miércoles, 15 de abril de 2015

NOTICIAS DESCOMPENSADAS

Operación de rescate de inmigrantes ilegales por parte de la Guardia...

Hace pocos días el accidente de los Alpes nos conmovió y generó todo ese vuelo de buitre periodístico habitual, incluso los periodistas de culto, que se las dan de serios, mojaron pan en el tema mientras criticaban a otros que hacían lo mismo, aunque de forma más burda. Se mandaron corresponsales al lugar para que no nos dijeran nada nuevo, se publicaron biografías no autorizadas de las víctimas, hoy las redes sociales son una mina, hasta que las familias exigieron discreción y educación. Como sucede siempre, el tiempo pasa y todo se olvida, a nivel general, ya que los parientes y amigos de los muertos no lo olvidan nunca.  

En el mundo se suceden las tragedias, individuales o colectivas, siempre ha sido así y tan sólo debemos al azar el hecho de qué en nuestra corta vida no nos toquen de cerca y de forma cruel. Muchos periodistas responsables han advertido sobre la situación de Corea del Norte y han insistido en qué no se podrà decir que no se sabía qué pasaba allí. Una cosa es que se sepa y otra que se pueda hacer alguna cosa. Las protestas masivas nunca han podido parar una guerra si no estaba ya en marcha algún acuerdo político a alto nivel.

No entiendo que para librar a países de determinadas dictaduras se haya acabado por generar situaciones peores que las anteriores. En algunos casos tenemos información, breve, puntual, rápida e incompleta, Nigeria, Kenya, muertos, torturados, secuestrados. Incluso el cine de denuncia nos ofrece perlas como Timbuktú.  Y están todos esos ahogados, gente de todas las edades, niños y bebés, más de cuatrocientos nos han dicho hoy perdidos en el mar al querer escapar de horrores diversos y hambrunas persistentes. Que  se suman a tantos miles. Un problema para los países receptores, sin duda. Un   problema para todo ese mundo en el cual, a pesar de las crisis, comemos cada día y vivimos con una relativa seguridad.

De todos esos muertos no se cuenta la biografía, son una masa de la cual sabemos siempre poco. A veces ni tan sólo se sabe de dónde vienen.Tampoco sabemos qué les sucede después a los supervivientes. Hay un pozo sin fondo de información desestimada, pero a veces algún periodista valiente e independiente nos cuenta alguna cosa. La mayoría de veces ni tan sólo se nos dan explicaciones geográficas, políticas, nada. Determinada izquierda sólo saca la gente a la calle cuando por el medio están los Estados Unidos, viví eso cuando  trabajaba en la escuela, en el tiempo de lo del Golfo, dibujitos de palomas y cosas peores. Costó mucho que se protestase de lo de Bosnia. No se puede protestar de todo y tampoco no sirve para nada, te dicen. Pero cuando conviene a intereses partidistas, se saca la gente a la calle, de motivos hay siempre.

Incluso la foto que cuelgo, procedente de una noticia periodística sobre esos últimos ahogados, es mentira, no corresponde a esos hechos sino a un rescate anterior. Así van las cosas, total, qué mas da? Calcular el tiempo que se dedica al futbol -a una parte del futbol, claro- y a otras necedades, en comparación con el resto de información a menudo tan mal contada que aburre a la mayoría de gente, es escandaloso. Eso sí, de vez en cuando nos advierten de qué nos ofrecerán imágenes crudas, muertos no respetados, manchas de sangre, cosas así. Pocas veces nos explican qué, cómo y por qué. Así nos va. No podemos arreglar tantas desgracias pero quizás sí exigir que nos informen bien y a fondo y boicotear tonterías televisivas diversas. Pan y circo, como siempre. Quizás precisamos de un porcentaje de circo para sobrevivir pero tampoco tanto, la verdad. Los telediarios deberían replantearse de arriba a abajo, menos mirarnos el ombligo político y que fútbol, cine y el resto se emitan en programas especializados o en canales específicos. Nuestras crisis y penalidades comparadas con otras toman una dimensión muy distinta, todo es relativo y quizás vale la pena que se nos repita eso de vez en cuando.

miércoles, 11 de marzo de 2015

ACTORES, PELÍCULAS, ZOOLOGÍA Y VALORES MUTABLES



Los veinte años de la muerte del actor y cantante Ovidi Montllor han propiciado diversos homenajes que me han hecho meditar en eso que quiso Jardiel Poncela que escribiesen en su tumba, que si quieres alabanzas te tienes que morir. 
Ovidi Montllor fue un artista inclasificable, en la canción pareció durante años un secundario de lujo hasta que adquirió vida propia. Cuando la mediocridad cultural oficial dejó de lado la Nova Cançó también eso que llamamos pueblo prefirió cantar habaneras y bailar la conga en la fiesta mayor antes que escuchar cantantes comprometidos no mayoritarios. 

Ovidi Montllor, que era un gran actor, encontró entonces algunas oportunidades en el cine español. Se dio a conocer sobretodo con esa terrible historia que es Furtivos, con la cual también y ya era hora se reconoció el valor de la gran Lola Gaos. 

Por desgracia la película ha sufrido condenas diversas derivadas del hecho de incluir la muerte de un perro que representa un lobo. Nuestra relación con los animales se encuentra hoy en un momento polémico y raro. Nos los comemos, en general, y los asesinamos en masa en los mataderos, pero el espectáculo relacionado con animales, aunque no comporte muerte ni maltrato directo, como ha sido el caso de los circos o incluso de los zoológicos, está muy mal considerado. Estos problemas no sólo afectaron a Furtivos sino a espectáculos teatrales como algunos del grupo Tavora. Admito que nuestra sensibilidad va cambiando, a veces mejora pero los problemas éticos nos sumen en contradicciones diversas. 

Cada cosa debería situarse en su momento y en su contexto. Me preguntaba a menudo porque no se recuperaba más a menudo Furtivos y creo que esa incomodidad ante la muerte del lobo es parte del olvido en el que cayó esta película que tantos premios tuvo en su momento. Montllor consiguió nuevos papeles interesantes, pero pocos de protagonista, por desgracia. En todo caso, ninguno tuvo el peso del de ese cazador dominado por una madre terrible y situado en aquel ambiente oscuro de la España rural y profunda.

Montllor incluso fue objeto de chanzas, se ironizaba sobre la visión habitual de su trasero en cintas algo subidas de tono y con ciertas pretensiones. Catalunya lo marginó bastante durante mucho tiempo, sobretodo en aquellos mediocres años ochenta, decepcionantes y en los cuales tantas cosas se perdieron, cosas que no hemos vuelto a recuperar nunca más. 

Montllor era un cantante-actor o un actor-cantante de un gran nivel, absolutamente comparable a Brel y a otros de extranjeros con mejor suerte. Cuando enfermó le llovieron homenajes y también ha tenido algunos de póstumos pero creo que siempre se le trata de forma parcial y oportunista. Estoy leyendo las impagables memorias de Fernando Fernán Gómez en las cuáles reflexiona sobre los actores de aquí y de allá y sobre el hecho de qué aquí nunca eres famoso del todo, aunque hayas tenido premios y admiradores por algún trabajo y que, en todo caso, pocas veces se tiene la economía asegurada.

Cómo es sabido el director de Furtivos fue José Luis Borau, al cual se conoce casi tan sólo por esta película cuando realizó otras muchas de interesantes, fue un personaje polifacético, también, a mi entender, valorado de forma parcial y reduccionista. Precisament ocupó, por poco tiempo pues murió en 2012, la silla vacante de Fernán Gómez en la Real Academia. 

Muchos de los grandes actores que vimos en Furtivos, incluido su director, que también intervenía como actor, han desaparecido, con la excepción de Alicia Sánchez, una actriz inmensa y me temo que no tan reconocida como debería a pesar de su gran categoría como actriz, directora y profesora. Montllor murió de forma prematura, con poco más de cincuenta años. Muchos de los que lo olvidaron durante años se ponen hoy medallas hablando de su trayectoria y valor artístico. Así es el mundo. 

Esto no es Francia, ni en lo bueno ni en lo malo. Pues he de reconocer que en el país vecino, en el campo cultural, se suma mucho más que se resta. Hablo de España pero también de Catalunya, TV3 que nació en los ochenta dejó de lado un montón de gente y de iniciativas culturales y políticas de los años efervescentes de la transición y el tardofranquismo. Montllor se quejaba en una ocasión de qué el equipo del canal había ido a hacer un reportaje sobre la filmación de Fuego eterno y que ni a él ni a la gran Montserrat Salvador, únicos catalanes del equipo y que actuaban en papeles secundarios, no les habían dado ni los buenos días.

Sobre los animales, ¿Es peor comerse un cerdo que un perro? ¿Si a los animales les tratamos de forma humana qué haremos con los carnívoros que se comen a los herbívoros?  Eso en estado natural, claro. En estado doméstico y esclavizado, aunque sea en una cárcel de oro, los animales de compañía consumen hoy productos de supermercado. Yuval Noah Harari incluye en su interesante historia de la humanidad diferentes apartados sobre el tema de nuestra relación con los animales desde que el hombre pasó de cazador y recolector a agricultor sedentario y todo empezó a estropearse y a religionizarse.¿Podemos matar a los animales que nos perjudican cómo ratas o mosquitos pero no a otros a los cuales hemos humanizado a nuestra manera, castraciones incluidas? ¿No es eso racismo zoológico? 

Por más que intentemos mostrar respeto por esos parientes nuestros, tan diversos y complicados, caemos en el paternalismo y opinamos sobre sus derechos y deberes desde un punto de vista absolutamente condicionado a nuestro orgullo humano y a nuestras manías personales. Cuanto menos se mata, más malo parece, decía Clark Gable a Marilyn Monroe en aquella película admirable y crepuscular, The Misfits, respecto a los caballos salvajes que había cazado durante años para, ay, elaborar productos cárnicos para perros.


viernes, 27 de febrero de 2015

LA CLASE DE RELIGIÓN


Cuando yo era pequeña  la educación religiosa era obligatoria. A pesar de su supuesto peso específico formaba parte de las inefables tres Marías, con la gimnasia y la música. Aunque nos dieron la lata con todo aquello a la mayoría nos marcó de forma muy relativa, hoy me considero agnóstica, casi atea, por considerarme alguna cosa. 

No acabo de entender tanta polémica con esos rancios contenidos en una materia que hoy es optativa. Con no apuntar al niño a la materia, ya está el problema resuelto. La batalla de la escuela laica está perdida desde hace años, nunca no se consiguió que esos contenidos quedasen fuera de la enseñanza obligatoria, en el ámbito de lo privado, cedidos a parroquias o centros diversos expertos en el tema.

Según mi experiencia, limitada y subjetiva, en muchas escuelas en las cuales trabajé se ofertaba la religión por imperativo legal. Los profesores y profesoras de religión, al menos en primaria, acostumbraban a dar unas enseñanzas bastante sutiles, una especie de religión que no lo pareciese demasiado. Vinieron alumnos de otras religiones y la cosa se complicó, claro. 

Tal parece que esos nuevos contenidos sean obligatorios para todo el mundo. Que una materia sea evaluable no me parece mal, si es que se da en la escuela. Que me gusten o no esos nuevos contenidos es cosa mía y yo no soy quién para opinar, las religiones son así, doctrinarias, dogmáticas. Las monoteístas, más. No entiendo tanto alboroto.

La última profesora de religión que conocí, con la cual todavía tengo una buena amistad, siempre se tenía que escuchar en el cole comentarios poco amables de compañeros progres, contra ti no tenemos nada pero estamos contra la religión en la escuela. Bueno, pues no era a ella a quién incumbía el tema, eran los sindicatos educativos los que debieron insistir en la necesidad de dar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

Incluso muchas escuelas concertadas religiosas y modernas han dejado la religión en el ámbito de lo optativo, en estos últimos años. Vivir para ver. Claro que también pesa la necesidad de llenar aulas y tener una buena matrícula. Creo que tanta polémica sobre esos contenidos que, al fin y al cabo, nadie necesita aprender si no quiere o si no quieren sus papis, ha servido de cortina de humo para tantas cosas más graves como nos rodean en estos últimos tiempos.

Me sorprende que tanto periodista agnóstico opine sobre si se debe o no rezar, la verdad. Pero como hoy todos los tertulianos opinan de todo y más, nada sorprende. Antes se decía de un niño muy ignorante que no sabía ni el padrenuestro. Hoy, saber el padrenuestro parece malísimo. 

Un tema recurrente es decir que si no se tiene cultura religiosa no se entiende la historia, el arte. Creo que para entender un montón de cosas hay que tener una cierta madurez y que si se tiene una cierta madurez se puede encontrar la información que nos falta, con tantos recursos como tenemos en el presente. Recuerdo que cuando estudiaba Bachillerato nocturno una muy buena profesora de latín nos pasó unos apuntes fotocopiados sobre los dioses clásicos, precisamente porque no teníamos ni idea de ellos. Nada sabíamos de otras religiones más que cuatro tópicos y los que hemos querido nos hemos informado. Una maestra de buen corazón pero muy jovencita y adoctrinada nos contó una vez barbaridades de los masones pero pronto supe que aquello era leyenda negra.

La escuela y sus contenidos es un campo absolutamente manipulable. Los poderes lo saben y se aprovechan aunque me temo que sobrevaloran su influencia. Si tuviese tanto peso la enseñanza obligatoria todos los mayores seríamos hoy franquistas y católicos convencidos y ya se ve que no es así, aunque haberlos haylos pero no sé si por culpa de la enseñanza obligatoria, la verdad.  Me temo que cuanto más se quiere adoctrinar peores resultados se generan y más rebeldes surgen por todas partes. En todo caso si los contenidos no parecen bien a las familias católicas que quieren que sus hijos e hijas cursen religión en la escuela el problema es de esas mismas familias que quizás no han entendido que la escuela, al menos la primaria, debería limitarse a enseñar a leer, escribir y contar, que ya es mucho si se hace bien. Siempre se es una víctima de quiénes mandan e imponen pero cuando eres un crío, más víctima todavía, incluso de los tuyos, quiénes con buena fe, como canta Serrat, te cargan con sus dioses, con su idioma, con su patria, con sus banderas, con sus manifestaciones, con sus ideologías y con sus manías persecutorias. Y es que al nacer ni te dejan escoger padres ni patria ni lengua ni nada de nada. Pero después, ay, pareces un traidor si no comulgas con ruedas de molino y no repites aquello de qué quién pierde los orígenes pierde nosequé identidad que te ha tocado por pura casualidad.

viernes, 30 de enero de 2015

REFLEXIONES SENTIMENTALES SOBRE EL TEATRO Y OTRAS COSAS


Cuando yo era pequeña a veces en casa comentaban la muerte de alguien popular, en aquella época toda la información nos llegaba por la radio o por la prensa. A mi, la mayoría de aquellos nombres me decían poca cosa, la gente mayor de nuestra infancia parecía que siempre había sido mayor. Ahora resulta que está desfilando ya hacia el misterio de la nada toda una generación que me ha acompañado toda la vida, esa que tenía diez, quince o veinte años más que yo. Y no me refiero tanto a parientes, amigos, conocidos del entorno de nuestra vida cotidiana sino personajes populares que eran jóvenes, hermosos y admirados cuando éramos niños, que no nos conocieron aunque nosotros los hayamos conocido y reconocido y que forman parte de nuestro imaginario sentimental.

En mi infancia escuché muchos lamentos a causa de la supuesta muerte del teatro. Un gran número de teatros se habían reconvertido en cines, el cine sonoro y popular acabó con un paisaje antiguo, el del teatro como único lugar de ocio. En eso del teatro se pueden incluir muchas cosas, desde salas de categoría hasta ínfimos locales baratos y, también, sociedades donde los aficionados actuaban en cada día festivo. Zarzuela, comedia, drama, opereta, revista, mimo. 

Hubo de todo, bueno y malo. Y grandes actores y actrices y autores que merecieron monumentos, nombres de calles. Hace unos días, en mi otro blog en catalán, recordé a Teodoro Bonaplata, tiene una calle dedicada en mi barrio. En el teatro Victoria del Paralelo se ha repuesto la versión catalana y musical de Mar i Cel pero Bonaplata fue su primer protagonista, un inmenso Said,  y su buen hacer se comparó al de otros grandes actores franceses, italianos. Muchos de aquellos actores y actrices después de trabajar mucho se vieron casi en la miseria, en aquella época todo era más difícil. A menudo habían hecho largos viajes en barco, para ir a actuar a la América hispana, algunos incluso murieron en naufragios, como el gran Robreño, que falleció de sed en un islote olvidado.

Llegó la televisión y el teatro pareció revitalizarse. Los actores de la televisión se convirtieron en muy populares, eran buenos, muy buenos, un gran reclamo para las carteleras. Y se volvieron a reconvertir en cines algunos teatros y se abrieron incluso de nuevos, como el Moratín, en Barcelona, dónde vi a Amparo Baro, Terele Pávez y Carlos Ballesteros en una obra que ha envejecido mal, La casa de las Chivas, de Jaime Salom. En aquel momento impactó, se consideró una obra subida de tono y tocó un tema tabú, la guerra civil, aunque sin que se pusiera en duda quiénes eran los buenos y envuelta en un tono de redención santificada muy del gusto de la época.  También se hizo en cine aunque ya no tuvo el mismo empuje que en el teatro. La televisión nos ofrecía muy buen teatro, también en catalán, en unas incipientes emisiones en aquello que se llamó lengua vernácula ya que estábamos todavía en tiempos de eufemismos oportunistas y posibilistas.

Aquella tele también pasó a la historia. Olvidamos a algunos actores que siguieron trabajando en lo que podían. Las series americanas llenaron nuestras pantallitas de nuevos sueños y de nuevos héroes. De pronto volvieron nuevas series de televisión españolas, catalanas, el género se había casi olvidado pero se renovó y los viejos actores tuvieron nuevas oportunidades. Lo mismo pasó en otros países. Muchos actores del cine se adaptaron a la televisión y a lo que fuese. 

Amparo Baró tuvo suerte y volvió a ser un rostro popular, su apariencia apenas había cambiado, tampoco su voz. Volvimos a ver a Gema Cuervo, a Emma Penella. Incluso Tony Leblanc resucitó e incluso mejoró de salud gracias a la ilusión de volver a trabajar en lo suyo. Estas circunstancias han hecho que al desaparecer algunos de ellos no fuesen ya unos grandes olvidados y que la gente joven los conociese. No todos los de antes han tenido la misma suerte. Todos los trabajos tienen sus condicionantes pero me temo que el de actor o actriz tiene un componente añadido, el glamour, la fama efímera, nada es justo y no siempre triunfan los mejores. En todo cuenta la oportunidad, la casualidad, el azar. Fernando Fernán Gómez decía en una ocasión que los actores tenían, todos, vocación de triunfadores y que eso causaba mucha frustración. Pero eso mismo se podría decir de los escritores, de los pintores, de los cantantes, de los cocineros o los peluqueros. 

Todo pasa muy deprisa. Hoy el teatro también juega con la fama de las personas que salen en las series de televisión, hay muchos buenos actores jóvenes, ya no podemos ver buen teatro por la tele y las  series convencionales a veces se alargan demasiado aunque también eso creo que está cambiando. Todo cambia, se renueva, vuelve, resucita, nada vuelve a ser igual pero todo puede ser parecido, como pasa con las modas en el vestir. 

Ahora hay quién llora por los cines cerrados, esos cines que tan criticados fueron en mi infancia pues siempre parece que en el pasado había más calidad, cuando la verdad es que había de todo aunque a menudo sólo recordemos lo bueno. Con la desaparición de esos personajes se va también un poquito de nuestra propia vida, de nuestra historia íntima y sentimental, morimos a cachitos, sin darnos cuenta, a través de la muerte de los demás, por eso dicen que la gente longeva, que llega a ser centenaria, se siente muy sola y fuera de lugar, a pesar de la suerte, relativa, de haber vivido tanto.



viernes, 23 de enero de 2015

EL BAILE DE LOS RECUERDOS, ALBERTO CASTILLO Y EL CINE DE BARRIO


Ayer, en mi blog en catalán, mencionaba una película argentina, poco recordada, basada en la novela La bestia humana, de Zola. Cuando yo era pequeña se iba de forma regular a los cines de barrio y la oferta era muy variada, llegaba cine mejicano y también argentino con cierta regularidad. No sé el motivo pero a veces te quedan grabadas escenas concretas que un día cualquiera parecen salir de forma misteriosa de tu archivo mental secreto. 

Gracias a internet he comprobado que uno de esos extraños recuerdos fuera de contexto pertenecía a una escena, creo que la final, de Ritmo, amor y picardía. A mi madre creo que le gustó bastante esa película y a veces, en aquel entonces, entonaba la canción de esa escena final.
Hace ya también algunos años un día mi hija me escuchó entonar eso de siga el baile, siga el baile, y se quedó sorprendida pues sabía que yo no había visto la película, entonces en cartel, Luna de Avellaneda, donde la tocaban y le dije que recordaba la canción de alguna película antigua. 
Es una suerte que gracias a internet podamos recuperar historias olvidadas y personajes que fueron tan sólo una lucecita en nuestro pasado. El protagonista de la película que he mencionado era Alberto Castillo, argentino. Castillo se llamaba en realidad Alberto Savador de Luca, era hijo de emigrantes italianos. Estudió medicina, era ginecólogo, pero se dedicó a su vocación artística toda su vida. Se dice incluso que estudió la carrera para que le permitieran casarse con su chica, ya que al futuro suegro no le hacía gracia eso de la música ligera. Eso sí que es amor.
Castillo fue toda una figura en Argentina durante décadas, interpretó muchos tipos de música e hizo unas cuantas películas. Como médico actuó en una ocasión de forma fortuita para ayudar a unos futbolistas que tenían una insolación. En Luna de Avellaneda se adapta la anécdota y Castillo, interpretado en la película por el cantante uruguayo Jaime Roos, ayuda en un parto urgente e imprevisto que se presenta mientras canta, por cierto, eso de siga el baile.
Alberto Castillo murió en el año 2002, a los ochenta y siete años. Aunque se retiro bastantes años antes, de vez en cuando participaba en actuaciones con conjuntos diversos, como invitado. Por aquí me temo que es poco conocido y también me temo que pocas de sus otras películas llegaron hasta nuestros cines. Ritmo, amor y picardía tuvo bastante éxito, parece que era divertida y brillante. 
Se han hecho muchas versiones de ese alegre tema, que me encanta. Me evoca una infancia perdida y luminosa, a pesar de todo, en la cual el cine fue muy importante y durante la cual también leíamos a menudo revistas argentinas, que se cambiaban lo mismo que las novelas baratas, sobre todo el Para ti.  Eran ya atrasadas cuando nos llegaban però las revistas de entonces no eran como las de ahora, pura tontería y actualidad, sinó que incluían mucha literatura, novelitas cortas, a menudo de autores importantes, recetas de cocina, poesías, artículos de divulgación.  Las cubiertas mostraban chicas muy guapas, eran de un gran dibujante, Raúl Manteola. Todavía a veces veo algunas en los encantes del domingo, en Sant Antoni. Para ti todavía se publica, después de más de noventa años, aunque hoy es una revista muy distinta, claro.
Argentina estuvo de moda en España durante años, de allí nos llegaba carne y alguna cosa más, en tiempos de injusto bloqueo a causa de la dictadura franquista que, por cierto, nos obligaron a conservar las potencias europeas que nos bloqueaban. La visita de Eva Perón fue todo un acontecimiento y su muerte, muy llorada. También hablaba mi madre a menudo de una tía que emigró allí con dos hijos, después de la guerra civil, y que tenía allí otros hermanos. Le perdimos la pista y hace unos años, también gracias a internet, contacté con algunas de sus nietas, lástima que mi madre ya no estuvo a tiempo de saberlo.



lunes, 22 de diciembre de 2014

FAMILIAS DE ACTORES Y EVOCACIONES DIVERSAS SIN NOSTALGIA AÑADIDA


He escuchado hace poco por la radio una entrevista a Lola Herrera, gran actriz de la cual puedo escribir poca cosa que la gente ya no sepa. Hace unos meses falleció quién fue su marido, el atormentado Daniel Dicenta. Los Dicenta pertenecen a esas sagas de actores y autores notables con vidas en ocasiones apasionadas y complejas, aunque en todas la familias suele haber de todo. El conocido inicio de Ana Karenina con la tan repetida frase sobre familias felices y desgraciadas está muy bien como frase literaria pero creo que ninguna familia es feliz ni desgraciada del todo, así, en general, sinó que se pasan épocas y temporadas y todo depende de un gran número de factores complejísimos.

Lola Herrera ha sobrevivido con inteligencia, belleza, profesionalidad y elegancia a sus problemas personales y ha realizado una carrera actoral estable e impresionante donde hay de todo pero mucho de bueno. Incluso en producciones que se pueden considerar mediocres -ella misma, como hacía el gran Fernán Gómez, admite que no rechazó nunca nada cuando necesitaba trabajar- su intervención aumenta la categoría del conjunto. Esos anuncios comerciales en los cuales asume el papel de señora de la tercera edad en activo parecen, cuando sale ella, pequeñas comedias costumbristas del presente,  más allá de la promoción del producto anunciado. Por las redes sociales he leído cosas surrealistas criticando que se la vea con el pelo blanco, yo la veo así incluso más joven y de buen ver, con ese hermoso pelo blanco, pero la devoción a la apariencia hace que nuestros parámetros estéticos se vean condicionados por mucha tontería. Lola Herrera, además, diseña ropa, cose y en los últimos años ha comercializado esa faceta suya para alegría de las damas maduras que no encontramos nada interesante en Zara o en Desigual.
Cuando yo era pequeña el gran famoso de la familia era Manuel Dicenta, aunque la gente del tiempo de mis abuelos todavía recordaba a su padre. El hermano de Manuel Dicenta, Joaquín, fue un gran autor, después de la guerra estuvo en la cárcel y estos días lo he recordado porqué Vicenç Villatoro, en un libro reciente dedicado a su abuelo, comenta que compartió prisión con él. En mis tiempos infantils la radio era algo singular y sagrado y la voz de Manuel Dicenta era inconfundible y admirada.

Durante los años de la primera televisión, cuando en mi casa todavía no teníamos ese aparato mágico e íbamos a contemplarla a casa de una vecina generosa que era la única del edificio en poseer tal adelanto, vi varias veces actuar a Manuel Dicenta. Dicen que la memoria es un buen crítico, no lo sé, ya que la memoria también es selectiva. También ignoro el motivo por el cual unas cosas se recuerdan y otras no. El caso es que por televisión, en aquellos inolvidables espacios teatrales emitieron El cero y el infinito, de Arthur Koestler, con Manuel Dicenta en uno de los principales papeles, y aquella obra me impresionó mucho, en ella se evocan las terribles purgas estalinistas, algo que los progres de aquí no veían con buenos ojos ya que se confundía a menudo antifranquismo con democracia. Todavía falta mucho examen de conciencia sobre tantos silencios culpables condicionados por el miedo a eso que en catalán decimos donar peixet al franquismo.
He buscado por internet y he visto que en la obra salían un montón de actorazos de la época. Entre ellos Paula Martel, todavía en activo y que debía ser muy jovencita. A Lola Herrera la primera vez que la vi fue también por televisión, muy joven, y yo diría que fue en una versión de El séptimo cielo, aunque en este caso no he encontrado referencias sobre ese montaje. Incluso puede que me confunda. Lo que sí recuerdo es a mi madre y las vecinas comentando lo encantadora y buena actriz que era aquella chica, que entonces casi no conocíamos. 

Koestler fue también un hombre atormentado, inmenso, con una vida inclasificable y excesiva. Acabó suicidándose aunque ya era viejo y estaba enfermo. El suicidio nos produce inquietud pero en su caso inquieta más, como en el de Zweig, por haber arrastrado ambos a la muerte compartida a mujeres todavía jóvenes, devotas de sus complejas y geniales personalidades. La tendencia femenina a la dependencia de los hombres debería revisarse a fondo y las mujeres deberíamos tener prudencia con ciertas devociones amorosas aunque los tiempos cambian y ya no es como antes, al menos por aquí. Koestler no ha sido reivindicado como otros autores de su época, como el mismo Zweig, y me temo que es porque en su biografía hay zonas muy oscuras, incluso alguna violaciones. No es el único, sin embargo, un ejemplo de señor complicadísimo que me viene a la cabeza y que por aquí hemos sacralizado de vez en cuando es Simenon.


La madre de Daniel Dicenta se suicidó, cosa que sin duda influyó en el actor. Lola Herrera contaba que posiblemente en esos últimos años Daniel Dicenta tuviese algún tipo de depresión profunda que no aceptaba y que también ese pasado familiar podía haber incidido en su extraña vida, la que quiso vivir, al fin y al cabo. Lo que ocurre es que esos temperamentos tienden al egoísmo y a hacer daño a casi todo el mundo, incluso sin querer. Tuve un abuelo algo complicado que había tenido un padre más complicado todavía, mi abuela también se suicidó, cosa que hemos sabido después de morir mi madre. De mi abuelo se decía algo que podría aplicarse a personalidades como la de Dicenta, no son buenos ni con ellos mismos. La mente humana es todavía un gran misterio por más que la psicología y la psiquiatría intenten esclarecer ese misterio y prevenir conductas de eso que llaman riesgo.

Durante mi infancia y mi juventud se sabían pocas cosas sobre separaciones, adulterios, suicidios y otros hechos diversos que afectan a famosos y anónimos. En el núcleo familiar y vecinal todo se ocultaba o se intentaba ocultar. El demonio y el pecado servían para explicar lo inexplicable. Después todo se intento definir con términos casi médicos, a veces bastante pedantes. En ocasiones se quiere creer que la gente de antes era ordenada, trabajadora, fiel, cuando incluso con la espada de Damocles del infierno pendiendo sobre sus cabezas había conductas de lo más raras e irresponsables. El gran Dicenta del siglo XIX, fue todo un carácter. Copio un fragmento de wikipedia sobre su vida, nada secreta ya, después de tantos años:

Tuvo un gran adversario en Julio Camba, que escribió en muchas ocasiones contra el bilbilitano; por el contrario, Ramiro de Maeztu y su amigo Pedro de Répide le elogiaron. Azorín y Miguel de Unamuno le censuraron su vida disipada y frecuentar los bajos fondos y los hampones. Aunque salió de apuros económicos merced al éxito de 'Juan José', tuvo una vida turbulenta. Eduardo Zamacois, gran amigo suyo, le recuerda el día del estreno: "Llegó sangrando: alguien le había atizado un par de bastonazos en la cabeza". Añade que a Dicenta le gustaba reñir. "En su biografía hay puñaladas, un rapto, un suicidio". Era, dice, "vanidoso, informal, ilógico, esquivo y cordial. Era la juventud". Parece que Dicenta, en una de tantas francachelas nocturnas, le cortó a Valle las melenas y el genial gallego hubo de afeitarse el cráneo y esperar al crecimiento natural.

A veces parece que esas cosas pertenecen al mundo de la farándula, de los artistas, sin embargo ha habido actores, pintores y escritores con vidas de lo más convencionales, fieles padres de familia, trabajadores y con vidas de lo más estables y prudentes, mientras que a poco que observemos cualquier entorno encontramos personajes de ese tipo. Cuando las familias tenían muchos hijos siempre surgía alguna oveja negra o más de una. Hace unos días un periodista comentaba sobre la familia Pujol, hoy en boca de todo el mundo, y sobre lo raro que es que en una familia con siete hijos todos se hayan dedicado a los negocios y a negocios algo dudosos. Sería de esperar que incluso entre ovejas negras surgiese una de blanca, un médico, un profesor de universidad, una monja benedictina. Los padres y madres tampoco son responsables de como salen los hijos, en la escuela he visto padres impresentables con hijos estupendos y al revés, pero la gente se me inquieta cuando les digo eso, querríamos que todo fuese previsible y controlable, incluso la salud. 

Lola Herrera, como es sabido a través de las revistas y reportajes, tiene un hijo fotógrafo y una hija actriz y cantante. Natalia Dicenta es una grandísima actriz y si no es tan conocida como debiera, más allá de sus apellidos, que son un peso pesado, puede que sea porque, como escuché comentar a su madre en una ocasión, no es ambiciosa o no es excesivamente ambiciosa. A Natalia Dicenta la recuerdo muy joven, en una versión de La dama del alba en la cual Ana Marzoa, otra gran actriz, era esa muerte en forma de mujer que vaga por los caminos. Tengo cierta debilidad por esta obra aunque el argumento sea algo esotérico, en televisión habían emitido otras versiones de ella y tiene una magia especial que supera el argumento. Siempre me emociona y no sé el motivo exacto.

Es una lástima que por motivos diversos no podamos ver más a menudo a Natalia Dicenta en Barcelona. Entre otras cosas la recuerdo en aquella versión excelente y de gran éxito de Ay, Carmela, con Galiana. El cine prefirió a otros, más populares, gran  e injusto error aunque la versión cinematográfica no estuvo mal del todo. Sin embargo, no era lo mismo ni tenía la misma fuerza. Dicenta, además, canta muy requetebién. La televisión, en otros tiempos, nos ofrecía muy buen teatro, lo mismo que la radio, así como grandes novelas, en años en los cuales no había mucho dinero pero había mucha imaginación.  Por cierto, hay otro Dicenta muy buen actor, Jacobo, hijo tardío de Manuel Dicenta y hermanastro de Daniel Dicenta. 

Había también hace años mucha buena y diversa música y verla por televisión en tantos y diversos programas hacía que nos fuese conocida y apreciada. Hoy también hay mucho de todo, sí,  pero a veces ni sabemos que existe, todo ha cambiado y no quiero parecer la abuela Cebolleta ni aquellos autores clásicos como Plinio o Cicerón que ya en su madurez criticaban los nuevos tiempos y la loca juventud. Aunque cuando una envejece sirve de cierto consuelo pensar que vivimos cosas que los de ahora no viven y que aunque tantos aspectos de la vida cotidiana hayan mejorado se ha perdido algo que fue nuestro y no será de nadie más, como, por ejemplo, un Estudio 1 contemplado en hermandad vecinal en una noche de aquellos lejanos sesenta, que tantas expectativas despertaron.

lunes, 8 de diciembre de 2014

ACTORES, ACTRICES. RATONERAS Y RELATIVISMO


Poca gente se creyó en su época que el señor Colsada volviese a construir un teatro sobre las ruinas del viejo Apolo pero así fue y es hoy de los pocos amb cara i ulls que existen en Barcelona y, en concreto, en el Paral·lel. Ofrece espectáculos diversos y bastante teatro comercial, muy necesario en la actualidad, más allá de los musicales de moda. Tenía ganas de ir a  ver La Ratonera, aunque la he visto otras veces y la he leído en más de una ocasión, así que ya sé de sobras quién es el culpable. Llevamos mucho tiempo, en Barcelona, con un exceso de obras interpretadas por uno, dos o tres personajes, con poco decorado y de presupuesto modesto, la verdad, así que también apetece ver teatro del de siempre.

La Ratonera tiene su leyenda, parece que Agatha Christie no quiso que se pudiese llevar al cine y, como se ha contado tantas veces, lleva más de sesenta años en cartel, allá por el mítico Londres. Como no me esperaba nada del otro mundo salí contenta. Actores correctos, decorado convencional, una historia típica de la autora y un teatro bastante lleno. El día en qué fuí hacia un frío que pelaba y creo que eso favorece tropezarse en el interior del teatro con ese hotelito aislado y misterioso. La mayoría de actores nos son conocidos a través de las series de TV3, la televisión quema mucho, igual que pasó hace años con la radio. El recientemente fallecido Josep Maria Bachs comentó en alguna entrevista que si sacas una zanahoria con patas por la tele también se hará famosa.

En las series de televisión sale mucha gente. Algunos hacen carrera larga y otros desaparecen con el tiempo. El teatro es caro pero hay ofertas diversas y también hay conocidos metidos en el tema que te las regalan de vez en cuando, cosa que debería cuestionarse, creo que sería mejor un precio más reducido y menos conocidos invitadores, la verdad. Delante mío, en taquilla, dos parejas recogieron unas entradas de esas de conocidos a nombre de una de las actrices de la obra que debía ser amiga o pariente, los tenía sentados cerca y escuché como comentaban el paso de la dama, cuando era una adolescente, por una serie de aquellas de TV3 que llegó a ser muy popular. A veces te enteras de muchas cosas por pura casualidad.

Los actores de series catalanas saben actuar también en castellano, claro, y lo hacen muy bien y hay un montón por todas partes. A nadie le amarga un dulce y con pocas excepciones lo que se quiere es trabajar. Hoy las cosas han cambiado pero hace años se criticaba que algunos cantantes o escritores se pasasen al castellano aunque fuese de forma temporal mientras que en otras profesiones no se tenía en cuenta el tema para nada. Incluso algunos de los que más criticaban se pasaron también al enemigo así que vieron la posibilidad de ganar dinerito.

Ovidi Montllor cantava una canción sobre unos extraterrestres que venían a la Tierra a buscar mà d'obra y acababa por recitar: home, si paguen millor. Las series hispánicas están pobladas de catalanes, aquí no siempre hay trabajo para todos. En Madrid se sigue haciendo más teatro que aquí y, por desgracia, muchas obras excelentes ya no hacen tantos bolos como antes ni temporadas en Barcelona, alguien me ha dicho que es por falta de salas convencionales. Puede ser, no lo sé. Durante algunos años se puso muchas trabas al teatro en castellano en Catalunya y puede que se perdiese la costumbre. Pero es cierto que hay pocas salas buenas aunque exista mucho teatro alternativo en ebullición.

La profesión de actor, de actriz, ha de ser complicada. Como escuché en una ocasión comentar a Fernando Fernán Gómez, que admitía haber hecho mucho cine alimenticio malísimo, se tiene vocación de actor, pero de actor famoso, y eso genera mucha frustración. Me temo que eso no ocurre sólo con los actores sinó en casi todos los sectores profesionales en los cuales se puede llegar a tener un reconocimiento masivo, cantantes, escritores, futbolistas, cocineros, peluqueros, políticos, incluso médicos. Hay quién llega a ser famoso, reconocido, mediático, un mito, y quién no pasa de ser un muy buen profesional, un actor secundario interesante y poca cosa más. La suerte cuenta mucho en todo eso, la casualidad, la promoción, el momento, la oportunidad, incluso los enchufes, claro. No todo se debe al mérito propio aunque los que triunfan se lo crean. 

Una vez que se hablaba por la tele de la profesión de maestro recuerdo que el doctor Siguán replicó al periodista Puyal sobre las bondades de  la profesión educativa explicando que un médico, un deportista, un escritor, un peluquero o un cocinero pueden llegar a ser los mejores y ganar fama y dinero pero que nadie sabrá nunca si una es la mejor maestra del mundo, por ejemplo. Claro que una cosa es la calidad personal y la otra el reconocimiento.

Las series de la tele han sido una cantera promocional importante. Sobre todo esas series río que no se acaban nunca. Parece, por lo que cuentan, que el trabajo en esas cosas de la tele está bastante bien pagado, considerando el momento y la oferta que hay. Salir en una serie y que te maten pronto es toda una desgracia y ha provocado bastantes disgustos. El teatro y el cine me gustan, así, en general, eso de que te sientes en una butaca y te representen una historia, estés acompañado de mucha gente y no te moleste nadie es un gran invento. El teatro televisado o radiado también me gustaba pero se ha dejado casi de hacer, eso en nuestro país, ya que en otros sitios más cultos lo han mantenido. Como se hace pocas veces cuando se hace, de vez en cuando, se realiza mal o de forma mediocre, falta oficio. Ese teatro educaba nuestra sensibilidad y gracias a la radio y a la tele conocí autores y textos en tiempos grises. 

Incluso las compañías de aficionados han disminuído y una mayoría de ellas prefiere montar tonterías antes que obras de esas de toda la vida. La escenografía también ha experimentado muchas pruebas raras. Aunque dicen que está bien no pienso ir a ver esa Terra Baixa con un actor, por muy bueno que sea, haciendo tots els papers de l'auca. Suerte que los grandes autores de otras épocas están muertos y no ven todo lo que se puede hacer con sus cosas, incluso las òperas han sufrido barbaridades diversas. Una cosa es la innovación seria y otra querer provocar en una época en la cual la provocación ya no puede existir, nadie puede ya épater le bourgeois, la burguesía ya no tiene encanto, ni discreto ni de ninguna clase y no sé ni si tan sólo existe.

De jovencita quién más quién menos desearía ser actriz de teatro, de cine. Después te das cuenta de qué todo es relativo y tiene sus condicionantes y servitudes, te ves obligado a hacer muchas tonterías para sobrevivir y repetir una obra cada día durante semanas y meses debe ser una pesadez. Claro que ese mundillo tiene su qué, su bohemia, su glamour. Conozco gente que se podría etiquetar de cazador de famosos, amigas que van por la calle identificando a ese o esa que sale en La Riera o en Amar es para siempre. Al afectado al principio le hace gracia que lo conozcan y después se suele hartar, entre otras cosas porque hay personas muy impertinentes que les dicen de todo o les hacen gracietes absurdas confundiendo persona o personaje. Claro que puede que el afectado, más adelante sienta cierta nostalgia de los primeros tiempos en los cuales lo identificaban por la calle. 

Una anécdota que no sé si es real o apócrifa cuenta que una vez coincidió un actor entonces famoso, Fernando Lamas, com Einstein, sin reconocerlo, pues Lamas tenía fama de poco leído. Einstein le comentó que debía resultar extraordinario ser como él, guapo, famoso, siempre rodeado de bellezas diversas al ataque.
-Todo es relativo -parece que dijo el actor.
-No lo sabe usted bien -concluyó el sabio.

Aunque hoy posiblemente a causa de la escolarización obligatoria haya más gente que tenga cierta idea de quién fue Einstein que no de quién fue Lamas padre, todo sigue siendo relativo. Los actores se fijan en nuestro imaginario colectivo y también pertenecen a la mitología generacional de cada cual. A un periodista televisivo se le puso cara de póquer cuando un señor mayor del público al cual preguntaban sobre su actriz preferida mencionó a Mirna Loy. Creo que el periodista era también Puyal, quién señoreó toda una época de nuestra tele y luego pasó a la retaguardia deportiva. Nunca sabes del todo si esas desapariciones de los escenarios son por propia convicción o por circunstancias relacionadas con los poderes que en realidad lo mueven todo desde detrás del teatrillo dónde actuan los títeres. Si la cosa es difícil para todos para las damas lo es todavía más pues determinados escaparates sólo quieren carne fresca femenina. Por suerte a veces hace falta una abuela con carácter en alguna obra de teatro o película y se les ofrece una nueva oportunidad, pero de esas hay pocas.