domingo, 6 de julio de 2014

CAPERUCITAS ROJAS Y AZULES, LOBOS Y CUENTOS DE MIEDO




Los cuentos infantiles, en sus versiones más antiguas, suelen ser crueles e inquietantes. La modernidad pedagògica ha suavizado finales y violencias y sobre el tema ha habido siempre debates diversos sobre cómo había que recuperar aquellas historias ancestrales.

Uno de los cuentos más conocidos e inquietantes es el de Caperucita. Sobre su simbología sexual se ha escrito mucho. Se ha relacionado el color rojo con la menstruación ya que, en general, las ilustraciones antiguas nos muestran una protagonista algo crecidita. Sobre el lobo, la simbología resulta tan evidente que dar explicaciones sería absurdo. 

En algunas versiones tanto la abuela como la nieta acaban devoradas por el hambriento animal. En otras más amables siempre llega a tiempo un cazador oportuno. Hoy la caza está algo mal vista y los lobos son una especie casi en extinción, recuperada e incluso reivindicada. También se ha bromeado sobre el cuento del derecho y del revés, es uno de los más hilarantes del librito de Finn Garner, que ya tiene algunos años pero no ha perdido actualidad.
Cuando yo iba a la escuela -de monjas- vi la representación de una versión que se llamaba Caperuza azul. Yo era muy pequeña y no acabé de entender la historia, que era incluso un poco musical. La protagonista cantaba de vez en cuando y algunas características recordaban El mago de Oz. La vi representar en otra ocasión en el colegio de una vecina, también de monjas, pero de otra orden, cosa que me induce a pensar que debía ser bastante popular entre el repertorio habitual de los teatros escolares.


Creo que acababa mal. Caperuza Azul se encontraba por el camino con un extraño loco que cantaba algo así como: en un alto cocotero hizo un nido un colibrí y un cuquito sandunguero cierto día fue por allí. He buscado referencias por internet pero he encontrado poca cosa, a no ser que se trate de una obrita escrita para el famoso teatro de Seix Barral por Antonio Zozaya, un personaje muy interesante y poco recordado.
Si es así la versión sería de antes de la guerra y nada tendría que ver la reconversión de la Caperucita Roja en Azul a causa de la represión efectuada contra la palabrita en mis años infantiles. Algunas versiones incluso se reconvirtieron en Caperucita Encarnada. Eso de llamar roja a una protagonista de cuento, aunque al final fuese castigada por sus imprudencias, estaba pero que muy mal.

Quizás alguien pase por aquí y recuerde también aquella obrita. Creo que la canción del loco, la única que recuerdo de toda la obra, seguía así: colibrí tomando un coco al cuquito se lo dió, más el dijo, no estoy loco, a mi cuco el coco no. Y creo que la protagonista le cantaba al loco algo parecido a esto: valiente cuquería la que acabas de contar...

Sobre Caperucita y sus imprudencias recuerdo además una especie de canción de corro que no he llegado a saber nunca de dónde salió. La cantábamos a coro, en el patio a la hora del recreo, una hacía de Caperucita y cuando le tocaba el solo se arrodillaba y entonces salía el hada de los  bosques. Estos papeles protagonistas eran muy reñidos, todas queríamos ser actrices principales y no del montón. De lobo no quería hacer casi nadie, ni siquiera tenía frase y debía hacer cara de malo y agarrar a la chica sin muchos miramientos. 

Coro:

Caperucita se ha ido
sin que su madre lo sepa,
y en el bosque se ha dormido.
Oh, qué horror

Un lobo temible y fiero
vestido de caballero
se apoderó de la niña
Oh, que horror

Caperucita, de rodillas, rezando y casi asesinada por el lobo:

Hada de los bosques sálvame
y con mi mamita llévame...

El hada, apartando al lobo con contundencia

Caperucita no te vuelvas a escapar
sin el permiso de mamá,
que hay terribles fieras
que parecen caballeros de verdad.

Desde que soy abuela me vienen a la memoria cosas de mi infancia, debe ser la edad. La verdad es que mandar a la niña al bosque con el tarrito de miel y el pastel, solita, sí que me pareció siempre una imprudencia maternal considerable.

Cuando te contaban este cuento te ibas poniendo nerviosa, sobre todo en el momento en qué Caperucita empieza a preguntar al lobo travestido por qué tiene las orejas grandes, los ojos grandes, etcétera. Saber el final no reducía la tensión. Un cuento que aún me daba más miedo era el de la Marieta, que tiene muchas versiones y, en resumen, trata de una niña que en lugar de comprar hígado para la cena se compra chucherías o una muñeca y para que no la riñan saca el hígado de un muerto del cementerio. Por la noche se le presenta el fantasma del finado y va repitiendo: Marieta, ja pujo l'escaleta... Al final acaba que el zombie agarra a la niña y se da un buen susto al público infantil. Es un cuento horrible y tétrico, que cuenta con muchas versiones. En castellano hay una versión que se llama el cuento de la María-dura, y así rima con asadura, que es lo que la niña ha quitado al difunto.

De pequeña te gusta experimentar miedo, incluso de mayor, sinó no se explicaría el éxito de la novela negra, de la prensa morbosa o de cierto cine de terror. Sin embargo el miedo debe dosificarse con cuidado ya que no todos lo asimilamos de la misma manera. Todavía es un misterio para mi ese gusto por lo horrible, la verdad, aunque he leído bastante sobre esas cosas, desde un punto de vista psicológico, pedagógico y todo eso. Ninguna explicación me acaba de convencer.


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