domingo, 17 de abril de 2011

Grandes mujeres detrás de hombres más pequeños de lo que aparentaban






Cuando pasen los años, si las cosas no empeoran, es posible que los habitantes del mundo del futuro tengan que admitir que una de las grandes revoluciones del siglo XX fue el cambio en el estatus social y político de la mujer occidental. Muchas cosas que se achacan a la pérdida de valores tienen relación con la fuga de las mujeres de su labor maternal y filial tradicional, me refiero a las mujeres de clases medias o bajas. Però incluso las mujeres que pertenecían a clases sociales privilegiadas se encontraban muy limitadas por las costumbres y las creencias dogmáticas de la época.

Una frase recurrente, que hoy parece ya ridícula, era aquella que decía que detrás de un gran hombre había siempre una gran mujer. Claro, siempre en la sombra, aguantando. La verdad es que hombres de los cuales había admirado su obra durante años se me han convertido, con el tiempo, en una especie de ególatras desacomplejados. Por diversos motivos leí hace unos días datos biográficos de Neruda. Su vida amorosa fue un constante paso de traición a traición, sin embargo las mujeres que traicionaron a la otra con el poeta acabaron también por ser traicionadas. Delia del Carril, gran pintora, aparcó su carrera para dedicarse al gran hombre hasta que llegó el desengaño. Me sorprende que mujeres inteligentes se dejasen atrapar por esos caballeros egoístas y aprovechados, a quiénes no quitaré mérito profesional pero que humanamente a menudo dejaron mucho que desear.

La esposa de Tostoi, con más de diez hijos, le copiaba una y otra vez los manuscritos, se dice que muchas buenas ideas literarias se deben a ella. Clara Schumann aguantó a su raro marido, llena de admiración, teniendo un hijo tras otro, manteniendo el hogar a base de dar conciertos y preguntándose si una mujer podía llegar a ser compositora. Tampoco el marido de Rosalía de Castro fue lo que hubiese podido ser. Zenobia Camprubí daba cien mil vueltas a Juan Ramón. En Catalunya tenemos ejemplos recientes de brillantes mujeres en la sombra, la esposa de Carles Riba, Clementina Arderiu, la de Agustí Bartra, Anna Murià. Admiro a todas esas mujeres pero me molesta su sumisión intel·lectual, muchas veces eran ellas las que, como decimos en catalán, feien bullir l'olla mientras ellos escribían, pintaban, componían, daban clases, hacían la revolución y, a menudo, también tenían líos amorosos, pues, claro, un hombre tenía más necesidades. Además, el poder intelectual tiene su erotismo y las jovencitas, ay, se dejan impresionar a menudo por los varones maduros y brillantes, con experiencia.

Sin embargo, nada me extraña, si considero la mentalidad de la época, la moralidad incuestionable, los tópicos al uso, el tardío invento del anticonceptivo, que tantas cosas cambió. Cuesta mucho salir de la mentalidad oficial, dogmática. Fabià Estapé, en sus memorias, admite que su esposa era más inteligente y brillante que él, pero tuvo bastantes hijos y se dedicó más a la familia que el marido, como estaba estipulado. Estapé reconoce el error, la injusticia. Pero pocos hombres son capaces de admitir estas cosas. A veces incluso han pesado los celos profesionales, un hombre cuya mujer tuviese más éxito que él, ganase más dinero, tenía problemas psicológicos, complejo de inferioridad. Hoy todo ha cambiado pero me temo que todavía existen reticencias en la aceptación de una pareja asimétrica en el aspecto profesional, en la cual la balanza, sobre todo económica, se decante hacia la parte femenina.

Ha habido excepciones, grandes hombres detrás de grandes mujeres, pero son pocas. También ha habido aprovechados, que es otra cosa muy distinta. Y aprovechadas, lo admito.  Recuerdo, hace años, los consejos que me dio una maestra mayor, con experiencia, sobre el tema. En aquella época me parecieron interesantes, reflejaban una realidad evidente:
-El hombre siempre ha de ser superior a la mujer. Además, la mujer de Don José es Doña Josefa y la mujer de Pepito es Pepita...

En los cines se puede ver actualmente una divertida comedia francesa, algo histriónica, en la cual Catherine Deneuve encarna a una mujer rica que el marido tiene reducida a florero, a Potiche, que es como se llama la película. La enfermedad del marido, a causa del disgusto que le dan con una huelga, hace que ella tenga que poner orden en la fábrica, que, para más inri era de su padre. La historia está ambientada en los años setenta, claro. Hoy todo eso nos parecería arcaico, injusto, absurdo. La señora le coge gusto al poder y cuando el marido, con la connivencia de una hija de derechas consigue volver a arrebatarle la fábrica, se dedicará a la política, enfrentándose incluso a un alcalde comunista, Depardieu, que también muestra ideas machistas algo apolilladas.

Lidia Falcón tiene una escena impagable en uno de sus libros, Es largo esperar callado. En una reunión política de dirigentes de izquierda, creo que en el exilio -cito de memoria-, la mujer de uno de ellos llega de hacer sus compras corriendo y, sin cambiarse ni los zapatos, se pone a hacer la cena, ante la indiferencia de los señores y las protestas ante su tardanza del marido -o compañero-. El comunista Sartre tiene en sus novelas fragmentos absolutamente machistas y despectivos hacia mujeres feas


Es curioso que los hombres que más ridiculizan la fealdad de las damas, en textos literarios o periodísticos no sean nunca, precisamente, Paul Newman, más bien todo lo contrario. Un ejemplo reciente de ese tipo de comentarios hacia las damas poco favorecidas, emitidos por un señor que no es ningún cànon de belleza masculina, es el del inefable Salvador Sostres, que no sé qué ganas tiene de provocarnos ya que cuando habla de forma normal y no provocativa me parece incluso brillante.

La verdad es que hemos mejorado muchísimo, en todos estos temas. Hoy escuchar cosas como aquello del preso número nueve, que incluso cantaba con emoción Joan Baez, sobre que si vuelve a nacer los vuelve a matar, da repelús. Al menos, estas cosas están mal vistas, que ya es importante. Conseguir erradicar ese tipo de violencia es, como estamos comprobando, harina de otro costal. De todas maneras, no estoy demasiado de acuerdo con etiquetar la violencia pues toda ella me parece igualmente repugnante.

4 comentarios:

Lluís Bosch dijo...

Comparto en general lo que dices, aunque creo que ya es más o menos oficial reconocer que en este siglo el cambio social más importante está en el papel de la mujer. Posiblemente falta avanzar un poco más, aunque debe ser cuestión de tiempo tan sólo. En las aulas de primaria yo diría que se puede adivinar el futuro de las mujeres.
En lo que sí discrepo es en la brillantez de Sostres. Nose la he visto nunca.

Júlia dijo...

Lluís, el problema de las mujeres ahora no está en el mundo occidental, aunque, como en tantas cosas, hay que vigilar, los pasos atrás son frecuentes en la historia.

En las aulas de primaria no hay ningún problema pero en secundaria el papel del 'macho', en plena efervescencia juvenil se valora por determinadas chicas -y chicos-, precisamente los roles de determinados grupos extranjeros muestran este tipo de 'gallito' y hablé no hace mucho con una persona joven que analiza el tema en esas franjas de edad y que sentía cierta preocupación por la preferencia de determinadas adolescentes por los 'chicos malos y violentos'. No todo lo puede conseguir la educación convencional, hay muchas cosas fuera de las aulas...

Quizá más que brillantez debí decir 'discurso de espabilado'. Sostres, como Rahola -tienen algunos puntos en común- pertenecen a clases altas, estudiaron en 'buenos colegios' y cuentan con lo que se dice 'recursos'. Hoy todo el mundo habla mal de Sostres pero cuando escribía en el Avui esgrimía un discurso filoindependentista que enganchaba a muchos, que seguían su blog con devoción, me sorprendía ver como se comentaban sus aportaciones cuando 'conectaban' con el pensamiento de la gente normalita, hasta que volvía a decir o hacer cualquier barbaridad.

Como en los últimos tiempos tomaba partido abierto a favor de convergencia tenía las simpatías de un determinado sector. Ahora -a estas personas no se les suelen agradecer los servicios prestados, la gente no es tonta del todo- arremete en contra de Mas y como pasó com Eugeni d'Ors, si hace falta se pasan al 'enemigo' cuando conviene.

Creo que ese tipo de personas, como el mismo Boadella fue en una época, o Ivan Tubau, hoy ya desterrados de la primera fila, afortunadamente, son del estilo 'que se hable de mi aunque sea mal o muy mal'. Van de provocadores, no tienen 'partido' ni devociones serias y lo que quieren, en realidad, es 'salir por la tele'.

Son peligrosos pues cuando quieren pueden conectar con la gente y no decir demasiadas tonterías hasta que se les ve 'el plumero' otra vez. Las hemerotecas son un arma muy importante para conocer a ese tipo de gente.

Eulàlia Mesalles dijo...

Respectoal tma de las mujeres creo que compartimos más o menos la idea.

Ahora Sostres, por favor!!!
Nunca le he leído algo coherente o lúcido. Creo que lo mejor sería ignorarle. Rahola también la veo en una pendiente descendiente sin fin, así que si se parecen... me alegro de haber nacido en clase obrera, pobre y luchadora, aunque menos culta i sin "recursos" (contactos de papa o mamá??).

Júlia dijo...

Son personajes que desagradan, Eulalia, pero su demagogia tiene cierto público, cosa que me sorprende.