domingo, 25 de abril de 2010

Pasados frágiles

El funeral del señor Samaranch ha provocado un ejercicio generalizado de memoria histórica no deseada. Para nadie que tenga alguna edad ha sido ninguna sorpresa conocer su pasado falangista. Sin embargo me temo que podríamos encontrar muchas fotos parecidas de muchas personas. Samaranch ha sido uno de esos personajes quizá necesarios, hábiles, inteligentes, camaleónicos y con suerte, porque todo cuenta. Hace muchos años, en mi juventud, fue candidato a procurador en cortes, en aquellas inefables elecciones. Joan Oliver, 'Pere Quart', personaje incómodo, gran poeta, escribió un texto que se cantó bastante, aprovechando una música de Bob Dylan. Explicaba la historia de un joven progre y bien situado, catalanista y pequeño burgués. Una muestra:

Amb teatre a veure Capri i de cine, quan hi vaig,
servidor, per poc que paguin, prefereix les d'art i assaig.
En política som neutres, però no votem en blanc 
ella vota en Tarragona i jo voto en Samaranch...
(...) Però sóc catalanista, i a casa amb la mamà/ quan no hi ha visites parlo sempre en català...

Eduardo Tarragona fue otro personaje de la época muy interesante, famoso por un eslogan inefable: al pa, pa, i al vi, vi. Creo que no hace falta traducir los textos al castellano, son muy gráficos.

En el mundo real sobrevien con éxito los samaranchs y los fouchés. Son necesarios a todo el mundo y en muchas ocasiones de peligro o necesidad es más fácil pactar con los corruptos que con los dogmáticos, que acaban, como Robespierre, cortando cabezas a diestro y siniestro.  Es triste, pero es así. Las personas de buena voluntad y honradas aguantan poco en el poder, político, empresarial o intelectual. En Barcelona ha tenido que dimitir recientemente una concejal del ayuntamiento, Itziar González, que intento hacer algo ante la especulación del distrito de Ciutat Vella, sus mafias y sus corruptelas, y ha acabado perdiendo la salud y con la necesidad de llevar escolta ante las amenazas que recibía. Se ha hablado poco, muy poco del tema, si consideramos su gravedad. Vale más hablar de pasados etéreos reinventados, o de diseño y literatura experimental o cine, da menos dolores de cabeza. 

Envejecer -hoy nadie se hace viejo, los antiguos Casals d'avis se llaman hoy Espais de gent gran, y otras memeces por el estilo- da una perspectiva algo más lúcida sobre la historia, aunque hay quien no quiere ver nada, más allá del camino que marcan sus orejeras ideológicas. De joven se suele ser más dogmático y maniqueo, se cree en el poder omnímodo de la educación, de la medicina, y también en qué la verdad siempre flota, brillante y triunfadora. Pero no hay verdades absolutas, hay personas y las personas somos diversas, contradictorias, variables, crédulas, incoherentes, en ocasiones débiles y en otras ocasiones fuertes. A veces somos buenos o muy buenos y otras veces, no tanto. Cambiar de ideas y convicciones, siendo críticos con nosotros mismos, es humano. Conservar nuestros dogmas intentando que se solidifiquen de forma intocable, no me lo parece. 


domingo, 11 de abril de 2010

Devociones diversas: Barça-Madrid y una ciudad paralizada



He estado unos días en Sevilla, ciudad que no conocía. Para los que no hemos vivido desde niños el fervor popular que se manifiesta en tantos lugares durante la Semana Santa, la constatación de esa vivencia multitudinaria y emocional, que goza de muy buena salud, resulta algo extraña, pero también entrañable y emocionante.

Hace años, sobre todo durante la transición y después del Concilio Vaticano II, parecía que las procesiones y otros actos religiosos desaparecerían con el tiempo.En Catalunya, quizá más concretamente en Barcelona, se suprimieron algunas, entre las cuales una que se llamaba de la Buena Muerte, que nunca fue excesivamente popular y otra que había llegado a serlo mucho, la de la Torrassa, en L'Hospitalet, que celebraban muchos emigrantes de entonces.

Como ha pasado con otras cosas, se han recuperado en los últimos tiempos un gran número de tradiciones. Muchas de ellas nunca se habían debilitado. En lugares muy catalanes como Verges, Tortosa, Girona o Lleida, en un gran número de pueblos, las procesiones y representaciones teatrales que hacen referencia a la Pasión, han experimentado un auge inesperado. Han surgido incluso nuevas iniciativas. En estos temas se mezcla religión, emoción, amor a las tradiciones y también entusiasmo juvenil. Ya no buscamos, como antes, la coherencia moral con aquella exigencia dogmática de otros tiempos y el paso de los años ha difuminado el barniz excesivo del nacional catolicismo, ya lejano.

Mirar con cierta distancia las cosas produce estupefacción, no hay duda. Hay que tener un cierto grado de fe o curiosidad para valorar esos temas. Leía hace poco a Pérez Reverte, en un artículo algo polémico, lamentándose del hecho que una ciudad como Sevilla concentre casi toda su energía en cofrades y cofradías mientras la vida cultural, en otros ámbitos, está bajo mínimos. Esta bien que se escriban críticas a todo, así ha de ser, la polémica es saludable. Pero el mundo se mueve muchas veces de forma gregaria y emocional, lo saben bien los poderes públicos, lo saben los dictadores y los papas y los jefes de gobierno. Todo lo que concentra mucha gente y genera una liturgia, tiene éxito, conforma nuestro imaginario sentimental, nos hace pertenecer a un conjunto, cosa que da seguridad. En la vida nos movemos entre las ansias de ser diferentes y las de ser como todo el mundo y no encontrarnos solos.

Una religión laica de hoy es el futbol. Ayer, a las diez, pareció que el mundo se detenía. Yo soy poco futbolera, y, con todos los respetos para los creyentes, me miro el fenómeno fubolístico con la misma distancia con que me miro las procesiones, aunque a veces participe en todo ello, más o menos. El fútbol tiene héroes, santos, mártires, estampas, imágenes, templos, devotos... Exige sacrificios, no sólo a los jugadores, sinó a esas peñas incondicionales que son capaces de viajar de forma incómoda a tierras lejanas para ver un partido y volver el mismo día. Los jugadores triunfadores son llevados en procesión, expuestos al público. Cuando son derrotados, hay que protegerlos de las iras populares.

Hace años, durante la transición, se suponía que el fútbol canalizaba las aspiraciones democráticas. Se opinaba, en ámbitos juveniles mentalizados, que, con el cambio político, el tema iría de baja. El fúbol era opio del pueblo, como la religión. Más bien, sin embargo, ha sido al revés, el fútbol ha aumentado su poder de convocatoria, su glamour popular, de forma exponencial. Incluso, con el éxito, ha llegado un efecto perverso, su éxito parece limitado a dos potencias en juego. Los demás son secundarios. De tanto lujo como se quiera, pero secundarios.

El Barça, ya lo dicen, es más que un club. Integra personas muy distintas, hermanadas por la afición y mezcla nacionalismo y deporte de forma algo chusca, pero eficaz. En el ámbito futbolístico se admite con facilidad que se lleve a niños que prometen a una escuela unisex de élite, lejos de su familia, si eso sucediese en otros ámbitos nos parecería una barbaridad. Las bibliotecas son gratuitas, los museus hacen descuentos, pero en el fútbol se paga siempre. En el gran fútbol, claro. Los equipos locales a veces malviven con dificultad, por no hablar del deporte escolar. El fútbol profesional de élite mueve mucho dinero, mueve poderes e influencia, ningún político evita ser visto en su palco, durante un partido, al contrario. Los jugadores de éxito son un sueño para muchos niños, todavía más si provienen de medios humildes, como Messi. Su mérito ha sido tener un don para algo y haber conseguido que alguien se diese cuenta de ello. Después, claro, tambien está el mérito de haberlo sabido aprovechar, de ser serio y responsable, todo cuenta, aunque a los buenos futbolistas se les perdonan muchos pecados. En sus lugares de origen les homenajean y dedican calles y placas. No tiene ni punto de comparación su éxito con el de un buen historiador, que ha tenido que dar clases en un instituto conflictivo de barrio. Por ejemplo.

Durante más de treinta años trabajando de maestra he comprobado que los chicos juegan en el patio, casi exclusivamente, a fútbol. Si en algún tiempo lejano existieron otros juegos, han pasado a la historia o sòlo experimentan de forma muy breve alguna resurrección inesperada, como pasa con las canicas. Todavía más, cuando no hay pelota suelen generarse peleas. El fútbol, en eso estoy de acuerdo con Camus, educa, en el sentido que hay que cumplir normas y admitir arbitraje, canaliza la violencia visceral. Chicos rebeldes aceptan esas limitaciones, es una autoridad que todavía funciona. En estos últimos años he visto también algunas chicas incorporarse a los partidos de fútbol escolares. Me temo, sin embargo, que el fútbol coeducativo tardará mucho tiempo en prosperar. El chico que no juega bien a fútbol está, por lo general, algo marginado. Si, además, es un empollón, tiene todos los números para ser objecto de crueldades diversas.

Hoy habrá alegría generalizada en mi ciudad. Ganó el Barça! Ganar tanto es también inquietante, las derrotas inevitables un día u otro parecen, cuando llegan, una gran desgracia y generan frustración. En mi ciudad, incluso en mi barrio, hay también gente, poca, del Real Madrid. Ir contra corriente es difícil y admirable. Se supone que si eres catalán, incluso si sólo vives aquí, has de ser del Barça. Los del Español son una rareza, disidentes masoquistas, traidores a la patria, y ellos mismos fomentan esas admirables características de rebeldía outsider. Más allá del Barça i el Madrid, y de algunos secundarios de lujo, hay poca cosa, aunque la realidad es que en muchos pueblos los partidos locales generan más violencia que los grandes y profesionales.

Las devociones diversas, religiosas o laicas, despiertan siempre mi curiosidad y por más que intento mirarlas de forma lejana, acabó por ser abducida por el fervor popular. Visca el Barça, pues!

Hace años, cuando se intentaba recuperar el català para las nuevas canciones, Delfí Abella, un médico polifacético, hizo esta canción sobre el futbol. Aunque es en catalán, creo que se entiende bastante el sentido, en una época en la cual estaba muy mal visto ser progre y suspirar por el equipo propio, perdidos nuestros ideales entre las masas incultas. Ah, como cambia todo, como cambiamos todos, como hay cosas que no cambian nunca!!!

domingo, 21 de marzo de 2010

Madrid, hoy y siempre










He vuelto a Madrid, con ese AVE demasiado rápido para mi gusto. Me gustaban los viejos y lentos trenes que pasaban por estaciones y pueblos. Lo mismo ocurre en la actualidad con las carreteras, vas de un sitio a otro sin saber ni ver por donde pasas, a no ser que te desvíes de forma intencionada del recto camino.

Las ciudades, cuando hace tiempo que no las ves, e incluso cuando las ves cada día, crecen y cambian como los niños, sin darnos cuenta. Sin embargo esa capital española con la cual intentábamos rivalizar en otros tiempos (hoy creo que la rivalidad es, sobre todo, futbolística) mantiene toda su magia y su encanto. Más turistas, más rascacielos. Como en Barcelona. Comparar Madrid con Barcelona es un gran absurdo, son tan distintas esas dos ciudades... Me lo he pasado de rechupete, como siempre que he ido.  Dejé Madrid con el deseo de volver, con una sensación de añoranza extraña.

Las grandes ciudades son diversas, poliédricas. Crecen en Madrid,  como en Barcelona, los rascacielos, muy poco de mi gusto como tampoco lo eran de Cerdà, el del Ensanche barcelonés. Hace años, cuando yo era pequeña, siempre se criticaban las limitaciones estatales a la construcción de rascacielos en Barcelona. Los rascacielos madrileños de entonces ya se han quedado pequeñitos y parece que crecer en verticalidad es una tendencia de nuestro tiempo. Debe ser un complejo atávico, algún resquicio subconsciente de la época de la torre de Babel, ese afán por rascar el cielo.

Uno de los días comimos un excelente y econòmico menú en la calle Botoneras. En el restaurante había unas fotos maravillosas, antiguas, de la ciudad. En algunas se veía, sonrientes, a toda aquella generación del 27 que la guerra separaría y castigaría. Contemplar de forma retrospectiva su felicidad juvenil sabiendo lo que paso después pone la carne de gallina pero así es la vida, imprevisible, cruel a veces, maravillosa en muchas ocasiones, sobre todo cuando está a punto de llegar la primavera y en los árboles apunta ya un verdor de niebla vegetal, prudente y tembloroso.

Algunas de las amigas con las que fuí, un grupo de ocho chicas de oro y de plata, muy bien avenido, no habían estado nunca en Madrid y les encantó también y les supo a poco la visita. Seguro que volveremos. Por suerte, las convencí de no hacer esos peregrinajes exhaustivos y agotadores de viajero consumista, aunque caminamos bastante y también tomamos el Bus turístico, cómodo y tranquilo. Hacer el turista, de vez en cuando, está pero que muy bien. Sin abusar, claro. Pero parece que se extiende el deseo, absurdo, de verlo todo cuando se viaja. Y cuanto más lejos se va más todo se quiere ver. Incluso en la propia vida, de joven, se quiere hacer todo hasta que la realidad de la limitación temporal pone las cosas en su sitio y nuestras ambiciones en cuarentena.

Mañana me voy a Sevilla una semanita. Nunca he estado allí. Todo el día de hoy me viene a la cabeza el poema aquel del río Guadalquivir va entre naranjos y olivos, por los ríos de Granada sólo reman los suspiros... Cuando un río o una montaña pasan de ser una fotografía o una mancha azul o marrón en los mapas a ser reales y a pertenecernos un poco, todo parece posible. La abstracción, el deseo, el sueño, se hacen realidad. La realidad a veces tiene poco que ver con nuestra imaginación mitificadora pero en algunas ocasiones incluso supera nuestras expectativas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Reyes de antaño


El largo período franquista, con su agobiante insistencia sobre la Historia de España oficial nos produjo a muchos un importante rechazo hacia el pasado.  Sin embargo en estos últimos años me he reconciliado con figuras como la de Felipe II, gracias a las excelentes biografías de Henry Kamen y Geoffrey Parker. No hay nada mejor que recurrir a las visiones externas y más distanciadas, para intentar entender algo de la mentalidad de personajes lejanos y poder situarlos en sus circunstancias personales.


El tema de la realeza, a partir de la Revolución Francesa se ha ridiculizado bastante. Un rey, hoy, es sin duda una figura extraña a nuestra realidad del presente. Sin embargo y contra todos los pronósticos, volvimos a la monarquía por circunstancias de posibilismo político que hoy sorprenden a los jóvenes. Los reyes de antaño creían generalmente en su papel y lo asumían con bastante dignidad. Quizá hubiesen preferido ser campesinos ricos, burgueses bien situados.  Pero el destino y la voluntad de un Dios todavía omnipotente les exigían seguir su camino y cumplir con su deber.


Incluso en el instituto de mi adolescència Felipe II era tratado con cierto distante desprecio, se le identificaba con el inicio de la decadencia imperial. Se le llamaba ignorante, fanático y muchas cosas más. Sin embargo fue un rey culto, inteligente y que si tomó decisiones equivocadas no fue por capricho sinó por convencimiento. Me enternece su paso por Molins de Rei, donde la madre de su gran amigo, Lluís de Requesens, Estefanía, fue una segunda madre para él. Felipe II fue siempre un gran devoto de la Virgen de Montserrat y murió con una cruz de Montserrat en las manos, según cuentan. De Requesens, en la corte, se burlaban los otros jóvenes nobles, por su acento catalán. 


A base de crearnos un empacho de una historia sesgada y tópica hemos acabado por olvidarla. Cuando se han hecho manuales para escolares catalanes se ha caído en los mismos pecados: grandezas nacionales, héroes patrióticos, excelencias propias. Hace años, cuando estudiaba Magisterio, se había hablado en la Unesco de renovar los manuales històricos a nivel europeo, dando una visión más objetiva del conjunto histórico del continente y suprimiendo los tópicos patrióticos. En aquella época parecía que Europa iba a ser en breve mucho más que un gran supermercado y un conjunto de rutas turísticas. Me temo que todo sigue más o menos. Ni siquiera en España se ha logrado una historia conjunta objectiva, que intente comprender la diversidad lingüística, histórica, cultural, pero que también reconozca los nexos comunes. Ni en España ni en ningún otro lugar, diría yo.


Esta mañana escuchaba una charla por RNE de la UNED, sobre la Edad Media y los caballeros andantes. El conferenciante, brillante, ha mencionado a Ramon Llull y su obra sobre el tema, escrita, según él en aragonés. I también ha mencionado a un caballero valenciano, Esbert de Claramunt, convirtiéndolo en castellano. Todo, me imagino, por no decir la palabra catalán. No hago demasiado caso de cosas así, también oigo barbaridades cerca de casa, o medias verdades oportunistas, que intentan demostrar aquello que más conviene, no a nuestro aprendizaje y comprensión del pasado, sinó a la visión partidista del presente que quieren imponernos unos y otros. En cambio en otra charla de hoy, en este caso sobre teatro, en concreto acerca de la figura de Eduardo de Filipo, se ha mencionado con toda naturalidad el catalán, en referencia a las veces en qué se habían representado en Catalunya obras de este gran autor napolitano.

lunes, 22 de febrero de 2010

Recordando a Salvador Espriu, 25 años después



DANZA DE LA MUERTE

Por el diverso azar
de nuestro tiempo, la lluvia
sutil ha de juntarnos.
En la noche que escucha
arderán lentos cirios,
cera rebelde, ejército
desazonado por el lejano
orden de las serenas
patrias de luz, de los nobles
portadores del silencio.

Versión de José Batlló

Dansa de la mort

Per l'atzar diversíssim
del nostre temps, la pluja
subtil ha d'aplegar-nos.
Dintre la nit que escolta
flamejaran lents ciris,
cera rebel, exèrcit
neguitejat per l'ordre
llunyà de les serenes
pàtries de llum, dels nobles
portadors del silenci.


Salvador Espriu
Les hores (1954)

Hoy se cumplen veinticinco años de la muerte de Salvador Espriu. Espriu fue un gran poeta y marcó  e incluso monopolizó en cierta manera una época política y cultural muy determinada. Cuando murió ya algunas ilusiones que la transición había encendido se apagaban, habíamos pasado unos años en los cuales parecía que otra España era posible. Espriu fue un home extrañamente carismático, a pesar de su hermetismo, de su carácter, de su apariencia y de su poesía, que no tiene nada de fácil.

Espriu era conocido incluso por aquellos que no le leían. Fue muy conocido, también, fuera de Catalunya, las ediciones bilingües de sus poemas se vendían muy bien. Hoy está, ay, algo olvidado. El mal del olvido es habitual en toda la Pell de brau. Quizá su popularidad hizo que pasaran a secundarios autores que también hubiesen podido ocupar la primera fila. Su misma fama hizo que, con el tiempo, cada cual interpretase a Espriu según le convenía. Fue también un gran prosista, inventó un mito, Sinera, su Arenys infantil, y también recreó mitos bíblicos, como la Historia de Esther.  Muchos textos suyos se llevaron al teatro, como  en el magnífico montaje Ronda de mort a Sinera, de Ricard Salvat, recuperado en 2002 por el mismo Salvat, por desgracia fallecido también.  Espriu fue candidato al Nobel, pero parece que el centralismo hispánico es, todavía, reticente a apoyar candidaturas en lenguas que no sean el castellano aunque también influyeron otras cuestiones el el tema. Sin embargo Espriu fue admirado por muchos intelectuales españoles de la época. De una época en la cual la televisión nos ofrecía programas admirables, como esas entrevistas de Soler Serrano, en una de las cuales podemos recuperar, hoy, a este autor.





POST-AL-POST


la pell de brau XXX
(La piel de toro XXX)


Diversos són els homes i diverses les parles,
i han convingut molts noms a un sol amor.
La vella i fràgil plata esdevé tarda
parada en la claror damunt els camps.
La terra, amb paranys de mil fines orelles,
ha captivat els ocells de les cançons de l'aire.
Sí, comprèn-la i fes-la teva, també,
des de les oliveres,
l'alta i senzilla veritat de la presa veu del vent:
"Diverses són les parles i diversos els homes,
i convindran molts noms a un sol amor."




Diversos son los hombres y diversas las hablas,/ y han convenido muchos nombres a un solo amor./ La vieja y frágil plata acontece tarde/ parada en la claridad encima los campos./ La tierra, con trampas de mil finas orejas,/ ha cautivado los pájaros de las canciones del aire./ Sí, compréndela y hazla tuya, también,/ desde los olivos, la alta y sencilla verdad de la presa voz del viento:/ "Diversas son las hablas y diversos los hombres,/ y convendrán muchos nombres a un solo amor."


Versión en castellano copiada de un excelente blog.

jueves, 18 de febrero de 2010

Novelas de hoy y novelas de ayer

Andan algo revolucionados en el país vecino con la historia sobre Dumas que protagoniza Depardieu. Las superproducciones francesas parece que, por ahora, no tienen otro actor emblemático a mano. Depardieu lleva años siendo todos los mitos franceses reales y de ficción: Balzac, Montecristo, Valjean... Como Charlton Heston, vaya, pero a nivel más local.

Dumas era mulato, tuvo una abuela negra, haitiana, y él se consideraba negro. Ese tema le produjo desprecios, chanzas y burlas, cosa que también le pasó a su hijo más tarde. Sin embargo fue un hombre que se hizo a sí mismo y triunfó en todo, un gran comedor y amador, que gastó el dinero que ganó a manos llenas, hasta arruinarse. Cosa que no le ocurriría a Maquet, su negro más conocido y emblemático, que ganó menos pero murió en la abundancia. Auguste Maquet colaboró mucho con Dumas y acabó separándose de él y llevándolo a los tribunales, sin éxito. Fue un mal divorcio para los dos.

Se admite, en general, que, a pesar de tener esos equipos de escribidores a sueldo, Dumas, como esos grandes cocineros, pintores o peluqueros, daba a las obras su toque final, su chispa de genio. O quizá es que, simplemente, tenía el espíritu comercial más desarrollado. No es lo mismo escribir un libro que venderlo, como es bien sabido.

Francia ha sido bastante racista, aunque haya evolucionado y no le guste recordarlo. En el año 2002 trasladaron los restos de Dumas padre al Panteón de hombres ilustres y, según creo, acompañó la ceremonia una señora negra de buen ver, en un caballo blanco, con un gorro frigio, simbolizando la República Francesa moderna. La verdad es que hoy día todo da un poco igual, Denzel Washington fue un príncipe shakesperiano estupendo, Ismael Merlo fue una temible Bernarda Alba. Muchos blancos se han coloreado el rostro para interpretar Otelo o el moro buenazo del Mar i Cel de Guimerà. La cosa servirá para dar publicidad a la película, veremos después como se distribuye. El papel de Maquet lo hace en la película un actor muy poco conocido, por cierto.

Dumas fue un hombre fascinante, se mire por donde se mire. Se dice que en el futuro (quizá ya estamos en el futuro) no habrá diferencias por raza ni origen, sólo existirán triunfadores y perdedores, espabilados y tontos. Dumas fue un triunfador avant la lettre pero, como la cigarra del cuento, no guardó para el invierno, aunque tuvo suerte de poder retirarse a casa de su hijo, tan distinto de él. De aquí cien años a lo mejor hacen una película francesa sobre Depardieu y la interpreta alguien de color, quien sabe.

jueves, 11 de febrero de 2010

Fábulas modernas sobre insectos ancestrales



Me ha llegado por email uno de esos power points que te mandan a menudo. La mayoría son anónimos, aunque algunos llevan firma. A veces recogen viejos cuentos o chistes y los ponen al día. En ocasiones consisten en un conjunto de fotos antiguas o espectaculares, en mensajes etéreos de autoayuda, en poemas o consejos ilustrados. Siempre me pregunto, en el caso de los anónimos, de dónde han salido. Quizá alguien aburrido en su empresa, en peligro de cese, dedica sus ratos de desesperanza a la producción de esos materiales... Hay días en que me llegan tantos que no tengo tiempo de mirarlos y he de borrar los mensajes sin entretenerme, me parece que a muchos nos pasa lo mismo.

En este caso, la historia, con dibujos, recoge la vieja fábula de la cigarra y la hormiga, poniéndola al día. La hormiga, trabajadora y voluntariosa, va contemplando como por encima de ella van poniendo asesores, consejeros, delegados, diseñadores, estudiosos del mercado y lo que haga falta. Al final, creen que hay demasiado personal en la empresa y la echan. Moraleja: lo que se castiga, actualmente, es la eficacia, el trabajo bien hecho, que pone en evidencia la gran cantidad de personas mareando la perdiz y removiendo humo que hoy ostentan la fama profesional.

Cuando yo era pequeña, en la versión oficial que circulaba, la hormiga dejaba a la cigarra a la intemperie y hambrienta, a causa de su imprevisión. Más adelante se suavizo el tema, los cuentos de antes asustan, hoy. La hormiga se compadecía de la cigarra y la ayudaba y ésta recapacitaba sobre su pereza cantadora. Más adelante se puso de moda una versión más progre. La hormiga admitía la necesidad de la cigarra y hacían un intercambio al estilo de esos bancos del tiempo que hoy están de moda. En tiempos de cigarras cantautoras, las hormigas esforzadas parecían mediocres y aburguesadas, unas cobardes al servicio del capital, personificado en la reina.Todos los cuentos admiten muchas variaciones y lecturas, el mundo cambia, aunque sea dando vueltas en torno a los mismos problemas y nuestras mentalidades cambian con él.

La cigarra cantadora debería llamarse cigarro, ya que es el macho quien hace ese ruido poco armónico para atraer a la hembra, a la cual el sonido debe sonarle a música celestial o a bolero de Los Panchos. En verano, en los cigarrales, esas propiedades en el campo típicas de Toledo, el canto de esos insectos es absoluto, agobiante, y no me extraña que haya dado nombre al lugar. Es posible que cigarro  tenga el mismo origen que cigarra y que se llamase así por la forma de los primeros que se liaban. La verdad es que ni las cigarras ni las hormigas pueden elegir su destino. Quizás ni las personas. Nacemos con genes hormigueros o cigarreros o con un poco de todo. En el cuento modernizado que me han enviado la cigarra es una especie de diseñador que intenta mejorar el clima de trabajo redecorando la empresa...

Hace años vi una película que pasó algo desapercibida: Ángeles e insectos. Fue una de esas películas que me impresionó, hasta el punto que la recuerdo bastante bien, dicen que el tiempo es un buen crítico. En ella se hacía un paralelismo entre la vida de las personas y la de los insectos, fue una de las primeras en qué se dio a conocer Kristina Scott-Thomas, que hacía un papel impresionante, antes de ser la rubia amante del paciente inglés. La verdad es que los insectos resultan inquietantes, tan pequeños y frágiles y tan bien organizados. No somos tan distintos.