jueves 28 de enero de 2010

De aquel tiempo de tebeos y cuentos de hadas: Emili Freixas y su época




Como en alguna ocasión he comentado, tengo una gran pasión por la historia en todos sus amplios, diversos y controvertidos aspectos. Pertenezco a una asociación de mi  barrio, Poble-sec, dedicada a la recuperación y difusión de nuestra historia local: hechos, lugares, personajes... Somos cuatro gatos pero hemos conseguido, desde hace unos cuantos años, organizar una charla mensual en la biblioteca del barrio y publicar cada temporada un modesto volumen con artículos sobre el contenido de esas mismas charlas, además de organizar otras actividades o participar en algunas de colectivas, con otras asociaciones parecidas, como en el caso, actualmente, del centenario de la Semana Trágica, por ejemplo.






Este martes, 26 de enero, dedicamos la charla, que organicé yo misma, al gran dibujante Emilio Freixas, que vivió en el barrio toda su vida. Tuvimos la suerte que dos de sus hijos, Margarita y Emilio (los otros dos han fallecido ya) nos acompañasen. Los padres de Emilio Freixas fueron actores de teatro, quizá por eso el entró a trabajar en un taller escenográfico, de muy joven, cosa que le sirvió para dominar los recursos de perspectiva que aplicaría después en sus dibujos. Emilio Freixas hijo se dedica al doblaje. Carlos Freixas, el otro hijo del dibujante fue también un gran artista gráfico, aunque es menos conocido que el padre, porque trabajó bastante en el extranjero. Una bisnieta del dibujante es, también, actriz. Freixas empezó a trabajar muy joven, sus primeros dibujos tiene el aire innovador y moderno de los años veinte. Después se adaptaron a las necesidades, circunstancias, posibilidades y gustos de la época.






El volumen de producción de Emilio Freixas es impresionante. Hizo ilustraciones, tebeos, portadas, orlas, publicidad, escribió artículos sobre arte... Ponía tanto entusiasmo e interés en ilustrar la portada para la novela de un autor clásico como en ilustrar la cubierta de una novelita del oeste o romántica, de aquellas que se cambiaban en las papelerías de barrio en unos tiempos sin televisión. Se documentaba exhaustivamente, en bibliotecas y archivos, sobre trajes, épocas, ambientes... He de decir que mi infancia está ligada, sobre todo, a sus maravillosos dibujos para los cuentos de la editorial Molino y la editorial Meseguer, que recuerdo con gran precisión y nostalgia. 





En aquella época todo el mundo tenía que trabajar muchas horas, Freixas llevaba a sus hijos a Montjuïc, los vigilaba mientras jugaban, se sentaba en un banco y dibujaba y dibujaba, dejando que otros niños pululasen a su alrededor, maravillados de su facilidad para dibujar tigres, caballos o dragones sin ningún modelo delante, por ejemplo. Freixas hizo muchos trabajos para revistas como El Hogar y la Moda o Lecturas, que era entonces una revista de verdaderas lecturas, con excelentes narraciones cortas de autores importantes, resúmenes de películas, artículos culturales...



Una publicidad en prensa de principios de los años cincuenta muestra un anuncio de la editorial Meseguer con una niña soriente, contenta porque los Reyes Magos le traeran libros ilustrados por Freixas. Es curioso que sea una niña, la protagonista. Quizá porque se suponía que las niñas eran mejores lectoras, sobre todo, de aquellos cuentos de hadas, de La Cenicienta o de Los Pastorcillos. Puede que aún sea así, incluso entre los adultos de hoy las mujeres leen más y leen más novelas. No entraré en motivos biológicos ni culturales, las cosas son así y sólo hace falta darse una vuelta por los muchos grupos de lectura que proliferan en bibliotecas y asociaciones para comprobarlo.





Los niños, nos contó Margarita Freixas, escribían a menudo al dibujante. Al contrario de lo que pasaba con los cuentos de hadas, parece que eran los chicos quiénes más consumían sus cómics, que se publicaron en revistas como Chicos. Uno de esos muchachos fue Antonio de Mateo Remacha, un señor segoviano, especialista en este tema y en muchos otros, interesante promotor cultural,  que estableció una larga relación con la familia, y que no llegó a conocer personalmente al dibujante, aunque sí a su hijo Carlos. Gracias a él se realizó, el año 1999, con motivo del centenario del nacimiento del dibujante, una exposición en Caja Madrid, que se pudo ver en Barcelona y Madrid. Hoy la ilustración, sujeta a las modas del momento, ha cambiado mucho. Parece que no se pueden tener gustos diversos, sinó que hay que seguir las tendencias del momento, en arte. En cambio, el cómic tiene su público y recientemente se recuperó en Madrid la obra en cómic de Emilio Freixas, en otra exposición. 




En Catalunya hemos tenido grandes dibujantes, pero la ilustración siempre ha parecido ser una especie de arte menor, no sé por qué. Hay previsto un Museo de la Ilustración, que se ubicará en Badalona, pero creo que aún tardaremos en poderlo visitar. Lo peor de todo es que existen pocos originales de la obra de Freixas y de muchos otros, vivió en tiempos difíciles, con la guerra de por medio y con una larga postguerra. Las editoriales se quedaban con muchos derechos de autor y no daban demasiado valor al tema, lo primero era la subsistencia y la posible ganancia material. Los intentos por editar de forma más cuidada a menudo se estrellaban en la realidad de una época de escasez. Antonio De Mateo Remacha, en el interesante artículo que acompaña el catálogo de la exposición mencionada, cuenta cosas como éstas, después de comentar el buen trato dado en Norteamérica y algunos países europeos a sus ilustradores y dibujantes:


...para la exposición que se presenta se han podido reunir unos pocos originales de su densa producción, pues la mayoría no fueron devueltos por los editores. Casi todos tuvieron por destino fatal la papelera (...). Un panorama de la desolación.


El trabajo tan esclavizado no impidió el que Freixas fuera conocido y sean legión los que se acuerdan de su nombre...







Me contó su hija que había una persona que lo imitaba y que imitaba incluso su firma, aunque el nombre de pila era distinto, una cosa así como eso que se hace con las marcas de moda, vaya. También me contaron algunos problemillas con la censura, en los dibujos de sus señoras bellísimas e idealizadas, que marcaron toda una época. Freixas recibió reconocimientos internacionales, premios en Italia, Estados Unidos, pero tuvo que trabajar muchísimo para mantener una família numerosa de ocho personas, pues también los abuelos vivían con ellos. Murió en 1976. Las modas y la época habían cambiado mucho. 





A  veces, hoy, parece que sólo existía el Capitán Trueno, de cuyos cómics se han hecho reediciones diversas y, por lo que se refiere a ilustración, conocemos más la obra de Rackham , De Raymond  o Hergé, que la de nuestros artistas. Emilio Freixas, con su hijo Carlos, crearon también un método de dibujo, con unas series excelentes de láminas temáticas y progresivas, que todavía se venden en establecimientos especializados. Hasta hace poco más de un año había una persona, el señor Mir, que iba reeditando esos materiales y los comercializaba en el Mercat de Sant Antoni, pero ese señor murió hace poco y no sé si alguien continuará con su labor. 




Hace poco leí un comentario sobre las recientes películas para niños, algo inquietantes, con una estética oscura y algo siniestra, que también he percibido en colecciones de cuentos ilustrados actuales, muy valorados por los especialistas. Freixas, me cuentan, y se puede percibir en sus ilustraciones, intentaba que ni tan sólo los seres malignos asustaran, eran algo inocentes e ingenuos, a pesar de su barroquismo detallista. Quizá en épocas de escasez, grises, necesitamos soñar en maravillas imposibles y en épocas en qué, afortunadamente, vivimos mejor, necesitamos también evocar nuestro lado más tenebroso. Me parece bien que se renueve la estética del cuento ilustrado y del tebeo, pero creo que en la escuela y en las bibliotecas debe haber de todo. Una reedición de aquellos magníficos cuentos de hadas de todo el mundo, hoy, que tanto se habla de multiculturalidad  sería de gran interés. Por cierto, el magnífico catálogo que editó Caja Madrid, con motivo del centenario, es hoy imposible de encontrar. Sólo he podido conseguir uno, a través de la Biblioteca Tecla Sala, de L'Hospitalet de Llobregat, que tiene un fondo dedicado a cómic y que también conserva alguno de esos libros de cuentos de hadas ilustrados por Freixas.


domingo 10 de enero de 2010

La nieve y la historia




La nieve es hermosa vista de lejos, disfrutada de forma deportiva, al lado de un buen fuego o en medio de una calefacción generosa. No nieva mucho en Barcelona, donde la nieve es excepción. Viví aquella excepción del 62, en una època gris, disfruté de aquella maravilla hasta que el regalo meteorológico se convirtió en condena, restos de nieve sucia y encharcada, un frío de aquellos de antes, que no te sacabas de encima, resfriados y sabañones e incluso la muerte, imagino que a causa del tiempo, de un pobre periquito casero. Los periquitos habían sufrido una cierta marginación social, corría el bulo de que propagaban la poliomelitis y la gente los dejaba en libertad. Una libertad para la que no estaban preparados. En casa acogimos a un par de esos fugitivos desorientados. Uno de ellos fue el que murió aquel año.


Ha nevado y mucho en esa comarca fronteriza y singular que es la Terra Alta, un topónimo relativamente reciente para etiquetar una tierra hermosa y agreste, con poca población y, hasta hace cuatro días, mal comunicada y con problemas de agua, como en muchas zonas aragonesas cercanas. Alguien determinó que una línea separara Catalunya de Aragón, en algún momento. Pero existe esa zona intermedia, con un catalán brillante y vivo. Las divisiones políticas, nos guste o no, acaban por formar el carácter y hoy los del lado aragonés se sienten aragoneses y los del lado catalán, catalanes. Aunque se intente establecer ciertos vínculos relacionados con el Ebro y sus cercanías, inevitables, cuando hay muchísima gente con parientes en uno y otro lado.


Existen muchas Catalunyas, todavía más Españas, infinitas Europas. Pero los tópicos parecen acabar por imprimir carácter. Esa zona y la del cercano Bajo Aragón sufrieron mucho durante la guerra. El frente estaba allí mismo. Eran pueblos pobres, donde incluso los considerados medio ricos eran pobrísimos. Eso ocasionó grandes dramas. En La Fatarella, pueblo de otra comarca cercana, hubo una verdadera batalla entre los campesinos y los grupos radicales que intentaban colectivizar a la fuerza sus humildes propiedades. Tuvo que intervenir la Generalitat. Josep Termes tiene un libro excelente, Misèria contra pobresa, donde explica todo aquello. Creo que no existe, por desgracia, traducción al castellano. En Bot, uno de los pueblos que ofrecen hoy esa imagen nevada y supuestamente idílica intentan, a pesar de todo, mantener vivo el recuerdo de sus caídos por Dios y por la patria, en realidad caídos por nada, por la sinrazón del momento. El monumento ha sido objecto de algunos ataques, en una ocasión unos jóvenes forasteros conocidos, como tantos otros, se quedaron sorprendidos, contemplando la lista de asesinados, tan bien conservada, en unos tiempos en los cuales los símbolos de ese pasado que no queremos aceptar  desaparecen rápidamente. Un hombre mayor se les acercó, y les dijo, algo enojado, quizá imaginando su conversación, probablemente una condena del recuerdo fascista, bastante anacrónico: 'eran trabajadores, eh, buena gente, humilde, nada de ricos ni explotadores!!!!'


Miseria contra pobreza, que gran título para explicar muchas cosas, como esos brotes que se etiquetan como racistas, porque hoy hay que etiquetarlo todo, y que son la defensa del pobre contra el mísero que amenaza con invadir su territorio, tan limitado. Los míseros siempre van a vivir a los barrios pobres y generan conflictos que los políticos e incluso las clases medias bien situadas no quieren ver, ignoran, o sienten muy lejanos de sus propias vidas. Irene Polo fue una gran periodista de antes de la guerra civil, de las pocas que hizo un cierto periodismo de investigación, marchó a América y acabó suicidándose, quizá por amor. Era, dicen, lesbiana, en una época en la cual era muy difícil serlo. Polo tiene unas páginas inolvidables sobre unos sucesos que se dieron en la comarca del Bages, en qué en el pueblo se atacó a unos inmigrantes procedentes de Murcia, de Almería, de unas tierras que en aquella época eran míseras y olvidadas. Decían que algunos de aquellos inmigrantes provocaban peleas, no había trabajo para todos. Polo explica sus condiciones de vida, familias asustadas, viviendo en cuevas, con niños pequeños. Intenta comprender, como lo intentaban algunas buenas gentes del mismo pueblo. 


Miseria contra pobreza es lo que ha provocado de vez en cuando esos rebrotes supuestamente racistas en nuestro país. Lo mismo en Italia, sólo hay que ver el aspecto de los atacantes. Una Italia que es también muchas Italias, con problemas que nunca se acaban de solucionar, más allá de su diseño y sus ciudades ricas y admirables, llenas de historia, arte y turistas. Tendimos a los tòpicos, porque nos resultan más comprensibles, pero la verdad, si es que hay alguna, se encuentra en la suma de las pequeñas historias individuales, en la suma de las distintas percepciones de los hechos.


Hace algunos años tuvimos unos inviernos bastante suaves. En un pueblo de la Terra Alta un señor mayor me dijo que ya no nevaba como antes, tenemos una tendencia extraña a pensar que el pasado era muy distinto, que ya no volverá a ser como antes, ni para lo bueno ni para lo malo. Sin embargo ha vuelto a nevar, copiosamente, generosamente, hasta el punto de provocar verdaderos problemas y mostrarnos la fragilidad de todas las cosas. Pensamos que estamos a salvo de muchas tragedias pero siempre puede a volver a caer una gran nevada inesperada sobre nuestras creencias y nuestras seguridades, una nevada que provoque apagones e  incomunicación generalizada.

jueves 7 de enero de 2010

Camus en la Europa de nuestro tiempo



Se han cumplido cincuenta años de la muerte de Albert Camus, en un trágico y absurdo accidente de coche. Camus, un poco como el Guadiana, surge y resurge de vez en cuando, siempre es actual, porque responde a un humanismo integrador, que flota por encima de las ideologías y que, por ello, siempre resulta incómodo a los predicadores de causas diversas.


Sarkozy quería llevar sus restos a ese panteón patrótico francés, tan xauvin. Parece que el hijo de Camus se opone al tema y que su hija, Catherine, que se ocupa del legado del escritor, no lo tiene claro. Espero que Camus siga reposando en su cementerio de pueblo, con tranquilidad, y espero también que no encuentren nunca los huesos de García Lorca. Esas parafernalias mortuorias gustan mucho a los poderes vigentes, que así tienen excusas para organizar actos y fotografiarse. En una España en qué vuelven a resurgir los problemas de diversidad por resolver, un panteón patrótico parecido, a la francesa, sería un peligro más, una excusa para echar gasolina al fuego de las pasiones políticas y para reconvertir a los muertos en aquello que quizá nunca quisieron ser.


Camus, como se sabe, nació en una Argelia colonizada por Francia, que entonces era un lugar de acogida para muchos pobres desesperados de aquel país y de muchos otros lugares. Su abuela materna era menorquina, su madre se llamaba Caterina Sintes. Una madre analfabeta, muy humilde, que perdió a su marido muy pronto, en aquella carnicería del Marne, en una guerra que respondía a intereses poderosos reconvertidos en patriotismo de consumo y que salpicó el país vecino de monumentos a les infants de la patrie. 


Camus pudo estudiar gracias a un maestro que vio en él algo más que en el resto de alumnos pobres de su escuela. A ese maestro dedicó el escritor su discurso en la concesión del Nobel. No sé si hoy podría pasar algo así, en una escuela que ha acabado por castigar la excelencia parece que destacar es pecado, que hay que tender al igualitarismo monocromo y comunistoide de estar por casa. Camus vivió en la Europa en ebullición de la segunda guerra mundial, de la guerra de España, de la postguerra. Fue el único intelectual que criticó, en su momento, el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de los aliados. Abandonó la Unesco cuando esta institución aceptó la España franquista, una España que había levantado pasiones europeas progres durante la guerra civil pero que después fue abandonada a su suerte dictatorial, por parte de unas potencias que ya habían firmado antes de la segunda guerra mundia el vergonzoso pacto de no intervención, y a  quienes no interesaba en absoluto una vecina desarrollada y moderna, competitiva, quizá con tendencias demasiado izquierdosas...


Rompió con Sartre, con ese grupo de comunistas dogmáticos, cuando se dio cuenta de la trampa comunista, de las barbaridades de Stalin, que tanta izquierda ortodoxa silenció y sigue, más o menos, olvidando. Cuando le concedieron el Nobel, en 1957, recibió críticas irónicas del sector sartriano que le quiso considerar un escritor acabado. La guerra de Argelia, una Argelia que él hubiese querido integradora y fraternal, francesa y argelina al mismo tiempo, sacudió sus esperanzas, sus deseos, su propia historia familiar. Los franceses, que tanto admirábamos por sus revoluciones, su cine, su literatura, sus canciones, guillotinaban, ahogaban y torturaban rebeldes. Conocer la historia europea hace que vaya superando mi complejo de inferioridad por ser peninsular, mataron más gente allí en esos años que en nuestro país dictatorial y franquista, las cosas son como son y también hay que admitirlo, aunque no nos guste.


Camus estaba contra toda violencia, también contra la de los rebeldes, cuando ponían bombas de forma indiscriminada. A un estudiante argelino que lo entrevistó le manifestó que entre la justicia y su madre se quedaba con su madre. Era una respuesta bastante literal, tenía a su madre en Argelia, en peligro, pero fue criticado sin piedad por ese tipo de manifestaciones. El fin, para Camus, evidentemente, no justificaba los medios. Es un tema que se olvida hoy, cuando incluso películas de moda como Avatar muestran que hay que achicharrar a los malos sin manías. A Camus le costó el tema àcidas críticas de todos los sectores. En el fondo, como en tantas cosas, había también celos y envidia de un Sartre mucho más feo y menos atractivo que él, de una Beauvoir a quien, decían, había rechazado sexualmente Camus. El Nobel, que también barajaba los nombres de Malraux y de Sartre, fue la puntilla. Años después, Sartre se negaría a aceptarlo, por cierto. Me pregunto si no lo hubiese aceptado, de habérselo concedido antes que a Camus.


Camus fue un hombre atractivo y mujeriego. Sus contradicciones personales se centran en su vida familiar, su esposa Francine sufrió fuertes depresiones a causa de sus muchas infidelidades, él mismo sentía bastantes remordimientos por su comportamiento, pero parece que la cosa no tiene enmienda, menos aún si eres famoso, brillante, interesante, y las señoras brillantes, famosas, interesantes y de buen ver se te ponen a tiro con facilidad. Una de sus grandes pasiones fue Maria Casares, la gran actriz, hija de Casares Quiroga, que se sintió extranjera en todas partes, y que volvió a España de forma breve, en la recuperación de la democracia, pero que no quiso ser convertida en un símbolo extraño y manipulable y regresó, algo decepcionada, a una Francia donde tampoco estaba del todo a gusto.


Camus fue casi olvidado durante años en un país con una mitología sartriana en alza, por encima del humanismo camusiano, que parecía tibio y cobarde. La historia ha dado la razón a ese humanismo de Camus, con la caída y reconocimiento de las miserias de un comunismo que empezó intentando crear al hombre nuevo y acabó como acabó, con un cruel estado policial y con la evidencia de matanzas numerosas, torturas y represión indiscriminada. Hoy es más actual que nunca, ese existencialismo con rostro humano de Camus, que debemos recuperar sin complejos. Esa valoración de las personas por encima de las ideas, de la vida por encima del sacrificio y el martirologio. 


El cincuentenario, y el centenario de su nacimiento, de aquí a pocos años, van a hacernos derramar mucha tinta, tinta virtual, sobre todo, en ese mundo permeable en el cual tenemos la libertad de escribir en blocs i webs de producción propia, sin limitaciones de filtros editoriales. Al menos, de momento. Y que dure. Camus, en una ocasión, poco antes de su accidente, manifestó que seguía siendo de izquierdas pese a la izquierda y pese a él mismo. ¿Cuántos de nosotros -y nosotras- no firmaríamos esa frase, en pleno siglo XXI?

jueves 24 de diciembre de 2009

El fantasma de las Navidades pasadas



Resulta imposible desprenderse de la carga emotiva que se acumula en estos días. En mi blog en catalán comenté la emoción que producía, en la época dorada de los tebeos, la publicación de los almanaques, llenos de anécdotas, pasatiempos, historietas especiales. Los establecimientos humildes de mi barrio regalaban calendarios, en diferentes modalidades, una de más artística y otra más atrevida, con señoras en bañador. Los basureros, faroleros, serenos, vigilantes y tantos otros pasaban por las casas, subiendo y bajando escaleras, para traernos sus postales con las décimas habituales y recoger un aguinaldo muy, muy modesto.



Durante muchos años nos enviábamos postales, muchas. Hoy la postal en cartulina la envían sólo las empresas, los grandes almacenes. En general se felicitan las Pascuas virtualmente, por internet, o por teléfono.   Las postales navideñas de mi infancia, en general, eran clásicas, reproducían cuadros famosos, estampas habituales. Ferrándiz revolucionó el tema, con su colorido y sus divertidos angelitos. Pero también Ferrándiz pasó de moda, se consideró demasiado infantil e ingenuo y llegó la modernidad a la iconografía navideña, con postales abstractas y vanguardistas. Las modas nos hacen ir por donde quieren, desde los zapatos al peinado, no podemos escaparnos de su influencia. Lo que parece original acaba por hartar, así somos, nos guste o no. En mis tiempos infantiles no había árboles de Navidad, se consideraban protestantes, pero Papa Noel y el árbol acabaron por imponerse, incluso por convivir con los Reyes Magos y, en Catalunya, con el Tió, ese tronco que se va alimentado hasta que se le zurra la noche de Navidad y nos ofrece regalitos diversos y golosinas.


He leído que al pobre Papá Noel lo encuentran, ciertos estudios, un mal ejemplo. Es obeso, conduce de forma arriesgada... Vaya, espero que no se metan con los Reyes Magos, ya que en el fondo son unos aristócratas seguramente capitalistas, que van en camello mientras sus esclavos van a pie y les llevan el equipaje. Todo es posible en este mundo que cada día nos sorprende, a veces de forma agradable y otras, mucho más numerosas, con malas noticias o con sublimes extravangancias. Yo tuve manía a Papá Noel cuando la gente fina que quería ser moderna empezó a celebrar la noche de Navidad al estilo peliculero, con la excusa de que los niños tenían más tiempo para jugar si se les hacían los regalos en Navidad. Los mayores siempre tomamos como excusa a los niños cuando queremos justificar nuestras manías. Lo cierto es que una de las mejores cosas del ciclo navideño es la excitación que produce la espera de la noche de Reyes, la gran traca final de las fiestas. Bueno, he aprendido a convivir con el árbol que las monjas nos decía que era protestante, com el obeso papa Noel de estética cocacolera y con muchas cosas más, en un mundo tan permeable no se le pueden poner puertas al campo ni a casi nada.


Estos días siempre me viene a la cabeza el pobre Míster Scrooge, el personaje de Dickens, de cuya historia se han hecho tantas versiones. Incluso cuando era adolescente nos pasaron en la escuela una en cine muy antigua, en blanco y negro, tremebunda y evocadora, que me impresionó bastante. Es una historia maravillosa, de redención y arrepentimiento, que siempre tendrá éxito porque toca nuestra fibra sensible y hace referencia a esas Navidades pasadas, presentes y futuras.  El fantasma de las Navidades pasadas siempre viene a visitarme y me trae, como a todo el mundo, un montón de recuerdos de todo tipo. El exceso de mitología es un peso enorme, y en estos días se concentran toneladas de sentimentalismo, alegría, tristeza, nostalgia, melancolía y también sentido crítico, las navidades también han concentrado mucha hipocresía, consumo, frivolidad. Otro clásico de ficción de mi mitología navideña es Plácido, aquella película inmensa, con un Cassen en estado de gracia. Debería ser obligatoria pasarla en Navidad, además de Qué bello es vivir o la conversión a la bondad del viejo Scrooge.




miércoles 16 de diciembre de 2009

La utopía de la lengua universal: Zamenhof



Ayer hizo ciento cincuenta años del nacimiento del doctor Zamenhof, judío, en Bialystok, una ciudad que entonces era rusa y hoy es polaca. Zamenhof consideraba el ruso su lengua materna, y en ruso y esperanto escribió sus poesías. Estudió en alemán y ruso, en Moscú y Viena, tenía facilidad para las lenguas, tanto para las antiguas como para las modernas. Era oftalmólogo y tuvo que ganarse la vida realizando muchas visitas médicas, treinta o cuarenta diarias, a los judíos pobres de Varsovia. Los problemas que las diferencias culturales y lingüísticas provocaban en su comunidad y las ideas internacionalistes y utópicas de la época le llevaron a crear el esperanto, lengua que pretendía ser universal. El esperantismo tuvo un gran éxito en Cataluña y en el resto de España, fue la bandera cultural de muchos grupos anarquistas y de ideas socializantes. 


Zamenhof se arruinó detrás de su sueño, aunque tuvo un gran éxito social. Cuando yo era pequeña todavía estaba muy presente la influencia del esperanto, aunque en mi barrio se consideraba a los esperantistas como una especie de iluminados, con esa condescendencia algo despreciativa que el pueblo llano tiene por los soñadores. Mi mamá cantaba a veces una cuplet en catalán, del cual no he encontrado referencias y que empezada diciendo: parlem en esperanto que es la llengua universal... Se le habían dedicado a Zamenhof calles y plazas, en Sabadell tiene una Ronda a la cual el franquismo cambió el nombre por el de Alcázar de Toledo, supongo que eso de Zamenhof les sonaría a ruso malo y comunista o quizá lo asociaban con el anarquismo revolucionario. El esperanto no fue el único intento de lengua universal, pero sí el que tuvo más éxito, aunque más tarde, cuando el mundo se hizo más permeable y complicado, se le tachó de eurocentrista y poco original


El esperanto era pacifista, fraternal. Por desgracia, el mundo no avanzó como Zamenhof y sus seguidores hubiesen deseado. Lázaro Zamenhof murió en 1917, con la primera guerra mundial en activo. Sus tres hijos fueron exterminados, con casi toda su familia, en el Holocausto. Como es sabido, de judíos, en Varsovia, no quedó casi ni uno. Hoy día existen todavía sociedades esperantistas, -las catalanas y castellanas, aunque tienen cierta relación, van por separado-, hay muchas publicaciones actuales, música en esta lengua. Pero no tienen hoy los esperantistas la influencia que tuvieron en otros tiempos. No es una buena época ésta para ideas internacionalistas utópicas. Por un lado todos reclamamos identidades propias, identidades que suelen ser muy complejas aunque los políticos y los dogmáticos las prediquen monolíticas e indiscutibles. Sin embargo, por otro lado, se admite que la lengua franca es el inglés y me temo que para evitar suspicacias, quizá en un futuro tendremos que acabar por relacionarnos en inglés, incluso en nuestras latitudes hispánicas. 


La transición, que ahora contemplamos en la distancia con más defectos que virtudes, no generó un sentimiento colectivo de comprensión ni incidió a través de la escuela en la complejidad cultural e identitaria española o como se la quiera llamar, ni tampoc en un internacionalismo generoso. Quizá no se podía hacer más. Tanta memoria histórica y ni tan sólo hemos reclamado las buenas ideas republicanas, es más fácil desenterrar muertos que reconocer oficialmente la legalidad política por la cual murieron. Aunque el esperantismo y su espíritu parezcan, hoy, arqueología cultural a mucha gente, forman parte de un bloque de valores totalmente recuperables y necesarios.


Más información sobre el doctor visionario en La panxa del bou.

sábado 12 de diciembre de 2009

Ficción y realidad



Han coincidido en las pantallas de Barcelona tres documentales muy interesantes. No sé si al resto de ciudades españolas han llegado los tres, creo que el más promocionado actualmente es Garbo. Son muy distintos, los tres tienen algunos defectillos y muchísimas virtudes y se sale del cine, en los tres casos, con ganas de encomendarse a San Google para ampliar y matizar la información recibida.  Hollywood contra Franco fue el primero que vi, en un horari intempestivo y mañanero, muestra una interesante panorámica sobre cómo se percibía la historia reciente de España en los Estados Unidos, sobre todo. Nuestra guerra provocó pasiones, reacciones heroicas y  muchas cobardías, también. La percepción evolucionó y se manipuló el mensaje según convenía a cada momento. En resumen, un documental imprescindible para los aficionados a la historia y al cine.


Garbo cuenta la extraña historia del señor Juan Pujol García, que en muchos textos es considerado un demócrata salvador de la civilización. El documental, muy bien hecho y comentado, nos deja con las dudas y con el enigma. Pujol, un doble agente, aficionado y, como decimos vulgarmente, con un morro que se lo pisaba, fue valorado por los ingleses por su poder de convicción, hasta el punto que los alemanes creyeron su versión sobre el desembarco en Normandía y, siguiendo las informaciones que el espía les daba, desprotegieron la zona para reforzar la de Calais. Pujol estuvo desaparecido durante cuarenta años, se le dio por muerto, pero vivía en Venezuela, dedicado a sus negocios. Había formado una nueva familia, que no sabía nada de sus aventuras políticas.  Localizado por un periodista americano se le condecoró en Inglaterra a mediados de los ochenta, se escribieron libros sobre él y tuvo tiempo de contar su historia en nuestra televisión, su historia o la historia que él mismo reinventó. A veces parece mentira la forma en qué los grandes hechos se producen por una suma de casualidades. A toro pasado, nuestro espía catalán aseguraba que no podía permitir que los nazis ganaran la guerra, però nos quedamos con la duda... Si hubiesen ganado la guerra los alemanes, quizá él hubiese afirmado otra cosa... O no. Un oportunista, ciertamente, pero, como comenta un psiquiatra en el documental, al fin y al cabo gracias al oportunismo se sobrevive.


Vivir de pie es un documental apasionado sobre Cipriano Mera. Si Garbo fue el hombre que siempre mentía, Mera fue el hombre que siempre dijo o intentó decir la verdad. Cenetista, luchó en la guerra civil, tuvo sus desengaños en la época de los choques con los comunistas, escapó al norte de África, los franceses lo entregaron a Franco, fue condenado a muerte e indultado y acabó sus días en Francia, al lado de su compañera de siempre y su hijo, pobre y honrado, con la ilusión de haber vivido el mayo del 68 y con la esperanza todavía de un futuro ácrata y justo. Aunque también con la desilusión de ver como los de sus mismas ideas le traicionaban en tantas ocasiones. Admitía que había sido engañado muchas veces, pero que era preferible ser engañado que no engañar, ya que las buenas personas siempre son engañadas. Es imposible no sentir un profundo respeto por ese hombre que trabajó hasta la muerte en su oficio, sin perder la dignidad ni la ilusión, aunque no se comparta su fe absoluta en un posible y utópico futuro. A este documental le sobran unas imágenes simbólicas, con libros quemados, hormigas y caracolitos, que alargan la historia sin motivo y no acaban de encajar en el conjunto. Sin embargo, la historia de su protagonista es impresionante, sobre todo en esta época de tantas mediocridades políticas.

jueves 3 de diciembre de 2009

Terrores de ficción y horror real



No voy nunca a ver pel·lículas de miedo, ni tan sólo pel·lículas en las cuales los horrores reflejan verdades históricas. Sin embargo, de niña y de jovencita sentía por esos géneros una extraña atracción, supongo que porque todavía no había llegado a la época en la cual se percibe que mucho horror es o ha sido real y que la realidad, en esos temas, también supera la ficción. 


Sin embargo sentía respeto por Naschy, la verdad. Era todo un personaje, odiado por muchos ya que, decían, tenía mal carácter y era prepotente. Sin embargo, era también un gran trabajador. En el 2001 reconocieron su larga labor con la medalla de las Bellas Artes. Aunque había participado en alguna pel·lícula seria fue actor, director y de todo en un gran número de esas de monstruos de serie B, con efectos especiales un poco de zapatilla, mucha sangre y muchos sustos. 


Ayer, en uno de esos canales que también son de serie B, pasaban una entrevista con Naschy, de nombre real Jacinto Molina. Me pareció un hombre sabio, consciente de su próximo final, contento de haber hecho lo que le había parecido y triste por los muchos proyectos que ya no realizaría. Como no soy especialista en cine, remito a los interesados a un blog estupendo, Lady Filstrup, en donde se puede seguir el rastro y entrar en la intimidad profesional de muchos personajes del cine español. A mi me encanta ese blog porque soy algo mitómana, y porque me gusta saber el destino de personajes que fueron famosos y ya no lo son o de aquellos que siempre fueron secundarios de lujo. Hacer poco, en mi blog en catalán escribí sobre Jennifer Jones, por ejemplo, ya que una serie de casualidades tiraron de las cerezas de mi cesto mental y, gracias a internet y a google supe que todavía estaba en este valle de lágrimas, con noventa años, plácidamente retirada desde hace mucho tiempo. Cuando mi madre vivía también, de vez en cuando, le venía a la memoria algun actor o actriz antiguo, qué habrá sido de X?, me preguntaba. Y la mayoría de veces podía satisfacer su curiosidad consultando ese inmenso fichero IMDB, aunque los actores de casa no siempre están bien representados en él. En todo caso, en algún lugar u otro de internet hallaba siempre referencias y datos y, en muchas ocasiones, constatamos que los olvidados todavía estaban vivos aunque fuesen ya muy viejecitos.


En la entrevista que menciono, Naschy admitía que los monstruos de sus películas no existen, pero que en la vida real hay también monstruos próximos a nosotros. Y que la creación de los monstruos y seres extraños la ha realizado el hombre, posiblemente por necesidad, por una necesidad de aventar los miedos reales. Hoy está mal visto contar a los niños cuentos de miedo, parece de mal gusto. Una maestra amiga, todavía en activo, me explicaba que años atrás, cuando celebraban la castañada, apagaban las luces en clase, encendían una velita y contaban historias de sustos y terrores. Hoy, admitía, pronto vendrían unos papas modernos a protestar por los traumas que tales cuentos producen en los niños y encender la vela, con peligro de incendio, se consideraría irresponsable, hemos llegado a unos grados impensables de papanatería en general, pero en lo relacionado con los niños y niñas, ya roza el surrealismo, la cuestión pedagógica y metodológica.


Sin embargo los niños siguen inventando sus aventis sanguinarias si hace falta, en la intimidad. De bien  jovencitos ya leen a Stephen King y a otros autores del género. King, otro gran trabajador, con algunos libros extraordinarios, manifestaba en una entrevista  que intentaba escribir sobre sus propios terrores, para superarlos. De vampiros, en sentido metafórico, como hemos visto en estos últimos tiempos con tanta estafa y corruptela por nuestras geografías, hay un montón. En temas más complicados, el afán de una seguridad inalcanzable ha generado una especie de inquisición inquietante, que da resultados perversos como el de ese pobre muchacho de Tenerife, acusado de barbaridades y condenado de antemano por los medios de comunicación, médicos, policías... No es extraño, cuando alguien lleva a urgencias algún niño, a la esposa, incluso a la abuelita, porque ha sufrido un accidente doméstico, se somete hoy al pariente a un desagradable tercer grado, a menudo de forma algo brutal, porque hay que rellenar esos protocolos que intentan reducir, sin demasiado éxito, eso que se ha llamado violencia doméstica o de género, pues parece que la violencia debe adjetivarse para ser objecto de condena. Vaya, que la presunción de inocencia deja mucho que desear.


El estado también puede convertirse en un monstruo de mil cabezas y con grandes tentáculos, e introducirse en la intimidad con cierta facilidad, sobre todo si nuestros terrores colectivos se disparan, ayudados por esos medios de comunicación que también se están volviendo algo monstruosos. Para librarnos de unos monstruos acabamos por crear otros. Por eso las películas de miedo siempre tendrán éxito, sobre todo si finalizan con la destrucción del ser maligno.


Descanse en paz Paul Naschy, en el cielo de los monstruos inofensivos!!! Por cierto, este mes de diciembre, cosa extraordinaria, tendrá dos lunas llenas, la segunda en la noche de fin de año...