domingo, 1 de marzo de 2009

Sobre libros y lenguas


El miércoles presenté mi nueva novela en la Casa del Libro de Barcelona, gracias a la Editorial Meteora que confió en ella. Me la presentó Jordi Cervera, también escritor y periodista, que hizo comentarios elogiosos sobre ella, cosa que le agradezco infinitamente.


Vinieron amigos, parientes, conocidos. Se vendieron los cincuenta ejemplares que la librería tenía; por extrañas razones organizativas en las presentaciones no ponen más volúmenes a la venta. La Casa del Libro tiene cada día presentaciones de libros, se edita mucho y de todo. Flotar en ese mar de papel impreso es difícil. Ahora, el éxito y la venta ya pertenecen al misterio del azar.


La novela es en catalán. Me gustaría traducirla al castellano para poder hacer una edición en esa lengua, que también es la mía, yo misma haría la traducción, pero eso, tal y como va el sector editorial, en mi caso es todavía un sueño.
El libro es una historia familiar, la de una de esas familias desgraciadas que lo son cada una a su manera, como cuenta Tolstoy al inicio de ese gran libro que es Ana Karenina. El protagonista -aunque es bastante coral, según como se mire- vive en las barracas de Montjuïc, intenta mejorar, estudia, se casa, todo parece irle bien, pero un suceso desdichado le hunde en la desesperación y le encara con el lado oscuro de la vida. Es también la historia de los últimos cincuenta años de nuestro país, de mi ciudad, de mi barrio, de nosotros mismos.


Empecé a escribir hace años, muchos, en castellano, porque en mi infancia todo era en castellano por obligación, como se sabe. En mi casa eran catalanes, teníamos algunos libros en catalán, con los cuales aprendí a leer en mi lengua familiar, entonces reducida al ostracismo. Con la apertura de los sesenta el catalán pareció resucitar lentamente, muchas iniciativas en música y literatura, en periodismo, dieron de nuevo al catalán categoría y difusión. Más adelante llegó a la escuela, primero de forma tímida y casi disimulada. En la Normal hice, en horas que no eran de clase, mi primer cursillo para aprender a escribir mi lengua con un mínimo de corrección. Luego hice más cursos y cuando el catalán entró en la escuela yo ya tenía suficientes títulos para convalidar que me otorgaban el nivel requerido.


No hubiese imaginado que la inmersión llegase a generalizarse, pero así fue. Es un tema hoy otra vez polémico. En el fondo, con los cambios sociales, el catalán ganó las aulas pero perdió mucho terreno en las calles de las zonas urbanas. Las lenguas no pueden separarse de la política, despiertan recelos, incluso odios. Hace años, en la transición, incluso recuerdo unos libros de lectura escolares donde había textos en gallego, euskera i catalán, con su traducción al castellano al lado. Creo que hemos perdido en relación y convivencia, con las parcelitas de las autonomías la permeabilidad ha disminuïdo. Personalmente, creo que todos los españoles deberían tener unas nociones de 'las otras lenguas', incluso saber algo más de una de ellas elegida de forma personal, por lo menos en secundaria. Me sorprende que en alguns pueblos se quiera hacer inmersión... en inglés. Hay que aprender inglés, pero el tema llega a unos niveles de papanatería educativa que dan un poco de pena, la verdad. El utilitarismo excesivo perjudica, es mi opinión.


También me molesta que me digan que el castellano me fue impuesto, cuando en mi barrio se convivía de forma normalizada en épocas pasadas y sentí esa lengua, siempre, como propia, también. Claro, es un barrio popular, que siempre ha tenido mucha inmigración, interior y, ahora, exterior. Las lenguas, en abstracto, no son nada. A nivel político son un arma carga de futuro... inquietante. A nivel educativo, por deformación profesional, creo que debería favorecerse el intercambio de escolares entre las distintas autonomías, dar a conocer músicas, leyendas, formas dialectales, tradiciones y costumbres de forma normal y desacomplejada. Me asusta comprobar lo poco que sabemos los unos de los otros, en ese contexto hispánico que a lo largo de la historia ha sufrido tantas tragedias (pero no más que otros, claro). En cambio, me parece que las cosas no van por ese camino. A veces tiene más peso lo que dicen los medios de comunicación, especialmente aquellos especializados en echar gasolina al fuego, que la realidad. La realidad de la convivencia de cada día, de la gente normal que nos encontramos en todas partes y en cuyo conjunto hay de todo, con un gran predominio de personas buenas y amables, afortunadamente.


El franquismo ha generado una especie de complejo de inferioridad sobre nuestra historia. O eso, o un exceso de orgullo patrótico, desmesurado y ridículo. La verdad, como dice el refrán, es que en todas partes cuecen habas y en algunas, calderadas. Lo mejor es condimentar las habas lo mejor que podamos y compartirlas generosamente.


Sobre el catalán, se ha perdido mucho también en iniciativa social. Las lenguas minoritarias no pueden ganar nunca en cantidad, ni precisan de leyes proteccionistas excesivas para sobrevivir. La obligatoriedad excesiva acaba perjudicando. Han de luchar en el campo de la calidad, de las buenas publicaciones, de los buenos programas de televisión, de la música. Es ahí donde noto yo el bajón, en comparación con otras épocas. Claro que también a nivel español, por lo que hace a cultura en general, las cosas no son como fueron. Contemplar algún antiguo programa de televisión, constatar lo que se hacía exprimiendo la inteligencia, a pesar de la censura y las muchas trabas políticas, muestra qué gandules nos hemos vuelto. Por lo que hace a literatura, pensar que Tolstoy o Balzac, o Mozart, sin buena luz, ni ordenador, ni siquiera bolígrafo, hacían lo que hacían nos tendría que dar un poquito de vergüenza, la verdad. Uf, no sé cómo me he ido de mi novela a todas esas reflexiones político-lingüísticas!!!


2 comentarios:

Pepcastelló dijo...

Està bé començar el dia escrivint una cosa tan maca.

Fa una estona, mentre et llegia, em passaven pel cap un munt de records que es remunten fins a aquells temps de la fotografia de les barraques. Estic d’acord amb tot el que dius referent a la llengua, a la perversa influença dels mitjans de comunicació, de la davallada de l’esforç social i de la qualitat dels programes de televisió...

Vaig descobrir el teu blog ahir i me’l vaig posar a l’escriptori. Em sembla que el seguiré molt a gust.

Et desitjo sort amb la teva novel•la i un feliç dia d’avui.

Pep

Júlia dijo...

Gràcies Pep, pel comentari, benvingut als meus blogs.