Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de diciembre de 2019

EL BARRIO, SU GENTE, SU MÚSICA

Este lunes me invitaron a participar en una agradable velada, organizada por la BiblioMusiCineTeca y la gente de Radio-Actius. Se trataba de un repaso sentimental y musical por la historia de los últimos años, prestando mucha atención a los artistas y personajes de mi barrio, el Poble-sec barcelonés. A mi me ficharon para hablar de la radio de mi infancia y juventud, todavía estaría hablando y dejé de mencionar muchas cosas, muchos programas, mucho de todo. Ya estoy en la franja de edad en la cual te llaman para que recuerdes y cuentes el pasado. Ese pasado que siempre nos engaña. La memoria es imprecisa y mentirosa. Hablé de muchos programas y de los primeros que se hicieron, en parte, en catalán, ya casi en los sesenta, claro. 

Evocamos a Serrat, a Sisa, a Manuel Ausensi, a los De la Torre, a los Mustang, a un montón de gente relacionada con nuestra geografía cercana. Se comentó la actualidad de la emblemática Sala Apolo, la potencia del grupo vocal Sound Dreamers, el ingente trabajo de Pablo Persico y su orquesta infantil. En mi barrio, hoy, vive gente de todo el mundo, cuando yo era pequeña vivía gente de todo el estado español. Ya nació como barrio suburbial, para dar cobijo a la gente que venía a trabajar a la ciudad, buscando un futuro mejor.

Hoy, muchas personas que vinieron de aquí y de allá critican a los recién llegados del presente, que vienen de más lejos. Hay una expresión que me divierte, eso de los de toda la vida, esa vida, claro,  es la de cada cual de nosotros. La velada dejó de lado el tema político, se habló castellano, catalán, inglés... y porque el chino es más difícil, la verdad. Hace unos días comentaba a alguien que un gran bazar chino de la calle Blai, esa que se nos ha reconvertido, como canta Cesk Freixas, en la petita Rambla del Poble-sec, será, si un día desaparece, motivo de gran nostalgia para las nuevas generaciones, para esos niños con padres y madres de todo el mundo que compran allí baratijas divertidas y lápices de colores. 

Durante mi infancia había allí una tienda donde vendían hierbas medicinales y productos dietéticos, la tendera era también comadrona, fue la que atendió a mi madre en los partos pero no era demasiado simpática y un día me echó la bronca porque se me ocurrió ir a preguntarle si tenía hojas de morera para mis gusanos de seda, le pareció una ofensa comercial. Poca gente recuerda hoy el establecimiento o la comadrona.

Una canción de un grupo que me encanta, la Ronda de Boltaña, evoca a una persona que llega a mi barrio desde Aragón, con su familia. Después, el nieto regresa a su tierra e, incluso, recupera la olvidada y antigua lengua aragonesa, en la cual canta algunas canciones. Los de Sound Dreamers cantan en muchas lenguas, un día me quejé, incluso, de qué en un breve recital no cantaron ninguna en catalán. No debí quejarme, no fue con mala intención. El mundo es diverso y cambiante y quizás se acabe hablando en ese latín moderno que es el inglés escolar. 

Muchas buenas iniciativas que florecen en mi barrio han surgido gracias a gente de todas partes, muchos hispanoamericanos pero también italianos, por ejemplo. La escuela de mi nieta es un reflejo de ese universo cambiante y diverso, las clases se hacen en catalán y no pasa nada y, en general, puede que por esa mayoría hispanoamericana, se juega en castellano. Hay niños y niñas de Pakistán, de Filipinas, de la China, de Gran Bretaña, de Italia, padres convencionales, familias monoparentales, hijos de parejas homosexuales. La escuela pública ha dado un salto cualitativo en las últimas décadas, aunque me quejo de los políticos también hay que reconocer las mejoras estructurales y el aumento de los recursos. 

La escuela ha sido casi siempre, como decimos en catalán, l'ase dels cops. En lugar de dar autonomía a los maestros y maestras para que se organicen como crean conveniente, la política de aquí y de allá siempre quiere meter su zarpa en el contexto. Cambios de planes, burocracias excesivas, metodologías impuestas, mucha tontería que, por suerte, no perjudica la vida cotidiana.

El próximo martes presento en la biblioteca del barrio una nueva novela, escrita en catalán, creo que, sin embargo, la leerá gente que no tiene el catalán como lengua habitual. Las lenguas románicas se pueden entender entre ellas, si se habla o lee despacio, y si el sur europeo hubiese conformado un solo estado político hoy todos los derivados del latín serían formas dialectales. No fue así y parece que hay una tendencia a potenciar la diferencia, en nuestros tiempos. 

Por encima de la política y de los estados y del resto está la gente, la de mi barrio, entre la cual, como es lógico y como ha sido siempre, hay de todo. La vida sigue y las cosas no son siempre como deberían ser, què hi farem... Barcelona, como todas las ciudades grandes, tan criticadas a menudo, es un mosaico de barrios llenos de actividades, de iniciativas, donde la gente se conoce bastante, coincide, celebra fiestas y actos culturales y festivos. González Ledesma, gran escritor, que vivió en mi barrio y lo reflejó en muchas de sus novelas, decía que Barcelona era como su madre, porque lo había visto nacer y como su hija, porque él la había visto cambiar. Pues eso...

martes, 21 de junio de 2016

POSTALES ANTIGUAS: RICKY NELSON


En mi adolescencia, entre las niñas de mi edad, se puso de moda coleccionar postales con rostros de chicos guapos de la época, actores y cantantes sobre todo. Las papelerías tenían unos grandes muestrarios temáticos que consultábamos con cierta emoción cuando nuestras modestas economías nos permitían acceder a la posesión de aquellas fotos convencionales de jóvenes famosos, un estilo que la gente corriente imitaba, cuando se retrataba para poder hacer un obsequio a su pareja.

Existía en la Gran Vía de Barcelona, no recuerdo bien a qué altura, entre la plaza Universidad y la plaza de España, una minúscula papelería que colgaba en su escaparate un montón de aquellos rostros tan admirados y deseados por las niñas de entonces. Esa mitomanía, hemos de admitirlo, afectaba y afecta más a la mujeres que a los hombres y quizás por eso había en aquel escaparate muchos más chicos que chicas.


Uno de los actores cuyo rostro pasó de forma breve por nuestras pequeñas colecciones fue el de Ricky Nelson. Hoy lo he recordado, al escuchar una canción suya por la radio, una de principios de los sesenta. Trabajó en el cine, en la televisión, pero casi sólo se le recuerda por su papel en Río Bravo. Hoy internet nos permite saber en muy poco tiempo qué fue de tantos olvidados que antiguamente no habríamos encontrado citados ni tan sólo en aquellas voluminosas enciclopedias compradas a plazos. La imagen de Nelson respondía a un tipo que nos suele gustar cuando somos jovencitas, el estilo cara de niño. Un estilo estètico que, de forma inevitable, desaparece con el paso del tiemo. Constato, sin embargo, que siempre resucita ese aspecto aniñado, en algún nuevo cantante de moda.

Ricky Nelson no se llamaba Ricardo, como era de esperar, sino Eric Hilliard Nelson.  En su familia ya existía tradición musical y el empezó pronto en el oficio. Tuvo una adolescencia complicada, con episodios de rebeldía, paso por la cárcel, se junto con eso que en lenguaje vulgar llamábamos gamberros.  Era la época de oro del rock, tuvo éxito, durante un tiempo tan sólo Elvis Presley vendía más. A pesar de amar la música y ser un buen profesional su estrella declinó pronto por motivos que, mirados en perspectiva, parecen bastante aleatorios, pero el mundo de los ídolos juveniles precisa de ser alimentado de forma constante.
Se casó, tuvo cuatro hijos, pero de pronto todo empezó a ir mal, su mujer lo abandonó, el divorcio resulto caro y complicado. Nelson, sin embargo, volvía siempre a intentar cosas nuevas y a pesar de sus muchos problemas personales y algunos fracasos profesionales siguió actuando de forma esforzada. Se dice que tenía miedo a volar pero murió en un accidente  de avión complicado, que provocó bastantes especulaciones, y en el cual fallecieron otros compenentes de su banda. Era el último día del año 1985 i se dirigían a Dallas, Texas, para participar en un programa de Nochevieja, sólo tenía cuarenta y cinco años.

Una de sus virtudes fue ser fiel a los amigos de su juventud, eso cuentan. Las imágenes de su etapa adulta nos muestran a un hombre muy diferente de aquel muchacho de las postales de principios de los sesenta, pero los tiempos habían cambiado y nosotras, también. Sorprende su pelucón de señor maduro, ignoro si era natural del todo, imagino que debía ser la moda de los ochenta. Un pelucón que quizás se vuelva a poner hoy de moda en Catalunya gracias al president Puigdemont, quién sabe. Aunque nuestro presidente no sea cantante profesional, hace poco hizo algunos pinitos en el escenario, junto a Gerard Quintana.

Las persecuciones de las admiradoras llegaron a inquietar bastante a Nelson, un grupo de chicas se lanzó una vez contra su coche, esas cosas sucedían y suceden y resultan absolutamente inexplicables todavía. Las damas deberíamos reflexionar a fondo sobre ello cuando nuestras hijas o nietas repiten ese tipo de comportamientos raritos pero parece que incluso nos hace cierta gracia comprobar que son casi cómo éramos.