martes, 22 de abril de 2008

Sant Jordi a las puertas de casa


Hace años, en los tiempos del twist y la yenka, Sant Jordi era una fiesta que me gustaba mucho. Uno de los mejores santjordis fue uno de cuando iba a hacer estudios crepusculares a la Normal. Los profes nos dejaron ir a paseo, condescendientes y tolerantes, todo parecía una fiesta, en aquellas épocas pre-transicionales. Las calles estaban llenas, pero sin excesos, de gente. Por el centro de Barcelona siempre encontrabas conocidos o hacías nuevas amistades. De joven tienes muchos conocidos diversos por todas partes, de tu edad, y también resulta fácil entablar conversación y hacer amistad. Era la época de la gran novela hispanoamericana (desde La ciudad y los perros al resto). El premio Sant Jordi era sólido, pero también discutido y no siempre conseguía la misma salida. En 1969 había ganado Maria Aurèlia Capmany con la excelente Un lloc entre els morts, título no exento de polémica, porque parece que había quien pensaba que se trataba de un libro de historia. Las Nifades del 70 no tuvieron tanto éxito y, del autor, Sonntag, no he oído hablar más, quizá abandonó la vocación literaria a causa del ruido provocado después. Porque hubo marro, no sé si fue Vidal Alcover quien percibió que el libro era un plagio -o casi- de una novela pornográfica china. El número de escritores catalanes era pequeño, pero el mercado era limitado, cosas de casa. A pesar de la modesta dimensión, como podéis ver, los escándalos literarios ya ayudaban a vender y las miserias del sector eran habituales, también.

Ahora, si durante la fiesta me escapo un ratito hacia el centro, pronto regreso, ya que, sobre todo por la tarde, la inmensa cantidad de gente me llega a ahogar. Lo mismo pasa con el número de escritores vocacionales, consagrados, noveles, mediáticos y de todas clases que firman libros por todas partes, llegan a parecerme señoras de vida alegre esperando clientes, en algunos casos. Las rosas también se han vulgarizado mucho. En aquella época gloriosa recuerdo que un compañero de trabajo, de la oficina, nos las ofrecía a buen precio, del jardín de una tía, ahora no podría competir con el mercado vigente, tan globalizado, me parece. La tía quizá ya no tenga jardín, quizás ya no existe ni la tía, quién sabe.

Por el centro hay que ir con cuidado con el bolso, esos días de aglomeraciones es fácil que te roben. Cuando era jovencita, en casa, me avisaban que vigilase con los señores que querían sobarte en las aglomeraciones, especie erótica aún en vigencia, pero creo que más limitada. Incluso mi abuelito admitía que, de joven, con los amigos, uno de los entretenimientos de los días de fiesta colectiva era ir a tocar culs. Entonces el machismo no era condenable, más bien gozaba de buena salud. Ahora, a mí, más bien si se me acercan, será con finalidades de hurto profesional, me parece. Espero que no se les ocurra colocar altavoces de esos que te avisan que vigiles con los cacos y que no te preocupes, que unas cámaras te están grabando. Precisamente el sábado, en La Vanguardia, Gregorio Morán hablaba del uso y abuso de las medidas de seguridad en los aeropuertos y de como, en la práctica, tan sólo sirven para fomentar la pedagogía del miedo y la limitación de la libertad individual, una gran reflexión. A nivel más casero, en el metro, he pensado a menudo en este tema y en como, además, hemos de soportar voces de gente inexistente por todas partes, dándonos estúpidos consejos, a veces incluso en tres idiomas.

Yo viviré mi hora de gloria en la Plaza del Molino, (Molino por cierto en un estado lamentable, a pesar de todos los anuncios de reforma, remodelación y recuperación que se hicieron hace tiempo), de 6 a 7 de la tarde, firmando ejemplares de La descomposició de la llum o del libro que haga falta, por si algún conocido me viene a ver y tiene ganas de gastarse un dinerillo en un volumen poco mediático o de charlar un ratito, más allá de los afanes literarios espirituales. Copio la nota de la agenda vecinal, para que podáis ver con que autores compartiré el espacio, aunque a horas diferentes:
El proper dia 23, de 9 a 21hores, la plaça de "El Molino" acull les tradicionals paradetes de roses i llibres. Enguany quatre escriptors del barri tindran un espai per signar les seves obres: Marisa García Sánchez i la seva nova novel·la "El gran secreto de Paula" - de 12 a 14hores. Josep Fabra Llahí signarà la seva obra "Lurdes, la parròquia de la França Xica 1867-1991" - de 17 a 18hores. Júlia Costa Coderch portarà el seu llibre de poemes "La descomposició de la llum" - de 18 a 19hores. Teresa Roig Omedes oferirà la signatura de la novel·la "L'herència de Horst" - de 19 a 20hores. Al vespre acabarem de celebrar aquest dia tant especial amb el Concert de Sant Jordi, a la Parròquia de Santa Madrona. Hi actuarà la Coral Daina, una formació vocal que es va constituir al 1989 a l'escola Anna Ravell i que ara ens portarà una de les seves actuacions a partir de les 21hores. Us hi esperem!

Como veis, hay un error, pues mi libro no es de poemas. Teresa Roig Omedes es la más famosa del conjunto, ahora mismo, por lo menos ha salido en muchos periódicos con este libro que parece que escribió a partir de un encargo editorial y que trata de los nazis que vivieron en España durante la posguerra. Roig es una chica joven, de ese grupo que esta saliendo ahora, de escritores de la edad de mis hijos, con mucha marcha y pocas manías etéreas, dispuestos a comerse el mundo y el mercado editorial, como ha de ser. El premio sauquero de los Crims de Tinta lo ha ganado también un joven mozo de escuadra, Marc Pastor, con un libro que hermana novela policíaca con novela histórica, cosa que me hace pensar en que hay para largo, todavía, con esta moda de la novela histórica que ya ahoga un poco, la verdad. No sé si es una fijación que tengo pero leo alguna cosa sobre un tema aparentemente olvidado y al cabo de poco tiempo se habla del tema por todas partes y acaban haciendo una película o una novela. Me ha pasado con el Pedómano y ahora con la terrible Enriqueta Martí, que desarrolló su actividad delictiva, nunca aclarada del todo, no demasiado lejos de mi casa, en la calle Ponent, por cierto. Pasa con el teatro y el cine, también, cuando se redescubrieron las amistades peligrosas, además de las dos pelis tropezamos con teatro, con reediciones, cosas de las modas culturales, vaya. Me temo que los nazis instalados en el país van a volverse un clásico.

Hay quien todavía quiere ver en la literatura connotaciones subliminales de tipo trascendente, pero, como todo, es mercado, negocio, consumo. Y así ha de ser. Que, de vez en cuando, de entre el conjunto magmático surja un diamante intemporal, es un hecho que pertenece al campo de los hechos sin explicación, de los milagros imprevistos, vaya. ¿Y tú, por qué escribes?, me pregunto a mi misma. Pues, me respondo, quizá para distraerme, para olvidar durante un rato que la vida pasa y que nunca volverá otro día de Sant Jordi tan soleado, brillante, entusiasta y maravilloso como aquel de mi ingenua juventud, ay.

4 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Hola Júlia:

Me ha gustado tanto tu Post como me gusta el día de Sant Jordi, y eso que como nacido y residente en Madrid nunca lo he disfrutado.

Ahora nos estamos inventado La Noche de los Libros, que me parece una iniciativa formidable, pero tardará muchos muchos años en conseguir el abolengo de vuestro libro y rosa.

Afrontas con cierta resignación o prevención la masificación de la sociedad actual, en concreto la pléyade de nuevos escritores o la vorágine de la calle en plena celebración.

Yo lo valoro muy positivamente, creo que la juventud de hoy en día vive con gran intensidad en todos los aspectos de su vida.

Quizás tengan unos valores más superficiales, pero dan por normal o habitual muchas actitudes que eran muy progresistas para los que somos un poco mayores.

Un conocido hablaba de la masificación del bienestar para explicar el desarrollo de nuestra sociedad, yo prefiero hablar de la masificación de la libertad.

El problema es el relajamiento que se produce ante esta situación de comodidad, que frena la osadía a la hora de reclamar nuevos valores de progreso y tolerancia y, por tanto, un cierto estancamiento del desarrollo social de nuestros pueblos y ciudades.

La juventud se conforma con lo que tiene y no arriesga, y si no hay riesgo, no hay vida...

En fin, que me ha gustado tu entrada, que me alegro de tu libro, que supongo no podré disfrutar en castellano, y que te agradezco nuevamente tu esfuerzo en la traducción.

Te lee, Ignacio

Júlia dijo...

Gracias, Ignacio,

Creo que cuando te haces mayor siempre hay el factor nostálgico que nos hace ver las cosas algo peor de lo que son y lamentarnos por lo que se ha perdido, siempre engañoso.

Creo que en alguna ocasión se había celebrado 'un poco' Sant Jordi por Madrid, promovido por los catalanes residentes, en todo caso el día del libro puede ser universal pues precisamente se conmemora la muerte de Cervantes.

En el progresismo de nuestra juventud también había mucha frivolidad y superficialidad, es lo que genero ese 'progre' de pacotilla.

Siento no tener tiempo para ir traduciendo más, gracias por la visita. Madrid me encanta, sobre todo en otoño y primavera, a ver si más adelante puedo darme una vuelta por ahí, me lo he pasado muy bien por tu ciudad siempre que he podido ir.

Ya me gustaría tener éxito y que tradujesen mi libro al castellano y a lo que fuera, por ahora me he de conformar con pequeñas editorials y aún gracias.

Un amigo 'bloguero', Luis, de 'En el bosque', que había vivido en Barcelona lo compró en Madrid, por cierto, en una librería 'oficial' que creo tiene la Generalitat por ahí.

cerillasGaribaldi dijo...

La Generalitat tiene una librería o espacio cultural 'oficial' en la esquina enfrente del Círculo de Bellas Artes. Siempre que voy por allí me cuelo porque me gustan mucho las publicacines y obras que tienen.
Creo que allí descubrí un libro del Onliyú sobre el underground barcelonés de los 70.
En cualquier caso, me siento incapaz de leer tu libro porque no lo saborearía en su justa medida.

Júlia dijo...

Ya me gustaría que se hiciese tan famoso como para propiciar una edición traducida, Ignacio.