domingo, 15 de enero de 2017

CANTANDO Y BAILANDO, ENTRE ESTRELLAS Y ESPERANZAS JUVENILES

Resultat d'imatges de LA LA LAND

No he podido evitar ir pronto a ver La, la, land, por curiosidad malsana y porque mucha gente me la comentará estos días. Ya iba con cierta prevención. Ryan Gosling me gusta o me gustaba, aunque depende de los papeles que le dan, a veces se pasa con los mohines y esa moda de que el chico lleve un mechón de pelo grasiento delante de los ojos me pone nerviosa, lo siento, me dan ganas de sacarme un clip del bolsillo y recogerle la greña. Hace unos días me pasó lo mismo con el protagonista de Franz, antes eran las damas quienes se complacían en eso del pelo desgreñado pero parece que las tendencias contribuyen a esos despeinados intencionados de los galanes de nuestro tiempo.

De la protagonista, Emma Stone, sabía poca cosa. Tiene a su favor el aspecto de chica corrente con grandes ojazos. Lleva unos vestidos muy bonitos y no repite ninguno, que yo recuerde. Quizás a partir de la película vivamos una primavera con un retorno a aquella moda que potenciaba los colores del parchís, no sé si se acuerdan. Stone y Gosling bailan y cantan de forma relativamente aceptable, pero no son ni Ginger Rogers ni Fred Astaire. Antes se solía doblar a los cantantes, admito que eso hacía perder veracidad al conjunto y a veces no tenía explicación, Audrey Hepburn cantaba bastante bien y tuvo un disgusto cuando la doblaron en My Fair Lady. 
Resultat d'imatges de LA LA LAND
Ya había sido injusto prescindir en la versión cinematógrafica de Julie Andrews, quién cantaba de maravilla y que había triunfado en el teatro con la obra. A Audrey Hepburn había la manía recurrente de aparejarla con viejecitos, quizás por eso cuando en Dos en la carretera la aparejaron con uno de joven, Finney, no pudo evitar iniciar un romance con él, cosa que hizo enfadar mucho a su marido de entonces, Mel Ferrer.

Volviendo a La, la, land no le negaré méritos. Buena fotografía, buena ambientación, buena música, aunque no sea West Side Story, guiños  cinematográficos diversos, homenajes a los grandes de antaño, amor fino y elegante, sin ese sexo gratuito y explícito que nos emiten incluso en los telefilmes de sobremesa. Qué bonita esa escena del cine, cuando se tocan los deditos con emoción... 

Ese romanticismo se agradece pero algo no acaba de ser redondo, es algo relativo al guión, poco consistente. Se evita un final feliz de forma algo brusca, hoy parece que los finales felices son vulgares y deben ser evitados aunque sean, incluso, absolutamente coherentes con la historia. Ese final se ha visto como un mérito, yo no lo veo así, sobre todo porque esa elipsis de cinco años, precisamente cuando las cosas empiezan a irles bien a la parejita, está  algo introducida con calzador.
Resultat d'imatges de ryan gosling la la land
Claro que el director ha sido valiente, demostrando que en eso del musical quedan un montón de cosas por inventar y reinventar. Claro que yo ya soy un poco viejecita y me cuesta entusiasmarme, tenía unas chicas al lado que flipaban con la historia y salieron muy contentas. El cine estaba lleno del todo y hoy hace ilusión entrar en una sala de cine llena y no casi vacía, como esa en la cual la pareja ve Rebelde sin causa, del sobrevalorado, a mi entender, James Dean. No puedo decir que no pasase un buen rato, aunque el metraje, considerando la poca historia que se cuenta, me pareció excesivo. Dicen que tendrá muchos premios, ya los ha tenido. Veremos qué pasa en los óscars, aunque todo eso de los premios es relativo y el tiempo dirá. Una película que odié durante años, Grease, ahora me hace incluso cierta gracia cuando la vuelvo a contemplar, por la tele. 

Creo que la pareja protagonista debía haber unido esfuerzos y alternar el jazz, en esa sala recuperada, con teatro de cabaret o algo así. El director, Damien Chazelle, es muy joven todavía, un gran amante de la música y nos puede dar muchas sorpresas. Y sobre el final, al menos el pianista tiene su local y no es el viejo perdedor decadente de la novela de Vázquez Montalbán o de la canción de Billy Joel. Parece que los pianistas de ficción sufren mucho, en general, y viven atormentados. Intuímos que la chica, más o menos, es moderadamente feliz con su bebé, pero el pianista friéndose croquetas en soledad da mucha pena, aunque sea Gosling. O precisamente por eso.