martes, 22 de noviembre de 2016

SOBRE LIBROS, LECTURAS Y TENDENCIAS

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Todavía leo y escucho a menudo manifestaciones incondicionales a favor de la lectura, así, en general y en abstracto. Sin duda leyendo se aprende y todo eso, ¿quién puede negarlo? Sin embargo la lectura siempre fue, y lo sigue siendo, algo ambiguo, como todo producto cultural aunque tampoco sabemos del todo qué es la cultura. Hay gente que cree que hace cultura porque va a visitas comentadas a los museos, a itinerarios históricos o consume grupos de lectura de esos en los cuales incluso ya no hace falta ni comprar el libro porque te lo prestan en la biblioteca. Me recuerda a veces, tanta cultura, a aquellas monas de un cuento de Rodari que creían que viajaban porque daban vueltas en el tiovivo. Sin embargo, todo es relativo, incluso dando vueltas en el tiovivo se puede viajar, ya que el paisaje cercano, sobre todo el paisaje humano, cambia y se modifica.

Con la lectura se ha adoctrinado a fondo, en política, en religión. No es extraño que mucha gente aprendiese a leer, hace años, en lugares doctrinarios, la sociedad anarquista, la parroquia. A leer, cuando no había escuelas convencionales, se aprendía, precisamente, al ir a doctrina. O a costura, como en esa canción tradicional catalana: la Mare de Déu, quan era xiqueta, anava a costura, a aprendre de lletra. 

Se pueden leer muchas banalidades. En una época sin televisión, casi sin radio, se leían novelitas de consumo, aunque entonces no existía este concepto, cosas distraídas, para pasar el rato sin complicarse demasiado la vida o para sufrir con las penas de los demás. Cuando yo era pequeña había establecimientos entrañables con cajones llenos de novelitas de bolsillo, de género: de amor, de misterio, del Oeste, de guerra... Luego hemos sabido que escritores de cierta categoría se dedicaban a esa literatura para sobrevivir. Una autora de novela rosa de consumo, Corín Tellado, merece mucha más importancia de la que se le ha concedido. 

Hoy muchas novelas banales se disfrazan con hermosas cubiertas, a menudo reproducciones de cuadros de culto, de culto efímero, que hacen que encontremos por todas partes, por ejemplo, esa conocida imagen de Hopper con la dama solitaria en el hotel perdido, que hoy puede verse en versión original en el CCCB de Barcelona. La tipografía ha mejorado mucho, no así el papel, que suele ser sencillo y que con el tiempo muestra sus debilidades. Tampoco la crítica literaria es lo que debiera ser, pues muchos escritores son periodistas y su grupo empresarial de prensa suele tratarlos bien. Y además, en muchos casos, cuentan con su propia tertulia televisiva. 

Para todo hacen falta conocidos, relaciones para publicar y, más importante todavía, para para que se sepa que has publicado algo. Cuando un libro se promociona de forma intensiva lo lee todo el mundo y si dices que no te ha gustado te miran de forma rara, esa esnob... ya está con sus tonterías. Estos días nos están machacando con el nuevo de Ruíz Zafón, hace poco con la segunda parte de esa Catedral del Mar. Qué suerte vender tanto, qué suerte que te den el Nobel. Al fin y al cabo para vivir hace falta dinero y, no nos engañemos, vender quiere decir, aunque no siempre, cobrar un dinerito. Y en este mundo nuestro poderoso caballero es don dinero y quién triunfa tienen la popularidad asegurada, sea en el campo que sea.

Los premios literarios antes eran un trampolín, más o menos, pero hoy también están sujetos a muchas servidumbres e intereses, sobre todo, los premios gordos. Un compañero de escuela de mi hijo, Iván Vallejo,  que escribe muy bien ganó un premio en León, bastante bien dotado para la época actual, dos mil euros, que son bastante más que un sueldo medio actual, con un libro de narraciones breves. En aquella ciudad le publicaron alguna reseña, yo hice lo mismo en mis blogs y en una web cultural con la cual colaboro de vez en cuando. Y ya está. 

Hace poco publiqué en esa misma web literaria que menciono una reseña de un libro interesante, inquietante, distinto, Novienvre, de Luis Rodríguez, que llegó a mis manos por pura casualidad. Pero todo eso es muy poco, lo que cuenta es la tele, salir en ella a menudo, de forma intensiva, si sales un día tampoco sirve para gran cosa aunque los conocidos te ven y creen que eres un poco importante. Venden novelas, en general, los que ya son conocidos por algún otro sector profesional ya que parece que a todo el mundo le da en algún moment por escribir su novela. 

Hablo de libros pero todo eso sucede con la música, con el teatro. Hay montajes interesantes que no pasan de su pequeña sala alternativa, actores y actrices que no consiguen su oportunidad, pintores que jamás venderán nada, más  allá de la feria de algún pueblo con vocación artística. Leí hace poco un libro muy bueno, El juego serio, de Hjalmar Söderberg, uno de los personajes, un viejo pintor, cuenta al protagonista que aprender a pintar fue lo de menos, que lo importante fue aprender a vender, para lo cual desarrolló una estrategia, no cotizarse de forma excesiva, por ejemplo. 

Hay quién tiene habilidad para vender pero aún así no siempre lo consigue. Las cosas son complejas, en literatura, en historia y en lo que sea, por eso se puede leer mucho y no aprender nada o aprender, incluso, cosas malas. Otro tema es que cuando se habla de leer, en general, se habla de narrativa, todavía más, de novela larga. Hay gente que lee mucho ensayo, historia, cosas así. O que lee el periódico cada dia de arriba a abajo, por ejemplo.

Leer es una opción personal, a mi no me gusta hacer deporte y esa práctica también está muy mitificada. Esas consideraciones expertas sobre el leer en general siempre me han parecido grauitas. Cuando alguien me dice, con cierto orgullo, que le gusta leer, debo preguntarle qué lee y puede que entonces todo tome otra dimensión. Se supone que los niños deben leer, cuando en la escuela se pasan el día leyendo, aunque sea en formatos no librescos. 

Precisament en el campo infantil y juvenil se publica un montón de paja infumable y, encima, a menudo hay lecturas obligatorias que no son de ningún clásico ni de ninguna adaptación de clásicos sino del primo del profesor del instituto que recomienda el libro, o impuestos por editoriales educativas. A veces el profesorado ni siquiera los ha leído antes, y no hablo de oídas, me encontré con eso cuando trabajaba en la escuela. 

No hay nada peor como que te obliguen a hacer algo, leer, nadar, dibujar. Cuando eres pequeño y vas a la escuela lo aceptas, así es el mundo y hay que aprender lo que dicen que hay que aprender. Pero que de mayor,  de jubilada, te vayan diciendo qué debes hacer o leer, ya es el colmo. Claro que somos gregarios e incluso nos gusta que nos digan qué debemos leer y qué deporte debemos practicar y qué museos debemos visitar. 

Un valor generalizado de nuestro tiempo es el viaje, también se supone que viajar te hace culto y te enriquece, como el Avecrem. Cuando me cuenta la gente cómo ha viajado y qué ha visto y con qué tópicos ha vuelto de su viaje siento lo mismo que cuando me comentan con entusiasmo determinadas lecturas. Nuestra sociedad no ha fomentado casi nunca el espíritu libre, es algo que se tiene o se adquiere o que nunca se consigue. En política también hay muchos dogmas establecidos. Nos movemos entre la necesidad de pertenecer a algún grupo y la de ser diferentes, de tener nuestra propia personalidad. Sin embargo con el tiempo me he dado cuenta de qué en todo hay mucha genética, incluso en la tendencia a leer mucho o a correr maratones. Es lo que hay, como dicen algunos, de forma recurrente. Nadie debería sentirse mal si no le gusta leer ni sentirse un ser excepcional si lee un libro cada día.


2 comentarios:

Josep Aguilera Torres dijo...

Llegir permet escoltar moltes històries,tenir molts punts de vista,veure la realitat des de totes les perspectives.Amplia les mires,i els coneixements,i multiplica les experiencies humanes.I també,per una raó molt important;per aprendre a escriure.
Sartre diu que es llegeix un llibre perquè falta quelcom a la vida del que llegeix,això que falta es busca en el llibre.Pe mi facilitat de paraula.
Llegeixo perquè m'agrada.M'apassiona.Nohiha gaire res a dir.
Una abraçada.

Júlia dijo...

Sí, Josep, però també es pot llegir molta palla i no crec que s'hagi de defensar de forma absoluta, depens de què llegeixes, de qui ho ha escrit i la resta. Es com dir 'm'agrada menjar', menjar és imprescindible però no tot és recomanable de la mateixa manera.