sábado, 5 de abril de 2008

Predicciones, plegarias y sequías


"Per la pluja, que ha de portar l'aigua que la nostra societat necessita: que Déu, provident i bo, ens la concedeixi com una benedicció que baixi del cel fins a nosaltres".

Aunque parezca mentira, a mi todavía me lo parece, el señor obispo ha recomendado rezar por la lluvia y los políticos, incluso los más izquierdosos y ateos no han hecho aspavientos. En una sociedad que tiende a la multiculturalidad quizá haría falta recurrir a otros grupos religiosos para sumar esfuerzos. Como se dice, que Dios haga más que nosotros.

Estas cosas son las que me hacen desconfiar del proceso evolutivo. Debería venir un José bíblico, me refiero a aquel que rehusó a la mujer de Putifar, el casto José de la copla, que interpretó el sueño del Faraón, aquello de las vacas flacas y las gordas, y aconsejó recoger y ahorrar para los malos tiempos. Que en un clima mediterráneo tan sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena –en este caso, cuando no truena- no hace ningú bien a la idiosincracia de la clase política de turno, sobre todo si ésta tiene aspiraciones de perennidad. Suerte que la memoria es fragil y voluble.

Claro que aquí nadie ha soñado nada ni ha tenido pesadillas interpretables, que propicien una lectura previsora, en referencia a las aguas imprescindibles, si no llueve, ya lloverá. Los profetas, hoy, no tienen éxito, porque vivimos al día y cada cual arrambla con lo que puede de los tiempos de vacas gordas, y a vivir que son dos días. Tampoco es una buena época para rechazar a las esposas de los Putifares de turno, y, además, la castidad no es un valor vigente. A causa de eso del rechazo a Madame de Putifar, el pobre José bíblico quedó siempre bajo sospecha de homosexualidad y en La Corte de Faraón hubo de sufrir una parodia cruel. Eso de Putifar es ya un nombre con muchas resonancias dudosas, claro.

No sé si no acabaremos remojando las reliquias. En épocas pasadas, algunas reliquias de santos, entre las cuales las de misanta preferida, Madrona, se llevaban en procesión al mar o a los ríos, cuando se solicitaba lluvia, y se remojaban un rato. Como la humedad perjudicaba su conservación y como las reliquias eran un bién muy apreciado, tal práctica, de forma prudente, se prohibió.

En todo cas, mucho ruido para nada o para casi nada, para quitarle el chocolate al loro y llorar un poco, lágrimas de cocodrilo, que siempre se pueden desalar. Si tan mal andamos, por qué no nos cortan el agua durante unas horas, por ejemlo? Quizá porque medidas de ese tipo restarían votos al personal? Hoy rezaré por la lluvia, sí, pero también para que se reconsideren medidas como esta tan inútil de los ochenta por hora, que me ha dado un disgusto este fin de semana, con una multa a mi esposo por imprudencia fotografiada que nos ha costado casi 100 doblones. Me dice que el cartero llevaba un montón, para repartir. Eso sí que son vacas gordas. Pues, mirad, ya tendrán para comprar agua a buen precio, con este dinerillo.


Como no hay mal que por bien no venga, buscando imágenes del José bíblico me he tropezado con un blog muy interesante que recomiendo:

Tradición Clásica, de Gabriel Laguna, un profesor cordobés.






4 comentarios:

celebrador dijo...

Pues no me suena que tenga reliquias ¿o sí?, pero mi santo preferido de largo es S. Isidro Labrador, según cuentan el gachóm se ponía a la sombra de una encina mientras los ángeles le sacaban adelante el curroo

¡Eso sí que es un ejemplo con los "argumentos" bien puestos!

Y no como la pobre de S. Agueda, a la que le tuvieron que cortar las teticas para hacer méritos al Paraíso postmortem y ultratúmbico

Júlia dijo...

Sí, Celebrador, Krahe ya tiene una canción loando este aspecto de san Isidro, ironizando sobre su patronazgo madrileño. A mi no me decían lo de la encina, me decían que era porque iba a misa...


Y Santa Lucía se sacó los ojos. Lo que había que hacer antiguamente para ir al cielo...

Ignacio dijo...

Yo creo que agua hay para todos pero que está mal repartida. No entre territorios, sino entre usos: La agricultura consume cerca del 80% del agua disponible y muchos regadíos son totalmente ineficaces. Habría que buscar fórmulas de compensación para poder distribuir el agua adecuadamente, castigando los abusos, bien sean agrarios, bien urbanísticos.

Júlia, gracias por tus nuevas traducciones, Ignacio

Júlia dijo...

Lo pero es eso, Ignacio, lo mal repartida que esta y los muchos intereses que se mueven alrededor del agua. El consumo doméstico, al fin y al cabo, es el chocolate del loro.

Pero la gran Barcelona, con tanto turismo y tanto hotel... nos hemos de beber el Ebro? Ya era yo muy joven y se hablaba de los límites al crecimiento, parece que es un discurso que se ha perdido del todo.