sábado, 18 de febrero de 2012

Reivindicación del jardielismo eterno









Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.


Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.


Realmente, sólo los padres dominan el arte de educar mal a los hijos.


El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.


En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.


Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.


                               Jardiel Poncela


Se cumplen hoy sesenta años de la muerte de Enrique Jardiel Poncela, un autor todavía poco y mal conocido, aunque tiene y tendrá seguidores absolutamente adictos. Jardiel fue un hombre sin suerte, murió prematuramente, a los cincuenta años, bastante olvidado. Cincuenta años parecen muchos cuando eres joven, después, con el tiempo, te das cuenta de que en esa edad todavía puedes hacer muchas cosas.

Mi madre nos recitaba divertida muchos fragmentos de obras de Jardiel, en especial de Angelina o el honor de un brigadier, que había visto en teatro y cine. Tan mitificada tenía yo esa obra que en una ocasión, hace muchos años, la emitieron por televisión en aquellos añorados Estudios 1 y tuve incluso una cierta decepción. Claro que las obras de teatro dependen en buena parte del montaje y de los actores, además del texto.

Uno de los primeros volúmenes que compramos en el Círculo de lectores, al comienzo de aquella iniciativa popular de venta a domicilio de literatura, fue El libro del convaleciente, con el cual me había reído mucho de jovencita. El yerno de Jardiel fue un lince del teatro comercial, Alfonso Paso, y se decía que había aprovechado muchos materiales del suegro. Puede que fuese así pero yo creo que también pesaba la envidia hacia el éxito popular del teatro de Paso que, con todos los defectos que se le quieran encontrar, funcionaba y funciona. 

Jardiel recibió palos por todas partes. Estuvo en una checa, acusado injustamente, pudo irse al fin de España durante la guerra pero su humor, tan especial, tampoco no era del gusto de los vencedores. La guerra fue un desastre para la convivencia y para las relaciones humanas. En la posguerra, una gira por hispanoamérica fue muy mal recibida por los exiliados republicanos, que la boicotearon ruidosamente. Recibió algún premio pero también palos morales diversos. Sin embargo su humor creó escuela y tuvo seguidores, aunque no todos reconocieron su influencia.

Jardiel venía de una familia de artistas e intelectuales. Su yerno, Alfonso Paso, pertenecía también a una familia con muchos personajes relacionados con el teatro, con la música. Dos nietas de Jardiel fueron actrices, Paloma y Rocío,  y un biznieto, Darío Paso, es un hoy un muy buen actor conocido por sus intervenciones en películas y series, que también ha dirigido interesantes cortometrajes. 

El humor de Jardiel sería, en cualquier otro país europeo, mítico y mitificado, no andamos tan sobrados de autores humorísticos inteligentes. En nuestro mediocre presente el humor grueso y la tontería recurrente tienen muchos más adeptos. También en catalán la ironía de otras épocas, de la cual tanto se presumía, ha cedido el paso a la broma fácil y vulgar. Una muestra de humor estúpido son los gags y los programas de risa relacionados con los políticos, cualquier chiste clandestino sobre Franco, de nuestra juventud, tenía mucha más gracia, a pesar de la censura, que esas supuestas críticas facilonas. Los aspirantes a humorista hispánico deberían realizar un doctorado en jardielismo, de forma obligatoria, todavía más si aspiran a ser televisivos.

2 comentarios:

FRANCESC PUIGCARBÓ dijo...

Era molt bo Jardiel Poncela, tenia un punt de Groucho Marx...

Júlia dijo...

Doncs sí, malauradament les circumstàncies i el país no estaven d'humor...