miércoles, 16 de agosto de 2017

CALLES PELIGROSAS

Resultat d'imatges de monument general Prim


Hace años que creo, de buena fe, que no se debe dar a ninguna calle el nombre de personajes del tipo que sean. En el mismo sentido, creo que habría que evitar los monumentos con contenido político, personal o colectivo ni se debería bautizar escuelas o centros culturales, educativos o sanitarios con referencias personales. Cuando yo era pequeña escuché en muchas ocasiones a gente de la generación de mi abuelo, quejándose de los cambios constantes, a menudo absurdos, de los nombres de calles y plazas. Como era de esperar, el franquismo eliminó un montón de nombres anteriores, ya la República había hecho cambios diversos, los más pintorescos los relativos a santos y a todo aquello que fuese sospechoso de catolicismo.

Durante años, ya en democracia, se ha vivido, diría que con tranquilidad, con algunas simbologías de la dictadura, aunque la vivencia y la devoción eran muy diferentes de unos lugares a otros. Así, por ejemplo, mientras por mi ciudad se eliminaban las flechitas del Ministerio de la Vivienda en todos los bloques de pisos construidos en tiempos de  aquel Ministerio, en Toledo, en el Alcázar, o en el Valle de los Caídos, las visitas turísticas creían entrar en una especie del túnel del tiempo inquietante, nada había cambiado o había cambiado muy poco. La cosa era macabra pero no dejaba de tener su gracia, se había convertido en una curiosidad rancia e incluso producía un efecto de rebote, el rechazo a la parafernalia franquista mitificada.

Este es un tema mal resuelto, como la misma Transición, hoy tan cuestionada, sobre todo porque quedó enquistada de forma sólida, sin evolucionar como era debido. Las lecturas sobre la Guerra Civil, en algunos lugares, son confusas, para un ignorante pueden dar a entender, incluso, que casi, casi, ganaron los republicanos. Así ocurre con las explicaciones que en el presente han substituido un monumento situado en el lugar desde donde Franco y su gente dirigían aquello tan terrible de la Batalla del Ebro. Monumento que desde hace algunos años, como era de esperar, ha sido objeto de agresiones de todo tipo, pintadas, acumulacion de basura y cosas así.

Lo de las calles es otro motivo pintoresco de debate. No entiendo que en Barcelona se hayan dedicado plazas a gente como John Lennon. Otro aspecto recurrente es que los cambios suelen ir de un extremo al otro, del Marqués de Comillas a Ferrer y Guardia, por poner un ejemplo. Al Marqués de Comillas le van a quitar la estatua y nos quedaremos tranquilos de una vez. Por encima de su trabajo como empresario innovador y mecenas cultural que se hizo a sí mismo trabajando duro se potencia eso de qué era negrero. Se puede intuir que quizás Comillas fuese el único negrero de su época, si se hace caso de las proclamas incendiarias de los partidarios del derribo de un monumento feo y pintoresco, en el cual se incluye un fragmento de L'Atlàntida, de Verdaguer, claramente dedicado al malvado marqués. 

Con los Güell, herederos de la fortuna de los Comillas, la cosa se complica. Son una familia extensa y culta, en la cual se pueden encontrar tendencias y personalidades diversas. Muchas familias ricas y de clase media alta cuentan entre sus antepasados con algún negrero, puede que los descendientes incluso lo ignoren, en algunos pueblos costeros se celebran fiestas de los indianos, así, en general. Fiestas de los esclavistas, si somos tan puntillosos, esas fiestas gozan de buena salud y nadie las cuestiona. Más bien al contrario, la gente se viste de americano o de dama colonial, incluso de mulata Panchita y bebe ron y canta habaneras. 

En eso de los cambios algunos partidos son terribles,un verdadero martillo de herejes. En una ciudad importante de Catalunya han cuestionado nombres de calles dedicadas a Quevedo, a Goya, a Machado. Lo de Machado no deja de ser curioso, hace algún tiempo un conocido mío, maestro, alababa Machado en el feisbuc, como ejemplo de intelectual comprensivo con Catalunya, intenté sacarlo de su error, no sabía que el poeta, como tantos otros de su generación, también republicanos, como Alberti, a quién se había recibido en Barcelona con aclamación devota en tiempos difíciles, había manifestado cosas algo molestas con referencia a los catalanes y el catalán. Claro que Ferrer y Guardia hizo lo mismo o peor, pero es uno de los personajes que cuenta con más calles y monumentos en Catalunya. Un bel morir...

En general, todos esos prejuicios muestran el gran desconocimiento sobre historia, literatura y lo que sea que tienen esos que nos mandan, pero, claro, concentran poder y poder de difusión. En Catalunya la cosa es más complicada que en otros lugares, había catalanistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, y había españolistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, Pla, ese heterodoxo, ya lo advirtió en alguna ocasión. Para tener nombre de calle habría que ser catalanista de izquierdas desde el nacimiento a la defunción, con una vida intachable, honesta, coherente e incluso casta, cosa imposible. Por eso hay que maquillar biografías y potenciar mitificaciones. Hoy, además, surge otro problema, la potenciación de la paridad, debemos buscar nombres de señoras importantes para conseguir la igualdad callejera.

A mi me gustan los nombres de calles inocentes, que hacen referencia a plantas, animales, paisajes, incluso, como ocurre en la Zona Franca, a minerales y elementos químicos. Monumentos, hoy, no nos hacen ninguna falta, son caros, absurdos, dan dinerito a artistas de moda y supuesto prestigio a los gobernantes fashion pero para mi gusto tenemos bastante con los artistas grafiteros, excelentes, quienes, además, son capaces de reconvertir sus obras en otras, sin ese afán de supervivencia tan castrante que tienen los famosos convencionales. 

Trabajé en una escuela que durante un tiempo tuvo problemas estructurales, en una reunión un padre que trabajaba en el ayuntamiento se quejó al político de turno de lo que se habían gastado en un horrible monumento en comparación con lo que se invertía en el mantenimiento escolar y el político lo amenazó sin contemplaciones, fue muy desagradable pero me dio una idea de cómo iban las cosas. Eso, en tiempos democráticos.

En mi barrio viví, hace años, una pequeña historia absurda. Un grupo radical de jóvenes mantuvo, durante un tiempo, que debíamos que cambiar el nombre de la calle Poeta Cabanyes por la de otro Cabanyes, el creador del cuerpo de los Migueletes. En mi barrio hay muchos nombres de calle relacionados con personajes de la Guerra dels Segadors. Esos nombres, de gente, en general, poco conocida, son originales, tienen relación con Montjuïc, dónde se libró una batalla importante en la cual, sin que se sentase ningún precedente, ganamos a los españoles, aunque en un lado y el otro había gente de toda Europa metiendo bulla.

El franquismo, tanto más ignorante en muchos aspectos que esos iconoclastas actuales, no cambió esos nombres ni se enteró de las referencias. Sin embargo, a finales de los años cuarenta, año en el cual se celebró alguna efeméride relacionada con el Poeta Manuel de Cabanyes, alguien cambió el nombre de la calle y le añadió la referencia poética.

Los jóvenes airados de hace algunos años sostenían que el pobre poeta era españolista y que escribía en castellano. Manuel de Cabanyes murió muy joven, escribió en castellano porque así lo hacía todo el mundo culto en aquella época, se le ha comparado con los grandes románticos anglosajones. Uno de sus descendientes es un escritor catalán importante. En Vilanova i la Geltrú, su ciudad, se le han dedicado centros educativos y calles, está a punto de publicarse una traducción de su poesía al catalán. 

Razoné todo eso con uno de los partidarios del cambio, pero ni caso. Sin embargo, por casualidad, supe que durante la guerra civil el nombre de la calle se cambió de nuevo y se le puso el nombre de una persona muerta en combate, Agulló, de quien no he encontrado más referencias, un joven que pertenecía al POUM. Puestos a cambiar, comenté, ya pasamos directamente al luchador republicano. Pero mi interlocutor era comunista, ya sabemos cómo las gastaron los comunistas con los del POUM, la cosa se complicaba e ignoro si por ese motivo o porque el grupo defensor del Cabanyes militar ya no tenía tanta fuerza, la movilización se diluyó en la nada aunque quizás algún día vuelve a moverse el tema, quién sabe. Todo eso de las recuperaciones da mucho juego a los políticos, pueden montar festejos y ponerse medallitas.

Yo prefiero, evidentemente, tener un poeta en el barrio antes que un militar. El cuerpo de los Migueletes, además, adquirió posteriormente tan mala fama que hubo que liquidarlo. Me he dado cuenta de que a poca gente le interesa la historia real, con sus matices y sus contradicciones, venden más las historias de buenos y malos, los tópicos sin matices, vaya. Una solución dada a algunas calles de mi ciudad con nombres que hacían referencia a personajes que hoy, según esas visiones miopes, pueden ser políticamente incorrectas, ha sido dejar los nombres sin apellidos, me explico: carrer del Duc, Mirador de l'Alcalde, Passatge del Capità, Passeig del General... Cosas así, sin que se sepa quiénes eran ese Alcalde, ese Duque, ese General. 

Mirado todo con lupa deberíamos eliminar un montón de nombres, los de los violentos, los de los militares, los de los religiosos, los de los españolistas, los de los machistas, los de la gente de derechas, los de reyes y obispos, catalanes incluídos, al fin y al cabo Jaume I hizo una masacre de categoría en Mallorca con los pobres musulmanes residentes... 

Un caso lleno de contradicciones es el del general Prim, que fue esclavista y mató a un montón de negros de todas las edades en Haití, però poca gente se mete con él si no es para advertirnos de que en Madrid le hicieron la cama. Prim tiene estatuas, calles y hace poco le dedicaron telefilme que sólo narraba sus últimos momentos, por si acaso, y nos ofrecieron muestras macabras de su cuerpo momificado para poder demostrar que lo habían rematado después del atentado, cosa que no se pudo demostrar, ya que unas marcas en el cuello parece que fueron producidas por las características de su uniforme.

Los cambios y eliminación de monumentos se han hecho dando tumbos y sin criterios sòlidos, la verdad. Mi opinión de abuela es que hay que dejarlo todo como está y no perder el tiempo en tonterías. Muchas veces la precipitación homenajeadora ha propiciado situaciones chungas, a Pujol le dedicaron una estatua horrible en su pueblo y luego la tuvieron que derribar a toda prisa. Ayer miraba en una televisión local el discurso de un alcalde con motivo de las Fiestas Mayores, detrás del alcalde se veía una placa adosada a un edificio municipal en la cual se hacía referencia a la inauguración del edificio en un ya lejano 18 de julio de los setenta, por parte de alguna autoridad de la época. Me temo que la plaquita tiene los días contados si alguien percibe la incómoda referencia.

Estos días se han celebrado muchos actos en recuerdo de la Olimpiada, un hecho bastante mitificado también, por cierto. La Olimpiada barcelonesa, tan santificada en sus bodas de plata, no hubiese tenido lugar si ese lince que fue Samaranch no hubiese  estado metido en el tema. Samaranch es hoy un personaje incómodo, incomoda que se le haya dado su nombre a lugares diversos. Me temo que con el tiempo van a eliminar su apellido del espacio urbano, si mandan los puristas incorruptibles. Parecerá que la Olimpiada la conseguimos sin tejemanejes, gracias a nuestra idiosincrasia de pueblo unido jamás será vencido, de forma honesta y colectiva. 

Hace poco tiempo un purista de esos me criticó que en el Paralelo barcelonés haya una fuente, bastante modesta y poco cuidada, por cierto, dedicada a Raquel Méller, ya que esa señora fue... amiga de Alfonso XIII.  He oído muchas tonterías en los últimos años y en los anteriores, en los anteriores no me daba cuenta e incluso me hacían comulgar con ruedas de molino, la verdad. La juventud es muy frágil y crédula. 

La verdad es que esos temas tienen poca importancia, los nombres de calle acaban por sonar a calle y poca cosa más. Y los monumentos acaban siendo lugares de reposo y defecación para las palomas y las gaviotas. Sic transit...

6 comentarios:

Enric H. March dijo...

T'ha sortit rodó, Júlia! Amén!

Júlia dijo...

Gràcies. Enric!!!

Unknown dijo...

Me ha parecido un tema muy interesante. Gracias Julia.

Allau dijo...

Eliminem els noms d'humans dels nostres carrers. Proposo a canvi el carrer del Velcro, el del pollastre a l'ast, el del Serptuga, i el del cupón ahorro del hogar, sense anar més lluny.

Júlia dijo...

Estaria molt bé, Allau, tot i que això del pollastre a l'ast podria provocar queixes dels animalistes. A mi m'agraden més noms com ara 'dels Tarongers', 'de la Pomera' i coses així. De fet ja hi ha precedents en el tema de les reconversions com ara allò d'haver passat del Torrente Flores al Torrent de les Flors. O del Pare Lelo al Paral·lel, segons llegenda urbana.
També hi ha d'altres invents com passar del Rosal -nom fabricants-al Roser, advocació mariana o arbust florit.

Júlia dijo...

Gracias, Unknown!