jueves, 5 de diciembre de 2013

PAÍS MEZQUINO Y OLVIDOS IMPERDONABLES: LOS ARGENTA Y LA MÚSICA




Casi coincidiendo con el centenario del nacimiento de su padre, el gran Ataúlfo Argenta, ha muerto su hijo Fernando, también músico, gran divulgador de la música clásica que se inició de joven con aquel recordado conjunto de Micky y los Tonis. Por desgracia no he tenido una formación musical profunda pero en mi casa había algunos discos con música de zarzuela, dirigidos por Ataulfo Argenta. Hace pocos días, en un programa de la UNED se reivindicaba su figura con una queja absolutamente justa sobre lo que llegamos a celebrar centenaris y bicentenarios de tanta gente mientras olvidamos genios hispánicos como ese gran pianista y director de orquesta, que murió demasiado joven y que la gente de la edad de mis padres recordaba muy bien, con inmensa admiración.

Mi madre miraba a menudo los programas del hijo, como aquel Conciertazo tan divertido, a veces Fernando Argenta caía a veces en cierto histrionismo pero no cabe duda de qué motivaba a los escolares que se divertían muchísimo con él. Realizó un gran trabajo en los medios de comunicación que le han recordado poquito estos días, según mi opinión. Las teles y las radios olvidan deprisa a su gente, todo es efímero y andamos tan metidos en la crisis, en el tema del independentismo y en reivindicaciones diversas que los árboles no nos dejan ver el bosque. Argenta hijo fue afectado hace años por una regulación laboral, lamentable, como lamentable es el poco espacio que se le ha dedicado en ese medio de comunicación, al menos hasta ahora. El centenario de su padre creo que ha pasado casi desapercibido y mucha gente joven, incluso gente aficionada a la música, no sabe ni quién era. Y luego nos sorprendemos de los resultados escolares... Un estudio pisero sobre la cultura de los adultos, incluso de los que mandan en el mundo cultural, nos sorprendería mucho más.

viernes, 29 de noviembre de 2013

RUBALCABA ABUCHEADO. Y NO SERÁ EL ÚLTIMO.

Rubalcaba suspende una conferencia por los abucheos


No me gustan los abucheos que impiden charlas o conferencias, sea quién sea la víctima, inocente o no, de tales actos, bastante habituales. Tampoco quiero que se les ocurra mandar polis a reprimir a los manifestantes, claro, faltaría más. Pero me gustaría vivir en un país donde las protestas fuesen siempre silenciosas, pacíficas y las huelgas despiqueteadas. Que aquellos que quieren escuchar a los conferenciantes pudieran tener la libertad de hacerlo, también. Me gustaría que los protestones también escuchasen al abucheado, con sus pancartas en alto incluso y que al finalizar hiciesen al conferenciante preguntas agudas e inteligentes que lo dejasen en evidencia, en ridículo, apabullado ante la dialéctica punzante y bien razonada. Sin embargo esos comportamientos hacen gracia e incluso hay personas que lo consideran una actitud sana y juvenil, necesaria. Cuando sucede en una universidad aún me inquieta más. No es la primera vez ni será la última, incluso diría que los políticos ya cuentan con esa posibilidad de encontrarse con un griterío silenciador. No sé cómo se puede pensar que no dejar hablar a alguien, aunque sea alguien que nos merezca desprecio o contrario a nuestro modo de pensar, es una actitud democrática. No diré tolerante porqué eso de la tolerancia es también una especie de trampa y hay cosas intolerables. Al contrario de lo que pueda parecer, esos actos hacen crecer a la víctima, a esa persona que no ha podido discursear a su gusto y que suele irse con una actitud de orgullo ofendido muy comprensible. 

Alguien que lea esto puede pensar que me hago viejita y me vuelvo conservadora pero es algo que he creído desde joven, asistí a abucheos absolutamente injustos contra buena gente, hace años, en aquella movida transición de nuestra juventud. Negar la palabra a alguien que, además, no nos va a convencer con su discurso, me parece inquietante porque luego todo el mundo pide eso del diálogo que me parece que es, en realidad, una abstracción semántica.

sábado, 16 de noviembre de 2013

ESAS PESADAS CARGAS FAMILIARES...


Malo es no tener familia pero a veces entiendo que se justifique el celibato de los curas con eso de qué deben amar a todo el mundo y no tan sólo a los suyos. Sin embargo, aunque debe haber de todo, esa medida no les exime ni les ha eximido de mirar por los parientes. Si no hay hijos, legítimos o no, hay sobrinos, hijos de amigos, parientes lejanos. Tener un cura bonachón y conocido libró de la muerte a mucha gente en tiempos difíciles con aquello de los avales de postguerra, todas las circunstancias tienen su cara buena y su cara mala, claro. Una de las debilidades del pobre Jacint Verdaguer fue la familia, su hermana y sus sobrinos eran de cuidado, unos buitres, y además se dejó abducir por la otra, la que lo acogió aparentemente de buena fe y que también buscaba el provecho propio.

Me acaba de llegar por internet una información sobre el pariente bien situado de un líder d'Esquerra Republicana. Bueno, nada nuevo bajo el sol. Los hermanos bien colocados de líderes políticos de derecha, centro e izquierda han sido una plaga bíblica contra la cual parece que poco se puede hacer. Los escándalos, grandes, medianos y pequeños, que han implicado a maridos, esposas, hijos, sobrinos, nietos y cuñados han existido hoy, ayer y siempre. Incluso sobre Franco había quien opinaba, santa inocencia, que él no era malo del todo pero que su entorno familiar era de cuidado. No puedo ni imaginar lo que hubiese podido representar que doña Carmen Polo hubiese sido una señora simpática y carismática, populista como Evita. Es imaginar un imposible y hacer política ficción, claro.

Cuando llegó la monarquía, esa extraña y surrealista restauración que tan bien acogimos con gran ingenuidad, unos de los comentarios populares habituales era que se trataba de gente afable, muy distinta de los de Villaverde y el resto, con tantas ínfulas. Con el tiempo se ha demostrado que el talante no lo es todo y que no eran tan sencillitos como parecía, vaya. Y lo peor, el yerno advenedizo, que ha dado al traste con la poca credibilidad monárquica de los inocentes. En la política más cercana, la de los ayuntamientos grandes y pequeños, he visto a menudo como se recurría a enchufes. En una ocasión hace años, un señor socialista y sindicalista que era de mi club de cámping me contó, sin vergüenza ninguna, que cuando él dejase el ayuntamiento de su pueblo, a causa de la edad, entraría su hijo: para que pongan a otro...

En tiempos de escasez laboral el enchufismo familiar y amistoso funciona mucho más, claro. Casi un noventa por ciento de empleos se consiguen a través de conocidos y saludados. Se busca el padrino, si no se tiene. A través de los padrinos se consigue trabajo pero también cosas más temporales, como entradas para el teatro gratis, por ejemplo. Si escribes un libro, lo llegas a publicar -sin enchufe- y quieres que en algún periódico te lo comenten has de recurrir a conocidos o intentar conocer a quiénes tienen ya su sitio en el olimpo intelectual del momento. Bueno, es así. Nos hemos acostumbrado desde abajo a este estado de cosas, a esa amoralidad casi cultural, genética. En eso no hay mucha diferencia entre derechas o izquierdas, entre ricos y pobres, cada cual enchufa cuanto puede o se corrompe a su nivel y además los pobres nos justificamos con eso de qué los ricos lo hacen más, mejor y con más beneficio. Conozco maestras que, hartas de niños, se colocaron en algún sindicato dónde tenían el conocido durante una temporadita.

No anem bé. Siempre surge por algún lado el hermano corrupto, impresentable, o el negociete de la cuñada, redondo gracias al soporte del político colocado en un buen lugar. No se instala en los lugares clave a la gente que vale sino al conocido o al conocido del conocido. Funciona el tema, también, en el mundo académico. De la universidad y las capillitas existentes en algunas facultades podría contar un montón de anécdotas que he ido conociendo a lo largo de mi vida, a través de afectados pero también de favorecidos. De ahí viene en parte el demagógico rechazo populista a determinados exámenes y oposiciones, en el fondo un sistema más permeable, abierto y revisable que el dedo que señala al candidato. También se convocan concursos de méritos para plazas ya otorgados de antemano, de forma casi secreta, no fuese el caso que se les diera demasiada publicidad.

No estoy en contra de la ayuda a los hijos, a los hermanos, cuando se puede y cuando éstos lo merecen, todos somos humanos y no hay que llegar al otro extremo, también he conocido gente muy purista y dura en eso de no dar un empujoncito cuando se puede a quién lo necesita, porque es de la familia. Pero hay casos y casos y los políticos debieran ser muy serios en ese tipo de cosas o, al menos, lo suficientemente discretos como para que el enchufe no trascienda, cosa difícil en la actualidad. A veces te enteras, como por casualidad, que ese o aquel son sobrinos de alguien. La gente de la calle, la sencilla, incluso justifica el tema con comentarios como yo también lo haría si pudiese. Si claro, y una servidora, que para eso es madre, tía, esposa y abuela. Pero un sistema serio debe ser aquel que no permita hacer ese tipo de cosas o que, al menos, puede controlarlas con un mínimo de ética. Sin embargo, me temo que nada cambiará. Sólo querría que ese clientelismo mediterráneo, según dicen heredado de los romanos, mejorara un poquito. Estoy harta de recibir mensajes por las redes sociales sobre hermanísismos y cuñadísimos, la verdad. 

viernes, 25 de octubre de 2013

MANOLO ESCOBAR, MUCHO MÁS QUE MINIFALDAS Y CARROS PERDIDOS


Mi familia es catalana de muchas generaciones, no todo el mundo puede decir lo mismo en este país nuestro, pequeñito y peleón, peleón siempre de forma moderada desde que comemos caliente. Tuve una época, lógica y generacional, de redescubrimiento de la catalanidad, que coincidió con mi adolescencia y mi primera juventud. En esa época de admiración por lo progre autóctono recuerdo la vergüenza que me producía que mis padres, mi madre sobre todo, fuesen admiradores de personajes del flamenco popular y de la copla andaluza. Ahora no me extraña nada de eso porque sé un poquito más de historia y hace mucho tiempo, desde antes de la guerra, incluso desde antes de los inmigrantes murcianos, existió una tendencia hacia todo eso que se etiquetó de forma indiscriminada como folklore. Rusiñol se disfrazaba de andaluz, muchos pintores elitistas pintaban castizas y toreros y en el tiempo triste de la guerra la película más vista en los dos bandos, Catalunya incluída, fue Morena Clara, con aquella gran actriz, Imperio Argentina, que sí, filmó en Alemania con los nazis, cosa que recogió, de manera muy pedestre y absurda, un director de cine poco interesado en la realidad de las épocas grises.

Así pués, cuando mi madre cantaba cosas de Lola Flores, de Juanita Reina o, más adelante, de Manolo Escobar, yo la contemplaba con esa conmiseración de superioridad orgullosa frecuente en los años tiernos e ignorantes. Después, con el tiempo, supe de la historia ejemplar de la familia de Manuel García, una historia hispánica que serviría para una buena serie de televisión, siempre que contase con guionistas de calidad. Un montón de hermanos, un padre preocupado por la cultura, Andalucía pobre, Catalunya posibilista, un maestro republicano acogido en la casa a cambio de cultura, se estudia lo que se puede, se trabaja en mil cosas y se triunfa también en lo que se puede, en ese caso la música popular. Éxito, dinero, boda con alemana guapísima, hija adoptada, periodista inteligente, Badalona, Benidorm, Almería. Una geografía de lo hispánico real pobló la vida de un hombre a quién todo el mundo apreció y respetó al conocerlo. No son habituales las fidelidades matrimoniales en ese mundo artístico de copla y guitarra pero, contra todo pronóstico, el español y la alemana que se casaron sin entenderse hablando, duró siempre. Incluso su muerte ha sido plácida, feliz, con su gente, hoy tampoco es fácil morir bien. Coleccionista experto de arte, aficionado al dibujo, mucho más inteligente de lo que aparentaba, creo que para no parecer pedante. La fama no lo cambió, decía la gente de su barrio de Badalona, cuando él regresaba a sus calles y saludaba a unos y otros. Admitía que sus grandes éxitos musicales fueron, a menudo, sus peores canciones, pero la gente necesita divertirse, corear tonterías, olvidar los problemas y reir.

Me caía muy bien ese señor. En sus fotos de mayor, ya sin teñidos, tiene un aspecto venerable de profesor emérito. Tuvo tiempo de conocer a su nieta, yo que ahora tengo una nieta creo que incluso en eso tuvo suerte, los nietos son una nueva ilusión, una esperanza en el crepúsculo vital, aunque no se crea demasiado en un futuro justo y feliz para todo el mundo ni queramos saber qué les pasará cuando vean que la vida va en serio y nosotros ya criemos malvas. De todas las canciones que he escuchado, cantadas por él, me quedo con una magnífica versión de Los campanilleros y con esa del abuelo triste, animado por el nieto, el abuelo perdió a la abuela y ya no lleva al niño de paseo, todo ha cambiado. En su caso ha sido el abuelo el primero en pasar, como pasaremos todos, famosos y anónimos, pobres y ricos. Una vez lo vi por la calle, cerca de casa, actuaba en el Apolo, iba con su guapa esposa y más gente y ésta se paró a mirar el escaparate de una buena perfumería de mi barrio, él la llamo, con mucha ternura, vamos, cariño, que es tarde. Aquí, en Catalunya, se ha remarcado más que nada su barcelonismo futbolístico pero hay que decir que la señora alemana, que fumaba de joven y seguro que iba a los toros con minifalda sin ningún problema, es del Real Madrid, aspecto que se ha silenciado, como se silencian tantos aspectos cotidianos de la diversidad humana y cultural que no responden a esquemas canónicos. Descanse en paz. 

viernes, 4 de octubre de 2013

CURRO JIMÉNEZ, EL BANDOLERO DE LOS SETENTA Y NOSOTROS, LOS DE ENTONCES


Algunos días, de modo esporádico, he visto algunos capítulos de Curro Jiménez. En su época tampoco vi la serie entera, tenía a mi hija muy pequeña y me imagino que poco tiempo libre además de cierta prevención antitelevisiva progre. Lo poco que vi fue en blanco y negro, la primera televisión la compramos con motivo de la muerte de Franco y la serie se realizó entre los años 1976 y 1978. No valoré entonces aspectos que hoy, con más años y menos prejuicios, contemplo con admiración. La lástima es que entonces la vi sin color y ahora está descolorida, como tantas otras de la época. O quizás ese es también un punto a su favor, esa distancia temporal que producen los colores esvaidos del pasado.

Tenía yo entonces mis manías pedagógicas, me parecía violenta, el tópico del buen bandolero me producía cierto rechazo. Se vendieron juguetes relacionados con la serie, la pistola, la navaja. Un día vinieron unos amigos a casa, su hijo pequeño llevaba una bonita y pequeña pistola, la del protagonista. Me pareció aquello poco educativo, eran tiempos de etéreos métodos pacifistas y de rechazo a absolutamente casi todo. Eran años de mucha esperanza en la política, íbamos, como quien dice, amb el lliri a la mà, con la flor en la mano. 

Hoy, que me he vuelto más realista y escéptica, me encantan esas historias televisivas cuando las puedo ver. Están hechas con gran dignidad, los guiones eran, la mayoría, de Antonio Larreta. También están dirigidas por personas importantes del mundo del cine. Los actores principales encontraron ahí el papel de su vida, en especial Sancho Gracia, que entonces no me acababa de gustar, lo encontraba un poco chulo, cosas de la edad. Sin duda la serie lo marcó, después hizo papelones impresionantes y nos dejó demasiado pronto. Lo mismo Pepe Sancho y el resto. Algunos de los actores y actrices invitados fueron flor de un día, eso suele pasar con los secundarios de las series, por desgracia, no todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Algunas de las bellas damas que salían en los distintos capítulos muestran hoy una lamentable vejez, gracias a las operaciones de estética y al bótox indiscriminado.

Sancho Gracia montaba él mismo a caballo por aquellos hermosos paisajes que espero que no hayan cambiado demasiado. No son nada frecuentes las series de televisión con tantos exteriores, hoy la mayoría pasan en el comedor, en la salita, en la habitación del hospital o en la comisaría. La ambientación, mirada desde el presente, resulta impresionante por su realismo, un realismo ciertamente matizado pero resuelto con inteligencia. La serie se puede encontrar en DVD pero cuentan que no sigue el orden real, gran fallo. El personaje se inspiró en uno de real, el barquero de Cantillana,  que acabó vencido por la ley. A la serie le dieron un final más amable, los protagonistas pueden partir hacia América, tienen una nueva oportunidad. 

Los bandoleros fueron habituales durante años. Catalunya era conocida durante los siglos anteriores como tierra de bandoleros, cosa que recuerda don Quijote cuando se acerca a Barcelona y ve muchos ahorcados por las cercanías. Se ha querido buscar razones profundas, políticas y sociales, para explicar la vida de determinados bandoleros mitificados, pero nunca responden a la realidad, que desconocemos, sinó a nuestras creencias ideológicas del presente. También en la novela La Punyalada se alude al fenómeno en Catalunya,  ya más reciente que en la época del Quijote. En el estado español el bandolero típico ha sido el andaluz pero los hubo por todas partes. Todavía nuestros abuelos recordaban problemas de los carreteros al pasar por determinados lugares solitarios y peligrosos. Hubo durante siglos una gran ausencia de control, hasta que se fundó la Guardia Civil, por cierto. Se pide policía y luego se critica a la policía de forma absoluta porque así somos los humanos, por un lado incoherentes en nuestras demandas de seguridad al precio que sea y, por otro, proclives al abuso de poder en muchas ocasiones.

Las guerras internas del XIX propiciaron que muchos soldados a la fuerza se convirtiesen, por necesidad o afición, en ladrones de caminos. Curro Jiménez se mueve en el contexto de la guerra con los franceses, en eso se aleja de la historia real del barquero de Cantillana, que vivió después. Los franceses se convirtieron en ese enemigo común, diferente y fácil de identificar por la gente del pueblo. Más complejo es identificar el enemigo interior, claro. Sin embargo la serie es poco maniquea, bastante razonable, con episodios incluso humorísticos. Creo que había más imaginación y ganas de hacer cosas interesantes en aquellos años de mediados de los setenta aunque yo entonces mirase de reojo como cabalgaba Sancho Gracia por la España de antaño. Hoy no hay bandoleros justos y quizás no los había entonces, todo era mucho más sórdido de como nos lo presentan la literatura, el cine, la televisión. En la España de los setenta, en cambio, todo era más luminoso, más alegre, más esperanzador, al menos en nuestros corazones, entonces tan jóvenes, tan imprevisibles, tan críticos con todo.

A mediados de los noventa se quiso hacer una continuación pero todo había cambiado y no tuvo el éxito esperado. Cada cosa tiene su momento. Siempre será una de aquellas series de culto, como Verano azul, que miraremos desde la distancia, añorando aquel tiempo, aquellos actores y aquella persona que fuimos entonces incluso a pesar de qué los años nos hayan hecho algo mejores, más tolerantes, más condescendientes, más comprensivos con las debilidades humanas y con las ficciones románticas de una realidad poco amable. Y más viejos, claro.

martes, 24 de septiembre de 2013

DE LA INFANCIA Y SU FRAGILIDAD









Si existe una etapa frágil en nuestra vida esa es la infancia. Caemos donde caemos, por azar o genética, y nadie nos da a escoger ni familia, ni pueblo, ni barrio, ni país, ni lengua. Para todo dependemos de los adultos, queremos complacerlos y que nos amen y mimen, si es posible. Hace unos días, en mi blog en catalán, critiqué la manipulación de los niños por parte de las televisiones, con motivo de la Via Catalana. Poco después la caverna mediática criticó lo mismo, cosa que me provocó un gran repelús pues coincidir con según quién, aunque sea por casualidad, no gusta a nadie. Lo peor es que encontramos mal que alguien utilice niños y niñas en manifestaciones a favor de cosas en contra de nuestras propias creencias, por ejemplo las antiabortistas y todo eso, pero cuando la causa es la nuestra todo nos parece normal. Entiendo que, con toda la buena voluntad, los padres y madres quieran educar a sus hijos en sus principios, incluso que si no tienen donde dejarlos los lleven a esas movidas diversas a favor de lo que sea. Que luego vaya allí el locutor de turno y les pida opinión, ya me parece más inquietante. Los niños repiten como loros lo que escuchan en casa, en la escuela, en la calle. No nos engañemos, no los vamos a mentalizar ni a convertir en grandes luchadores por la justicia a base de llevarlos en procesión de la misma manera que a gran número de nosotros no nos convirtieron en católicos practicantes ni en franquistas incondicionales a fuerza de adoctrinamiento escolar. A veces más bien pasa lo contrario. Se produce un empacho y una reacción adolescente o juvenil en contra de aquello que nos impusieron, con todo el amor del mundo, no lo dudo.

Las únicas manifestaciones de niños que entiendo son las que se producen en países del tercer mundo por part de niños explotados laboralmente y que organizan ellos mismos. Esos niños son en realidad adultos precoces que si no se defienden por sí mismos no conseguirán nada. Esos son casos aparte, de mundos que queremos olvidar, donde sí existe realmente una desnutrición seria. TV3, ante los ataques de la caverna mediática ha querido justificarse sobre el uso de niños en sus reportajes, mala política es esa, se renuncia a la autocrítica, los otros dicen que es malo, pues debe ser bueno. Hoy no se puede opinar de según qué porque resulta que los fachas de verdad parece, solo parece, que opinan también así cuando les conviene. Porqué, claro, ellos también utilitzan niños y niñas en sus causas, sin ningún pudor y de forma abusiva. No sólo pasa en política, también en programas de estupideces y banalidades. Se habló mucho de restringir la publicidad dirigida a los niños pero nada de nada, los programas de dibujitos, aquí y allí, cuentan con esos anuncios de juguetes, de comida, de tonterías de toda clase, dirigidas a ese sector de población que no tienen más dinero que el de sus padres. Sólo Pippy Calzaslargas tenía dinero propio, dicen que la actriz que la interpretó ha hecho ahora películas subidas de tono. ¡Vaya con los niños rompedores!

La escuela también predica la neutralidad pero jamás ha sido neutral. El sector de los maestros ha estado durante años, después de la época oscura del franquismo, dominada por una progresía que se ha quedado en los laureles de otras épocas. Recuerdo que sacábamos también los niños a la calle cuando faltaba algún maestro, sin ningún tipo de manías. A veces, a menudo, la información sobre las necesidades escolares se hinchaba según la intención de los padres politizados de las AMPAS. Un día intenté explicar a un padre de esos que las cosas no eran como las estaba contando a la gente y me respondió que eso eran estrategias del capitalismo para hacerme ver lo que no era, algo así como aquello de doctores tiene la iglesia. En mis escuelas se trabajó la paz y se salió a la calle con motivo de la guerra del Golfo, siempre que hubiese americanos de por medio, claro. Con el tema de Yugoslavia, al final, como clamaba al cielo, también se hizo alguna cosa. El resto del mundo parece no existir, pedagógicamente hablando. Sin embargo, todo da lo mismo, la escuela tiene mucho menos peso del que se pretende que debería tener, sobre todo la primaria. 

Creo que el tema merecería un debate, eso de sacar niños a la calle y pedirles la opinión. He cambiado yo también pues llevé a mis hijos y a mis alumnos conmigo a manifestaciones diversas, hoy lo veo de otro modo. Quizás hace falta envejecer un poco para comprender que acabamos haciendo aquello que no queremos que nos hagan a nosotros, manipular. La libertad es una abstracción, un valor casi imposible de conseguir, creemos lo que nos cuentan aquellos que merecen nuestra credibilidad, al fin y al cabo, como en el tema religioso, nos movemos por fe. Con los años te das cuenta de que todos mentían, más o menos. Los unos y los otros. Al pasar de niño a adulto se suele actuar de dos maneras, o considerando los valores familiares como indiscutibles o pasándonos al otro lado por rebeldía y necesidad de autoafirmación. Al punto medio, aquel que le gustaba a Quintiliano, se llega con los años y no siempre ni todo el mundo.

martes, 27 de agosto de 2013

CUESTIÓN DE FE

Nunca en mi vida he 'amado' a ningún pueblo o colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés ni al americano, ni a la clase trabajadora ni a nada de este orden. En realidad yo solo 'amo' a mis amigos, y soy incapaz de cualquier otro amor. Pero es que además, este amor a los judíos, siendo como soy judía, a mí me resultaría sospechoso" (Hannah Arendt)

Vi que alguien había colgado esta conocida frase de Hannah Arendt en facebook y la compartí. Sin embargo, en muchas transcripciones, la frase se divulga sin la parte final cosa que hizo que un amable comentarista puntualizase sobre el hecho que Arendt no hacía referencia al pueblo judío, cosa que no es cierta pues el contexto del que se extrajo era, precisament, sobre ese tema. El mismo comentarista insistió en qué los pueblos y naciones son realidades nos guste o no. Bueno, todo es opinable. Los pueblos y las naciones, según mi modesta opinión, son construcciones culturales y políticas sujetas al azar de la historia, variables. Como todo, nacen, crecen -a veces-, y mueren. Tendrían algún sentido si al nacer te dieran a escoger libremente dónde quieres ir a parar, qué lengua quieres hablar y qué familia te parece mejor para tu educación sentimental. Como eso es imposible, la libertad para ser lo que te toca no es tal libertad, es casualidad.

Traspasar las culpas o las virtudes del nivel individual al colectivo no ha llevado a nada más que al desastre. Incluyo en este tema colectivos como el de las religiones, los curas, lo que sea. Así que se olvida a la persona y se la culpa del mal del colectivo o se le reconocen todas las virtudes del conjunto todo va mal, todo ha ido mal. Las personas, a nivel individual, suelen entenderse o, al menos, respetarse. Pero cuando las etiquetas entran en conflicto y hay que tomar partido, no anem bé. Tu vecino puede convertirse en tu enemigo, tu delator, tu asesino. De momento, por suerte, los patriotismos cercanos no nos exigen grandes sacrificios más allá de salir a la calle, enarbolar banderas, comprarte una camiseta, gritar un poco. Ya no hay que dar la vida por la patria, ni por la clase obrera, ni por la anarquía ni por Dios. Ahora parece eso una obviedad en nuestra sociedad pero hasta hace cuatro días se compartía esa exigencia sin discusión.

Vi ayer la película sobre los últimos años del pintor Renoir, no quiero entrar en consideraciones cinéfilas en este momento sinó en el contexto de la primera guerra mundial, presente en la película, en la cual se exacerbaron los nacionalismos europeos. Un hijo de Renoir quedo cojo, el otro, casi manco. Y tuvieron suerte. En la película se puede escuchar una de esas arengas patrióticas del momento. El anciano pintor se muestra ya absolutamente escéptico sobre el tema bélico, contempla desde la vejez el absurdo que tiene enviar a la juventud a la muerte por una patria etérea. Recuerdo una versión que hicieron hace años, por la televisión, sobre la novela Corazón, de Edmundo de Amicis, situada en el marco de exaltación patriótica de la unificación-uniformización italiana. La versión televisiva, muy buena, añadió un epílogo a la historia y aunque no me gusta que varien las narraciones originales en este caso me pareció el epílogo muy educativo. Un alumno, superviviente de la guerra, encuentra a su antiguo profesor y éste le confiesa que cuando impartía aquellas lecciones sobre la gran patria italiana, sin poder hacer otra cosa por razones obvias, intuía que estaba enviando a sus alumnos al matadero.

Los tiempos de crisis economicas son propicios a los dogmas patrióticos, religiosos, políticos. Parece que hay que creer en algo cuando bastaría con creer en la vida cercana y en nuestros pequeños mundos domésticos que parecen mediocres pero que nos permiten amar a los nuestros y también a los otros, si nos esforzamos un poco en ello. En este contexto, la frase de Hannah Arendt me parece muy significativa, todavía más en boca de alguien absolutamente afectado por esas etiquetas tan del gusto de muchos gobernantes. Que nos dejen ser judíos o lo que sea sin necesidad de militar en las filas de la lucha resistente por obligación moral no es tan fácil en estos tiempos, cuando eso de ser ciudadano del mundo parece casi de derechas. Y aunque los valores bélicos parecen en retroceso, la exaltación mítica con la cual se leen y cuenta episodios de, por ejemplo, la guerra civil, me resultan inquietantes. Revive de vez en cuando el culto a los mártires, horrible palabra. Hay cierta nostalgia latente sobre supuestas heroicidades que valdría más olvidar de forma definitiva.