viernes, 4 de octubre de 2013

CURRO JIMÉNEZ, EL BANDOLERO DE LOS SETENTA Y NOSOTROS, LOS DE ENTONCES


Algunos días, de modo esporádico, he visto algunos capítulos de Curro Jiménez. En su época tampoco vi la serie entera, tenía a mi hija muy pequeña y me imagino que poco tiempo libre además de cierta prevención antitelevisiva progre. Lo poco que vi fue en blanco y negro, la primera televisión la compramos con motivo de la muerte de Franco y la serie se realizó entre los años 1976 y 1978. No valoré entonces aspectos que hoy, con más años y menos prejuicios, contemplo con admiración. La lástima es que entonces la vi sin color y ahora está descolorida, como tantas otras de la época. O quizás ese es también un punto a su favor, esa distancia temporal que producen los colores esvaidos del pasado.

Tenía yo entonces mis manías pedagógicas, me parecía violenta, el tópico del buen bandolero me producía cierto rechazo. Se vendieron juguetes relacionados con la serie, la pistola, la navaja. Un día vinieron unos amigos a casa, su hijo pequeño llevaba una bonita y pequeña pistola, la del protagonista. Me pareció aquello poco educativo, eran tiempos de etéreos métodos pacifistas y de rechazo a absolutamente casi todo. Eran años de mucha esperanza en la política, íbamos, como quien dice, amb el lliri a la mà, con la flor en la mano. 

Hoy, que me he vuelto más realista y escéptica, me encantan esas historias televisivas cuando las puedo ver. Están hechas con gran dignidad, los guiones eran, la mayoría, de Antonio Larreta. También están dirigidas por personas importantes del mundo del cine. Los actores principales encontraron ahí el papel de su vida, en especial Sancho Gracia, que entonces no me acababa de gustar, lo encontraba un poco chulo, cosas de la edad. Sin duda la serie lo marcó, después hizo papelones impresionantes y nos dejó demasiado pronto. Lo mismo Pepe Sancho y el resto. Algunos de los actores y actrices invitados fueron flor de un día, eso suele pasar con los secundarios de las series, por desgracia, no todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Algunas de las bellas damas que salían en los distintos capítulos muestran hoy una lamentable vejez, gracias a las operaciones de estética y al bótox indiscriminado.

Sancho Gracia montaba él mismo a caballo por aquellos hermosos paisajes que espero que no hayan cambiado demasiado. No son nada frecuentes las series de televisión con tantos exteriores, hoy la mayoría pasan en el comedor, en la salita, en la habitación del hospital o en la comisaría. La ambientación, mirada desde el presente, resulta impresionante por su realismo, un realismo ciertamente matizado pero resuelto con inteligencia. La serie se puede encontrar en DVD pero cuentan que no sigue el orden real, gran fallo. El personaje se inspiró en uno de real, el barquero de Cantillana,  que acabó vencido por la ley. A la serie le dieron un final más amable, los protagonistas pueden partir hacia América, tienen una nueva oportunidad. 

Los bandoleros fueron habituales durante años. Catalunya era conocida durante los siglos anteriores como tierra de bandoleros, cosa que recuerda don Quijote cuando se acerca a Barcelona y ve muchos ahorcados por las cercanías. Se ha querido buscar razones profundas, políticas y sociales, para explicar la vida de determinados bandoleros mitificados, pero nunca responden a la realidad, que desconocemos, sinó a nuestras creencias ideológicas del presente. También en la novela La Punyalada se alude al fenómeno en Catalunya,  ya más reciente que en la época del Quijote. En el estado español el bandolero típico ha sido el andaluz pero los hubo por todas partes. Todavía nuestros abuelos recordaban problemas de los carreteros al pasar por determinados lugares solitarios y peligrosos. Hubo durante siglos una gran ausencia de control, hasta que se fundó la Guardia Civil, por cierto. Se pide policía y luego se critica a la policía de forma absoluta porque así somos los humanos, por un lado incoherentes en nuestras demandas de seguridad al precio que sea y, por otro, proclives al abuso de poder en muchas ocasiones.

Las guerras internas del XIX propiciaron que muchos soldados a la fuerza se convirtiesen, por necesidad o afición, en ladrones de caminos. Curro Jiménez se mueve en el contexto de la guerra con los franceses, en eso se aleja de la historia real del barquero de Cantillana, que vivió después. Los franceses se convirtieron en ese enemigo común, diferente y fácil de identificar por la gente del pueblo. Más complejo es identificar el enemigo interior, claro. Sin embargo la serie es poco maniquea, bastante razonable, con episodios incluso humorísticos. Creo que había más imaginación y ganas de hacer cosas interesantes en aquellos años de mediados de los setenta aunque yo entonces mirase de reojo como cabalgaba Sancho Gracia por la España de antaño. Hoy no hay bandoleros justos y quizás no los había entonces, todo era mucho más sórdido de como nos lo presentan la literatura, el cine, la televisión. En la España de los setenta, en cambio, todo era más luminoso, más alegre, más esperanzador, al menos en nuestros corazones, entonces tan jóvenes, tan imprevisibles, tan críticos con todo.

A mediados de los noventa se quiso hacer una continuación pero todo había cambiado y no tuvo el éxito esperado. Cada cosa tiene su momento. Siempre será una de aquellas series de culto, como Verano azul, que miraremos desde la distancia, añorando aquel tiempo, aquellos actores y aquella persona que fuimos entonces incluso a pesar de qué los años nos hayan hecho algo mejores, más tolerantes, más condescendientes, más comprensivos con las debilidades humanas y con las ficciones románticas de una realidad poco amable. Y más viejos, claro.

5 comentarios:

iruna dijo...

fa uns dies vaig veure un capítol començat i em va agradar molt. "el maestro", un dels bandolers, amagava uns diners en unes roques en estos paisatges que dius... després se'l veu allotjant-se a casa d'un pare i una filla que li pregunta si és veritat que roba, i "el maestro" li diu que sí, però que mai roba a ningú que realment necessite els diners. després se veu com el pare vol portar la filla a un metge que potser podria operar-la i cuidar-la, però ella li diu al pare que no es face il·lusions, que sempre han sigut massa pobres i no s'ho poden permetre. l'home és... com se diu allò que van amb un pèndol i detecten l'aigua o els metalls? ara no recordo la paraula...

no vaig veure acabar el capítol, però el trosset me va agradar.

de petita sí que la mirava i la recordo amb carinyo. la música era molt emocionant...

m'agradaria saber si veus una sèrie que fan ara on també surten alguns exteriors al camp... "el secreto de puenteviejo" :)
jo la veig alguns dies... i trobo que hi ha molta "xixa"... han aparegut molts temes... la majoria dels personatges són bona gent, encara que també hi ha alguns "dolents", i van apareixent canvis socials tractats d'una forma que em sembla bastant curiosa...

la fan a antena 3 i està ambientada a principis de segle, en un poble de Castilla y León.

Júlia dijo...

Hola, Iruna, n'he vist algun capítol per casualitat, sembla que tampoc no està malament.

Els qui dius són els saurins o 'zahorís' en castellà.

Les sèries d'abans tenien la virtut de ser limitades en el temps, ara s'allarguen i allarguen i perden interès, per exemple, de Curro Jiménez crec que en van fer uns quaranta capítols. Aquesta limitació feia que també els guions poguessin ésser més acurats.

Temujin dijo...

Pues yo la vi de niño y esperaba con ansia los nuevos capitulos, la musica, nos llamaba al sofá... Blanco y negro "of course"...

Ahora los bandidos han dejado las sierras y cordilleras, se sientan en Consejos de Administración o les votamos dramáticamente, digo democraticamente. Prefiero los antiguos, les veías venir navaja en mano, no engañan a nadie y ,por lo menos, no te decían que te robaban por tu bien...

Aunque para atracador de verdad, el que más me ha gustado del cine español es <a href="http://www.youtube.com/watch?v=2SzFTmT3jqA>este</a>, a partir del segundo 40 es genial...


Un saludo y con su permiso.

Temujin dijo...

Este

Júlia dijo...

Temujín, es que eso ya es poesía pura, otra cosa.

Los bandoleros típicos robaban a los ricos para dárselo a los pobres y los que dices lo hacen al revés.