jueves, 9 de agosto de 2012

Sancho Gracia y nuestro imaginario personal



Acabo de leer que ha muerto el actor Sancho Gracia y aunque no quisiera convertir mis blogs en obituarios la realidad es que los años hacen que vayas viendo como personajes que te acompañaron a lo largo de tu existencia van desapareciendo, en ese goteo inevitable de la vida y de la muerte.

Sancho Gracia fue actor y personaje, guapo y de los pocos que no necesitaba dobles en las escenas difíciles, de riesgo, montando a caballo y haciendo acrobacias, casi como un joven Burt Lancaster. La televisión ha repuesto hace poco Curro Jiménez que fue su papel estrella y que incluso llegó a conseguir durante un tiempo substituir el nombre del actor por el de su héroe de ficción, en las conversaciones informales. Escuchaba hace poco a un chico más joven que yo comentando que veía la serie muy antigua a pesar de lo mucho que le gustaba de pequeño.

Eso pasa con todo y nos pasa a todos, el recuerdo a menudo es engañoso pero las series y las películas antiguas, aunque nos decepcionen en algunos aspectos y se destiñan y los efectos especiales sean superados por la tecnología, tienen el perfume del pasado, la ternura del tiempo perdido. Sancho Gracia fue un actor buenísimo cuando lo dejaron y lo supieron aprovechar pero el actor superaba al personaje con su voz característica y su personalidad irrepetible. Eso me imagino que será un lastre para su hijo, también actor, del cual oigo a veces comentar algo injustamente que es  más soso que su padre, aunque sea guapetón.

Yo no miraba mucho Curro Jiménez, era aquella una serie más de chicos pero los niños de la edad de mi hija mayor, que prefería otro tipo de series, tenían pistolas de Curro Jiménez para jugar a los bandoleros buenos, incluso, cosa que quizás hoy, con tanta tontería, sería antipedagógica. He visto a Gracia muchísimas veces, en cine, en televisión, pero me quedo hoy con dos recuerdos precisos, su magistral y breve intervención en La caja 507, una película que ya tiene diez años. Estaba entonces el actor en tratamiento a causa del cáncer que, me imagino, se lo ha llevado al final, todavía de forma prematura. Salía calvo y feo, inmenso, en un papel de lucimiento, inolvidable. Y el otro es ese gran personaje de 800 balas, una película excelente pero que no salió redonda del todo y de la poca promoción de la cual se quejó el actor, la vi en el cine y a los pocos días ya la habían retirado para dejar lugar a las superproducciones habituales. Claro, se pudo ver en la tele, en DVD, pero no es lo mismo, precisamente esa era una película para ver en una sala convencional, a lo grande.

El cine y la tele, sus personajes, tienen esa magia que hace que nos parezcan prácticamente de la familia sus protagonistas y mitos, aunque ellos ni nos hayan conocido. Nos acompañan a lo largo de la vida y con sus muertes morimos también un poco, las generaciones pasan y los viejos héroes se olvidan e incluso a los jóvenes les llega a extrañar que fuesen tan importantes en su época esos actores tan nuestros. Los mitos universales, a la americana, más promocionados, acaban por tragarse nuestra mitología local y personal de la misma manera que 800 balas se retiró prematuramente de cartel para poner cualquier tontería de la época.

Descanse en paz, Sancho Gracia, en el cielo de los actores cercanos.

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