sábado, 12 de abril de 2008

De Charlton Heston a la angustia vital



Con motivo de la muerte de Charlton Heston se ha remarcado bastante su papel conservador, de defensor de las armas, cosa que para mucha gente, sobre todo joven, resulta condenable, pero que se debe valorar en el contexto social donde vivió, de la misma manera que la afición o no a las corridas de toros viene condicionada por la tradición personal. Pedro Heston fue también durante los sesenta un buen defensor de los derechos civiles y de Luther King, por cierto, y actuó de forma barata y generosa para directores con dificultades económicas, por amistad e interés cinéfilo. Asumió su enfermedad con coraje y cierto humor irónico, cosa que hoy se valora bastante, ya que la longevidad no evita llegar, en un momento u otro, más o menos lúcidos, al pie del precipicio funerario. En un mundo tan favorable a los escándalos, permaneció fiel a su esposa, a quien había conocido de joven, antes de ser famoso, hasta la muerte. Claro que eso, la fidelidad matrimonial, también puede ser interpretado como conservadurismo... Para mí, Heston representa toda una época del cine, ya que lo recuerdo desde sus primeras películas de cine de barrio, donde hacía de aventurero pre-Indiana Jones, a las representaciones de héroes míticos diversos y de personajes de gran carácter. Hay quien opina que era mal actor, afirmación que no comparto, ya que su puntual hieratismo se compensaba con creces en otras ocasiones, como en el afortunado cameo que realizó en el sorprendente Hamlet de Krannagh, donde robaba la escena de su actuación, con una gran brillantez, haciendo, precisamente, de actor.

En un mundo tan contradictorio, y, además, con posibilidades de saber que es contradictorio, ya no hay lugar para mitos monolíticos, intocables. Tenemos una perversa tendencia humana hacia el etiquetaje, cuando, en realidad, las personas nos encontramos llenas de matices y vamos cambiando a lo largo del tiempo, de forma evidente. El otro día escuchaba a Teresa Pàmies, hablando del libro que ha escrito dedicado a su marido, e conocido López Raimundo. Admitía que mucha gente lo mitificaba. !Y tanto! La trayectoria política del señor de la bondad en la cara tiene muchos claroscuros que se han obviado a menudo. Una persona puede ser una maravilla con la familia y un sádico en el trabajo, o al revés. Además, a lo largo de la vida somos, también, personas diferentes y manifestamos opiniones y posturas vitales muy distintas. Hay que ir con cuidado cuando te vas haciendo mayor, pues la gente se quedará con nuestras últimas imágenes, por cuestión de memoria, sobre todo. Una mala conducta ensombrece muchas cosas buenas y una actuación heroica oculta el pasado y, además, el pasado siempre se puede maquillar. Es aquello tan injusto del buen morir, que decía, creo, Petrarca, honra toda una vida, cuando una vida debería ser honorable o poco honorable en atención al conjunto global de la misma, para ser objetivos.


Incluso en el interior de las familias se intentan esconder las contradicciones y debilidades. No podemos ser objetivos con las personas que nos son queridas y resulta habitual pasar de la incondicionalidad al rechazo. Estas miserias humanas se evidencian en las separaciones y divorcios o al romper amistades antiguas que nos parecían incombustibles. Los supuestos héroes de nuestro tiempo, para responder al dogmatismo moral vigente, parece que piden historias sin fisuras. Joan Báez explicaba en una ocasión el disgusto que le supuso constatar que Luther King tenía muchos líos de faldas y era amante de las juergas. Eso no le quita valor simbólico y político, claro, pero, evidentemente, estas cosas, si se explican demasiado, extienden las dudas por encima de mitos y de iconos. En Catalunya, país pequeño, aún hay más temor de tocar nuestros mitos, y así, durante mucho tiempo, no supimos de forma explícita que Rafael de Casanovas se adaptó a las circunstancias y murió en su casa, después de haber posado para la estatua canónica. Además, en historia tendimos a juzgar según los valores del presente. Estoy tentada de hacer una reivindicación de gente, como, por ejemplo, Olivares, tan mal explicada, pero me reprimiré, que no quiero provocar mi lapidación bloguera.

Vivimos en la contradicción, todavía más desde que hay libertad de expresión y se pueden decir cosas que antes ni se mencionaban, como por ejemplo dudar saludablemente de los fundamentos de la tradición cristiana. A causa de la insistencia de mis hijos, he mirado este documental que se puede contemplar por internet, Zeitgeist The Movie, Final Edition, o una cosa así, en tres partes, que ha provocado mucha polémica. Polémica, diría, de cafetería, pues nada ha cambiado a causa del documental. Me parece que cae en lo mismo que denuncia, en el adoctrinamiento y las afirmaciones de una pieza. Cae en la trampa de las teorías conspiradoras y ese me parece un mal procedimiento. Cuando eres joven eres propenso a creer en poderes fácticos o en conspiraciones de color fascistoide. No dudo de la existencia de esos poderes, tampoco, en el mundo en que nos movemos, pero los que me quieren adoctrinar en sentido contrario de forma absoluta también me producen un gran temor. No hay verdades y muchas veces el resultado de la historia se debe más al azar y el caos, a la suerte y la casualidad, que no a un premeditada actuación política o a una manipulación titiritera superestructural de la humanidad.

Hace días leí en una entrevista en la contra vanguardera, espacio mítico del periodismo actual y que es de los pocos lugares de papel que genera diálogo, polémica y debate casero y vecinal. Una señora alemana, Eva Herman, portavoz de un movimiento europeo para refeminizar (sic) la mujer valoraba la maternidad por encima de los éxitos profesionales. La empresa, opinaba, no vendrá a cuidarte cuando envejezcas. Pero es que los hijos, puede que tampoco, pensé yo, y también se le podría objetar que en caso de abandono familiar, tener unos ahorrillos, ganados en alguna empresa ‘sin alma’ pueden favorecer la posibilidad de una residencia más digna. Algunos de sus razonamientos me parecieron inteligentes y serios, en el sentido de que hoy casi se obliga a las mujeres de clase media y culta, de forma sutil, pero insistente, en la escuela y en la familia, a competir en el mundo profesional, y tampoco pueden decidir si quieren escoger ser madres de jóvenes, antes de ‘hacer currículum’. Este tema surgió también en la charla de Masjuan que comentaba en otro post. Tener hijos a partir de los cuarenta porque antes ‘hay que hacer carrera’ es bastante surrealista, porque también se podría argumentar que es mejor tener hijos a los veinte años y empezar a ‘hacer carrera’ a los treinta, por ejemplo. La señora alemana no había tenido hijos y ahora, de mayor, se lamentaba del tema.

Unos días después leí, en el mismo espacio, una entrevista de signo totalmente contrario. Otra señora, Corinne Maier, es también la portavoz de un movimiento ‘anti-niños, women child-free, y entraba en el tema, para mi serio y profundo, de si resulta conveniente perpetuar o no la especie, incidía en el gran engaño biológico que obliga a tener hijos a las mujeres, y decía que perdías la libertad detrás de esa servidumbre, así como un montón de oportunidades. Eran, también, opiniones razonadas. Ella había tenido dos hijos, de joven, y ahora, de mayor, se lamentaba también de haber caído en la trampa maternal a causa de la carga biológica y mítica que arrastramos las señoras. Las dos mujeres parecían inteligentes, entusiastas, se habían significado con sus posturas y pensé que las dos podía, todavía, cambiar de opinión, pero que les resultaría muy difícil si se habían forjado un prestigio con su ‘capillita ideológica’, pues estamos en tiempos de especializaciones bastante surrealistas. A menudo, además, montamos dogmas absolutos a partir de nuestra experiencia personal, cosa peligrosa, porque entonces perdemos la perspectiva. En el fondo, quizá, lo que buscan estas señoras tan vehementes es ser portavoces de algún movimiento, sea el que sea... El hecho es que actualmente se puede expresar una opinión exagerada y su contraria, sin demasiados problemas.

Vivir en la duda, en el antidogmatismo, en la incertidumbre, no es agradable, pero parece que es la única vía razonable a considerar. Sobre las opciones vitales, son pocas. Cuando eliges un camino no puedes elegir el otro. La historia familiar, la genética, la herencia, la cultura, el contexto, la economía, el aspecto físico, los amigos... todo nos condiciona y transforma, para bien y para mal. Sólo se puede vivir en la incertidumbre y admitir que lo que se ha hecho, hecho está y que Dios nos libre de un ‘ya está hecho’. Hemos de adaptarnos, como los animalillos, al medio, cosa que creo que ya hacemos con cierto éxito, a pesar de los resbalones. La vida es demasiado corta para andar meditando en ‘lo que pudo haber sido y no fue’ o en lo que puede suceder mañana. Demasiado corta para pelearnos, también. Pero los errores se repiten y se repetirán, a nivel individual y colectivo, porque, precisamente, cuando los cometemos creemos que son aciertos y el infierno, ya nos lo dijeron, está empedrado de buenas intenciones. Era mucho más sólido pensar que el mal era obra de Pedro Botero, de las trampas que nos colocaba, y que el bien nos llegaba de los etéreos espacios celestiales y de las buenas divinidades, claro. No sé, la verdad, como he llegado hasta aquí partiendo del recuerdo de Heston, quien, a pesar de haber hecho de héroe bueno en muchas ocasiones, también asumió rols de moralidad dudosa y egoísmo evidente, pasando por el planeta de los monos y su impresionante final moral, el de la primera parte. Si los héroes y quienes hicieron de héroes desaparece es evidente que, con hijos o sin ellos, aquí no se salva nadie. Sic tránsit...


3 comentarios:

Ignacio dijo...

Me ha encantado y creo que comparto todos tus razonamientos. Hace tiempo reproduje un artículo de Elvira Lindo sobre el cambio de opinión que me había llamado la atención:

http://cerillasgaribaldi.blogspot.com/2008/01/no-suelo-hacer-caso-pero-algunas-veces.html

Enhorabuena por el Post, Ignacio

Ignacio dijo...

http://cerillasgaribaldi.blogspot.com/2008/01/
no-suelo-hacer-caso-pero-algunas-veces.html

Júlia dijo...

Gracias por la visita y el comentario, Ignacio, ahora me lo miro.