domingo, 12 de diciembre de 2010

Concha Piquer (1906-1990)



Curioseando por internet, ese lugar extraño donde se encuentra 'de todo' aunque no se encuentre todo, me he enterado de que hoy, 12 de diciembre, hace veinte años de la muerte de Concha Piquer, cantante muy presente en la memoria sentimental de aquellos que, como yo, ya peinamos canas aunque sean teñidas. Mis primeros recuerdos de esa gran dama de la canción vienen de los inefables discos solicitados de Radio Miramar y la canción que más sonaba y recuerdo era ese inmenso Tatuaje. La canción, de pequeña, me evocaba las callejas sórdidas cercanas al puerto de Barcelona, un olor a café rancio y vino peleón, y un mundo pecaminoso de marineros con pasado y señoras de la vida, eufemismo que usaban en casa y que yo, entonces, no sabía a qué se refería con exactitud. Las señoras de la vida eran mujeres decadentes, gordas y pintadas que pululaban por la calle y que acompañaban a hombres borrachos y malolientes para hacer no se sabía qué exactamente, un misterio de aquellos de épocas pasadas y pacatas.

De jóvenes, con la modernidad de los sesenta, renegamos de aquella memoria sentimental, de Machín, de Piquer, incluso del Duo Dinámico yeyé de nuestra adolescencia. Hoy queda bien decir que escuchabas a los Beatles o a los Stone en versión original, de la misma manera que queremos creer que ganamos la democracia a costa de nuestro sacrificio colectivo. La leyenda siempre es más bonita que la realidad. Con el tiempo, sectores intelectuales desacomplejados reivindicaron aquella música, cantantes jóvenes la recuperaron en nuevas versiones y la copla, como el tango, pasó a ser patrimonio cultural colectivo. Concha Piquer fué mucho más que una señora que cantaba historias, es hoy un mito de la canción, muy presente en nuestro recuerdo. 

Me gustán las canciones que cuentan historias, bien rimadas y estructuradas. Así son aquellas coplas, de grandes autores, poemas narrativos, novelas. Como los tangos o como las canciones que cantaba, en catalán, Emili Vendrell, con letras de grandes poetas. Hace poco tiempo pude ver, en la segunda cadena, un programa magnífico de la serie Imprescindibles, sobre la apasionante y apasionada vida de Concha Piquer. Los programas de Imprescindibles deberían ser, valga la redundancia, imprescindibles, efectivamente: Miguel Hernández, Vicenç Vives, Gil de Biedma, Rafael Azcona...

Algunas de las canciones de Piquer me producían una profunda tristeza, sobre todo cuando hablaban de mujeres abandonadas, de amores imposibles, de muerte y tristeza. Las había optimistas, la niña de la estación acababa por casarse, se casaba  la picadita de viruela acomplejada y la solterona de la lima y el limón. Casarse era casi la única salida laboral seria para un gran nombre de señoritas. Eran canciones que al estar bien construídas y rimadas se aprendían de memoria con cierta facilidad, cosa que contribuía a crear lazos colectivos cuando, aunque fuese en broma, las entonábamos en fiestas señaladas y reuniones familiares.

La vida de Concha Piquer transcurrió de forma inteligente y apasionada por épocas difíciles, no fue una cantante franquista, com creímos com ignorancia petulante. Fue ella misma y mucho más, merece una serie de la tele bien hecha, con medios y documentación, para dar a conocer a los jóvenes cosas como su paso por Estados Unidos, o que protagonizó la primera película sonora en español. Los míticos baúles de la Piquer se han convertido en una especie de refrán popular. Ah, como admiro la habilidad de países como Francia para mitificar sus mitos o crearlos! Aquí somos algo autodestructivos, el franquismo estigmatizó toda una larga época y a los que sobrevivieron con éxito a ella! Sin embargo, por lo que oigo y escucho, la copla goza de buena salud. Afortunadamente.

A la hija de Concha Piquer, como al hijo de Emili Vendrell, les pasó una cosa parecida, siendo excelentes artistas no pudieron acabar de superar el peso inmenso de sus progenitores. Al tipo de canción que cantaba Vendrell, en catalán, le faltó una etiqueta de género. Los comparo porque Vendrell también cantaba historias y era de los pocos cantantes en catalán, anteriores a la Nova Cançó, que podíamos escuchar en los espacios de discos solicitados, al lado de Piquer y Machín. Por desgracia, hoy está muy olvidado en su propia tierra, cuando fue, también, todo un mito. En Catalunya con frecuencia soportamos un exceso de modernidad y diseño, de afición desmesurada a la novedad galopante. Lástima.

La época también cuenta. Estos días se ha hablado mucho de Lennon, de los Beatles y de su tiempo. No digo que no fuesen buenos pero estuvieron en el lugar apropiado en el momento oportuno. El éxito de Piquer fue también un éxito de labor de equipo: buenos músicos, excelentes letristas. Y una sociedad que escuchaba con devoción aquellas historias cantadas y contemplaba ilusionada las películas del cine del barrio. Hoy nos hemos convertido en una sociedad de petulantes nuevos ricos en crisis. Aquellas canciones nos dicen mucho más de nosotros mismos que cualquier manual de historia.





8 comentarios:

Eastriver dijo...

Esas coplas eran un culebrón. Pero lo que decían, lo decían tan bien, con tanta retórica, con tanta metáfora, con tanto melodrama, que por eso fascina...

Eastriver dijo...

Ah, y gracias por los imprescindibles... Desconocía este programa, auqnue recuerdo que vi el de JGdeB.Por lo que veo no todos son dedicados a un personaje...

josep estruel dijo...

Yo creo que las conozco todas, o casi todas por mi mujer. Pienso que Eastriver tiene un poco de razón al decir que eran un culebrón. Pero visto en la distancia me parece que todos nosotros en aquellos tiempos nos hacia falta escuchar aquello de..."él vino en un barco de nombre extranjero...". Lo de los Beatles, creo que tuvo mas exito porque los jovenes no franquistas necesitabamos un cambio. Entre ellos me incluyo yo, a partes iguales, porque de buen principio era más de la Nova Canço.

Muchas gracias por "Los imprescindibles", la verdad es que no lo conocia.
Una abraçada.

Enrique Sabaté dijo...

Gracias amiga, se niega lo que nos avergüenza y la copla fue seña de identidad del régimen que la hizo suya, después de depurarla de rojos y maricones, como tantas otras músicas que nos recuerdan nuestro pasado de manta cuartelera y tosferina.

Saludos amiga.

Júlia dijo...

Eastriver, és que la vida és un culebrón. Por eso nos gustan.

No, los programas son diversos pero suelen estar bien.

Júlia dijo...

Josep, todo puede convivir, te das cuenta con los años, en música, como en todo, vale más sumar que restar.

Por cierto, en la Nova Cançó, e incluso en el rock, también hay historias de 'culebrón', aunque sean culebrones más 'modernos'.

Júlia dijo...

Enrique, yo también pasé mi sarampión anticopla, antiflamenco y anti Emili Vendrell o zarzuela. Afortunadamente el paso del tiempo, tan corruptor en muchos aspectos, tiene cosas positivas, como, en general, mejorar nuestra visión del mundo y relativizar casi todo.

òscar dijo...

Mi abuela era una fanática de la Piquer.

Ese "fanatismo" (bien entendido) me ha dejado como poso en mi memoria musical canciones como "Tatuaje", "Ojos verdes" y "Suspiros de España".

Un poso precioso.