sábado, 28 de marzo de 2020

REALIDADES INCÓMODAS SOBRE LA VIDA BREVE




Nos hemos dado de bruces con la realidad, incluso en mi entrada anterior y en el artículo que copié se percibí cierto escepticismo ante la alarmante situación, ¿quién podía pensar en algo tan molesto, tan doloroso, tan incómodo, tan largo?

Me equivoqué, como tanta gente, en la percepción del peligro. Escucho periodistas de esos habituales en la radio, en el periódico, que también han cambiado de opinión ante la indiscutible gravedad, en cantidad y en cualidad, de los efectos de ese virus inesperado, que parecía cosa de la lejana China, como en otras ocasiones nos parecían los malos microbios cosa de África o de colectivos determinados, como pasó con los homosexuales al principio del estallido del VIH. O como otros virus, más bien políticos, parecían afectar a algunos, solamente, curas, comunistas, judíos...

Una injusticia hecha a un hombre es una amenaza contra todos, escribió Montaigne. Gran verdad, pocas veces admitida en su totalidad. El otro día vi la repetición de uno de esos estupendos programas de Imprescindibles, dedicado a Gregorio Marañón, en el cual se recordó una frase del personaje, algo así como que quién no duda es una amenaza para los demás.

Y, sin embargo, cuantas afirmaciones contundentes hemos de aguantar en estos días. Qué si el gobierno lo hizo mal, qué si aquí o allá se tomaron medidas eficaces, qué somos un país de inoperantes, que en Catalunya se hizo mejor... Todo queda en entredicho ante la realitat. Hace tiempo escribí, en este blog y en otros, de la situación de tantas residencias. En las residencias  catalanas se ha asesinado y violado, la cosa no parece haber inquietado demasiado. Al fin y al cabo, la gente vieja molesta, con pocas excepciones, aunque eso de viejo, hoy, parece un insulto.

Hace pocos días, en un pueblo del sur español, un grupo vandálico recibió con piedras a unas ambulancias que trasladaban ancianos de una residencia infectada a otro lugar. Hay que decir que una parte del pueblo reaccionó de forma positiva pero en los pueblos es difícil y peliagudo contradecir a las mayorías, son lugares más cerrados que las grandes ciudades, para bien y para mal. Durante la guerra civil fueron muchas más las barbaridades cometidas en los pueblos que no en las grandes ciudades, hay datos, y estadísticas.

Pienso en estos días en dos ancianos confinados en mi casa, cuando yo era joven. Uno era  mi abuelo, tenía un enfisema, a causa del tabaco. Mi escalera no disponía, entonces, como tantas otras, de ascensor. Su única distracción era contemplar a la gente que iba y venía por el barrio. Hoy, en esa calle que fue mía, han plantado árboles, almeces, lledoners en catalán. Han crecido mucho y, menos en invierno, cuando no tienen hojas, no dejan ver la calle, por ello mi padre, que también acabó confinado en una silla de ruedas, no tenía ni tan sólo esa distracción. Los ayuntamientos deberían tener en cuenta ese tipo de cosas a la hora de embellecer los barrios con árboles, tan hermosos y necesarios, sin embargo.

Otra confinada fue una tía-abuela, prima de mi abuelo, que acabó viviendo y muriendo en casa. Era una mujer orgullosa, independiente, pero tuvo que admitir el paso del tiempo. Un ascensor, entonces, hubiese mejorado la vida de mi abuelo, de mi tía-abuela, de mi padre. Mi madre también murió antes de disfrutar del ascensor que, finalmente, se instaló en la escalera. Mi madre acabó en un centro socio-sanitario, no me dieron a elegir, un día llegué y vi que le habían puesto una sonda alimentaria en la nariz, porque no podía tragar, no me pidieron permiso, no me atreví a protestar. Allí pasó siete horribles meses, con la sonda en la nariz, la cabeza relativamente lúcida, con algunas lagunas. Yo todavía trabajaba entonces, cada tarde subía al centro, después de la escuela. Tengo muy mal recuerdo de aquellos meses, aunque el personal era amable, pero insuficiente, y hacía lo que podía.

Murió sola, en una madrugada de otoño. No se ha abierto un debate profundo sobre eso de alargar la vida más de la cuenta, cuando no hay perspectivas de mejora de calidad de vida. Quizás ahora se plantee el tema, la muerte es un tema inquietante, no nos gusta. Tampoco la evidencia de la vejez, se supone que cada viviremos más y mejor, los humanos somos orgullosos, crédulos, pero eso del virus nos ha puesto, de momento, en nuestro sitio. Resulta que los de más de sesenta somos grupos de riesgo y que las residencias dejaban mucho que desear, en general. 

Todo pasará y volveremos a las andadas, se escarmienta de momento, pero luego todo se olvida, se reinventa, se publican novelas bonitas y series divertidas sobre los grandes problemas del mundo. Y, aún así, tenemos ilusiones, ideales, buenas intenciones, vuelve la primavera, nacen niños y niñas, bailaremos, cantaremos, leeremos. Algún día, por ley natural, seremos gente confinada, en casa, en la residencia, donde sea, si no tenemos la suerte de morir de forma rápida e indolora, inesperada, de un patatús o un accidente inesperado. No podemos olvidar que somos mortales, y no hace falta que un esclavo romano nos lo vaya recordando, en nuestro paseo triunfal por la vida.

domingo, 22 de marzo de 2020

MANIPULACIÓN MEDIÁTICA Y RELATIVIDAD DE LA MUERTE




Me disponía a escribir algo en la misma línea, aunque con menor oficio, así que prefiero reproducir el sensato artículo de Público: El coronavirus y la mentira global.

El autor es el periodista Pedro Luis Angosto.





'Durante el año pasado se registraron en España 277.000 casos de cáncer. La mitad de los enfermos morirán en un plazo inferior a cinco años, sufriendo durante el resto de su vida un calvario indecible de idas y venidas al hospital, de quimio y radioterapia, de dolor y sufrimiento y de miedo indescriptible. En una sociedad avanzada y civilizada, las investigaciones para curar o paliar el cáncer, las enfermedades cardíacas y las degenerativas deberían ocupar un lugar preeminente, dedicándoles todos los medios económicos posibles. Del mismo modo, en un mundo civilizado y justo, la Organización Mundial de la Salud, en vez de callar, debería denunciar los precios altísimos de los tratamientos para esas enfermedades que están arruinando a los sistemas estatales de salud, declarar la libertad de todos los países para copiar cualquier medicamento que sirva para mejorar la vida de los enfermos y condenar el reparto mafioso y monopolístico de los nuevos tratamientos por parte de los grandes laboratorios. No lo hace, mira para otro lado, y la curación de esas enfermedades que tanto dolor causan a tantísima gente se pospone hasta que la mafia quiera. 

El año pasado murieron en España por accidente laboral casi setecientas personas, resultando heridos de gravedad o enfermos debido al trabajo varios miles de personas. Las causas están claras, precariedad laboral, jornadas interminables, destajo, escasas medidas de seguridad y explotación. Ningún organismo estatal ni mundial alerta sobre el deterioro de las condiciones de trabajo ni esas víctimas, que podrían haberse evitado con muy poca inversión, no abren los telediarios ni ocupan más de su tiempo.

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres

En 2019, seis mil españoles murieron de gripe, una enfermedad tan común como el sarampión que mata todos los años a miles de personas en África sin que la OMS exija a los Estados miembros que aporten las vacunas necesarias -que valen cuatro perras- para evitar ese genocidio silencioso. Al fin y al cabo, la mayoría son negros.

En 2018, más de cuarenta mil personas murieron en España por la contaminación ambiental, siendo directamente atribuibles a esa misma causa el fallecimiento de ochocientas mil personas en la Unión Europea y casi nueve millones en el mundo, aparte de los millones y millones que padecen enfermedades crónicas que disminuyen drásticamente su calidad de vida.

En 2017 más de seis millones de niños murieron de puta hambre en el mundo mientras en los países occidentales se tiran a la basura toneladas y toneladas de alimentos. Ese mismo año, más de dos mil millones de personas trabajaron jornadas superiores a 15 horas por menos de 10 euros al día. Ningún informativo, ningún periódico, ninguna radio lleva días y días insistiendo machaconamente en esa tragedia que martiriza a diario a media humanidad y amenaza con llevarnos a todos a condiciones de vida insufribles.

La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G

Hace unas semanas surgió en una región de China un virus que causa neumonía y tiene una incidencia mortal menor al uno por ciento. Los medios de comunicación de todo el mundo, acompañados con las redes sociales de la mentira global, decidieron que ese era el problema más terrible que había azotado al mundo desde los tiempos de la peste bubónica del siglo XIV que diezmó la población de Europa en casi un tercio. No hay telediario, portada de periódico por serio que sea o red social en la que el coronavirus no ocupe un lugar preferente y reiterativo hasta la saciedad, como si no tuviésemos bastante con las enfermedades ya conocidas que matan de verdad a muchísima gente después de largos períodos de sufrimiento y tortura vital. No sé cómo surgió ese nuevo virus, tampoco si es nuevo, carezco de conocimientos científicos para ello, lo único que sé es lo que cuentan los especialistas, y es que apenas mata ni deja secuelas importantes. Pese a ello, a que lo saben, los informativos siguen creando alarma a nivel mundial. ¿Por qué?

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres. Vivimos un tiempo de relevos, la potencia hegemónica -Estados Unidos- tiene por primera vez desde el final de la Guerra Fría un serio competidor que se llama China. Ese competidor fue alimentado desde los años ochenta por las potencias occidentales debido a su enorme población, a su pobreza y a los salarios bajísimos de sus trabajadores. Han pasado cuarenta años y lo que entonces pareció una decisión magnífica para acabar con los Estados del Bienestar, abaratar costes e incrementar riquezas de modo exponencial, ha tomado otro cariz y ahora esa potencia pobre produce casi el 18% de todo lo que se fabrica en el mundo y está en disposición de dar el gran salto que la coloque en como primera potencia mundial, algo que será inevitable haga lo que haga Trump y sus amigos porque tienen el capital, la tecnología y la mano de obra necesaria. La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G. Se trataba de impedir de cualquier manera que los chinos pudiesen demostrar que hay campos en los que ya están por delante de Estados Unidos y, por supuesto, de Europa. No hay otra explicación ni otra razón. Con la cancelación del congreso de Barcelona y la información apocalíptica sobre las consecuencias de la expansión del coronavirus se daba un paso más en la nueva guerra fría que se ha inventado Donald Trump, dejando claro a China que todo vale en la guerra y que su ascenso al primer puesto les va -nos va- a costar sangre, sudor y lágrimas.

El coronavirus es una enfermedad que no arroja datos alarmantes, primero porque no se expande al ritmo de las grandes epidemias que ha sufrido el mundo, segundo porque tampoco los porcentajes de mortandad son equiparables a los de otras plagas como la “gripe española”. Sin embargo, y dentro de un lenguaje medieval, se está intentando crear pánico a escala global y por eso cada día nos cuentan el nuevo caso que se ha descubierto en Italia, Croacia, Malasia o Torrelodones, uno por uno, haya dado muestras de quebranto o no. Se trata de alimentar el bicho del miedo a escala global con fines estrictamente políticos y económicos, y nunca antes como hoy, en la sociedad de la desinformación, han existido tantos medios para imponer las mentiras como verdades absolutas al servicio de intereses bastardos. El coronavirus no es el fin del mundo ni nada que se le parezca, es una enfermedad normal, como tantas y con poca mortandad, pero la manipulación mediática interesada puede llevarnos a una crisis de consecuencias devastadoras.

sábado, 15 de febrero de 2020

AQUELLOS SÁBADOS ESCUCHANDO 'FANTASÍA'


Desde hace algunos años, y gracias a una iniciativa  española, se celebra el Día de la Radio. Y precisamente en el Día de la Radio de este 2020 ha muerto Jorge Arandes, una personalidad del medio, hombre inteligente y responsable de grandes iniciativas, que propició programas como Protagonistas, del cual han bebido y copiado muchos magazines matinales, radiofónicos y televisivos.

Arandes tuvo cargos importantes y reconocimientos diversos. Había nacido en el año 1929, pertenece a la generación de mis padres, una franja de población de la cual quedan ya pocos y que maduró en una época complicada y terrible. También ha muerto estos días Rafael Romero Marchent, que con su hermano Joaquín tuvo a ver com una serie que a menudo he reivindicado, Curro Jiménez, y con muchas cosas más, claro. A esa gente importante de más de noventa años medio se la olvida y, cuando mueren, se considera que eran supervivientes.
Mis  recuerdos más entrañables de Arandes, sin embargo, se relacionan con mi infancia y con aquel programa de los sábados, Fantasía, seguido por tanta gente de todas las edades, en el cual lo acompañaban Federico Gallo y mi admirada y recordada María Matilde Almendros. La longevidad aumenta pero se muere, un día u otro, la vida pasa y cada uno es hijo de su época, de su entorno, de su imaginario sentimental. Aquella radio unía a personas muy diferentes, lo mismo que la tele de  los inicios. La radio ha conseguido reinventarse, no ha muerto, como profetizaban esos expertos que tienen tendencias apocalípticas. Tampoco el cine mató el teatro, todo puede tener su lugar en un mundo diverso y complejo como el del presente.

martes, 28 de enero de 2020

HERENCIAS FAMILIARES


Emilio Gutiérrez Caba, (Valladolid, 1942), ha publicado un libro excelente y entrañable, dedicado a las mujeres de su familia. Los que ya tenemos algunos años y somos, más o menos, de la generación del actor, evocaremos teatros, obras, situaciones y hechos que, de forma inevitable, se van borrando con el paso del tiempo. Muchas de esas cosas forman parte de nuestro imaginario sentimental, de nuestra propia vida. El libro va más allá del tema familiar, es un repaso por la historia del teatro en España, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Del teatro, del cine, de la televisión... 

A la generación de mis padres también les habría gustado el libro y habrían recordado a mucha gente del pasado, olvidada hoy. Las mujeres de la familia del actor tienen un espléndido inicio con esa tía Leocadia, impresionante y valiente personaje, que no se casó ni tuvo hijos. Ni tampoco consiguió que llevase su nombre alguna descendiente, lástima. Sobrinas suyas fueron Julia e Irene Caba Alba, está última madre del autor. Irene estuvo condicionada por sus responsabilidades familiares y no pudo brillar como merecía, aunque trabajó mucho. Hoy existe una actriz joven y en activo, Irene Escolar, nieta de Irene.

Julia Caba Alba va ligada al imaginario de mi infancia, nos reímos mucho con ella, salia en un montón de películas de la época, de esas que más adelante consideré españoladas, con pocas excepciones, y que hoy me merecen un gran respeto, sobre todo a causa de los excelentes actores y actrices que dignifican guiones mediocres. Irene y Julia Gutiérrez Caba ya pertenecen a la modernidad televisiva, aunque trabajaron mucho en el teatro y también, sobre todo Julia, en el cine. Irene murió de forma prematura, Julia todavía está en activo. Son actrices que en otro contexto y con más oportunidades serían del nivel de Mirren, de Katherine Hepburn, de Meryl Streep, lo mismo que su hermano pequeño, que las evoca y reivindica con ternura y objetividad.

Emilio Gutiérrez Caba fue uno de esos jóvenes actores de los cuales nos enamoramos en la adolescencia, lo vimos en el cine, en la televisión, en el teatro. Es hoy un gran actor que merecería, también, más reconocimiento. La familia, en cierta manera, condicionó la vocación familiar de sus componentes. En algún momento, dice el autor  del libro, tuvo ganas de escaparse y no ir al teatro a trabajar. Eso pasa en todas las profesiones, en general. La vida nos condiciona, nos limita, nos encarrila. Y, como se refleja en el libro, siempre quedan cosas por saber, por preguntar, afectos que no hemos manifestado como desearíamos.

Algunas reflexiones me evocaron al gran Fernán Gómez y su tiempo amarillo. Emilio Gutiérrez Caba, que yo sepa, solo ha publicado otro libro, el interesante Vinos de cine. Espero que con todo lo que sabe sobre la profesión se decida a escribir y publicar más, ahora que se encuentra en ese tiempo de madurez irreversible, de experiencia inteligente acumulada. El libro hace un homenaje a las mujeres de su familia y está dedicado a las actrices, los hombres, en algunos casos, parecen hacer, como decimos en catalán, més nosa que servei. Actualmente tengo preferencia por ese tipo de libros que por las novelas, puede ser porque he leído algunas de bastante mediocres en los últimos tiempos, muy bien promocionadas, eso sí. Una delicia de libro, obsequio de los Reyes Magos.


jueves, 5 de diciembre de 2019

EL BARRIO, SU GENTE, SU MÚSICA

Este lunes me invitaron a participar en una agradable velada, organizada por la BiblioMusiCineTeca y la gente de Radio-Actius. Se trataba de un repaso sentimental y musical por la historia de los últimos años, prestando mucha atención a los artistas y personajes de mi barrio, el Poble-sec barcelonés. A mi me ficharon para hablar de la radio de mi infancia y juventud, todavía estaría hablando y dejé de mencionar muchas cosas, muchos programas, mucho de todo. Ya estoy en la franja de edad en la cual te llaman para que recuerdes y cuentes el pasado. Ese pasado que siempre nos engaña. La memoria es imprecisa y mentirosa. Hablé de muchos programas y de los primeros que se hicieron, en parte, en catalán, ya casi en los sesenta, claro. 

Evocamos a Serrat, a Sisa, a Manuel Ausensi, a los De la Torre, a los Mustang, a un montón de gente relacionada con nuestra geografía cercana. Se comentó la actualidad de la emblemática Sala Apolo, la potencia del grupo vocal Sound Dreamers, el ingente trabajo de Pablo Persico y su orquesta infantil. En mi barrio, hoy, vive gente de todo el mundo, cuando yo era pequeña vivía gente de todo el estado español. Ya nació como barrio suburbial, para dar cobijo a la gente que venía a trabajar a la ciudad, buscando un futuro mejor.

Hoy, muchas personas que vinieron de aquí y de allá critican a los recién llegados del presente, que vienen de más lejos. Hay una expresión que me divierte, eso de los de toda la vida, esa vida, claro,  es la de cada cual de nosotros. La velada dejó de lado el tema político, se habló castellano, catalán, inglés... y porque el chino es más difícil, la verdad. Hace unos días comentaba a alguien que un gran bazar chino de la calle Blai, esa que se nos ha reconvertido, como canta Cesk Freixas, en la petita Rambla del Poble-sec, será, si un día desaparece, motivo de gran nostalgia para las nuevas generaciones, para esos niños con padres y madres de todo el mundo que compran allí baratijas divertidas y lápices de colores. 

Durante mi infancia había allí una tienda donde vendían hierbas medicinales y productos dietéticos, la tendera era también comadrona, fue la que atendió a mi madre en los partos pero no era demasiado simpática y un día me echó la bronca porque se me ocurrió ir a preguntarle si tenía hojas de morera para mis gusanos de seda, le pareció una ofensa comercial. Poca gente recuerda hoy el establecimiento o la comadrona.

Una canción de un grupo que me encanta, la Ronda de Boltaña, evoca a una persona que llega a mi barrio desde Aragón, con su familia. Después, el nieto regresa a su tierra e, incluso, recupera la olvidada y antigua lengua aragonesa, en la cual canta algunas canciones. Los de Sound Dreamers cantan en muchas lenguas, un día me quejé, incluso, de qué en un breve recital no cantaron ninguna en catalán. No debí quejarme, no fue con mala intención. El mundo es diverso y cambiante y quizás se acabe hablando en ese latín moderno que es el inglés escolar. 

Muchas buenas iniciativas que florecen en mi barrio han surgido gracias a gente de todas partes, muchos hispanoamericanos pero también italianos, por ejemplo. La escuela de mi nieta es un reflejo de ese universo cambiante y diverso, las clases se hacen en catalán y no pasa nada y, en general, puede que por esa mayoría hispanoamericana, se juega en castellano. Hay niños y niñas de Pakistán, de Filipinas, de la China, de Gran Bretaña, de Italia, padres convencionales, familias monoparentales, hijos de parejas homosexuales. La escuela pública ha dado un salto cualitativo en las últimas décadas, aunque me quejo de los políticos también hay que reconocer las mejoras estructurales y el aumento de los recursos. 

La escuela ha sido casi siempre, como decimos en catalán, l'ase dels cops. En lugar de dar autonomía a los maestros y maestras para que se organicen como crean conveniente, la política de aquí y de allá siempre quiere meter su zarpa en el contexto. Cambios de planes, burocracias excesivas, metodologías impuestas, mucha tontería que, por suerte, no perjudica la vida cotidiana.

El próximo martes presento en la biblioteca del barrio una nueva novela, escrita en catalán, creo que, sin embargo, la leerá gente que no tiene el catalán como lengua habitual. Las lenguas románicas se pueden entender entre ellas, si se habla o lee despacio, y si el sur europeo hubiese conformado un solo estado político hoy todos los derivados del latín serían formas dialectales. No fue así y parece que hay una tendencia a potenciar la diferencia, en nuestros tiempos. 

Por encima de la política y de los estados y del resto está la gente, la de mi barrio, entre la cual, como es lógico y como ha sido siempre, hay de todo. La vida sigue y las cosas no son siempre como deberían ser, què hi farem... Barcelona, como todas las ciudades grandes, tan criticadas a menudo, es un mosaico de barrios llenos de actividades, de iniciativas, donde la gente se conoce bastante, coincide, celebra fiestas y actos culturales y festivos. González Ledesma, gran escritor, que vivió en mi barrio y lo reflejó en muchas de sus novelas, decía que Barcelona era como su madre, porque lo había visto nacer y como su hija, porque él la había visto cambiar. Pues eso...

viernes, 15 de noviembre de 2019

JUANITO, FELIPITO Y EL CARGUITO


Como si la situación no fuese ya bastante complicada y confusa con los políticos del presente, de vez en cuando surgen del pasado los fantasmas en activo, Aznar, Gonzàlez, para pontificar sobre lo que es y no debería ser o lo que pudo haber sido y no fue.

En el fondo quiero pensar que hay algo de poesía en esas resurrecciones, la nostalgia del viejo por sus buenos tiempos en el poder, la envidia por los jóvenes que, con todos sus errores, vacilaciones, ambiciones y tropiezos, tienen, todavía, mucho futuro para reinventar.

Creo que en Catalunya, gracias o desgracias a los líos económicos del señor Pujol, nos hemos librado de sus posibles pontificaciones sobre el presente. Aznar y Gonzàlez tienen en su pasado político muchas sombras pero parece que esas no los afectan, no sienten vergüenza por los errores pasados, no la siente ni la parentela de Franco. En fin, así es el mundo y así son algunos políticos.

La gente joven quizás no sabe nada o sabe poca cosa de la época oscura del PSOE, de aquello de Roldán, de la guerra sucia, del hermanito de Guerra y de otras miserias del pasado. Si evocas cosas así siempre te mientan, en relación con Catalunya, a Pujol, a Millet, como si todo fuese lo mismo. Pero las odiosas comparaciones no perdonan, no todo es lo mismo aunque todo es altamente lamentable. El tema del señor Pujol resultó más doloroso a los catalanes porque el hombre, buen político en determinados aspectos, era proclive a pontificar sobre valores, lealtades, honradeces y cosas así y despertaba extrañas devociones incondicionales, a las cuales somos muy aficionados los ciudanos de a pié.

Felipe González ha vuelto a surgir de su cómodo retiro para decirnos cosas brillantes, como eso de si Juanito tiene un carguito. No tengo grandes esperanzas sobre el pacto actual de los socialistas con Podemos pero, sinceramente, prefiero eso que no una derecha dura en el poder, ya expresé en un blog anterior que se debía votar porque no todo era lo mismo. El señor Sánchez me ha decepcionado a fondo, lo admito, como me ha decepcionado, en muchos aspectos, la actual alcaldesa barcelonina. Por cierto, en relación a Colau, la gente parece haber olvidado las sombras de algunas épocas del largo mandato socialista en Barcelona, con actuaciones prácticamente mafiosas en algún caso. Los fastos olímpicos han maquillado muchos pecados mortales. Fastos debidos a la influencia de Samaranch, por cierto,nombre que mucha progresía quisiera borrar de la nomenclatura olímpica, somos así de incoherentes y contradictorios.

Lidia Falcón escribió hace años un libro demoledor con el comunismo resistente en el cual comentaba el machismo de la izquierda, con ejemplos vividos en directo. En una entrevista le comentaron que, según eso, derecha e izquierda eran lo mismo y ella dijo que de ninguna manera. En el contexto de la izquierda, aunque sea una izquierda bastante lamentable, existe siempre cierta esperanza.

Cuando se eligió a Trump mucha gente antiamericana me decía que Trump y Hillary Clinton eran la misma mierda neoliberal. Yo creo que ya se ha visto que no eran lo mismo, empezando por sus biografías juveniles. Existen matices, los matices son importantes, muy importantes. Lo bueno es enemigo de lo mejor y la política es la ciencia de lo posible.

Curiosamente, algunos logros catalanes y españoles se  realizaron en tiempos de gobierno de derechas, pero con una izquierda potente en la oposición. Por ejemplo, en Catalunya, la inmersión lingüistica. O, en España, el final del servicio militar. La negociación conveniente, interesada, en ocasiones algo chapucera, consigue cosas, las mayorías absolutas son muy peligrosas, las tenga quien las tenga.

Felipito sabe muy bien que los Juanitos y los carguitos son muy convenientes en el campo de la política real, el repartió unos cuantos a conocidos y saludados. Está muy bien pedir lo imposible, como hacían los estudiantes pijos del mayo francés, aunque ya sabemos que pedir no empobrece y que hay cosas que son imposibles por más que las queramos exigir y nos parezcan justas. 

Váyase, señor Felipe, a su caserón de lujo, disfrute de la jubilación generosa, usted y los de su época, como Alfonso Guerra, el supuesto intelectual del partido, que siempre venía a soliviantar, al puro estilo Ciudadanos avant la lettre el cinturón metropolitano catalán. Ya nos arreglaremos, ya se arreglarán, ya madurarán los nuevos políticos ambiciosos. No lo hicieron tan bien como quieren hacernos creer, no eran mejores políticos que los de ahora, ni el pasado era, como decimos los catalanes, una bassa d'oli.

viernes, 8 de noviembre de 2019

LA HISTORIA Y EL PRESENTE


Acabo de finalizar la interesante lectura de este libro en el cual el autor reflexiona sobre la relación del individuo con sus circunstancias, a traves de cinco grandes clásicos de la literatura, La Cartuja de Parma, Guerra y Paz, Los Thibault, La Condición Humana y El Doctor Zhivago. Cuando el mundo que nos rodea parece entrar en una especie de espiral surrealista inexplicable la literatura, la literatura seria, con ideas y profundidad, es una especie de consuelo, al situarnos en la experiencia de otros seres, aunque sean imaginarios. Claro que puede ser aquello de mal de muchos, consuelo de tontos. Pero es que el mal siempre es de muchos y quizás todos somos tontos, en alguna medida. Estamos sujetos a nuestro tiempo, a nuestras circunstancias, a nuestra familia, al lugar donde vivimos, a eso que se ha llamado patria y que ha llevado tanta gente a los mataderos, o a dogmas religiosos que hoy nos parecen más absurdos que nunca, porque la libertad de pensamiento, algo en lo cual hemos avanzado un poco, al menos por aquí, nos permite dudar de todo y huir de la fe del carbonero. O del carbonario. 

Los cinco autores escogidos por Chiaromonte tienen un gran prestigio, Stendhal, Tolstoi, Martin du Gard, Malraux, Pasternak. Creo que entre ellos no desmerecería nuestro Galdós, a quién hoy también hemos apartado de nuestros grandes clásicos indiscutibles, sus Episodios Nacionales ofrecen una reflexión muy interesante sobre una larga época de la historia española. Algunas reflexiones del autor de La Paradoja de la Historia sobre Martin du Gard, que incluso obtuvo el Nobel en su tiempo serían aplicables a Galdós, como, por ejemplo, la injusta consideració de autor antiguo o anticuado. Galdós no obtuvo el Nobel por culpa de sus coetáneos, de sus contemporáneos del mundo de la cultura y la culturilla, cosas del medio cainita en el cual se mueve todo, y no solo por aquí, en todas partes cuecen habas, vaya.

La Paradoja de la Historia transcribe algunos fragmentos muy relevantes de las obras escogidas. En uno de ellos, de Martin du Gard, asistimos a un substancioso diálogo sobre la necesidad de mentir al pueblo en tiempos de guerra, ya que hace falta, por parte de los gobiernos, dirigir los acontecimientos, conseguir que el enemigo siempre esté equivocado, que los que luchan no sepan qué pasa en la retaguardia ni la retaguardia sepa qué pasa en el frente. Se evoca, sin escrúpulos, la mentira útil. 

La mentira útil no se sitúa únicamente en tiempos difíciles, de guerra. Ha sido utilizada desde siempre y no solo desde el poder. También las oposiciones nos han mentido cuando les ha convenido. Chiaromonte evoca las reflexiones de Voltaire sobre la invención de la religión, otro ejemplo de la elaboración de historias convincentes para no desmontar las creencias populares, el mismo Voltaire quería que sus criados fuese practicantes, no se fuese a desestabilizar de forma excesiva. Una buena amiga me comentaba que, con el tiempo, te das cuenta de que todo es mentira, incluso un tango popular nos lo recuerda. La gente de ciencia considera que el método científico es infalible pero en nombre de la ciencia nos han colado muchos disparates. 

Hace años, muchos, yo trabajaba en una escuela pública de un barrio humilde y popular, muchas familias eran militantes comunistas, del PSUC. La consigna política de aquel partido, muy respetable en tantos aspectos, era promover la protesta colectiva, de oposición al poder establecido. Ya era aquella la época incipiente de nuestra frágil democracia. Durante un inicio de curso faltaban un par de maestros, nos los iban a mandar, aunque con retraso. Sin embargo uno de los padres consiguió que se saliera en manifestación por las calles del barrio, gritando consignas contra el poder, en aquel caso de la incipiente Generalitat, ya que se pretendía privar a los pobres de cultura y educación. Quizás debí callarme pero, en algún momento, manifesté en una reunión que las cosas no eran como se contaban en las multitudinarias asambleas y aquel padre me hizo callar, yo estaba equivocada puesto que el gran capital corrupto  conseguía que viese las cosas como no eran, no entendía del tema, vaya. Un poco como aquello de doctores tiene la iglesia, pero en otro contexto. No hace falta explicar que algunos de los padres más significados se acabaron colocando en ayuntamientos y otras instituciones, mientras que otros perdían la fe en la política, de forma progresiva.

La lectura del libro de Chiaromonte y los recuerdos personales se han concentrado en estos días en mi imaginario del presente, viendo la televisión, los debates, los comentarios políticos, las grandes y burdas mentiras aceptadas por los devotos de todas las tendencias. Hoy se culpa a las redes sociales de la propagación de barbaridades, se culpa al mensajero, como ha pasado desde hace siglos. Probablemente los políticos actuales sean peores que los de hace algunas décadas, no lo sé, o quizás hoy hemos perdido la fe y los contemplamos de otra manera. Hace años pude ver, en la televisión catalana, un diálogo magnífico sobre política, entre Jordi Pujol y Felipe Gonzàlez, incluso, con cierta inocencia, me sentí orgullosa del progreso del país, del nivelazo de los dos políticos. Hoy el uno y el otro me producen una especie de sentimiento inevitable de rechazo, casi me inspiran compasión, cada uno en su estilo de vejetes castigado por la vida, con sus propios errores de bulto en el equipaje. 

Sin embargo todos tenemos nuestras propias contradicciones, por eso me resisto a tirar piedras a los pecadores o a admitir que hay seres humanos absolutamente deleznables, el personaje más absurdo y odioso quizás sea un padrazo o un calzonazos en su casa, quién sabe. Y el político más sabio y admirable, dispuesto a cambiar el mundo con su sacrificio personal, puede ser un machista maltratador o un papá irresponsable, en la intimidad. Cada casa es un mundo y cada persona un misterio, decía mi mamá. Superaremos las limitaciones del presente y volveremos a tropezar con piedras, que no serán las  mismas però que seguramente nos resultarán igualmente peligrosas. No sé si actualmente existen obras literarias de contemporáneos tan interesantes como las que elige Chiaromonte, cuesta valorar nuestro tiempo, para todo hace falta perspectiva. Quizás el cine ha tomado el relevo de la gran narrativa decimonónica, no lo sé. Lo cierto es que nuestros problemas responden a las limitaciones de nuestra especie y que las grandes preguntas sobre la humanidad y su relación con el destino, con la historia, son las de siempre y no tienen ninguna respuesta válida ni universal. A pesar de todo, se ha de votar, vaya.