viernes, 13 de julio de 2018

SOBRE LA FRAGILIDAD DE LAS RELACIONES HUMANAS

Resultat d'imatges de UNA HISTORIA VERDADERA

En la inolvidable película Una historia verdadera el protagonista, interpretado por Richard Farnsworth en el papel de su vida que, además, fue el último, un anciano emprendía un largo viaje para reconciliarse y visitar por última vez a su hermano, con quién hacía años que no se hablaba. En el emotivo reencuentro los dos admitían no recordar por qué se habían peleado.

Las personas, en general, nos movemos entre la necesidad de individualidad y la de relaciones sociales. La soledad puede ser una carga o una elección, claro. El paso de los años se lleva por delante a personas con quiénes hemos compartido más o menos vida y por eso la vejez tiene su carga de soledad añadida. Las relaciones  humanas son frágiles y contemplamos con sorpresa como acaban mal buenas amistades, parejas que parecía sólidas y enamoradas, familiares que compartieron fiestas entrañables.

A nivel colectivo pasa algo parecido. Existe un nivel de convivencia sostenible, con sus más y sus menos. En algún momento, fomentado en general por intereses o por grupos políticos inquietantes, nuestras dificultades de relación aumentan, se añade gasolina a los fuegos poco relevantes y las cosas pueden estropearse en cuatro días y generar tragedias colectivas que suelen afectar a aquellos más inocentes y pacíficos, incluso.

En los pueblos pequeños se percibe todavía más la dificultad de relación, hay familiares que no se hablan desde no sé cuando. Durante la guerra civil y después hubo más crueldad en las pequeñas localidades que en las ciudades grandes. Un tema recurrente es el dinero, las herencias, todo eso. Aunque el recuerdo se hubiese perdido, muchos aspectos relacionados con la guerra civil tenian sus orígenes en las mal resueltas guerras carlistas, siempre mal explicadas, quizás a causa de su complejidad y de las cuales sabemos casi más por la literatura que no por los manuales al uso. 

La tendencia al enfrentamiento creo que es innata, ya en el parvulario te encuentras con peleas por tonterías, con envidias, con chivatazos absurdos. Las tensiones que produce el enfado hacen que se añore un tiempo pasado, mitificado, en el cual las cosas eran de otro modo. Siempre existe un tiempo fraternal, situado en un impreciso pretérito, la gente se ayudaba, era solidaria, educada y respetuosa. Ese tiempo idílico no existió nunca o fue muy breve y débil. 

A nivel individual cuenta mucho el carácter, y en el carácter hay mucha genética. Hoy las familias no suelen ser numerosas y no se puede comparar tanto pero, por ejemplo, en casa de mi padre, en un pueblo, eran once hermanos y una parte de ellos se parecía al padre, pacífico y tranquilo, y la otra a la madre, con un genio vivo y algo violento. Dos no se enfadan si uno no quiere, se decía. Y es cierto, sin duda. 

Siempre hay temas conflictivos que sabes que con determinadas personas no puedes tocar pero la gente no siempre es capaz de no hablar de ello. Uno de muy importante, claro, es la política. En mi casa siempre contaban las encendidas discusiones de antes de la guerra entre mi abuelo, más bien de inzquierdas, y una prima suya, conservadora y más bien de derechas. Una de las muy relativas virtudes del tiempo de la dictadura, según algunos familiares, era que no se hablaba de política, por razones obvias, y se evitaban aquellos debates encendidos que podían acabar siendo enemigos para siempre. Otro tema espinoso era la religión y hoy, claro, en Catalunya, el tema identitario.

Se habla mucho de diálogo pero lo cierto es que hablando la gente no se entiende,  a veces vale más no hablar tanto. En todo caso se pueden llegar a compromisos, a pactos, a resignadas convivencias, a nivel personal, familiar, político. Es difícil que nos hagan cambiar de opinión cuando en nuestras certezas se amontonan muchas cosas, la historia personal, sentimental, las lecturas, las amistades, la colectividad. La historia es interpretable, no es una ciencia exacta y los hechos dependen de como los miremos y entendamos en cada momento. Nosotros también cambiamos y para relativizar hace falta tiempo y cuando entiendes algo ya eres vieja. De joven todo parece blanco o negro e incluso estaríamos dispuestos a morir por ideales etéreos. O queremos creer que es así.

El protagonista de Una historia verdadera se suicidó el año después del estreno de la película. Tenía un cáncer terminal, no es lo mismo ese tipo de suicidio que el de un joven, claro, aunque en ese tipo de cosas se suele generalizar excesivamente. Cuentan que no le gustaban ni la violencia ni las palabrotas y por eso aceptó el personaje, en esa larga y poética historia crepuscular y luminosa, la historia de alguien que quiere morir reconciliado pero no con Dios, como nos predicaban antes, sinó con su hermano.

Para no tener que emprender largos viajes de reconciliación mejor no pelearse ni dejar que las discusiones lleguen al límite. Con nuestras amistades y conocidos mejor dejar de lado, de momento, aquello que puede resultar espinoso e inquietante. Sólo tenemos una vida, dura poco y vale más evitar disgustos, si se puede. Sorprende la capacidad de violencia de los seres humanos en determinadas circunstancias pero debería sorprendernos  más la capacidad de vivir en paz de vez en cuando, incluso, en ocasiones, durante períodos relativamente dilatados en el tiempo. 

martes, 29 de mayo de 2018

MARÍA DOLORES PRADERA, MÚSICA, CINE Y RECUERDOS PERSONALES


Acabo de leer que ha muerto María Dolores Pradera. Tenía más de noventa años, pero todo pasa y el tiempo no perdona a nadie. El escritor Pere Calders, con su gran sentido del humor, comentaba que si al menos alguien se escapase de la muerte, sólo uno... pero no es así, la lotería toca a alguien pero la inmortalidad todavía no se ha inventado.

Entre los pocos discos que teníamos en casa de mis padres había varios de la cantante, a mi madre y a mi suegra les encantaba. Fue una cantante intergeneracional, nos gustaba a todos, más bien a todas, por igual, jóvenes y viejas. En los encuentros juveniles en los cuales se cantaba alrededor del fuego, además de las canciones excursionistas o de protesta siempre surgía alguna canción que habíamos aprendido gracias a la cantante.
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Supimos, con el tiempo, que empezó como actriz, que se casó con Fernán Gómez, todo eso. Hacían buena pareja. Cuando se recuperó Vida en sombras los pudimos ver a los dos, jóvenes y guapos, en aquel intento de hacer un cine más o menos normal. La película, las dificultades de censura y el largo olvido, acabaron con la carrera cinematográfica del director, Llobet-Gracia, la primera vez la vi, casi de forma clandestina, en el centro social del barrio. Algunas películas en las que intervino las hemos podido recuperar en el excelente espacio de la segunda cadena, como Los habitantes de la casa deshabitada (1946), pasada recientemente.

Después, en vista del éxito, Pradera se dedicó de forma exclusiva a la canción. Compartió canciones y escenario con todos los grandes, hasta hace cuatro días, recibió el título popular de gran dama de la canción, denominación sobre la cual, según cuentan, ironizaba. Hace un par de años, estando ya delicada de salud, leí que la había llamado por teléfono Pablo Iglesias para manifestarle su admiración. Existió una gran unanimidad sobre la devoción a Pradera aunque también, como resulta inevitable, se criticó la transformación de algunas canciones, que con sus versiones perdian contundencia o frescor en comparación con los originales. 
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Todo es opinable. Quizás perdimos a la actriz, en ese camino musical, pero las cosas no eran fáciles por aquí, ni en el cine, ni en el teatro ni en los hogares humildes. Su ex-marido comentaba, en un libro de memorias, que en España los triunfos actorales nunca son definitivos, no te convierten en una figura, has de reinventarte y volver a demostrarlo siempre y trabajar mucho. 

Con Pradera, que en ocasiones parecía inmortal, se nos va otro de los grandes personajes supervivientes de esa gran generación de mis padres, ya quedan pocos. Hoy la gente casi no canta de forma espontánea pero las versiones de Pradera se podían escuchar, hace años, por los patios de luces, en versiones de las amas de casa, mientras llenaban las primeras lavadoras.

lunes, 21 de mayo de 2018

LAS CASAS DE LOS FAMOSOS DE IZQUIERDAS



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Esa historia de la casita de Iglesias y Montero me pilla en plena lectura de un libro imprescindible en l'actualidad, La revolución divertida, de Ramón González Férriz (Debate, 2012). En la introducción el autor escribe:


Parece inevitable que toda persona de izquierdas que guste del poder -no sólo político, sino también periodístico, editorial o artístico- tenga que responder en un momento u otro de su vida a la pregunta de cómo conjuga sus ideas políticas radicales con su confort personal.

La incoherencia vital no se da sólo en gente de izquierdas, la misma religión cristiana predica, en teoría, pobreza y austeridad y la realidad, con pocas excepciones, ha sido otra cosa durante siglos. Jordi Pujol se supone que era de derechas -hoy los límites entre derecha e izquierda, más allá de los extremos radicales, son difusos- pero predicaba valores. Por eso sus pecados económicos nos han herido más que los de otros políticos.
Resultat d'imatges de la revolución divertida
Un piso en mi barrio, Poble-sec, un barrio más bien modesto y trabajador de Barcelona, con una terraza, de nueva construcción, se va a los cuatrocientos mil euros, si es un ático puede llegar a un precio más alto que la casita de la pareja, con eso de la gentrificación y el turismo desbordado. Me imagino que en Madrid deben ir las cosas más o menos como en Barcelona, por lo que respecta al precio de los pisos. Si esa parejita emblemática en espera de mellizos se hubises comprado un buen pisito en un barrio medio madrileño posiblemente no habría levantado la inversión tanta polvareda. Pero, ay, un chalet tiene un valor añadido, claro.

Una cosa es comprar y otra, heredar. Hace algún tiempo se metieron con Benet Salellas, de la CUP, porque tenía varias casas y, como suele suceder, el chico se molestó, su familia las había conseguido con el sudor de su frente. Un repaso por el patrimonio inmobiliario de derecha e izquierda nos produciría algunas sorpresas. En el programa El convidat, de TV3, pudimos ver cómo vivían de bien algunos personajes progres pero nada pareció digno de protestas condenatorias. Si la casa es del patrimonio heredado no inquieta tanto como cuando se compra en directo. Por eso Pujol se excusó con qué el dinero venía de la herencia de su padre, vaya.

Hay algo que nos molesta mucho a la gente y nos hace poner a la defensiva, es cuando se nos enfrenta con nuestras propias contradicciones. Eso atañe, sobre todo, a los predicadores, si no te has quejado ni has condenado a los perversos es más difícil que se metan contigo, claro. Y sucede a muchos niveles, por ejemplo, se defiende la escuela pública, se ataca de mala manera la concertada y luego se lleva a los niños a una de lo más elitistas de la ciudad o de fuera. Tienes muchos disgustos a lo largo de la vida, hace años supe que una pesuquera de culto, con un cargo en el ayuntamiento y muy visceral en sus condenas a la oposición, era de muy buena familia e iba al Liceo envuelta en pieles, cuando al Liceo se iba con las pieles, eso también ha cambiado, vaya. Y es que además de vivir bien, cierta izquierda, no disimula demasiado, la verdad.

Esas cosas pasan, somos humanos y humanas. Se atacan los enchufes hasta que se puede colocar al niño en un buen empleo gracias a los padrinos. En general, cuando te atacan te sales por la tangente, se ataca al contrario o se minimiza el pecado cometido. Es aquello de la paja en el ojo ajeno o de que, como decimos en catalán, cap geperut es veu el gep.

Albano Dante-Fachín, una persona con la cual se puede o no estar de acuerdo, pero que es, de momento,  de lo más lúcido, inteligente y coherente que tenemos por aquí escribió un twitter sobre el tema de la consulta a las bases sobre lo del chalet, que puede servir para hacer memoria a los olvidadizos de los temas verdaderamente importantes que pasar desapercibidos o casi:

Espero que la consulta de Irene y Pablo a las bases sea TRANSPARENTE y con posibilidad de AUDITORÍA y no como la consulta que se hizo para legitimar la destitución de la dirección catalana de Podem desde Madrid. Sin transparencia y sin auditoría. Salud.

Los comunistas de antaño, cuando les recriminabas que vivían muy bien -algunos- te argumentaban que luchaban para que todo el mundo tuviese lo necesario, lo que tenían ellos, se supone. En una ocasión, hace muchos años, una compañera de escuela, comunista de café, me contó que había ido a silbar a los convergentes que estaban podridos de dinero. A la que habían ido a silbar a lo bruto era a mi admirada profesora de Matemáticas de la Normal, María Rúbies, a la que su mismo partido dio muchos disgustos y que nos daba clases extras de forma voluntaria los sábados, incluso.

Le quise razonar que en el PSUC y en muchos partidos de izquierda había gente con bastante más dinerito que la profesora convergente. Y que eso era peor, pues ya sabemos que la derecha es mala y rica pero la izquierda debería ser buena, pobre y austera, vaya. Pero no me hizo caso ni me escuchó. Movernos en esquemas predeterminados parece que produce seguridad vital. Un caso de manual es el de esos cantantes que van de progresistas y que en los recitales, cobrados en oro, hablan de los problemas sociales e incluso, de vez en cuando, dedican algunos ingresos a los niños hambrientos del mundo pobre. Recogen un montón de aplausos, ya pasaba con los Beatles.

En fin, váyanse esa pareja a su torrecita en paz, que crien a sus niños en un sitio bonito y aireado, aunque me temo que eso de las urbanizaciones es una trampa rural que provoca muchos gastos en transporte y en construcción de carreteras secundarias, y que se deje en paz la vida privada de la gente, siempre, eso sí, que se paguen las casitas con su dinero, ganado, se supone, honradamente. Pero somos así, inquieta más que a la señora Cifuentes la pillasen con la crema que no los muchos casos de corrupción pepera, comprobados y poco aireados, considerando la gravedad del tema.

Mi barrio, Poble-sec, està hoy un poco de moda. Hace unos días me hizo unas preguntas sobre él una periodista de una tele local, me contó que unos amigos suyos vivieron en mi barrio hasta que tuvieron hijos y hubo que pensar en la escuela. Le argumenté que las escuelas de mi barrio, si lo sabré yo, están bastante bien. Me dijo que quizás ahora sí pero antes no, en fin, no sabía qué decirme. En el fondo, más de lo mismo, es bonito ser de izquierdas en teoría y andar por los barrios con sabor, pero a la hora de la verdad, queremos escuelas sin gente de fuera y de esas que venden humo pedagógico a las clases medias con aspiraciones. Los niños nos sirven de excusa casi para todo.


miércoles, 16 de mayo de 2018

CUANDO VENEZUELA ERA UNA POSIBILIDAD

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En una asociación de mi barrio, la Bibliomusicineteca, entre otras actividades ofrecen un pase de cine cada lunes. Voy cuando puedo, las películas siempre tienen interés, son títulos antiguos o actuales, pero alejados de los circuitos habituales. El pasado lunes vi  allí Pasaje a Venezuela, no la había visto nunca o no la recordaba, aunque parece ser que en el ciclo de cine rodado en Barcelona, que ofrece BTV, la habían proyectado en alguna ocasión. Es  de la factoría Iquino, los estudios Iquino, en el Paralelo, eran un lugar mítico y los niños íbamos a menudo a curiosear por su entorno, se veían fotos de los rodajes y, en alguna ocasión, actores de batalla, que tomaban algo en los bares próximos. 

La película se estrenó en el año 1957. Uno de sus valores añadidos con el tiempo es la visión de aquella remota Barcelona, con pocos coches y paisajes urbanos que ya son irrecuperables. El Rompeolas, las Golondrinas, el puerto pesquero y las subastas del pescado. Hoy el puerto pesquero se encuentra en grave peligro de extinción, ahogado entre esos yates de lujo que han ocupado una gran parte del mar barcelonés y muchos espacios de paseo habitual. La película nos muestra exteriores y interiores modestos y humildes pero no miserables, que también los había, y que forman parte de la ambientación de otros títulos más o menos de la época, como Hay un camino a la derecha (1953). 

La historia es sencilla pero bien contada, no cae nunca en la cursilada, se beneficía del guión y dirección de alguien con tanto oficio como Rafael J. Salvia. En el guión colaboraron otros profesionales como Fernando Merelo  y Ricardo Toledo. Salvia había nacido en Tortosa, murió en Madrid, relativamente joven, con sesenta y un años, en 1976. Hizo de todo, lo mismo que tantos otros de la época, mucho cine alimenticio ligado a eso que llamaron landismo y españolada pero también cosas interesantes y comerciales, como Las chicas de la Cruz Roja, un gran éxito de la época que modernizaba la comedia romántica hispánica. Y también dirigió un título emblemático, El Judas, una película por la que tengo devoción incondicional.

La chica era una francesa, Simone Bach, que se retiró pronto del cine. El chico era José Luis Ozores, en un papel de galán humilde y trabajador. José Luis Ozores murió de forma prematura, a causa de la esclerosis múltiple, con cuarenta y cinco años. Pertenecía a una familia de actores, trabajó mucho y muy bien, considerando la enfermedad que tenía y las posibilidades que en aquellos años ofrecía el cine español. En la escuela nos pasaron más de una vez Recluta con niño. El niño era Miguelito Gil, no sé qué fue de él después de las cuatro películas en las que intervino. También salía en Un traje blanco, otro título que pude ver en la escuela y con el cual lloramos a moco tendido. La familia Ozores continúa generando gente de cine, Adriana Ozores, hija de José Luis, me parece una actriz de una gran categoría a la que no siempre aprovechan como sería deseable.

Era una época de excesos sentimentales y de humor español de ese que hoy nos parece tan rancio. Por eso Pasaje a Venezuela sorprende por su austeridad y moderación. La trama es sencilla, Andrés, el protagonista, que vive con su padre, su hermana, su cuñado y su sobrino pequeño, trabaja en un banco de la época, gana poco y su sueño es emigrar a Venezuela. En aquellos años emigraron a aquel país miles de españoles pero también italianos y europeos en general. Quién más quién menos conocía a alguien que tenía familiares por allí o en la Argentina. Hoy Venezuela, por desgracia, es otra cosa, el mundo da muchas vueltas. Marchaba gente muy pobre, sin recursos, pero también personas con algunos ahorros, para invertirlos en pequeños negocios.

El protagonista quiere conseguir una excedencia en su trabajo, en aquella época se ganaba muy poco en esas oficinas. Al no conseguirla, se despide, y ayudado por Tomás, que trabaja en el negocio del pescado, empieza a comprar en las subastas y a revender en los restaurantes y tiendas diversas el producto, que transporta en un rudimentario carretón. Consigue ahorrar dinero, destinado a poder pagar el pasaje a Venezuela, donde un amigo le conseguirá trabajo. Sin embargo, cuando está a punto de alcanzar su sueño siempre sucede algo, una enfermedad de su sobrinito, un accidente con una furgoneta que le han prestado... 

Mientras tanto conoce a una chica, Carmen, se enamoran, pasean en la Golondrina y ella no parece dispuesta a seguirlo a América aunque no le cuenta sus razones. Tomás, que siempre lo ha ayudado, necesita comprar un barco de pesca y no tiene dinero. El protagonista acabará por prestárselo y quedarse definitivamente en España, asociado con Tomás, interpretado por el gran Saza. El problema de Carmen es su padre, inválido a causa de un accidente, era marinero. Este argumento, sencillo, con tintes sentimentales, fluye con naturalidad y sin estridencias y a pesar de lo  recatado de la época, los novios ni se besan en ningún momento, nada chirría en exceso ni se cae en la cursilería ni en discursos con moralina, con la excepción de las reflexiones finales del protagonista, relativas al hecho de que, trabajando duro, también puedes prosperar sin necesidad de emigrar a Venezuela.

La hermana del chico era María Martín, actriz espectacular que aquí, incluso vestida de digna ama de casa, llama la atención. En un papel secundario y de relleno se puede ver a Gustavo Re, actor que vivió en mi barrio y que siempre salía haciendo algo en un montón de películas y que también era habitual en los programas televisivos de Franz Joham. Durante años pensé que era alemán o austríaco, actuaba con Los Vieneses. Su esposa debía  ser de alguno de esos países pero él era italiano. 

Pasaje a Venezuela nos muestra un mosaico de buena gente, la cual, si en algún momento puede tener mal genio o mal humor, se ayuda cuando hace falta. De vez en cuando, tropezarnos con la bondad, más general de lo que nos parece en ocasiones, resulta bastante estimulante. Una de las curiosidades de esta película y de tantas otras es comprobar cómo se fuma en todas partes, los hombres van pidiendo y ofreciendo cigarrillos, como el personaje que interpreta Gustavo Re, un simpático gandul gorrón. Se fuma incluso en el hospital dónde acaban de operar al pobre sobrinito del protagonista, fuman los familiares y fuma el médico. No fuman, todavía, las señoras.

domingo, 13 de mayo de 2018

CAMUS, DE NUEVO

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Se ha publicado esta primavera la biografía de Albert Camus escrita por Virgil Tanase, un intelectual de origen rumano establecido en Francia por motivos políticos. Sobre el escritor se ha publicado mucho, esta biografía quizás no sea la mejor. Aunque las comparaciones son odiosas parece que la supera la de Olivier Todd, publicada a finales de los noventa. La de Tanase no es actual, se publicó en Francia en 2010. Tiene su encanto, incide en el hombre, más allá del escritor y el paso del tiempo contribuye a que Camus y sus contemporáneos se nos presenten con una perspectiva más amplia y actual.

En aquel año se cumplían cincuenta de la muerte de Camus y yo también escribí sobre él. Los blogs estaban en movimiento y en auge. Hoy han perdido importancia. Hemos quedado por aquí algunos incombustibles, no sé qué habrá sido de personas que me comentaban cosas diversas, como el escritor Francisco Ortiz y tantos otros. La importancia de Camus, más allá de su obra, viene dada por su enfrentamiento a unos y otros, no es fácil defender unas ideas sin que los de la parte contraria te adscriban a las suyas.

El tiempo ha dado la razón, en muchos aspectos, a Camus. Incluso predijo la llegada masiva de la emigración procedente de países pobres. Sartre cada día me parece más lejano, sobre todo por su postura ante cosas como el estalinismo. Él, Beauvoir y su corte celestial se metieron a fondo con Camus, mirado en perspectiva todo era cuestión de vulgares celos personales, sin embargo eso no significa que no haya que leer a Sartre o a Beauvoir, cada cosa en su lugar.

Tanase, el biógrafo, ha manifestado en alguna entrevista que la obra de los escritores suele dar una versión purificada de cómo eran y que para saber más cosas hay que recurrir a la documentación personal. O a una buena biografía, como es el caso. El tiempo ha dado la razón en muchos aspectos, a Camus, però cuando vivía le amargaron bastante la vida, es lo que tienen las élites culturales, que se mueven por intereses diversos, no siempre honrados ni objetivos.

Tanase incide mucho en la humanidad del personaje pero no oculta sus sombras, esa afición desmedida a las mujeres, por ejemplo, con las cuales parece que tenía mucho éxito. Su esposa, Francine Faure, lo pasó bastante mal. Y eso que era hermosa, inteligente, matemática, pianista especializada en Bach. En este presente más favorable a las reivindicaciones feministas te preguntas cómo aguantó a su marido, la verdad. Muchas mujeres de peso vivieron a la sombra de sus maridos, de sus amantes. María Teresa León, sin ir más lejos. 

Camus no era guapo, sin embargo resultaba atractivo para las damas, incluso cuando no era famoso. No sólo escribió y dirigió teatro, también hizo de actor en alguna ocasión y hay algo de teatral en esas fotos en las cuales sale favorecido. En un artículo escritor por un periodista francés, hace años, se decía, en broma, que era un cruce entre Bogart y Fernandel, la verdad es que la irónica comparación es bastante precisa.

Se ha magnificado la relación de Camus con María Casares pero lo cierto es que parece que cuando murió se había citado con tres damas, a horas distintas. No era capaz de ser fiel a nadie y se sentía culpable por ello. No fue una persona demasiado feliz, tenía mala salud, una tuberculosis recurrente, bastante grave. Puede que eso explique su vida intensa y activa, fumador, bebedor, mujeriego, noctámbulo... La sombra de la muerte produce en ocasiones está afición a vivir la vida a tope.

El teatro de Camus ha ocultado en ocasiones su obra narrativa, sus ensayos. La temporada pasada tuvimos en Barcelona un buen Calígula. La versión de El malentendido, con Cayetana Guillén-Cuervo y Julieta Serrano no se ha representado en mi ciudad, tengo la esperanza de qué podamos verla en algún momento. Fernando Guillén le aconsejó a su hija en muchas ocasiones que la representase, él y Gema Cuervo la llevaron a los escenarios en 1969. También nos ofrecieron versiones de obras de Sartre, como A puerta cerrada. De El malentendido se puede ver online una versión de Estudio 1, de mediados de los setenta, con otros actores, como Nuria Torray. Se hizo muy buen teatro en aquellos años de entusiasmos colectivos, en catalán, en castellano, en vivo y por la tele.

Camus vivió una infancia muy pobre, pero relativamente feliz. Su mundo se perdió definitivamente con las guerras coloniales, violentas y lamentables. Su abuela era menorquina, una Sintes. El maestro de la escuela elemental se dio cuenta de su inteligencia y movió Roma con Santiago para que pudiese estudiar. Camus lo recordó en la concesión del Nobel. El maestro no sólo tuvo que buscar ayudas y becas sino convencer a la familia, sobre todo a la abuela que era quién mandaba, de que el chico tenía que estudiar. No es un tema fácil. Hoy puede parecer aquella una mentalidad remota pero me he encontrado con casos así en la escuela, familias que lo que quieren es que los hijos e hijas trabajen pronto y ayuden en casa. Lo demás les parecen lujos. 

Un primo mío, bastante mayor que yo, murió hace poco tiempo, no tuvo tanta suerte. A pesar del interés del maestro su padre no quiso saber nada sobre la posibilidad de estudiar o solicitar ayudas, lo quería en el campo, trabajando con él. Camus se sintió algo marginado entre los otros estudiantes, en la secundaria. Eran tiempos, no tan lejanos, en qué estudiaban cuatro gatos, la mayoría, hombres de casa pudiente. Hoy, en este tema, hemos mejorado mucho. Hay que contemplar las cosas en perspectiva para comprobar las mejoras colectivas evidentes.

Estos días, a veces, pienso en Camus, porque la situación catalana parece polarizarse y según qué comentas, a unos y a otros, te expones a muchos malentendidos. Afortunadamente, la vida sigue y la mayoría de personas son razonables y si un tema es espinosos se deja de lado durante un tiempo. Mi padre tenía muchos hermanos, entre las hijas del mayor, el hereu, hubo un problema grave a causa de la herencia, cosa que dividió a una gran parte de la familia. Mi padre y algunos otros no tomaron partido por nadie pero los hechos crearon una situación incómoda, durante años le incomodaba volver a su pueblo de visita. Pasaron los años, los descendientes de los antiguos enemigos tienen hoy buenas relaciones. No siempre sucede así, en los pueblos pequeños las rencillas duran generaciones, todavía hoy. 

Camus era un buen hombre, al margen de eso de las mujeres, claro. Intentaba ser honrado consigo mismo, con sus propias opiniones. Recibió abucheos, críticas absurdas y excesivas, también recibió el Nobel, aunque era muy joven. Me imagino la rabia que debió hacerle a Sartre, que tardaría unos años en conseguirlo. El Nobel es un premio como tantos otros, con los años pones los mitos en su sitio. Los premios grandes, y a veces, los pequeños, están condicionados por cosas como relaciones, promoción, política. Para qué no se lo diesen a Pérez Galdós los escritores de la época hicieron de todo, incluso una cena colectiva de protesta. 

Para que no se lo diesen a Guimerá, lo mismo, con el agravante de que era catalán, claro. Se hizo un apaño, se concedió a Mistral, compartido con Echegaray. La lengua provenzal, en el país vecino, está mucho más olvidada y maltratada que el catalán pero el estado francés tiene una política cultural más ecléctica y razonable. Echegaray ha sido muy criticado pero tuvo grandes éxitos teatrales en su tiempo, fue un gran médico, un gran personaje, una buena persona, muy amigo de Guimerá, a quién tradujo al castellano. Las versiones en castellano en muchas ocasiones se estrenaron antes que no las catalanas. 

El mundo es complejo y las relaciones humanas tienen muchos matices aunque con el tiempo todo se quiera reducir a tópicos, dogmas y manuales escolares. Por cierto, en Francia hay quién se queja de que el legado de Camus se ha reducido a eso de los manuales. Continúa siendo un personaje que incomoda a determinados sectores. También por aquí. Fue crítico con el comunismo, en el que duró poco. Aquí, además, confundimos antifranquismo con democracia y eso todavía pesa.

Sus frases se han sacado a menudo de contexto, como eso de la justicia y la madre. Camus amó mucho a su madre, analfabeta y casi sordomuda pero una persona excelente y buena como el pan. En realidad dijo eso al criticar la violencia defensiva de los explotados, la violencia indiscriminada que provoca el terrorismo. Su madre podía ser víctima de una bomba tirada por alguien que tenía razones justas para protestar pero entre esa justicia y su madre elegía la vida de su madre. Ese dilema está presente en muchos textos del escritor. 

La violencia terrorista se ha justificado con eso de la violencia de estado, es algo recurrente defender posturas difíciles poniendo en evidencia la maldad de la otra parte. Pero hacer un mal para contrarrestar un mal no suele funcionar. Aunque, claro, después viene la mitificación de la historia, la mística de la revolución y todo eso. Y todo eso, por desgracia, tiene un gran atractivo cuando eres joven y quieres creer que el mundo puede cambiar de forma rápida si nos sacrificamos y luchamos por ello.

martes, 1 de mayo de 2018

PRIMERO DE MAYO, EVOCACIONES


Hace poco preparé y realicé en mi barrio una charla sobre el Primero de Mayo de 1890, el primero en celebrarse en el estado español, y en cómo fueron las cosas en aquella Barcelona tan diferente de la actual. Había cierta relación entre aquella celebración pionera y mi barrio, el Poble-sec. Una gran parte del Paralelo, en proceso de urbanización, estaba todavía ocupado por una zona que a la gente de la ciudad burguesa les debía parecer remota y salvaje, el Campo de las Carolinas. El dueño del terreno se mostraba reticente a cederlo, por ahí bajaban dos torrentes, desde Montjuïc. En aquel campo tuvieron lugar las reuniones de los obreros y obreras. Las mujeres eran mayoría en algunos de aquellos encuentros multitudinarios, pero los grabados de la época las olvidan a menudo. Los periódicos casi frivolizan su presencia, chicas jóvenes, obreritas alegres, con sus cestitos de comida en el brazo.

Las condiciones de los trabajadores, todavía más las de las trabajadoras,  todavía más la sde los niños y niñas, que empezaban a trabajar a menudo a partir de los seis años, eran horribles, no solo en Barcelona y las ciudades cercanas sinó también en los centros comarcales dónde se había iniciado una industrialización progresiva y constante: Mataró, Manresa, Sabadell... Uno de los aspectos en los cuáles los distintos sectores obreros se habían puesto de acuerdo era en la demanda de la jornada de ocho horas. Pero eso no sería posible hasta muchos años después, al menos de forma generalizada y oficial. Eso todavía no ha sido posible a nivel mundial, lo mismo que no se ha erradicado el trabajo infantil y otras barbaridades. Hoy mismo Pilar Rahola, en La Vanguardia, incide en una realidad evidente e incómoda:


(...)  Lejos quedan esos tiempos oscuros en que el trabajador no tenía ni voz, ni fuerza, ni condiciones básicas.



¿Lejos?, y el adverbio adquiere la categoría de imprecación. Porque 132 años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta, el trabajo infantil es una realidad consolidada –e indiscutida–, y los derechos conseguidos en el primer mundo no están ni planteados en el segundo, tercero y resto de los mundos. Chicago fue la espoleta de un proceso planetario que otorgaría derechos a los trabajadores, pero esa mancha de aceite liberadora quedó frenada allí donde la pobreza estabilizó oligarquías poderosas, sostenidas por grandes masas laborales empobrecidas. Y no está claro que ese paradigma cambie en zonas de Asia o de África, ni tampoco en los rincones de nuestra sociedad, allí donde se esconde la economía sumergida. Al contrario, el primer mundo vive bien, gracias a lo mal que vive el tercer mundo, dentro y fuera de casa. Y aunque esa afirmación es incómoda y antipática, es de justicia obligada recordarla en un día como hoy.c


Ciento treinta y dos años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta.

Hay mucha gente que te descalifica las citaciones cuando son de periódicos como La Vanguardia, a menudo condenado a la picota por conservador, o de personajes como Rahola, que despierta pasiones diversas, a favor y en contra, però creo que en este caso nadie sería capaz de rebatir las razondas afirmaciones de la periodista. 

Pasaron hace poco por los cines, sin pena ni gloria, la última película de Guédiguian, La villa, en la cual un activista desengañado cuenta como comprobó que los obreros, en realidad, no querían ser obreros, sino vivir bien. Una pretensión razonable y poco mítica. Ya en 1890 había periódicos que incidían en el tema, en ese dibujo de Apeles Mestres se compara, con ironía, el obrero de aquel presente y el del futuro, un futuro cómodo y mecanizado en el cual el trabajador parece todo un señorito. 

Después de aquel 1890 las cosas se radicalizaron y el anarquismo violento se propagó gracias a la miopía de una patronal poco dispuesta a ceder a las demandas de los trabajadores. Una patronal que se construía casas muy bonitas, que hoy visitamos encantados pagando precios algo abusivos. La mitificación turística del Modernismo da para mucho.

Ya sabemos todo lo que vino después, pistolerismo, luchas diversas, desunión obrera, enfrentamientos, anticlericalismo visceral, dictadura, guerra civil y un largo etcétera hasta desembocar en un presente rarito e imprevisible. La conciencia de clase se ha perdido en muchos casos pero ahí están esas Kellys que se autorganizan, cosa difícil hoy ya que muchas veces la gente está dividida y fragmentada en empleos basura diversos.

Los sindicatos convencionales tenían su reino y sus triunfos en las grandes empresas de los sesenta y setenta, muchas veces no se preocupaban en exceso de las pequeñas, claro. Los sindicatos deben reflexionar, reconvertirse, parece que tienen buenas ideas algunos líderes actuales, hombres sobretodo, como siempre. Algunos dirigentes sindicales parecen inmortales, eternos, los mismos rostros, las mismas consignas, las mismas proclamas etéreas y poco consistentes.

En tiempos míticos los líders sindicales tenían el orgullo de contarse entre los trabajadores más esforzados y competentes, dedicaban su poco tiempo libre a la lucha obrera, como ese Metello de Pratolini.  Hoy muchos son casi funcionarios 'liberados', sé de alguna maestra que se fue 'al sindicato' porque 'no soportaba las clases', por ejemplo. Hay quién se te enfada cuando criticas a los sindicatos pero podría hacer una lista con hechos de todo tipo, vividos o escuchados en directo, que han contribuído a ese desprestigio actual.

Resultat d'imatges de demostración sindical Primerod e Mayo sardana
Muchas veces han mitificado la lucha obrera personas de origen burgués, muchos revolucionarios  y teóricos de las revoluciones habían tenido una buena infancia, una buena escuela y un plato caliente en la mesa todos los días. Un libro ejemplar a la hora de comprobar como crecía esa izquierda de manual son esas Últimas tardes con Teresa, para  mi gusto lo mejor de Juan Marsé. Es un libro triste, crepuscular y lúcido. Hoy la mayoría de gente, en nuestro país (Catalunya, pero también en toda España), puede estudiar una carrerita pero las carreras ya no son lo que eran y para eso se han inventado nuevos filtros para ricos, esos másters caros, cursos en el extranjero, cosas así. 

Las escuelas privadas caras y de élite parecen proliferar. Recuerdo una familia de una escuela pública en la que trabajé, prosperaron de repente y se llevaron sus dos hijos a una escuela de esas privilegiadas, ni tan sólo a una buena privada de la localidad sinó a una inglesa, de la parte alta de Barcelona, parecían comunistas pero no lo eran, claro. O ya no lo eran. Mucha gente espabilada sabe o cree saber que las escuelas, más que para aprender a leer, escribir y contar y todo eso de los valores sirven para hacer amistades, relaciones.

El Primero de Mayo fue santificado por Pio XII, lo dedicó a San José Obrero, más bien Artesano, e incluso el franquismo, tan camaleónico para según qué, sólo hay que analizar el presente, lo reconvirtió en eso tan bonito de la Demostración Sindical. En los años de la televisión prehistórica fuimos a casa de unos vecinos que tenían televisión, una sobrina de los vecinos bailaba con un esbart y con aquello de los coros y danzas. Interpretaron una sardana multitudinaria, se permitió que fuese nada menos que La Santa Espina y la gente mayor que contemplaba la pequeña pantalla estaba emocionada, incluso algunos lloraban. 

Las cosas cambiaban o parecían cambiar, algo ha de cambiar para que sigan mandando los mismos y los catalanes, cuando nos tratan bien, nos conformamos con poca cosa, algo que se ha olvidado en los madriles del poder, desde hace tiempo. En aquel 1890 los periódicos, todos ellos paternalistas y bien intencionados, con la excepción de La Tramontana, anarquista y reprimida publicación, avisaban contra los peligros de las ideas extranjeras y de las revoluciones y algaradas. El obrero catalán era otra cosa, familiar, conformista, trabajador, esforzado, con ganas de prosperar y convertirse en dueño de algo, ni que fuese una mercería como la Puntual, vaya. Se permitía la música de La Santa Espina pero no la letra, poéticamente patriótica: som i serem gent catalana, tant si es vol com si no es vol, que no hi ha terra més ufana sota la capa del sol...

Hace unos días vi por la tele como un grupo de escolares analizaba las letras de las canciones modernas y el machismo implícito que invocaban. Respecto a valores diversos, patriotismo, lucha obrera, revoluciones imposibles, habría que analizar también muchas letras que cantamos o se cantan de forma inconsciente y repetitiva. Hoy se canta poco, en general, y la mitad, en inglés, pero por mi gusto suprimiría de esa letra sardanística lo de la tierra más ufana del mundo y potenciaría la estrofa que dice: canta l'ocell, el riu, la planta, canta la lluna i el sol, tot treballant la mare canta, i canta al peu del bressol... Es un fragmento universal, casi franciscano. Las madres ante la cuna son una imagen verdaderamente universal y por mucho que los padres evolucionen sentimentalmente tenemos maternidades míticas para rato.

Los seres humanos nos parecemos mucho, claro, pero un análisis incluso superficial de lo que se escucha y lee demuestra que  no nos creemos nada de nada esa igualdad. En el Informe Semanal del otro día salió una chica alemana, experta en no sé qué, diciendo que los catalanes, como los bávaros, nos creemos superiores. Eso de la paja en el ojo ajeno es universal, ese libro de tanto éxito, Sapiens, razona sobre eso de creerse superior, un mal extendido y quizás ligado a la necesidad humana de creernos privilegiados en alguna cosa.

El sentimiento de superioridad funciona a nivel de barrio, de pueblo, de calle, de familia, de etnia, de centro recreativo o de profesión ejercida. Una maestra conocida, algo elitista me dijo en una ocasión que en Barcelona, por debajo de la Diagonal, no había nada que valiese la pena. Oh, le repliqué, yo vivo cerca del Paralelo... Insistió en qué por allí abajo todo era gentuza. Pero dándose cuenta de qué había metido la pata, en el fondo era buena persona y me apreciaba, puntualizó: es que tú eres un diamante en bruto.  

Murió hace algunos años, recuerdo con humor retrospectivo aquellas opiniones, sinceras en el fondo y qué mucha gente comparte aunque no se atreva a manifestar a menudo. Una persona joven me contó que una compañera de trabajo se había ido a vivir a la parte alta de mi ciudad y que cuando bajaba a la Gran Vía se sentía incómoda y notaba la diferencia. No se puede generalizar, hay de todo, pero la pijería es una plaga y tiene su deriva incluso intelectual, como fue aquello de la gauche divine qué todavía existe, con otras denominaciones.

Cap geperut es veu el gep, decíamos, por aquí, algo equivalente a eso de la paja en el ojo ajeno. La dama alemana se expresaba con una especie de superioridad aparentemente razonada pero decía muchas tonterías, según los comentaristas del espacio televisivo, sabía del tema por haber vivido en Catalunya. No debía haber vivido en el País Basco, según ella los bascos no tenían ese sentimiento de superioridad. Hay demasiados expertos sobre todo opinando sobre todo, pocos obreros de la opinión que sean imparciales y las teles de hoy seleccionan en virtud de sus propios discursos teledirigidos y de su público incondicional

Pasaron aquellos tiempos en los cuales era un honor ser trabajador. Los maestros se convirtieron en treballadors de l'ensenyament durante un tiempo. El Primero de Mayo ya no es lo que fue ni lo que pudo haber sido pero, quién sabe, puede volver a serlo en cualquier momento. Qué San José, artesano u obrero, nos proteja y acompañe.

lunes, 19 de marzo de 2018

SAN JOSÉ, MURILLO Y LA VIDA AMABLE

Resultat d'imatges de sagrada familia del pajarito

Hoy es el día de San José. Durante mucho tiempo fue un santo reconocido de forma oficial, hasta el punto de ser fiesta de precepto. Las fiestas de precepto dedicadas a santos eran hoy y el día de Todos los Santos. Sin embargo, San José fue un santo objecto de burlas populares, en villancicos y romances. A causa de su paternidad putativa, una palabra que en épocas reprimidas nos parecía que tenía tintes pecaminosos, se representaba a menudo como un anciano bonachón y tolerante, un secundario de no demasiado lujo en esa Sagrada Familia ejemplar, aunque fuese de hijo único y la dictadura y los mandamases del tema propiciasen las familias numerosas.

No siempre fue así. Una de las representaciones de la Sagrada Familia que más me gusta es esa de Murillo, la Sagrada Familia del pajarito.  San José es aqui un señor de buen ver, guapo y cariñoso. Es uno de los cuadros que más me ha emocionado al verlo en directo. La escena doméstica resulta entrañable, perro y pajarillo incluídos. 

Murillo era contemplado, en otras épocas, casi como un secundario, también. Nuestra lejana infancia estuvo poblada de estampitas con reproducciones de cuadros famosos de santos y vírgenes, gracias a eso, sin embargo, supimos de la existencia de esas pinturas importantes. Eran malas reproducciones contribuyeron a que se infravalorara la obra del pintor, incluso se criticó como propagandista artístico del catolicismo y edulcorado representante del arte de su tiempo, ¡cuantas tonterías hemos tenido que escuchar y leer a lo largo de la vida!

Una vez, en la escuela, hicimos una obrita de teatro que se llamaba El sueño de un pintor, inventada por una maestra joven a la que quise mucho. El pintor era Murillo, no le salía su Inmaculada, se dormía y se le aparecía la Virgen en sueños, con angelitos al lado, cosa que provocava que se estimulase su inspiración. A mi me dieron el papel del pintor, me pintaron unos bigotes con un corcho ahumado y me pusieron una boina representativa. El papel estrella era el de la Inmaculada y lo hizo la chica más guapa de la clase, claro. 

Murillo, como otros pintores españoles, hoy se ha reivindicado a fondo, más allá de Sevilla. Es uno de los grandes y pintó santos y vírgenes pero también mendigos, incluso niños mendigos felices y viejas sin dientes. No se sabe gran cosa sobre su vida, parece que  fue incluso apacible considerando la época y las circunstancias, aunque perdió esposa y algunos hijos. Tuvo siempre trabajo, pero los pintores famosos debían trabajar muchísimo para sobrevivir con cierta dignidad, la historia de aquellos años esta llena de altibajos, pestes, hambres, incomodidades diversas. Parece que de mayor todavía trabajaba y que la caída de un andamio, mientras pintaba, aceleró o provocó su muerte. Fue considerado un hombre bueno y muy querido por la gente. 

Este San José encantador que distrae a su niño mientras mamá hila nos resulta casi contemporáneo aunque sea barroco. Hace poco han remodelado, en el MNAC de Barcelona, las salas dedicadas al Renacimiento y el Barroco, todavía hay quién cree que el barroco son las columnas salomónicas excesivas y poca cosa más. O que el arte barroco ha de ser teatral para ser genuíno. Murillo nos muestra aquí la devoción amable, la religión personalizada y doméstica, una realidad vital que a pesar de las penas de la vida nos ofrece instantes de felicidad senzilla e inefable. 

En  tal día como hoy era tradicional, al menos en Catalunya, hacer crema, la crema era sólo crema, más adelante le añadieron la denominación de origen catalana, todavía no sé el motivo pues siempre fue algo distinta de las natillas. La crema se azucaraba por encima y se caramelizaba con una plancha antigua, caliente. Se acompañaba el postre con melindros i sequillos, comprados en la pastelería. Parece que el origen de esos postres de temporada era el excedente de huevos, un producto caro en aquellos años en los cuales se criaban gallinas en los balcones y terrazas. Aquello de quemar la crema era todo un ritual lo mismo que la aparición del postre en la mesa familiar y festiva. Todo pasa y hoy se puede comer crema bastante buena en muchos restaurantes, presentada de forma individual, pero todo es distinto y así ha de ser. Ni mejor ni peor, diferente. Sin embargo, la facilidad para poder comer crema, o lo que sea, hace que el dulce pierda su connotación de suceso extraordinario, son las servidumbres de la abundancia. 

El nombre de José, Pepe, Pepito, ya no es tan popular como antaño. De Joans, Joseps, Maries i  ases n'hi ha per totes les cases, decía un refrán muy popular. Hoy esos nombres tradicionales, entrañables y hermosos ya son minoritarios. De ases (burros) también quedan pocos y han estado a un paso de la extinción. En sentido literal, claro. En sentido metafórico es otra cosa...