viernes, 30 de julio de 2010

Del 'pan y toros' a la cocina mediterránea y los mundiales de fútbol


Nunca he ido a los toros y siempre he sido contraria a ellos pero hubiese preferido que las corridas muriesen por inanición y no como lo han hecho,  por decreto aunque se haya tratado de un decreto conseguido de forma democrática. En este caso hubiese preferido un referèndum, por ejemplo. El caso es que el tema ha levantado todo tipo de polvaredas, el momento político ya esta bastante caliente por lo que hace referencia a las relaciones entre Catalunya y el estado español y esa cuestión ha calentado más el horno. Algún canal de televisión y algún periódico razonable han explicado las cosas como han sido, pero da miedo sintonizar según qué emisoras visuales y sonoras de esas que lanzan anatemas apocalípticos sobre la ruptura de la unidad hispánica y la perversión catalana. 

Más allá de temas nacionales, que los hay, nos guste o no, hay que admitir que hemos cambiado con los años en la sensibilidad en el trato con los animales, e incluso con las personas, y que no acabamos de encontrar el equilibrio. Molesta el espectáculo, con su parafernalia tradicional, ligada de forma injusta a una España rancia. Matar animales en secreto, con fines alimenticios o incluso deportivos, como en el caso de la caza, nos parece normal, sin embargo. Lo mismo digo respecto a como criamos hoy gallinas, pollos y cerdos para producir excedentes alimenticios. Me angustia contemplar cómo los animales domésticos se convierten en juguetes, caprichos para nuestros niños, que hoy son pocos y mimados.

El tema de las corridas despierta grandes visceralidades y exageraciones por todas partes. Mi abuelo, muy catalán, iba bastante a los toros, como mucha gente de su época. También había una gran afición al boxeo en sus tiempos, otra actividad hoy mal vista. Hubo toreros catalanes y los hay todavía, aunque pocos. Sólo quedaba una plaza en activo en Catalunya que llenaba en contadas ocasiones. Cuesta poco acabar con algo que está acabado, los políticos han quedado, como decimos en català, bé amb poc gasto. Cuanto menos se mata, más malo parece, decía Gable muy sabiamente en su última película. Para decir cosas así de forma creíble hay que ser decadente, sabio y viejo, aunque hoy la palabra viejo parece un insulto.

No me gustan las prohibiciones que inciden en mi vida privada, lo he dicho en ocasiones con relación a temas como el del tabaco, contra el cual se han levantado estas últimas décadas cruzadas médicas a todo trapo. Nunca he sido fumadora por la sencilla razón de que no me gustó fumar, aunque lo probé de joven, sin éxito, cuando era una moda social progre y intentar moderar el consumo del tabaco en lugares cerrados hacía que te miraran como a una facha. Hoy hay una preocupación por la salud que se me antoja exagerada, egoísta, absurda. Parece que te mueres por tu culpa y no entiendo eso de que se ha reducido la mortalidad. Acaso se sabe de alguien inmortal? Se alarga la vida, pero también los geriátricos están llenos de longevos en lamentable estado, por mucho que la tele nos muestre siempre abuelas saludables haciendo gimnasia o bailando la conga.

Envejeces y sorprenden los cambios en las costumbres y en las tendencias, lo malo pasa a ser bueno y al revés. Me sorprende que se diese libertad de voto en ese tema y no en el del aborto, un tema a favor del cual estuve siempre y que ahora me gusta matizar, sobre todo cuando estamos con una natalidad a la baja, ya que creo que se ha frivolizado de forma excesiva.

Vivimos tiempos inquietantes, o eres catalanista o españolista y ser catalanista sin ser independentista del todo  puede provocar fricciones con amigos y conocidos. O eres socialista o del partido popular. En nuestro caso catalán, socialista o convergente. Debes definirte, tema que siempre me ha producido repelús porque soy muy tolerante, dudo bastante y me doy cuenta, con los años, de que todo es absolutamente relativo.

En general, la clase política nos mueve como títeres y, lo que es peor, nos gusta y lo aceptamos, incapaces de reacciones razonadas. La propaganda machacona acaba por crear dogmas, las repeticiones hacen una verdad, como escribió Huxley aunque, por suerte, como decía mi madre, en todas partes hay de todo.

Ilustro el tema con un tema de Ramon Casas, que pintó muchas escenas taurinas en una época muy distinta de la nuestra. La Generalitat compró hace poco este cuadro por la suma de 400.000 euros. No estoy en contra de tener el cuadro en el museo, muestra una realidad de la época y hay que situarlo en su contexto. Estoy en contra de los gastos excesivos cuando hay otras prioridades, la verdad.

domingo, 4 de julio de 2010

Divagaciones líricas

Diversos són els homes i diverses les parles,
i han convingut molts noms a un sol amor.


La vella i fràgil plata esdevé tarda
parada en la claror damunt els camps.
La terra, amb paranys de mil fines orelles,
ha captivat els ocells de les cançons de l’aire.


Sí, comprèn-la i fes-la teva, també,
des de les oliveres,
l’alta i senzilla veritat de la presa veu del vent:
«Diverses són les parles i diversos els homes,
i convindran molts noms a un sol amor.»


Salvador Espriu



Una frase famosa y repetida hasta la saciedad de Golpes Bajos, (deberíamos pagar un canon cada vez que la utilitzamos), dúo de vida breve pero intensa, afirmaba que eran malos tiempos para la lírica. Yo diría, en cambio, que son buenos tiempos para la lírica los nuestros, ya que la política, su ética y su estética nos están dando muchos disgustos. De un panorama excitante, el de la transición, en el cual todo parecía posible, hemos pasado a una época de mal rollo generalizado, corruptelas de todo tipo y desconfianza total hacia casi todo.

Procuro no tocar temas políticos ni religiosos en mis blogs, aunque a veces resulta inevitable opinar. Mis paseos por blogs cercanos o lejanos me hacen tropezar con proclamas encendidas de todo tipo y con afirmaciones diversas sobre historia, derechos, deberes y el resto, que no aguantan ningún análisis un poco serio. ¿A quién le importa la historia seria? A casi nadie, porque la historia sólo tiene interés cuando sirve para justificar y fundamentar nuestras creencias más viscerales y en el pasado siempre encontramos aquello que nos interesa, de la misma manera que una misma frase puede ilustrar convicciones divergentes, como aquel famoso venceréis pero no convenceréis de Unamuno, o aquella otra que hacía afirmar a un vecino demasiado curioso que nada humano le era ajeno. Las naciones no son nada más que convenciones abstractas y políticas, las lenguas nacionales (e incluso los mal llamados dialectos), cuando quieren representar algo más abstracto que la posibilidad de comunicarnos y entendernos, se vuelven un arma peligrosa. De las religiones, mejor no hablar.

La transición se pactó como se pudo, la gente joven no entiende cómo se hizo tan mal. Sin embargo durante algún tiempo nos pareció que se hacía bastante bien y mirando hacia atrás con ira o sin ella, el país o la suma de naciones donde nos movemos no podemos dejar de admitir que, pese a todo, hemos mejorado. Sin embargo el estado multinacional hispánico se convirtió en un rompecabezas extraño y poco cohesionado. La escuela, tan reivindicada, no recogió el reto de hacernos sentir a todos parte de una totalidad, el centralismo jacobino continuo disfrutando de buena salud y los fantasmas del pasado, aunque dormidos, no acabaron nunca de descansar en paz.

Leo por ahí escritos de ideología diversa en periódicos y blogs que no puedo tomarme en serio porque me pondría de mal humor. Sé que, posiblemente, con las personas concretas que los han escrito sería capaz de entenderme y que una cosa son las ideas encendida y la otra la vida cotidiana y las relaciones humanas. Mis padres sabía qué frágil era la paz y como se llegaba fácilmente al desastre, no sólo en un contexto nacional, sinó en contextos más familiares, el propio pueblo, el propio barrio. También sabían que una cosa es lo que se dice y la otra lo que se hace, la guerra y la postguerra mostraron la humanidad de los buenos y la perversión de los oportunistas y chaqueteros de forma descarnada. Aunque después, los libros de historia, ya se redactan según conviene al vencedor o al discurso de moda.

Por eso creo que es una buena época para la lírica, que mira hacia el interior de las personas y presciende, en cierta manera, de la épica patriótica del color que sea. Es en el mundo interior en el cual, todavía, podemos encontrar lo que nos une por encima de todo, el alma humana, en definitiva, universal y más o menos igual en todas partes.

martes, 15 de junio de 2010

Chéjov, un contemporáneo



En el año 2004 se celebró el centenario de la muerte de Chejov. Este año se celebra el 150 aniversario de su nacimiento. En relación con los grandes personajes quizá tenga más lógica celebrar su muerte que su nacimiento, es al morir cuando se puede hacer un balance de su obra. Lástima que, por razones obvias, el afectado no pueda hacer su propia valoración.

Pocas cosas se pueden decir de Chéjov que no se hayan dicho. Se trata de un autor que me parece absolutamente moderno, tanto en su narraciones, llenas de un extraño, resignado y terrible humor, como en ese teatro en el que parece no pasar nada o pasar poca cosa. Ver a Chéjov bien representado siempre vuelve a emocionar, sus personajes son grises, se mueven en un entorno mezquino del que no pueden escapar, pero en ese mismo entorno hay una enorme grandeza humana y una bondad sin límites.

En la entrada anterior mencioné que la relectura de Mc Cullers me había recordado a Chéjov. Dos sociedades tan distintats y sin embargo, ¡qué parecidas en tantos aspectos! Todas las sociedades humanas lo son. Por encima y por debajo de las particularidades culturales, económicas, históricas o geográficas hay un hilo invisible, sutil, que la buena literatura, el teatro o el cine saben encontrar cuando acceden a esa extraña magia que convierte un texto o una imagen en un clásico.

Chéjov es incluso moderno en su aspecto físico. Sus retratos nos lo muestran siempre atractivo, a veces distante, otras veces feliz. No me extraña que gustase a las mujeres. Fue también un hombre bueno, generosos, de vida difícil i infancia casi miserable. Demasiado modesto en la valoración de su propia obra, vivió con la inmensa sombra de Tolstoi muy cerca. Tolstoi era entonces el grande y es también un gran autor, pero si comparamos el aspecto de los dos hombres vemos a un decimonónico y a un contemporáneo, cosa que también se refleja en su literatura. Claro que Tolstoi era mucho mayor, aunque sobrevivió a  Chéjov algunos años.

Se casó, un poco tarde, sobre todo considerando que su vida fue corta, con Olga Knipper, una gran actriz que vivió hasta 1959 y que, según dicen, tuvo que pedirlo en matrimonio porque él no se decidía. Quiero pensar que esos últimos y breves años de matrimonio fueron felices, tan felices como podía permitir la enfermedad del escritor, aquella tuberculosis que tantos estragos hizo hasta hace algunas décadas y que las miserias y las guerras que azotaron Europa desde finales del XVIII hasta hace cuatro días contribuyeron a aventar, acabando con la flor y nata de la juventud de la época.

La verdad es que cada vez que lo releo me gusta más que la vez anterior. No sé si me pasa a mi o es una sensación generalizada. Sin embargo ese placer va acompañado  también de una profunda melancolía, de una pena extraña que me dura unos días, de la tristeza que nos produce lo inevitable: la sensació de qué la felicidad no depende de nuestra voluntad sinó que a menudo se escapa de nuestras manos como el agua, dejando sólo una agradable percepción de frescor y poca cosa más.

lunes, 24 de mayo de 2010

Carson Mc Cullers y las cocinas literarias universales


Hace poco, a causa de mi participación en un grupo de lectura, he leído Frankie y la boda, de Carson Mc Cullers, en una muy buena traducción al catalàn, que lleva por título Frankie Addams. Ninguno de esos dos títulos es el original, The Member of the Wedding, por cierto. Esta autora tuvo una vida singular, no demasiado larga. Su obra tampoco es excesiva, permite acercarse a su totalidad de forma cómoda y tranquila, y refleja un mundo extraño, muy personal y aparentemente cerrado, pero que, por esa magia de la buena literatura, trasciende la territorialidad para convertirse en universal. 

Durante mi juventud comenzó a ser conocida Carson Mc Cullers. Murió en 1967, cuando el mundo, al menos el nuestro, estaba cambiando deprisa, de forma acelerada. En aquellos años comenzó a publicarse novela moderna en catalán, a causa de una cierta apertura en el tratamiento de aquello que se llamaron lenguas vernáculas y gracias a las buenas iniciativas de intelectuales modernos y emprendedores relacionados con el mundo editorial y a mecenazgos añorados hoy. Recuerdo, aunque la memoria es traidora, una cubierta de El cor és un caçador solitari, editada en 1965, con el atractivo rostro de un hombre joven. La cubierta, el título, el nombre del autor o autora, me llamaron a engaño. Creí que debía tratarse de una novela sobre amores dramáticos escrita por un hombre. Era mucho más que eso y, además, escrita por una mujer.

Creo, por los comentarios que escuché en el grupo lector, que hoy Mc Cullers está, quizá, algo olvidada. Gente más joven que yo no la conocía demasiado. Incluso, como me pasó a mi hace años, pensaban, por el nombre literario, que se trataba de un hombre. Sin embargo, hubo unanimidad en la valoración de Frankie Addams, nos pareció un libro excelente, de los mejores que hemos leído durante el año, aunque se trate de una extraña historia donde aparentemente no pasa nada, algo irregular en su planteamiento, con un final acelerado y con muchos aspectos diluídos en una especie de niebla vital. Pero, ¡que vivos son sus pocos personajes principales!!! Sobre todo esa Berenice que oficia de iniciadora en la mesa de la cocina! Criada negra, sur de los Estados Unidos, todo muy localista, pero... qué universal! Me recordó otra criada, la del príncipe destronado de nuestro Delibes, cantando sangrientos romances sobre historias temibles. También nos recordó, el ambiente humano, algunos pasajes inolvidables del teatro o de las narraciones de Chejov.

Mc Cullers llevó una vida inquieta, atormentada, dolorosa. Por las circunstancias y por elección propia. Sus pocos libros, que reflejan una sociedad muy concreta, trascienden esa sociedad y nos evocan cosas muy cercanas, el bar de la esquina lleno de personajes marginados, la soledad de la gente, los sentimientos ocultos, la adolescencia nuestra y de nuestros hijos o nietos... Son, todas ellas, las cosas que convierten la buena literatura en un clásico. Sus obras se llevaron al cine o a la televisión, pero son poco conocidas en nuestro país esas versiones. Recuerdo, sobre todo, Reflejos en un ojo dorado, una historia inquietante, con Brando i Liz Taylor.

lunes, 10 de mayo de 2010

La fascinación de las viejas imágenes



Hubo un tiempo, no muy lejano, en el cual la representación de la realidad, relacionada con la pintura, era tan sólo accesible a los artistas y a las personas ricas, que podían pagarse un retrato. El fotógrafo fue, al principio, el pintor de cámara de la gente del pueblo y las fotos de nuestros antepasados, si las tenemos (tampoco retratarse estaba al alcance de todo el mundo) reflejan aquella dependencia de la pintura convencional, con sus falsos decorados y sus posturas estudiadas y serias. Después se fue valorando la espontaneidad, la naturalidad y actualmente fotografiamos de forma rápida y barata, nuestros hijos y nietos serán las generaciones más retratadas hasta ahora, de momento. También se puede filmar, todo ello muestra la vana pretensión de eternizar momentos felices, hoy a casi nadie se le ocurre retratar difuntos, como en otros tiempos, con excepción de los periodistas, claro, pero también sus muertos son espontáneos y no aquellos difuntos bien vestidos y bien colocados, de los que se quería conservar alguna imagen.

Un grupo de facebook, Fotografies antigues de Barcelona, está teniendo un gran éxito. Es curioso, existían otros grupos sobre ese tema, más antiguos, webs y blogs dedicados a fotografías antiguas de la ciudad, però por esas raras casualidades del boca-oreja éste ha crecido de forma exponencial. Sobre las fotos se generan comentarios diversos, lecciones de historia, opiniones políticas. Hay muchas cosas ocultas en esas viejas fotografías y, como pasa con la historia, cada cual puede interpretar la imagen según sus deseos, prejuicios o dogmas personales. Las fotografías y, hoy también, las películas, nos muestran realidades más exactas que nuestra memoria personal, tan frágil, pero tampoco son la realidad. El pasado emociona, inquieta. Al mirar una fotografía de los años treinta, por ejemplo, sabemos que aquellos jóvenes risueños, felices, que bailan sin temor, están a punto de vivir un gran desastre, quizá de morir de forma prematura. Desaparecen nuestros paisajes queridos y a menudo lamentamos no haber hecho una fotografía de aquella vieja casa, de la plaza remodelada, de la tienda cerrada para siempre, del teatro que ya no existe. En realidad, no importa. Todo pasa, nosotros mucho antes que nuestras fotografías, que serán recuerdos y poca cosa más.

He ha dado, motivada por el tema, por buscar poemas sobre fotografías y he encontrado, entre otros, éste de José María Valverde, gran escritor, crítico literario, ensayista, profesor, traductor, historiador de las ideas y hombre honesto, hoy quizá poco recordado.

A La Fotografía De Una Muchacha Desconocida


Tendrías quince años cuando quedaste inmóvil
aquí, en la cartulina de suavísima niebla.


Te vuelves a mirarnos -con unos ojos negros,
dulces, hondos y frescos como grutas-
desde el escorzo grácil de tu cuerpo.
Dime, ¿de dónde viene tu mirada?
Habla de cosas dulces y pequeñas,
de tu vida, tu casa,
tu piso, bosque umbroso de sueños y recuerdos,
-tú eres la cierva blanca en su espesura-,
el balcón donde ves pasar las nubes,
los viejos y borrosos retratos de la sala,
las butacas de verde terciopelo gastado,
el piano, negro, mudo, con ecos, -como un pozo-,
y el bullir y las voces, apagadas
y vagas, de la sombra en los rincones…
(¡Ay tus sueños de niña!
¡Cómo están en el fondo de tus ojos
muriendo dulcemente!
Estrenabas la vida;
aquel día morías y nacías.
Y aquí, en este retrato,
frente al blanco camino,
dejaste tu niñez en la mirada.)
Esa luz que ha quedado contigo prisionera
en tu clara laguna,
es la luz que conservan
las cosas de la abuela puestas en la vitrina.


Ya te habrás olvidado. ¡Qué muerta estás aquí!
¿Dónde estarás ahora?
…Días, calles, olvidos, amores y tristezas,
relojes, calendarios, trajes, cuerpos, ventanas,
tejas, lluvias, tarjetas, zapatos ya gastados,
tranvías, ruedas, nubes, sueños, tardes, mañanas,
inviernos y veranos, rosas secas, revistas,
muertos, libros, silencios, músicas, risas, llantos,
arroyos y caminos, montañas, bosques, mares,
y un montón de minutos iguales como arenas
me separan de ti.
Pero en mi orilla queda tu retrato olvidado.


…Tendrías quince años. Yo, entonces, estaría
paseando mis sueños de niño no sé dónde.
¿Dónde estarás ahora?
Oh muchacha lejana que quizá hubiera amado
de no ser por el tiempo, el tiempo… siempre el tiempo…


Publicada por primera vez en «Entregas de Poesía» n° 14, 1945


De “Hombre de Dios”

domingo, 25 de abril de 2010

Pasados frágiles

El funeral del señor Samaranch ha provocado un ejercicio generalizado de memoria histórica no deseada. Para nadie que tenga alguna edad ha sido ninguna sorpresa conocer su pasado falangista. Sin embargo me temo que podríamos encontrar muchas fotos parecidas de muchas personas. Samaranch ha sido uno de esos personajes quizá necesarios, hábiles, inteligentes, camaleónicos y con suerte, porque todo cuenta. Hace muchos años, en mi juventud, fue candidato a procurador en cortes, en aquellas inefables elecciones. Joan Oliver, 'Pere Quart', personaje incómodo, gran poeta, escribió un texto que se cantó bastante, aprovechando una música de Bob Dylan. Explicaba la historia de un joven progre y bien situado, catalanista y pequeño burgués. Una muestra:

Amb teatre a veure Capri i de cine, quan hi vaig,
servidor, per poc que paguin, prefereix les d'art i assaig.
En política som neutres, però no votem en blanc 
ella vota en Tarragona i jo voto en Samaranch...
(...) Però sóc catalanista, i a casa amb la mamà/ quan no hi ha visites parlo sempre en català...

Eduardo Tarragona fue otro personaje de la época muy interesante, famoso por un eslogan inefable: al pa, pa, i al vi, vi. Creo que no hace falta traducir los textos al castellano, son muy gráficos.

En el mundo real sobrevien con éxito los samaranchs y los fouchés. Son necesarios a todo el mundo y en muchas ocasiones de peligro o necesidad es más fácil pactar con los corruptos que con los dogmáticos, que acaban, como Robespierre, cortando cabezas a diestro y siniestro.  Es triste, pero es así. Las personas de buena voluntad y honradas aguantan poco en el poder, político, empresarial o intelectual. En Barcelona ha tenido que dimitir recientemente una concejal del ayuntamiento, Itziar González, que intento hacer algo ante la especulación del distrito de Ciutat Vella, sus mafias y sus corruptelas, y ha acabado perdiendo la salud y con la necesidad de llevar escolta ante las amenazas que recibía. Se ha hablado poco, muy poco del tema, si consideramos su gravedad. Vale más hablar de pasados etéreos reinventados, o de diseño y literatura experimental o cine, da menos dolores de cabeza. 

Envejecer -hoy nadie se hace viejo, los antiguos Casals d'avis se llaman hoy Espais de gent gran, y otras memeces por el estilo- da una perspectiva algo más lúcida sobre la historia, aunque hay quien no quiere ver nada, más allá del camino que marcan sus orejeras ideológicas. De joven se suele ser más dogmático y maniqueo, se cree en el poder omnímodo de la educación, de la medicina, y también en qué la verdad siempre flota, brillante y triunfadora. Pero no hay verdades absolutas, hay personas y las personas somos diversas, contradictorias, variables, crédulas, incoherentes, en ocasiones débiles y en otras ocasiones fuertes. A veces somos buenos o muy buenos y otras veces, no tanto. Cambiar de ideas y convicciones, siendo críticos con nosotros mismos, es humano. Conservar nuestros dogmas intentando que se solidifiquen de forma intocable, no me lo parece. 


domingo, 11 de abril de 2010

Devociones diversas: Barça-Madrid y una ciudad paralizada



He estado unos días en Sevilla, ciudad que no conocía. Para los que no hemos vivido desde niños el fervor popular que se manifiesta en tantos lugares durante la Semana Santa, la constatación de esa vivencia multitudinaria y emocional, que goza de muy buena salud, resulta algo extraña, pero también entrañable y emocionante.

Hace años, sobre todo durante la transición y después del Concilio Vaticano II, parecía que las procesiones y otros actos religiosos desaparecerían con el tiempo.En Catalunya, quizá más concretamente en Barcelona, se suprimieron algunas, entre las cuales una que se llamaba de la Buena Muerte, que nunca fue excesivamente popular y otra que había llegado a serlo mucho, la de la Torrassa, en L'Hospitalet, que celebraban muchos emigrantes de entonces.

Como ha pasado con otras cosas, se han recuperado en los últimos tiempos un gran número de tradiciones. Muchas de ellas nunca se habían debilitado. En lugares muy catalanes como Verges, Tortosa, Girona o Lleida, en un gran número de pueblos, las procesiones y representaciones teatrales que hacen referencia a la Pasión, han experimentado un auge inesperado. Han surgido incluso nuevas iniciativas. En estos temas se mezcla religión, emoción, amor a las tradiciones y también entusiasmo juvenil. Ya no buscamos, como antes, la coherencia moral con aquella exigencia dogmática de otros tiempos y el paso de los años ha difuminado el barniz excesivo del nacional catolicismo, ya lejano.

Mirar con cierta distancia las cosas produce estupefacción, no hay duda. Hay que tener un cierto grado de fe o curiosidad para valorar esos temas. Leía hace poco a Pérez Reverte, en un artículo algo polémico, lamentándose del hecho que una ciudad como Sevilla concentre casi toda su energía en cofrades y cofradías mientras la vida cultural, en otros ámbitos, está bajo mínimos. Esta bien que se escriban críticas a todo, así ha de ser, la polémica es saludable. Pero el mundo se mueve muchas veces de forma gregaria y emocional, lo saben bien los poderes públicos, lo saben los dictadores y los papas y los jefes de gobierno. Todo lo que concentra mucha gente y genera una liturgia, tiene éxito, conforma nuestro imaginario sentimental, nos hace pertenecer a un conjunto, cosa que da seguridad. En la vida nos movemos entre las ansias de ser diferentes y las de ser como todo el mundo y no encontrarnos solos.

Una religión laica de hoy es el futbol. Ayer, a las diez, pareció que el mundo se detenía. Yo soy poco futbolera, y, con todos los respetos para los creyentes, me miro el fenómeno fubolístico con la misma distancia con que me miro las procesiones, aunque a veces participe en todo ello, más o menos. El fútbol tiene héroes, santos, mártires, estampas, imágenes, templos, devotos... Exige sacrificios, no sólo a los jugadores, sinó a esas peñas incondicionales que son capaces de viajar de forma incómoda a tierras lejanas para ver un partido y volver el mismo día. Los jugadores triunfadores son llevados en procesión, expuestos al público. Cuando son derrotados, hay que protegerlos de las iras populares.

Hace años, durante la transición, se suponía que el fútbol canalizaba las aspiraciones democráticas. Se opinaba, en ámbitos juveniles mentalizados, que, con el cambio político, el tema iría de baja. El fúbol era opio del pueblo, como la religión. Más bien, sin embargo, ha sido al revés, el fútbol ha aumentado su poder de convocatoria, su glamour popular, de forma exponencial. Incluso, con el éxito, ha llegado un efecto perverso, su éxito parece limitado a dos potencias en juego. Los demás son secundarios. De tanto lujo como se quiera, pero secundarios.

El Barça, ya lo dicen, es más que un club. Integra personas muy distintas, hermanadas por la afición y mezcla nacionalismo y deporte de forma algo chusca, pero eficaz. En el ámbito futbolístico se admite con facilidad que se lleve a niños que prometen a una escuela unisex de élite, lejos de su familia, si eso sucediese en otros ámbitos nos parecería una barbaridad. Las bibliotecas son gratuitas, los museus hacen descuentos, pero en el fútbol se paga siempre. En el gran fútbol, claro. Los equipos locales a veces malviven con dificultad, por no hablar del deporte escolar. El fútbol profesional de élite mueve mucho dinero, mueve poderes e influencia, ningún político evita ser visto en su palco, durante un partido, al contrario. Los jugadores de éxito son un sueño para muchos niños, todavía más si provienen de medios humildes, como Messi. Su mérito ha sido tener un don para algo y haber conseguido que alguien se diese cuenta de ello. Después, claro, tambien está el mérito de haberlo sabido aprovechar, de ser serio y responsable, todo cuenta, aunque a los buenos futbolistas se les perdonan muchos pecados. En sus lugares de origen les homenajean y dedican calles y placas. No tiene ni punto de comparación su éxito con el de un buen historiador, que ha tenido que dar clases en un instituto conflictivo de barrio. Por ejemplo.

Durante más de treinta años trabajando de maestra he comprobado que los chicos juegan en el patio, casi exclusivamente, a fútbol. Si en algún tiempo lejano existieron otros juegos, han pasado a la historia o sòlo experimentan de forma muy breve alguna resurrección inesperada, como pasa con las canicas. Todavía más, cuando no hay pelota suelen generarse peleas. El fútbol, en eso estoy de acuerdo con Camus, educa, en el sentido que hay que cumplir normas y admitir arbitraje, canaliza la violencia visceral. Chicos rebeldes aceptan esas limitaciones, es una autoridad que todavía funciona. En estos últimos años he visto también algunas chicas incorporarse a los partidos de fútbol escolares. Me temo, sin embargo, que el fútbol coeducativo tardará mucho tiempo en prosperar. El chico que no juega bien a fútbol está, por lo general, algo marginado. Si, además, es un empollón, tiene todos los números para ser objecto de crueldades diversas.

Hoy habrá alegría generalizada en mi ciudad. Ganó el Barça! Ganar tanto es también inquietante, las derrotas inevitables un día u otro parecen, cuando llegan, una gran desgracia y generan frustración. En mi ciudad, incluso en mi barrio, hay también gente, poca, del Real Madrid. Ir contra corriente es difícil y admirable. Se supone que si eres catalán, incluso si sólo vives aquí, has de ser del Barça. Los del Español son una rareza, disidentes masoquistas, traidores a la patria, y ellos mismos fomentan esas admirables características de rebeldía outsider. Más allá del Barça i el Madrid, y de algunos secundarios de lujo, hay poca cosa, aunque la realidad es que en muchos pueblos los partidos locales generan más violencia que los grandes y profesionales.

Las devociones diversas, religiosas o laicas, despiertan siempre mi curiosidad y por más que intento mirarlas de forma lejana, acabó por ser abducida por el fervor popular. Visca el Barça, pues!

Hace años, cuando se intentaba recuperar el català para las nuevas canciones, Delfí Abella, un médico polifacético, hizo esta canción sobre el futbol. Aunque es en catalán, creo que se entiende bastante el sentido, en una época en la cual estaba muy mal visto ser progre y suspirar por el equipo propio, perdidos nuestros ideales entre las masas incultas. Ah, como cambia todo, como cambiamos todos, como hay cosas que no cambian nunca!!!