martes, 1 de julio de 2008

Raquel Meller, en el recuerdo


Formo parte de un modesto grupo de historia de mi barrio, el Poble-sec. Cada mes organizamos una charla en la biblioteca y la última de la temporada será esta tarde, a las siete y media. La hemos dedicado a Raquel Meller, gran artista, actualmente poco conocida y la haré yo misma. No soy ninguna expeerta en cuplé ni en artistas pero, por casualidad, dispongo de dos biografías de Meller, así como de una película en vídeo, La venenosa, con un argumento delirante del controvertido Caballero Audaz, de la cual pasaremos un fragmento.


Hoy es poco conocida esta cantante y actriz, que había sido famosísima y muy homenajeada. He hablado con jóvenes que ni tan sólo no sabían quién era o a qué se dedicaba. En sus tiempos se hablaba muy bien de ella como artista, pero no tanto como persona, pues tenía un carácter bastante difícil. Hizo películas mudas, y alguna de sonora. Era expresiva, con un gran atractivo, capaz de transformar su rostro y de adaptar su vestuario a cada representación. Fue una mujer moderna, pionera en adoptar los recortes en faldas y pelo que llegaron con los felices veinte. En su época fue alabda por personajes como Sarah Bernardt y Charlot, que quiso, sin éxito, a causa de los muchos compromisos de Meller, contratarla para una película. Trabajó y vivió en Francia, viajó por América. Se la puede considerar de la categoría de Baker o Mistinguette, pero en nuestro país se olvidan pronto esos mitos que en otros lugares son respetados, recordados y reivindicados.

Hoy resulta imposible encontrar la mayoría de sus películas y muy difícil conseguir sus grabaciones si no es a través del mercado de ocasión. Durante la década de los cincuenta, con el éxito de Sara Montiel, el cuplé resucitó y la misma Meller, que murió en 1962 criticó durament las interpretaciones del género que hacían Montiel, de Celis y otras. Era bastante sarcástica siempre, con las actrices de la competencia. Fue una diva, en toda la extensión de la palabra, y su vida familiar fue complicada. No cantó sólo cuplés sinó también tangos y otros tipos de canciones, además de algunas en catalán con letras escritas por Rusiñol y Guimerà. Con ella el cuplé alcanzó una categoría inmensa, ganó en elegancia y se convirtió en género de culto de muchos intelectuales, alejado de la picaresca vulgar que había dominado el tema al principio.

En Madrid se ha representado con gran éxito, durante tres temporadas, el musical de pequeño formato, Por los ojos de Raquel Meller. En Tarazona, ciudad donde nació, existe un museo dedicado a ella y una asociación que reivindica su memoria. Se considera que actualmente una de las grandes intérpretes de cuplé, por desgracia también poco conocida, es la gran Corita Viamonte. Mientras tanto, en Barcelona, ciudad que la vio crecer como artista, es poco recordada y su monumento se vio hace poco maltrecho por la acción de unos gamberros no identificados, aunque, ahora que ya se ha arreglado, alguien sigue poniendo flores en su cesto de Violetera. Quizá la resurrección del nuevo Molino, cuando llegue -ayer se puso la primera piedra- pueda acoger el homenaje que el recuerdo de la artista merece, haciendo venir a nuestra ciudad el musical mencionado, dirigido por Hugo Pérez. Creo que resultaría muy adecuado al entorno de nuestro hoy decadente Paralelo.

2 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Querida Júlia:

Poco te puedo comentar desde mi ignorancia, salvo que me enseñas un poquito cada vez que escribes y que mientras mantengamos en nuestros recuerdos y corazones a gente anónima u olvidada, su obra o circunstancia seguirá viva.

Si lo hubiera sabido me habría acercado al TribueÑe.

Gracias, Ignacio

Júlia dijo...

Hola, Ignacio,

Lo que me sabe mal es que somos un país con tendencia al olvido e incluso al desprecio por estos personajes que, en lugares como Francia, continuarían siendo mitos para siempre.

La charla fue muy bien, vino bastante gente, al menos creo que he contribuído un poco a recordar la artista y su época.