pequeña, en verano, hacíamos muy pocas vacaciones. Íbamos algunos días a algún pueblo con parientes. Recuerdo que me sorprendía escuchar a mis padres o a mis tíos afirmar con contundencia, cada año, que jamás había hecho tantísimo calor como aquel. Las informaciones meteorológicas suelen afirmar que determinada temperatura no se conocía desde hace treinta, cuarenta, veinte años... como si eso fuese toda una eternidad, vaya.  Voy a un pueblo en el cual, en los cincuenta, hubo unas etapas de sequía pertinaz que contribuyeron a la emigración de gran parte de sus habitantes  en edad de  trabajar. 

Hace años, no tantos, tuvimos también sequía en Barcelona y se llegó a extremos ridículos, no se ponía agua en las fuentes públicas, cosas así. Sin embargo, no se racionó, cosa que se temía hiciese perder votos a quienes mandaban, entonces, en el ayuntamiento. Se dijo que aquella sequía duraría años pero no duró tanto. Durante mi adolescencia cayó aquella gran nevada de 1962 y luego hubo inundaciones, se dijo que era algo inexplicable, sin embargo en el último cuarto del siglo XIX había habido una nevada parecida. Nuestra memoria es breve y relativa, como nuestra vida.

La gente sencilla atribuía aquellos hechos a la incipiente y apasionante carrera espacial. Supe más adelante que en un pasado no tan lejano se habían atribuido algunos hechos singulares de este tipo a los gases utilizados en la Primera Guerra Mundial. Hubo, en el siglo XIX, un año sin verano, con erupciones volcánicas, en la época en qué Mary Shelley escribió Drácula. En pasados más remotos la culpa la tenía Dios o los dioses, el único remedio era rezar. Ahora parece que la culpa es nuestra, de los humanos, que hemos crecido de forma exponencial y lo ensuciamos todo de mala manera. Pensar que la culpa es nuestra es, en el fondo, una forma de orgullo, de vanidad. Si la culpa es nuestra nuestra es también la solución. Incluso cuando uno se muere parece que no ha luchado bastante. Es habitual utilizar eso de luchó contra la enfermedad para definir el calvario que supone tener una enfermedad grave que, incluso, a veces, se supera. Pero nada se supera de forma definitiva. El final es la muerte, antes o después, no siempre plácida, ni tranquila, ni rápida, ni digna. El final es la inevitable decadencia de la vejez, si se llega a una edad muy avanzada. 

Para soportar el calor se ha inventado eso de los aires acondicionados, excesivos casi siempre. Cada verano me resfrío gracias a ellos. He de llevarme siempre una chaqueta, para ir al cine, para tomar el autobús. Los edificios modernos han de estar herméticamente cerrados, con esas grandes y absurdas ventanas de cristal, de diseño, para limpiar las cuales hay que contratar equipos de escaladores. Las casas de campo antiguas, las iglesias, eran lugares frescos en verano, sin tanta tontería ni tanto consumo energético. Con el tiempo, yo no lo veré, pero seguramente surgirán secuelas producidas por el consumo de esa refrigeración de la cual no te puedes escapar si trabajas en un edificio moderno. También en invierno se suele abusar de las calefacciones pero a mi me afecta mucho más eso de la refrigeración y, además, estar en lugares donde no se pueden abrir las ventanas me produce mal rollo, angustia existencial.

Quejarse del tiempo es habitual, con los años nos volvemos más quejicas, además. El verano es bueno para veranear, aunque eso de veranear es una tendencia moderna. Veranear y viajar. Hoy, si no viajas, pareces una ignorante. La gente presume de sus viajes, cada vez más lejos. La gente mayor, sobre todo. La gente joven viaja de otro modo, muchas veces por estudios, por trabajo, por curiosidad juvenil. La juventud es  espléndida pero breve, como todo. 

El viaje más interesante es la vida misma, ese viaje en el tiempo que va de la infancia a la vejez, si tienes suerte y no mueres antes de llegar a ella. Lástima que el final de ese viaje no cuente con la posibilidad de contarlo a los que acaban de empezarlo, a los que lo iniciarán en otras décadas, en otros siglos. Más allá del calor, por desgracia, siempre hay guerras y crueldades. Injusticias aquí y allá. Puede que tengamos suerte y nuestro viaje por la vida sea, relativamente, interesante y feliz. También cuentan los compañeros del mismo, padres, parejas, amigos... El azar, en definitiva. Quejarnos del calor o del  frío, en el mundo civilizado y, de momento, en paz, debería parecernos de mal gusto, una frivolidad, vaya.




martes, 14 de mayo de 2019

AMORES DE CINE Y EL ESPÍRITU DE DORIS DAY


Con poco tiempo de diferencia  nos han dejado dos mitos del cine, nuestro Conrado San Martín y Doris Day. Se ha hablado y escrito más sobre Doris Day que sobre nuestro galán incombustible, así es la vida y así son las modas y el consumo cultural. Los dos estuvieron a un paso de llegar al siglo de vida, todo un reto. San Martín se casó una sola vez, tuvo varios hijos y le sobrevive su esposa, sus hijos y unos cuantos nietos. Doris Day tuvo un hijo que murió relativamente joven, Terry Melcher, objecto del odio de Manson porque, parece, no lo quiso promocionar musicalmente. La idea perversa de Manson era matar a Melcher y a su pareja de entonces, Candice Bergen, però el músico y promotor musical ya no vivía allí y las victimas fueron otras, entre las cuales la pobre Sharon Tate.

Melcher se casó varias veces y le sobrevive un hijo, Ryan, que no ha trabajado en el mundo del espectáculo. Day se retiró relativamente pronto del cine, se dedicó a la protección de los animals y era muy apreciada entre sus amigos. Las fotos de su vejez nos muestran a una dama sonriente,  encantadora, bella incluso, sin esos excesos estéticos que transforman en monstruítos a las actrices. 

Con motivo de su muerte se ha caído en el tópico habitual, al evocar aquellas películas románticas con Hudson, que ejemplificaban una fantasía femenina recurrente, esa de qué el Don Juan de turno se rehabilitaba gracias al amor, cuando encontraba a la mujer de su vida. Day trabajó con muchos galanes pero las tres películas que hizo con Hudson fueron emblemáticas, hacía de ingenua pero no tanto, era una dama joven y de buen ver, que trabajaba, que tenía su profesión, vaya. Estaban llenas de humor inteligente, no tan inocente como se pretende. Hudson era un gran comediante, según me opinión era mejor haciendo reir que haciendo llorar.

Luego supimos que era gay, todavía hay quién se sorprende de que lo fuese, como si los homosexuales fuesen todos amanerados y raritos. Tuvo mala suerte con el VIH, le tocó la época mala de la enfermedad, una enfermedad que se llevó por delante a mucha gente. Day tuvo mala suerte con sus maridos, Melcher, que cedió su apellido a Terry, hijo de un matrimonio anterior, resulto ser un manirroto y un estafador y parece que el tema se destapó cuando murió. Nos gusta ver moralejas en todo, hay que ver, que mentira, aquel sueño americano y todo eso. Todo es relativo, seguro que Day y Hudson también tuvieron épocas felices, a pesar de todo. 

Se atribuye a Orson Welles aquello de que los finales felices dependen de donde terminas la película. La película o la vida, diría yo. Se puede ser feliz durante un tiempo y que empiecen a pasarnos cosas malas a nivel individual, pérdidas, enfermedades, cosas así. O, todavía peor, a nivel colectivo, guerras sobretodo pero también catástrofes naturales, accidentes. Todo es incierto. También hay quién las ha pasado canutas de pequeño y luego es feliz, más o menos, y consigue estabilidad, tranquilidad, amor. Hoy, afortunadamente, la gente se puede separar, juntar, tener hijos ilegítimos, ser gay o lesbiana y, en general, en nuestra sociedad, no pasa nada. No valoramos como deberíamos esa libertad de pensamiento, que afecta tanto a nuestra intimidad.

Quizás haya quién piense que creíamos lo que sucedía en aquellas películas, o en otras más actuales, como Pretty Woman, por ejemplo. Sabemos, como sabían mis padres y abuelos, que eran cuentos, pero los cuentos gustan, sobretodo si terminan en el momento preciso, cuando la pareja se besa y es feliz, y rica, y elegante. Incidir en aspectos personales de aquellos actores con aquel mal consuelo envidioso de qué los ricos también lloran sirve de poco. Aquellas películas continuaran teniendo su magia, aunque ahora nos parezcan algo machistas, tontas o simplonas. No todo tiene que acabar mal aunque la vida siempre acabe mal, de alguna manera, o sea, con la muerte. Viva Doris Day! Y viva Rock Hudson! Eternos y guapos para siempre, en esas historias que no eran para no dormir sinó para dormir soñando en colores.