sábado, 20 de agosto de 2011

El lejano espejismo de la paz universal


Cuando era jovencita pensaba que la paz era cosa de una suma de voluntades individuales y de acabar con los malos. Identificar a los malos es fácil en un mundo de tópicos, esquemas y generalizaciones. Como en mi infancia eran tiempos de guerra fría, los malos eran los rusos malos. Cuando crecí los malos pasaron a ser los americanos, de las delicias comunistas no nos contaban la verdad. Parece mentira como se cae fácilmente de una religión a otra.

Las izquierdas de entonces jamás han sido autocríticas. Hoy ya poca gente se reivindica como comunista, los efectos del comunismo estatalizado han sido bastante peores que los del denostado capitalismo salvaje,  en muchos casos. Nos cuesta reconocer que las buenas ideas no son factibles porque el ser humano es como es, diverso, muy bueno en ocasiones, mediocre la mayoría de veces, malísimo y perverso de vez en cuando. Incluso una misma persona no es siempre igual.

Una idea hermosa es la del anarquismo, ni estado ni patrón, autogestión. El anarquismo es bueno a nivel individual pero cuando pretende imponerse cae en los mismos defectos que todas las teorías, consignas y dogmas. Lo mismo sucede con el fondo ideológico cristiano, próximo al comunismo, incluso al anarquismo. Muchas de estas cosas se van viendo con el tiempo, las decepciones, la contemplación impotente de los cambios de camisa, las pequeñas traiciones cotidianas. 

De todas las cosas que me han inquietado y me inquietan una de ellas es la tendencia de las masas a romper y quemar lo que sea por los motivos que sea. Las ideas pacifistas, la no violencia, la resistencia pacífica, ¿dónde han ido a parar? Estoy releyendo un libro antiguo, que ha vivido reediciones y que todavía se vende bien en las librerías de lance, Memorias de un menestral de Barcelona (1792-1864). Sobrevivir en aquella Barcelona de bullangas constantes era casi un milagro. Cuando no había bullangas había epidemias. Los hechos de la Semana Trágica que parecen tan singulares no están tan distantes de las revueltas anteriors del mismo modo que la Guerra Civil no está tan alejada de las guerras carlistas como se supone. Coroleu, en su libro, hace reflexionar a ese menestral sobre la violencia, admite que existe una parte de razón en las revueltas pero también observa que es fácil que entre las masas violentas se mezcle a menudo gente con malas intenciones, delincuentes habituales, incluso provocadores interesados. A río revuelto, ya se sabe lo que ocurre. Cuando las cosas se calman el poder vigente tiene todos los números para reprimir como sea y a menudo pagan justos por pecadores. O sea, que la situación que provocó la revuelta no mejora, más bien empeora.

Eran aquellos tiempos en general más violentos que los nuestros, al menos en apariencia. Las guerras parecieron inevitables, incluso justas en muchas ocasiones. Sin embargo no estamos tan lejos de nuestros antepasados, somos seres humanos como ellos, con sus mismas virtudes y defectos, con tendencia a los dogmas y a los esquemas preconcebidos, partidarios de la libertad nuestra pero no tanto de la de los demás.  A unos clichés les siguen a los contrarios y siempre vienen los iniciados a contarnos que las cosas no eran como nos habían dicho sinó justo al revés. Una amiga mía acaba de leer un bestseller nacional en el cual el protagonista es hijo de una morisca violada por un cura cristiano. El libro le ha decepcionado bastante, no tanto por la forma sinó por los tópicos de su fondo. Me temo que hoy sería muy mal visto un libro en el cual un imam medieval violase una cristiana cautiva. Segurament el autor sería definido como racista e intolerante. 

Las cosas de hoy y de ayer, seguramente las de mañana también, no son blancas ni negras. Todo tiene matices y nunca podemos sabernos de quién nos tendremos que fiar ni de quién recibiremos ayuda. El anticlericalismo visceral se fraguó también a partir de textos de ficción, de literatura popular, llenos de monjas perversas, frailes asesinos y cosas así, como La monja enterrada viva, por cierto, escrita sin mala intención por un señor que era un buenazo, generoso y que lo que quería era ganar algún dinerito con el teatro barato y gore, dinerito con el cual ayudaba a sus vecinos en todo lo que podía.  

Hoy sufrimos un alud de novela de género, sobre todo histórica y policíaca o negra. En muchos de esos libros se percibe, a través de la trama, la afición a lo actualmente políticamente correcto. Hombres malos que maltratan mujeres indefensas, mujeres violentas que adoptan rols masculinos, mujeres medievales liberadas que piensan como una hippie de los setenta y cosas por el estilo. 

La realidad es complicada y da pereza entrar a fondo en ella. La historia se escribe y reescribe al gusto del presente, por eso la novela histórica es novela contemporánea, lo mismo que los manuales de historia escritos por supuestos expertos. Una historiografía romántica y nacionalista nos vendió héroes antiguos que nunca existieron. Pero tampoc aquellos personajes fueron todo lo contrario. Entre un Cid héroe indiscutible del romancero a un mercenario cruel y sin escrúpulos hay una distancia humana y diversa que debemos tener en cuenta. Entre un Jaume I paladín de una Catalunya que no fue, caballeroso, guapo y añorado y el genocida de musulmanes mallorquines también hay muchos matices. Sin embargo, ¡cuánta pereza da tener que admitir que nada es como queremos que sea ni como nos han contado, unos y otros!

De joven quieres creer en verdades absolutas. Por eso tiene éxito hoy una lectura de la guerra civil en clave malos y buenos. Cierto que unos tenían mejores ideas, en teoría. Pero del dicho al hecho...  Las biografías de hombres y mujeres admirables tienen, a menudo, agujeros negros y esqueletos en sus armarios ideológicos. El pueblo unido no existe y si se une es también vencido, cuando la coyuntura aconseja que se le venza. Además, ese pueblo unido acostumbra a tener fisuras diversas cuando el enemigo no está tan claro como parecía. 

Me preocupa que gente de buena fe, joven o vieja, mire con simpatía cosas como los saqueos de Londres, justificándolo todo por la crisis, por el paro, por la falta de perspectivas de promoción. Hemos vivido, los que ya somos mayorcitos, épocas de pobreza mucho más absoluta y la buena gente no se fue a saquear ni a robar. Meterlo todo en el mismo saco es una gran injusticia. Me preocupa también la visceralidad antipapal, tanto como la visceralidad filopapal. Aquello de vive y deja vivir parece que ha perdido vigencia. Si es que la tuvo en algún momento. En todo caso, también me preocupa la incoherencia que nos hace salir a la calle contra guerras en las cuales están implicados los capitalistas mientras otras guerras terribles durán décadas y provocan hambrunas trágicas, ante nuestra impotencia más o menos indiferente. ¿Qué tal hubiese estado una campaña seria para mandar a Somalia el importe de nuestras imprescindibles vacaciones veraniegas, tan estúpidas que incluso provocan síndrome post-vacacional? Por no hablar de un sindicalismo que ha perdido los papeles y que ignora olímpicamente al repartidor paki de butano, al albañil sub-sub-contratado o a la prostituta de carretera súper explotada. Porqué en estos casos, como en tantos otros, lo malo no es el trabajo en sí, sinó la explotación. Ya lo decía una vecina de mi infancia, para ser puta y no ganar nada vale más ser mujer honrada. 

La paz, nos decían, no es lo mismo que la ausencia de guerra. Pero hay que empezar por la ausencia de guerra y seguir en ello, sin hacer volar palomitas de Picasso, que quedó bien haciendo el dibujito pero podía haber hecho también cosas mucho más efectivas, económicamente hablando.

lunes, 1 de agosto de 2011

Familias felices, infelices y convencionales


Debe ser la edad, pero me cuesta encontrar en cine o teatro algo que me entusiasme, desde hace algunos años. Cuando yo era joven una persona mayor me decía que le pasaba más o menos lo mismo puesto que casi todo estaba inventado y todo era como una película que ya habías visto antes, incluso en la vida cotidiana.


Sin embargo, como el cine francés o italiano, que hace años nos llegaba de forma regular, lo mismo que su música, hoy se nos ofrece de forma casi extraordinaria y puntual, y me dejé seducir por una crítica radiofónica que alababa La prima cosa bella, fuí a ver ayer esa historia de desamores familiares y reencuentros tardíos. 

No me convenció del todo, aunque tiene buenos momentos, loables interpretaciones y no menos loables intenciones. No deja de ser un melodrama algo exagerado en algunos momentos, a la italiana, con un tema que ya hemos visto y leído en muchas ocasiones: problemas de padres o madres con sus hijos o hijas, separación, padre o madre enferman de forma irreversible, se produce reconciliación, reencuentro tardío, casi póstumo, y los hijos más o menos traumatizados pueden seguir con su vida, superando el pasado.

Escuche una vez en Barcelona a Amos Oz, que admitía escribir sobre familias y, en concreto, sobre familias infelices. La familia existe en todas las culturas, varía pero tiene unas constantes que se repiten a lo largo del tiempo. Sin embargo la infelicidad familiar no es lineal, en la mayoría de familias normalitas existen altos y bajos, como pasa con casi todo en la vida. La vida familiar nos afecta a todos, se dice que lo que vives en la infancia te marca para siempre, yo no soy tan determinista, creo que en todo hay un gran componente temperamental, genético. Como la vida pasa y nuestros padres y abuelos mueren es imposible no identificarse con cualquier historia que nos hable de ese paso del tiempo, de la imposibilidad de volver atrás, de rectificar, y, al mismo tiempo, de la necesidad de aprovechar el presente.

La familia de la película, ironizando un poco, tiene además la desgracia de ir perdiendo a sus componentes de forma algo prematura. La gran Stefania Sandrelli que todavía está estupenda, incluso ingresada en el hospital de terminales y con pelucón, es, según algún comentario que he leído sobre la película una madre anciana. 

La famosa primera frase de Ana Karenina, tan repetida y citada, dice aquello de que las familias felices se parecen y las infelices lo son cada una a su manera. Yo creo que unas y otras se parecen y no se parecen a la vez. No se es feliz o infeliz de forma constante y lineal, ni a nivel personal ni a nivel familiar. Admito que se me cayó más de una lágrima en el cine y que salí con la buena intención, me imagino que temporal, de no discutir ni enfadarme con ningún miembro de mi familia, en el futuro. 

Sin embargo, quizá sea esta buena intención un error. Las muertes cinematográficas y literarias de padres y madres alocados, problemáticos y recuperados son absolutamente envidiables, como la de la película que menciono o, por ejemplo, la del padre progre de Las invasiones bárbaras.  

miércoles, 13 de julio de 2011

Museos, viajeros y turistas


Leí hace años en algún sitio que entrar en un museo y querer verlo todo es como entrar en una biblioteca y pretender leer todos sus volúmenes.

De joven tienes prisa y ganas de ver y vivir todo lo que esté a tu alcance. Después la verdad asoma y te tranquilizas. Nunca podrás verlo todo, leerlo todo, saberlo todo. Morirás sabiendo sólo que no sabes nada ni visto nada, cosa que ya sabían los grandes sabios antiguos.

Mi generación, la de los recién jubilados, vivió tiempos de ansias de viaje, unas ansias que todavía podía satisfacer poca gente. Ir a Andorra era toda una aventura que requería pasaporte y aguantar la presencia temible de la guardia civil de uniforme en la frontera.

Sin embargo, la masificación del consumo cultural también nos ha pervertido. Los rebaños de turistas en viaje organizado, con el guía delante enarborando la banderita numerada inspiran cierta angustia existencial.

Los grandes museos, como los zoológicos, creo que estan en crisis. Tuvieron y tienen su papel vagamente cultural pero me temo que la acumulación tenderá a reinventar el consumo de arte, con los años. Servirán para conservar y cuidar las especies protegidas pero quizá acaben sirviendo su producto en pequeñas dosis y dejándonos acceder tan sólo a copias de los originales, como sucede en algunas cuevas prehistóricas.

Viajar a determinados lugares comporta que debes ver determinadas cosas. Ver sin mirar, claro, pues mirar requiere tiempo y paciencia, repetición y meditación. Sin embargo creo que será difícil moderar el tema, con todo el dinero que se mueve alrededor de viajes y visitas organizadas, en unos años de crisis en los cuales el turismo es un gran invento.

Cuando yo era pequeña las copias de las obras de arte se nos ofrecían en libros en blanco y negro, impresos de forma precaria. Contemplar una pintura famosa en su versión real y en colores producía una emoción intensa, era siempre una gran sopresa.

Hoy a veces internet nos facilita el estudio de un cuadro, incluso lo mejora con la luz de su pantalla. No es lo mismo, claro. O sí? No lo sé. Sentimos curiosidad por ver aquello conocido, que tanta gente quiere ver. Como la belleza de una actriz, su valor y consideración depende del maquillaje, de la fama, de la promoción. Se valora más aquello que más se desea, sobre todo cuando el deseo es compartido por un gran número de personas.

Se editan hoy libros curiosos, pretensiosos, esos que te dicen las cincuenta o cien cosas que has de contemplar o visitar antes de morir, un tema que hubiese provocado risas irónicas en  nuestros antepasados sin dinero, viajeros de forma obligatoria, en busca de una vida más amable, sin tener en cuenta el contexto artístico de su destino.

Como tantas personas del presente, claro, muchas de las cuales, si sobreviven a su viaje no turístico, establecerán su bancarella cerca de esos museos emblemáticos y nos venderán copias baratas de gafas de sol de diseño o bolsos de firma falsa. Si tienen más suerte limpiarán la habitación del hotel o cocinaran pizzas y bocadillos. El mundo es extraño, pero excitante y lleno de curiosidades. Las obras de arte no son nada comparadas con la gente, tan diversa, tan diferente a nivel individual, tan gregaria a menudo.

domingo, 26 de junio de 2011

El año del escritor gallego que editó en castellano en Barcelona


Este año se celebra en Galicia el Año Cunqueiro. Hará en diciembre cien años del nacimiento de este autor singular y original, todo un personaje, treinta hizo en febrero de su muerte. Escribió muy bien en gallego y castellano, tenía muchos amigos catalanes, editó gran parte de su obra en castellano en Barcelona e incluso escribió, dedicado a su amigo Tomás Garcés, algún poema en catalán.

Formaba parte del círculo de intelectuales que salían habitualmente en las páginas de la revista Destino, que compraba mi abuelo los sábados y que olía profundamente a papel y tinta de entonces. Los cambios sociales de los sesenta valoraban más el realismo social que aquella literatura singular, realista y fantástica a la vez, que hacían autores como Cunqueiro o Perucho. Sin embargo, cuando de hispanoamérica nos empezó a llegar magia lejana la cosa cambió. 

Hoy Cunqueiro es muy valorado en Galicia. Perucho también lo es en Cataluña. Los dos escribieron, y muy bien, en castellano y en su lengua propia. Ciertos sectores también los condenaron a un cierto olvido al identificarlos con la culturilla del tiempo oscuro y con el franquismo. El franquismo fue largo y complejo y no resultó, incluso a pesar de Franco, ningún páramo cultural, más bien al contrario, aunque determinades expresiones culturales y las lenguas no oficiales quedasen reducidas a ámbitos limitados y resistentes. Todos no eran malos. No creo, sin embargo, que esos dos autores sean demasiado conocidos hoy en la España que habla sólo en castellano.

Tengo la sensación de que en eso de las lenguas peninsulares y su conocimiento y valoración hemos empeorado bastante, así como en el conocimiento mutuo de tantas otras cosas. Soñaba yo hace años en un mundo hispánico de respeto y admiración entre la gente, de amor, admiración, curiosidad e interés hacia todas las lenguas y formas dialectales de la península, de escolares itinerantes, ávidos de conocer todos los rincones de eso que entonces se llamaban regiones y hoy son autonomías y quién sabe qué serán en el futuro. El españolismo rancio, que puede ser de derechas o de izquierdas, resucitó triunfante para desesperación de los moderados desacomplejados, quizá jamás había muerto. Sólo el futbol parece unirnos de vez en cuando en sus selecciones nacionales y sus triunfos sonados. Soñé también en un mundo hispánico en el que fuese habitual que cualquier habitante del país conociera a la perfección una o dos de las tres  lenguas no castellanas. Un mundo en el cual las leyendas y tradiciones asturianas o manchegas fuesen valoradas y contadas en Galicia, en Andalucía, en Cataluña. Y a la recíproca. A veces casi añoro el espíritu 'bueno' de aquello de los Coros y danzas.

Eso de las lenguas y los dialectos es una convención arbitraria. Sin embargo seguimos moviéndonos dentro de corses reduccionistas. Los indepentismos crecen, son una reacción a un centralismo miope y a la defensiva. Afortunadamente, la vida de la gente, en la calle, es mucho más amable que la percepción que difunden determinados políticos o determinadas televisiones y radios lamentables y apocalípticas, además de directamente horteras. Para aumentar el conocimiento las televisiones autonómicas deberían poderse contemplar con facilidad en todas partes. Parece que cada cual ha ido defendiendo lo suyo, cosa que está muy bien si al mismo tiempo se tiene el mismo interés por conocer lo otro.

Tuve yo en la escuela, hace años, en la biblioteca, una magnífica colección de libros con leyendas de toda España, contadas a los niños, una delicia de libros y luego, al cabo de los años, los vi amontonados en una feria, casi de regalo. Cierto que los libros pierden peso y que todo se puede encontrar en internet, pero me pareció aquello un símbolo del futuro que nos esperaba. El mundo se globaliza y el individualismo se acentúa. Me sabe mal que acabes teniendo que ser de unos o de otros, cuando lo mejor es no ser de nada o ser de todo. Si al menos el año de Álvaro Cunqueiro sirviese para hacernos leer a todos su obra en castellano, pero también en gallego. Incluso sus dos o tres poemas en catalán, en versión original...

Si es que yo creo que todos los derivados del latín, lengua que, al fin y al cabo también se nos impuso, se entienden hablando un poco despacito o leyendo con atención positiva y buena voluntad. En el fondo, por encima de las leyes, todo es cuestión de buena voluntad. Al paso que vamos cualquier día nos tenemos que entender en inglés para evitar reticencias.


La televisión, tan criticada, tiene cosas excelentes, como la serie Imprescindibles, que dedicó su último programa a Álvaro Cunqueiro. Sin embargo la televisión mayoritaria va por otros caminos. Qué diferente es todo de aquellos tiempos de dos canales, en los cuales todo el mundo veía y comentaba los excelentes A fondo del señor Soler Serrano quien, por cierto, también dedicó a Cunqueiro una de sus magníficas entrevistas... A veces, aunque no se quiera, se acaba siendo nostálgica por imperativo moral.



Pau Casals en Prada

No medio do dourado retablo
o xigantesco San Pedro inclínase pra diante
e eu sei o porqué:
porque do cello de Casals saíu
unha frase que se volveu bolboreta
e Pedro séguelle o voo por saber
en que vide ou roseira de que columna
vai a pousarse.
—O bosque do retablo en abril florece
e en outono deita follas secas.
Co arco Pau Casals vainas apartando
as que se pousan nas cordas do seu cello.


Álvaro Cunqueiro

jueves, 9 de junio de 2011

Final del largo viaje de Jorge Semprún





Imaginaba que estos días en muchos blogs se hablaría bastante de Jorge Semprún, però no ha sido así, aunque me he tropezado con reflexiones interesantes sobre su persona. La razón principal creo que responde a una cuestión generacional, mucha gente de mi edad utilitza poco internet y Semprún pertenecía a un imaginario colectivo algo lejano para los más jóvenes.

No sé la razón pero siempre pensé que no tenía tantos años. Había eternizado una cierta imagen de señor maduro y de buen ver, muy distinta de la que tenía de joven. Llegamos a Semprún, los sesentones de hoy, a través de revistas como Triunfo y otras, revistas magníficas que marcaron el tiempo del tardofranquismo y la transición.

No eran aquellas épocas de grandes viajes para los modestos, pero desde Catalunya no era difícil viajar a Perpiñán, a Ceret, para ver cine prohibido, por motivos políticos o sexuales. Se aprovechaba el viaja para ver un poco de todo. Y es que Semprún fue un prolífico guionista comprometido. Vimos a su alter ego, Ives Montand, en aquella historia algo decadente que era La guerre est finie. Hoy aquellas películas parecen excesivamente discursivas, su valor quizá sea más histórico y político que cinéfilo.

Semprún ha sido uno de los últimos intelectuales, fruto de su tiempo, con luces, sombras y misterios biográficos. Argumentava que para él mismo también su propia persona era un misterio. Lo sedujo el comunismo sólido y despiadado de la época, en un tiempo en el cual, de jóvenes, no habíamos percibido del todo que no era lo mismo ser antifranquista que demócrata. Abandonó el partido, se centró en la literatura, en gran parte de la cual convirtió en ficción su propia vida. El tiempo es un gran crítico y valorará la cuestión desde un punto de vista más objectivo y literario.

Francés, español, decía que su patria era la literatura. Eso de las patrias y las filiaciones produce muchos problemas a los dogmáticos. Felipe González hizo con él un fichaje estrella en cultura que no gustó a todo el mundo, de hecho vivía en Francia y seguro que en España había candidatos al cargo con bastantes méritos. Tuvo sus problemillas con Guerra, un aspirante eterno a intelectual del partido, duró poco en política como suele pasar con las personas brillantes en un contexto en el cual sobreviven y medran los mediocres espavilados, hàbiles en las intrigas habituales. El expresidente Pujol evocava ayer su sensibilidad ante el tema catalán.

Tuvo premios, reconocimientos. Estos días se leerán y escucharan los panegíricos habituals en estos casos. Fue el caso típico de chico de muy buena familia evolucionando a guía espiritual de las izquierdas, nadie le quita el mérito, aunque quizá maquillase su tragedia personal en el campo de exterminio. Nada que decir, era joven y los tiempos, terribles. Creo que con él muere toda una época que ya quizá ni tan sólo existía. Una época de universidades muy minoritarias, de sueños franceses y ansias de libertad política y personal. Los sueños y las admiraciones excesivas producen desencantos que hay que superar para madurar. Hoy no existe ese tipo de intelectual, todo ha cambiado. Se lamenta la decadencia de las humanidades pero la educación llega a todos los rincones y la permeabilidad social es importante. También ha mejorado la situación de la mujer, una mujer que Semprún no acabó de entender en su obra literaria y cinematográfica, cosa que se le recriminó acusándole de una cierta misoginia subliminal.

Descanse en paz. 

viernes, 27 de mayo de 2011

Reflexiones al alba

A veces me despierto de madrugada, debe ser cosa de la edad. Como también suelo ir a dormir pronto no me preocupa demasiado. Me preocupa más notar que me adormezco a cualquier hora cuando estoy en algún lugar público, por ejemplo una charla, una conferencia, una clase teórica. Me acuerdo de gente mayor de mi infancia a la cual le pasaba algo parecido con frecuencia.

La radio nocturna y de madrugada es muy diferente a la de día. Creo que mejor. Mejores programas musicales, mejores debates y también algunos de esos programas vivenciales a los cuales llama la gente para contar sus preocupaciones, sus penas y tragedias, sus alegrías y sus soledades. También, claro, hay de madrugada alguna tontería, como por ejemplo programas de sexo duro donde se dicen cosas que no pueden decirse en horario escolar aunque nadie nos garantiza que los escolares no estén despiertos y con el auricular en el oído a esas horas intempestivas.

Esta mañana, más o menos a las cinco, he escuchado a un hombre joven, que dijo tener cuarenta años y no haber llamado nunca a ningún medio de comunicación. Lo suyo no era tragedia ni comedia, más bien era revelación. Debía dedicarse profesionalmente al mantenimiento, lo habían hecho ir de forma urgente a aquellas horas a la Cerdanya para arreglar una avería con el suministro de agua. La avería había hecho cortar el agua en una urbanización de centenares de casas de súper lujo, deshabitadas la mayor parte del año, con grandes piscinas y jardines que cuidaban empleados. 
-Mi pareja durmiendo en casa y yo aquí, arreglando una necesidad estúpida -decía, más o menos. Aquel trabajo le había hecho meditar sobre lo surrealista de una situación social que se queja en nuestras calles y plazas de un montón de cosas y que posibilita el mantenimiento de esos espacios de lujo, inútiles y deshabitados la mayor parte del año, donde se gastaba más agua en el poco tiempo de uso que en un bloque modesto de pisos durante un año. 

El locutor de la radio no le dio mucha conversación. Le preguntó que cómo se sentia. 'Raro, extraño', dijo el chico. También lo animó, 'bueno, te pagarán el trabajo'. Me pregunto cuanto trabajo inútil genera nuestra sociedad. Tengo una prima que vive todo el año en un lugar de la Costa Brava, una vez también me contaba la extraña sensación de pasear por no-lugares deshabitados fuera de temporada, para ver una o dos luces en un conjunto de centeares o miles de pisos caros y de casitas con jardín. Viajando com el Imserso se pasa por muchos sitios parecidos, pueblos de fantasmas, bien protegidos y vigilados. Algún robo de vez en cuando, poca cosa. Los okupas protestones o los indignados no suelen ir a poblar de ruido y reivindicación esos espacios, cada vez más habituales en nuestra geografía. 

Mucha gente ha viajado estos días a Inglaterra a ver el Barça, gastando mucho dinero en muy poco tiempo. Si el elegido por los dioses  del deporte hubiese sido otro equipo, el Madrid, el gran rival, hubiese ocurrido lo mismo, a vivir que son dos días. Hace unos días actuó Julio Iglesias en el Liceo, con un lleno impresionante y entradas caras, unos doscientos euros o más la mayoría. Pero después protestamos si en un museo nos hacen pagar tres, cuatro euros, como pasa en el Monasterio de Ripoll, donde me explicó la guía que son frecuentes los escritos contundentes en el libro de reclamaciones por esos tres miserables euros.  Los jubilados exigimos descuentos míseros, sin los cuales posiblemente sobreviríamos o malviviríamos igualmente. La edad no debería ser un factor de descuento, ni el número de familiares, sinó la renta baja, aunque con eso también se pueden hacer muchas trampas.

Uf, qué mal estamos, cuantos escritos contundentes en la plaza de nuestro gran pueblo barcelonés, si no estás con ellos estás contra ellos, pero ellos tampoco son un bloque monolítico aunque ahora parezca que existe una gran unidad fraternal, seguro que pertenecen a familias muy diferentes y que se mezclan la chica trabajadora con el niño bonito. En algú momento el humilde vuelve a su barrio y el niño bonito a su piso de lujo y a sus privilegios familiares, como sabían muy bien los pocos universitarios de extracción social modesta de mi época cuando había follón y los guapos se volvían intocables o eran ayudados por conocidos y parientes con influencia mientras ellos pringaban.


Las fraternidades entusiastas suelen acabar mal en muchas ocasiones, más bien por problemas internos que externos, como acostumbra a pasar con los partidos políticos progresistas o los sindicatos luchadores que nacen con un espíritu solidario y entregado para derivar en personalismos extravagantes que atienden más a sus intereses de profesionales de la política que no a construir un discurso coherente y posibilista para afrontar esa crisis que, según dicen, no ha hecho más que empezar. O para mejorar nuestra sociedad de arriba a abajo y de abajo a arriba, pasando por todas partes, ya que los pecados de nuestros dirigentes no son nada más que el reflejo aumentado de nuestras pequeñas y cotidianas corrupciones habituales.

Al fin y al cabo, por mucha protesta callejera que tengamos, la realidad se refleja en las urnas y también en esa gran cantidad de abstención, voto en blanco y voto nulo que cada cual lee como le conviene. A veces buscamos mística y transcendencia con gran e ingenuo afán, recuerdo un profesor que tuve que, de forma realista, al comentar las pinturas rupestres manifestaba que quizá ni tenían trasfondo religioso, ni se dirigían a propiciar la caza ni a simbolizar nada sinó que podían no ser nada más que la muestra del gran aburrimiento hivernal de nuestros antepasados.

sábado, 14 de mayo de 2011

Ángeles Mora, poemas del sentimiento y de la experiencia



En mi blog en catalán Térbol Atzur estoy recopilando una especie de inventario de mujeres poetas en lengua catalana. Si ya es difícil acceder a la producción poética, en general, a pesar de los tiempos en los cuales vivimos todavía está más oculta la escritura femenina que la masculina, cosa fácil de comprobar visitando librerías y bibliotecas.  


En este blog he escrito también en más de una ocasión sobre autores y, sobre todo, autoras poco conocidas.


Hoy, después de uno de mis esfuerzos autodidactas de búsqueda por internet, he tropezado con esta gran autora andaluza.



Ángeles Mora nació en Rute (Córdoba), en 1952. Desde comienzos de los 80 vive en Granada, en cuya Universidad cursó su Licenciatura en Filología Hispánica. Siendo estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, en 1982, publicó su primer libro de poemas. Es miembro fundador y actual Presidenta de la Asociación de Mujer y Literatura "Verso libre", que tiene como principal tarea dar a conocer la obra de mujeres escritoras. Recientemente ha sido nombrada miembro numerario de la Academia de Buenas Letras de Granada. En el año 89 obtuvo el "Premio Rafael Alberti" de poesía por su libro La Guerra de los treinta años y en el 2000 el "Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla" por Contradicciones, pájaros.

Se pueden encontrar más poemas de esta interesante autora en la magnífica web A media voz.



Buenas noches, tristeza

La vida siempre acaba mal.
Siempre promete más de lo que da
y no devuelve
                         nunca el furor,
el entusiasmo que pusimos
al apostar por ella.
Es como si cobrase en oro fino
la calderilla que te ofrece
y sus deudas pendientes
-hoy por hoy-
pueden llenar mi corazón de plomo.

No sé por qué agradezco todavía
el beso frío de la calle
esta noche de invierno,
mientras que me reclaman,
parpadeando,
sus ojos como luces de algún puerto.
Por qué espero el calor que se fue tantas veces,
el deseo
por encima de todas las heridas.

Pero acaso me calma una tibia tristeza
que ya no me apetece combatir.

Todo sucede lejos o se apaga
como los pasos que no doy.

La vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?

De "Pensando que el camino iba derecho" 1982


Las hojas muertas

Igual que me sostiene
la tibia sensación de estar cayendo
por la ladera dulce del otoño
de mi vida, y acaricio
despacio –como vuelan las hojas-
mi cuerpo que ya lleva
el olor de la tarde,
así cae este poema
en el papel dorado de tu carne
y así –voluptuosa-
su letra breve te acompaña.

De "Contradicciones, pájaros" 2000