domingo, 22 de septiembre de 2019

TODOS NO SON IGUALES NI TODO DA LO MISMO


De futbol, política y educación todo el mundo parece entender mucho. Ayer perdió el Barça y es fácil comprobar como los pobres entrenadores pasan de la devota sacralización a la condena contundente, sin reservas. Pero estos días el tema estrella es la política, claro. Me cuesta entender como con tanta gente supuestamente responsable y que sabe lo que debería hacerse tengamos unos políticos tan inútiles, la verdad. 

Hace tiempo, en alguna ocasión, yo aseguraba que no iría a votar, por diferentes motivos, y siempre había alguien que me reñía con contundencia, tantos años sin poder votar y ahora no querer ejercer un derecho tan importante... Sin embargo, siempre acabé por votar. A veces quizás me equivoqué, no lo sé. No soy fiel a un partido ni he sido admiradora de ningún líder. 

Sé que vivo en una democracia débil, coja, frágil. Quizás todas lo son, en algún momento, pero la nuestra salió de momentos difíciles, de un largo túnel potenciado por los poderes occidentales, después del final de la Segunda Guerra Mundial. No creo que un pueblo tenga el gobierno que merece, al menos, no de forma absoluta. Tiene, también, el gobierno que le dejan tener los poderes fácticos y la geopolítica interesada.

Estos días recibo un montón de desagradables chistes sobre la inoperancia de los políticos, en general. Con los de casa se es un poco más prudente, tenemos gente en la cárcel y con eso se puede hacer poca broma. Sin embargo se fomenta la percepción de inseguridad en Barcelona, la campaña en contra de Colau es evidente, machacona. No era yo partidaria suya pero me pasa con todo, me gusta llevar la contrario, y ahora me cae bien. Me gustaron ella y Carmena, en esa presentación, afortunadament más breve que las anteriores, de las fiestas de la Merced.

Mucha gente me dice que no irá a votar, con este panorama.. Que todos son iguales. ¿Son iguales Casado y Sánchez? ¿Iglesias y Sánchez? ¿Eran iguales Hillary Clinton y Trump? Hay quién me asegura, situado en una altura moral en la cual se ha colocado él mismo, que todo es la misma mierda. Parece que la abstención sería un castigo visible, vaya. Pero resulta que la abstención suele afectar casi siempre a la izquierda o, lo admito, a lo poco que queda de la izquierda.

Hace años Lidia Falcón publicó un libro muy interesante, Es largo esperar callado, en el cual había una crítica muy dura sobre el machismo izquierdista. En una entrevista le preguntaron si eran iguales  la derecha y la izquierda, en lo relativo a la situación de la mujer y a otros factores. Falcón contestó de manera contundente que en absoluto, sobre todo porque a la izquierda se le podía y debía exigir un cambio y era más posible encontrar interlocutores. 

Puede que en algunos aspectos, una izquierda débil y moderada y una derecha moderna e inteligente tengan puntos en común y sean capaces, incluso, de pactar gobiernos. Por lo que respecta a la derecha actual, aquí y en otros países europeos, eso no es así, más bien vamos para  atras, como los cangrejos. Quizás lo he soñado pero cuando Juan Carlos fue tolerado, e incluso celebrado, como rey repuesto, participó en un programa de la BBC, un documental en el cual hablaba del futuro y de que ya se vería lo que quería el pueblo. Entendí que en algún momento, después de aquella solución de compromiso, en el intento de evolucionar sin demasiada violencia hacia, más o menos, la democracia, se consultaría a la gente, por si se quería recuperar, ay, la República legal de 1931.

Nada de eso sucedió, Todo se ha enquistado y petrificado, la unidad hispánica inamovible, el puritanismo de nuevo cuño, la monarquía hereditaria, el substrato dictatorial franquista. Cosas como la ley mordaza hubiesen sido impensables hace años, como tambien hubiese parecido imposible tener políticos en prisión durante dos años largos, sin posibilidad de acogerse a nada. La condena, dicen, será dura. Vendrán tiempos peores, puede ser. ¿Ayudará a mejorar el panorama una abstención masiva?

Se puede ir de Guatemala a Guatepeor, pero, si no hay grandes alternativas, quedémonos con lo malo y evitemos lo peor. Y miremos atrás con cierta perspectiva, muchas cosas han mejorado, en el país, a pesar de todo. Algo habrán tenido que ver los políticos en lo bueno, también. Esa queja continua y recurrente, con tendencia al chiste malo y cruel, parece ser una constante hispánica, Cataluya incluída. Pedimos unidad a los políticos y, en general, la gente, en los pueblos y barrios, suele ser incapaz de ponerse de acuerdo en temas absolutamente banales o de relativa poca importancia. 

Precisamente cuando las cosas no están claras o se ponen difíciles la poca participación política que tenemos se debe potenciar, o así me lo parece. Los socialistas, hace años, acuñaron un eslogan que me pareció, incluso, de mala educación: si tú no vas, ellos vienen. Algo así. Ellos, claro, eran los otros. Se olvida que por mucho repelús que nos provoquen determinadas opciones, si son legales, deben respetarse. De nada servirá no ir a votar, aunque ir a votar sirva para poco. 

Me sorprende la facilidad con que se condena a todo el mundo y se ponen en el mismo saco opciones claramente distintas. Ya sabemos que después puede que los que manden no hagan lo que prometieron, incluso que hagan lo contrario. Pasa en las mejores familias o acaso incluso los padres ¿no nos prometían, de niños, cosas imposibles? Una cosa es la campaña, otra los deseos, y una tercera, la realidad. Ser posibilista parece poco heroico, de cobardes, pero así son las cosas. Las grandes proclamas suelen acabar en agua de borrajas y muchos líderes sacralizados no soportarían una biografía objetiva, què hi farem. 

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