viernes, 5 de junio de 2015

EL SUR MÍTICO Y EL NORTE HOSTIL



La televisión nos está ofreciendo un largo y admirable ciclo sobre el cine español pero que no escapa a uno de los problemas de nuestro tiempo, la acumulación.  Demasiadas películas en pocos días castigan el producto, a mi entender e incluso ya se ha comentado que esos espacios tienen poca audiencia, las malditas audiencias presuponen que todo se calcula a lo grande y que la bondad de un producto va ligado al número de consumidores. 

Ya sé que en la actualidad una se puede grabar lo que sea, volverlo a ver cuando le parezca y todo eso, pero hay algo indefinible que nos hace valorar más las cosas cuando se nos ofrecen en dosis controladas y digeribles. Algunos canales recuperan en ocasiones miniseries de cuatro o más horas, pensadas para emitirse en capítulos semanales y que se passan seguidas, de arriba a abajo, en alguna larga tarde de sábado, cosa que las frivoliza aunque sean interesantes.

Hace tiempo comentaba con algunas personas que tengo películas en DVD que no me miro nunca y que, en cambio, vuelvo a mirar cuando las pasan por televisión. Me sorprendió combrobar que no era yo sola quién hacía eso, sinó que resulta bastante corriente. No sé el motivo, quizás hay algo misterioso que nos hace apetecible aquello que se supone que compartimos, cosa que explicaría el hecho de qué a veces se generen colas para contemplar cuadros de un pintor que tenemos olvidado en el museo local.
Resultat d'imatges de Víctor erice
Ayer pasaban por televisión ese monumento que es El Sur. Víctor Erice es un director inclasificable, que ha hecho muchas cosas poco conocidas y muy interesantes. Sin embargo el público normalito nos quedaremos siempre con El espíritu de la colmena y El Sur, con esas imágenes que recordamos incluso fuera de contexto y que forman parte de nuestro imaginario sentimental. Erice estuvo casado con otro personaje inclasificable, la escritora Adelaida García Morales, que tuvo un éxito brillante y efímero con ese relato y con El laberinto de las sirenas. Siguió escribiendo pero no fue lo mismo y en nuestro país, como cuenta con ironía Fernán Gómez en sus memorias, nunca eres famoso del todo, siempre has de estar renovando tus credenciales artísticas. 
García Morales se retiró a las Alpujarras y murió de forma todavía algo prematura, ya que hoy queremos creer que morir antes de los ochenta es morir joven. Falleció en septiembre de 2014 y su muerte la recogió la prensa de forma algo mezquina, ignoro si la gente joven de hoy, en general, sabe quién fue aunque El laberinto de las sirenas fue un libro obligado en algunos institutos como lectura de bachillerato, cosa que quizás lo perjudicó porque está lleno de referencias culturales muy elaboradas y para todo hace falta una cierta madurez aunque probablemente sirvió de semilla en algunas almas sensibles y precoces.


Parece que hubo un proyecto para llevar al cine El laberinto de las sirenas como hubo otro para filmar la segunda parte de El Sur. También hubo el proyecto de qué fuera Erice el director de El embrujo de Shangai pero acabó en manos de otro director que no fue capaz de extraer del libro de Marsé toda la magia posible. Hace poco comentaba que Delibes había tenido suerte con las adaptaciones de sus libros al cine, a Marsé le ha sucedido lo contrario.

El universo de los proyectos fallidos es muy interesante, casi tanto como el de los amores imposibles. El sur, la película, es mucho más que una historia ambigua y llena de nostalgias, es un libro de poesía visual en donde no sobra ni falta nada. Cada una de sus imágenes nos podría inspirar otras historias, poemas, pintura, dibujos, música. Todos los actores están muy bien pero resulta imposible no admirar a una Rafaela Aparicio en estado de gracia,  una de esas actrices de raza, a menudo mal entendidas y mal aprovechadas, condicionadas por su apariencia física.

Vimos a menudo fotos de Adelaida García Morales de joven, en el tiempo de sus éxitos literarios, aunque siempre fue persona discreta. Era una mujer muy bella, misteriosa, poco convencional. De mayor ya no la vimos tanto, seguía siendo hermosa y misteriosa pero nuestra sociedad no aprecia la belleza de la madurez, de la vejez, todavía menos si la gente engorda, las mujeres lo tienen peor que los hombres y muchas actrices y cantantes siguen el camino absurdo de los retoques y las dietas hasta quedar reducidas a momias. 

Una de esas personas que salen por la tele a hablar de tonterías comentaba en una ocasión que antes las damas preferían estar gorditas y tener menos arrugas, y que ahora prefieren estar delgadas y elegantes aunque tengan más repliegues.  Las mujeres se han liberado en teoría pero siguen, en gran parte, sujetas a modas absurdas como esos zapatos con talones imposibles e incómodos que limitan el movimiento o esos temas de estética tonta, siempre surgen nuevos corses con los cuales controlarnos y, encima, los encontramos bonitos.
El sur, aunque no tienen nada que ver, me evocó una película algo anterior en el tiempo de la cual también tengo hermosos recuerdos, Los días del pasado, de Mario Camus, lo mejor que hizo Marisol en ese papel de maestra andaluza perdida por un norte hostil para recuperar lo irrecuperable, la ilusión, personificada por ese fugitivo castigado por la guerra civil y que todavía quiere seguir luchando, interpretado por Gades, entonces pareja de la actriz. Dicen que la memoria es el mejor crítico aunque yo creo que también es un crítico subjetivo, extraño, a veces incluso injusto. 

Las películas, como los libros, van ligadas al momento vital en el cual las contemplamos, al lugar dónde las vimos, a las personas que nos acompañaban entonces. Por eso las relecturas, a veces, decepcionan. Sin embargo ayer comprobé que la película de Erice conserva, aumentada incluso, toda su magia. Y eso que ver una película por la tele no tiene nada que ver con disfrutarla en una sala convencional, cómoda, llena de gente, en pantalla grande.

Hay mucha literatura relacionada con los puntos cardinales, existe una filosofía para cada uno de ellos, una poesía del norte, del sur, del este y del oeste. A veces mitificamos alguno de ellos, el más desconocido para nosotros y queremos creer que un cambio de rumbo hará variar nuestra suerte, sin embargo la rosa de los vientos está en el interior de nuestras frágiles almas soñadoras.


sábado, 30 de mayo de 2015

SOBRE LIBROS, LITERATURA, ESCRITORES Y OTRAS TONTERÍAS



Hace años tenía yo sacralizada la literatura, como tantas otras cosas. También tenía sacralizada la universidad. E incluso sentía cierta reverencia por algunos productos alimenticios que eran para privilegiados o, en todo caso, consumibles tan sólo en fiestas señaladas. Lo mismo sucedía con objetos diversos que hoy són género de consumo rápido y en proporción mucho más baratos que antes, la ropa, el calzado, el material escolar.

El bienestar económico, aunque sea relativo y con subidas y bajadas, provoca cierta insensibilidad, comprar lo que sea ya no nos produce aquella emoción inexplicable e inefable de antes. Hace algún tiempo escuchaba el testimonio de un viejo barraquista, inmigrante en los años sesenta a aquella Barcelona, dónde convivía la miseria gravísima y eso que dio en llamarse la gauche divine y que no era ni una cosa ni otra, y explicaba el hombre como cualquier pequeño logro en el tema del bienestar econòmico hogareño era vivido como un gran triunfo personal.

Cuando empecé a trabajar como maestra recogía del suelo los trozos de lápices de colores y los guardaba en cajitas, se aprovechaba mucho papel impreso por una cara, para dibujar. Las papeletas sobrantes de las primeras elecciones eran un material muy apreciado. En estos últimos años las maestras parvulistas me subían cada curso al aula un montón de lápices de colores todavía en buen estado, porque a principio de curso a los niños les gustaba estrenar. Por mucho que se recicle y aproveche todo eso es relativo cuando no es necesario ni imprescindible, la verdad.

Vuelvo a la literatura. La producción de libros ha aumentado de forma exponencial, el libro tiene muy poco valor hoy, me lo dijo un señor que vino a vaciar el piso de mis padres cuando ellos murieron, el libro pesa, se llena de polvo, nadie lo quiere, con pocas excepciones. ¡¡¡Todo ha cambiado tanto!!! No es ni bueno ni malo, es así. Cada día llegan a mi buzón virtual montones de recomendaciones literarias, anuncios de presentaciones de libros, propagandas relacionadas con novedades. Me regalan libros nuevos a menudo, con la intención de qué escriba algún comentario sobre ellos en mis modestos blogs que leen cuatro gatos.

Todo es efímero y se vende poco, en relación a lo que se produce. Una bibliotecaria me aclaró, hace ya algunos años, cuando yo me mostraba reticente a la hora de hacer limpieza en la biblioteca escolar y comprar novedades  que más de un noventa por ciento de lo que se publica en dos años vuelve a ser pasta de papel. Incluso las editoriales prefieren reeditar viejos títulos, nueva cubierta, nueva tipografía, todo debe ser novedad o parecerlo. Incluso los libros de segunda mano, que hoy se pueden encontrar con facilidad por internet, han bajado de precio, con pocas excepciones.

Publicar no es fácil para la mayoría pero hoy existen soluciones al alcance de personas que prefieran editarse un libro a hacer, por ejemplo, un viajecito. Por no hablar de las ediciones virtuales. Otro aspecto es la difusión, la propaganda, pero eso no te lo garantiza ni una editorial convencional, lo que mejor funciona son los conocidos pero poca gente tiene parientes o conocidos importantes en los periódicos o en los medios de comunicación. En medio de esta abundancia se consume mucha tontería y pasan desapercibidos buenos libros, quizás siempre ha sido un poco así pero como antiguamente escribía poca gente y la educación no se había masificado el tema era muy diferente.

Hemos sacralizado en exceso la literatura, el arte, la música, se supone que lo que triunfa o triunfó es  bueno. Vana pretensión. Incluso la relectura de libros considerados clásicos, a mi tercera edad, me ha hecho percibir que tampoco aquellos libros oficialmente consagrados son lo que me parecieron en mi juventud. Se supone que leer es bueno, así, de forma global, pero yo creo que depende de lo que se lee, comer también es bueno e imprescindible, además, pero no todo es comestible ni digerible. Premios como el mismo Nobel están condicionados a la política, al mercado, incluso a la casualidad.

Leí hace poco tiempo el libro de Ayén sobre el boom de la novela hispanoamericano, unos autores triunfaron y otros, tan buenos como los primeros o más, no lo hicieron porque no tuvieron su oportunidad, su momento, su promoción adecuada. La gente antes no quería admitir que tiraba libros, era como un pecado, pero ahora ya te lo cuenta y lo acepta sin ninguna prevención. Se tiran libros en las bibliotecas, en las escuelas, en todas partes. Pocos lugares aceptan libros usados aunque estén, incluso, en buen estado.

Pasa algo parecido con la ropa, con la comida, con los viajes. Todo se ha masificado y frivolizado y la cosa también tiene su parte positiva que quizás sólo conseguiremos comprobar en perspectiva, cuando pasen los años. Uno puede autoeditarse sin tener que recurrir a hacer montones de copias para presentarse a premios que muchas veces están condicionados a criterios comerciales y que dependen también de la subjetividad de los jurados, sin tener que mandar ejemplares a editoriales diversas, pequeñas, medianas o grandes. Las pequeñas editoriales se encuentran con muchas dificultades y tampoco pueden apostar por según qué libros, en muchas ocasiones publican sobre seguro, más o menos, a personas que ya tienen relaciones en el mundo mediático, académico. Aunque eso tampoco asegura las ventas, al menos las ventas masivas. 

A cada bugada es perd un llençol, decimos, en catalán. Cada cambio cultural y social y lo que sea comporta ciertas pérdidas pero también mejoras en muchos aspectos que a menudo cuesta comprobar de forma inmediata, para todo hace falta perspectiva y la vida es corta para eso. Los grafómanos tenemos la posibilidad, al menos, de publicar de forma libre en sitios como este mismo blog, de forma gratuita, eso sí, pues si alguién sueña con hacerse rico con la literatura -o con tantas otras cosas- lo tiene claro. 

A alguno y a alguna les toca la lotería de vez en cuando, pero el cálculo de probabilidades nos demuestra lo difícil que es eso de hacerse rico y famoso, en la vida. Otro tema es la calidad, tema subjetivo, relacionado con modas e incluso con momentos vitales. Queremos creer que la calidad siempre flota por encima de la mediocridad pero eso no es así, al menos no siempre es así. Nadie sabe explicar con claridad qué es eso de la calidad. Hay gente que escribe muy bien textos aburridísimos y escritores imperfectos que tienen gancho. Hay quién critica que escriba tanta gente, normalmente opinan así los escritores con suerte y promoción, claro, no cuestionan que ellos mismos pueden sobrar o que quizás no son tan buenos como les han hecho creer.

El tema se puede aplicar a muchos sectores de la cultura. Un inmenso número de grandes actores no han pasado de secundarios mientras que una minoría, a veces no se sabe el motivo, ha triunfado, más o menos, porque en nuestro contexto el triunfo jamás es definitivo sinó puntual  e inestable, como sabe mucha gente. En todo caso ni el mejor de nuestros escritores más cercanos ganará en toda su vida lo que gana un futbolista de primera en una temporadita de darle al balón, claro que de futbolistas de primera hay muy pocos y que en el tema del futbol hay que demostrar de forma práctica si sirves o no sirves. 

Todo es relativo. La literatura, también.

sábado, 16 de mayo de 2015

FOTOGRAFÍAS QUE AMARILLEAN Y GENIALIDADES INCLASIFICABLES

Resultat d'imatges de el tiempo amarillo






Por suerte para los lectores y para los admiradores del gran e inclasificable personaje que fue Fernando Fernán Gómez se han reeditado hace algún tiempo sus memorias, ampliadas y en un solo tomo, ya que anteriormente (Debate, 1988) se encontraban divididas en dos volúmenes.
No son unas memorias convencionales, cada apartado nos evoca paisajes perdidos, personajes entrañables, como esa madre soltera y artista y esa abuela inolvidable además de un gran número de actores, autores, directores, de diferentes épocas y situados en diversas circunstancias.  Pero también encontramos gente anónima, conocidos, vecinos, criadas, parientes, tenderos.
Admite el autor que se sintió muy amado por esa madre y esa abuela, a pesar de lo irregular de su situación y de los años difíciles que vivió. Lo seguimos en su infancia y adolescencia, agradecemos al destino la suerte que tuvo  de ser considerado argentino y librarse del frente, dónde tantos jóvenes, casi niños, murieron sin apenas haber vivido.
Fernando Fernán Gómez es discreto en muchos aspectos personales relacionados con sus amores, modesto en la apreciación de su trabajo,  humilde al evocar actos valerosos relacionados con temas políticos y sociales, en una época en la cual no era nada común que personas del teatro y del cine pusieran en peligro su trabajo o incluso su seguridad física. Incluso admite que la memoria es engañosa y que algunos detalles del libro no son exactos sino víctimas del recuerdo sentimental y de ese paso del tiempo que hace que todo amarillee.
Marcos Ordóñez, en un interesante comentario a esta reedición,  que se publicó en El País, insistía en la necesidad de un índice final con nombres de personajes, de películas, de libros.  También echaba en falta la cita de Miguel Hernández que da título al libro y percibía algunos errores. Sin embargo todo eso, que debe de ser tenido en cuenta, no reduce en nada el encanto que emana de esas páginas, literatura pura, y que podría ser perfectamente un conjunto de excelentes narraciones puesto que muchos de los capítulos tienen vida propia.
En el libro se incluye un magnífico prólogo de Luis Alegre, quien conoció a Fernando Fernán Gómez ya mayor, en los años noventa, cuando se había extendido una cierta opinión sobre su mal carácter, potenciada por una anécdota con  un admirador pelmazo que se repitió por la tele hasta la saciedad. El prólogo es también muy buena literatura y resulta conmovedor por los detalles que cuenta y el afecto y admiración evidentes por el personaje. El libro incluye bastantes fotografías pero podría haber muchas más, son imágenes que nos transportan a un pasado complejo recordado de forma amable,  con una sana dosis de humor inteligente y una distancia imprescindible, literaria sin pretensiones, moderadamente nostálgica.

FernandoFernán Gómez fue un personaje inclasificable, genial en muchos aspectos, hizo muchas cosas y todas las hizo bien aunque fuesen películas malas, sobre las cuales ironizaba en ocasiones. En un programa radiofónico reciente sobre cine, oí comentar que en otros países sería más considerado, admirado y conocido que gente como esos grandes mitos del cine francés, inglés, americano o italiano, salvando las distancias. Él mismo bromea con el tema en esas memorias singulares, en otros lugares llegas a actor famoso y ya lo eres para siempre pero en España un éxito o muchos éxitos no significan gran cosa, ni tampoco te aseguran una economía saneada de forma definitiva.

El tiempo amarillo nos habla de nuestro país sin dramatizar, de cómo se sobrevive en épocas difíciles, del mundo del cine, del teatro, de la literatura y de la vida cotidiana, nos muestra una guerra civil doméstica, una especie de epidemia que hay que pasar cómo sea para poder retornar a la normalidad precaria del mundo de los actores y de casi todo el mundo. No es éste un libro para leer de un tirón sino para disfrutarlo de forma lenta y poder volver hacia atrás si es necesario, actividad para la cual el índice que propone Marcos Ordóñez resultaría muy útil. Al leer este libro parece incluso poderse escuchar la personalísima voz de su protagonista contándonos su vida a su manera, a retazos, con esa magnífica carga de genialidad que se desprende del libro y que en cambio no convierte en ningún momento a su protagonista en un escritor pedante sino más bien en alguien que no está nunca satisfecho del todo con aquello que hace.


lunes, 11 de mayo de 2015

HOMENAJE DE LOS BLOGS A OLGA XIRINACS (11/05/2015)






Olga Xirinacs (Tarragona, 1936) es una escritora catalana con una larga trayectoría en diversos géneros. Ha ganado muchos premios importantes y su obra literaria és sólida y reconocida. Hoy, 11 de mayo, es su aniversario, y desde diferentes blogs culturales queremos rendirle un homenaje y reivindicar para ella el próximo Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, galardón que se concede desde el año 69 y que para vergüenza general se ha concedido hasta ahora a cuarenta y tres hombres y tres mujeres. Es evidente que para la igualdad generalizada todavía queda mucho a reivindicar.


Olga Xirinacs ha escrito toda su obra en catalán aunque tiene una parte traducida a otros idiomas. Es muy crítica con la política de traducciones, un aspecto cultural necesario para conseguir una cierta proyección a nivel español e internacional. En el año 2006 publicó directamente en castellano la novela El hijo del tejedor, reivindicando la necesidad de traducciones y, al mismo tiempo, como homenaje a la rama asturiana de su familia.


Sinopsis:


En un agreste lugar del litoral de Asturias, los Del Río, un tejedor de tapices y una concertista de arpa, disfrutan de una vida apacible, dedicada casi en exclusiva al desarrollo de sus quehaceres artísticos. Sin embargo, un terrible y macabro hallazgo los lanzará hacia un torrente de situaciones extremas y despertará en ellos la fuerza de unos sentimientos que nunca habrían creído poseer. El empuje del instinto maternal y el descubrimiento de una sexualidad oculta formarán parte también del gran secreto de sus vidas, un secreto que los conecta directamente con la mitología de la tierra y los árboles asturianos, con los habitantes reales e irreales de sus bosques y sus montañas, con la vida que lucha siempre por triunfar sobre la muerte.



martes, 5 de mayo de 2015

AQUELLOS GUAPOS CORRESPONSALES DE ANTAÑO


 

Hoy se considera joven de forma ingenua y algo infantil a las personas que no han llegado a los ochenta años. Por eso la muerte de Jesús Hermida ha parecido, en general, prematura. Leo en la prensa, de forma algo apresurada, que ha sido a causa de un infarto cerebral. Los infartos suelen ser rápidos y piadosos, una ya empieza a envejecer y teme esas largas enfermedades que comportan tratamientos agresivos, caer en el circuito de las pruebas hospitalarias y de los procesos de decadencia largos e irreversibles, por ello esas muertes de agonías cortas me parecen casi deseables, considerando que se ha de morir de alguna manera.

Más prematura fue la muerte de José Antonio Plaza, a los cincuenta y ocho años. Durante sus años de corresponsales en Londres y Nueva York ambos, jóvenes y guapos, fueron para nosotras, las adolescentes y jovencitas de la época, tan famosos y admirados como los actores de cine o los cantantes de moda. Recuerdo que había partidarias del uno y partidarias del otro. En todas las Españas veíamos los mismos programas de televisión. Hermida nos parecía demasiado presumido, en una ocasión recuerdo que acariciaba un inquietante gato negro. Plaza tenía más apariencia de buen chico, de encantadora modestia profesional. Esos corresponsales fueron también muy imitados por los humoristas, la imitación y la parodia son recursos muy efectivos ligados a cada época y a cada situación.

Todas esas tonteríasjuveniles conformaronn un imaginario colectivo que nos unía más que los gobiernos, la política o las patrias gloriosas. Pienso en ello a menudo cuando miro por la tablet, con mi nieta, los encantadores dibujitos de Peppa Pig y compruebo que se pueden escuchar en tropecientos idiomas. Me imagino a mi niña en un futuro que no veré, viajando a China, a Rusia, al Perú, y comentando con gente de su edad cosas de este tipo, los dibujos que todos veían, de pequeñines, los actores de moda de su adolescencia, las músicas que aún están por inventar y que formarán parte de su memoria sentimental, la mayoría de cosas estarán ya absolutamente globalizadas y quiera el destino que exista eso que hoy todavía parece tan imposible y lejano, la paz universal o al menos la ausencia de guerras enquistadas y crueles.

Los coches y la televisión nos cambiaron del todo.  La guerra civil era un fantasma del pasado que parecía irrepetible y que debía ser olvidada a cualquier precio, por lo menos se comía y había trabajo, decía, incluso la gente poco adicta a un gobierno que, ese sí, parecía inmortal. De pronto el mundo venía a casa y tú podías ir a correr mundo con cierta facilidad y, todavía, con un pasaporte que exigía pesados  trámites e incluso un certificado de penales para serte concedido. 

El tiempo pasó y ambos, Plaza y Hermida, hicieron otros muchos trabajos periodísticos, todos interesantes, pero ya nada conservaba la mística de cuando nos hablaban desde ciudades entonces tan míticas y lejanas para la mayoría como Londres o Nueva York. Los setenta ya no fueron económicamente tan boyantes como los sesenta aunque llegó la transición y la ilusión se disparó de nuevo.

Mueren estos personajes y se llevan también trocitos de nosotros mismos, retazos de toda una época con luces y sombras en la cual ellos eran jóvenes y nosotros, todavía más jóvenes que ellos. Primero íbamos a ver la tele a algún local del pueblo o a casa del vecino que se la había podido comprar y nos abría sus puertas de forma generosa y algo presuntuosa, al fin y al cabo, de qué sirve tener cosas bonitas y caras si no se pueden enseñar?

Luego todos tuvimos tele casera y se perdieron aquellas comunidades que se formaban delante de la pantallita, como antaño se había perdido la emoción de ir al cine del barrio o del pueblo y coincidir con todo el mundo. Todavía hoy se produce ese milagro en algunos bares y centros sociales, gracias al fútbol. Los corresponsables en el extranjero ya no tienen el mismo carisma, mucha gente chapurrea inglés en la actualidad e incluso idiomas más difíciles. No me gusta la nostalgia ni tampoco comparar el pasado con el presente, todo resulta engañoso cuando eres mayor, existe una gran tendencia a la mitificación retrospectiva.

Descanse en paz Jesús Hermida en el cielo de los periodistas en el cual, al menos por ahora, no hay ningún corresponsal que pueda contarnos como va por allí o en qué idioma se comunican las almas de los difuntos que nos precedieron en la fe y ahora duermen el sueño de la paz, como dicen en misa. Aunque yo no me refiero a la fe religiosa sinó a la fe en un futuro mejor, imposible y también mítico, el de aquellos años sesenta que tantas ilusiones de todo tipo construyeron en nuestro imaginario individual y colectivo. Luego siempre llegan las rebajas.

jueves, 30 de abril de 2015

SOBRE EL DUDOSO DERECHO A SER MADRES Y PADRES


Escuchaba ayer por la radio la repetición de un programa sobre sexo en general, que tiene cierta audiencia, Les mil i una nits. Lo conduce la inefable Maria de la Pau Janer, poliédrico personaje casi mediático que hace años, de jovencita, ganó muchos premios literarios, se casó con un psiquiatra más mediático que ella e incluso llegó a ir en alguna lista del Partido Popular. Durante bastante tiempo fue un rostro habitual en la televisión, hoy otros personajes han desplazado ese reino efímero de la pantallita. Se metieron con ella porque era guapetona, con las mujeres se meten tanto si son feas como si son guapas, claro. Incluso la recuerdo manifestar, con cierta simpática ironía, en una entrevista de hace años que ni era tan guapa como decían ni escribía tan mal como, también, decían unos cuantos. Puede que tuviese razón aunque a mi algún libro suyo me pareció de una pesadez insoportable aunque en honor a la verdad no estaba mal escrito.

El caso es que en el programa en cuestión se hablaba de la maternidad, sobre la gente que quiere tener hijos y la que no. Sobre lo natural de querer ser madre y el derecho a no quererlo ser. Una dama que creo que ejerce de dómina expresaba su deseo de no querer tener hijos. Un ginecólogo contaba como en otra vida le gustaría ser mujer para vivir la experiencia. Lo cierto es que sobre el tema se repiten muchas tonterías, tópicos diversos, vaya. Es verdad que las mujeres tienen todavía presiones sociales más o menos evidentes sobre el tema, que el instinto todavía cuenta, incluso cuando se tiene sólo un hijo hay quién te insiste en aquello de qué uno es poco y unas cuantas banalidades más sobre eso del hijo único y sus peligros educativos. Si tienes más de tres hijos también te miran mal, eso sí, se sospecha que perteneces a alguna secta católica o que estás mal de la cabeza.

En el programa de radio había un gran ausente, ese hijo traído al mundo a la fuerza, sin pedirlo. Tampoco se entró en aspectos filosóficos serios: el valor de la vida, si vale la pena vivirla y todo eso. Se supone que hay derecho a ser padre o madre o a no serlo pero al hijo o a la hija no le dejamos decidir nada. Incluso en los debates sobre el aborto se prima la política y los intereses partidistas por encima del fondo real del tema. En general siempre prevalece el deseo de los vivos en activo por encima de esos futuros seres que vamos a buscar porque nos hace ilusión y que no podemos saber qué vida van a tener. Los protegeremos, si somos padres normalitos, mientras son pequeños, reiremos sus gracias, soportaremos sus adolescencias y si ellos también son normalitos incluso puede que nos echen una mano en la inevitable y dolorosa vejez. Una vez estás en el mundo, si no tienes mala suerte, no quieres irte. 

Pero la realidad es que hay gente con mala suerte y a nadie nos preguntaron antes de venir. Hace unos años el periodista Bassas entrevistava a Raimon. El cantante no ha tenido hijos por voluntad propia y el periodista, que creo que es creyente, entró en el peligroso tema del egoísmo antipaternal. Se supone que no querer hijos es egoísta. Un absurdo como tantos, yo creo que es mucho más egoísta tenerlos, en el fondo los tenemos porque los deseamos, deseamos realizarnos como padres o madres, otro tópico recurrente. Aceptamos las limitaciones que nos impone su presencia a causa de la ilusión que nos hace verlos crecer. Cuando sean viejos o sufran, de mayores, ya no podremos ayudarlos, seremos una carga para ellos y eso suponiendo que hayamos sido unos padres sostenibles y soportables, generosos y cariñosos, pues hay quién cuando pasa esa primera época infantil en la cual los niños hacen gracia ya no saben muy bien qué hacer con ellos.

Los creyentes en cualquier religión, las enseñanzas de la cual comporten creer en otro mundo eterno y feliz pueden tener cierta justificación sobre el tema, aunque sus hijos vengan al mundo condicionados a crecer en un entorno en el cual las doctrinas, los dogmas y las prácticas religiosas son irrenunciables, al menos durante unos cuantos años. Me cuesta entender cómo en la actualidad todavía existen religiones en el mundo occidental pero también me cuesta entender que se hagan más de dos horas de cola para que Ken Follet te firme un ejemplar de un libro que ha escrito y publicado gracias a un equipo casi empresarial de colaboradores y eso sucedió en la reciente fiesta de Sant Jordi.

En el fondo todo es biología. Sin embargo echo en falta debates profundos sobre el sentido de la vida, la necesidad o no de perpetuar la especie y cosas así. Nos creemos originales y acabamos por querer ser cómo todo el mundo, tener pareja estable, dos hijos, mejor si son niño y niña, poder comentar con nuestros contemporàneos aspectos higiènicos, deportivos, televisivos, educativos y de lo que sea. Todo es bastante irracional, emotivo y poco razonado pero es así y puede que así deba ser. Los avances en genética permiten cosas que en otros tiempos se hubiesen considerado pecados o barbaridades. Mientras el aborto se frivoliza, la eutanasia todavía es complicada e ilegal por aquí. El suicidio todavía es un tabú, a veces inexplicable. Vale la pena vivir? Pues depende de dónde caes y de con quién y de la buena o mala suerte, la verdad. En todo caso es esa una pregunta absurda, no te preguntan antes de llegar si quieres vivir y en dónde quieres hacerlo. Por eso las patrias son tan absurdas cómo las religiones, según mi opinión. Pero sus efectos perversos son temibles.

A menudo se insiste en el tema de la poca protección a la maternidad, todo parece tener causas económicas pero a menudo ha sido al revés, los repuntes natalistas han llegado en épocas duras en qué se mejoraba a trancas y barrancas. Cómo a finales de los cuarenta, cuando nací yo y en mi escalera vecinal llegaron, en el mismo año, media docena de críos. Sus padres, como los míos, habían sobrevivido a la horrible guerra civil, a las crueldades, a los bombardeos, al hambre, al tifus y a cosas peores. Les parecía, quizás, que todo iba tan sólo a mejorar? Nos trajeron a un mundo gris y dictatorial con toda la ilusión del mundo y la cosa no tiene explicación razonable, más bien parece que debía de haber sido al revés, después de tantos desastres y considerando que en Europa había habido muchos más. Pero eran jóvenes y la juventud es engañosa, como la infancia, y está bien que sea así o todo se habría terminado hace tiempo de una vez y yo no estaría escribiendo en este blog. 

miércoles, 15 de abril de 2015

NOTICIAS DESCOMPENSADAS

Operación de rescate de inmigrantes ilegales por parte de la Guardia...

Hace pocos días el accidente de los Alpes nos conmovió y generó todo ese vuelo de buitre periodístico habitual, incluso los periodistas de culto, que se las dan de serios, mojaron pan en el tema mientras criticaban a otros que hacían lo mismo, aunque de forma más burda. Se mandaron corresponsales al lugar para que no nos dijeran nada nuevo, se publicaron biografías no autorizadas de las víctimas, hoy las redes sociales son una mina, hasta que las familias exigieron discreción y educación. Como sucede siempre, el tiempo pasa y todo se olvida, a nivel general, ya que los parientes y amigos de los muertos no lo olvidan nunca.  

En el mundo se suceden las tragedias, individuales o colectivas, siempre ha sido así y tan sólo debemos al azar el hecho de qué en nuestra corta vida no nos toquen de cerca y de forma cruel. Muchos periodistas responsables han advertido sobre la situación de Corea del Norte y han insistido en qué no se podrà decir que no se sabía qué pasaba allí. Una cosa es que se sepa y otra que se pueda hacer alguna cosa. Las protestas masivas nunca han podido parar una guerra si no estaba ya en marcha algún acuerdo político a alto nivel.

No entiendo que para librar a países de determinadas dictaduras se haya acabado por generar situaciones peores que las anteriores. En algunos casos tenemos información, breve, puntual, rápida e incompleta, Nigeria, Kenya, muertos, torturados, secuestrados. Incluso el cine de denuncia nos ofrece perlas como Timbuktú.  Y están todos esos ahogados, gente de todas las edades, niños y bebés, más de cuatrocientos nos han dicho hoy perdidos en el mar al querer escapar de horrores diversos y hambrunas persistentes. Que  se suman a tantos miles. Un problema para los países receptores, sin duda. Un   problema para todo ese mundo en el cual, a pesar de las crisis, comemos cada día y vivimos con una relativa seguridad.

De todos esos muertos no se cuenta la biografía, son una masa de la cual sabemos siempre poco. A veces ni tan sólo se sabe de dónde vienen.Tampoco sabemos qué les sucede después a los supervivientes. Hay un pozo sin fondo de información desestimada, pero a veces algún periodista valiente e independiente nos cuenta alguna cosa. La mayoría de veces ni tan sólo se nos dan explicaciones geográficas, políticas, nada. Determinada izquierda sólo saca la gente a la calle cuando por el medio están los Estados Unidos, viví eso cuando  trabajaba en la escuela, en el tiempo de lo del Golfo, dibujitos de palomas y cosas peores. Costó mucho que se protestase de lo de Bosnia. No se puede protestar de todo y tampoco no sirve para nada, te dicen. Pero cuando conviene a intereses partidistas, se saca la gente a la calle, de motivos hay siempre.

Incluso la foto que cuelgo, procedente de una noticia periodística sobre esos últimos ahogados, es mentira, no corresponde a esos hechos sino a un rescate anterior. Así van las cosas, total, qué mas da? Calcular el tiempo que se dedica al futbol -a una parte del futbol, claro- y a otras necedades, en comparación con el resto de información a menudo tan mal contada que aburre a la mayoría de gente, es escandaloso. Eso sí, de vez en cuando nos advierten de qué nos ofrecerán imágenes crudas, muertos no respetados, manchas de sangre, cosas así. Pocas veces nos explican qué, cómo y por qué. Así nos va. No podemos arreglar tantas desgracias pero quizás sí exigir que nos informen bien y a fondo y boicotear tonterías televisivas diversas. Pan y circo, como siempre. Quizás precisamos de un porcentaje de circo para sobrevivir pero tampoco tanto, la verdad. Los telediarios deberían replantearse de arriba a abajo, menos mirarnos el ombligo político y que fútbol, cine y el resto se emitan en programas especializados o en canales específicos. Nuestras crisis y penalidades comparadas con otras toman una dimensión muy distinta, todo es relativo y quizás vale la pena que se nos repita eso de vez en cuando.