viernes, 27 de marzo de 2009

Teatro, vida y historia: Ricard Salvat



Ha muerto Ricard Salvat, un personaje más de los pocos que nos quedan ya de esos que enlazaban nuestro presente a nuestro pasado más reciente y también al más lejano.

No le conocí personalmente, aunque fue mi profesor hace muchos años, cuando después de estudiar magisterio nocturno me animé a seguir aquella antigua carrera de filosofía y letras, en horario nocturno y que tuve que dejar por problemas de horario, sobre todo, pero también porque la agitación política hacía que las clases se interrumpiesen a menudo, que la policía de entonces entrase en el recinto y que el resto del tiempo se perdiese en asambleas y propuestas etéreas. Me quedó el gusanillo y muchos años después hice Humanitats en la UOC, pero ni la universidad ni la cultura ni Catalunya ni España eran las de antes, en general para bien, aunque también se perdieron iniciativas y conquistas audaces, porque casi nunca la realidad es como la soñamos y la democracia, tampoco. Sobre las protestas universitarias, creo que sería coherente buscar formas de manifestar la discrepancia que no comportasen la pérdida de clases. Cada vez creo de forma más contundente que la huelga no es, en según qué sectores (sanidad, educación), y menos aún en un contexto democrático, una forma razonable de protesta, sobre todo cuando perjudica a terceros y no a los empresarios, aunque se ha convertido en una especie de paradigma obligatorio de la izquierda que no evoluciona. Las clases que se pierden no se recuperan y con tanto aprobado político hemos generado un personal educador que, con algunas excepciones, no tiene ni de lejos la talla de los de antes.


La universidad nocturna de entonces estaba absolutamente masificada. En las aulas yo creo que había bastante más de cien alumnos, aulas con humo y tabaco, por cierto. Hice con Salvat dos asignaturas, no recuerdo el nombre exacto, pero es lo de menos, porque era un hombre muy sabio y nos hablaba de Cultura con mayúscula. Allí recuperè la tradición cultural catalana, tan importante antes de la guerra civil, pero también la española y la europea. Nos traía a clase personalidades como Palau i Fabre, que nos recitó varios poemas. Sin embargo, ya entonces no era santo de la devoción de la progresía, que lo tildaba, aunque era todavía bastante joven, de patum, de forma absolutamente injusta.



He seguido su espléndido teatro y he visto como la sociedad catalana de la cultura oficial lo marginaba, aunque ahora se oigan alabanzas diversas. Le dedicaron hace algunos años una exposición con el nombre, creo, de Ricard Salvat i la seva època. Cuando a un personaje se le dedica un título así significa que esa época ya ha pasado, claro. Sin embargo Salvat seguía en activo, era conocido en todo el mundo y Meteora, una pequeña editorial valiente y exigente, había recuperado una novela suya, perdida como tantas otras en el etéreo espacio de los libros olvidados. Meteora me ha publicado también una novela recientemente y me sentía ingénuamente orgullosa de la coincidencia. No ha tenido tiempo de asistir a la presentación, que será el primero de abril. Descanse en paz.

sábado, 7 de marzo de 2009

Cuando tal día como hoy era Santo Tomás...

Hoy había sido, hace años, Santo Tomás de Aquino. Mi padre habría cumplido hoy 92 años, sin embargo murió a los 84. Mi padre era de un pueblo de Gerona, en la comarca de la Garrotxa, precioso lugar, que se llama Mieres, como el asturiano, aunque es un pueblo más modesto y pequeño. Pertenecía mi padre a una familia numerosa, fueron trece hermanos, de los cuals sobrevivieron y llegaron a adultos once. Él fué el más pequeño, el benjamín, como decíamos antes, aunque ahora ya casi nadie sabe quién era Benjamín, el último de aquella lista que sabíamos de memoria: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. La historia del casto José también se esta perdiendo en la nebulosa del pasado y hay quién piensa que es una zarzuela, por aquello de la corte de Faraón y las mujeres de Babilonia... Benjamín se llamó aquel botellín de champán, esa cosa que ahora se llama cava.


Mi padre pertenecía a una família bastante modesta aunque contaba que en su pueblo había gente aún más pobre y que ellos, al menos, comían de modo habitual. He sabido con los años que mi abuelo de Mieres, que se dedicó al oficio de carretero constructor de carros en un tallercito alquilado, había tenido que emigrar, con su familia, de pequeño, desde la zona de Camprodón, a causa de las guerras carlista, en las cuales se habían significado bastante, perdiendo el poco dinero que tenían a favor de la causa. Mieres forma parte de la zona que se ha llamado la Navarra catalana, conservadora y carlista.

Se habla poco de las guerras carlistas, es un error porque muchas cosas de aquel tiempo explican también hechos posteriores de la guerra civil. El caso es que mis abuelos a partir del quinto hijo, más o menos, ya ponían a la descendencia el santo del día. Por eso a mi padre le pusieron Tomás, Tomás de Aquino, en concreto. Con los años, se cambió el día de la fiesta, cosa que fastidiaba mucho a mi papá, que ya no celebraba su santo y cumpleaños con la ilusión de antaño. Actualmente Santo Tomás se celebra el 28 de enero. Santo Tomás, como se sabe, es el patrón de los estudiantes.

Yo creo que la fiesta estudiantil ya no es lo que era. Marzo era mejor tiempo para salir de fiesta, los días son más largos, la primavera empieza a asomar su naricilla por todas partes, aunque el frío dé todavía buenos sustos. En mis tiempos juveniles las tascas de Barcelona, de la zona de la Merced, estaban en este día, tarde y noche, llenas de gente joven. Bebíamos sangría y comíamos patatas bravas, pan con tomate y champiñones y lo que fuese, cantando a voz en grito cosas que ahora parecen políticament incorrectas, como aquello del niño de Asunción, que no juega al balón, hoy homófoba tonada, o lo de los estudiantes navarros que persiguen a las criadas por las posadas, canción misógina y clasista. También cantábamos en catalán, baixant de la font del gat una vella es fot de cap, la porten a l'hospital, el metge era un animal... en fin, tampoco eran lieders de Schubert, las vernáculas de juerga.


Era un buen día para hacer amistades y, como dijeron después, ligar. ¡Qué bien se pasa de joven, con prácticamente nada más que esos pocos años, con tanta vida por delante y todavía sin obligaciones contundentes! Tomás es un nombre que hoy no se pone tanto, lástima. Las monjas de mi escuela remarcaban que había que decir 'santo' Tomás y que en el cielo había tres santos y un santito, chiste inocente y monjil. Los tres santos eran Santo Tomas de Aquino, Santo Tomás Apóstol y no sé si Santo Tomás de Villanueva. El santito era San Tito, claro. Tomás de Aquino no goza hoy de muchas simpatías, pues la enseñanza antigua le obligó a monopolizar la filosofía de la enseñanza media durante mucho tiempo. Si hay cielo espero que Tomás de Aquino esté allí, instalado en un buen despacho celestial con biblioteca y cuidando de mi padre, claro. De algo ha de servir llevar el santo del día aunque luego te cambien el día del santo.

domingo, 1 de marzo de 2009

Sobre libros y lenguas


El miércoles presenté mi nueva novela en la Casa del Libro de Barcelona, gracias a la Editorial Meteora que confió en ella. Me la presentó Jordi Cervera, también escritor y periodista, que hizo comentarios elogiosos sobre ella, cosa que le agradezco infinitamente.


Vinieron amigos, parientes, conocidos. Se vendieron los cincuenta ejemplares que la librería tenía; por extrañas razones organizativas en las presentaciones no ponen más volúmenes a la venta. La Casa del Libro tiene cada día presentaciones de libros, se edita mucho y de todo. Flotar en ese mar de papel impreso es difícil. Ahora, el éxito y la venta ya pertenecen al misterio del azar.


La novela es en catalán. Me gustaría traducirla al castellano para poder hacer una edición en esa lengua, que también es la mía, yo misma haría la traducción, pero eso, tal y como va el sector editorial, en mi caso es todavía un sueño.
El libro es una historia familiar, la de una de esas familias desgraciadas que lo son cada una a su manera, como cuenta Tolstoy al inicio de ese gran libro que es Ana Karenina. El protagonista -aunque es bastante coral, según como se mire- vive en las barracas de Montjuïc, intenta mejorar, estudia, se casa, todo parece irle bien, pero un suceso desdichado le hunde en la desesperación y le encara con el lado oscuro de la vida. Es también la historia de los últimos cincuenta años de nuestro país, de mi ciudad, de mi barrio, de nosotros mismos.


Empecé a escribir hace años, muchos, en castellano, porque en mi infancia todo era en castellano por obligación, como se sabe. En mi casa eran catalanes, teníamos algunos libros en catalán, con los cuales aprendí a leer en mi lengua familiar, entonces reducida al ostracismo. Con la apertura de los sesenta el catalán pareció resucitar lentamente, muchas iniciativas en música y literatura, en periodismo, dieron de nuevo al catalán categoría y difusión. Más adelante llegó a la escuela, primero de forma tímida y casi disimulada. En la Normal hice, en horas que no eran de clase, mi primer cursillo para aprender a escribir mi lengua con un mínimo de corrección. Luego hice más cursos y cuando el catalán entró en la escuela yo ya tenía suficientes títulos para convalidar que me otorgaban el nivel requerido.


No hubiese imaginado que la inmersión llegase a generalizarse, pero así fue. Es un tema hoy otra vez polémico. En el fondo, con los cambios sociales, el catalán ganó las aulas pero perdió mucho terreno en las calles de las zonas urbanas. Las lenguas no pueden separarse de la política, despiertan recelos, incluso odios. Hace años, en la transición, incluso recuerdo unos libros de lectura escolares donde había textos en gallego, euskera i catalán, con su traducción al castellano al lado. Creo que hemos perdido en relación y convivencia, con las parcelitas de las autonomías la permeabilidad ha disminuïdo. Personalmente, creo que todos los españoles deberían tener unas nociones de 'las otras lenguas', incluso saber algo más de una de ellas elegida de forma personal, por lo menos en secundaria. Me sorprende que en alguns pueblos se quiera hacer inmersión... en inglés. Hay que aprender inglés, pero el tema llega a unos niveles de papanatería educativa que dan un poco de pena, la verdad. El utilitarismo excesivo perjudica, es mi opinión.


También me molesta que me digan que el castellano me fue impuesto, cuando en mi barrio se convivía de forma normalizada en épocas pasadas y sentí esa lengua, siempre, como propia, también. Claro, es un barrio popular, que siempre ha tenido mucha inmigración, interior y, ahora, exterior. Las lenguas, en abstracto, no son nada. A nivel político son un arma carga de futuro... inquietante. A nivel educativo, por deformación profesional, creo que debería favorecerse el intercambio de escolares entre las distintas autonomías, dar a conocer músicas, leyendas, formas dialectales, tradiciones y costumbres de forma normal y desacomplejada. Me asusta comprobar lo poco que sabemos los unos de los otros, en ese contexto hispánico que a lo largo de la historia ha sufrido tantas tragedias (pero no más que otros, claro). En cambio, me parece que las cosas no van por ese camino. A veces tiene más peso lo que dicen los medios de comunicación, especialmente aquellos especializados en echar gasolina al fuego, que la realidad. La realidad de la convivencia de cada día, de la gente normal que nos encontramos en todas partes y en cuyo conjunto hay de todo, con un gran predominio de personas buenas y amables, afortunadamente.


El franquismo ha generado una especie de complejo de inferioridad sobre nuestra historia. O eso, o un exceso de orgullo patrótico, desmesurado y ridículo. La verdad, como dice el refrán, es que en todas partes cuecen habas y en algunas, calderadas. Lo mejor es condimentar las habas lo mejor que podamos y compartirlas generosamente.


Sobre el catalán, se ha perdido mucho también en iniciativa social. Las lenguas minoritarias no pueden ganar nunca en cantidad, ni precisan de leyes proteccionistas excesivas para sobrevivir. La obligatoriedad excesiva acaba perjudicando. Han de luchar en el campo de la calidad, de las buenas publicaciones, de los buenos programas de televisión, de la música. Es ahí donde noto yo el bajón, en comparación con otras épocas. Claro que también a nivel español, por lo que hace a cultura en general, las cosas no son como fueron. Contemplar algún antiguo programa de televisión, constatar lo que se hacía exprimiendo la inteligencia, a pesar de la censura y las muchas trabas políticas, muestra qué gandules nos hemos vuelto. Por lo que hace a literatura, pensar que Tolstoy o Balzac, o Mozart, sin buena luz, ni ordenador, ni siquiera bolígrafo, hacían lo que hacían nos tendría que dar un poquito de vergüenza, la verdad. Uf, no sé cómo me he ido de mi novela a todas esas reflexiones político-lingüísticas!!!


viernes, 20 de febrero de 2009

La aldea global





Hace muchos años, cuando estudiaba magisterio, recuerdo que con una compañera hicimos un trabajo sobre la educación en el mundo. Se empezaba a hablar de Mac Luhan y de la aldea global, copiamos muchas cosas de un Correo de la Unesco sobre se reflexionaba sobre el tema, parecía ciencia ficción, pero muchas de aquellas predicciones sobre los futuros intercambios entre población joven han resultado bastante aproximadas. Claro que el tema de internet no existía ni se soñaba en él, por cierto.


En un orden de cosas más esotérico, recuerdo también un cuento religioso que nos contaban en la escuela. Un sacerdote dudaba sobre la eternidad, creía que sería aburrida, y Dios le permitió visitar el cielo de forma temporal. Así que estuvo en aquel lugar empezó a encontrarse vecinos y parientes, charló con unos y con otros y cuando regresó al mundo de los mortales creyendo que había pasado una noche... habían pasado cien años. Mi idea de cielo como lugar de tertulia y charla constante me acompañó durante años y aunque hoy no soy creyente me gustaría que, de haber alguna eternidad, fuese en realidad como en el cuento, un lugar donde encontrarte con 'todo el mundo' y charlar de forma distendida durante siglos.


Hace unos días nos volvían a asustar desde la prensa sobre los peligros de internet. Cualquier novedad, en tanto que no es accesible, a veces por prejuicios, a la mayoría y que, generalmente, es a las personas de más edad a las que resulta más misteriosa, provoca siempre la aparición de supuestas adicciones y síndromes que generan, como no, tratamientos médicos diversos. He escuchado cosas extrañas a lo largo de mi vida, el cine, la televisión, han sido criticados como cosas perversas, incluso las novelas producen locura, véase Don Quijote o Madame Bovary, las lecturas les llevaron por caminos trágicos. Leer mucho perjudicaba la vista, las calculadoras reducían la memoria, siempre había niños que querían volar por haber visto Supermán o Pippy Calzaslargas y se tiraban por la ventana. En fin, que seguro que en este mundo tan diverso y surrealista debe haber de todo. El caso es que ahora nos avisan -porque siempre hay guardianes de las esencias que saben qué debemos hacer en cada caso y nos amenazan si no obedecemos- de los peligros de internet. Los guardianes de las esencias, cuando llegan al poder y consiguen seguidores suficientes son peligrosísimos, véase el juicio a este sicario de Pol Pot y las barbaridades que pasaron en aquel país, donde no se mató y torturó a los otros sinó a los suyos, cosa que muestra que no hace falta excusa religiosa, racista, lingüista, nacionalista ni sexista para machacar a alguien cuando un dictador vocacional consigue poder y medios.


El caso es que a mi me encanta internet, me sabe mal que no haya mucha más gente de mi madura edad por el facebook o por los blogs. Representa ese cielo hipotético donde te vas encontrando gente, viejos conocidos, pero también nuevos, con quienes estableces contactos permanentes o ocasionales, breves o más dilatados. Viejos amigos, ex-alumnas, parientes olvidados... he encontrado de todo. Con algunos nos hemos saludado, quizá no nos volvamos a ver. Con otros nos escribiremos de vez en cuando. Con unos pocos quedaremos para hacer un café. Con poquísimos estableceremos lazos mucho más sólidos.


Yo, que escribo libros desde hace tiempo, sin éxito mediático, puedo dar a conocer mis publicaciones o colgar mis poesías y mis escritos diversos, sin límite, de forma gratuita. Claro, tampoco gano dinero con ello, porque -de momento- no pongo publicidad en los blogs y me molesta ver esos anuncios de google, aunque admito que son discretos, que más de uno incluye en su espacio virtual para pagarse alguna cenita, que todos somos humanos.


El facebook, donde montones de jóvenes y unos cuantos mayores cuelgan sin complejos sus fotos ha provocado una especie de revolución comunicativa. Ciertamente, puede salir un loco por ahí con malas intenciones, pero es que los chiflados no sólo están en internet, sinó que pueden residir en nuestro barrio y tener un aspecto de lo más inocente, que ya lo decía una canción sobre Caperucita que también aprendí en la escuela: hay terribles fieras, que parecen caballeros de verdad.


Instalados en el riesgo de la permeabilidad comunicativa, me parece eso de los ordenadores un gran invento y internet una maravilla. Ya nada será cómo fue. Y eso que yo no sé inglés y no puedo andar por andurriales más lejanos para hacer amigos más exóticos! Casi me ocurre muchas mañanas como al cura poco convencido, que me parece que han pasado cinco minutos y cuando abandono el ordenador, sus blogs, sus webs y sus facebooks ya es hora de comer y, como decimos en catalán el més calent és a l'aigüera... O sea, literalmente, que lo más caliente está en el fregadero y que todas mis obligaciones domésticas, olvidadas, aunque no hay nada que no pueda esperar, evidentemente.


La aldea global existe, pues, en nuestros tiempos. No es una aldea ideal donde todo el mundo es bueno, generoso, solidario e inocente, claro. Pero es lo que tenemos, y considerando la historia de la humanidad, y que yo soy de talante algo pesimista en lo que se refiere a cuestiones tan difíciles como la paz mundial, espero que esa comunicación que parece excesiva sirva a buenos fines. Y sinó, al menos, nos lo habremos pasado muy bien navegando por mares metafóricos y virtuales.

domingo, 1 de febrero de 2009

Fotos con historia

No he estado en Madrid tantas veces como habría querido. No he viajado demasiado, la verdad. No me gusta el turismo que se hace hoy, en general: rápido, masivo, condicionado a eso que llaman la oferta cultural. Mis recuerdos de lugares siempre tienen relación con personas o sensaciones diversas, los lugares cambian, como nosotros, y a menudo no existe aquel sitio que idealizamos en años lejanos. No hay mejor visita que aquella en la cual nos acompaña alguien que ama el lugar, tanto si se trata de una gran ciudad como de una aldea.

Hay un blog que me tiene fascinada, es el de Mis fotos de Madrid, mucho más que fotos, la verdad. Quise hacer algo así con mi barrio de Barcelona, pero soy poco constante. Para que te guste una ciudad la tienes que amar y aceptar como es, con sus recuerdos y su presente, con sus cambios inevitables, en los cuales siempre se pierde alguna cosa. González Ledesma escribió en algún sitio que su ciudad, en ese caso Barcelona, era a la vez su madre, ya que lo vio nacer, y su hija, puesto que él la ve cambiar.

El dueño de ese rincón virtual madrileño ha tenido la buena idea de pedir a otros autores de blogs que le manden pequeñas narraciones o evocaciones relacionadas con Madrid. Hoy empieza la 'serie', que promete mucho; la verdad es que ya leo más blogs que revistas o periódicos. Sin embargo, cada vez hay más y mejores y cuesta ser constante, no hay tiempo para todo.


No puedo, de momento, volver a Madrid. Sin embargo paseo por sus rincones más entrañables y conozco su historia íntima a traves del blog de Miguel. Espero que dure mucho tiempo 'en antena'.

martes, 23 de diciembre de 2008

Apuntes navideños algo nostálgicos


Escuché hace unos días por radio a las Hermanas Serrano en la actualidad, recordando sus éxitos de los cincuenta y tuve un ataque de nostalgia. Tuvieron una carrera breve, pero grabaron el primer disco de música ligera en catalán de después de la guerra y yo tarareaba de pequeña su Mandolino de Texas y aquello de ola, ola, ola, ola, no vengas sola, ola, ola, ola, ven con mi amor... Me vino a la cabeza todo un mundo infantil imitando artistas ante un espejo, celebrando fiestas con familiares que ya no existen, recitando poesías subida a una silla.

Las Navidades nos traen esa melancolía especial, añoranza, autocompasión, ternura. A pesar de las muchas tonterías que hacemos durante esos días, (compras excesivas, regalos absurdos, felicitaciones vacías de contenido), no nos podemos escapar del ambiente, muy pronto, en nuestra vida, ligado a recuerdos familiares, a personas que nos han dejado, a fiestas del pasado y a belenes con olor a musgo.

Cuando era joven y estudiaba, una vigilia de Navidad, quedamos en casa de un amigo con un grupo de mi edad. Lo pasamos muy bien y después, al salir, fuimos a pie hasta el metro, pasando por delante de la catedral de Barcelona. En aquella época la feria de Navidad duraba hasta Nochebuena, hacía poco que habían desmontado los tenderetes y el suelo estaba lleno de cartones, suciedad, ramitas polvorientas. En la Rambla había borrachos, prostitutas decadentes y grupos de personas ruidosas. Era un año en el cual empezó a ponerse de moda un vaso con un cordoncito encerado que imitaba el ruido de una gallina y mucha gente iba haciendo ese ruido por la calle. Tuve como una revelación de madurez, había un mundo marginal detrás de la paz navideña, me deprimió la visión de aquella otra Navidad absurda y trágica. Pau Riba tiene dos canciones sobre Navidad desmitificadoras, que hablar de eso, de la otra verdad de la Nochebuena y del día después, cuando ya se han matado los gallos, en la mañana de San Esteban, día, en Catalunya, de hacer canelones con los restos del cocido.


Hay una película inmensa sobre la Navidad real, Plácido, de Berlanga, con un Cassen en estado de gracia. Se ironiza sobre la solidaridad de entonces, con aquellos pobres viejecitos invitados a la mesa de los ricos. Hoy hemos variado la solidaridad adaptándola a los nuevos tiempos, pero sigue siendo bastante folklórica. Hace años se decía que en el futuro no haría falta caridad, ni compasión, ni limosnas, pero parece que no nos escapamos de maratones ni colectas, en estos días. A pesar de todo, de los papanoels de plástico colgados de los balcones, de las lucecitas histéricas y de toda la parafernalia, hay algo mágico que resurge en esos días: los niños, los Reyes Magos, los lazos familiares. Después, lentamente, los días iran alargando sus horas de sol y volveremos a la sagrada vida cotidiana, a la santa rutina que, con los años, me parece mucho más agradable que las fiestas extraordinarias.

martes, 9 de diciembre de 2008

Reflexiones barcelonesas de camino hacia la Rambla



Me gustaría poder montar un blog con anécdotas, paisajes, historias y fotos de Barcelona, aunque ya existen algunos de muy buenos sobre el tema. También Madrid, ciudad que me encanta y donde siempre me he sentido muy bien, tiene blogs estupendos, yo diría que más ambiciosos que los de Barcelona, pero, qué sería de nosotros sin esa rivalidad ancestral?

La verdad es que me cuesta la especialización, tengo más tendencia a la variedad de colmado de barrio o de bazar chino, de todo un poco. Ahora estoy intentando mantener un blog com mujeres poetas,
en català, y me representa un esfuerzo importante.


Admito que soy barcelonesa vieja, que mis paseos se limitan a eso que se ha llamado, 'la vuelta de la Moños, personaje típico de la ciudad anterior a mi nacimiento. Esa vuelta comprende ir desde el Paralelo a la Rambla, sobre todo, por las viejas calles del Raval, hoy llenas de recién llegados de todo el mundo. Ahora tengo metro, pero continuo, si puedo, haciendo este trayecto a pie. En el Raval se desarrolló una buena parte de la vida de una parte de mi familia, aún me parece escuchar a mi madre contándome cosas de su infancia, de una casa importante, Ca l'Erasme, de industriales pioneros, donde havia servido su abuela y donde había trabajado su bisabuelo. De camino a la Rambla, con amigas o sola, siempre me pesaba en la báscula de El Regulador, la Joiería-relojería Bagués, que era gratuita. En esa báscula vi como aumentaba mi peso al ritmo de cinco quilos cada diez años, cosa que antes se consideraba razonable y hoy parece una vulgaridad. Ahora están convirtiendo esa joyería en un hotel, ay. No sé qué será de la báscula. Los joyeros barceloneses formaron una clase algo aristocrática, en la novela Mariona Rebull la familia de la chica, de joyeros, no ve con buenos ojos su unión al fabricante Rius. Muchos intelectuales catalanes venían de familias de joyeros o relojeros.


Mariona Rebull se hizo en cine allá por los años cuarenta, fue una digna versión para la época, protagonizada por Blanca de Silos, gran actriz que vivió muchos años, aunque se retiró joven y que ha tenido la desgracia de pasar a la posteridad por haber sido la protagonista de Raza, con guión del mismísimo Franco. De Mariona Rebull se hizo una serie en blanco y negro, por la tele, protagonizada por Jesús Puente y María José Alfonso y en épocas más recientes La saga de los Rius, en color, un poco lenta, pero bien ambientada e interpretada. A mi es que Maribel Martín me gustaba mucho hiciera lo que hiciera, lástima que ahora no se deje ver.

Mariona Rebull la escribió Ignacio Agustí, que había sido una promesa de la poesía catalana de antes de la guerra, pero que se unió al bando franquista y se pasó al castellano. A pesar de que por ese motivo hay quien le tiene manía, la historia de los Rius es todavía un interesante fresco sobre la Barcelona de la época, sobre todo en sus dos primeras partes. El pobre viudo Rius que encuentra a su esposa en el palco del Liceo, en compañía del seductor Villar, el día de la bomba, que ya es desgracia, lo pasa muy mal, aunque en la segunda parte tiene un pequeño lío con Lula, que en la peli antigua era Sara Montiel, joven y espléndida, pero no se decide a tirar canas al aire y vuelve al trabajo, como ha de ser y como eran los catalanes tópicos y típicos de aquella època gloriosa y convulsa.


Blanca de Silos hizo muchas películas, se casó con un noble polaco y murió muy mayor, en el 2002, sin que se hablase demasiado de ella. En una de sus películas, En un rincón de España, salían como extras muchos niños polacos acogidos en Barcelona. Estos niños fueron en muchas ocasiones robados a sus familias a causa de su aspecto ario, por los alemanes, y entregados a familias alemanas. Después de la guerra algunos regresaron con sus padres biológicos o fueron acogidos en algun lugar, en Barcelona residieron durante unos años algunos de ellos, y parece que guardan muy buen recuerdo de España. Hace pocos días se ha vuelto a reunir en mi ciudad un buen grupo y se ha hablado bastante del tema. Por casualidad coincidió este hecho con mi lectura del libro Marcas de nacimiento, de Nacy Huston, cuya historia está basada en uno de esos casos dramáticos.


Las guerras son horribles y generan todo tipo de injusticias y tragedias. La paz es frágil y hay que protegerla como sea, nunca estamos del todo vacunados contra la barbarie o la sinrazón. Lástima que siempre hay guerras en un sitio u otro, parece que moriré sin haber conseguido contemplar aquella vieja utopía de la paz mundial. Bien, la esperanza es lo último que se pierde, dicen.