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martes, 28 de enero de 2020

HERENCIAS FAMILIARES


Emilio Gutiérrez Caba, (Valladolid, 1942), ha publicado un libro excelente y entrañable, dedicado a las mujeres de su familia. Los que ya tenemos algunos años y somos, más o menos, de la generación del actor, evocaremos teatros, obras, situaciones y hechos que, de forma inevitable, se van borrando con el paso del tiempo. Muchas de esas cosas forman parte de nuestro imaginario sentimental, de nuestra propia vida. El libro va más allá del tema familiar, es un repaso por la historia del teatro en España, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Del teatro, del cine, de la televisión... 

A la generación de mis padres también les habría gustado el libro y habrían recordado a mucha gente del pasado, olvidada hoy. Las mujeres de la familia del actor tienen un espléndido inicio con esa tía Leocadia, impresionante y valiente personaje, que no se casó ni tuvo hijos. Ni tampoco consiguió que llevase su nombre alguna descendiente, lástima. Sobrinas suyas fueron Julia e Irene Caba Alba, está última madre del autor. Irene estuvo condicionada por sus responsabilidades familiares y no pudo brillar como merecía, aunque trabajó mucho. Hoy existe una actriz joven y en activo, Irene Escolar, nieta de Irene.

Julia Caba Alba va ligada al imaginario de mi infancia, nos reímos mucho con ella, salia en un montón de películas de la época, de esas que más adelante consideré españoladas, con pocas excepciones, y que hoy me merecen un gran respeto, sobre todo a causa de los excelentes actores y actrices que dignifican guiones mediocres. Irene y Julia Gutiérrez Caba ya pertenecen a la modernidad televisiva, aunque trabajaron mucho en el teatro y también, sobre todo Julia, en el cine. Irene murió de forma prematura, Julia todavía está en activo. Son actrices que en otro contexto y con más oportunidades serían del nivel de Mirren, de Katherine Hepburn, de Meryl Streep, lo mismo que su hermano pequeño, que las evoca y reivindica con ternura y objetividad.

Emilio Gutiérrez Caba fue uno de esos jóvenes actores de los cuales nos enamoramos en la adolescencia, lo vimos en el cine, en la televisión, en el teatro. Es hoy un gran actor que merecería, también, más reconocimiento. La familia, en cierta manera, condicionó la vocación familiar de sus componentes. En algún momento, dice el autor  del libro, tuvo ganas de escaparse y no ir al teatro a trabajar. Eso pasa en todas las profesiones, en general. La vida nos condiciona, nos limita, nos encarrila. Y, como se refleja en el libro, siempre quedan cosas por saber, por preguntar, afectos que no hemos manifestado como desearíamos.

Algunas reflexiones me evocaron al gran Fernán Gómez y su tiempo amarillo. Emilio Gutiérrez Caba, que yo sepa, solo ha publicado otro libro, el interesante Vinos de cine. Espero que con todo lo que sabe sobre la profesión se decida a escribir y publicar más, ahora que se encuentra en ese tiempo de madurez irreversible, de experiencia inteligente acumulada. El libro hace un homenaje a las mujeres de su familia y está dedicado a las actrices, los hombres, en algunos casos, parecen hacer, como decimos en catalán, més nosa que servei. Actualmente tengo preferencia por ese tipo de libros que por las novelas, puede ser porque he leído algunas de bastante mediocres en los últimos tiempos, muy bien promocionadas, eso sí. Una delicia de libro, obsequio de los Reyes Magos.


lunes, 5 de noviembre de 2018

IMPOSTURAS Y FALSEDADES HUMANAS

María Lejárraga.JPG

Sergio Vila-Sanjuán evocava, hace pocos días, en La Vanguardia, a María Lejárraga, a causa de los paralelismos de su historia con la que se relata en la película La buena esposa. Más allá de los indudables paralelismos son dos historias muy diferentes, incluso por lo que se refiere a la época. Lejárraga fue una mujer extraordinaria, en las últimas décadas se la ha reivindicado bastante, como a otras de su época, esos años extraordinarios de antes de la Guerra Civil. Fue también una víctima del exilio causado por la guerra civil, murió en Buenos Aires, pero supo reinventarse y trabajó mucho. Otro tema es que no sea tan leída, hoy, como debería. Cuando yo era pequeña emitían mucho teatro por la radio y recuerdo que ya escuché comentar a mi madre, entonces, que las obras de Martínez Sierra las escribía su mujer. Por cierto, conoció, apreció y adaptó a Santiago Rusiñol, me gusta insistir en las relaciones intelectuales o del tipo que sean entre la cultura castellana y la catalana porque se han olvidado o se ocultan de forma interesada.

Hay personas a quienes no les ha gustado la película, a pesar de la gran interpretació de Close, hoy nos cuesta de entender que una mujer se situe en  ese lugar secundario y se avenga a ser explotada intelectualmente. Más raro debería parecer que un hombre inteligente no tenga la suficiente dignidad como para no reconocer esas  cosas. Y todavía es peor que una mujer, hoy, aguante malos tratos. En el campo intelectual, pero también en el científico, hay muchas historias de este tipo, y no tan solo entre hombres y mujeres, también entre profesores y alumnos, investigadores y estudiantes que dependen de ellos... 

He escuchado quejas en este sentido de gente joven, sin embargo cuesta denunciar ese tipo de cosas, nadie quiere quedarse  sin trabajo ni cerrarse puertas, vease como están dejando a la pobre Andrea Ros por haber dicho que el genio teatral era un grosero. Las denuncias, para prosperar, requieren cierta simetría entre denunciante y denunciado. Hace algún tiempo me enteré de qué una persona relativamente joven, una mujer que trabaja en el campo de la ciencia, redactaba informes y textos que  firmaban sesudos señores de prestigio. Eso sí, le pagaban muy bien, y la coartada personal, como siempre, es aquello de que si no lo hago yo lo hará otro.

Una película de 1993 (los sucesos de La buena esposa se situan en 1992), Azul, de Kieslowski, que  formaba parte de una trilogía, narraba como una mujer, Binoche, muy joven, pierde a su marido en un accidente. Era músico, compositor, íbamos sabiendo que era ella quién escribía una gran parte de sus creaciones. No recuerdo que en aquel momento se comentase en exceso esa parte del argumento. Hace pocos años se descubrió que los méritos de unos trabajos científicos que llevaron a señores importantes a conseguir un Nobel eran fruto, sobretodo, del trabajo de una dama. 

La buena esposa se ha basado en una novela de una buena escritora, poco conocida todavía entre nosotros, Meg Wolitzer. La editorial ha aprovechado lo del cine para reeditarla, tan sólo este libro y otro de la autora estaban traducidos al castellano. El libro profundiza, como es lógico, en la psicología del personaje y hace un poco de trampa, la autoría femenina, que en la peli se ve venir, en el libro es un misterio que se resuelve al final. Un tema interesante del libro es el sarcasmo divertido con qué se retrata el mundo intelectual, en ese caso americano, pero con muchos paralelismos con lo que pasa por aquí. Escuché comentar a una gran actriz, hace años, que unos de los que más decepcionan son los escritores, a menudo tiene poco que ver lo que escriben con cómo son. Pero eso quizás pasa en todas las profesiones, los maestros podemos tener hijos complicados y muchos médicos llevan vidas bastante poco sanas. Es aquello de consejos vendo, pero para mi no tengo.

Evocación al margen

Justo hace  un mes escribí la entrada anterior al blog, recordando a Curro Jiménez. Todavía entonces Alvaro de Luna era de los últimos supervivientes del conjunto pero nos ha dejado hace poco. En una entrevista que he leído el actor ironizaba con qué nunca era el que enamoraba a la chica pero eso es relativo, en uno de los capitulos de Curro Jiménez enamoraba a una bruja encantadora, Verónica Forqué, aunque la cosa no acababa bien, a menudo los amores, en ese tipo de series, no eran definitivos, lo exigia el guión. Descanse en paz, el inmortal Algarrobo, un gran actor, por cierto.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

TRAMPOSOS, CARNAVALES Y PÍCAROS

Resultat d'imatges de los tramposos cine

Recueraba estos días una película de mi infancia con la cual nos reímos mucho, Los tramposos. Hoy algunas de sus escenas parecerían políticamente incorrectas, todo ha cambiado y nosotros, más. Sin embargo lo que no ha cambiado es la picaresca y la capacidad de la gente para engañar y dejarse engañar. A veces el engaño castiga al malo, como en el caso de ese timo famoso de la estampita, que se refleja en la película. Otras veces el engaño castiga a la gente de buena fe, de lágrima fácil y corazón tierno, impotente ante las muchas injusticias y desgracias que afligen al mundo y que desea hacer algo bueno.

Estos días ha aflorado el caso de un padre estafador, que recogió un montón de dinero publicitando la enfermedad de su hija y pidiendo dinero para hacerle un tratamiento en el extranjero. Eso de los tratamientos caros en el extranjero, sobretodo en los Estados Unidos, es un clásico, sólo que hoy la medicina ha evolucionado y la mayoría de veces los tratamientos se pueden hacer por aquí. Un libro que llegó a ser un best seller infantil en catalán, El zoo de Pitus, jugaba con esos buenos sentimientos y con eso de tener que hacer un tratamiento médico no sé dónde. 

Algunos medios periodísticos se hicieron eco de ese caso de la niña enferma y de la solidaridad de los habitantes del pueblo de la familia y de los de alrededor. Cierto que la gente fue crédula pero a menudo se tiene una fe excesiva en los que pertenecen a la profesión periodística, en la cual hay de todo, como en todas las profesiones, aunque existe un corporativismo inquietante cuando se detectan errores de bulto. Pocas veces los de una profesión de prestigio admiten  errores y todos sabemos casos en los cuales, por ejemplo, un médico te admite en privado el error de un colega pero te advierte de qué no lo dirá en público por razones obvias que a menudo no son tan obvias. 

Cuando un caso de esos lacrimógenos sale por la tele, tiene un plus añadido, sobre todo si es en un programa supuestamente serio. Hoy el caso del progenitor aprovechado y la niña enferma se ha destapado, está en los tribunales y ahí debería terminar el tema para el gran público, pero cada día nos machacan con más detalles sobre el padre, la madre, la niña y el dinero estafado, esos detalles no atañen demasiado a aquellos que nos vendieron el tema y que son los mismos que hoy nos cuentan a bombo y platillo las miserias internas de la familia estafadora. 

Hace años recuerdo que eran frecuentes programas a los cuales se llevaba a presos supuestamente rehabilitados, uno de esos presos mediáticos se quejaba casi llorando de qué no encontraba trabajo, le llovieron ofertas y se supo, de forma algo vergonzante, que volvió a delinquier en el puesto de trabajo que se le había ofrecido. Los presos rehabilitados de verdad no suelen ir a esos programas, intentan hacer su vida con discreción.

Por el país nos pasearon durante años a un señor que representaba a una asociación de supervivientes de los campos de exterminio. Resultó que el señor no habia estado nunca allí y lo peor es que mucha gente importante lo sabía y permitía aquello para no desestabilizar a la asociación. Incluso se criticó al primero que puso en duda la historia que aquel señor contaba porque no era catalán, y es que caemos en cosas tan ridículas que no vale la pena ni comentarlas. 

Los perodistas, algunos, pueden informar mal y engañar y pueden no citar sus fuentes, pero si tú dices algo sobre los periodistas sin citar tus fuentes, los de la profesión se ponen nerviosos. No quiero generalizar, ya que hay muchos periodistas honrados y un gran número de jóvenes periodistas en paro o trabajando con contratos basura bastante lamentables, todo un tema que merecería una denuncia seria por parte de la misma profesión si no fuese porque arriesgarse es peligroso, en una época en la cual los grandes grupos remenen les cireres. 

La Navidad es una época en la cual no nos hemos librado del recurso a la lagrimita y a la solidaridad mal entendida. Lo siento, pero odio esas parafernalias de las maratones y de la recogida de alimentos, creo que todo debería solucionarse de otro modo, con ingresos de dinero habituales, com impuestos dedicados al tema, de forma anónima y sin tanta tontería, y sobre todo, sin espectáculo. Me parece toda esa solidaridad navideña de otra época, de la de aquel monumento de película que es Plácido. Nos educan sentimentalmente a base de eso de la lagrimita y luego sale un aprovechado y nos engaña con mucha facilidad. 

Hay quién tiene confianza en la gente a causa de la impresión que le produce, de forma absolutamente subjetiva. El aspecto físico y el carisma personal tienen un gran peso en esas valoraciones. Por ejemplo, es habitual una excesiva valoración sobre la sinceridad de las personas que te miran a los ojos. Hace algún tiempo escuché el testimonio de un periodista sobre un político, hoy caído en desgracia, pero al cual en sus buenos tiempos bailaban el agua muchos tiburones de los medios de comunicación. Contaba el periodista que el político le confesó en privado que una de sus estrategias era eso de mirar a los ojos cuando decía algo que, obviamente, no era verdad o era una media verdad. El periodista, una persona con años y experiencia, podía habernos prevenido sobre el político en su época de esplendor y no cuando se había puesto en evidencia que eso de las miradas convincentes era, a menudo, puro teatro. 

Claro que hay políticos honrados que son malos políticos y políticos corruptos que funcionan, de la misma manera que hay buenos mecánicos de coche que pueden ser malas personas pero eso no justifica que les riamos las gracias y que no aspiremos a encontrar un buen mecánico honrado.
Resultat d'imatges de el gran carnaval cine
Ahora que la filmoteca ofrece un ciclo sobre el centenario Kirk Douglas se podrá ver esa película emblemática, como tantas en las cuales trabajó el actor, El gran carnaval, y es que eso de todo por la audiencia al precio que sea viene de lejos. La picaresca se mueve a todos los niveles, desde los más humildes y marginales hasta los más elevados, por encima de personas que parecen libres de toda sospecha hasta que las sospechas se convierten en evidencias y, lo peor de todo, sabemos que no sólo nos engañó el estafador sino también ese inquietante enterado de prestigio que ya sabía qué pasaba y que despues presume de haberlo sabido.

Un poco como esas mujeres burladas por su pareja a las cuales, una vez separadas del adúltero, mucha gente del entorno confiesa que ya lo había visto por ahí con la otra en más de una ocasión, y a las cuales afecta más la traición de las amigas informadas que la infidelidad, ya que encima de engañada, pareces tonta. Y muchas veces el ridículo és más doloroso que el engaño.


jueves, 14 de abril de 2016

LA CASA DE LAS CHIVAS, PASIÓN Y MISTICISMO EN TIEMPOS DE GUERRA




Ayer la segunda cadena recuperó La casa de las chivas. Era una obra con elementos fuertes, la guerra, que se veía por primera vez de forma algo razonable, casi en directo y sin juicios preconcebidos de valor sobre los bandos enfrentados. Salom fue un autor brillante y eficaz, de éxito y posibilista, con oficio. Puede que hoy no se valore a fondo su aportación al teatro, el tiempo no pasa en vano y hemos cambiado mucho.

De esta obra se realizaron, en toda España, más de siete mil representaciones. La película también tuvo su qué, la dirigió Klimovsky, un director más bien especializado en cosas de terror. La narración tiene la habilidad de centrarse en las personas más que en la guerra, una serie de tristes personajes que coinciden en esa casa de pueblo requisada y ocupada. El tema central, a juzgar por el desenlace, es la redención, un tema presente en otras obras de Salom y en muchas de la época, hoy poco habitual aunque autores como Tolstoy en Resurrección también hicieron de esa redención el tema central.

Se dice en el final de la versión en cine que se inspiró en un hecho real, puede ser. Hoy esta de moda cierto anticlericalismo que contribuye a hacernos muy lejanos los curas antiguos, las conversiones, los arrepentimientos, pero lo cierto es que después de la guerra civil hubo mucho de eso a todos los niveles. Hoy sólo parecen tener interés los malos curas, los pederastas, aunque de pederastas hay muchos más en las casas particulares. Por eso, según se cuenta y se puede leer en algunas crónicas, los matacuras de otros tiempos tenían preferencia por los curas buenos, ya que hacía más daño a la ideología radical que los otros, claro. En un libro de Sartre los comunistas de un campo de concentración se ponen en marcha cuando se dan cuenta de que ellos, los curas católicos prisioneros, están empezando a organizar redes de ayuda y resistencia.

Los grandes desastres incomprensibles favorecen la esperanza en algo bueno y lejano, la interpretación de qué si ganó Franco fue a causa de la voluntad de Dios parece actualmente una estupidez pero hubo gente que estaba en las antípodas ideológicas del catolicismo y se convirtió, cosa que explica la especie de histeria colectiva que acompañó durante un tiempo las manifestaciones religiosas de todo tipo, así como el incremento de vocaciones que el exceso de mártires, causado por la sinrazón de ciertos estamentos del otro lado, había propiciado. Las cosas no son sencillas, el comportamiento humano a menudo es errático, surrealista.




La casa de las chivas se estrenó en Barcelona, en el Moratín, en 1968. Allí la vi entonces y me gustó, contó con un cuadro actoral de categoría con Carlos Ballesteros, con su pelo blanco a lo Jeff Chandler en el papel principal, aunque es una obra bastante coral. Estaba acompañado por Telere Pávez, Amparo Baró, Estanis Gonzàlez y otros. En el cine Juan, ese objeto del deseo íntegro y casto, fue Simón Andreu, un actor siempre eficaz, guapísimo en su juventud y en su madurez, todavía de vez en cuando le dan papeles de lucimiento en alguna producción. Las mujeres fueron Charo Soriano y Maria Kosti, también se contó con Ricardo Merino y Pedro Mari Sánchez en el papel del muchacho joven y enamorado que cede a las presiones sexuales del momento. Hoy nos puede parecer algo inocente ese papel, claro. La castidad ya no es lo que era.

Ricardo Merino, un actor eficaz que hizo de todo, murió relativamente joven. Tampoco está entre nosotros Ballesteros, que hizo una carrera larga y productiva, brillante. Y, claro, también es otro de los ausentes Estanis González, que en mi infancia hacia cosas por la radio y fue muy popular con un divertimento radiofónico del mediodía, compartido con una locutora que se llamaba Esperanza, recuerdo que lo patrocinaba La Mallorquina. Estanis González estuvo muy presente en los inicios televisivos, recuerdo un concurso muy interesante que presentaba, Ayer noticia, hoy dinero. Las preguntas iban en torno a lo sucedido en un año determinado. También fue el inquietante pero inocente buhonero de Los bulbos, una historia de terror que estaba muy bien y con la cual ya empezó a darme miedo Tina Sainz. Como tantos otros fue uno de los grandes del doblaje, una actividad que ha contribuido durante años a la digna supervivencia del sector.

Charo Soriano y Terele Pávez fueron, en cine y teatro, las protagonistas de carácter. Son dos de esas actrices de rompe y rasga que se comen todas las escenas, todavía hoy, magníficas en cualquier papel, por breve que sea. En el teatro la joven Trini fue Amparo Baró y en el cine, María Kosty, felizmente en activo. La obra se llevo a la televisión en dos ocasiones. En  la segunda, ya en los años ochenta, había perdido la fuerza inicial y la televisión también había cambiado. En el teatro se representó a menudo con diferentes protagonistas, entre los cuales, Valladares. Muchos de nuestros actores y actrices serían en otro país conocidísimos, condecorados, oscarizados. Aquí su paso por pantallas y escenarios se olvida pronto, todo lo más se recuerda a media docena. 

Pedro Mari Sánchez, que se inicio en teatro, cine y televisión de niño, ha hecho una carrera brillante, larga y extraordinaria, pero  me temo que es también hoy poco conocido, en general, aunque, quién sabe, a veces un papel preciso en el momento adecuado tiene extraños efectos. Ahora ya se encuentra en su madurez pero en determinada época me recordaba a Marlon Brando, en Barcelona lo vi en un breve paso por el Teatro Condal hace años, muchos, en 1994, en el Calígula de Camus, al lado de un algo histriónico Luis Merlo, aunque en esa obra y con ese personaje parece inevitable cierto histrionismo. Sánchez le robaba todas las escenas. Hoy las obras duran poco en los escenarios, muchos teatros han desaparecido, todo ha cambiado, las televisiones no apuestan por el teatro sinó por esas series interminables que, al menos, dan trabajo algo estable a tanta gente de categoría. Y muchas obras no llegan a Barcelona, por todos esos motivos y muchos más, o lo hacen de forma breve y efímera.

La casa de las chivas, con todas sus limitaciones relacionadas con la época y la moral vigente, es para mi hoy todo un clásico. La película matizo algunos excesos dramáticos que en el teatro, sin embargo, funcionaban muy bien. No estamos en una buena época para arrepentimientos ni redenciones aunque no iría mal algo de eso aunque hoy los pecados sexuales son lo de menos, la verdad. Los pecados sexuales de las damas ligeras de cascos ofrecieron mucho material para la ficción, hace pocos días pasaron también Malvaloca, Maribel y la extraña familia, todas ellas en el contexto de adaptaciones teatrales llevadas al cine pero es curioso que los tres títulos jueguen con eso de la redención de las pecadoras aunque desde diferentes puntos de vista. 

La mujer arrepentida y redimida, pero eso sí, guapísima y con buen corazón en el fondo, forma parte de ciertas fantasías masculinas, me temo. Lo mismo que forma parte de esas fantasías la mujer sacrificada y fiel que perdona todas las calaveradas, otro clásico. Pero eso ya sería material para psicólogos y psiquiatras. En el fondo aquella canción de querer dos mujeres a la vez y no estar loco es la expresión musical popular de todas esas fantasías eróticas.

sábado, 20 de febrero de 2016

CUANDO EL IMAGINARIO PERSONAL SE DESVANECE







Ha muerto Umberto Eco y padeceremos durante unos días los inevitables obituarios espontáneos y oficiales. No pongo nada en duda su importancia intelectual pero no podemos obviar que el éxito de El nombre de la rosa, historia llevada después al cine en una digna versión que, sin embargo, se apartaba del libro y no fue del gusto del autor, tuvo mucho que ver en la difusión frívola del personaje. La novela tuvo éxito más que nada, no nos engañemos, porque jugaba con un género que hoy parece el más importante del panorama lector, el negro. Los crímenes y su resolución eran lo más flojo de un libro espeso, con párrafos en ese latín que hoy está bastante marginado de la educación convencional y básica.

Fue aquel un libro que muchos leyeron, leímos, en diagonal. De hecho el procedimiento asesino ya había sido utilizado en muchos relatos de misterio. Hoy sería aquella una forma de crimen poco probable pues ya casi nadie  se moja los dedos con saliva para pasar las hojas de los libros, algo que era habitual en tiempos de mis abuelos. La gente se compró luego El péndulo de Foucault y se aburrió bastante pero quedaba mal decirlo. La muerte parece hoy una vulgaridad, incluso cuando, como en este caso, el notable difunto haya pasado ya la frontera de los ochenta. Antes a esas edades se moría de viejo pero hoy eso de viejo o vieja parece un insulto y nadie muere de viejo antes de los cien años sinó de alguna otra cosa que, con el tiempo, tendrá cura y solución, según nos cuentan.

Los libros y los personajes, cuando te haces mayor, vieja, de hecho, se relacionan con tu propia vida y así recuerdo debates en el patio de una escuela dónde trabajé sobre el libro de Eco y, después, sobre la película. La película se benefició del carisma y el atractivo de Sean Connery, claro. Más atrás en el tiempo me ha llevado la muerte del director Zulawsky, una muerte más prematura, apenas había pasado de los setenta. Precisamente hace unos días antes de su muerte pasaron por la tele Lo importante es amar. En aquel tiempo del estreno, aquellos setenta que tantas ilusiones despertaron, estaba yo embarazada de mi hija, que ya cumplirá cuarenta y un años. Unos amigos con quiénes habíamos compartido unos pintorescos encuentros de parejas cristianas nos la recomendaron. 

Es una película que no ha perdido  nada con el tiempo. Romy Schneider se encontraba en su doliente y espléndida madurez, hoy hay quién duda de su suicidio, pudo ser un accidente imprevisto aunque provocado por el exceso de medicamentos. Fabio Testi estaba guapísimo, como el mismo Zulawsky ha tenido una carrera algo errática. En la película salía el inquietante Klaus Kinski y Dutronc, el que se casó con Françoise Hardy en un papel inolvidable de pusilánime amargado. La película se basó en una novela de Christopher Frank, un autor notable pero poco conocido entre nosotros. Murió pronto, a los cincuenta años, una edad que hoy se considera joven. Fernando Trueba adaptó otro libro suyo, El sueño del mono loco, una historia extraña, fascinante y algo olvidada, que protagonizaba otro errático, Jeff Goldblum al lado de Miranda Richardson. A Goldblum en una ocasión lo mataron por internet, lo bueno de las redes sociales es que igual que te engañan puedes averiguar pronto si te han engañado o no, en general.

Nuestra vida se va llenando de imaginario propio, libros, películas, música, todo se vuelve parte de nosotros y esos personajes que no nos conocieron desaparecen llevándose también una parte de los recuerdo más personales. Quizás en todo ese almacenamiento de imaginario consiste el envejecimiento, con sus grandezas y sus inevitables miserias que a veces, ay, pueden ir ligadas también al olvido no deseado.


sábado, 24 de octubre de 2015

CINE, TEATRO, TELEVISIÓN, ACTORES Y EVOCACIONES


Afortunadamente El largo viaje del día hacia la noche ha venido a Barcelona después de su éxito en el Marquina madrileño. Es una obra triste y profunda, el mejor O'Neill según dicen, una obra autobiográfica, póstuma, larga en su versión original que aquí se ha reducido a la mitad aunque se ha hecho de forma respetuosa y correcta. Los actores están magníficos todos, Vicky Peña, sublime,  para mi gusto es la mejor actriz de su generación, española y catalana o española o catalana, como se prefiera, que no corren buenos tiempos para matices inclusivos. O'Neill fue un hombre difícil y atormentado al cual conocimos antes, cuando yo era jovencita, a causa de la fuga de su hija adolescente con Charlot que no por su obra literaria, producto de una vida difícil y complicada, la de ese Edmund teatral en su difícil futuro de superviviente.
Precisamente hace pocos días pasaron por la tele, en ese interesante espacio sobre el cine español, La petición, una película hoy bastante olvidada y que sin menospreciar sus méritos artísticos dio que hablar a causa de sus tórridas escenas, en especial aquella en la cual el pobre Gutiérrez Caba, joven e inquietantemente atractivo, muere accidentalmente en pleno furor erótico sin que Ana Belén se de cuenta hasta que no termina su actividad amorosa. Pilar Miró fue una persona inteligente, compleja, difícil en muchos aspectos, contradictoria en otros. 
No todo lo que hizo me gusta pero eso pasa con todo el mundo. En el breve reportaje que se emite antes de la emisión de la película se recordó su labor televisiva antes de realizar su primera película, La petición. Ah, aquella radio, aquella televisión... Nos daban a conocer obras interesantes, innovadoras, sorprende recordar lo que vimos y oímos en tiempos complicados, como todos. Una de las realizaciones de Miró en teatro televisivo fue una muy buena versión de otro O'Neill, Deseo bajo los olmos, en un lejano ya 1976. También fue su protagonista Emilio Gutiérrez Caba, por cierto.
En el Goya de Barcelona tenemos también a la gran Concha Velasco con una obra amable, Olivia y Eugenio. No es un O'Neill pero su autor es un panameño interesante, Herbert Morote. Los entendidos quizás critiquen la propuesta, el sentimentalismo del texto, pero es un tipo de teatro que cumple su función y es necesario. Mucha gente irá para ver a Velasco que ofrece un extraordinario recital interpretativo con un texto a su medida. Velasco ha hecho de todo y todo lo ha hecho bien. En una entrevista reciente recordaba, como no, a su extraordinaria Santa Teresa, dirigida por Josefina Molina, una de las pocas dadas vivas de aquella pléyade de realizadoras, Miró, Vilaret... Al Eugenio de la obra de Morote, por cierto, le pusieron así por la afición al teatro de sus padres, ya que Eugenio se llamaban Ionesco y O'Neill. 



Emilio Gutiérrez Caba, otro de los grandes actores de su generación, permaneció durante un tiempo en un cierto olvido, cosas del país, Catalunya incluida. Albaladejo y Álex de la Iglesia lo recuperaron con éxito. El tiempo reconocerá la labor de de la Iglesia y de Santiago Segura en eso de la recuperación de olvidados e incluso en haber sabido sacar matices inesperados de actores encasillados en algún aspecto concreto. Después de sufrir con O'Neill tenía ganas de pasar un buen rato y me fui a ver Mi gran noche, una buena muestra de eso de sacar del encasillamiento a la gente y conseguir que los guapos salgan feos, las listas, tontas y que los divos se autoparodien y descubran su vis cómica como ese extraordinario Raphael-Alphonso que está sublime. 
Hay quien dice que la peli es repetitiva y todo eso, pero más repetitivo es Woody Allen y le quieren hacer un museo en Barcelona que ya dijo Unamuno que a los de por aquí nos pierde la estética. A mi me gustó y pasé un buen rato con ella, es una de esas pelis que serán de culto de aquí treinta, cuarenta años, un divertimento caótico y con su carga de irónia malévola sobre la televisión cutre, hoy tan vigente como ayer y, además, con más medios tecnológicos a mano. 

Quién creo que promete y se supera y espero que no lo tengan durante un tiempo en el olvido cuando se haga mayor, como suele pasar, es Mario Casas, un actor que también hace de todo y lo hace bien cuando encuentra la ocasión. A quién también le veu futuro es a Blanca Suárez, mucho más que una chica guapa, que también. El elenco actoral de esa noche loca es extraordinario, con un ramillete de secundarios en estado de gracia que no nombraré porque me dejaría alguno o alguna.


viernes, 5 de junio de 2015

EL SUR MÍTICO Y EL NORTE HOSTIL



La televisión nos está ofreciendo un largo y admirable ciclo sobre el cine español pero que no escapa a uno de los problemas de nuestro tiempo, la acumulación.  Demasiadas películas en pocos días castigan el producto, a mi entender e incluso ya se ha comentado que esos espacios tienen poca audiencia, las malditas audiencias presuponen que todo se calcula a lo grande y que la bondad de un producto va ligado al número de consumidores. 

Ya sé que en la actualidad una se puede grabar lo que sea, volverlo a ver cuando le parezca y todo eso, pero hay algo indefinible que nos hace valorar más las cosas cuando se nos ofrecen en dosis controladas y digeribles. Algunos canales recuperan en ocasiones miniseries de cuatro o más horas, pensadas para emitirse en capítulos semanales y que se passan seguidas, de arriba a abajo, en alguna larga tarde de sábado, cosa que las frivoliza aunque sean interesantes.

Hace tiempo comentaba con algunas personas que tengo películas en DVD que no me miro nunca y que, en cambio, vuelvo a mirar cuando las pasan por televisión. Me sorprendió combrobar que no era yo sola quién hacía eso, sinó que resulta bastante corriente. No sé el motivo, quizás hay algo misterioso que nos hace apetecible aquello que se supone que compartimos, cosa que explicaría el hecho de qué a veces se generen colas para contemplar cuadros de un pintor que tenemos olvidado en el museo local.
Resultat d'imatges de Víctor erice
Ayer pasaban por televisión ese monumento que es El Sur. Víctor Erice es un director inclasificable, que ha hecho muchas cosas poco conocidas y muy interesantes. Sin embargo el público normalito nos quedaremos siempre con El espíritu de la colmena y El Sur, con esas imágenes que recordamos incluso fuera de contexto y que forman parte de nuestro imaginario sentimental. Erice estuvo casado con otro personaje inclasificable, la escritora Adelaida García Morales, que tuvo un éxito brillante y efímero con ese relato y con El laberinto de las sirenas. Siguió escribiendo pero no fue lo mismo y en nuestro país, como cuenta con ironía Fernán Gómez en sus memorias, nunca eres famoso del todo, siempre has de estar renovando tus credenciales artísticas. 
García Morales se retiró a las Alpujarras y murió de forma todavía algo prematura, ya que hoy queremos creer que morir antes de los ochenta es morir joven. Falleció en septiembre de 2014 y su muerte la recogió la prensa de forma algo mezquina, ignoro si la gente joven de hoy, en general, sabe quién fue aunque El laberinto de las sirenas fue un libro obligado en algunos institutos como lectura de bachillerato, cosa que quizás lo perjudicó porque está lleno de referencias culturales muy elaboradas y para todo hace falta una cierta madurez aunque probablemente sirvió de semilla en algunas almas sensibles y precoces.


Parece que hubo un proyecto para llevar al cine El laberinto de las sirenas como hubo otro para filmar la segunda parte de El Sur. También hubo el proyecto de qué fuera Erice el director de El embrujo de Shangai pero acabó en manos de otro director que no fue capaz de extraer del libro de Marsé toda la magia posible. Hace poco comentaba que Delibes había tenido suerte con las adaptaciones de sus libros al cine, a Marsé le ha sucedido lo contrario.

El universo de los proyectos fallidos es muy interesante, casi tanto como el de los amores imposibles. El sur, la película, es mucho más que una historia ambigua y llena de nostalgias, es un libro de poesía visual en donde no sobra ni falta nada. Cada una de sus imágenes nos podría inspirar otras historias, poemas, pintura, dibujos, música. Todos los actores están muy bien pero resulta imposible no admirar a una Rafaela Aparicio en estado de gracia,  una de esas actrices de raza, a menudo mal entendidas y mal aprovechadas, condicionadas por su apariencia física.

Vimos a menudo fotos de Adelaida García Morales de joven, en el tiempo de sus éxitos literarios, aunque siempre fue persona discreta. Era una mujer muy bella, misteriosa, poco convencional. De mayor ya no la vimos tanto, seguía siendo hermosa y misteriosa pero nuestra sociedad no aprecia la belleza de la madurez, de la vejez, todavía menos si la gente engorda, las mujeres lo tienen peor que los hombres y muchas actrices y cantantes siguen el camino absurdo de los retoques y las dietas hasta quedar reducidas a momias. 

Una de esas personas que salen por la tele a hablar de tonterías comentaba en una ocasión que antes las damas preferían estar gorditas y tener menos arrugas, y que ahora prefieren estar delgadas y elegantes aunque tengan más repliegues.  Las mujeres se han liberado en teoría pero siguen, en gran parte, sujetas a modas absurdas como esos zapatos con talones imposibles e incómodos que limitan el movimiento o esos temas de estética tonta, siempre surgen nuevos corses con los cuales controlarnos y, encima, los encontramos bonitos.
El sur, aunque no tienen nada que ver, me evocó una película algo anterior en el tiempo de la cual también tengo hermosos recuerdos, Los días del pasado, de Mario Camus, lo mejor que hizo Marisol en ese papel de maestra andaluza perdida por un norte hostil para recuperar lo irrecuperable, la ilusión, personificada por ese fugitivo castigado por la guerra civil y que todavía quiere seguir luchando, interpretado por Gades, entonces pareja de la actriz. Dicen que la memoria es el mejor crítico aunque yo creo que también es un crítico subjetivo, extraño, a veces incluso injusto. 

Las películas, como los libros, van ligadas al momento vital en el cual las contemplamos, al lugar dónde las vimos, a las personas que nos acompañaban entonces. Por eso las relecturas, a veces, decepcionan. Sin embargo ayer comprobé que la película de Erice conserva, aumentada incluso, toda su magia. Y eso que ver una película por la tele no tiene nada que ver con disfrutarla en una sala convencional, cómoda, llena de gente, en pantalla grande.

Hay mucha literatura relacionada con los puntos cardinales, existe una filosofía para cada uno de ellos, una poesía del norte, del sur, del este y del oeste. A veces mitificamos alguno de ellos, el más desconocido para nosotros y queremos creer que un cambio de rumbo hará variar nuestra suerte, sin embargo la rosa de los vientos está en el interior de nuestras frágiles almas soñadoras.


viernes, 30 de enero de 2015

REFLEXIONES SENTIMENTALES SOBRE EL TEATRO Y OTRAS COSAS


Cuando yo era pequeña a veces en casa comentaban la muerte de alguien popular, en aquella época toda la información nos llegaba por la radio o por la prensa. A mi, la mayoría de aquellos nombres me decían poca cosa, la gente mayor de nuestra infancia parecía que siempre había sido mayor. Ahora resulta que está desfilando ya hacia el misterio de la nada toda una generación que me ha acompañado toda la vida, esa que tenía diez, quince o veinte años más que yo. Y no me refiero tanto a parientes, amigos, conocidos del entorno de nuestra vida cotidiana sino personajes populares que eran jóvenes, hermosos y admirados cuando éramos niños, que no nos conocieron aunque nosotros los hayamos conocido y reconocido y que forman parte de nuestro imaginario sentimental.

En mi infancia escuché muchos lamentos a causa de la supuesta muerte del teatro. Un gran número de teatros se habían reconvertido en cines, el cine sonoro y popular acabó con un paisaje antiguo, el del teatro como único lugar de ocio. En eso del teatro se pueden incluir muchas cosas, desde salas de categoría hasta ínfimos locales baratos y, también, sociedades donde los aficionados actuaban en cada día festivo. Zarzuela, comedia, drama, opereta, revista, mimo. 

Hubo de todo, bueno y malo. Y grandes actores y actrices y autores que merecieron monumentos, nombres de calles. Hace unos días, en mi otro blog en catalán, recordé a Teodoro Bonaplata, tiene una calle dedicada en mi barrio. En el teatro Victoria del Paralelo se ha repuesto la versión catalana y musical de Mar i Cel pero Bonaplata fue su primer protagonista, un inmenso Said,  y su buen hacer se comparó al de otros grandes actores franceses, italianos. Muchos de aquellos actores y actrices después de trabajar mucho se vieron casi en la miseria, en aquella época todo era más difícil. A menudo habían hecho largos viajes en barco, para ir a actuar a la América hispana, algunos incluso murieron en naufragios, como el gran Robreño, que falleció de sed en un islote olvidado.

Llegó la televisión y el teatro pareció revitalizarse. Los actores de la televisión se convirtieron en muy populares, eran buenos, muy buenos, un gran reclamo para las carteleras. Y se volvieron a reconvertir en cines algunos teatros y se abrieron incluso de nuevos, como el Moratín, en Barcelona, dónde vi a Amparo Baro, Terele Pávez y Carlos Ballesteros en una obra que ha envejecido mal, La casa de las Chivas, de Jaime Salom. En aquel momento impactó, se consideró una obra subida de tono y tocó un tema tabú, la guerra civil, aunque sin que se pusiera en duda quiénes eran los buenos y envuelta en un tono de redención santificada muy del gusto de la época.  También se hizo en cine aunque ya no tuvo el mismo empuje que en el teatro. La televisión nos ofrecía muy buen teatro, también en catalán, en unas incipientes emisiones en aquello que se llamó lengua vernácula ya que estábamos todavía en tiempos de eufemismos oportunistas y posibilistas.

Aquella tele también pasó a la historia. Olvidamos a algunos actores que siguieron trabajando en lo que podían. Las series americanas llenaron nuestras pantallitas de nuevos sueños y de nuevos héroes. De pronto volvieron nuevas series de televisión españolas, catalanas, el género se había casi olvidado pero se renovó y los viejos actores tuvieron nuevas oportunidades. Lo mismo pasó en otros países. Muchos actores del cine se adaptaron a la televisión y a lo que fuese. 

Amparo Baró tuvo suerte y volvió a ser un rostro popular, su apariencia apenas había cambiado, tampoco su voz. Volvimos a ver a Gema Cuervo, a Emma Penella. Incluso Tony Leblanc resucitó e incluso mejoró de salud gracias a la ilusión de volver a trabajar en lo suyo. Estas circunstancias han hecho que al desaparecer algunos de ellos no fuesen ya unos grandes olvidados y que la gente joven los conociese. No todos los de antes han tenido la misma suerte. Todos los trabajos tienen sus condicionantes pero me temo que el de actor o actriz tiene un componente añadido, el glamour, la fama efímera, nada es justo y no siempre triunfan los mejores. En todo cuenta la oportunidad, la casualidad, el azar. Fernando Fernán Gómez decía en una ocasión que los actores tenían, todos, vocación de triunfadores y que eso causaba mucha frustración. Pero eso mismo se podría decir de los escritores, de los pintores, de los cantantes, de los cocineros o los peluqueros. 

Todo pasa muy deprisa. Hoy el teatro también juega con la fama de las personas que salen en las series de televisión, hay muchos buenos actores jóvenes, ya no podemos ver buen teatro por la tele y las  series convencionales a veces se alargan demasiado aunque también eso creo que está cambiando. Todo cambia, se renueva, vuelve, resucita, nada vuelve a ser igual pero todo puede ser parecido, como pasa con las modas en el vestir. 

Ahora hay quién llora por los cines cerrados, esos cines que tan criticados fueron en mi infancia pues siempre parece que en el pasado había más calidad, cuando la verdad es que había de todo aunque a menudo sólo recordemos lo bueno. Con la desaparición de esos personajes se va también un poquito de nuestra propia vida, de nuestra historia íntima y sentimental, morimos a cachitos, sin darnos cuenta, a través de la muerte de los demás, por eso dicen que la gente longeva, que llega a ser centenaria, se siente muy sola y fuera de lugar, a pesar de la suerte, relativa, de haber vivido tanto.



viernes, 10 de octubre de 2014

CINE DE HOY INSPIRADO EN EL AYER


No hay que ir al cine con demasiadas expectativas, lo sé. Sin embargo había oído y leído tantas cosas favorables sobre La isla mínima que me sucedió algo que me ha sucedido ya en otras ocasiones, la película no me acabó de convencer y no me resultó tan redonda como me esperaba.

Sin embargo tiene méritos abundantes, buenos actores, paisajes devastados y poéticos a la vez, una evocación de esa miseria transicional que hoy parece no haber existido, cierta extraña poesía, la poesía del fracaso y de la sordidez. Cuesta pensar en qué todo aquello sucede en los ochenta y no en los cincuenta o en los sesenta. En aquellos años nos creíamos más ricos de lo que éramos, de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Es una historia más de atmósferas que de guión narrativo. La anécdota terrible daba para mucho más, incluso ese pasado turbio del policía queda algo diluido y si a eso le añadimos que el sonido no es del todo claro en muchos momentos llegamos a un final algo confuso. Hay muchos silencios, interesantes, pero que contribuyen a qué los personajes no acaben de resultarnos coherentes en algunos momentos. Si alguien conoció gente que trabajase en la policía en aquellos años también encontrará fallos diversos relacionados con la labor profesional de un cuerpo bastante castigado por todos lados pero, claro, con sus pecados ocultos en las recientes circunstancias del pasado político.
Me ha gustado más la película al recordarla que cuando la vi, hace tan poco. Es una buena señal. En una crítica que leí  muy positiva sobre La isla mínima se hacía una referencia a otra de hace unos años, La noche de los girasoles, en aquel caso fui al cine sin ninguna perspectiva y me impresionó mucho más que ésta, la verdad. Claro que son dos historias muy distintas y no admiten comparación. Las películas españolas suelen pasar a menudo por los cines casi de puntillas, pasó con La noche de los girasoles y con muchas más, dignas e interesantes, recuerdo a Sancho Gracia quejándose de eso cuando aún vivía, con toda la razón. Sancho Gracia tuvo una aparición breve y memorable, que no he olvidado, en La caja 507, otro título emblemático del cine negro hispánico.

A menudo se evoca la época de aquellos inolvidables Estudio 1 y de los grandes actores de teatro de aquella época. Los hemos valorado más en retrospectiva, la verdad. Hoy también hay actores magníficos, jóvenes y maduros, sin grandes oportunidades más allá de las series machaconas e inacabables de las televisiones del presente. Emilio Gutiérrez Caba evocaba hace poco, en una entrevista, las grandes series sobre obras literarias de categoría, Fortunata y Jacinta, Cañas y Barro y tantas otras e incluso aquel espacio antiguo en el cual se emitían por capítulos novelas clásicas, la más recordada ha sido El Conde de Montecristo pero la lista es impresionante. 

Todo cambia y evoluciona pero afortunadamente siempre hay quién se arriesga a pesar de todo. La isla mínima es una propuesta arriesgada y valiente. Aunque leí la crónica de un amigo en la cual se quejaba del poco público que compartió sala con él al ir a verla he de decir que cuando fui yo el cine estaba casi lleno y eso que se trataba del Aribau clásico, el grande, un cine de los de antes. Claro que era miércoles, el día del espectador, todo cuenta.




lunes, 1 de abril de 2013

EL OTOÑO DEL SERVAL (CINCUENTA AÑOS DEL ESTRENO DEL 'GATOPARDO')

Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.


Hace pocos días se cumplieron cincuenta años del estreno de la película El Gatopardo, que es como se tradujo el nombre original, que hace referencia al animal presente en el blasón del protagonista. Sin embargo, parece ser que el animalito es en realidad un serval, una especie de gato salvaje. He visto varias veces esta magnífica película y estoy leyendo por segunda vez la novela. Lampedusa, su autor, murió sin gozar del éxito del libro y, evidentemente, sin haber visto la película, en 1957. Todo ello contribuyó a tejer muchas leyendas alrededor de la historia, de sus personajes, de su autoría.

En Catalunya todavía se tejieron más leyendas alrededor de ese Gatopardo por sus coincidencias ambientales com Bearn, de Villalonga, un libro que se publicó en castellano antes que el de Lampedusa y que hoy es uno de los títulos emblemáticos catalanes porque la historia tiene cosas muy raras, incluso la historia de la literatura. Las relecturas de los dos libros me han hecho ver que son muchas las diferencias más allá de situarse ambos en sociedades cerradas, cambiantes, con una cierta aristocracia resistente, casi feudal, que entiende que nada volverá ya a ser igual que antes. Para más misterio Villalonga fue el traductor de la primera edición en catalán de la novela. Dicen que se tomó libertades diversas pero a mi aquella traducción me gusta, aunque no soy una experta en el tema. La actual es de Pau Vidal y, como la castellana, incluye un largo prólogo con notas y cartas del autor, una documentación que no se conocía hasta ahora.

Recuerdo ciertas polémicas, -en una época en la cual la literatura local generaba polémicas-, sobre si Villalonga conocía la obra de Lampedusa cuando escribió Bearn aunque parece difícil que sea así. Villalonga fue uno de esos grandes personajes incómodos, de las ideas y vida de los cuales se intentó escribir poco, centrándose en su excelencia literaria. Escribió en castellano y catalán, de forma indistinta, y siempre bien, cosa que produce mucha incomodidad a los ortodoxos monolingües de uno u otro signo. Precisamente yo leí el libro de Lampedusa después del de Villalonga, en mis tiempos jóvenes, motivada por la polémica que comento.

El Gatopardo es uno de aquellos caso en los cuales nadie puede decir si es mejor el libro o la película, estúpido debate recurrente, tópico y habitual. Hay diferencias evidentes que se han estudiado y referenciado, pero no cabe duda de qué el espíritu del libro se mantiene y que incluso a veces se mejora, aunque el noble siciliano acabe por ser un alter ego de ese Visconti irrepetible, como admitió el protagonista, Burt Lancaster, en más de una ocasión y que al crear su personaje se centró en la personalidad de su director. Burt Lancaster, dicen, hizo aquí el papel de su vida pero tiene otras interpretaciones geniales, todas ellas muy distintas. Se cuenta que Visconti no eligió a Lancaster, más bien le fue impuesto y el director hizo comentarios despectivos sobre aquella especie de gangster americano, que el actor no tuvo en cuenta. La cosa debió ir bien porque Lancaster repitió con Visconti en Confidencias.  El actor fue un hombre interesante, inteligente, que mejoró con los años y la experiencia, de ideas avanzadas y que trabajó en ocasions cobrando mucho menos de lo que debía si el proyecto le parecía de calidad.

En la película, que se recortó en su estreno a efectos comerciales, se hizo alguna concesión romántica, insinuando que el futuro de los guapos jóvenes seria brillante y reduciendo los papeles de la esposa y las hijas del príncipe a poca cosa. Sin embargo en el libro Concetta tiene un papel clave y en una especie de epílogo es ella quién cierra la historia y el pasado, en un último encuentro con Angélica. Concetta debía ser la pareja natural de Tancredi pero malentendidos diversos y el interés económico no lo permitieron aunque él, parece ser, siempre la amó, a la manera, claro, como amaban aquellos caballeros, un año de pasión y treinta de cenizas. 

Parece ser que Visconti queria para su protagonista al ruso que había hecho el papel principal en Iván, el Terrible pero éste bebía mucho en aquella época y se encontraba enfermo. Luego se penso en Laurence Olivier, pero tenía otros compromisos. A veces el azar tiene esas cosas extrañas, hoy, y para siempre ya no puedo imaginarme otro príncipe de Salina que Burt Lancaster. Por cierto, en la rancia Escuela Normal de mis tiempos nos ofrecieron unos cursos de cine interesantísimos, en los cuales pudimos ver esa película de Eisenstein, las dos partes, y otros muchos títulos de categoría. 

La guapa pareja protagonista, Delon y Cardinale, cumplieron bastante bien, estaban en la flor de su juventud, guapísimos. Delon siempre me pareció un actor limitado pero Cardinale ya era entonces una buena actriz, con un físico extraordinario. Hace poco tiempo escuché a un presentador de televisión hablar con cierto desprecio lamentable de su aspecto actual, cómo si las actrices no pudiesen envejecer con tranquilidad, como todo el mundo. Es lo malo de ser demasiado hermoso o hermosa, siempre te pueden echar en cara lo mucho que has perdido o que tus hijos no se te parecen y son más feúchos.

Las novela de Lampedusa generó un término casi político, gatopardismo, que hace referencia a esos cambios necesarios para mantener el estatus anterior aparentando renovación. Sin embargo, quizás soy demasiado optimista, pero creo que nunca sigue todo igual, incluso con esos maquillajes oportunistas tan queridos por la clase política o por los sectors privilegiados de cada sociedad. A menudo los cambios son lentos y nos hacen impacientar o tienen alguna vuelta hacia atrás, dramática y absurda, molesta o trágica. Sin embargo nada sigue igual o muy poca cosa. El protagonista, en otra frase célebre del libro (la que encabeza este texto la pronuncia Tancredi, el sobrino, aunque a veces se atribuye al tío) comenta que ellos eran leones y leopardos, que después vendrían hienas y chacales y que leones, leopardos, hienas, chacales e incluso ovejas continuarían creyéndose la sal de la tierra. Ciertamente, la especie humana continua teniendo un exceso de pretensiones y eso sí que no cambia. Y eso que la vida pasa y no somos nada, hojas en el viento, como cantaba Machín. Cincuenta años del estreno de esa película y parece que fue ayer.


lunes, 28 de enero de 2013

VEJECES


Coinciden en cartelera dos películas sobre la vejez, dos visiones muy distintas sobre esa etapa de la vida, inevitable si no es que se muere prematuramente. Amour de Haneke ha estado muy alabada por los seguidores de este director, que a mi no me gusta nada, en general. No le negaré valores cinéfilos, no soy quién para hacerlo, pero las visiones excesivamente grises y oscuras de la vida y de los hombres, que me hacen salir del cine com eso que llaman vulgarmente mal cuerpo no me gustan nada, todavía menos desde que envejezco.

El paso de los años nos da una visión más matizada de las cosas, al menos a la mayoría de personas que hemos tenido una vida normalita, con alegrías y penas, épocas mejores y peores, familia convencional y todo eso. La película con la cual Dustin Hoffman se estrena como director es otra cosa muy distinta, más amable, con pinceladas de amor inglés y con una profundidad que quizá no se percibe a primera vista pero que tiñe toda esa sencilla historia con colores positivos, sin caer en la sensiblería ni en esa tontería recurrente de que cada edad tiene sus cosas buenas y siempre se está a tiempo de todo.

La dama de Haneke, que también podía haber ido a una buena residencia, incluso privada, para músicos viejos, hace prometer a su marido que no la llevará a un sitio de esos. Claro que no todas las residencias son como la de la película de Hoffman, tan bonitas y luminosas, pero tampoco son tan trágicas y grises como en ocasiones se pintan. En ellas, como en la vida exterior y activa, suele haber de todo: olvido y recuerdo, tristeza y alegría infantil, enfermedad y esperanza inútil, inocencia y perversión. La vejez llega, si no se muere de forma prematura. De vez en cuando el cine, espejo de la vida, nos ofrece visiones de la vejez, como de la juventud. No todo es de color de rosa, no me creo, en el caso de la vejez, que cada época tenga sus cosas buenas y todo eso. Pero tampoco todo ha de ser tan gris y devastador, la vida es breve y hay que vivir -y morir- con esa verdad irreversible, nos guste o no, que más bien no, como es natural. Darle al tema tonos de tragicomedia me parece más real que hurgar en una herida ya de por sí bastante dolorosa.

martes, 11 de septiembre de 2012

EL SKYLAB: FAMILIAS MÁS O MENOS FELICES Y BASTANTE PARECIDAS






Hacía ya tiempo que quería ir a ver El Skylab aun sabiendo que no vería nada del otro mundo. Ha sido ésta una película que ha caído bien a mucha gente como cae bien Julie Delpy, una historia amable de familia extensa que se encuentra con motivo del cumpleaños de la abuela. Los italianos son muy buenos con ese tipo de cosas y, según Delpy ha comentado en alguna entrevista, en la comedia italiana se inspiró, aunque también en su propia biografía. Es, en teoría, un canto a la nostalgia, con sus musiquillas de la época, sus historias de iniciación al sexo y todo eso.

Hace pocos días vi también El amigo de mi hermana. Es una de esas películas americanas que podría ser perfectamente, con algún retoque, europea. Conflictos personales, amor, lesbiana con ganas de ser madre, buen rollo final. Parece que el mundo en crisis siempre tiende a volver hacia la familia, extensa o nuclear, convencional o moderna. Muchos finales complicados se suavizan teniendo un bebé, como pasaba en Todo sobre mi madre o en Solas. Ese Skylab no estaría lejos de Cuéntame si en nuestro caso no se hubiesen recreado en alargar la serie hasta límites excesivos, como suele pasar en televisión.

En la película de Delpy asistimos a la familia del pasado, un pasado de finales de los setenta, contemplado desde un prisma familiar y amable, las familias somos así, discutimos, peleamos, nos decimos de todo, nos agredimos, pero, bueno, al fin y al cabo somos familia y todo vuelve a su cauce cuando toca. Incluso se puede comprender la presencia en el contexto de un tío chiflado, militar sádico, adicto al sexo y potencial violador que está como una chota y que debería permanecer encerrado en un centro de salud mental. Después de las sonrisas, si pensamos un poco, vienen las inquietudes. Sobre todo cuando se evoca la Francia colonial, el militarismo. Se olvida a menudo que lo de Vietnam empezó con los franceses y también se olvida la guerra de Argelia o que el mayo del 68 fue un teatrillo que se salió de madre, iniciado por unos estudiantes elitistas que querían conservar sus privilegios.

Aquí, como tenemos baja la autoestima y, además, sabemos que las familias también pueden acabar matándose de forma brutal, ya que, al fin y al cabo, la guerra civil no está tan lejos, quizá no seríamos capaces de admitir de forma tan condescendiente esos pasados coloniales. Francia tuvo también su guerra civil interior entre colaboracionistas, que eran muchos, y el resto, que eran pocos y, algunos de ellos españoles exiliados. Sin embargo las lecturas amables cuentan las cosas como conviene. Como nos contaron la Reconquista, la Guerra con Napoleón o, en Catalunya, la de Secesión. Las verdades siempre son muy complicadas. Los progres de la película se mueven entre tópicos, los fachas, también. 

Creía que iba a ver una película distraída, para no complicarme la vida, y el fondo oculto de ese Skylab que, por suerte y casualidad, acaba cayendo en Australia, no me ha resultado tan inocente. Incluso me han resultado algo inquietantes esas abuelitas, antiguas musas de la movida francesa de la Nouvelle Vague, Bernardette Lafont y Emmanuelle Riva, la de Hiroshima, mon amour, encantadoras, inofensivas, una de las cuales recuerda con nostalgia, ay, la bonita casa que tenía en Saigón, de la misma manera que el tío chiflado recuerda como podía violar y matar impunemente en sus buenos tiempos y añora aquel trabajo tan creativo como yo añoro de vez en cuando mi aula escolar.

Claro que siempre están las nuevas generaciones, la mayoría de niños y jóvenes parecen también algo tontitos, la moda masculina juvenil de la época, con pelucones, patillas y pantalones de pata de elefante ya se prestaba a esa apariencia. La protagonista, sin embargo, es ciertamente encantadora, aunque comprobemos que se ha convertido con el paso del tiempo en una pesada y algo repelente mamá actual, dispuesta a remover Roma con Santiago para poder jugar a las cartas de familias con sus peques, en el tren. La familia, siempre la familia. Por cierto, el personaje del tío español clama al cielo y exige una protesta en la embajada, ni en las peores películas de Alfredo Landa eran tan lamentables nuestros galanes. Si a eso le añadimos el acento grotesco que le han puesto en la versión original... 










jueves, 9 de agosto de 2012

Sancho Gracia y nuestro imaginario personal



Acabo de leer que ha muerto el actor Sancho Gracia y aunque no quisiera convertir mis blogs en obituarios la realidad es que los años hacen que vayas viendo como personajes que te acompañaron a lo largo de tu existencia van desapareciendo, en ese goteo inevitable de la vida y de la muerte.

Sancho Gracia fue actor y personaje, guapo y de los pocos que no necesitaba dobles en las escenas difíciles, de riesgo, montando a caballo y haciendo acrobacias, casi como un joven Burt Lancaster. La televisión ha repuesto hace poco Curro Jiménez que fue su papel estrella y que incluso llegó a conseguir durante un tiempo substituir el nombre del actor por el de su héroe de ficción, en las conversaciones informales. Escuchaba hace poco a un chico más joven que yo comentando que veía la serie muy antigua a pesar de lo mucho que le gustaba de pequeño.

Eso pasa con todo y nos pasa a todos, el recuerdo a menudo es engañoso pero las series y las películas antiguas, aunque nos decepcionen en algunos aspectos y se destiñan y los efectos especiales sean superados por la tecnología, tienen el perfume del pasado, la ternura del tiempo perdido. Sancho Gracia fue un actor buenísimo cuando lo dejaron y lo supieron aprovechar pero el actor superaba al personaje con su voz característica y su personalidad irrepetible. Eso me imagino que será un lastre para su hijo, también actor, del cual oigo a veces comentar algo injustamente que es  más soso que su padre, aunque sea guapetón.

Yo no miraba mucho Curro Jiménez, era aquella una serie más de chicos pero los niños de la edad de mi hija mayor, que prefería otro tipo de series, tenían pistolas de Curro Jiménez para jugar a los bandoleros buenos, incluso, cosa que quizás hoy, con tanta tontería, sería antipedagógica. He visto a Gracia muchísimas veces, en cine, en televisión, pero me quedo hoy con dos recuerdos precisos, su magistral y breve intervención en La caja 507, una película que ya tiene diez años. Estaba entonces el actor en tratamiento a causa del cáncer que, me imagino, se lo ha llevado al final, todavía de forma prematura. Salía calvo y feo, inmenso, en un papel de lucimiento, inolvidable. Y el otro es ese gran personaje de 800 balas, una película excelente pero que no salió redonda del todo y de la poca promoción de la cual se quejó el actor, la vi en el cine y a los pocos días ya la habían retirado para dejar lugar a las superproducciones habituales. Claro, se pudo ver en la tele, en DVD, pero no es lo mismo, precisamente esa era una película para ver en una sala convencional, a lo grande.

El cine y la tele, sus personajes, tienen esa magia que hace que nos parezcan prácticamente de la familia sus protagonistas y mitos, aunque ellos ni nos hayan conocido. Nos acompañan a lo largo de la vida y con sus muertes morimos también un poco, las generaciones pasan y los viejos héroes se olvidan e incluso a los jóvenes les llega a extrañar que fuesen tan importantes en su época esos actores tan nuestros. Los mitos universales, a la americana, más promocionados, acaban por tragarse nuestra mitología local y personal de la misma manera que 800 balas se retiró prematuramente de cartel para poner cualquier tontería de la época.

Descanse en paz, Sancho Gracia, en el cielo de los actores cercanos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Aquellas chicas de la Cruz Roja que pintaron las calles de colores



Estoy estos días en la Terra Alta, en Batea. Empieza a hacer frío y las tardes son breves. En estas tardes de sábados de otoño, silenciosas y nostálgicas, resulta cómodo y agradable apalancarse delante de la televisión y caer en el vicio del zapeo, inevitable.

Pocas veces veo las películas de Cine de Barrio porque repiten demasiado y van al valor seguro y recurrente, algo populachero. Sin embargo me gusta desde hace tiempo ver de vez en cuando los prolegómenos, esas entrevistas a las cuales se invita a actores y actrices que formaron parte de mi imaginario infantil y que hoy están retirados u olvidados. Ayer pasaban otra vez Las chicas de la Cruz Roja y Concha Velasco entrevistaba a dos de sus compañeras en aquella historia alegre de amores, desamores y casticismo modernizado: Katia Lóritz y Luz Márquez. Mabel Karr, la postulante miope, que fue esposa de Fernando Rey, nos dejó hace unos años, cuando había intentado recuperar su carrera cinematográfica al quedarse viuda.

En mi infancia el cine fue semanal, una de las pocas alegrías familiares posibles. Mi pobre padre trabajaba muchas horas, de día y de noche. De noche era maestro de pala en un horno bajo el mando de un dueño explotador y por las tardes, sábados incluídos, tenía un pluriempleo en una oficina. Afortunadamente en sus últimos años de trabajo el establecimiento lo adquirió un señor navarro mucho más humano. No puedo dejar de pensar en ello a veces, cuando escuchó a tanta gente joven quejarse una y otra vez, quizás con parte de razón si nos situamos en el presente, y pienso que él, único soporte económico familiar, no podía quejarse de nada, al menos públicamente.

A mi madre le gustaba mucho el cine y como también trabajaba muchísimo en aquella época con abuelos en casa y sin lavadora ni ascensor, tenía ganas de distraerse cuando podía. De pequeña, antes de la guerra civil, había ido a menudo al cine con una tía, a veces incluso a escondidas de su propia abuela para la cual el cine era algo indeseable, que se desarrollaba en locales insalubres y donde se aprendían cosas inconvenientes o inmorales. Lo de insalubre quizá tuviese una parte de razón, considerando que en aquella época se fumaba y comía sin complejos en el interior de las salas.

Mi padre no era cinéfilo, quizá porque no tenía ni tiempo ni ganas. Cuando venía al cine, para complacer a mi madre se acababa durmiendo, incluso roncando a veces, cosa que a mi madre le molestaba mucho. Con él íbamos sólo en ocasiones a ver cosas de categoría, de estreno preferente, como Los Diez Mandamientos o Ben Hur, en tiempo de vacaciones, que eran pocas, breves y caseras. Con mi madre íbamos cada semana al cine de barrio cuando los viernes mi padre entraba más pronto a trabajar, porque hacían pan doble y tenía que irse más temprano.

La gente distinguía mucho entre la españolada y el cine de verdad, el americano, con actores que no hacían teatro sino que parecía que vivían su historia de amor, guerra, pasión o intriga. Esa era la visión general y ciertamente, durante la primera postguerra el cine español osciló entre esa españolada, una especie de neorrealismo moralista, incluso un buen cine negro estropeado por un final convencional al estilo hispánico y un cine histórico curioso y patriótico que me imagino que se abandonó pronto por ser demasiado caro.

En algún momento también nuestro cine y nuestros actores se modernizaron. A la española, eso sí. En aquel año 58 murió Pio XII i se eligió a Juan XXIII, todo parecía empezar a mejorar y cambiar. Dos películas españolas competían con éxito en las carteleras con las producciones americanas: Las chicas de la Cruz Roja y ¿Dónde vas Alfonso XII?, que respondía a la moda histórica edulcorada que había inaugurado Sissí. Las dos tienen grandes valores que se han de situar en su contexto. Actores convincentes, puesta en escena con intenciones de renovación, presupuestos adecuados… Además empezaba el auge de nuestro gran mito erótico-musical: Sara Montiel y el recuperado y actualizado cuplé.

Alfonso XII y Maria de las Mercedes encontraron en Vicente Parra y Paquita Rico unos intérpretes adecuados. Todavía me emociona la escena en la cual Paquita Rico canta Los Campanilleros ante el belén del Palacio de Oriente. Al fin y al cabo cuenta una historia real, pues la pareja se casó por amor, no sin dificultades, aunque ya sabemos cómo acabó y en que casquivano ligón se transformó el monarca viudo, que también murió bastante joven. Por eso la continuación es mucho menos convincente. Tengo de esa película el álbum de cromos, entrañable y algo estropeado.

Las chicas de la Cruz Roja fue un intento de comedia moderna bien resuelto. Cuatro historias de amor con final feliz se entrecruzan en el Madrid de aquel tiempo, en medio de la colecta habitual de la Cruz Roja, con sus mesas petitorias y sus damas con sombrero. Muestra documentalmente aquella ciudad en aquella época, con sus seiscientos, sus biscúters, su gente. Encantó a mi madre y a todas las vecinas, era una de las primeras veces, quizá la primera, en que podíamos ver aquella ciudad capitalina y rival eterna de la nuestra, en colores, poblada por chicas normales bien vestidas. Es una película que ha visto todo el mundo, incluso los niños de hoy, en la tele y su canción emblemática, de Algueró, es bien conocida y coreada en juergas diversas, forma parte de nuestro imaginario colectivo. La fórmula funcionó y se repitió más veces, como suele pasar.

Concha Velasco ha hecho en cine, teatro y televisión un carrerón impresionante. Ahora mismo está triunfando en el Goya barcelonés, queriendo bailar, después de habernos emocionado en el mismo teatro hace poco tiempo con una obra dramática que en cine hizo nada menos que Signoret, Madame Rose. Cualquier culebrón televisivo crece con esos actorazos, que se comen al resto. Superó pronto y bien su etapa costumbrista y lo mismo nos podía cantar la chica yeyé que ser Santa Teresa sin maquillaje.

Las otras actrices del reparto no hicieron una carrera tan larga. Katia Lóritz y Luz Márquez explicaron que pintan i dibujan, mostraron algo de su obra, me pareció excelente. Loritz fue nuestra exótica del momento, una belleza distinta y espléndida encasillada excesivamente en papeles de guapetona exuberante, con un aspecto estupendo que todavía mantiene a su edad. A Luz Márquez la encasillaron en papeles de buena chica algo triste, que acostumbraba a hacernos llorar con facilidad en sus papeles melodramáticos. Yo creo que fue una gran actriz muy mal aprovechada, pero eran otros tiempos. Era, de las tres, la que menos daba la imagen de antigua actriz convencional, pero es que ya en su juventud era distinta.

Luz Márquez es hoy una dama elegante y delgada, sin nada de eso que antes llamaban afeites, educada y discreta, que ha envejecido de forma normalizada, cosa que no es habitual en la gente del oficio. Me gustó ver a esas tres grandes damas juntas, hablando del pasado sin nostalgia, con alegría y una gran vitalidad, llenas todavía, cada cual a su modo y a su estilo, de proyectos. A veces despreciamos lo nuestro de forma intelectualmente vanidosa. A pesar de todo aquel país de finales de los cincuenta cambiaba un poco, a trancas y barrancas, podíamos ir al cine barato del barrio, comíamos algo mejor, se había acabado el racionamiento y más adelante incluso nos compramos aparatos de televisión. Como dijo o escribió creo que Bertold Brecht, también se cantará en los tiempos sombríos. Y sobre los tiempos sombríos.

No he hablado de los galanes de la película pero ellas tres los evocaron, claro está. Fueron Tony Leblanc, Antonio Casal y el futbolista Ricardo Zamora, que se ve que las llevaba locas y que tuvo algo con Loritz, por lo que se entendió en las bromas cruzadas de forma cómplice entre las tres damas. Todos ellos también desaparecidos, como Mabel Karr. Y el único superviviente, el guaperas peligroso, el eterno seductor Arturo Fernández, que se acabó encasillando también en su propio personaje pero que se mantiene felizmente en activo. Todos ellos acompañados de una serie de secundarios de lujo impresionante.

Las chicas de la Cruz Roja es hoy, nos guste o no, mucho más que una película, es todo un documento de un tiempo que parece todavía mucho más remoto de lo que fue en realidad. A veces, cuando personas jóvenes más radicales lamentan en gente como yo cierta tibieza catalanista, que les parece rara, no saben entender que nuestra alegre hispanidad pasa también por ese imaginario colectivo popular, mucho más fuerte que los Reyes Católicos o el descubrimiento de América. Que no es sólo franquista. En la Catalunya republicana de la guerra civil la película con más exitazo de público fue la Morena Clara de Imperio Argentina. Lo mismo pasó en la zona nacional. Misterios de la vida real, casi siempre más piadosa y amable que la oficial.